Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 234 online gratis en español
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Capítulo 234: La Fractura de la Mente, el Capullo de las Sombras y la Emboscada en Austria
Punto de vista: Shimizu Shiro (Presente), Shimizu Shiro (Joven), Sayu y Shiro de la Destrucción
Escena 1: La Fractura de la Voluntad y la Verdad Interminable
Punto de vista: Shimizu Shiro (Presente) y Shimizu Shiro (Joven)
—¡Si tú la viste morir, ¿por qué no hiciste nada por salvarla?! —gritó ella a través del enlace, su voz cargada de una furia y un dolor desgarradores—. ¡Ella podría haber estado viva! ¿Por qué la dejaste morir...?
—¡Yo...! ¿Qué querías que yo hiciera, Shiro? —le respondí, perdiendo la paciencia por la frustración acumulada—. ¡Si yo mataba a Kronos, Carlos mataría a toda una población entera! Tú no lo conoces bien; yo sí, porque sé perfectamente de lo que es capaz. ¡Tú jamás podrías entenderlo...!
—¿Te atreves a decirme eso a mí? —dijo ella, completamente enfadada, rehusándose a aceptar mis razones—. ¡No hiciste nada, Shimizu! Sara significaba algo importante para Hina... ¡Pudiste haberlas salvado a las dos!
—Lo siento... —bajé la mirada y apreté los dientes con profundo dolor—. Perdón...
Las lágrimas de rabia contenida amenazaban con salir, pero tragué en seco y enderecé la espalda, forzando a mi voz a recuperar una firmeza absoluta.
—Pero ahora estoy aquí... y puedo salvarlas a ambas. Tenía mis razones por las cuales no quería que esto pasara en el pasado, de verdad, pero no puedo dejar que las cosas se queden así. Por eso me aseguraré de que él no logre su objetivo.
—Bueno... al menos Sara sí se convirtió en una legendaria heroína después de todo —comentó mi yo joven, suavizando un poco el tono al ver mi resolución—. Y ahora que ella está aquí en esta línea, al menos puede desafiar a todos ellos ella sola.
Cerré los ojos, concentrándome al máximo. Al hacerlo, sentí cómo mi maná rosado comenzaba a liberarse de forma masiva en la habitación, distorsionando el espacio. El Kuromi se manifestó con fuerza, materializando físicamente decenas de espadas oscuras y afiladas a mi alrededor, las cuales se entrelazaron perfectamente hasta construir un imponente trono de espadas.
Me senté sobre ellas con elegancia y autoridad, y con un simple movimiento de mis manos, hice aparecer una enorme proyección holográfica de maná flotando en el aire. En ella, se mostraban con lujo de detalle los mapas tácticos de varios reinos importantes de este mundo.
—Veamos... si investigamos un poco sobre el lugar y las ubicaciones exactas, podríamos frenar por completo el plan de Lucifer —sentencié, analizando las fronteras y los flujos de energía en la proyección.
Escena 2: La Estrategia y la Creación de las Tres Calamidades
Punto de vista: Shimizu Shiro (Presente) y Sayu
Después de esa intensa discusión con mi yo joven y de aclarar las cosas con Sayu, finalmente cortamos la comunicación y nos despedimos. Pasó una semana entera. Durante esos siete días, Sayu y yo nos encerramos a estudiar meticulosamente cada ubicación, cada fortaleza y cada movimiento enemigo en los mapas, trazando la estrategia definitiva para anticiparnos a los movimientos de los dioses y los abismales antes de que el festival de la academia comenzara.
—Parece que la droga ya ha alcanzado a toda una población, Shiro —interrumpió Sayu, observando las notas y los informes que habíamos recopilado sobre la mesa—. Supongo que ya es algo que no podamos frenar por las buenas... a menos que vayamos directamente contra ellos.
—Tal vez tengas razón —le respondí, levantándome del trono de espadas, las cuales se desvanecieron en partículas de maná rosado—. ¿Qué te parece si hacemos una cacería en la noche? Tú te encargas de un lado y yo del otro... ¿O prefieres que la hagamos juntas?
—Me parece una excelente idea —contestó Sayu, cruzándose de brazos, aunque su mirada se volvió analítica—. Pero antes de eso... quiero preguntarte algo, Shiro. ¿En verdad estás bien?
Solté un largo suspiro, echando la cabeza hacia atrás para clavar la vista en el techo de la habitación.
—La verdad es que no, Sayu... —admití, sintiendo cómo el peso de tantos siglos y tragedias se acumulaba en mi pecho—. Tengo demasiadas preocupaciones. Siento esta sed de sangre corriendo por mis venas, un impulso constante de querer matar y asesinar a todos los que provocaron esto. Mi ego cada vez se vuelve más agresivo... Por eso trato de mantener el control a duras penas. Por eso mismo estaba creando mis clones, para que ellos se encarguen de las tareas externas y así yo pueda dormir por un tiempo. Y cuando llegue el momento, cuando finalmente despierte... es ahí donde podré estar más lista para mantener el control total del Kuromi.
Sayu abrió los ojos de par en par, procesando mis palabras mientras la gravedad de la situación se asentaba en el aire.
—Estás planeando dividir tu poder, tu magia y la naturaleza misma de tu ser en cada clon... ¿verdad? —preguntó con un hilo de voz.
—Es correcto —sentencié, dando un paso hacia ella—. Y para eso, quiero pedirte un favor muy importante, Sayu... Quiero que te vuelvas la enemiga de todos. E incluso... la enemiga de Carlos.
Sayu se tensó por completo, retrocediendo un paso ante el impacto de mi petición.
—Él no lo sabe aún —añadí, dándole la espalda mientras el aura rosada destellaba levemente en mis manos—. Pero cuando se entere de lo que realmente estamos armando detrás de escena... ya será demasiado tarde para detenernos.
—No puedo hacer eso, Shiro... —murmuró Sayu, dando dos pasos hacia atrás con el rostro pálido y la mirada cargada de horror—. Pedirme que me gane el odio de todos... pedirme que me vuelva la enemiga de Carlos... ¡No puedo! Él no se merece que yo lo traicione de esa manera, no después de todo.
—¡Tienes que hacerlo! —exclamó de pronto una voz estridente y distorsionada que interrumpió a Sayu.
Desde el destello del maná rosado, la silueta de una de las clones se materializó por completo. Era la Shiro de la Destrucción. Su mirada desbordaba un gusto sádico por el caos y la diversión, y jugaba con una daga de energía entre sus dedos.
—Es tal como dice la original —siseó la clon destructiva, mostrando una sonrisa colmilluda y desquiciada—. Si no haces lo que ella te pide, ¡yo misma seré quien destruya absolutamente todo lo que se cruce en mi paso! Y créeme, Sayu, no querrás ver lo divertida que me pongo cuando me dejan libre.
—Vamos, vamos, no seas tan dura con ella... —intervino otra voz, con una dulzura e inocencia tan impecables que parecieron apaciguar la tensión del cuarto.
Del otro lado del trono de espadas apareció la Shiro del Amor y la Amabilidad. Su rostro irradiaba una ternura infinita, y sus ojos brillaban con una calidez pura mientras se acercaba a pasos suaves hacia la aterrorizada chica.
—No tienes por qué preocuparte, Sayu... ignórala a ella —dijo con un tono reconfortante, extendiendo sus manos—. Solo tenemos que demostrar lo que realmente uno siente en el fondo. Tú no quieres matar a nadie, ¿y sabes por qué lo sé? Es porque puedo sentirlo dentro de tu corazón abismal. No eres una mala persona. Ellos piensan que lo eres, sí, pero nadie más sabe lo que has tenido que vivir ni el sufrimiento que cargas. Y eso no tiene por qué hacernos sentir mal para siempre. Solo hay que buscar la forma de ser feliz, sobresalir adelante y ver cómo el mundo brilla de nuevo...
—Hablas demasiado, Shiro de la amabilidad... —cortó una última voz de forma tajante.
La tercera clon dio un paso al frente desde las sombras. Su tono rebosaba un liderazgo inquebrantable y una seriedad absoluta; poseía una mirada gélida y analítica que resultaba sumamente aterradora para cualquiera que la desafiara. Esta era la Shiro de la Naturaleza de la Humanidad, una entidad arrogante pero increíblemente lista, experta en tácticas de combate y, sin duda, la más poderosa de las tres copias.
—Deberíamos estar pensando más bien en lo que haremos ahora —sentenció la clon estratega, cruzándose de brazos mientras ignoraba los balbuceos sentimentales de la otra—. La original se va a ocultar en este mismo instante en un lugar profundo, donde absolutamente nadie pueda encontrarla. Nosotras nos quedaremos a cargo del tablero.
Las tres facciones de mi propia naturaleza —el caos, la compasión y el orgullo militar— rodearon a Sayu en un semicírculo perfecto. Yo, la Shiro original, sentí cómo mi conciencia comenzaba a desvanecerse lentamente, lista para entrar en el letargo protector del Kuromi mientras dejaba el destino del mundo en manos de mis propios reflejos.
—Chicas, por favor, no se peleen... No me hagan enojar —les advertí, usando el último rastro de mi voz original antes de entrar en el letargo. La presión en la habitación aumentó por un instante, recordándoles quién era la verdadera dueña de ese poder.
De inmediato, tanto la Shiro de la Destrucción, la de la Amabilidad, como la de la Naturaleza de la Humanidad guardaron silencio y asistieron a verme al mismo tiempo, mostrando respeto ante mi decisión.
—Cada una tiene una tarea importante —continué, mirándolas fijamente a las tres—. Por ahora, solo vigilen cómo van las cosas en los reinos y cuiden muy bien de mi yo más joven. Esta noche daremos el golpe; abriremos una oportunidad para de una vez por todas destruir las drogas del Dios Demonio de la Destrucción.
Me acomodé en el trono de espadas mientras el flujo de mi maná rosado comenzaba a encapsular mi cuerpo en un capullo protector, aislándome del mundo exterior.
—Ya lo que falta... lo harán ellos por sí solos. Carlos, Shirou y los demás tendrán que moverse cuando las piezas empiecen a caer. Nosotras ya habremos limpiado el camino.
Las tres clones asintieron con firmeza. La estratega dio la vuelta lista para coordinar los puntos de infiltración; la destructiva sonrió con malicia, relamiéndose los labios por la masacre que venía esta noche; y la Shiro de la Amabilidad le dio una última mirada reconfortante a Sayu antes de prepararse para proteger a mi versión de la academia.
Mis ojos se cerraron por completo, sumergiéndome en la oscuridad del sueño profundo, mientras mis tres voluntades se dispersaban en la noche, listas para desatar la cacería.
Escena 3: Despliegue de las Sombras y el Viaje a Austria
Punto de vista: Shiro de la Destrucción y Shiro de la Naturaleza de la Humanidad
—Bueno... ¿quién tiene hambre? —soltó la Shiro de la Destrucción con una sonrisa cínica, estirando los brazos como si fuera a dar un simple paseo—. Esperemos que esto sí sea algo entretenido. De verdad quiero enfrentarme con alguien más fuerte...
En ese instante, un aura morada, densa y violenta, brotó de su cuerpo. La transformación fue inmediata: sus ojos tomaron un color morado profundo mezclado con un tono azul eléctrico, mientras que su largo cabello azul se tiñó por completo de un violeta oscuro y vibrante. La sed de sangre en ella era casi palpable.
—Claro... —añadió la Shiro de la Naturaleza de la Humanidad, acomodándose los guantes con total frialdad, imperturbable ante el despliegue de poder de su contraparte—. No te desvíes del objetivo.
—¡Bien! Yo me iré adelantando al Reino de Austria —sentenció la Shiro de la Destrucción, dándose la vuelta con entusiasmo—. Ustedes tres vayan a los otros reinos asignados... Nos vemos al amanecer.
Sin esperar respuesta, la destructiva se impulsó hacia la ventana, desapareciendo en la oscuridad de la noche como un relámpago morado, ansiosa por encontrar un oponente digno y desatar el caos en las líneas enemigas.
La Shiro de la Naturaleza de la Humanidad miró a la Shiro de la Amabilidad y a Sayu con seriedad.
—Es hora de movernos nosotras también. No dejen que los abismales sospechen nada antes de tiempo —ordenó, antes de desvanecerse silenciosamente en las sombras para cumplir su parte del plan.
Para llegar al Reino de Austria el camino era el más difícil según el mapa, pero en realidad no es algo que me importe; solo quiero aplastar a los más fuertes con mi gran fuerza. Yo y mis otras dos clones no podemos usar el Kuromi ya que no es necesario, nosotras poseemos otras partes del poder con el que nacimos. Así que, mientras yo sea la que tenga todo bajo mi control, todo estará bien.
Cerré mis ojos y canalicé mi maná, buscando el rastro del Reino de Austria. A ver... es un reino con muchos habitantes, pero es una lástima que estén completamente rodeados de demonios sin prejuicio alguno. Solo dan pena ante este mundo; se creen superiores al venir a nuestro territorio. Les demostraré a esos infelices que jamás deben estar aquí, no son bienvenidos. Al igual que los traidores, los humanos solo dan asco... pero si los demonios han manipulado a los humanos, entonces ellos son los más inútiles y tontos que existen en el mundo.
Hay alguien que les está lavando el cerebro, o tal vez sea alguien con mucha influencia. Pero ¿quién podría ser? A lo lejos puedo ver a varias personas tranquilas, no noto nada sospechoso. Tendré que entrar y comprobarlo por mi cuenta; aunque sea de noche, tiene que haber algo de actividad...
En ese momento, utilicé nuestro enlace mental para comunicarme.
—Eh, Shiro de la Destrucción, ¿has encontrado algo sospechoso? —preguntó la Shiro de la Naturaleza de la Humanidad a través del lazo.
—Nop, no he encontrado nada por el momento. ¿Y tú has encontrado algo? —respondí de vuelta.
—Así es, hay mucho movimiento en la zona en donde estoy, en el Reino de Greceawen. Hay varios soldados, pero no veo a ningún enemigo.
—Ya veo. ¿Entonces qué hay que hacer?
—Tú sigue con lo tuyo. Yo me haré cargo de los soldados; solo vigila y, si no hay nada sospechoso, te regresas a donde estoy.
—Bien, bien, bien —dije para mis adentros mientras una sonrisa picada y burlona se mostraba en mi rostro.
Escena 4: La Emboscada en la Plaza de Austria
Punto de vista: Shiro de la Destrucción
Comencé a caminar por todos lados del supuesto reino, adentrándome en los callejones oscuros. De repente, al dar un paso hacia el centro de una plaza desierta, sentí algo sumamente extraño en el ambiente. El aire se volvió pesado y el olor a azufre y magia corrupta se intensificó. Escuchaba un llanto... un sollozo infantil que resonaba desde las sombras, pero tras agudizar mis sentidos morados, supe perfectamente que esto era una trampa. El llanto era artificial, una carnada mágica.
—¡Por un carajo...! —exclamé, sintiendo cómo una barrera de energía oscura se levantaba abruptamente a mi alrededor, sellando las salidas.
—¿Qué...? ¿Qué pasa, Shiro? —preguntó alarmada la clon de la amabilidad a través del enlace, sintiendo mi súbita alteración.
—Me tendieron una trampa... caí en su trampa —siseé con furia, mientras mi aura morada estallaba para resistir la presión del sello que intentaba encadenar mis movimientos—. ¡Este reino no es Austria! Las coordenadas del mapa fueron alteradas... ¡Nos engañaron!
Varias luces parpadeantes aparecieron de la nada hacia mí con una velocidad absurda. No tuve tiempo de esquivarlas por completo; alcanzaron a impactarme de lleno, provocando una explosión masiva que hizo retumbar las estructuras cercanas.
Retrocedí varios metros derrapando por el suelo, saliendo del humo mientras sacudía los residuos de energía con un movimiento violento de mi brazo. Mi ropa estaba un poco rasgada, pero mi aura morada hervía de rabia.
—Parece que alguien sabía de nuestros planes... Pero ¿cómo lo adivinaron? O más bien, no es solo un reino manchado de enemigos ocultos...
Me puse en guardia, escaneando el perímetro con mis ojos morados y azules. Pero qué extraño, no veía a nadie en los tejados ni en las calles destruidas. Parece que el enemigo sabe ocultar muy bien sus movimientos...
—Sigilo... —siseé entre dientes. Levanté la voz, dejando que mi tono arrogante resonara en toda la plaza—. ¡¿Quién eres?! ¡Muéstrate, ser inferior!
—Vaya, no creía que alguien pudiera notar mi presencia... —una voz juvenil y calmada rompió el silencio desde lo alto de una cornisa—. Pero aquí la que debe decir quién es, eres tú. Dime, ¿cómo fue que descubriste este lugar?
Un chico descendió con ligereza, tocando el suelo sin hacer el menor ruido. Tenía el cabello café, ojos claros y una mirada bastante tranquila... pero a la vez peligrosamente calculadora. No emanaba intenciones asesinas evidentes, lo que lo hacía aún más sospechoso.
—Para ser alguien que está solo en este lugar, ¿no se te hace que eres muy débil para hacerme frente? —me burlé, mostrando una sonrisa picada, intentando provocarlo.
—Oh, para nada. Además, ¿quién dijo que estaría solo? —el chico soltó una ligera riseda, cruzándose de brazos—. Para ser una mujer, eres más que una burra al no saber que, detrás de todo tu alrededor, estás siendo rodeada por los soldados del Imperio y del mismísimo Reino de Austria. Para que lo sepas... este reino cayó hace unos días. Digamos que nuestro señor se encargó de conquistar este reinado por completo.
"¿Qué...? ¿Qué fue lo que dijo? ¿Hace unos días?" —el pensamiento me golpeó como un balde de agua fría. La información no cuadraba con nuestros mapas ni con los reportes de la semana pasada. Eso significaba que la inteligencia de Lucifer se había movido a una velocidad catastrófica mientras nosotras planeábamos la estrategia.
"Esto se está saliendo de control... Mierda..." —pensé, sintiendo un vuelco en el estómago, aunque mantuve la fachada de superioridad intacta frente al enemigo. Mis clones y Sayu estaban lejos, y yo estaba metida en la boca del lobo. Apreté los puños, dejando que mi cabello morado brillara con intensidad bajo la luz de las antorchas enemigas que comenzaban a encenderse en los alrededores.
Cientos de pasos pesados y armaduras resonaron en los callejones. Estábamos completamente rodeadas.
—¡No importa quién haya conquistado este reino! —bramó, dejando que mi aura destructiva se expandiera con violencia, quebrando las baldosas bajo mis pies—. ¡Los detendré a todos aquí y ahora! ¡Vengan por mí si se atreven!
Continuará...

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The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 235
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 234
Estás leyendo el capítulo 234 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.