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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 225 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 225: La Sombra de un Hermano, la Oscuridad del Vacío y la LLegada del Rey Punto de vista: Dani Tanaka Sánchez, Karl, Roger y Perspectiva General Escena 1: El Límite de la Voluntad y la Amenaza Planetaria Punto de vista: Dani Tanaka Sánchez La batalla se volvió un caos de explosiones y estruendos metálicos. Me puse de pie rápidamente, sintiendo el calor de las llamas de Dilan a mi espalda, mientras el suelo seguía vibrando por la intensidad de mi golpe. Aquellos huecos enormes que había creado servían como una barrera temporal, pero la marea de un millón de monstruos era incesante y comenzaba a rodear los bordes de los cráteres. —¡Gracias, Dilan! —grité sin apartar la vista del frente. —¡No te distraigas, Dani! ¡Aún faltan demasiados! —respondió él, con sus manos aún chispeando por la magia de rayo de luz celeste. Varios de esos seres enormes, con rasgos abismales y ojos inyectados en sangre, saltaron sobre los huecos que yo había hecho, rugiendo con una furia que helaba la sangre. Preparé mi defensa, acumulando energía de nuevo en mis puños. No podía permitir que la duda me detuviera; cada golpe que daba era un segundo más de vida para las personas que huían por los túneles. A lo lejos, el zumbido de la espada de Karl se intensificó, creando ondas de choque que mandaban pedazos de monstruos por los aires. Karl se movía como un relámpago plateado en medio de la marea oscura, mientras Roger y sus caballeros cargaban una y otra vez, hundiendo sus lanzas en la carne de esas criaturas aterradoras. —¡No retrocedan! —bramó Roger, su aura de mando brillando con más fuerza que nunca—. ¡Si vamos a caer, que sea grabada nuestra leyenda en este suelo de cristal! Sentí cómo el miedo intentaba paralizar mis piernas una vez más, pero al ver a mis compañeros luchar con tanta entrega, apreté los dientes. Si Karl era capaz de lanzarse solo desde la muralla y Roger de liderar una carga suicida por orgullo, yo no podía quedarme atrás. Me lancé hacia adelante, directo hacia el siguiente grupo de criaturas que empuñaban aquellas espadas oxidadas, dispuesto a demostrar que este grupo no se rompería tan fácilmente. El cielo del Valle del Fin se teñía con el resplandor de la magia y el humo de la guerra, anunciando que la verdadera lucha por la supervivencia apenas estaba comenzando. Un ser misterioso apareció de la nada frente a Roger, moviéndose con una velocidad que desafiaba los sentidos. Con un gesto de indiferencia, aplastó al caballero usando solo la palma de su mano. Me quedé con la boca abierta, horrorizado al ver cómo mi caballo explotaba en mil pedazos por la presión; el impacto fue tan brutal que salí disparado hacia atrás, rodando por el suelo de cristal. Me puse de pie de un salto y blandí mi espada hacia él, apuntando con manos temblorosas, pero ya no estaba ahí. En un parpadeo, el ser apareció suspendido en el aire, observándonos desde las alturas. Al notar su presencia, los miles de monstruos que nos rodeaban se detuvieron en seco, sumiéndose en un silencio aterrador. Su voz, cargada de una potencia que hacía vibrar mis huesos, me obligó a ponerme en guardia de inmediato. —¿Así que los humanos se nos están rebelando? —dijo aquel ser con una autoridad que empequeñecía todo a su alrededor—. Creo que es mejor que les demuestre cuál es su lugar, miserables cucarachas. Extendió una mano hacia el firmamento y, de repente, una esfera de energía comenzó a iluminarse en el cielo. Creció y creció hasta volverse tan enorme como si fuera un planeta entero, eclipsando la aurora boreal y sumergiendo el valle en una luz mortecina. El pánico se apoderó de todos; los caballeros y mis amigos miraban hacia arriba, paralizados por la visión del fin del mundo. —¡No tengan miedo! ¡Yo estoy aquí! —grité, forzando a mis pulmones a superar el terror—. ¡No dejaré que ese ataque toque tierra! Planté mis pies firmemente en el suelo y liberé todo el poder que me quedaba. —¡Magia de defensa rango 30: Escudo Divino de Dios! Una cúpula de luz dorada y pura estalló desde mi posición, expandiéndose a una velocidad increíble para cubrir a los sobrevivientes. Era un escudo de una magnitud legendaria, pero sentí de inmediato cómo consumía demasiado maná de mi núcleo. El esfuerzo era sobrehumano; mis venas ardían y mi visión se nublaba mientras intentaba sostener el peso de aquel ataque planetario que amenazaba con borrarnos de la existencia. Si fallaba ahora, no quedaría nada del Valle del Fin. Escena 2: La Furia de Karl y la Distorsión Espacial Lanzó su ataque directo hacia nosotros. El aire se volvía siniestro, transformándose en una marea de energía oscura que parecía querer devorarlo todo a su paso. Cuando la onda destructiva impactó contra mi escudo, el choque fue ensordecedor; logré bloquearlo, pero la explosión resultante fue como una bomba súper atómica. El resplandor fue tan cegador que el mundo entero pareció desaparecer por un instante bajo el peso de ese poder. A pesar de la magnitud del impacto, logré mantener a salvo a todos los que estaban detrás de mí. Sin embargo, el precio fue alto: sentí un vacío doloroso en mi pecho cuando mi maná se agotó por completo. Mis piernas flaquearon y caí de rodillas, jadeando, mientras el escudo divino se desvanecía en partículas de luz. —Qué magia tan poderosa... —dijo ese ser misterioso, descendiendo lentamente con una expresión de genuino asombro—. Nunca en la vida un humano había detenido mi ataque en esa escala tan grande. Pero su asombro se transformó rápidamente en una crueldad fría. Miró a la horda que nos rodeaba y dio una orden letal: —¡Todos, atáquenlo! Devórenlo por completo, no dejen ningún rastro de él. Los monstruos rugieron y se prepararon para abalanzarse sobre mi cuerpo agotado, pero antes de que la primera garra me tocara, una sombra cruzó el campo de batalla a una velocidad imposible. Karl apareció de la nada, flotando justo frente a ese ser misterioso. Su presencia emanaba una presión que hizo que incluso el aire se detuviera. —Oye... creo que se te olvidó que había alguien frente a ti —dijo Karl con una voz gélida. Sin darle tiempo a reaccionar, Karl soltó un golpe devastador. Usando su puño envuelto en un aura densa y violenta, impactó de lleno en el pecho del ser, mandándolo a volar hacia abajo con una fuerza destructiva. El cuerpo del enemigo surcó el cielo como un meteoro hasta estrellarse contra el suelo, creando un cráter que hizo temblar las murallas del Valle del Fin. El impacto de aquel ser contra el suelo generó una onda expansiva que barrió con cientos de monstruos que se encontraban cerca del punto de colisión. El cráter era profundo, rodeado de grietas que parecían venas negras sobre el cristal del valle. Karl descendió lentamente, su capa ondeando en medio del humo, manteniendo su puño aún envuelto en esa aura eléctrica y amenazante. —¿Eso es todo lo que tiene un enviado de Lucifer? —provocó Karl, su voz resonando con una arrogancia que, por primera vez, me dio un respiro de esperanza. Yo intentaba levantarme, pero mis músculos no respondían; el vacío en mi núcleo de maná me hacía sentir como si mis huesos fueran de plomo. Dilan y Dilshan corrieron hacia mí, colocándose en posición defensiva mientras los monstruos, confundidos por la caída de su líder, dudaban por un segundo. —¡Dani, no te muevas! —gritó Dilan, mientras lanzaba destellos de su magia de rayo para mantener a raya a las criaturas que se acercaban a mis costados—. ¡Has hecho suficiente, déjanos el resto a nosotros! De repente, el fondo del cráter comenzó a brillar con una luz púrpura enfermiza. El ser misterioso emergió de los escombros, limpiándose un hilo de sangre oscura de la comisura de sus labios. Su armadura estaba agrietada, pero su presencia no había disminuido; al contrario, una furia silenciosa emanaba de él, haciendo que el aire volviera a sentirse pesado y difícil de respirar. —Interesante... —siseó el ser, elevándose de nuevo hasta quedar a la altura de Karl—. No esperaba encontrar a un guerrero con tal fuerza bruta en este mundo miserable. Has logrado herirme, humano. Pero jugar con la fuerza física no te servirá de nada cuando el espacio mismo se doblega ante mi voluntad. Extendió sus manos y, a su alrededor, la realidad empezó a distorsionarse, creando pequeñas fisuras negras que succionaban todo lo que tocaban. Karl se puso serio y volvió a blandir su espada sónica, cuya vibración alcanzó un tono tan agudo que los monstruos más débiles empezaron a desplomarse con los oídos sangrando. —Roger, ¡lleva a los heridos hacia los túneles! —ordenó Karl sin quitarle la vista de encima al enemigo—. Dani, descansa. Si ese escudo divino fue tu límite, ahora mira cómo se destruye a un dios falso. Escena 3: Choque de Reinos Temporales y la Despertar del Vacío El enfrentamiento final estaba a punto de estallar en el cielo, mientras abajo, nosotros luchábamos por no ser devorados por la marea de un millón de monstruos que volvían a la carga con una sed de venganza renovada. El aire crujió cuando el ser misterioso extendió sus brazos, y las fisuras negras a su alrededor se ensancharon como bocas hambrientas. Karl, sin embargo, ni siquiera parpadeó. Su espada sónica vibraba con tal intensidad que el espacio frente a él parecía solidificarse, creando una barrera de frecuencia pura. —¿Espacio? ¿Voluntad? —Karl soltó una risa seca que heló la sangre de los pocos caballeros que quedaban en pie—. Hablas demasiado para alguien que acaba de ser estampado contra el suelo. En un estallido de velocidad, Karl desapareció. Solo pudimos ver estelas de luz plateada chocando contra las distorsiones púrpuras del enemigo. Cada vez que la espada sónica impactaba contra las fisuras, se producía un estruendo que desgarraba las nubes. Era una danza de destrucción absoluta sobre nuestras cabezas. Abajo, la situación seguía siendo crítica. Aunque el golpe de Karl había despejado el área, el millón de monstruos comenzó a cerrarse sobre nosotros nuevamente. Roger, tambaleándose y herido tras el impacto anterior, se puso en pie con dificultad, apoyándose en su espada mellada. —¡Escuchen! —rugió Roger, su aura de mando volviendo a brillar, aunque más débil—. ¡Dani nos dio una oportunidad al detener ese ataque! ¡No desperdicien su sacrificio! ¡Formen un círculo, protejan a los que no tienen maná! Dilan y Dilshan se pegaron a mis costados. Yo intentaba desesperadamente canalizar aunque fuera una gota de energía, pero mi núcleo estaba seco, doliéndome con cada respiración. —No te fuerces, Dani —susurró Dilshan, su mirada fija en una criatura de tres cabezas que se arrastraba hacia nosotros—. Nosotros te cubriremos ahora. De pronto, un grito desgarrador vino del cielo. El ser misterioso había logrado atrapar uno de los brazos de Karl en una pequeña grieta espacial, pero Karl, lejos de retroceder, usó su otro brazo para agarrar el cuello del enemigo. —Si quieres mi brazo, tómalo —gruñó Karl con una mirada de locura—, pero a cambio yo tomaré tu existencia. Un brillo cegador emanó del puño de Karl, una acumulación de aura tan densa que empezó a quemar la atmósfera. La marea de monstruos se detuvo, mirando hacia arriba con terror, comprendiendo que el siguiente movimiento definiría si el Valle del Fin se convertiría en un cementerio o en el escenario de una victoria imposible. Roger se levantó con un esfuerzo sobrehumano, apoyando el peso de su cuerpo sobre su espada mellada mientras el sudor y la sangre se mezclaban en su rostro. De repente, la atmósfera cambió drásticamente. El aire dejó de fluir, el polvo quedó suspendido en el espacio y un silencio absoluto sepultó el estruendo de la guerra. —Reino Temporal —susurró Roger con una voz que parecía provenir de todas las direcciones a la vez. El efecto fue inmediato. Todos, incluso Karl, que se encontraba en pleno intercambio de golpes en las alturas, sintieron la presión de un dominio absoluto sobre la cronología. Era el verdadero Reino Temporal; la realidad misma se volvió pesada, lenta, como si estuviéramos moviéndonos a través de cristal líquido. Sin embargo, para nuestra pesadilla, el ser misterioso no mostró rastro de miedo. Al contrario, una sonrisa retorcida y cargada de malicia se dibujó en su rostro mientras observaba a Roger desde el cielo. —Vaya... un humano con el linaje del tiempo —siseó el ser, extendiendo sus manos mientras una energía púrpura comenzaba a devorar la luz dorada de Roger—. Interesante, pero déjame enseñarte cómo luce un dominio de verdad. El ser misterioso entonó las mismas palabras con una autoridad que hizo vibrar los cimientos de la existencia: —Reino Temporal. Dos fuerzas invisibles y colosales chocaron en el aire. El Reino de Roger luchaba por mantenernos en un presente seguro, mientras que el del ser misterioso intentaba colapsar el tiempo sobre nosotros para borrarnos. El choque de ambos dominios creó ondas de distorsión que hacían que los monstruos cercanos envejecieran y se convirtieran en polvo en segundos, mientras que otros volvían a ser embriones antes de desaparecer. Karl, atrapado entre ambas fuerzas, apretó los dientes, sintiendo cómo su propia velocidad se veía afectada por la guerra de reinos. Yo, desde el suelo y sin maná, solo podía mirar con horror cómo Roger entregaba hasta su última gota de energía vital para sostener su Reino contra el de ese monstruo, en un duelo donde un solo segundo de debilidad significaría la aniquilación total de nuestra línea temporal. Escena 4: "Black del Vacío" y la Llegada de la Pesadilla —No... no puedo quedarme aquí en el suelo. Cerré mis ojos con fuerza, sintiendo el peso de la derrota sobre mis hombros, y dejé caer una sola gota de lágrima. En cuanto esa gota tocó el suelo de cristal, una presión de agua cósmica estalló desde mi centro, liberando una onda expansiva que hizo que el tiempo mismo pareciera vibrar. Me levanté lentamente, manteniendo mi estado actual a pesar del agotamiento extremo. —¡Dani, detente! ¡No sigas! —gritó Dilan a mis espaldas, con el miedo rompiéndole la voz. Karl y Roger quedaron completamente sorprendidos al verme de pie. Sus Reinos Temporales seguían chocando en el aire, pero mi nueva presencia estaba interfiriendo con la estabilidad de ambos. El ser misterioso desvió su atención de ellos y clavó su mirada en mí con una sonrisa siniestra y penetrante. Sin mediar palabra, comenzó a descender, dirigiéndose directamente hacia mi posición. —No me matarás —dije con una calma que no reconocía en mí mismo—. Aunque lo intentes, ya no eres rival para mí. Blandí mi espada con un movimiento circular, pero esta vez no hubo luz divina. Una energía oscura, densa y absoluta comenzó a envolver el filo: Black del Vacío. La oscuridad se arremolinaba con una ferocidad tal que parecía tragarse la luz de la esfera planetaria que seguía en el cielo. Era como sostener una bomba de destrucción pura en mis manos. El ser misterioso se detuvo a pocos metros, su sonrisa flaqueando por primera vez al sentir la atracción gravitatoria de mi espada. El vacío no solo buscaba cortar su carne, buscaba borrar su existencia del tejido mismo de la realidad. Karl apretó los dientes, observando desde arriba cómo el equilibrio de la batalla cambiaba drásticamente conmigo como el nuevo epicentro del caos. El ser misterioso soltó una carcajada que sonó como cristales rotos, pero sus ojos delataban una chispa de duda. La oscuridad que emanaba de mi espada, el Black del Vacío, empezó a consumir incluso las distorsiones temporales que Roger y él habían creado. El aire se sentía pesado, como si el vacío estuviera succionando el oxígeno de mis pulmones, pero ya no sentía dolor; solo una determinación gélida. —¿Oscuridad del vacío? ¿En un cuerpo tan joven y frágil? —siseó el ser, extendiendo su mano para lanzar un rayo de energía púrpura—. ¡No eres más que un error en la matriz de este mundo! El rayo impactó directamente contra la negrura de mi espada, pero en lugar de explotar, fue absorbido. La oscuridad simplemente se "comió" su ataque. Sin decir una palabra, me impulsé hacia adelante. Mi cuerpo se sentía ligero, como si ya no perteneciera a las leyes de la gravedad. —¡Dani, no lo hagas solo! —rugió Karl desde arriba, lanzándose en picada con su espada sónica para flanquear al enemigo. Roger, aprovechando el respiro que mi intervención le dio, forzó su Reino Temporal al máximo. El tiempo alrededor del ser misterioso se ralentizó hasta casi detenerse, dejándolo vulnerable por una fracción de segundo. —¡Ahora! —gritó Roger, escupiendo sangre por el esfuerzo. Fue el momento exacto. Karl atacó desde la derecha con una onda sónica que desintegró la armadura del hombro del enemigo, mientras yo llegaba por el frente. Levanté mi espada cargada con el Black del Vacío y realicé un tajo vertical. La oscuridad no cortó; simplemente borró lo que tocó. El brazo izquierdo del ser desapareció en una explosión de partículas negras, como si nunca hubiera existido. Un grito de agonía pura, algo que no parecía humano ni de este mundo, desgarró el silencio del valle. —¡Miserable...! —gritó el ser, retrocediendo mientras su cuerpo empezaba a parpadear, incapaz de regenerar un miembro perdido ante el vacío absoluto. La esfera planetaria en el cielo comenzó a agrietarse, perdiendo su estabilidad. El millón de monstruos, al ver a su líder herido de gravedad por un humano que hace instantes estaba moribundo, entró en un pánico total. Pero yo no había terminado. Sentía cómo la oscuridad empezaba a subir por mis brazos, amenazando con consumirme a mí también si no terminaba esto rápido. —Karl, Roger... —dije con una voz que sonaba doble, como un eco cósmico—. Prepárense. Voy a cerrar este agujero de una vez por todas. El silencio que siguió fue más aterrador que cualquier explosión. El tiempo, que ya estaba distorsionado por los Reinos Temporales, pareció detenerse por completo. Un frío absoluto me recorrió la columna cuando sentí el acero negro atravesando mi pecho desde la espalda. La punta de la espada asomaba por mi torso, goteando una sangre que brillaba con un matiz cósmico antes de volverse oscura. Lucifer estaba allí. Había aparecido de la nada, como una sombra que nace de la misma luz, atravesándome antes de que Karl o Roger pudieran reaccionar. —Te prometí que iría por ti, humano... —susurró su voz directamente en mi oído, una melodía de seda y muerte que me heló el alma. Intenté hablar, intenté gritar, pero el aire no llegaba a mis pulmones. Mis manos, que antes sostenían el Black del Vacío, perdieron su fuerza y la espada cayó al suelo de cristal con un eco sordo. Me quedé traumatizado, no solo por el dolor punzante, sino por lo que vi justo detrás de él. Entre la neblina de la batalla y la silueta imponente de Lucifer, alcancé a distinguir una figura familiar. Mi hermano estaba allí, de pie entre las sombras de los monstruos. Pero sus ojos... sus ojos ya no tenían ese brillo cálido que recordaba de nuestra infancia. Su mirada era vacía, gélida, como si su alma hubiera sido arrancada y reemplazada por algo antiguo y maligno. Ya no era la persona que yo conocía. —¿H-hermano? —logré articular en un hilo de voz, mientras la visión se me empezaba a nublar. Karl soltó un grito de furia pura y Roger intentó mover su Reino Temporal, pero Lucifer simplemente giró la cabeza hacia ellos con una sonrisa de superioridad, mientras mantenía la espada enterrada en mi cuerpo, usándome como un escudo humano y como un trofeo de su llegada triunfal. El verdadero terror acababa de empezar. Continuará...
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 225

Estás leyendo el capítulo 225 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 13 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.