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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 197 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 197: El Manto de las Estrellas, la Caída de la Guardiana y la Autoridad de la Primera Sombra Punto de vista: El Dios Nocturno, Eime, Carlos Tanaka Sánchez, Emilia y Perspectiva General Escena 1: La Marea Cinética y la Sinfonía Trina El Dios Nocturno trago saliva, un gesto puramente reflejo que delataba una alteración interna, la cual mutó con celeridad hacia una resolución gélida: la postura de una deidad que determina que la entidad oponente excede los márgenes de seguridad para permitirle un instante adicional de operatividad. —En tal caso, que así sea —rugió el Dios, concentrando la masa de penumbra del Reino Temporal en la palma de su mano diestra—. ¡Experimenta el peso de una existencia perpetua! Emperor redujo su punto de apoyo, acumulando densidad mágica en sus extremidades inferiores para proyectar el impacto final mediante la Espada de la Mortalidad. Sin embargo, previo a ejecutar el salto, una fluctuación detuvo su avance. Desde la superficie, Eime restableció su posición vertical. La frecuencia metálica de sus articulaciones reestructurándose y el tejido cicatrizando bajo la radiación de Emperor presentaban un ritmo constante. Sus nuevas extremidades, envueltas en una masa de vapor escarlata, registraban mayor ligereza y densidad energética. Una risa seca y desafiante emergió de sus labios, confrontando directamente a la entidad divina. —¿Sostienes la premisa de que la supresión de un par de extremidades detendría mi avance, basura de estirpe celestial? —siseó Eime. En una fracción de segundo, desintegró su presencia del campo visual. Ni siquiera una entidad del perfil de Yuki, con capacidades sensoriales agudizadas al límite, habría conseguido trazar el vector de esa aceleración. Eime prescindió de la carrera convencional; se transformó en un trazado cinético que desestimaba la física del entorno. El potencial reservado de la Reina de la Lucha desbordó sus diques, haciendo vibrar la estructura del Reino Temporal bajo la presión de su intencionalidad combativa. La confrontación mutó hacia una dinámica trina de alta devastación: Emperor (Impacto de Fuerza Mutada): Empleando su estructura reconfigurada, Emperor ejecutaba estocadas de trayectoria pesada que agrietaban la continuidad espacial. Cada ocasión en que el Dios Nocturno intentaba replegarse, Emperor fijaba su hoja en la piedra, proyectando pilares de energía dorada y esmeralda que confinaban a la deidad en un perímetro de mortalidad. Eime (Desplazamiento Acrobático Sangriento): Eime transitaba la masa atmosférica utilizando puntos de apoyo imperceptibles. Se posicionaba sobre las extremidades superiores del Dios, incrustando dagas de maná concentrado en sus fosa oculares antes de replegarse previo a la reacción de la deidad. Su conducta combativa constituía una secuencia de velocidad pura y desgaste táctico. El Dios Nocturno (Vacío Divino): Acorralado, el Dios desató su técnica de contención estelar: el Manto de las Estrellas Muertas. Incalculables agujas de gravedad negativa descendieron sobre el campo, forzando por primera ocasión una sincronización defensiva estricta entre Eime y su invocación. El Clímax del Encuentro —¡En este instante, Emperor! —ordenó Eime, impulsándose sobre el área torácica de la criatura mutada. Emperor ejecutó un corte horizontal con la Espada de la Mortalidad que seccionó las barreras de la deidad. Eime, aprovechando la apertura defensiva, reapareció directamente ante el rostro del Dios. Con una extremidad recién reestructurada, sujetó su estructura mandibular y le asestó un impacto de rodilla imbuido con la totalidad de su reserva, provocando una fractura en el armazón craneal del Dios. El Dios Nocturno fue proyectado con violencia, atravesando las capas limítrofes de tres micro-dimensiones antes de interrumpir su trayectoria, expulsando un fluido de tonalidad dorada. Escena 2: La Distancia del Señor y los Rencores de la Guardiana Eime tomó distancia mediante un repliegue táctico, conservando la respiración alterada pero sosteniendo una postura defensiva inexpugnable. Sus ojos, afilados como hojas de corte, analizaban cada micro-movimiento en la silueta del Dios Nocturno. —Si el imperativo se reduce a sobrevivir, me ubico en la cúspide de dicho criterio… aunque la retirada no figura en mis parámetros —murmuró para sí misma, retirando un rastro hemático de su labio con el dorso de su mano recién formada. A kilómetros de distancia, en la sobriedad de su refugio o quizás transitando los pasillos de su propia consciencia, Carlos liberó un estornudo violento que resonó en el perímetro. —Maldición… nuevamente registro menciones desfavorables respecto a mi persona —gruñó Carlos, frotándose la nariz con evidente fastidio—. Eime… cuando te presentes en el punto de reunión, te garantizo una sanción disciplinaria de relevancia histórica. Directo al calabozo por articular juicios a mis espaldas. El Análisis de la Reina de la Lucha Eime, ajena a la reacción de su líder, interceptó un proyectil de penumbra empleando el antebrazo, sintiendo cómo la vibración del choque recorría su estructura ósea. Su capacidad analítica operaba a máxima frecuencia, descomponiendo la conducta de su oponente. «Constato que este sujeto estructura un recurso secundario… ¿En qué momento suspenderá la contención para desplegar su escala real?», evaluó con frustración. «¿O acaso reduce mi presencia a un mero entretenimiento previo a la erradicación?». Un gruñido sordo escapó de su garganta. La noción de ser subestimada le generaba una irritación superior a cualquier lesión física. Estaba a punto de articular una expresión que alteraría el estándar de una guardiana, pero sostuvo el control. No pretendía ceder la compostura; no deseaba que nadie —y bajo ninguna circunstancia Emilia— atestiguara la presión que experimentaba. «Confío en que Emilia no ejecute una severidad excesiva hacia mi persona tras estos eventos… poseo una naturaleza humana, no la de un artefacto autómata», reflexionó a nivel interno. «Y esta deidad… este residuo divino. Mantiene un discurso reiterativo sobre su historial en la contienda antigua. ¡Supera el evento, egocéntrico de pacotilla!». El Malestar de Eime Sin embargo, el elemento que mermaba su serenidad con mayor agudeza no constituía la incisión en su costado ni la presión atmosférica del Dios. Representaba la falta de respuesta de Carlos. «¡Y para colmo ni siquiera ha correspondido a la declaración que le formulé!», protestó en su fuero interno mientras esquivaba una guadaña de vacío por una fracción mínima. «¡Maldita sea, Carlos! Te exigiré explicaciones en el momento en que sobreviva a esta confrontación». Con esa masa de irritación acumulada —la molestia de una combatiente afectada en su orgullo y en su fuero interno—, Eime proyectó su masa corporal hacia el frente. La contienda había dejado de ser una simple defensa de posición; mutó hacia una descarga de tensión personal. —¡Oye, Dios de pacotilla! ¡Abandona las evasivas y despliega ese cien por ciento de una vez, que tengo cuentas pendientes que liquidar con mi Señor! —rugió Eime, asestando un golpe imbuido en una energía rosa neón que deformó las facciones del Dios Nocturno. El Dios, recuperando la estabilidad, emitió un juicio categórico: —Tu esfuerzo resulta insignificante, mortal. Mi técnica dispone del alcance para pulverizar una estructura territorial completa. Omito si mantienes la existencia o pereces en el proceso. Asumes que tú y esa masa biológica pueden prevalecer… pero incurren en un error absoluto. Escena 3: La Anulación de la Voluntad y la Caída de la Guardiana Eime adoptó la guardia para interceptar la embestida, esperando que Emperor actuara a modo de baluarte defensivo. No obstante, la anomalía se manifestó: Emperor interrumpió la secuencia de ataque. Su silueta masiva se desintegró en la masa atmosférica para reaparecer en una coordenada fuera de su cálculo. —¿Qué…? ¿De qué manera resulta factible…? —articuló Eime, con las pupilas dilatadas ante la alteración de la invocación. —Silencio, masa insignificante —sentenció el Dios Nocturno, pero la inflexión vocal no emergía directamente de su boca; constituía una instrucción superpuesta sobre la matriz de la criatura. Emperor se posicionó a la espalda de Eime con una celeridad que rebasó los registros previos. Previo a que la guardiana pudiese reaccionar, el acero de la Espada de la Mortalidad entró en contacto con su anatomía. Un tajo preciso le cercenó la oreja izquierda, mientras la onda de impacto la proyectó por los aires. Sin embargo, Emperor no detuvo la secuencia. Como un vector de erradicación, la interceptó en plena trayectoria descendente, seccionando sus extremidades con una precisión rigurosa y cruel. Eime inició una caída vertical, desprovista de capacidad defensiva ante la entidad que previamente actuaba como su resguardo. El Titiritero Divino El Dios Nocturno descendió con cadencia pausada, evaluando el estado de Eime con una satisfacción fría. —Te lo advertí… constituyó un error desplegar esa entidad en mi presencia —manifestó la deidad con una mueca gélida—. Dispongo de la atribución para condicionar cualquier voluntad, independientemente de que experimente tormento o satisfacción en el proceso. Los mortales exhiben una confianza desmedida; asumen que al percibir la ventaja, el triunfo queda consolidado. La realidad no opera bajo esa premisa. El Dios extendió la extremidad diestra hacia Emperor, quien permanecía estático, como un autómata aguardando directrices. —Demandó un grado de complejidad asumir el control de esta masa de hostilidad, pero me permitió deducir un factor: esta estructura posee un valor incalculable. Me resultará de extrema utilidad para purificar este plano de forma definitiva. En la superficie, Eime observaba cómo su propio fluido se expandía sobre la piedra. El vínculo espiritual con la invocación se encontraba fracturado. La entidad que ella había desplegado con determinación se había transformado en su ejecutora bajo el dominio de la deidad. El entorno, impregnado de la emanación metálica del fluido y la tensión de la magia divina, adquirió una densidad sofocante. El Dios Nocturno, saboreando el desenlace, tomó distancia con un desplazamiento elegante, haciendo resonar su risa en las capas limítrofes del Reino Temporal. —Has demostrado ser un individuo excepcional, muchacha. Ejecutaste una contienda memorable; no omitiré tu registro. Tu desempeño alcanzó una escala elevada… En fin, criatura, procede con la erradicación. Emperor avanzó con la pesadez de una estructura de gran masa y la neutralidad de una sepultura. La Espada de la Mortalidad, envuelta en la luminiscencia dorada y esmeralda en el presente corrompida, se elevó sobre su eje vertical. Carecía de vacilación en sus ojos; únicamente ejecutaba la instrucción del titiritero divino. —¡Por favor, interrumpe el movimiento! ¡Detente! ¡Emperor, te ordeno que detengas el avance! —clamaba Eime, con la inflexión vocal quebrada y la estructura corporal incapaz de emitir respuesta física. —Jajaja, entidad insignificante —se burló el Dios desde la distancia—. Dicha masa no acatará instrucción alguna emitida por tu persona. Tu trayectoria ha concluido. Sucumbirás en esta coordenada bajo el acero que tú misma convocaste. Eime apretó la dentadura, experimentando la severidad del desenlace recorriendo su sistema. Carecía de capacidad para el desplazamiento o el combate. Cerró las fosa oculares con firmeza, aguardando la estocada definitiva que cercenaría su estructura. El aire emitió un silbido agudo cuando la hoja inició su trayectoria descendente… ¡CLANG! Una detonación sónica dispersó el residuo del terreno. La piedra bajo la posición de Eime registró fisuras, pero la incisión no se consumó. En su lugar, percibió una emanación de agresividad contenida y una autoridad de corte ejecutivo que identificaba con absoluta precisión. Escena 4: La Intervención de la Primera Sombra y la Quiebra del Dominio —Cielos… no contemplé que mi arribo se registraría con tal margen de retraso. Eime abrió los párpados de forma progresiva. Ante su posición, interceptando la Espada de la Mortalidad empleando una sola mano envuelta en una densidad de energía carmesí, se encontraba Emilia. Su mirada denotaba un rigor absoluto, su postura se mantenía inalterable a pesar del colapso del entorno, y su presencia proyectaba una presión que forzó la interrupción de la risa del Dios Nocturno. —Emilia… —susurró Eime, en un punto intermedio entre el alivio de la supervivencia y la aflicción de ser atestiguada en dicha condición. Emilia no modificó la orientación de su mirada hacia la sección posterior; mantuvo sus ojos fijos en la figura controlada de Emperor. Mediante un movimiento seco y firme, rechazó la hoja de gran tamaño hacia atrás, forzando al coloso a retroceder múltiples metros. —Abandono el perímetro por un breve intervalo y transformas el campo de batalla en un matadero, Eime —expresó Emilia con una inflexión severa pero respaldada por un principio de resguardo. Posteriormente, giró de forma tangencial la vista hacia el Dios Nocturno—. Y tú… residuo divino. Has incurrido en la equivocación de violentar aquello que constituye propiedad del Líder Supremo. Guardo la expectativa de que tu inamovilidad sea tan idónea como pregonas, puesto que encontraré satisfacción en desmantelarla. El impacto de la gravedad generado por su sola presencia fue tan absoluto que el suelo bajo los apoyos de Emperor colapsó en un cráter de contorno definido. El condicionamiento ejercido por el Dios Nocturno no fue simplemente interrumpido; fue aplastado por la voluntad pura de Emilia. La criatura mutada liberó un alarido gutural mientras los filamentos oscuros que la sometían se desintegraban como fibras expuestas al fuego. —¿Y respecto a ti, Eime? ¿De qué forma permitiste que ese sujeto te despojara del control de Emperor? —cuestionó Emilia sin dirigirle la vista, con un tono cargado de un reproche que resultaba más incisivo que las heridas del combate. Eime omitió la respuesta; el peso de la autocrítica y la extenuación la mantenían inmóvil sobre la piedra. Escena 5: La Furia de la Deidad y el Mandato del Señor El Dios Nocturno, al atestiguar la inutilización de su recurso en un intervalo infinitesimal, omitió cualquier espera. Su orgullo lacerado se reconfiguró en una hostilidad absoluta. Su mirada se redujo a un vector de rechazo y, previo a que el polvo en torno a la caída de Emperor se asentara, desató su ofensiva final. —¡DESAPAREZCAN EN LA NADA! —rugió la deidad. Una detonación masiva recorrió la totalidad del Reino Temporal. Constituyó una descarga de energía divina y vacío que redujo la masa rocosa a partículas fina y la masa fina a la privación total de materia. La emisión acústica alcanzó un nivel ensordecedor, una frecuencia única que pareció suspender la pulsación del plano. El terreno quedó transformado en una extensión de ceniza blanca y emanación oscura que se elevaba hacia la bóveda fracturada. Cuando el eco de la explosión finalmente se disipó, la quietud resultante adquirió una densidad fúnebre. En la sección central del cráter: Una esfera de contención carmesí comenzó a disiparse de forma pausada. Emilia permanecía erguida, con su vestimenta registrando únicamente un leve desgaste en los bordes, resguardando mediante su propia estructura corporal la figura inconsciente de Eime. Sin embargo, las facciones de Emilia habían abandonado la severidad previa; un fino hilo hemático descendía desde su región frontal. El Dios Nocturno manifestaba una respiración alterada, suspendido en la masa atmosférica, con la mitad de su fisonomía alterada por el esfuerzo invertido en el despliegue. —Es imposible… ¿De qué manera… de qué manera mantienes la posición vertical? —balbuceó el Dios, percibiendo por primera ocasión que la continuidad de su existencia registraba una amenaza real. —Has agotado mi margen de tolerancia —susurró Emilia, mientras el aire en su periferia comenzaba a emitir una frecuencia que afectaba la percepción auditiva del entorno—. Carlos me asignó una instrucción precisa: restituir a Eime al punto de origen. No estipuló que debía preservar la vida de su agresor.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 197

Estás leyendo el capítulo 197 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.