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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 235 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 235: El Juicio de la Destrucción, la Bestia de la Era Antigua y la Farsa del Juicio Punto de vista: Shiro de la Destrucción y Krau Escena 1: Las Marcas del Abismo y la Hoja Celestial Punto de vista: Shiro de la Destrucción y Krau —¡Vamos, salgan de sus escondites, malditas estúpidas ratas miserables! —provocé a gritos, abriendo los brazos mientras mi maná morado vibraba con salvajismo. La respuesta fue inmediata. Decenas de soldados y sombras se arrojaron sobre mí desde todas las direcciones a una velocidad absurda. El asalto conjunto fue tan rápido y devastador que provocó una detonación masiva en el centro de la plaza, levantando una columna de fuego y escombros. Sin embargo, cuando el humo comenzó a dispersarse, sus armas solo cortaron el aire. Ellos se tensaron al notar que yo ya no estaba ahí. A unos metros de distancia, observándolos desde lo alto de una estructura derruida, analicé el ataque. "Parece que noté algo extraño en ellos...", pensé, entrecerrando los ojos. "No me imaginé que fueran tan veloces siendo humanos... mmm, debo ser más inteligente y medir mis movimientos." Me quedé en silencio un segundo, pero de inmediato una risa desquiciada brotó de mi garganta. —¡Oh, no, espera! ¡Jajaja, na! ¡Al carajo con esto! —exclamé, desechando cualquier intento de prudencia—. ¡Mataré a todos sin importar lo que haga! Al menos me divertiré un rato deshaciendo sus malditos cuerpos. Salté de regreso al suelo, cayendo con un impacto seco frente al chico de cabello café. —Dime... ¿quiénes son ustedes realmente? —le exigí, clavándole la mirada. El chico no se inmutó; al contrario, ensanchó su expresión tranquila con un toque de orgullo gélido. Los guerreros de élite que lo rodeaban dieron un paso al frente al unísono. —Nosotros somos los 7 Asmales de la Calamidad —respondió con voz firme y pausada—. Y mi nombre es Krau. —Ya veo, ya veo... —dije, y una sonrisa bastante aterradora, amplia y carente de cualquier empatía, se dibujó en mi rostro—. Así que tú eres Krau, ¿verdad? Muy bien... ¡Muy bien, Krau! Entonces morirás ante la auténtica Diosa de la Destrucción. No iba a guardarme nada. En ese instante, unas marcas oscuras y brillantes brotaron a lo largo de mi brazo derecho. El aire se volvió asfixiante cuando varios tentáculos de pura energía oscura emergieron de mi propia carne, retorciéndose con violencia como si quisieran devorar mi brazo desde adentro. Pero en lugar de consumirme, la energía se comprimió y se estabilizó de golpe, materializando un arma imponente en mi mano. La Espada Mata Celestiales hizo su aparición. El filo de la hoja brillaba en un tono azul oscuro profundo, rodeado por densas partículas moradas que chisporroteaban con furia y destellos dorados que cortaban la misma densidad del ambiente abismal. Apunté la espada directamente hacia el cuello de Krau, dejando que la sed de sangre de mi transformación gobernara por completo la plaza. —A ver si sus títulos de calamidades sirven de algo cuando les corte la cabeza —sentencié, lista para desatar la carnicería. Escena 2: El Eco del Caballero Oscuro y el Baile Sangriento Punto de vista: Shiro de la Destrucción y Krau —Jajaja... ¡Qué arrogancia tienes para desafiar a uno de nosotros! —soltó Krau, rompiendo en una carcajada limpia que resonó por toda la plaza—. Para tu información, ¿te crees una Diosa de la Destrucción? ¡Hahaha! Qué buenos chistes tienes... Pero sabes, tan solo eres alguien que ni siquiera le llegaría a los talones a lo que el Caballero Oscuro haría. Al escuchar ese nombre, me quedé callada por un instante, frunciendo el ceño mientras la Espada Mata Celestiales chisporroteaba con más fuerza en mi mano. "¿Caballero Oscuro?", pensé, hilando las piezas en mi mente con rapidez. "Así que él también se enfrentó a ellos... Oh, vaya..." Una sonrisa de superioridad volvió a dibujarse en mi rostro, y ladeé la cabeza con malicia. —Y entonces, dime... ¿A quién pisoteó el Caballero Oscuro de tu patético grupo? —pregunté con un tono burlón, clavándole la mirada directamente a los ojos. La reacción de Krau fue inmediata. Toda su tranquilidad se desmoronó en un segundo; se quedó atónito, y una rabia ciega y descontrolada se reflejó en su rostro. Los soldados a su alrededor dieron un paso atrás ante la repentina presión asesina que comenzó a emanar de su líder. —¡Maldita mocosa hija de perra...! —siseó Krau, apretando los dientes con tanta fuerza que casi le sangran las encías—. Así que sabes que él fue quien humilló a uno de nosotros... ¡Te vas a tragar esas palabras junto con tu maldita lengua! Dos de los Asmales de la Calamidad aparecieron de la nada, lanzándose a una velocidad sónica para atacarme por los flancos. ¡Sí que son molestos! Sin siquiera inmutarme, realicé un solo tajo destructivo con la Espada Mata Celestiales; la energía morada y azul oscuro rasgó el aire con tal magnitud que desintegró por completo a ambos guerreros y a los soldados que los respaldaban, reduciéndolos a cenizas en un parpadeo. La plaza quedó en un silencio sepulcral, dejando únicamente vivo a Krau, quien contemplaba las cenizas de sus aliados con los ojos abiertos de par en par. —Espero que me des un encuentro satisfactorio —le dije, apuntándolo con el filo de mi arma mientras una sonrisa sádica se dibujaba en mi rostro—, o de lo contrario te cortaré la cabeza aquí mismo, miserable inferior. Krau rugió de furia y, en un destello de velocidad, ambos desaparecimos de la superficie. ¡Pum! ¡Clang! Múltiples choques de acero y energía comenzaron a mostrarse de forma violenta desde los cielos. El firmamento nocturno se iluminaba de manera intermitente, tiñéndose con los destellos morados de mi maná destructivo y el tono de color gris de la energía asmal de Krau. Las ondas de choque hacían temblar las estructuras del falso reino de Austria que quedaban en pie. "Es rápido...", analicé internamente mientras chocábamos las armas aéreamente a una velocidad imperceptible para el ojo humano. "No solo bloquea mis ataques, sino que los esquiva con una gran estrategia... Se nota que tiene experiencia en combate." Una risa confiada escapó de mis labios en medio del intercambio de golpes. Pero la realidad era otra: solo me estaba divirtiendo. Ya cuando decida dejar de jugar con él... lo mataré con un solo ataque definitivo. Escena 3: El Despertar del Monstruo de la Era Antigua Punto de vista: Shiro de la Destrucción y Krau —¡Magia de la Destrucción: Rayo Devorador de Dioses! —bramé con una sonrisa salvaje. Dejé que el poder destructivo de mis venas se acumulara en la punta de la Espada Mata Celestiales. Un torrente de energía morada y dorada, tan denso que distorsionaba el espacio a su alrededor, se disparó directamente hacia Krau a una velocidad fulminante. —¡¡¡...!!! —los ojos de Krau se abrieron de par en par, reflejando el brillo apocalíptico del ataque. No tuvo tiempo ni de parpadear. —¡A ver si puedes esquivar eso también! —grité, disfrutando el momento. —¡Maldita sea...! —fue lo último que alcanzó a articular antes de que el ataque lo envolviera por completo. El impacto fue tan colosal que provocó una explosión similar a una bomba atómica. El hongo de energía morada y gris se elevó hacia el cielo, arrasando con los edificios colindantes y agrietando la tierra misma del falso reino. La onda expansiva amenazaba con arrastrarme a mí también, por lo que me alejé lo más rápido posible flotando hacia atrás. Pero no iba a dejarlo al azar. Mientras retrocedía a toda velocidad en el aire, comencé a mover mi espada frenéticamente: —¡Muere de una vez! —exclamé, lanzando decenas de cortes de energía pura y oscura, ráfagas cortantes que se hundieron profundamente en el centro mismo de la explosión y del humo ardiente para despedazar cualquier rastro que quedara de él. Pero luego de que la destrucción terminara y el humo comenzara a disiparse pesadamente, revelando el cráter calcinado en el suelo, me di cuenta de la realidad. Él había sobrevivido a mi ataque... pero había sufrido un daño masivo. Su armadura estaba completamente hecha pedazos y su cuerpo mostraba quemaduras críticas provocadas por el Rayo Devorador. —Me sorprende que hayas sobrevivido a eso... —comenté, aterrizando con elegancia en el borde del cráter, apoyando la Espada Mata Celestiales sobre mi hombro. De repente, sus heridas empezaron a emitir un vapor grisáceo y denso. El tejido quemado comenzó a cerrarse y a reconstruirse a una velocidad absurda. —¡¡¡...!!! ¿Se está regenerando? —pensé, entrecerrando los ojos al ver cómo su energía asmal estabilizaba su cuerpo a la fuerza. —Por poco me matas, maldita perra... —escupió Krau, arrodillado en el centro del cráter mientras se ponía de pie con dificultad, temblando de pura rabia—. ¿Cómo se atreve una mujer a... a humillarme de esta manera? ¡A mí, una calamidad! —¡Oh, vamos! No seas tan machista con las mujeres —le respondí, soltando una risa burlona y letal que resonó en todo el lugar destruido—. Acepta la realidad: eres demasiado débil ante mí. Y lo peor de todo para tu dañado orgullo... es que te está ganando una mujer que está por encima de cualquier dios. —Apunté de nuevo mi espada hacia él, disfrutando ver cómo su frustración aumentaba—. Tu regeneración solo va a hacer que tu muerte sea más larga y divertida para mí. ¿Quieres intentar otra ronda, o vas a seguir quejándote como un perdedor? Krau apretó los dientes, visiblemente frustrado y consumido por la rabia, pero luego de eso, una sonrisa retorcida y maliciosa se dibujó en su rostro ensangrentado. Fijó su mirada justo detrás de mí, o más bien, arriba. —¡¡¡Parece que ella no sabe contra quién se está enfrentando realmente!!! —bramó Krau, su voz resonando con un eco de victoria anticipada. Sentí un escalofrío inmediato. Miré hacia arriba de golpe... percibiendo una presencia bastante aterradora que descendía a una velocidad espantosa. Era un aura extremadamente grotesca, tan densa y opresiva que se sentía como si el mundo mismo estuviera a punto de ser destruido por completo bajo su peso. El aire se congeló y la presión física amenazaba con aplastarme contra el suelo. Espoleada por mi instinto de supervivencia, forcé a mi cuerpo a reaccionar. Canalicé mi maná morado en las piernas y di un salto hacia atrás con un impulso violento, logrando esquivar el impacto por completo justo en el último milisegundo. ¡BOOM! Una figura colosal azotó el suelo donde yo había estado parada una fracción de segundo antes, levantando una onda de choque grisácea y negra que agrietó la tierra en kilómetros a la redonda. Desde el centro del nuevo cráter, el recién llegado se enderezó lentamente, revelando unos ojos cargados de una oscuridad asmal absoluta. Krau se arrodilló de inmediato ante él. La figura clavó su mirada gélida y letal en mí, sonriendo con desprecio mientras el ambiente se volvía cada vez más asfixiante. —¿Qué pasa, Shiro Shimizu? —soltó la imponente entidad, cuya sola voz hacía vibrar mis huesos—. ¿Acaso no sabes a lo que te enfrentas ahora? Escena 4: La Anatomía de la Calamidad y el Contrataque Supresor Punto de vista: Shiro de la Destrucción, Krau y el Minotauro —¿Qué demonios está pasando? —siseé, apretando el mango de la Espada Mata Celestiales mientras mis ojos se abrían de par en par, fijos en la aberración que tenía enfrente—. ¿Cómo es que ellos tienen a esta cosa suelta? ¡Ese monstruo debió ser eliminado hace mil años! ¿Cómo puede ser que sigan haciendo experimentos con humanos...? ¡Dime de dónde sacaste eso, maldito! —¡Hahaha! Esto lo encontré hace mucho tiempo... —se burló Krau, poniéndose de pie mientras se limpiaba la sangre de la boca, relamiéndose con pura malicia—. Digamos que hace unos diecinueve años. Esta cosa estaba en un convento abandonado donde lo tenían encerrado. Esta maravillosa criatura humanoide... Por tu reacción, me das a entender que es algo verdaderamente peligroso y poderoso, ¿verdad? Qué lástima que ahora nos pertenezca. La criatura se movió con un rugido sordo que hizo vibrar el suelo bajo mis pies. Tenía dos brazos enormes, cubiertos de cicatrices y venas negras que pulsaban con energía corrupta: era un Minotauro. Pero no uno cualquiera. Era una de las bestias más peligrosas de toda la era antigua; hace tiempo, nadie podía vencerlo por una simple y aterradora razón: cualquier daño, ya fuera un ataque mágico o un impacto físico, no hacía más que volverlo más fuerte y resistente. Alguien al lado de esa cosa era capaz de alcanzar un nivel de destrucción bastante aterrador... Y esos ojos... esos ojos carmesí brillaban con una sed de sangre insaciable. "Esa cosa... Pensé que la había eliminado mi yo original en el pasado..." —el pánico intentó colarse en mi mente por un segundo, pero sacudí la cabeza con frustración—. "No, espera... Ese es otro. El que nosotras combatimos fue destruido por completo. Pero entonces, ¿cómo demonios lo trajeron a esta línea temporal? ¿O es que Lucifer clonó su existencia?" El Minotauro exhaló una ráfaga de aire caliente cargada de vapor grisáceo, fijando sus pupilas carmesí directamente en mi aura morada. La presión en el falso reino de Austria se volvió asfixiante; si usaba mi Magia de la Destrucción a la ligera contra él, solo conseguiría alimentar su poder hasta volverlo invencible. Tenía que pensar en una estrategia rápido antes de que Krau ordenara el ataque. —No queda otra alternativa más que luchar yo sola contra ustedes dos... —dije, mientras una sonrisa bastante amenazante, cargada de pura adrenalina y locura, se dibujaba en mi rostro. Si esa maldita bestia se hacía más fuerte con el daño, entonces tendría que superar su límite de absorción a base de pura fuerza bruta. Me impulsé hacia el frente, rompiendo la barrera del sonido y dejando una estela morada a mi paso. Corrí directamente hacia ellos elevando mi espada con ambas manos. —¡A ver si absorben esto! —bramé, desatando una ráfaga de cortes consecutivos que cortaban el aire con partículas doradas y violetas. Varios de mis ataques letales cayeron con una precisión quirúrgica sobre ellos, buscando rebanar los puntos vitales del monstruo. Pero, para mi absoluta sorpresa, el Minotauro ni siquiera parpadeó. Con una velocidad que no correspondía a su colosal tamaño, extendió su enorme y grotesca extremidad y detuvo la hoja de la Espada Mata Celestiales con una sola mano, frenando en seco toda mi inercia. —¡¿Eh?! —exclamé, abriendo los ojos de par en par al sentir la brutal resistencia. Sin darme tiempo a reaccionar ni a pronunciar una sola palabra más, la bestia cerró sus garras alrededor de mi muñeca con una fuerza descomunal. Su agarre era como una prensa hidráulica. Con una facilidad pasmosa, me azotó contra el suelo una y otra vez, destruyendo las baldosas de piedra y haciendo que el impacto resonara en todo mi cuerpo. El dolor me nubló la vista por un instante, pero antes de que pudiera liberar mi maná para safarme, el Minotauro comenzó a girar sobre su propio eje a una velocidad vertiginosa, usándome como una masa de demolición, y finalmente me soltó, lanzándome por los aires muy lejos de la plaza. Salí disparada como un proyectil, atravesando consecutivamente tres edificios de piedra que se derrumbaron sobre mí a medida que mi cuerpo salía despedido hacia las afueras del falso reino. A pesar del impacto brutal, una sonrisa bastante siniestra se dibujó en mi rostro mientras me recuperaba en el aire. El dolor solo servía para alimentar el motor de mi caos. Una gran onda destructiva, un estallido de energía pura y voraz, se desató a mi alrededor, liberando toda mi aura contenida. El cielo nocturno se iluminó por completo, tiñéndose de un violeta agónico mientras el aire empezaba a arder. Me envolví en una espiral de energía, un tornado destructivo que crecía por segundos, volviéndose cada vez más grande, peligroso y letal. El suelo bajo mis pies se desmoronaba ante la presión de mi sola presencia. Krau, desde la plaza, lo vio todo. Sus ojos, antes llenos de burla, se llenaron ahora de un miedo absoluto y visceral. "¿Cómo es que esa tipa tiene esa clase de poder...?" —pude ver la duda y el terror cruzando su mente mientras intentaba retroceder. Sin decir una palabra más, desaparecí de su vista. En un parpadeo, una fracción de segundo, aparecí justo frente a él. Descargué mi puño derecho con una fuerza destructiva calculada, una energía capaz de partir el mundo en dos si me lo propusiera. El impacto fue devastador. El cuerpo de Krau salió despedido a una velocidad supersónica, recorriendo ocho mil kilómetros en un suspiro, abriendo una zanja catastrófica en el paisaje y dejando tras de sí un hueco de dimensiones apocalípticas en el reino. No le di ni un respiro. Utilizando la distorsión espacial de mi aura, aparecí instantáneamente debajo de donde él estaba cayendo, y comencé a descargar una lluvia de golpes brutales, uno tras otro, cada impacto haciendo estallar el aire y destrozando su armadura abismal. Lo golpeé con saña, una, dos, tres veces... hasta que su cuerpo quedó suspendido en el aire, medio muerto, con sus defensas completamente rotas y su orgullo hecho trizas bajo mis pies. Me detuve un instante, observándolo con frialdad, con el puño aún humeante de energía destructiva. —¿Decías algo de que yo no sabía a qué me enfrentaba, Krau? —pregunté, mientras el Minotauro rugía a lo lejos, ignorando que su amo estaba a punto de ser ejecutado—. Parece que al final, la única que sabe lo que es la verdadera calamidad aquí... soy yo. Krau tosía sangre, con el cuerpo destrozado y apenas sostenido por los hilos de su energía abismal. Sin embargo, clavó sus ojos claros en mí con una última pizca de veneno. —A pesar de todo... tú eres una amenaza —escupió con dificultad, forzando una sonrisa rota—. Eres una amenaza... al igual que el Dios Nocturno, Carlos y el Caballero Oscuro juntos... Todos ustedes son unos monstruos que no deberían existir... —¡Oh, vaya, vaya! ¿Alguien se atreve a mencionarlos a ellos en este estado? —solté una carcajada limpia y desquiciada, ladeando la cabeza mientras mi cabello morado flotaba por la energía residual—. Qué patético te ves buscando nombres para intentar asustarme. Me acerqué a él a paso lento, flotando sobre el abismo que nuestros propios golpes habían cavado en la tierra. La Espada Mata Celestiales zumbaba a mi costado, ansiosa por terminar el trabajo. —Solo te diré una sola cosa... —le sentencié, bajando la voz hasta un tono gélido que congeló el aire a nuestro alrededor—. Ellos jamás podrían vencerme. Aunque usaran todo su poder contra mí, ¡jamás ganarían! Hahaha... Parece que el que no sabe qué hacer ahora eres tú, que solo buscas el pretexto más tonto para no ser eliminado en este mismo instante. Me posicioné justo frente a su rostro, dejando que el calor sofocante de mi aura morada le quemara la piel. —Pero tú, ni los abismales, ni los Asmales de la Calamidad son capaces de comprender la magnitud de su estupidez. Han cometido el peor error de su miserable vida al haberme hecho enojar... ¡Y ahora van a pagar el precio completo! A lo lejos, el rugido ensordecedor del Minotauro herido resonó con fuerza, recordándome que la bestia seguía en pie y volviéndose más peligrosa. Miré de reojo hacia la plaza destruida y luego regresé mi vista a Krau. —Tu mascota sigue viva, pero tú ya no tienes salvación —dije, levantando la espada para darle el golpe final. —¡¿Qué?! ¡No, no puedo perder aquí! ¡Si pierdo... ellos vendrán aquí ahora mismo...! —gritó Krau, con los ojos inyectados en sangre y un pánico real, desesperado, que no encajaba con el orgullo de una verdadera calamidad. —¡¡¡...!!! Mis movimientos se congelaron a milímetros de cortarle la cabeza. "¿Qué...? ¿Qué fue lo que dijo este tipo? ¿Que 'ellos vendrán'? Espera... Entonces, si tanto les teme... ¡¿él no es un Asmal?! ¿Qué demonios está pasando aquí? ¿Quiénes son 'ellos'?" Las dudas me golpearon la mente en ráfaga, distrayéndome por una milésima de segundo. El presentimiento de que todo este escenario era una farsa gigante se volvió insoportable. Alcé la mirada y volteé hacia atrás para buscar el rastro de la bestia, pero el cráter donde estaba el Minotauro... estaba completamente vacío. Ya no estaba ahí. ¡¡¡CRACK!!! No tuve tiempo ni de procesar su ausencia. Una mano enorme, grotesca y cargada de una fuerza bruta que duplicaba la de antes, apareció desde mi punto ciego y me golpeó de lleno en la columna vertebral. El crujido de mi propio cuerpo resonó en mi cabeza mientras el aire salía disparado de mis pulmones. El impacto de la bestia me mandó a volar a una velocidad aterradora, cruzando continentes en un parpadeo hasta que mi cuerpo impactó contra el suelo de una llanura desértica, provocando una explosión atómica colosal que levantó un hongo de humo, fuego y polvo que borró el horizonte. Continuará...
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 235

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