Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 230 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 230: Cenizas del Pasado, la Sombra de los Caídos y el Sello Quebrado
Punto de vista: Miguel Tanaka Sánchez, Karen y Perspectiva General
Escena 1: El Filo de la Memoria y la Verdad de la Tragedia
Punto de vista: Miguel Tanaka Sánchez
—¡Carajo! —exclamé, forzando mis piernas para dar un salto hacia atrás mientras el suelo donde estábamos parados se agrietaba por el impacto de la onda sónica.
La vibración me hizo zumbar los oídos, pero logré mantenerme firme, interponiéndome entre el atacante y las chicas.
—¡¿Quién diablos eres y por qué nos estás atacando?! ¡No somos tus enemigos! ¡Somos aliados, venimos de la Academia Ryouou Clannad!
Al escuchar ese nombre, el aire pareció recuperar su ligereza por un instante. El guerrero se detuvo en seco. La deslumbrante velocidad de sus movimientos cesó, revelando su silueta envuelta en una capa desgastada que se agitaba con el viento gris del valle. Su espada, que aún vibraba con esa letal energía acústica, descendió unos centímetros.
—Ustedes... ¿son de la academia? —murmuró, y su voz, antes gélida y amenazante, ahora denotaba una profunda confusión.
Se quedó estático en medio de las ruinas, mirándonos fijamente a través de la penumbra. Su mente parecía trabajar a mil por hora, atrapada en un dilema. Bajó la mirada hacia nuestros uniformes y luego nos observó los rostros, buscando alguna señal de engaño en nuestra postura.
"¿En verdad serán estudiantes?", se preguntaba a sí mismo en un silencio tenso, sopesando si bajar la guardia por completo en un lugar donde la confianza solía pagarse con la vida. El guerrero entornó los ojos, analizando cada detalle, hasta que su mirada se clavó fijamente en Karen. Una chispa de reconocimiento, casi de shock, cruzó por su rostro. Las piezas parecieron encajar en su mente y la tensión en su postura cambió por completo.
—Pero... —murmuró, dando un paso lento hacia adelante, sin soltar el mango de su espada—. Por casualidad, déjame preguntarte algo, niña de cabello rubio.
—¿Eh? ¿Me hablas a mí? —respondió Karen, dando un paso atrás por el instinto de protección, aunque manteniendo la frente en alto mientras la energía del Dios de la Espada aún latía levemente en su interior.
El hombre la señaló con la mirada, con una seriedad que cortaba el aire más que su propia técnica sónica.
—Quiero que me digas una cosa... ¿Eres la hermana de Kronos y Dani?
El silencio volvió a reinar en el Valle del Fin. Mei y Rai se tensaron, listos para saltar si aquello era una trampa, mientras yo esperaba con el corazón acelerado la reacción de Karen. Que alguien en este lugar desolado supiera los nombres de sus hermanos solo significaba una cosa: este sujeto estuvo involucrado en el pasado de su familia, o peor aún, en la tragedia de hace quince años.
Karen bajó la mirada, dejando escapar un suspiro pesado que arrastraba toda la frustración y el miedo que había estado guardando. Cuando volvió a alzar la vista, sus ojos reflejaban una mezcla de dolor y firmeza.
—Sí... son mis hermanos —respondió con la voz un poco quebrada—. ¿Tú los conoces?
El guerrero relajó por completo la tensión de sus hombros y, con un movimiento fluido, enfundó su espada sónica. El zumbido letal que flotaba en el aire desapareció, dejando solo el silbido del viento gris sobre las ruinas.
—Por supuesto —contestó, y un velo de profunda melancolía cubrió su rostro—. Yo fui uno de sus compañeros hace quince años... Bueno, pasaron muchas cosas. Todo lo que ves aquí es el recuerdo que marcó la vida de todos nosotros.
Dio un paso al frente, quitándose la capucha desgastada que le cubría parte del rostro, revelando una mirada cansada, marcada por los años de supervivencia en ese lugar hostil.
—Mi nombre es Karl.
Mei y Abrán intercambiaron una mirada de asombro, mientras yo procesaba sus palabras. Habíamos venido a investigar el lugar de la emboscada, y el destino nos había puesto enfrente a un sobreviviente directo de la tragedia, alguien que peleó codo a codo con Kronos y Dani.
—Si eres su compañero... —intervine, dando un paso al frente pero manteniendo el respeto—, entonces debes saber exactamente qué fue lo que pasó aquí.
—Si quieren saber la verdad de lo que ocurrió, se los contaré... —dijo Karl, clavando su mirada cansada en nosotros. Luego, sus ojos se detuvieron fijamente en Karen, adoptando una seriedad abrumadora—. Esto es algo delicado. No lo digo por ustedes... lo digo por ella.
Hizo una pausa, dejando que el peso del ambiente nos aplastara un poco más.
—¿Estás segura de que quieres saber la verdad? —le preguntó directamente a mi hermana—. Aunque te duela saber en qué se convirtieron tus hermanos...
Karen tragó saliva, pero no apartó la mirada. Apretó los puños a los costados, mostrando una determinación que me hizo sentir orgulloso, a pesar del miedo que emanaba de ella.
—Sí, quiero saberlo todo —respondió con firmeza—. Dímelo... ¿qué pasó?
Karl soltó un suspiro amargo y comenzó a relatar, con la voz cargada de fantasmas del pasado.
—Está bien... Hace unos quince años, tus hermanos, yo y nuestra compañía fuimos a una misión que nos encargó el reino del imperio. Todo parecía tranquilo, todo estaba bien... hasta que llegó un momento en que nos dimos cuenta de que era una trampa. Al llegar, fuimos emboscados por un Abismal llamado Lucifer. Tu hermano Kronos era alguien fuerte; él nos dio tiempo de escapar. Se quedó a luchar solo contra Lucifer, pero...
Karl apretó los dientes con tanta fuerza que su mandíbula se tensó, reviviendo la traición en su mente.
—Él nos dio la espalda. Se unió con el enemigo. Nosotros habíamos terminado de evacuar el reino, pero un ejército de monstruos, un millón de ellos, se nos vino encima. Logramos detenerlos, pero algo andaba mal... Y entonces fue cuando me di cuenta de que Lucifer había llegado al campo de batalla. Pero lo más traumático fue ver a tu hermano Dani... Estaba herido, lastimado, se culpaba a sí mismo por ser débil. No pudo hacer nada para salvar a su hermano al darse cuenta de que Kronos ya no era el mismo que nosotros conocíamos.
Karl cerró los ojos por un segundo, como si intentara borrar las imágenes de su cabeza.
—Tras eso, luchamos contra ellos dos... pero mis compañeros murieron en manos de Kronos. Tu hermano... mató a la mujer que Dani amaba frente a sus propios ojos. La masacró sin piedad. ¿Sabes el dolor que vivió él en ese momento?
Karen se llevó una mano a la boca, ahogando un grito. Mei retrocedió un paso, horrorizada por la crueldad del relato, mientras Abrán permanecía en absoluto silencio, asimilando la magnitud de la tragedia.
—El dolor fue tal que lo mató, lo quebró por completo —continuó Karl con la voz rota—. Dani perdió el control, no pudo dominar su propio poder y este terminó por explotar de una forma comunal. Yo quedé fuera de combate por el impacto... pero al despertar, ya no había nadie. El reino estaba destruido. Solo yo y otro compañero fuimos los únicos que sobrevivimos de toda la compañía...
El silencio que siguió a sus palabras fue sepulcral. Las piezas del pasado finalmente encajaban, pero la verdad era mucho más oscura y dolorosa de lo que jamás habríamos imaginado. Miré a Karen, quien temblaba visiblemente al procesar que un hermano se había aliado con Lucifer y el otro había desatado el apocalipsis por puro dolor.
Escena 2: Ecos de Deidades y Amenazas Ocultas
Punto de vista: Miguel Tanaka Sánchez y Karl
Karl apretó el puño con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos, mientras una ráfaga de viento gris levantaba la ceniza a nuestro alrededor, acentuando la gravedad de sus palabras.
—No solo terminó ahí —continuó, con la voz apagada, llena de una profunda impotencia—. Cuando pasaron los días, supe que él había aniquilado a varias personas inocentes... No podía creer lo que tus hermanos estaban haciendo, Karen. Pero cuando Dani y yo nos encontramos de nuevo, lo vi en sus ojos... Dentro de él, todavía estaba sufriendo. No era maldad pura, era un tormento absoluto que lo estaba consumiendo.
Karen dejó caer una lágrima, incapaz de contener el impacto de saber que el hermano que recordaba se había convertido en un monstruo para el mundo, pero que seguía atrapado en su propio infierno interno.
—Luché contra ese Dios de la Guerra —admitió Karl, bajando la mirada hacia sus propias manos—. Nuestra batalla terminó en un desastre total. Por culpa de ese enfrentamiento, desaparecieron varios reinos hace nueve años... Lamento mucho no haber podido salvarlo. Hice lo que pude, en verdad lo intenté... pero su poder y su dolor eran simplemente demasiado para un mortal.
Mei se acercó a Karen y le tomó la mano con suavidad, dándole apoyo en este momento tan devastador, mientras Rai miraba de reojo hacia la colina donde el sello seguía vibrando. La verdad estaba sobre la mesa: Kronos se había aliado con Lucifer tras la emboscada en este mismo Valle del Fin, y Dani, quebrado por la culpa y la pérdida de la mujer que amaba, se había transformado en el implacable Dios de la Guerra, arrasando con todo a su paso en un ciclo autodestructivo de dolor.
—Karl... —intervine, dando un paso al frente para que mirara el artefacto que traíamos—. Entiendo el peso de lo que cargas, y te agradecemos la verdad. Pero justo ahora, el Dios de la Espada se manifestó a través de Karen. Nos advirtió que Dani está del otro lado de esa colina intentando romper el sello que Gabriel le impuso. Si lo logra, el desastre de hace nueve años podría repetirse aquí mismo. Tenemos que detenerlo, no solo por el mundo, sino para liberar a su alma de ese tormento. ¿Nos vas a ayudar?
Karl levantó la cabeza, fijando su mirada cansada pero resuelta en nosotros. El peso de sus recuerdos parecía transformarse en una determinación fría, la misma que lo había mantenido con vida durante todos estos años en las ruinas.
—¿Ayudarlos? —repitió, esbozando una sonrisa amarga mientras volvía a colocar la mano sobre la empuñadura de su espada sónica—. He pasado los últimos años de mi vida vagando por estos restos, cargando con la culpa de haber sobrevivido mientras todos los demás caían. Si Dani está aquí, y si hay una oportunidad de terminar con el tormento que lo devora por dentro, no me voy a quedar de brazos cruzados. Iré con ustedes.
Karen se limpió las lágrimas con el dorso de la mano, forzándose a mantenerse firme. La debilidad y el terror que sentía hace unos momentos comenzaron a transformarse en una resolución profunda. Ya no era solo una cuestión de miedo; era la historia de su propia sangre la que se estaba escribiendo en ese suelo estéril.
—Gracias, Karl... —susurró ella, con la voz recuperando su fuerza—. Necesito verlo. Necesito entenderlo por mí misma.
—No bajen la guardia —advirtió Karl, dándose la vuelta para guiarnos hacia la colina—. El terreno más adelante es inestable, y la energía que emana de él distorsiona el ambiente. Mei, Abrán, manténganse cerca de Miguel. Si la presencia de Dani se desborda, la presión física será lo de menos; el aire mismo se volverá un arma.
Asentí, haciendo una seña a las chicas para que avanzáramos en formación. Mei apretó su agarre en el arma que llevaba, con el rostro serio y concentrado, mientras Rai se movía con la ligereza y el silencio propios de su naturaleza, vigilando los flancos por si quedaban restos de las antiguas fuerzas enemigas.
Comenzamos a subir la pendiente de la colina. Con cada paso que dábamos, el cielo violáceo parecía descender sobre nosotros, y un eco sordo, similar al latido de un corazón colosal y furioso, retumbaba desde las profundidades de la tierra. El Valle del Fin nos estaba mostrando su verdadera faceta: el escenario de la caída de los héroes del pasado, y el lugar donde nosotros tendríamos que enfrentar el presente.
—Ah, cierto, se me olvidó decirles... —comentó Karl, deteniéndose a mitad del camino y señalando hacia una bifurcación entre las rocas—. Hay una persona que quiero que conozcan. Él se encuentra en el otro lado, hacia la izquierda, así que sería mejor presentárselo antes de que continuemos hacia nuestro objetivo principal.
Cambiamos de rumbo y seguimos a Karl hacia la izquierda del valle. Mientras caminábamos, no podía evitar mirar a mi alrededor; todo estaba reducido a cenizas. El paisaje era desolador y el peso de saber cuánta gente había caído en este lugar exacto me generaba un nudo en el estómago. Aprovechando el trayecto, decidí sacarme una duda que me venía rondando la cabeza desde hace tiempo.
—Por cierto, Karl... —le llamé.
—Sí, dime, ¿qué pasa? —respondió él sin detener el paso, atento al entorno.
—¿Sabes por qué el Dios Nocturno está borrando varios reinos?
Karl se detuvo en seco por un instante, procesando mis palabras antes de volver a caminar con una expresión de total desconcierto.
—¿El Dios Nocturno? —repitió, fruntiéndo el ceño—. Dime quién es él... No sé nada sobre ese tipo, no logro entenderlo del todo. Pero lo que sí escuché en los rumores es sobre alguien que se convirtió en un dios durante una guerra. Es decir, él se convirtió en uno desafiando a la guerra misma, a su propio clan... y varias razas murieron junto con los humanos, dioses y clanes por su culpa. A ese tipo jamás se le debe subestimar.
Karl soltó un suspiro pesado, y por primera vez noté un rastro de genuino temor en sus ojos.
—Nunca lo enfrenté en mi vida, pero si lo hiciera... terminaría muriendo en tan solo un segundo. De todos modos, no podemos ignorar que hay varias amenazas en distintos reinos justo ahora. No solo son ellos, también están las otras razas moviéndose en las sombras.
Karl sacudió la cabeza, como intentando alejar los pensamientos tan oscuros, y desvió la mirada hacia mí con un cambio drástico de tono.
—Cambiando de tema... el festival de la academia es el siguiente mes, ¿no?
—Así es... —respondí, un poco descolocado por el salto en la conversación—. ¿Por qué lo dices?
Karl se detuvo frente a una entrada de piedra semioculta por la ceniza, se dio la vuelta y me miró con una gravedad absoluta.
—Dime una cosa, Miguel... Por casualidad, ¿Kronos está ahí?
El nombre del traidor flotó en el aire, helándonos la sangre a todos.
—Sí... —respondí en voz baja, asintiendo con la cabeza.
—Pase lo que pase, tengan cuidado con él... No saben de lo que es capaz —advirtió Karl, con un tono sombrío que nos dejó a todos en silencio por unos segundos. Luego, se llevó una mano a la barbilla, como si intentara conectar las piezas de lo que le habíamos dicho antes—. Ahora que lo recuerdo... ¿a dónde íbamos nosotros? Ustedes mencionaron algo sobre un sello hace un momento, no sé a qué se refieren con eso.
—El sello... Se trata de mi hermano Carlos —explicó Karen, dando un paso al frente con la mirada fija en el guerrero—. Él fue sellado y teletransportado... Es una magia de sello que Gabriel hizo.
—¿Gabriel? —repitió Karl, abriendo los ojos de par en par, mientras su cuerpo adoptaba una postura rígida.
—¿Qué pasa, Karl? ¿Lo conoces? —le pregunté de inmediato, notando su drástico cambio de actitud.
—Así es... Hace tiempo hubo un ataque en este territorio, pero eran los secuaces de Gabriel. Supe su nombre cuando los maté... Pero ahora que lo mencionan, ¿ustedes lo conocen?
—No directamente —respondí, cruzándome de brazos—, pero mi padre, mi madre, mi hermano y otras personas poderosas sí lo saben. Está metido en todo esto.
Karl asintió lentamente, asimilando la información mientras miraba hacia el sendero de la izquierda por el que avanzábamos.
—Es por eso que vinieron aquí... No solo para saber lo que ocurrió con tus hermanos, sino también por el sello de tu hermano Carlos. Entonces, si la energía está descontrolada, eso quiere decir que se romperá, ¿no?
Se quedó pensativo por un instante, mirando el cielo violáceo del valle antes de continuar.
—Y sobre esa magia... Nunca la he escuchado en mi vida. En los libros de historia y de magia jamás nos han contado cómo funciona esa clase de poder. Pero si es para sellar a alguien de esa manera, debe ser porque representa una amenaza a un nivel que va más allá de este mundo...
Escena 3: El Refugio de Roger y la Cicatriz Eternamente Abierta
Punto de vista: Miguel Tanaka Sánchez y Roger
Karl se detuvo frente a una gran grieta en la pared de roca y nos hizo una seña para que guardáramos silencio.
—Llegamos. La persona que les prometí que conocerían está justo aquí adentro. Mantengan el respeto, él también carga con las cicatrices de este lugar.
—Veo que llegas, Karl... —una voz profunda y áspera resonó desde el interior del refugio de piedra—. Oye, ¿de dónde sacaste a esos niños?
—Vamos, no seas tan malpensado, Roger —respondió Karl con un leve suspiro, adentrándose en el lugar—. Ellos vinieron a saber cómo terminó todo esto.
—Ya veo... Un gusto, niños. Mi nombre es Roger.
El hombre que estaba sentado frente a nosotros era un señor alto, de barba tupida, cabello rizado y ojos oscuros que reflejaban el peso de mil batallas. Estaba sentado en una vieja silla de madera, manteniendo su espada apoyada a un lado de la misma, mientras miraba con melancolía el paisaje desolador a través de una grieta en la roca.
—Ha pasado tiempo desde aquello, ¿verdad, Karl? —comentó Roger, sin apartar la vista del exterior.
—Lo mismo digo, Roger... Las cosas han cambiado últimamente —contestó Karl, cruzándose de brazos—. Al parecer, somos los únicos que sobrevivimos a esto. ¿De qué sirvió salvar a la gente si todos fueron borrados con el paso de los años?
—Tienes razón, es algo que nosotros no vimos venir —asintió Roger, apretando el puño—. Los Abismales se están moviendo, y si esto sigue así, lo más posible es que una guerra estalle...
En ese momento, la mirada de Roger se desvió de las ruinas y se clavó en Mei y en mí. Se quedó observándonos fijamente las manos, las cuales seguíamos teniendo fuertemente entrelazadas por la tensión del lugar. Una chispa de nostalgia y dolor cruzó por sus ojos oscuros.
—Ustedes dos... me recuerdan mucho a ellos dos.
Karl miró a Roger y de inmediato bajó la mirada, contagiado por la misma tristeza de su camarada.
—Es verdad... —añadió Karl con voz suave—. Ustedes dos me recuerdan a Dani y a Dilshan. Ellos dos siempre la pasaban juntos, siempre se miraban como si su amor fuera eterno. Aunque a veces tenían problemas, siempre salían adelante juntos... Si uno caía, caía el otro.
Karen, que había estado procesando en silencio todo el relato sobre su familia, abrió los ojos de par en par al escuchar aquel nombre desconocido.
—¿Mi hermano... tenía novia? —preguntó con la voz temblorosa.
—Sí —respondió Roger, girándose por completo hacia ella—. Pero no solo eso, ellos estaban comprometidos. Se iban a casar... Pero ocurrió aquella masacre. Tu hermano Kronos fue quien le arrebató la vida a esa mujer que tanto amaba Dani.
El viejo guerrero soltó un suspiro amargo, clavando la vista en el suelo.
—En verdad, ella no tenía por qué sacrificarse por él... No tenía por qué morir frente a sus ojos. Después de que todo terminó, traté de buscar una forma de revivirla, pero... si lo hacía con mi magia, Dani jamás me lo perdonaría. El precio de usar esa clase de poder habría sido demasiado oscuro, y él ya estaba lo suficientemente quebrado...
Continuará...

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The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 231
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 230
Estás leyendo el capítulo 230 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 17 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.