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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 226 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 226: El Heraldo de la Noche, el Sacrificio de un Héroe y la Promesa del Crepúsculo Punto de vista: Dani Tanaka Sánchez, Karl, Roger y Perspectiva General Escena 1: La Corrupción del Sangre y el Desesperado Sollozo Punto de vista: Dani Tanaka Sánchez y Perspectiva General Lucifer giró la espada lentamente dentro de mi pecho, disfrutando de cada milisegundo de mi agonía. La presión del Black del Vacío que antes dominaba se desvaneció, siendo devorada por la presencia abrumadora del Rey de los Demonios. Karl y Roger estaban petrificados; la velocidad de Lucifer no era física, era conceptual. Simplemente estaba donde quería estar. —Míralo bien, Dani —siseó Lucifer, obligándome a mantener la vista al frente mientras la sangre brotaba de mis labios—. Mira en lo que se ha convertido tu sangre. Mi hermano dio un paso adelante. El suelo de cristal se resquebrajaba bajo sus pies, pero no por fuerza bruta, sino por la corrupción que emanaba de su cuerpo. Vestía una armadura de escamas negras y sus manos estaban cubiertas de una neblina oscura que goteaba como brea. Me miró, pero no hubo reconocimiento, no hubo piedad. Era como si estuviera mirando un insecto clavado en una pared. —¿Por qué... por qué estás con él? —logré susurrar, sintiendo cómo la vida se me escapaba por la herida abierta. Él no respondió. En su lugar, levantó su mano y una ráfaga de viento negro barrió a Dilan y a los demás compañeros que intentaban acercarse para ayudarme, mandándolos a estrellarse contra las ruinas de la muralla. —¡SUÉLTALO! —rugió Karl, perdiendo el control. Karl se lanzó con un movimiento desesperado, su espada sónica emitiendo un chirrido que fracturaba el aire, pero Lucifer ni siquiera usó sus manos. Con un simple movimiento de sus alas negras, generó una onda de choque que detuvo a Karl en seco, arrodillándolo por la pura presión gravitatoria. —No interrumpas el reencuentro familiar, Guardián —dijo Lucifer con una calma aterradora—. He esperado mucho tiempo para que los dos polos se encontraran. El vacío de uno y la corrupción del otro. Lucifer retiró la espada de mi cuerpo con un movimiento brusco. Caí de rodillas, presionando mi herida, mientras mi hermano se acercaba hasta quedar frente a mí. Se agachó, me tomó del mentón con una fuerza inhumana y me obligó a verlo directamente a esos ojos que alguna vez fueron mi refugio y ahora eran mi tumba. —Ya no hay un "hermano", Dani —dijo él con una voz distorsionada por mil ecos—. Solo queda el heraldo de la noche eterna. En ese momento, la esfera planetaria en el cielo estalló, pero no en pedazos, sino en oscuridad líquida que empezó a llover sobre todo el Valle del Fin, marcando el inicio del fin para los caballeros, para Roger y para todo lo que alguna vez intentamos proteger. Dilshan llegó hasta mí en un suspiro, interponiéndose entre el cuerpo de mi hermano —o lo que ahora era Kronos— y mi figura herida. Con un movimiento desesperado, logró que él retrocediera apenas unos pasos, los suficientes para crear un espacio de aire viciado entre nosotros. Ella se quedó frente a mí, dándome la espalda al principio, pero luego se giró para arrodillarse a mi lado. —Todo va a estar bien, ¿sí? —dijo ella, pero su voz se quebraba. Sus manos, puestas sobre mi herida, temblaban de forma incontrolable. Me miró a los ojos y pude ver el terror puro reflejado en sus pupilas—. Yo también siento miedo, Dani... no te lo puedo negar en estos momentos —confesó, mientras el aura de Lucifer y Kronos aplastaba el ambiente—. Kronos ya no es tu hermano... siento una presión bastante desagradable emanando de él. Dilshan forzó una sonrisa, una de esas sonrisas que duelen más que una herida de espada, porque se sentía como una despedida definitiva. El cielo seguía llorando esa oscuridad líquida y el Valle del Fin se hundía en el abismo. —Siempre has sido una persona amable y tímida, Dani —continuó ella, mientras su voz se volvía un susurro frágil—. Recuerdo los días, los momentos... cada logro que hemos compartido desde que esto empezó hasta aquí. Pero... no podré hacer nada contra ellos. Soy muy débil. Las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas, mezclándose con la suciedad y la sangre del campo de batalla. Agarró mi túnica con fuerza, como si intentara anclarse a la realidad antes de que el mundo se desmoronara por completo. —No quiero morir aquí, Dani... —sollozó, dejando ver la vulnerabilidad que siempre había intentado ocultar detrás de su valentía. Verla así, derrumbada por la impotencia frente a la figura de quien alguna vez fue mi hermano y la sombra de Lucifer, me produjo un dolor más fuerte que la estocada en mi pecho. Kronos se quedó observándonos, indiferente al llanto de Dilshan, mientras Lucifer soltaba una risa por lo bajo, disfrutando de la desesperación que inundaba el lugar. Estábamos en el límite de nuestras fuerzas, y la esperanza se desvanecía con cada lágrima que caía sobre el cristal roto del valle. Escena 2: El Último Canto del Héroe y la Esencia Estelar Kronos se adelantó, moviéndose como una sombra letal con la intención de poner fin a nuestras vidas. Sin embargo, antes de que pudiera alcanzarnos, un estallido de luz celeste rasgó la oscuridad. Fue golpeado con una fuerza destructiva que lo mandó a retroceder varios metros, dejando un surco en el suelo de cristal. Era Dilan. Se había puesto de pie, cubierto de sangre y polvo, pero con los ojos inyectados en una rabia que nunca le había visto. El aire a su alrededor chispeaba con electricidad residual. —No voy a dejar que tú los mates, ¡maldita escoria! —rugió Dilan, jadeando, mientras se interponía entre nosotros y Kronos—. No sé qué te pasó, Kronos... ¡¿Por qué estás del lado de ese demonio?! ¡Él es tu sangre! Kronos se recuperó del golpe casi al instante, sacudiendo su cabeza con una indiferencia que helaba la sangre. No hubo respuesta en sus ojos, solo una negrura infinita que parecía absorber la luz de los rayos de Dilan. Lucifer, que hasta ese momento contemplaba la escena como un espectador en una obra de teatro, comenzó a caminar hacia ellos. Sus pasos no hacían ruido, pero cada vez que su bota tocaba el suelo, la realidad parecía gemir bajo su peso. Su mirada era de absoluto aburrimiento, como si la resistencia de Dilan fuera solo un ruido molesto en una tarde tranquila. —Mejor cállate, humano miserable —dijo Lucifer, su voz apagando el sonido de los truenos de Dilan—. Tus palabras son tan cortas como tu esperanza de vida. Lucifer levantó un dedo con desdén, y la presión en el aire aumentó tanto que Dilshan y yo fuimos aplastados contra el suelo. Dilan apretó los dientes, intentando cargar una última bola de fuego, pero la sola presencia del Rey de los Demonios estaba asfixiando su maná. La diferencia de poder era tan absurda que el sacrificio de mis amigos parecía solo retrasar lo inevitable. Karl se colocó frente a todos nosotros, dándonos la espalda. Su figura, aunque herida y con la armadura destrozada, emanaba una determinación que hizo que el aire dejara de vibrar por un instante. —Roger... te pediré un último favor —dijo Karl, con una voz extrañamente tranquila en medio del caos—. Por favor, te podrías llevar a Dani y a los demás... Roger, que apenas lograba sostenerse, abrió los ojos con incredulidad. El peso de su propio Reino Temporal lo estaba matando lentamente, pero la petición de Karl le dolió más que cualquier herida. —¿Estás seguro de esto, Karl? Tu cuerpo está herido... —replicó Roger, con la voz rota por la impotencia. —Lo sé —respondió Karl, mientras un aura plateada comenzaba a arder alrededor de su espada—. Y aún así seguiré peleando. Les ganaré el tiempo, pero prométeme algo: si Dani o los demás mueren, quiero que tú sigas con vida. Cuando llegue el momento lo sabrás, pero ahora tienes una misión que cumplir. Roger apretó los dientes, asintió con un nudo en la garganta y, usando sus últimas reservas de energía, comenzó a rodearnos con una cúpula de transporte temporal para sacarnos de la zona de impacto de Lucifer. Karl no esperó más. Levantó su espada hacia el cielo, donde la oscuridad de la esfera planetaria seguía cayendo. Su rostro se tensó y una presión acústica comenzó a quebrar el suelo en círculos perfectos a su alrededor. —¡Técnica de la espada sónica: Ruido Clandestino! —rugió. En ese momento, el sonido desapareció. No fue un silencio natural, fue una anulación absoluta del espacio. Una onda invisible de vibraciones de alta frecuencia estalló desde su posición, creando una barrera de sonido tan densa que incluso la luz de Lucifer se distorsionó al chocar contra ella. El ataque no solo iba dirigido al ser misterioso y a los monstruos, sino que creó una interferencia masiva que bloqueó la percepción de Kronos y Lucifer por unos segundos cruciales. —¡VÁYANSE YA! —fue el último grito de Karl que escuchamos antes de que el estruendo sónico devorara todo el campo de batalla, mientras él se lanzaba en una carga suicida contra el Rey de los Demonios para cubrir nuestra huida. —¡No! ¡No puedo dejarte aquí solo, Karl! —grité, intentando zafarme del agarre de Roger mientras las lágrimas nublaban mi vista. Karl se giró apenas unos centímetros, lo suficiente para que pudiera ver su rostro por última vez. Me miró con una sonrisa serena, una que no encajaba con el apocalipsis que nos rodeaba. —Algún día de estos sabrás lo que uno estaría dispuesto a hacer —dijo con una voz que transmitía una paz absoluta—. Un héroe tiene que proteger a los débiles, Dani. Ese es el camino que elegimos. En ese instante, antes de que Roger pudiera activar el transporte, Karl extendió su mano hacia mí. No fue un ataque, fue un regalo. De repente, una presión cálida y abrumadora empezó a brotar desde mi pecho, expandiéndose por cada fibra de mi ser. Un aura de color naranja intenso, brillante y vibrante, bañó todo mi cuerpo por completo. No era una energía común; estaba salpicada de pequeños puntos de luz blanca que parpadeaban como estrellas, envolviéndome en una armadura de cosmos puro. Sentí cómo la herida que Lucifer me había infligido se cerraba bajo esa luz celestial. Era la esencia misma de Karl, su voluntad final transferida a mí. —¡Karl, no! —rugí, sintiendo cómo el poder naranja vibraba con una intensidad destructiva y protectora a la vez. Pero ya era tarde. El aura estelar me aisló del frío de Lucifer, mientras Karl se volvía hacia la oscuridad absoluta, su figura plateada contrastando con mi nuevo brillo anaranjado. Lucifer entrecerró los ojos, finalmente interesado por la magnitud de la energía que Karl acababa de sacrificar. Roger, con los ojos llenos de lágrimas, activó la técnica. El espacio a mi alrededor empezó a distorsionarse, alejándome de la escena, mientras veía a Karl lanzarse como un meteoro sónico contra el Rey de los Demonios, dejando atrás un rastro de gloria y sacrificio. Escena 3: La Revelación Divina y el Rugido Estelar Roger salió disparado tras el golpe de Kronos, perdiéndose de vista tras las ruinas de la muralla. Sin su apoyo, caí pesadamente contra el suelo de cristal, sintiendo cómo el aura naranja y estrellada que Karl me había entregado vibraba con fuerza, intentando mantenerme unido mientras mi cuerpo físico gritaba de dolor. Me levanté. No tenía fuerzas, mis piernas temblaban y cada fibra de mi ser deseaba simplemente rendirse y ser el primero en caer ante la oscuridad. Pero recordé la mirada de Karl y el llanto de Dilshan. Si iba a caer, lo haría luchando; lo haría como lo hace un verdadero héroe. Una sonrisa retorcida recorrió el rostro de Kronos al ver mi determinación. Pero entonces, su voz cambió. Ya no era solo la frialdad de mi hermano, era algo mucho más antiguo y primordial que resonaba desde su interior. —Vaya, vaya... qué humano tan interesante —dijo aquella entidad, y el nombre de Quetzalcóatl vibró en el aire, revelando al fin quién habitaba dentro de él. Nadie sospechaba que una deidad de esa magnitud fuera el motor detrás de la corrupción de mi hermano—. Veamos qué tan fuerte eres. Alguien con esa determinación no la tiene cualquiera. El aura naranja que me rodeaba reaccionó a su presencia, intensificando el brillo de sus estrellas internas. Quetzalcóatl, usando el cuerpo de Kronos, extendió una mano y el cielo se partió en dos, mezclando la oscuridad de Lucifer con relámpagos de un verde esmeralda que bajaban como serpientes de luz. —Demuéstrame, Dani —desafió el dios serpiente a través de los labios de mi hermano—, si esa luz que heredaste es una verdadera esperanza o solo el último destello de una estrella que está a punto de morir. Me puse en guardia, sintiendo cómo el aura naranja empezaba a quemar mi piel, lista para estallar en un último contraataque. El Valle del Fin contenía el aliento: la batalla entre un humano con voluntad de acero y un dios en el cuerpo de un hermano acababa de entrar en su etapa más amarga. El aire se volvió denso, cargado de una energía que hacía que el oxígeno mismo se sintiera como plomo en mis pulmones. El aura naranja de Karl, llena de esas estrellas titilantes, comenzó a girar violentamente a mi alrededor, respondiendo a la presión divina de Quetzalcóatl. —Si quieres ver mi fuerza, entonces mira bien —dije, aunque mi voz temblaba por el esfuerzo físico—. Porque no estoy solo. Llevo conmigo la voluntad de los que cayeron y la esperanza de los que aún respiran. Me impulsé hacia adelante. Mi velocidad ya no era humana; el aura naranja dejaba una estela de polvo estelar que quemaba el suelo de cristal al pasar. Quetzalcóatl, en el cuerpo de Kronos, simplemente alzó una ceja y movió su mano con elegancia. Una serpiente de rayos esmeralda descendió del cielo para interceptarme, pero yo no me detuve. —¡Impacto Estelar: Rugido del Héroe! —grité, concentrando toda el aura en mi puño derecho. El choque fue cataclísmico. Mi puño impactó contra la barrera de rayos de Quetzalcóatl, creando una cúpula de energía naranja y verde que empezó a agrietar el espacio mismo. A pocos metros, Lucifer observaba la escena con una sonrisa de curiosidad maligna, como si estuviera viendo una pelea de insectos particularmente entretenida. —Interesante —repitió la voz de Quetzalcóatl desde el interior de mi hermano—. Tu alma está ardiendo, Dani. Estás consumiendo tu propia vida para mantener ese brillo. ¿Cuánto tiempo crees que podrás sostener el peso de una estrella antes de que te conviertas en cenizas? Sentí un dolor agudo en mi núcleo; el aura de Karl era demasiado poderosa para mi cuerpo agotado. Pero en ese momento, vi a Dilshan a lo lejos, tratando de levantarse, y recordé el sacrificio de Roger. No podía permitirme fallar. —¡El tiempo suficiente para salvar a mi hermano! —rugí, forzando un paso más hacia adelante, rompiendo la barrera esmeralda. Kronos parpadeó por un segundo, y por una fracción de instante, juraría que vi un destello de su verdadero ser en el fondo de sus ojos negros. Pero la sombra de Quetzalcóatl volvió a cubrirlo, y una explosión de energía divina me mandó a volar hacia atrás, justo cuando Lucifer daba un paso al frente, levantando su espada negra para dar el golpe de gracia mientras yo estaba en el aire. Escena 4: El Sol Helante y el Bloqueo del Crepúsculo El Valle del Fin se había convertido en un caos de fuerzas primordiales. A lo lejos, las explosiones sónicas de Karl chocaban contra la elegancia mortal de Lucifer en un duelo que fracturaba el horizonte. Pero frente a mí, la temperatura cayó de forma antinatural. El aire se volvió tan frío que mis pulmones dolían con cada inhalación, mientras un brillo azul pálido y abrasador emanaba de las manos de mi hermano. —Golpe glaciar del sol helante —sentenció la voz de Quetzalcóatl a través de Kronos. Una esfera de energía blanca, que emitía un calor gélido capaz de congelar el alma misma, comenzó a expandirse. Era una técnica contradictoria, un sol que no daba vida, sino que petrificaba todo a su paso en un ataúd de hielo eterno. Me levanté una vez más, el aura naranja de Karl flaqueando pero manteniéndome en pie. Mis instintos se dispararon. Antes de que el ataque terminara de formarse, utilicé la técnica de la espada de retroceso, moviéndome en el instante preciso en que el espacio empezaba a congelarse. Mientras me desplazaba, la vi: la presión que Quetzalcóatl ejercía sobre el cuerpo de Kronos era devastadora. Mi hermano no decía nada, pero su piel comenzaba a agrietarse bajo el peso de ese poder divino; lo estaba consumiendo desde adentro. Justo cuando Kronos iba a lanzar el golpe final hacia mí, una cadena de sombras ardientes surgió del suelo, enredándose con una fuerza brutal alrededor de sus brazos y torso. —¡No te olvides de mí, traidor! —rugió Roger, reapareciendo con la armadura destrozada y la sangre corriendo por su frente. Había usado sus últimas reservas de energía para invocar las Ataduras Infernales. Las cadenas negras, imbuidas con un fuego carmesí, tiraban de Kronos hacia el suelo, quemando la escarcha que el sol helante producía. El choque entre el frío divino de Kronos y el fuego de las ataduras de Roger creó una cortina de vapor denso que ocultó el campo de batalla por un momento. —¡Dani, ahora! —gritó Roger, sosteniendo las cadenas con los músculos a punto de estallar—. ¡No podré retener a un dios por mucho tiempo! Karl seguía manteniendo a raya a Lucifer, pero sabía que este era nuestro único segundo para actuar antes de que el "Sol Helante" detonara y nos borrara a todos del mapa. Kronos demostró una frialdad táctica aterradora. Mientras las cadenas de Roger lo sujetaban, su sombra se desprendió del suelo como un hilo de tinta letal, deslizándose velozmente por detrás de él con un solo objetivo: atravesar mi corazón mientras yo estaba vulnerable. No tuve tiempo de reaccionar, pero ella sí. —¡DANI, CUIDADO! —gritó Dilshan. Sentí un empujón violento que me mandó al suelo. Dilshan se interposo, quedando frente a la sombra y frente a la mirada gélida de Kronos. Ella me miró por encima del hombro, y esa sonrisa... era la sonrisa más hermosa y dolorosa que había visto en mi vida. —Dani, lo lamento tanto... —susurró, con las lágrimas asomando pero sin perder la dulzura—. A veces sé que soy una impulsiva, que siempre te digo "no te preocupes, todo estará bien"... es porque tenía miedo de que sufrieras demasiado. Como tu novia, debo cuidarte. Como tu prometida, debo protegerte de quienes intenten hacerte daño. —¡No! ¡Espera! ¿Qué estás diciendo? ¡No lo hagas, Dilshan! —grité desesperado, intentando alcanzarla, pero el aura naranja de mi cuerpo estaba colapsando por el esfuerzo. Kronos, poseído por Quetzalcóatl, no mostró ni un ápice de duda. Levantó su espada, imbuida con ese frío solar helante, y la descargó con una fuerza capaz de partir una montaña. —¡Magia de Rango 6: Armadura Crepúsculo! —exclamó Dilshan con un grito que desgarró el aire. Una luz entre violeta y dorada estalló alrededor de su brazo, materializando una pieza de armadura sagrada justo a tiempo para bloquear el tajo de Kronos. El impacto generó una onda de choque que agrietó el cristal bajo sus pies. El brazo de Dilshan temblaba bajo la presión divina de la espada de mi hermano, pero ella no retrocedió ni un milímetro. —No permitiré que el hombre que amo muera en manos de su propio hermano —sentenció ella, sus ojos brillando con una determinación que incluso hizo que la sombra de Lucifer se detuviera a observar. Estaba dispuesta a sacrificar su propia existencia, quemando su círculo de maná hasta las cenizas, con tal de darme un segundo más de vida. El Valle del Fin se iluminó con el resplandor del Crepúsculo, mientras el amor y la traición chocaban en el centro del campo de batalla. Continuará...
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 226

Estás leyendo el capítulo 226 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 13 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.