Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 233 online gratis en español
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Capítulo 233: El Laberinto de los Recuerdos, la Sangre de los Héroes y el Peso de un Secreto
Punto de vista: Shimizu Shiro (Presente), Shimizu Shiro (Joven) y Sayu
Escena 1: La Carga de una Voluntad y las Sombras del Pasado
Punto de vista: Shimizu Shiro (Presente)
Ya... ¿cuánto tiempo estaré sufriendo así? Desde que me despedí de Carlos para irme con Sayu, mi único objetivo ha sido encontrar una forma de detener a Gabriel y salvar tanto a Sayu como a Amadeus. Pero estando aquí, mirando de nuevo al mundo, me di cuenta de que también tenía que vigilar a mi yo más joven. No quiero que ella sea la más débil; tiene que hacerse fuerte. Al menos ya le enseñé cómo usar el Kuromi, pero asimilar ese poder toma bastante tiempo.
Ahora mismo, solo estoy averiguando algo sobre la droga del Dios Demonio de la Destrucción... En mi vida anterior, él fue derrotado, pero no por mí, sino por alguien más. Esa guerra fue la victoria que consiguieron los humanos. Yo... simplemente no pertenezco aquí, al igual que Carlos. A nosotros siempre nos verán como simples armas para matar. Eso fue exactamente lo que pensó Kronos cuando utilizó a Carlos para sus maldades. Yo solo lo seguí a él porque me parecía alguien inocente... alguien que jamás debió haber sido traicionado. Usaron a Carlos solo para poder sellarme a mí. Y, para colmo de males, nunca me enfrenté al Dios Nocturno en esa vida anterior.
Por eso estoy aquí; porque si lo veo cara a cara, lo mataré de un solo movimiento.
—Eh... ¿Estás despierta aún, Shiro? —preguntó Sayu, interrumpiendo mis pensamientos con la voz pastosa y los ojos entrecerrados por el sueño—. Deberías dormir. Aún no hemos ido al Abismo por Amadeus... Ella debe estar escondida en algún lado.
—Pero... —comencé a decir, desviando la mirada hacia la ventana—. No puedo dormir, Sayu —continué, soltando un suspiro pesado—. Recuerda que sigo muy preocupada por él. Además... no te lo he dicho, pero es muy posible que él ya vaya en camino al Reino de los Reyes Abismales.
Sayu se espabiló de golpe, abriendo los ojos de par en par mientras el sueño se le borraba del rostro en un segundo.
—¿¿¿Qué??? Tienes que estar bromeando, Shiro... Dime que él no haría un desastre ahí.
—Por supuesto que sí, él es capaz de todo —le respondí con una seriedad absoluta—. Además, su manera de infiltrarse en esos lugares es muy silenciosa; por algo siempre oculta su presencia usando su Visión del Dragón. Pero a lo que vengo... ¿Tú conoces al Dios Nocturno? ¿Tú sabes cómo detenerlo?
Sayu bajó la mirada, apretando las sábanas con impotencia. Un escalofrío pareció recorrer su cuerpo con el simple hecho de recordar esa entidad.
—Lo siento mucho, Shimizu, pero no sé cómo detenerlo... —admitió Sayu con la voz temblorosa—. Él ya ha dejado de ser un humano. Incluso... él se ha convertido en algo feroz, horrible. Algo que a un verdadero demonio le haría sentir miedo ante él. No tenemos una estrategia clara si nos topamos con esa parte de su poder.
—No tienes por qué tenerle miedo. Yo sé muy bien lo que mi otra yo vivió al ver esa clase de monstruosidad... —le dije a Sayu, manteniendo la mirada fija en el vacío de la habitación—. Él no significa nada para mí. De hecho, estaba pensando en dividir mi poder en tres clases de calamidad...
—Emmm... perdón por interrumpir, pero dime, ¿cómo es eso de que vas a dividir tu poder? —preguntó Sayu, ladeando la cabeza por la confusión.
—Bueno, básicamente haría mis clones —le expliqué con total naturalidad—. Yo puedo usar magia de clonación. Aunque si usara la Espada de Clonación sería mucho más fácil, pero recordé que esa espada en sí misma es una amenaza.
—¿Por qué lo dices? ¿Tan poderosa es? —inquirió Sayu, enderezándose en la cama.
—Por supuesto. No solo puede clonar, sino que también puede alterar la realidad con tan solo usarla y ponerla a tu favor. Por eso tanto ustedes como las otras razas la están buscando desesperadamente, para tomar el control absoluto de su poder. Pero Carlos y yo somos los únicos que la tenemos completamente sellada... Y más le vale que siga así, porque si él la llega a usar sin mi permiso, ¡lo mataría a base de escobazos!
Sayu soltó una risita nerviosa, imaginándose la escena, pero rápidamente volvió a ponerse seria.
—Pero la espada que mencionas, Shiro... debe ser muchísimo más peligrosa de lo que me imagino. Si es así, ¿entonces deberíamos ir a buscar a Carlos?
—Tal vez sería la mejor opción. No quiero ver un reino manchado de sangre todavía —respondí, apretando los dientes—. Aún no hemos localizado a Amadeus y necesito encontrarla antes de que ellos lo hagan. A estas alturas, ya deben saber perfectamente que tú eres la traidora, Sayu, y Gabriel ya debe haberse enterado de lo que estás planeando.
Me levanté de la silla y caminé hacia la ventana, observando la fría noche. El peso del pasado se sentía más denso que nunca.
—Pero en el trayecto de todo esto, las personas a veces no entienden lo que uno mismo vive en el sufrimiento. No solo se trata de sufrir, sino de aprender a vivir con ello... Aunque seamos humanos o no, siempre seremos lo que somos. En la actualidad, no hay nadie que sepa todo sobre mí. Las únicas personas que siempre escuchaban mis problemas eran Shirou y Carlos; ambos son como parte de mi familia. Desde que perdí a mis padres, nunca supe quién los mató... Hay recuerdos que simplemente no logro ver con claridad, ya que siempre aparecen distorsionados.
—¿Recuerdos...? —repitió Sayu en un susurro, abriendo los ojos de par en par—. Oh, no... Shiro, no me digas que tú misma viste...
—Así es, lo vi —la interrumpí, con la voz extrañamente tranquila—. Al verlo por mí misma a través de los recuerdos que mi yo joven tiene guardados, descubrí que es algo perturbador. Yo no sabía lo que me había olvidado durante todo este tiempo.
—¿Entonces... desde niña viste morir a tus padres y el Dios Nocturno las dejó vivir a ustedes? —preguntó Sayu, con un hilo de voz.
—Creo que hay algo más que eso, Sayu... Lo que yo vi fue a un hombre convertido en un monstruo. Aunque nos haya perdonado la vida a mí y a mi hermano, él mató a absolutamente todos los miembros de nuestro clan. Y cuando conocí a Hina en la academia, me di cuenta de que ella es la última sobreviviente de nosotros.
—¡Wow, wow, wow! Pero dime, ¿qué es lo que sabes exactamente de Hina? —exclamó Sayu, completamente impactada por la revelación.
—Hay cosas que simplemente no te puedo decir —sentencié, dándole la espalda—. Yo los vi morir... y no quiero que Carlos los vea morir a ustedes también. No quiero que él se convierta en alguien que perdió por completo su humanidad. No quiero que eso pase.
Sayu suspiró profundamente, mirándome con una mezcla de tristeza y preocupación.
—Debes estar exagerando un poco, Shiro... Recuerda y piensa bien las cosas. Tarde o temprano, las cosas van a suceder, quieras o no. No puedes controlarlo todo.
Escena 2: La Maldición de Lucifer y la Furia Desatada
Punto de vista: Shimizu Shiro (Presente) y Sayu
—¡Lo sé, estoy haciendo lo que puedo, Sayu, pero yo... ¡pero yo...! —exclamé, sintiendo cómo la impotencia me cerraba la garganta, conteniendo una mezcla de rabia y desesperación que amenazaba con desbordarse.
—Tranquila, Shiro —me interrumpió Sayu con suavidad. Se levantó de la cama, acortó la distancia entre las dos y me tomó de la mano con firmeza pero con cariño. Su tacto frío me obligó a regresar a la realidad—. Tranquila. No te menosprecies a ti misma, pero tampoco seas egoísta por intentar cambiar algo que ni tú ni él pueden controlar. Tú no puedes salvar a todo el mundo ni cambiar el destino de todos, Shiro...
Sayu soltó un suspiro, desviando por un segundo la mirada hacia el suelo antes de volver a clavar sus ojos en los míos.
—Tú lo conoces más a él... pero yo no. Yo no conozco a Carlos. Solo sé lo que Gabriel mencionó en la reunión de hace algunos años, cuando habló sobre sus hermanos... y sobre lo que pasará cuando él se entere de lo que Lucifer les hizo...
Al escuchar ese nombre, toda mi empatía se transformó en un frío absoluto. El maná a mi alrededor vibró con violencia y las sombras de la habitación parecieron estirarse bajo el influjo de mi Kuromi.
—¿Qué sabes sobre sus hermanos? —le exigí, apretándole la mano inconscientemente—. Dímelo, Sayu. ¿Qué demonios fue lo que les hizo ese hijo de mierda?
Una mirada sumamente amenazante, gélida y peligrosa se dibujó en mi rostro, una expresión que dejó en claro que estaba lista para desatar una carnicería con tal de obtener la verdad. Sayu tragó saliva, palideciendo ante la súbita presión de mi aura, pero obligándose a hablar.
—Con... con los experimentos del alma... —comenzó Sayu, con la voz temblorosa pero firme—. Lucifer no solo buscaba recipientes para los dioses, Shiro. Gabriel descubrió que él usó fragmentos de la esencia vital de los hermanos de Carlos para estabilizar el despertar del Dios Nocturno en el cuerpo de Carlos hace años. Les arrebató algo que nunca van a recuperar, una maldición que los está consumiendo lentamente desde las sombras... y Gabriel lo ha estado usando como moneda de cambio con Kronos. Yo pude haberlo evitado, Shiro... ¡pero de verdad no podía hacerlo! —se justificó Sayu, con los ojos llenos de culpa y desesperación—. Él sabía que si yo hacía un solo movimiento en esa reunión, ellos me matarían ahí mismo. Kronos es solo una herramienta para traer el caos absoluto a este mundo, al igual que Daniel, el Dios de la Guerra... Él está de regreso para buscar venganza contra todos aquellos que los echaron de su hogar original...
—¿Jajaja... jajaja... JAJAJAJA! —una risa amarga y descontrolada escapó de mis labios. Me llevé una mano a la cabeza, apretándome el cabello mientras una mirada completamente alterada, desquiciada por la furia y la impotencia, se mostraba en mi rostro—. Tienes que estar bromeando, ¿verdad? Sí, ¡cómo no!
En un parpadeo, el ambiente de la habitación se volvió sofocante. Un aura rosada, densa y cargada de una presión monstruosa comenzó a brotar de mi cuerpo, distorsionando las sombras a nuestro alrededor a causa del Kuromi que amenazaba con desbordarse.
—Cometí un error todo este tiempo... —siseé entre dientes, sintiendo cómo las lágrimas de rabia querían nublar mi vista—. Debí haberme dado cuenta desde un principio de lo que estaba sucediendo a las espaldas de Carlos... ¡Fui una tonta al no saberlo! Mientras yo me preocupaba por el futuro, ellos ya estaban destruyendo a su familia desde el pasado.
Apreté los puños con tanta fuerza que mis uñas se clavaron en mis palmas. El aura rosada estalló en un pulso que hizo crujir las paredes de la habitación.
—Gabriel, Kronos, Lucifer... no me importa quiénes sean o cuántos dioses tengan de su lado —sentencié, con una voz gélida que hizo que Sayu diera un paso atrás por el miedo—. Se metieron con la persona equivocada. Ahora mismo vamos a ir al Abismo por Amadeus, y después de eso... voy a despedazar a cada uno de ellos con mis propias manos. ¡Andando, Sayu!
Escena 3: Ecos Desde el Polo Norte y el Héroe Olvidado
Punto de vista: Shimizu Shiro (Presente) y Shimizu Shiro (Joven)
—Yo creo que ni se te ocurra ir allá, Shiro... —interrumpión una voz idéntica a la mía, resonando directamente a través de nuestro enlace de comunicación mágica.
Era mi yo más joven. Su tono sonaba extrañamente calmado, pero con una firmeza que me obligó a frenar el flujo de mi aura rosada.
—Recuerda que nadie debe saber que estás aquí, debes permanecer oculta. No podemos llamar demasiado la atención —continuó la Shiro joven, cuyo rastro mágico indicaba que se encontraba en una locación completamente distinta—. Solo cálmate, no lo arruines todo. Espérate a que acabe el festival de la academia; a partir de ese momento, atacaremos nosotras juntas hacia ellos.
—¿Eh? ¿Tengo que esperar todo un mes para que esto acabe? —le reclamé, apretando los dientes con frustración mientras el Kuromi regresaba lentamente a mi interior.
—No es tan sencillo, Shimizu. Tenemos un solo objetivo: proteger a Carlos. No olvides nuestro plan, no lo vayas a estropear por un impulso.
—Está bien, está bien... —suspiré, pasándome una mano por la frente para disipar el cansancio—. Por cierto, ¿en dónde estás metida ahora?
—Ah, no te lo había dicho, ¿verdad? Estoy en una misión yo sola —respondió la Shiro joven a través de la línea—. Me encuentro en el Polo Norte. Al parecer hay problemas en una ciudad sobre un monstruo llamado Black... Pero para mí, todo esto suena algo sospechoso —añadió, su voz cargada de un leve suspiro de nostalgia—. En fin, deberías descansar. Y por lo que más quieras, no vayas a ir al Abismo todavía.
—Bueno, tenemos que cortar nuestra comunicación por ahora —le dije, intentando asimilar la información—. Nos vemos dentro de una semana. Quiero que me expliques cómo usar a la perfección el Kuromi; tengo muchas cosas que preguntarte, pero veo que no es el momento exacto para esta conversación. Sé que estás enojada, y entiendo perfectamente en lo que estás pensando... Pero recuerda: en ese entonces yo solo era una niña.
Me quedé en silencio junto a la ventana, dejando que el lazo se mantuviera abierto por unos últimos segundos. Las palabras de mi contraparte comenzaron a evocar un recuerdo difuso, una escena oculta en lo más profundo de mi mente colectiva.
—¿Te acuerdas de la persona que me salvó de la muerte cuando estaba llorando sola en esa silla?... —murmuró la Shiro joven, con una vulnerabilidad que rara vez mostraba—. Por mucho tiempo no recordé su rostro. Pero ahora puedo ver su cabello naranja rojizo, y sus ojos... unos ojos de un naranja fuerte y brillante. Nunca supe quién era realmente, hasta que por fin vi su rostro con claridad en mis memorias. Era el Legendario Héroe quien nos salvó a mí y a mi hermano Shirou. Él me dijo: "Niña, no tienes por qué tener miedo ante esa monstruosidad. Yo estoy aquí contigo. Nadie te hará daño, porque yo soy aquel que siempre estará aquí para detener cualquier amenaza".
Hice una pausa amarga, apretando el marco de la ventana hasta que la madera crujió.
—¿Pero sabes cómo terminó él? ¿Cómo terminaron los Diez Héroes? —continuó la Shiro joven, y su voz tembló—. Al momento en que el Dios Nocturno los persiguió y los mató a casi todos de forma cruel... solo cuatro de ellos lograron huir. Y dos de ellos... murieron por mi culpa.
A mi lado, Sayu se quedó completamente traumatizada al escuchar el peso de ese relato. El horror se reflejó en sus ojos al unir las piezas de la historia prohibida: el Héroe de las Sombras había muerto en esa masacre, y el Primer Héroe —el líder de todos— lo había perdido absolutamente todo. Sus amigos, sus aliados, los elfos, los humanos, los dioses, los vampiros, los dragones, los enanos y las semi-bestias... Todos ellos habían sido aniquilados por el mismo hombre que se había convertido en esa clase de monstruo insaciable.
—Yo, cuando lo enfrenté... ¿sabes el miedo y el horror que sentí, Shimizu? —concluyó la Shiro joven antes de cortar la conexión—. No tienes ni la menor idea de lo que yo misma vi con mis propios ojos. Y todo esto me hizo recordar lo que pasó hace mil años.
La comunicación se cortó, dejando un vacío helado en la habitación. Tenía razón. Mi yo más joven pasó por algo que yo ni siquiera me imaginaba... Si ella hubiera muerto el día en que el Dios Nocturno tomó el control del cuerpo de Carlos por completo, todo se habría ido al carajo para siempre. Gracias a Dios que no pasó eso... gracias a Dios que resistió.
Escena 4: El Destino de la Academia y la Tragedia de Sara
Punto de vista: Shimizu Shiro (Presente) y Sayu
Me giré hacia Sayu, quien seguía temblando por las revelaciones.
—Tiene razón —dije con una voz sombría, pero completamente enfocada—. No podemos ir al Abismo a ciegas. Vamos a esperar a que termine el festival de la academia y a que ella regrese del Polo Norte. Pero mantente alerta, Sayu... Porque cuando ese mes termine, la guerra que comenzó hace mil años va a continuar.
—Pero ¿cómo diablos vamos a detener al Dios Nocturno? Él tiene aliados muy poderosos... —murmuró Sayu, abrazándose a sí misma mientras caminaba de un lado a otro por la habitación, visiblemente abrumada por la magnitud de lo que enfrentábamos.
—Es verdad. Él tiene a los Dioses Antiguos, a los Abismales y a Daniel, entre otros de otras razas —comenté yo, sintiendo el peso de cada una de mis palabras mientras apretaba los puños.
—¡Qué! Eso es imposible... ¿Cómo ese tipo puede tener tanta influencia? —exclamó Sayu, deteniéndose en seco y mirándome con una mezcla de horror e incredulidad en sus ojos.
Al final, fue Sayu quien habló con una verdad amarga que calaba hasta los huesos:
—Él lo tiene todo gracias a su poder y al miedo que él mismo infunde hacia todo el planetario. Él puede hacer lo que quiera con nuestro planeta...
—No es justo, no... Nada de esto tiene sentido, Sayu —respondí, sintiendo cómo la impotencia y la rabia me quemaban por dentro—. Tal vez yo, Shirou, mi yo joven, tú y Carlos podamos hacer algo contra ellos... Pero dime algo, Shiro, ¿tus compañeros de la academia son fuertes?
—¿Te refieres a Gojo, Lucia, Mei, Miguel, Mael, Kratos, Charlotte, Maria, Freya, Mío, Melissa, Hiko, Arlette, Kimberly, Farid, Kevin, Karen y Abrán?... —la voz de mi contraparte resonó de nuevo en mi mente, trayendo a colación los nombres de aquellos que compartían nuestro día a día—. No sabría decirte, Shimizu... Pero ¿recuerdas a Sara?
—¿Te refieres a Sara Miyamoto? —preguntó ella a través del enlace, y una punzada de culpa me cruzó el pecho—. ¿La chica que alguna vez menosprecié?
—Espera, ¿acaso tú y ella no se llevaban bien? —dijo mi yo joven, captando la fricción de ese viejo recuerdo en nuestra mente compartida.
—Pasó algo entre ella y yo, Shiro... Pero ¿quieres saber qué le pasó? —la voz al otro lado de la línea se volvió sombría, desprovista de cualquier rastro de calidez—. Ella murió sola... Cuando murió Hina frente a sus ojos, ella vio un horror tan inmenso que ese mismo miedo hizo que sus huesos se rompieran al ver que su propio hijo la matara...
—Shiro... Hina nunca se atrevería a matar a sus propios hijos. Tú entiendes eso, ¿verdad? —dije con un hilo de voz, negándome a asimilar el nivel de malicia que requería orquestar una tragedia semejante.
Mi yo joven bajó la mirada; la sombra de su cabello cubría por completo su rostro, ocultando sus ojos y la tormenta de emociones que la estaba consumiendo.
—¿Ella... murió? —preguntó ella, su voz apenas un murmullo que denotaba el quiebre de su compostura.
—Sí... murió frente a mis propios ojos, al igual que ella lo vio —afirmó la Shiro del presente con un tono cargado de un rencor profundo y asfixiante—. Por eso me gané un odio absoluto hacia Kronos. Él fue quien la mató, y Carlos nunca supo el porqué murieron sus padres porque yo me lo guardé. Fui una cobarde al no decirle todo en su momento, por eso cargué con este secreto...
El silencio en la habitación se volvió tan denso que la respiración de Sayu parecía el único sonido en todo el lugar.
—Y Sara peleó contra Kronos y perdió de la manera más cruel —continuó la Shiro joven, desnudando la crudeza de la realidad—. Ella aún no era esa clase de héroe legendario, pero su más grande sueño era convertirse en uno... y eso jamás sucedió. Kronos la mató mientras se burlaba de lo patético que se vería alguien con sueños tan estúpidos ante una humana que aspiraba a ser algo más.
Continuará...

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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 233
Estás leyendo el capítulo 233 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 23 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.