Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 227 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 227: El Despertar del Dios Caído, el Ocaso del Reino y la Herencia Sangrienta
Punto de vista: Dilshan, Dani Tanaka Sánchez, Karl y Perspectiva General
Escena 1: El Juramento del Crepúsculo y la Aniquilación del Reino
Punto de vista: Dilshan y Perspectiva General
Retrocedí un paso instintivamente, pero una sensación gélida y ajena me recorrió la columna. Por un segundo, sentí un vacío tan absoluto que fue como si estuviera muerta, como si mi alma se hubiera desprendido de la realidad. Sacudí la cabeza para apartar ese pensamiento oscuro; no podía permitirme dudar ahora. Sin embargo, mi cuerpo se sentía extraño, pesado pero vibrante; la Armadura Crepúsculo no solo me cubría el brazo, sino que empezaba a extenderse, latiendo como si tuviera un corazón propio, fundiéndose con mi propia piel.
Kronos, o la entidad que lo poseía, detuvo su presión por un instante, entrecerrando esos ojos cargados de divinidad.
—Esa armadura... —su voz resonó con una mezcla de curiosidad y desprecio—. Jamás había visto a alguien portar esa reliquia con tal sincronía. Dime, humana, ¿a quién se la robaste? ¿De qué tumba sacaste ese poder?
Me puse firme, sintiendo cómo el poder de la armadura quemaba mis venas, dándome una fuerza que no sabía que poseía.
—¡¿De qué estás hablando?! —le grité, mientras las lágrimas de rabia se secaban por el calor del Crepúsculo—. Esta armadura la traigo conmigo desde mi nacimiento. Fue el último recuerdo de mi padre, que perdió la vida luchando contra un dios que quería apoderarse del mundo... igual que tú. He sentido este peso durante meses, desde que él se fue y su poder me fue otorgado.
Apreté los dientes, sintiendo la presencia de mi padre dándome fuerzas en ese metal sagrado.
—Mis padres me amaron con toda su alma y me vieron crecer con orgullo. Aunque él ya no esté aquí, yo sigo con su voluntad. ¡Proteger a los demás es lo que me define, como la guerrera y la prometida que soy! —levanté la mirada, desafiando a la deidad y al traidor—. Y mientras yo respire, nadie, absolutamente nadie, le pondrá una mano encima a Dani. ¡No mientras yo esté con vida, hijo de puta!
La armadura terminó de cubrir mi torso en un estallido de luz violeta, respondiendo a mi juramento. La presión que antes sentía como "muerte" se transformó en un aura de protección absoluta. A mi espalda, sentí cómo Dani se estremecía, pero yo ya no era la chica débil que necesitaba ser rescatada. En este Valle del Fin, yo era el escudo que separaba al hombre que amaba de la extinción. La luz de la Armadura Crepúsculo se intensificó tanto que las sombras de Lucifer comenzaron a retroceder, como si el metal mismo gritara el nombre del padre de Dilshan. El Valle del Fin, que antes era solo oscuridad y hielo, se tiñó de un púrpura real que vibraba con una frecuencia ancestral.
Kronos apretó el agarre de su espada, y por primera vez, la expresión de Quetzalcóatl en su rostro pasó de la curiosidad a una furia contenida.
—¿La voluntad de un muerto contra la de un dios? —siseó Kronos, y su voz provocó un pequeño sismo—. Que así sea. Si tanto deseas unirte a él en el vacío, te concederé ese honor.
Kronos se desvaneció en un parpadeo de escarcha y reapareció justo encima de mí, descargando un tajo descendente que llevaba el peso del Sol Helante. El impacto fue tan brutal que el suelo de cristal estalló, pero no cedí. Crucé mis brazos protegidos por la armadura, y el choque de energías creó una cúpula de poder que nos dejó a todos ciegos por un segundo.
—¡DANI, MUÉVETE! —grité a través del esfuerzo, mientras mis pies se hundían en el suelo—. ¡NO PUEDO MANTENER ESTO SI TE QUEDAS EN EL RANGO DE EXPLOSIÓN!
Yo intenté levantarme, pero el aura naranja de las estrellas de Karl empezó a reaccionar con la Armadura Crepúsculo de Dilshan. No eran energías enemigas; se estaban reconociendo. La calidez del naranja y la nobleza del violeta se entrelazaron, creando un puente de energía entre ella y yo.
—¡Roger! —rugió Karl desde su posición contra Lucifer, mientras su espada sónica emitía un pulso ensordecedor para distraer al demonio—. ¡Sácalos de ahí! ¡El choque de sus poderes va a colapsar el Valle!
Roger, que apenas podía mantener las Ataduras Infernales, nos lanzó una mirada desesperada. Sabía que si nos sacaba, dejaría a Dilshan sola contra Kronos, pero si no lo hacía, el poder de la armadura y el sol helante nos desintegrarían a todos.
—No... —susurré, viendo cómo la armadura de Dilshan empezaba a emitir grietas de luz—. ¡No la dejes sola!
Pero Lucifer, cansado del juego, extendió sus alas negras y lanzó una lanza de oscuridad pura que atravesó la barrera sónica de Karl, impactando cerca de donde estábamos. La explosión de sombras nos arrojó a todos en direcciones opuestas. En medio del humo y el polvo estelar, vi a Dilshan avanzar hacia Kronos, no para defenderse, sino para atacar.
—¡Por mi padre, por Dani y por este mundo! —exclamó ella, y su brazo blindado se iluminó con el brillo de una supernova—. ¡Impacto del Ocaso Final!
Un puñetazo cargado con todo su linaje impactó directamente en el pecho de Kronos, justo donde el alma de mi hermano luchaba por no desaparecer. El destello fue absoluto, y por un instante, el Valle del Fin se quedó en completo silencio.
El estruendo final no fue un ruido, sino una aniquilación. La colisión entre el Impacto del Ocaso Final y el Sol Helante generó una onda de choque que no dejó piedra sobre piedra. El Reino, aquel lugar de leyendas y hogares, fue borrado del mapa en un parpadeo de luz cegadora. Cuando el polvo se asentó, el panorama era desolador.
Roger cayó de rodillas, golpeando el suelo yermo con sus puños. Sus ojos recorrían el vacío donde antes se alzaban torres y calles; su hogar, su historia, todo había sido devorado por la explosión. No quedaba nada.
A kilómetros de distancia, el impacto nos arrojó como muñecos de trapo. Me estrellé contra el suelo, intentando moverme, pero un dolor agudo y frío me indicó que algo andaba mal. Al mirar hacia abajo, el horror me golpeó: mis brazos estaban destrozados, la sangre goteaba rítmicamente sobre la tierra seca, marcando el fin de mi fuerza física.
Dilshan se arrastró hacia mí, con el rostro pálido y la Armadura Crepúsculo parpadeando como una vela a punto de apagarse. Al ver mis brazos, sus pupilas se contrajeron por el terror.
—No... no, no, no... ¡Dani! —gritó, y el sentimiento de culpa la golpeó con más fuerza que la explosión—. Es mi culpa... si yo no hubiera... si tan solo...
—Yo... yo... —logré articular, tragando el sabor metálico de la sangre—. No tienes por qué culparte. Nada de esto es tu culpa. La culpa es mía por ser débil... pero mientras tú estés bien, yo...
—Jajaja, qué interesante, ¿no? —Una voz gélida cortó mis palabras.
Kronos emergió de entre los restos de la realidad, caminando con una calma sobrenatural. No tenía ni un rasguño; la presencia de Quetzalcóatl lo hacía parecer un gigante ante nosotros. Apareció justo detrás de Dilshan, cuya espalda se tensó al sentir esa presión divina.
—Me sorprende que hayan sobrevivido —dijo Kronos, inclinando la cabeza con una sonrisa cruel—. Dime una cosa, niña... ¿En qué momento piensas admitir que no sabes usar ese poder que tu padre te otorgó? Qué patética me resultaste ser. Eres una vergüenza para portar esa clase de herencia.
Dilshan intentó levantarse, pero el miedo la tenía anclada al suelo. Kronos extendió una mano, rozando apenas el metal de la armadura crepuscular con desprecio.
—Pero dime... —susurró, clavando sus ojos negros en los míos, disfrutando de mi impotencia—. ¿Cómo reaccionaría él si te mato justo frente a sus ojos? ¿Qué cara pondrá el "héroe" cuando vea que su escudo se rompe en mil pedazos?
Escena 2: La Muerte de Dilan y la Furia Desbordada
El aire se volvió irrespirable. Dilan, impulsado por una furia ciega al ver a sus amigos al borde de la muerte, se lanzó en un último ataque desesperado. Sus rayos y su energía brillaron con una intensidad que pareció iluminar el páramo por un segundo, pero para Kronos, su velocidad era la de un caracol. Con una elegancia aterradora, Kronos esquivó cada ráfaga sin siquiera mover los pies del sitio. Parecía una danza macabra. En el momento en que Dilan quedó a su alcance, Kronos simplemente extendió la palma de su mano y tocó el pecho de nuestro amigo.
No hubo esfuerzo, no hubo grito de guerra; solo un pulso de energía divina concentrada. El cuerpo de Dilan no pudo soportar la presión del poder de Quetzalcóatl. Ante nuestros ojos horrorizados, Dilan exploded en mil pedazos. Una lluvia de partículas de energía y restos de lo que alguna vez fue nuestro compañero cayó sobre el suelo quemado. Ya no quedaba nada de él. Ni una palabra de despedida, ni un rastro de su alma.
Karl, que seguía luchando a lo lejos, se quedó paralizado en pleno aire. Su espada sónica dejó de vibrar. El tiempo pareció detenerse para él mientras veía cómo su hermano de armas era borrado de la existencia de forma tan insignificante. El grito que Karl intentó soltar se quedó atascado en su garganta, ahogado por el trauma.
Kronos soltó un suspiro largo y pesado, como si estuviera cansado de una tarea doméstica.
—Qué aburrido... —dijo con una voz carente de cualquier emoción humana—. Ni siquiera fuiste capaz de soportar un roce de mi ataque. Qué pena. Es una lástima que alguien tan débil haya muerto así.
Se giró lentamente, limpiándose una mancha inexistente de su armadura, y su mirada volvió a caer sobre nosotros. La presión que emanaba ahora era tan grande que el suelo bajo Dilshan y mis brazos destrozados empezó a hundirse.
—Bien... ¿quién es el siguiente en morir? —preguntó con una sonrisa gélida—. ¿La niña que juega a ser guerrera, el héroe sin brazos, o el músico que se quedó sin voz?
El silencio que siguió fue absoluto. Solo se escuchaba el goteo de mi propia sangre y el sollozo ahogado de Dilshan, mientras la sombra de Lucifer se cernía sobre el horizonte, esperando el espectáculo final.
La atmósfera se volvió densa, cargada de una estática que hacía que el aire supiera a metal. Karl, con los ojos fijos en los restos de Dilan, sintió cómo algo dentro de él se rompía, liberando un poder que ya no era solo sonido, sino algo celestial.
—Cambié de opinión... ya no puedo ver cómo cae ni uno solo de mis amigos —sentenció Karl, con una voz que resonó en el Valle como el eco de un trueno lejano.
Miró a Kronos con un odio gélido, pero sus ojos se desviaron un segundo hacia Lucifer. Sabía que el tablero era mortal: si se lanzaba con todo contra Kronos, Lucifer aprovecharía el hueco para terminar con la vida de Dani. Sin embargo, las estrellas naranjas que antes rodeaban a mi amigo empezaron a girar con una velocidad demencial, convirtiéndose en anillos de luz pura que se cerraron sobre el cuerpo de Karl. Una luz cegadora estalló, iluminando el cielo oscurecido por la esfera planetaria, obligando incluso a Lucifer a cubrirse los ojos.
Kronos, poseído por Quetzalcóatl, ladeó la cabeza, mostrando una sonrisa retorcida.
—Ese chico de ahí me está dando un gran espectáculo —murmuró con una curiosidad maligna—. Tal vez debería entretenerme un rato con él antes de borrarlos a todos.
Pero Karl no le dio tiempo a terminar la frase. Apareció frente a él como un destello estelar y le propinó un golpe cargado con la vibración de una supernova, mandando a Kronos a volar varios metros, atravesando las ruinas de lo que alguna vez fue el Reino.
Dilshan, mientras tanto, se quedó de rodillas frente al lugar donde Dilan había desaparecido. Sus manos temblaban en la tierra yerma.
—No puedo dejar que te vayas... —susurró ella, con la voz rota, mirando el vacío—. Dilan...
Bajó la mirada, las lágrimas cayendo sobre el suelo donde las cenizas de nuestro amigo aún flotaban. La impotencia la estaba consumiendo, pero al sentir el estallido de poder de Karl, apretó los puños. La Armadura Crepúsculo reaccionó a su dolor, emitiendo un pulso violeta oscuro.
—Dilan no murió para que nos rindiéramos —dijo ella, levantándose con una sombra cubriendo sus ojos—. Karl está ganando tiempo, pero Lucifer se está moviendo.
Efectivamente, Lucifer, aburrido de observar desde las sombras, empezó a caminar hacia mí. Con mis brazos destrozados y sin fuerzas, solo podía ver cómo la muerte se acercaba con alas negras, mientras Karl y Kronos chocaban en una danza de destrucción a lo lejos. La batalla final ya no era por el Reino, era una lucha desesperada por el alma de cada uno de nosotros.
Escena 3: La Caída del Héroe y el Abismo de la Venganza
Kronos reaccionó por primera vez con una agilidad que desafiaba su propia naturaleza divina. Se levantó de golpe, recuperando el equilibrio mientras sus botas surcaban el aire, y en un movimiento fluido, lanzó una ráfaga de proyectiles de energía esmeralda y escarcha que salieron disparados hacia mí como meteoros.
—¡Corte del Vacío Helado! —rugió, mientras el cielo se resquebrajaba bajo su presión.
Pero yo ya no era el mismo. Esquivé cada proyectil con movimientos milimétricos, casi imperceptibles. Bloqueé cada ataque, cada movimiento y cada precisión con una frialdad técnica que dejó a Kronos momentáneamente descolocado. La mirada serena y heroica que solía llevar desapareció por completo, siendo reemplazada por una mueca de ira y venganza contenida que parecía emanar de lo más profundo de mi alma. Kronos, al notar el cambio en mi aura, detuvo su avance y soltó una carcajada que resonó como cristales rotos.
—¡Sí! ¡Así me gusta! —exclamó, con los ojos brillando con una excitación psicótica—. ¡Ponme esa mirada de odio y desprecio, humano! ¡Deja que la rabia consuma lo que queda de tu patética moralidad!
El aura naranja estelar que me rodeaba comenzó a teñirse de un tono carmesí oscuro, respondiendo a mis sentimientos. La muerte de Dilan y el sufrimiento de Dilshan habían encendido una hoguera que ya no buscaba solo proteger, sino destruir.
—Tú ya no eres mi hermano —dije, y mi voz sonó como el choque de dos espadas—. Eres solo un obstáculo que voy a remover de este mundo.
Me lancé contra él, y esta vez, el impacto no solo sacudió el Valle del Fin, sino que hizo que el propio Lucifer diera un paso atrás, reconociendo que el "héroe" finalmente había dejado paso al vengador.
Kronos soltó una carcajada estridente que erizó los pelos de mi nuca. Sus palabras salían con un veneno que no parecía pertenecer a este mundo.
—¡Jajaja! Nunca lo fuimos —escupió Kronos, mirándome con un desprecio absoluto—. Solo te usé para que me mostraras tu verdadera forma, Karl. No eres nada, al igual que el patético de mi hermano. Dani no es más que una simple basura para mis planes... un peón que ya no necesito en este tablero.
Me quedé helado. Mi mente daba vueltas, tratando de procesar la crueldad de sus palabras.
—¿De qué demonios estás hablando? —rugí, mientras mi aura naranja parpadeaba violentamente—. ¡Él es tu sangre! ¡Él te amaba!
—¡Karl, aléjate de él! —el grito de Dilshan me sacó del trance.
Ella apareció como un relámpago violeta detrás de mí. Con una fuerza que no sabía que le quedaba, me sujetó de la ropa y me jaló hacia atrás con violencia, justo en el momento en que Kronos lanzaba un tajo invisible que habría separado mi cabeza de mis hombros. Salí disparado por el aire, rodando varios metros por el suelo de cristal roto hasta detenerme cerca de donde Roger yacía herido. Pero Dilshan no se detuvo a ver si yo estaba bien.
—¡MALDECITO SEAS! —rugió ella, y su Armadura Crepúsculo estalló en un resplandor cegador.
Se lanzó contra Kronos sin un ápice de duda. Sus movimientos eran una ráfaga de puñetazos y cortes imbuidos en magia de rango superior. No le daba respiro; cada vez que Kronos intentaba levantar su espada, ella lo golpeaba con el escudo de su brazo o lanzaba una descarga de luz purpúrea directamente a su rostro. Estaba peleando con una ferocidad suicida, como si cada golpe fuera el último que pensaba dar en su vida.
—¡No dejaré que sigas ensuciando el nombre de tu familia! —gritaba Dilshan mientras sus golpes resonaban como martillazos en una forja—. ¡Tú no eres Kronos! ¡Eres un monstruo!
A lo lejos, Lucifer observaba la escena con una ceja levantada, mientras yo, desde el suelo, intentaba recuperar el aliento. Vi cómo el brazo de Dilshan empezaba a sangrar bajo la armadura por el esfuerzo, pero ella seguía atacando, decidida a enterrar a la deidad que habitaba en el cuerpo de mi hermano antes de que él pudiera decir una palabra más.
Escena 4: El Despertar del Dios de la Guerra
Lucifer se movió con una elegancia aterradora, ignorando el estrépito de la batalla entre Dilshan y Kronos. Sus ojos, rojos como pozos de sangre antigua, se clavaron directamente en los míos. Con un simple movimiento de su mano, el espacio se distorsionó.
—Muy bien, todos se distraen mientras veo a una presa sola y abandonada —susurró Lucifer, apareciendo a escasos centímetros de mí. Su presencia anuló el calor del aura naranja de Karl; solo quedó el vacío.
Sentí un frío antinatural cuando su dedo índice rozó mi frente.
—Magia de Transferencia —sentenció.
Un dolor que no puedo describir con palabras me atravesó el cráneo. No era un dolor físico; era como si miles de agujas incandescentes estuvieran cosiendo algo directamente en mi alma. Mis brazos destrozados espasmearon violentamente sobre el suelo.
—Aunque estés vivo, el espíritu de un dios te podría matar —continuó Lucifer con una sonrisa de superioridad—. Aunque vivas, sentirás este dolor. Sentirás cómo este poder te va a matar... hasta que él despierte en ti. ¿O me equivoco, Dios de la Guerra, Daniel?
Me quedé paralizado, con la boca abierta en un grito silencioso. Mi mente empezó a fracturarse, dejando salir recuerdos que no me pertenecían, imágenes de tronos de oro manchados de sangre y cielos que temblaban ante mi paso.
—Hace tiempo me pediste un favor —la voz de Lucifer resonaba ahora dentro de mi cabeza—. Hace tiempo que fuiste expulsado del reino de los dioses. Ellos te veían como un monstruo. Cada vez te hacías más fuerte, buscabas más poder... no había nadie capaz de derrotarte. Dejaste que tu arrogancia y tu perseverancia te consumieran. El orgullo de un dios nunca viene mal... pero mira en lo que te has convertido: un humano que sangra en la tierra.
De repente, el aura naranja que me rodeaba fue devorada por una negrura absoluta salpicada de un rojo carmesí. Sentí que algo antiguo y colosal se removía en lo más profundo de mi conciencia, una bestia encadenada que empezaba a romper sus eslabones.
—Despierta, Daniel —incitó Lucifer, retrocediendo para observar el espectáculo—. Muéstrale a este mundo por qué los dioses te temían tanto que tuvieron que desterrarte a esta forma mortal.
Dilshan y Karl se detuvieron, girándose hacia nosotros con una expresión de puro horror. La presión que emanaba de mi cuerpo ahora era tan pesada que el suelo de cristal comenzó a pulverizarse, convirtiéndose en polvo fino bajo mi peso. Mi cuerpo, herido y destrozado, empezó a levitar mientras mis ojos se tornaban de un blanco absoluto.
Continuará...

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Estás leyendo el capítulo 227 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 15 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.