Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 224 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 224: Un Millón de Pesadillas, el Orgullo de los Caballeros y la Muralla de Cristal
Punto de vista: Dani Tanaka Sánchez, Karl, Roger y Perspectiva General
Escena 1: La Sombra del Rey del Abismo
Punto de vista: Dani Tanaka Sánchez y Roger
—Parece que estás inquieto, niño. Debe ser por lo que alcancé a oír; que tu hermano está luchando contra esa cosa. Lamento mucho esto, pero dime, ¿qué es lo que ustedes saben sobre ese abismal?
—Sobre eso, también hay algo más que descubrimos... —respondí, sintiendo cómo el peso de la verdad me cerraba la garganta.
—Bien, pueden tomar asiento. Le pediré que les traiga algo de beber —dijo aquel hombre, haciendo un gesto solemne a los sirvientes que aguardaban en las sombras de las torres góticas—. Bueno, mi nombre es Roger, soy uno de los caballeros que representa a este reino.
—Un gusto, Roger, en conocerte. En verdad gracias por aceptarnos. Bien, te lo diré: este asunto, ese ser abismal... su nombre es Lucifer. Él escapó de su mundo y vino hacia aquí para conquistar y tenerlo todo en la palma de su mano. Él mató a Solis, y mi hermano está luchando a muerte contra él en ese lugar. Nos brindó tiempo para irnos y avisarles a ustedes sobre esto. No nos queda mucho tiempo; los monstruos vendrán aquí en cuestión de horas, así que nos daría tiempo de evacuar.
Roger quedó en shock. El color abandonó su rostro de manera estrepitosa, dejando su piel tan pálida como los cristales azules que formaban la ciudadela. Sus manos, protegidas por guanteletes de acero, comenzaron a temblar con un tintineo metálico apenas audible que revelaba el terror absoluto que recorría su cuerpo. El nombre de aquel ser pareció succionar el calor de la habitación, dejando un frío sepulcral que erizaba la piel.
—¿Lucifer? —susurró con una voz que apenas era un hilo de aliento—. ¿Has dicho que ese ser es Lucifer? No es posible... Las leyendas decían que su sello era eterno, que jamás volvería a pisar la tierra de los vivos.
Se dejó caer pesadamente en su silla de madera tallada, y el impacto de su armadura resonó como un trueno en el silencio de la sala. Sus ojos, antes llenos de autoridad, ahora vagaban perdidos, reflejando la imagen de un hombre que acaba de ver el final de su mundo. Si Solis había sido asesinado, la esperanza de una defensa convencional se había desvanecido por completo.
—Si Solis ha caído, entonces nuestras murallas no son más que papel frente a un incendio —continuó con la mirada perdida en la vibrante aurora boreal que brillaba a través de los ventanales—. Y tu hermano... si está luchando solo contra ese demonio, nos ha entregado un regalo que no podemos desperdiciar.
De repente, Roger se puso de pie bruscamente, golpeando la mesa con el puño mientras recuperaba el instinto de mando a pesar del miedo que todavía le nublaba el juicio.
—¡Caballeros! —bramó hacia la puerta—. ¡Den la orden de evacuación inmediata! No hay un segundo que perder. Si los monstruos llegan en horas, este valle de cristal se convertirá en un cementerio antes del amanecer. ¡Muevan a la gente ahora!
Escena 2: La Horda del Millón
—Dani, dime algo... ¿qué tan fuerte es él? —preguntó Roger, con la mirada fija en el horizonte, buscando una respuesta que le diera una pizca de esperanza.
—No sabría decirte con claridad sobre eso —respondí, bajando la mirada. La verdad es que la magnitud del poder de Lucifer escapaba a cualquier lógica que yo conociera.
—Entiendo —murmuró él, apretando el puño sobre la empuñadura de su espada.
Dilshan me miraba con precaución y un miedo latente en sus ojos. El ambiente se volvía cada vez más pesado, como si el aire mismo estuviera cargado de una estática aterradora. Las cosas se estaban poniendo realmente oscuras.
—Debemos tener cuidado al hablar de algo como esto —susurró Dilshan, acercándose a nosotros—. Dilan, ¿encontraste la ubicación exacta?
—Así es —dijo Dilan, forzando una sonrisa para intentar aliviar la tensión—. Encontré el lugar adecuado. Yo los voy a guiar hacia allá, pero...
Antes de que pudiera terminar la frase, las puertas de la sala se abrieron de par en par. Un caballero entró corriendo, jadeando, con la armadura abollada y el rostro cubierto de sudor y pánico.
—¡Capitán! ¡Esto es malo, muy malo! —gritó, tropezando con sus propios pasos—. Afuera de las murallas... varios monstruos se dirigen hacia nosotros a una velocidad increíble.
—¡¿Qué?! —exclamé, sintiendo un escalofrío—. ¡Demonios, tienes que estar jodiendo!
Karl, que se había mantenido en un silencio gélido hasta ese momento, se puso serio. Sin decir una palabra, comenzó a caminar hacia la puerta con una determinación que helaba la sangre.
—Ustedes hagan la evacuación —sentenció Karl sin detenerse—. Yo me encargo de ellos.
—¡Karl, recuerda lo que habíamos hablado! —le grité, tratando de detener su impulso suicida.
Él se detuvo en seco y me miró por encima del hombro con una frialdad absoluta.
—Dani, por segunda vez te lo diré: ya cállate. No sabes el peligro en el que estamos todos... —Luego, se giró hacia el caballero herido—. Además, usted, caballero asustado... dígame, ¿cuántos son en realidad?
El soldado tragó saliva, con los ojos desorbitados por el horror.
—El número de ese ejército... son en total un millón —logró articular.
Un silencio sepulcral cayó sobre la sala. Todos quedamos horrorizados, paralizados por el miedo y el terror más profundo. Un millón de monstruos era una sentencia de muerte para el valle. Sin embargo, para Karl, esa cifra pareció significar algo distinto; sus ojos brillaron con una resolución oscura.
—Ya veo. Así que son un millón... —murmuró Karl—. Muy bien. Iré al campo.
—Ustedes, caballeros, vendrán conmigo —ordenó Roger, recuperando su porte de mando y ajustándose la capa—. No te preocupes, muchacho, yo iré con él. Por ahora, empiecen por evacuar. Tenemos que salvar a la mayor cantidad de gente posible mientras ellos ganan tiempo.
Escena 3: El Éxodo y la Lanza Solitaria
Apreté mis dientes con tanta fuerza que sentí un crujido en la mandíbula; la irritación me quemaba por dentro. ¿Realmente no podía hacer nada? No era capaz de actuar como él, y esa impotencia me hacía sentir patético, una simple sombra ante la magnitud del desastre que se avecinaba.
—No te culpes, Dani —dijo Dilan, esforzándose por mantener un tono positivo a pesar de que el sudor frío resbalaba por su frente—. Nada de esto es tu culpa, ni mucho menos para él. No te desprecies a ti mismo; luchar para sobrevivir es lo que hemos estado haciendo hasta ahora, y eso ya es una victoria.
—Lo sé... pero yo no quiero que ninguno de nosotros muera —respondí con la voz quebrada, mirando mis manos temblorosas.
—Lo sé, pero debemos ser conscientes de nuestros actos —añadió Dilan, bajando el volumen de su voz—. Karl es alguien arrogante... su mirada tan gélida y seria me hace sentir mucho más miedo que los mismos monstruos.
—Tienes un buen punto. Él da más miedo que cualquiera de nosotros —admití, tragando saliva mientras veía la figura de Karl alejarse con esa confianza aterradora—. Pero bien, ahora vamos por las personas. ¡Oye, Roger! —grité antes de que el caballero cruzara el umbral—. ¡Antes de que te vayas, quiero que los juntes a todos ahora mismo! Ellos deben sacarlos de aquí, no podemos dejar a nadie atrás.
Roger se detuvo un segundo, asintió con la solemnidad de quien sabe que va a una guerra sin retorno, y comenzó a dar órdenes a gritos para organizar a la guardia. El tiempo se había agotado; mientras Karl caminaba hacia el millón de pesadillas que rodeaban la muralla, nosotros nos lanzamos hacia el corazón de la ciudadela para salvar lo que quedaba de nuestra esperanza.
—Ustedes vayan, yo iré por ellos —sentenció Karl con una frialdad que cortaba el aire.
Sin esperar respuesta, lo vi moverse con una agilidad inhumana. Se subió a lo alto de la muralla con una facilidad pasmosa; lo vi correr por el borde de piedra antes de lanzarse al vacío. Saltó al vacío, cayendo con un estruendo fuera de la muralla mientras el impacto creaba un hueco profundo en la tierra. Una densa nube de polvo comenzó a moverse y elevarse a su alrededor, ocultando su figura por un instante, justo cuando las hordas de monstruos estaban por llegar hacia su posición.
Karl blandió su espada sónica; el metal vibró con una frecuencia que hacía zumbar los oídos incluso desde la distancia. Miré a Karl por última vez desde lo alto, apretando los puños con una mezcla de rabia y respeto.
—¡Ni se te ocurra morir, idiota! —le grité, aunque no sabía si entre el estruendo de la guerra podía escucharme.
No me permití dudar más. Me di la vuelta y me fui con el resto del grupo a toda prisa. Teníamos que hacer un comunicado oficial de inmediato: no había tiempo para explicaciones largas ni despedidas. La gente del Valle del Fin tenía que saber que ahorita mismo se tenían que ir si querían conservar sus vidas. El éxodo de la ciudad de cristal había comenzado.
Corrimos por las calles de cristal, donde la tranquilidad de hace unos minutos se había transformado en una tensión eléctrica. Dilan, Dilshan y yo llegamos a la plaza central, justo frente a la torre gótica más alta, donde los altavoces mágicos de la ciudadela podían amplificar mi voz a cada rincón.
—¡Escúchenme todos! —grité, canalizando mi magia para que mis palabras resonaran con autoridad—. ¡Mi nombre es Dani Tanaka Sánchez y hablo en nombre de la guardia del reino! ¡No es un simulacro! ¡Un ejército de monstruos se dirige hacia aquí y deben evacuar el Valle del Fin en este preciso momento!
El silencio que siguió fue sepulcral, roto solo por el llanto de un niño a lo lejos. Luego, el pánico estalló. La gente empezó a correr, pero Dilan rápidamente tomó el mando de la situación.
—¡Mantengan la calma! —ordenó Dilan con su magia de ubicación activa, señalando las rutas de escape—. ¡Sigan el rastro de luz azul que estoy creando en el suelo! Ese camino los llevará a los refugios seguros fuera del alcance de las hordas. ¡Muévanse ya!
Mientras ayudábamos a los ancianos y guiábamos a las familias, un estruendo masivo sacudió la tierra, haciendo que los cristales de las torres vibraran violentamente. Un sonido agudo, como el de mil cristales rompiéndose al mismo tiempo, llegó desde las afueras: era la espada sónica de Karl entrando en contacto con la primera línea del ejército enemigo.
—Está empezando —susurró Dilshan, apretando mi mano—. Dani, tenemos que apurarnos. Si Karl está liberando ese nivel de energía, significa que el millón de monstruos ya está sobre él.
Miré hacia la muralla, sintiendo una presión insoportable en el pecho. Karl estaba allá afuera, solo contra una marea de pesadilla, mientras nosotros luchábamos contra el tiempo para vaciar una ciudad entera. Cada segundo contaba, y el destino del Valle del Fin pendía de un hilo tan delgado como el filo de nuestras espadas.
Escena 4: La Carga de los Caballeros y la Contraofensiva
—No tienes por qué preocuparte... por él. No va a luchar solo.
Varios caballos empezaron a galopar en conjunto, sus cascos golpeando el suelo de cristal con un ritmo frenético mientras los caballeros cabalgaban hacia la batalla. Él no peleará solo; tiene nuestro apoyo. El honor de un habitante o de una persona no define quién está dispuesto a arriesgarlo todo; él está dispuesto a darlo todo para mantenerlos a salvo. Un hombre nunca huye en una batalla... ese chico me llena de orgullo.
—¡Todos a la carga! —El grito de Roger recorrió todo el lugar con una potencia abrumadora.
Su voz, imbuida en forma de un aura resplandeciente, avanzó con fuerza hacia donde estaba Karl. Los jinetes atravesaron las puertas de la muralla como una marea de acero, uniendo su valor al poder sónico que ya vibraba en el campo de batalla. Karl, envuelto en el polvo y el caos, sintió el rugido de sus aliados a su espalda justo cuando el primer choque contra el millón de monstruos hacía temblar los cimientos mismos del valle.
Karl avanzaba con paso firme, ignorando el temblor del suelo bajo sus pies. Aquellas criaturas eran enormes, seres de pesadilla con garras afiladas como cuchillas que brillaban bajo la luz de la aurora. Algunos de ellos empuñaban espadas de un metal oscuro y oxidado, con un aspecto demasiado terrorífico para ser de este mundo. Eran miles, una masa deforme de criaturas con rasgos diferentes: unos con piel escamosa y ojos brillantes, otros con extremidades desproporcionadas que se arrastraban con una velocidad antinatural.
Al verlos tan cerca, Karl apretó con más fuerza su espada sónica. El aire a su alrededor empezó a distorsionarse por la vibración del arma. A pesar de tener a un ejército de un millón frente a él, su mirada no flaqueó. Los primeros monstruos lanzaron un rugido que sacudió los cristales de la muralla y se abalanzaron sobre él con las garras en alto. Justo en ese momento, el aura del grito de Roger lo alcanzó, envolviéndolo en un fulgor de batalla. Karl no retrocedió ni un centímetro; el primer choque de acero contra garra estaba a punto de desatar un caos que el Valle del Fin nunca olvidaría.
Karl avanzó directamente hacia el centro de aquella marea de pesadilla. Las criaturas más cercanas eran colosales, con garras que surcaban el aire dejando un rastro de oscuridad, y empuñaban espadas cuya sola apariencia resultaba terrorífica, como si hubieran sido forjadas con el sufrimiento de mil almas. Entre el ejército, se distinguían rasgos aberrantes: algunos tenían múltiples extremidades que se movían de forma errática, mientras que otros poseían rostros deformados por una sed de sangre insaciable.
La espada sónica de Karl comenzó a emitir un zumbido ensordecedor que hacía vibrar el suelo debajo de las garras de los monstruos. Con un movimiento veloz, Karl lanzó el primer tajo, y una onda de choque invisible pero devastadora golpeó de frente a los primeros gigantes, haciendo que sus armaduras y pieles escamosas estallaran en mil pedazos.
A sus espaldas, el estruendo de los cascos de los caballos se hacía cada vez más fuerte. Roger, envuelto en su aura de mando, lideraba la carga de los caballeros con una determinación inquebrantable. El brillo del aura de Roger se fusionó con la energía de Karl, creando una barrera de luz y sonido que chocó violentamente contra la horda.
—¡No dejen que pasen de este punto! —rugió Roger, mientras su caballo saltaba sobre los escombros del hueco que Karl había creado al caer—. ¡Por el reino y por aquellos que están evacuando!
El choque fue brutal. El metal de las espadas de los caballeros chocaba contra las garras y las armas oscuras de los abismales en una sinfonía de muerte. Karl, en medio del caos, se movía como un torbellino; cada vez que su espada sónica cortaba el aire, una docena de monstruos caía desmembrada por la frecuencia vibratoria. A pesar de la diferencia numérica, el orgullo de esos hombres estaba manteniendo a raya, por ahora, al ejército de un millón que pretendía devorarlo todo.
—No puedo dejarlo solo... —dije para mis adentros, mientras una determinación renovada me recorría el cuerpo.
Llegué junto a mis compañeros justo cuando el tiempo de evacuación había finalizado con éxito; la ciudadela ahora era un eco de lo que fue, pero su gente estaba a salvo. Suspiré profundamente, sabiendo que el miedo todavía me invadía las entrañas, pero era consciente de que no era el momento para estas cosas. El frente de batalla nos necesitaba.
De repente, varios de esos monstruos enormes y deformes se fijaron en mí y empezaron a correr en mi dirección. No dudé. Concentré toda mi fuerza y golpeé el suelo con mi puño con una potencia devastadora, abriendo varios huecos enormes en la tierra que tragaron a todo un batallón del ejército enemigo. Las criaturas caían al vacío entre rugidos, pero en medio del caos, una de ellas logró flanquearme. Estaba justo detrás de mí, alzando sus garras para darme un golpe mortal, pero antes de que pudiera tocarme, Dilan reaccionó.
—¡Magia de rayo de Luz celeste! —gritó Dilan.
Un destello cegador impactó contra el monstruo, mandándolo a volar por los aires mientras su cuerpo era envuelto en una energía eléctrica. Sin detenerse, Dilan lanzó una bola de fuego expansiva que iluminó el campo de batalla, incinerando a los enemigos que intentaban rodearnos. El calor de las llamas y el estruendo de la magia nos recordaron que, aunque el ejército fuera de un millón, no nos rendiríamos tan fácilmente.
La batalla se volvió un caos de explosiones y estruendos metálicos. Me puse de pie rápidamente, sintiendo el calor de las llamas de Dilan a mi espalda, mientras el suelo seguía vibrando por la intensidad de mi golpe. Aquellos huecos enormes que había creado servían como una barrera temporal, pero la marea de un millón de monstruos era incesante y comenzaba a rodear los bordes de los cráteres.
—¡Gracias, Dilan! —grité sin apartar la vista del frente.
—¡No te distraigas, Dani! ¡Aún faltan demasiados! —respondió él, con sus manos aún chispeando por la magia de rayo de luz celeste.
Dilshan también se movió a nuestro lado, manteniendo su guardia alta y observando cómo el aura de Roger y la espada sónica de Karl seguían abriendo brechas en la vanguardia enemiga. A pesar del éxito de la evacuación, la presión de tener a esas criaturas tan cerca era asfixiante; sus rostros deformes y sus armas oxidadas parecían multiplicarse con cada segundo que pasaba. Sentí cómo el miedo intentaba paralizar mis piernas una vez más, pero al ver a mis compañeros luchar con tanta entrega, apreté los puños. Si Karl era capaz de lanzarse solo desde la muralla y Roger de liderar una carga suicida por orgullo, yo no podía quedarme atrás sintiéndome patético.
Varios de esos seres enormes, con rasgos abismales y ojos inyectados en sangre, saltaron sobre los huecos que yo había hecho, rugiendo con una furia que helaba la sangre. Preparé mi defensa, acumulando energía de nuevo, dispuesto a demostrar que este grupo no se rompería tan fácilmente, mientras el cielo del Valle del Fin se teñía con el resplandor de la magia y el humo de la guerra.
Continuará...

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The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 225
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 224
Estás leyendo el capítulo 224 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 13 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.