Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 221 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 221: Cadenas en la Penumbra, Recuerdos de Sangre y el Sacrificio de un Hermano
Punto de vista: Kronos Tanaka Sánchez, Dani Tanaka Sánchez y Perspectiva General
Escena 1: Las Cadenas del Interior y el Espejo Distorsionado
Punto de Vista: Kronos Tanaka Sánchez
¿Qué fue lo que he hecho mal? Me lo pregunto una y otra vez, encadenado en la penumbra de mi propia alma. El frío de los eslabones espirituales me recuerda a cada segundo mi fracaso.
¿En qué momento dejé que ese maldito demonio tomara mi cuerpo? Sé que es mi culpa... y ahora Charlotte y Kratos están en peligro ante alguien que tiene mi rostro, pero que no soy yo. Estoy muerto por dentro. Mi hermano Dani también murió. La última imagen que retengo en mi mente es la de mis dos hermanos peleando a muerte... Yo quería intervenir, quería gritar y negar esa realidad, pero él encontró la forma de mantenerme aquí, explotando una debilidad que me impide ser capaz de proteger a quienes amo.
—Lo lamento mucho, papá... te fallé como hijo —susurré en la oscuridad—. Perdón, mamá, te fallé cuando más me necesitaste. Y sobre todo tú, Karen... fuiste tan amable y sincera conmigo. Abrán, tú tienes un talento mayor; te fascina leer, te pierdes en las historias de héroes que lograron algo histórico... Pero yo... ¿qué podría hacer yo ahora?
—Vaya, aún sigues pensando en esas cosas —dijo la voz de mi otro yo, el falso Kronos, resonando en el vacío de mi conciencia.
—Cállate... —gruñí con las pocas fuerzas que me quedaban—. Ya tienes lo que querías, ¿por qué no abandonas mi cuerpo de una vez?
—¡Hahahahahahahaha! ¿Acaso te golpeaste la cabeza al nacer? —Su risa era un eco distorsionado y cruel—. Qué inútil eres. Te quedarás aquí para ver cómo todo se envuelve en llamas. Te lo advertí, Kronos: tú nunca podrás volver a ver la luz, ni los ojos de aquellos que te brindaron la mano cuando estabas en el fracaso. Gracias a ti, pude manipular a tus amigos... a todos.
Sentí un escalofrío cuando se acercó a mi reflejo encadenado.
—Y gracias a tu política y tus argumentos, que son bastante valiosos, pude hacer una alianza con las razas —continuó con tono triunfal—. Pero las tengo compradas; cada una de ellas está lista para la traición que se vendrá pronto.
—¿Por qué...? ¿Por qué quieres hacer esto?
—Es una pregunta bastante curiosa —dijo él, apretando los dientes con una furia antigua—. Yo no tenía nada. Ni en la vida que tuve como humano, ni como lo que soy ahora. Tú vives rodeado de una mentira cegada que todos piensan que es bonita... ellos no saben lo que realmente vive uno. ¿Sabes qué fue lo que yo decidí hacer cuando la vida fue cruel conmigo?
—Pero estás a tiempo de cambiarlo todo... —intenté decir, buscando una grieta en su malicia—. Puedes hacerlo de nuevo, empezar desde cero...
Una sonrisa bastante retorcida se mostró en mi propio rostro, pero manejado por él.
—Hahaha... qué ingenuo, Kronos. ¿Empezar desde cero? ¿Estás realmente loco? Yo ya dejé todo atrás. Ahora solo quiero ver a las personas sufrir de la manera tan cruel como pasó con tu hermano Dani. El "regalo" que recibió Carlos al enfrentarse al Dios de la Guerra fue lo que más me encantó... verlo así, devastado.
Se dio la vuelta, dándome la espalda en mi propio mundo interior.
—Tal vez tú siempre has sido tan honesto con todos, pero jamás contigo mismo... Siempre uno desea la vida que otra persona jamás pudo tener.
Por un breve instante, el falso Kronos guardó silencio. En su mente cruzó un recuerdo punzante: el día que Hina lo abrazó. Fue un contacto cálido, lleno de una ternura que un demonio no podía comprender. Era el amor de una madre hacia su hijo, un sentimiento tan puro que, aunque él estuviera ocupando el lugar del verdadero Kronos, lo hizo dudar por un millonésimo de segundo. Pero la oscuridad volvió a cubrirlo. Él no quería redención; quería que el mundo ardiera con el mismo fuego que lo consumía a él.
—Disfruta el espectáculo, "hermano" —sentenció el impostor—. Porque el festival de diciembre no será una celebración... será un funeral masivo.
Escena 2: Ecos de un Pasado Perdido
Punto de Vista: Dani Tanaka Sánchez
Mi alma se siente cada vez más tenue, como una vela que se consume en una habitación sin aire. Pensé que aquel Dios Nocturno acabaría con el Dios de la Guerra que estaba profanando mi cuerpo, pero no fue así. En lugar de matarlo, decidió usarlo a su favor, manteniéndolo con vida como si fuera un simple peón.
—Agradece que te dejaré con vida, Dios de la Guerra... me servirás más adelante —dijo el Dios Nocturno, mientras sostenía con frialdad el cuello de mi propio cuerpo.
Ese tal Daniel tiene el mismo nombre que yo, pero ¿qué tiene que ver él conmigo? Siempre me pregunto por qué mi hermano Carlos decidió luchar contra un dios de esa manera; me sorprende que lo haya humillado así. Pero ahora que lo pienso... si yo tenía tanto que dar, ¿por qué no luché contra Lucifer y sus secuaces primordiales?
Mis pensamientos se hunden en el pasado. Recuerdo el día de la emboscada como si fueran los últimos destellos de luz de mi vida. Puedo ver a mis amigos, sus rostros llenos de vida antes de que todo se volviera oscuridad.
—Chicos, ¿qué les parece si pasamos la noche aquí, en el Sueño de Ola de Siete Cristales? —había dicho yo, tratando de animar el ambiente.
—Oye, oye, Dani, ¿no crees que sería mejor que fuéramos al Valle del Fin de Ciclo Floral? —dijo Dilan, tomándome por el hombro con confianza—. ¿Qué opinas, Dani?
—Bueno, en verdad no estaría nada mal explorar la zona —respondí con una sonrisa. Luego, me giré hacia la persona que iluminaba mi mundo—. ¿Tú qué opinas, Dilshan?
Dilshan era mi prometida, la mujer con la que iba a unir mi vida para siempre. Ella era tan hermosa como la luz del sol al atardecer. Al escuchar mi pregunta, se puso roja como un tomate.
—Bueno... en verdad me gustaría explorar más y conocer más zonas con todos ustedes —dijo ella, riendo tímidamente.
Al verla así, no pude evitar que mi corazón se acelerara. Ella me miró con una sonrisa cálida y yo la miré con toda la ternura de la que era capaz. Los demás nos miraban con complicidad, pero fue la mirada de mi hermano la que más atesoré. Kronos me miraba con una nostalgia adelantada, con orgullo.
—Me alegro mucho de que seas feliz, Dani —me dijo—. Ese es mi hermano menor.
—Gracias, Kronos, por darme ánimos de seguir adelante junto con la mujer que amo —le respondí de corazón—. No sabría decirte cuándo exactamente, pero al recibir esta misión, créeme que nos casaremos... y tú serás el padrino de mis hijos.
—¿Lo dices en serio? —preguntó él, sorprendido.
—Por supuesto, hermano. Serás el padrino y, cuando llegue el momento, quiero que toda mi familia esté el día de mi boda.
Kronos se veía tan feliz de verme así con ella.
—Bueno, compañeros —anunció Kronos retomando su papel de líder—, es hora de ir a ese lugar. Una vez que lleguemos, encontraremos un sitio donde pasar la noche. ¿Queda claro?
—¡Por supuesto!
—¡Está bien! —respondieron los demás, aunque algunos se quejaban de lo tardado que sería el camino.
Pero entre nosotros, sentado junto a la fogata, había alguien diferente. Era serio, callado, no hablaba para nada, pero transmitía una responsabilidad absoluta sobre todo lo que hacíamos. Me acerqué a él con elegancia, intrigado por su silencio.
—¿Todo bien? —le pregunté.
—Sí, todo bien, Dani —respondió, confundiéndome por un segundo con el nombre de mi hermano.
—Por cierto... ¿cómo te llamas? —insistí.
—Mi nombre es Karl Olivers Leatt —contestó con una voz neutra.
—Eres tan tranquilo y calmado... ¿se puede saber el motivo? —le pregunté, sin saber que aquel hombre de pocas palabras sería parte de los recuerdos que ahora se desvanecen en mi agonía.
Cierro los ojos en mi prisión espiritual. Aquel sueño de boda, de familia y de futuro se siente tan lejano... y lo que más me duele es que mi hermano Kronos, el mismo que me miraba con tanta felicidad, ahora es prisionero de la misma oscuridad que me tiene a mí.
Escena 3: La Sombra del Rey del Abismo
Todo parecía ir bien hasta que ocurrió aquella tragedia que nos dejó marcados para siempre...
—Oigan, ustedes... —dijo Dilan, rompiendo el silencio del grupo mientras escudriñaba la espesura—. En este lugar hay algo que no logramos ver completamente. Oye, Kronos, esta misión se ve bastante confusa. Presiento que algo malo va a pasar aquí.
—Tienes razón —respondió Karl finalmente, su voz siempre calmada ahora teñida de una seriedad gélida—. Esto me pinta muy mal. ¿Crees que sea una trampa?
—¿En verdad lo creen? —intervino Solís, intentando aligerar la tensión—. Este lugar se ve bastante agradable, pero no hay nada, será que...
—¡Todos a sus posiciones! —gritó Kronos de repente, su instinto de líder disparándose—. Parece que hay alguien aquí...
No tuvimos tiempo ni de parpadear. Su velocidad era lo más monstruoso que habíamos visto en nuestras vidas. Esa cosa era demasiado rápida.
—¿Qué hacemos, Kronos? —preguntó Dilshan, su voz temblando.
Yo tragué saliva, sintiendo un nudo en la garganta al imaginar qué clase de criatura nos acechaba, pero entonces, la sombra habló.
—Humanos... —dijo esa voz, una vibración que parecía nacer del mismo suelo—. Parece que entraron a un lugar a donde jamás debieron entrar.
Maldición. Todos nos quedamos traumatizados, paralizados por el aura que emanaba de la oscuridad. Esos ojos rojos oscuros nos observaban con una sed de sangre absoluta, como si ya nos hubiera devorado a todos en su mente.
—Qué agradable sorpresa... solo son diez de ustedes. Interesante.
—¡Dinos quién diablos eres tú! —exigí, aunque mis piernas flaqueaban.
—Es verdad —dijo él con una sonrisa bastante retorcida—. Mi nombre es Lucifer, el Rey del Abismo. Uno de los catorce que salió al exterior para traer caos al mundo y hacer pagar a todos los humanos.
—¿Qué? ¿Qué diablos estás diciendo? —solté, incrédulo—. ¿Alguien del Abismo? Tienes que estar jodiendo, ¿verdad? —añadió Solís con una mezcla de frustración y un miedo que ya no podía ocultar.
—Hahahaha... parece que tú eres el que no entiende.
Sin decir nada más, sin siquiera hacer un movimiento que nuestros ojos pudieran seguir, Lucifer le cortó la cabeza a Solís. El cuerpo cayó inerte antes de que la sangre siquiera empezara a brotar. Solís ni siquiera se dio cuenta de que había muerto.
—Humano estúpido —sentenció Lucifer con total indiferencia—. ¿Crees que alguien tan inferior se atrevería a hablarme de esa manera? Eh, maldita escoria humana... En fin, ¿quién sigue?
Dilan y mi hermano quedaron horrorizados, el pánico reflejado en sus pupilas dilatadas.
—S-Solís... —murmuraron, pero la voz no les salía.
—Bueno, ¿en qué estábamos? —dijo Lucifer, clavando su mirada directamente en Kronos—. Tú debes ser el líder, ¿no? Dime... ¿crees poder salir con vida enfrentando a mi ejército en esa ciudad del Valle del Fin?
En ese instante, el frío me recorrió la espalda. Miré a Lucifer y luego a mis amigos. Me di cuenta de una sola cosa: contra ese tipo, no teníamos ni la más mínima posibilidad de ganar. Estábamos frente al fin de todo.
Escena 4: El Valor de un Tanaka Sánchez
—¡Todos prepárense! —sentenció Kronos al fin, sintiendo cómo el peso del liderazgo le apretaba el pecho—. Vayan a la ciudad de una vez. Yo me quedaré aquí.
—¡Qué! ¡No, de ninguna manera podemos dejarte aquí, Kronos! Tienes que estar bromeando... —gritaron casi al unísono, el pánico mezclado con la lealtad en sus voces.
Kronos no pudo controlarse más. El tiempo se agotaba y cada segundo de duda era una vida perdida en el Valle del Fin.
—¡Tienen que irse ahora! —gritó, con los nervios a flor de piel—. Si no hacemos algo, esa ciudad será destruida por completo. ¡Largo!
Dani apretó los dientes con una frustración palpable.
—Hermano...
—No te preocupes, estaré bien, ¿sí? —Lo miró directamente a los ojos, forzando una sonrisa cargada de una confianza que intentaba ocultar el terror—. Tu hermano mayor no perderá ante nadie. Porque somos de una familia bastante poderosa, no lo olvides. Somos Tanaka Sánchez, y los Sánchez nunca nos rendimos hasta darlo todo.
Kronos blandió su espada con firmeza, colocándose entre el monstruo y sus compañeros, dándole a Dani y a los demás el tiempo necesario para que pudieran correr a proteger a la gente.
—Tu oponente seré yo, Lucifer. Yo, Kronos, soy quien te está retando.
Lucifer ladeó la cabeza, observándolo con una curiosidad malévola.
—Ese chico de ahí tiene algo de valor... algo con lo que nadie se compara. ¿Hace cuánto tiempo que no veía a uno así? —murmuró para sí mismo, con un tono que helaba la sangre—. Na... tal vez me esté equivocando.
Kronos se preparó, ajustando su postura y apretando el mango de su espada hasta que los nudillos le quedaron blancos. Una sola hoja caía lentamente desde el aire, meciéndose en el silencio sepulcral que se había formado entre ellos. Una mirada desafiante apareció en su rostro; no era el momento de ser un estratega, era el momento de ser un guerrero.
Al tocar la hoja el suelo, el mundo desapareció. Ambos atacaron al mismo tiempo, chocando en el centro del claro y provocando una explosión atómica que incineró todo rastro de paz en aquel bosque. El duelo por el destino de la humanidad acababa de estallar.
Kronos salió disparado, impactando contra los árboles hasta que su espalda detuvo el impulso. Su cuerpo temblaba violentamente por la onda de choque, pero no tuvo ni un segundo para respirar; Lucifer ya estaba encima de él. Con una frialdad absoluta, descargó su puño envuelto en un maná denso y oscuro directamente en su estómago.
El golpe lo hundió contra el suelo, creando un cráter enorme que se extendió por varios metros. Sintió cómo sus costillas crujían y la sangre brotó de su boca al recibir ese impacto mortal. El dolor era insoportable, pero en medio de la agonía, una llama de terquedad se encendió en su pecho.
Todavía no... esto no puede ser todo.
Se levantó tambaleándose, ignorando el rastro de sangre que corría por su mentón. Era hora de luchar en serio, de demostrar por qué llevaba el apellido Sánchez.
Cerró sus ojos, sumergiéndose en un silencio absoluto durante apenas cuatro segundos. Escuchó el crujido de la tierra bajo los pies del demonio; Lucifer corrió hacia él con la intención de dar el golpe final. Esperó, estático, dejando que se acercara lo suficiente. Cuando el ataque estaba a milímetros de su rostro, reaccionó.
El estruendo del choque metálico resonó en todo el bosque. El ataque de Lucifer fue bloqueado con una precisión perfecta, desviando la fuerza lateralmente. Kronos retrocedió un par de pasos para ganar ángulo y el demonio, enfurecido por haber fallado, lo siguió sin tregua. Nuestras espadas comenzaron a chocar con una fuerza descomunal, cada impacto liberando chispas que iluminaban la oscuridad del bosque. Ya no era solo una pelea; era un baile frenético de acero y voluntad donde cada estocada buscaba un final definitivo.
—Vaya, no creía que existiera un humano tan fuerte. Estoy sorprendido... pero aun así, no te confíes demasiado.
Antes de que Kronos pudiera reaccionar, el cielo se oscureció. Dos criaturas gigantescas, invocadas desde lo más profundo del abismo, aparecieron de la nada, descendiendo para aplastarlo. Al recibir el impacto, la realidad golpeó con brutalidad: no era rival para ellos en fuerza bruta. Un grito desgarrador escapó de su garganta cuando sintió y escuchó cómo su brazo izquierdo se rompía, cediendo ante la presión insoportable de sus garras. Fue hundido en el cráter, inmovilizado y mutilado.
Pero no podía rendirse. Sus ojos estaban pesados, nublados por el dolor y el cansancio extremo. Sin embargo, en ese borde de la inconsciencia, una imagen vívida cruzó su mente: el recuerdo del día más feliz que presenció, cuando su madre sonreía con una pureza celestial sosteniendo a su quinto hermano menor recién nacido. Esa sonrisa le devolvió la vida.
Una sonrisa, débil pero llena de una resolución inquebrantable, asomó a su rostro ensangrentado.
Tendré que lucirme un poco más... debo demostrarle a mi hermanito quién soy yo en realidad.
Una determinación feroz estalló en sus pupilas. Un aura de color azul intenso, vibrante y pura, se bañó por todo su cuerpo, envolviéndolo en una energía que desafiaba la oscuridad abismal.
—¡Yo soy tu peor pesadilla! —rugió Kronos, liberando simultáneamente las técnicas prohibidas de la espada de sus padres: la devastadora Espada de Oscuridad y la purificadora Espada Santa.
Una hoja se tiñó de negro absoluto y la otra de un blanco cegador. Esos dos monstruos lo atacaron de nuevo, creyendo que podrían someterlo.
—¡Yo... no perderé! ¡No contra ustedes! —sentenció, girando sobre su propio eje en un torbellino de luz y sombra.
Sus espadas trazaron arcos perfectos, cortando el aire y la carne pútrida con una facilidad pasmosa, cercenando ambos brazos de las dos criaturas en un solo movimiento simultáneo. Las bestias rugieron, sacudiendo el bosque, pero Lucifer, viendo que la voluntad de Kronos no se quebraba, decidió dejar de jugar. Se lanzó hacia adelante con una fuerza destructiva que distorsionaba el espacio a su paso.
Kronos suspiró, y su aliento salió como una bruma oscura. Mis espadas pesaban como si cargara el destino de la ciudad entera en sus manos. Ajustó su postura, sintiendo cómo la presión del aire aumentaba hasta volverse insoportable.
—¡Cañón de Oscuridad de Mil Bombas! —bramó, liberando una ráfaga de energía negra que estalló en mil direcciones.
Lucifer y sus secuaces no retrocedieron; se prepararon para contrarrestar el impacto con una frialdad absoluta. El poder que emanaba de ellos era abrumador.
Mierda... parece que no podré resistir ese ataque de frente, pensé Kronos mientras el sudor frío recorría su nuca. Pero al menos podré ganar algo de tiempo... Todo dependerá de ti, Dani. Tienes que llegar a salvo.
Canalizó cada gota de maná restante, forzando sus circuitos mágicos hasta el límite. Lucifer, con una calma espeluznante, alzó su mano y pronunció su técnica:
—Técnica de la Espada Abismal: Agujero Negro de Espejismo.
El mundo se volvió oscuro, la luz fue succionada hacia un punto infinito de vacío que amenazaba con borrar su existencia. Nuestras miradas se cruzaron en ese momento exacto: la del Rey del Abismo, llena de una superioridad milenaria; la de Kronos, ardiendo con la determinación de un hermano mayor que no sabe rendirse. El choque de ambos poderes estaba a punto de desgarrar la realidad misma.
Continuará...

Continúa leyendo
The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 222
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 221
Estás leyendo el capítulo 221 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 1 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.