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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 198 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 198: El Dilema Divine, el Juicio de la Sombra y el Diario de la Heredera Punto de vista: El Dios Nocturno, Emilia, Eime, Alicia y Perspectiva General Escena 1: La Paranoia Celestial y la Retirada Estratégica El ambiente del Reino Temporal experimentó una caída abrupta de temperatura. Las expresiones de Emilia no solo rompieron la densidad del aire, sino que impactaron la estructura del ego del Dios Nocturno con mayor severidad que una colisión física. La Primera Sombra de Carlos Tanaka Sánchez lo evaluaba con una frialdad absoluta, reduciendo la entidad divina a la escala de una presencia insignificante que asumía una magnitud falsa tras erigirse sobre un entorno devastado. —Despliega el margen de destrucción que estimes conveniente, entidad que ha alienado su esencia —sentenció Emilia, resonando en la cavidad del cráter recién formado—. Sin embargo, este no constituye el periodo idóneo para la erradicación de reinos. Careces de significación estructural… representas únicamente un perfil degradado a nivel interno que no justifica una intervención de escala. El Dios Nocturno cerró los puños con fuerza, pero por primera ocasión, su impulso combativo fue frenado por un principio de paranoia. La combatiente frente a su posición no solo ostentaba un nivel de fuerza elevado; articulaba sus afirmaciones con un rigor que sugería el conocimiento de antecedentes reservados que ningún individuo de este plano debería manejar. «Esta mortal demuestra un volumen de información anómalo… y dicho factor altera mis previsiones», evaluó la deidad, experimentando una fluctuación de incertidumbre. «Si ese individuo, o Shiro, o alguna entidad adicional vinculada al origen lograran documentar los elementos presentes en el exterior, la identidad de los agentes que dirigen los eventos… desconocerían la naturaleza exacta de las fuerzas en pugna». La deidad fijó la vista en Emilia. Por un segundo, la representación de entidades de mayor escala que su propia presencia cruzó sus análisis. Comprendía que, en comparación con las sombras operativas en el origen, su rol se reducía al de un peón en el tablero. —Correspondería ejecutar su aniquilación en este instante… —murmuró para sí mismo, registrando una ligera vibración de irritación en su extremidad—. Si preservo su existencia, se constituirá en un factor adverso. No obstante… si libero la escala completa de mi poder en esta coordenada, Carlos o incluso Josué Tanaka registrarán mi firma de maná. Omito la intención de atraer la atención de dichos perfiles en la fase actual. El Dios Nocturno comenzó un proceso de disipación mediante una espiral de sombras, replegándose hacia el desgarro dimensional que le había servido de acceso. —Conserva esta resolución de escala menor, servidora de la estirpe Tanaka —escupió con veneno la deidad—. Informa a tu Señor que la secuencia principal se encuentra en su fase inicial. Mediante una emanación de penumbra, la presencia divina se extinguió, dejando como remanente un silencio denso. Emilia, manteniendo su fachada de contención, liberó un suspiro de alivio controlado. Escena 2: El Juicio de la Elegancia Letal y la Sentencia Emilia observó la dispersión del residuo de sombras con una mueca de rechazo. Rehusó alterar su posición hasta confirmar la extinción absoluta de la firma de maná divina. Posterior a dicha verificación, giró sobre sus talones para encarar a Eime, quien comenzaba a recobrar la consciencia entre la materia colapsada. La mirada de Emilia prescindía de cualquier matiz de conmiseración; constituía un bloque de severidad con mayor densidad que la alteración gravitatoria empleada previamente contra Emperor. —Observa tu condición. Patética —escupió Emilia, cortando la quietud del cráter. Eime intentó restablecer el punto de apoyo, asentando sus extremidades recién regeneradas sobre la ceniza del terreno. Emilia prescindió de ofrecer asistencia física; permaneció erguida, con la vestimenta intacta y los brazos cruzados sobre el tórax. —¿Bajo qué criterio operaste, Eime? —continuó Emilia, ejecutando un desplazamiento pausado en su dirección—. ¿Asumiste realmente que podrías asumir el rol de vanguardia contra una entidad de origen divino empleando una invocación que no logras subordinar cuando las circunstancias escalan en complejidad? Te expusiste sin resistencia. No solo estuviste al borde de la erradicación, sino que consentiste que ese residuo utilizara a nuestra unidad como su autómata personal. Eime intentó estructurar una justificación verbal, pero Emilia interrumpió la emisión mediante un gesto seco. —Omite las explicaciones. Resérvalas para el momento en que debas justificar ante Carlos la razón por la cual la "Reina de la Lucha" concluyó desplazándose por la superficie a la manera de una criatura herida. Tu arrogancia constituye el único factor que registra una aceleración superior a tu capacidad combativa, y en la presente jornada dicho exceso estuvo a punto de costar una unidad de valor. Emilia redujo su altura para equiparar la línea visual con la de Eime, forzándola a sostener el contacto directo. —Reconozco que no constituyes un autómata. Posees una naturaleza humana. Sin embargo, en este marco de operaciones, la condición humana no representa una justificación para la deficiencia. Si proyectas formular una declaración ante el Líder Supremo y requerir un tratamiento preferencial, la exigencia mínima consiste en no forzar mi despliegue para subsanar tus desviaciones como si se tratase de una recluta de nivel inicial. Reflejas una falta de idoneidad que resulta inaceptable. Sin aguardar réplica, Emilia canalizó un flujo de energía carmesí que envolvió a Eime y al extenuado Emperor, forzando un procedimiento de relocalización táctica. —Restablece la posición vertical. Prescindiré de trasladarte hasta el punto de operaciones. Realiza el desplazamiento empleando el remanente de tu dignidad, en el supuesto de que aún conserves algún vestigio. Emilia sostuvo la postura rígida, pero sus pupilas se contrajeron al considerar la escala de los eventos. La inflexión de su voz descendió en frecuencia, adquiriendo un tono de advertencia estricta. —No omitas la identidad de quien ejecutó tu instrucción y entrenamiento, Eime. Te estructuré para operar a modo de instrumento de combate, no para sucumbir como víctima de tus propias fluctuaciones emocionales. Escena 3: La Amenaza del Apocalipsis Químico Emilia extrajo un contenedor de escala menor con un residuo de tonalidad violácea recuperado del perímetro de la confrontación. Lo sostuvo ante la visión de Eime con una combinación de rechazo y análisis riguroso. —¿Asumes que desconozco el nivel de riesgo de este compuesto? He documentado los efectos de esta sustancia. Si este recurso alcanza la distribución masiva en un contingente militar, la dinámica dejará de ser la de un conflicto armado para transformarse en un evento de extinción. No se reduce a un incremento de fuerza; constituye una distorsión del núcleo biológico que reconfigura a los organismos en vectores de colapso. Si la masa poblacional resulta erradicada, no restará territorio que el Líder Supremo pueda administrar. Emilia resguardó el contenedor y fijó la vista en la proyección del horizonte, donde el Reino Platinos del Amanecer se perfilaba como una emisión luminosa distante. —Esa entidad divina no limitaba su accionar a un enfrentamiento directo contigo; coordinaba una maniobra de retención para permitir el inicio de la distribución del compuesto. Dicha sustancia debe ser neutralizada previo a que la primera unidad realice su ingesta. Si un solo batallón registra la asimilación de la esencia de la destrucción, el impacto resultante adquirirá un carácter irreversible. Emilia dio la espalda a Eime, iniciando la marcha hacia la salida del Reino Temporal. —Remueve los residuos de tu rostro y contiene el malestar. Si efectivamente pretendes que Carlos evalúe tu presencia más allá de un factor de interferencia, demuérstrame que conservas la capacidad de la cazadora que instruí. Debemos localizar la instalación central de procesamiento antes de que el Dios Nocturno transfiera el cargamento a Adán Solar o a la entidad que financie esta operación. Eime, estabilizando su respiración, percibió la escala de la responsabilidad. La afectación por el resultado adverso comenzó a reconfigurarse en una determinación severa. Trascendía el mero orgullo lacerado; representaba una amenaza capaz de erradicar los elementos de su entorno. Escena 4: El Encuentro en las Afueras y el Diario Recuperado En las inmediaciones del Reino Platinos del Amanecer, la dinámica adquiría una tensión diferente. Alicia había interceptado un convoy de transporte que trasladaba depósitos metálicos de diseño específico. La joven contuvo la respiración. Entre la carga de recipientes y los pertrechos de la caravana, sus ojos heterocromáticos violáceos y esmeralda detectaron un elemento que alteró su control interno: un volumen encuadernado en cuero de tono desgastado, con refuerzos en los bordes y un emblema que identificaba de forma inmediata. Representaba el registro personal de Jimena. El historial de una caballera, de una madre, de una figura cuya memoria se intentó erradicar mediante la traición de la corona. —¿Aquel elemento constituye el diario de mi madre? ¿Por qué se encuentra en posesión de estos sujetos? ¿Bajo qué atribución…? —murmuró Alicia, sintiendo cómo una fracción de la severidad característica de Emanuel emergía en su postura. Sin dilación, Alicia abandonó la cobertura y avanzó directamente hacia la sección central del transporte. Hiro intentó interceptarla, pero ella declinó la maniobra con un movimiento firme. Se posicionó ante el individuo que ejercía el mando del convoy, un sujeto de fisonomía curtida que portaba las insignias de los mercenarios subordinados a Adán Solar. —Disculpe la interrupción… —articuló Alicia, con un tono que prescindía de cortesía para transformarse en una exigencia formal—. ¿A qué responde la posesión de ese registro? Pertenece a mi madre. El mercenario interrumpió su gestión y la evaluó con una expresión de burla. Intercambió una mirada con sus subordinados, quienes emitieron una risa desprovista de respeto. —¿Tu madre, muchacha? Desconocía que las caídas contaran con descendencia de tus características —manifestó el hombre, sujetando el volumen con las manos descubiertas—. Este registro constituye material recuperado de una traidora. Disponemos de la instrucción de trasladarlo junto al cargamento especial con destino al palacio real. Si pretendes su restitución, deberás elevar la solicitud ante el Monarca… o quizás formalizar una adquisición mediante recursos alternativos a la vía verbal. Alicia percibió que la atmósfera inmediata comenzaba a experimentar una vibración. No se limitaba al impacto visual del diario; la emanación metálica y dulce que emergía de los contenedores adyacentes —el rasgo aromático de la Droga del Dios Demonio— alteraba la percepción, activando el instinto de combate heredado de su linaje. —Prescindiré de reiterar la indicación —expresó Alicia, mientras su ojo violáceo incrementaba su luminosidad—. Entregue el registro de forma inmediata. El ambiente se tornó gélido en un instante. Los mercenarios, que previamente asumían el control de la posición, adoptaron una postura defensiva. David se personó con una presencia estable e inamovible, posicionándose a corta distancia de Alicia. —Resultaría conveniente que restituyas el volumen a la joven —intervino David, con una inflexión vocal que interrumpió la actitud de los hombres. El líder mercenario contrajo el ceño, apretando el diario de Jimena contra su peto. —¿Bajo qué atribución pretendes emitir instrucciones, advenedizo? David avanzó un paso, provocando que los animales de tiro de la caravana manifestaran inquietud. —Haz entrega del elemento en este instante o enfrentarás complicaciones de gravedad con mi persona —advirtió David con una mirada severa—. Modera tu conducta o procederé a tu detención por apropiación indebida. ¿Registras la indicación? Ese diario no constituye tu propiedad, y con menor razón los datos que pretendes trasladar en esos contenedores. Escena 5: La Exposición de la Traición y la Corrupción Ambiental Alicia evaluó a David de forma tangencial. Desconocía la filiación precisa de este individuo, pero deducía que su intervención no respondía a un evento fortuito. La emanación del compuesto de la destrucción se volvía más densa, y los mercenarios, al verse comprometidos, llevaron sus extremidades hacia las empuñaduras de su armamento. —¡Esto constituye propiedad de la corona, imbécil! —rugió el mercenario, perdiendo el control—. ¡Si intentas una acción directa, Adán Solar dispondrá la exhibición de tu cabeza en la plaza pública! Alicia no extendió el margen de espera. La sola mención del verdugo de su madre detonó su contención. Su aura, una síntesis de la nobleza de Jimena y la severidad de Emanuel, se liberó en una pulsión de energía violeta. —David sostiene la posición correcta… —siseó Alicia, con sus pupilas emitiendo un brillo anómalo—. Ese registro retorna a mi posesión en la presente jornada. Y si para concretar su restitución se requiere transitar sobre sus cuerpos, así se ejecutará. Sin conceder un segundo adicional, Alicia comprimió la masa atmosférica circundante y la liberó en una onda de choque purpúrea. Prescindió de un ataque convencional; constituyó una descarga de tensión acumulada a lo largo de su trayectoria. —¡Suelta lo que no te pertenece! —rugió Alicia. Mediante una maniobra fluida de sus extremidades, canalizó una ráfaga de energía de alto corte que impactó la sección central del transporte. El efecto resultó devastador: El Impacto: Los mercenarios fueron desplazados por la fuerza expansiva. El líder, que retenía el volumen, perdió la sujeción debido a la presión del aire; el libro fue proyectado por la masa atmosférica previo a ser capturado por Alicia con una precisión sobresaliente. La Destrucción: Las estructuras de madera de las carretas se fracturaron, y los depósitos metálicos que David monitoreaba colapsaron contra el pavimento de piedra. Un vapor denso de tonalidad violácea comenzó a emanar de la ruptura. La emanación resultaba altamente corrosiva, un compuesto sulfuroso que provocó el marchitamiento inmediato de la vegetación periférica. La Droga Expuesta David cubrió su región facial con el antebrazo, retrocediendo ante la toxicidad del compuesto. —¡Cuidado, Alicia! Evita la inhalación de ese fluido… ¡constituye la Droga del Dios Demonio! —exclamó David, desenvainando su hoja para disipar la emanación mediante una corriente de aire. Al fracturarse los recipientes, no solo se liberó la fase gaseosa. De los depósitos cayeron frascos que exhibían el sello personal de Adán Solar, acompañados de documentos que detallaban rutas de distribución destinadas a la totalidad de las naciones colindantes. La dimensión de la traición quedaba al descubierto: el Rey no se limitaba a la eliminación de opositores, proyectaba la administración del compuesto sobre la masa poblacional para reconfigurarla en un contingente sin voluntad propia. El Diario Recuperado Alicia, omitiendo el desorden y el riesgo del compuesto toxico, presionó el registro de Jimena contra su pecho. Sus extremidades registraban una leve vibración derivada de la intensidad del momento. Al entrar en contacto con la cubierta de cuero, percibió un eco de la presencia materna que había conservado en la memoria. —Lo tengo en mi posesión… —susurró, mientras sus pupilas violáceas y esmeralda inspeccionaban el entorno, registrando a los mercenarios neutralizados y la evidencia de la conspiración de Adán Solar dispersa sobre el suelo. David se aproximó a su posición, evaluando con gravedad los frascos fracturados. —Has ejecutado una acción de mayor alcance que la recuperación de un recuerdo, Alicia. Has expuesto el mecanismo de un colapso general. No obstante… Adán Solar registrará de forma inmediata que su operación ha sido comprometida. El margen de maniobra encubierta ha concluido. Alicia ha consolidado la recuperación del diario de su madre, pero el vapor liberado por el compuesto ha comenzado a atraer a especímenes faunísticos de las zonas boscosas adyacentes, los cuales presentan signos de corrupción por la esencia de la destrucción.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 198

Estás leyendo el capítulo 198 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.