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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 19 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Al salir de la habitación de mi hijo Carlos, me dirigí a paso lento hacia la terraza del castillo. Caminé despacio por los pasillos de piedra, sintiendo cómo el aire tibio de la noche rozaba con delicadeza mi piel mientras el sol terminaba de ocultarse por completo tras las siluetas de las distantes montañas. Sin embargo, alguien ya se encontraba esperando por mí en la penumbra de la balconada. Era mi amado esposo, Josué. —Parece ser que todo te fue verdaderamente bien al hablar con Carlos esta noche —dijo Josué con una leve y cálida sonrisa en los labios, rompiendo la calma. —Sí… —respondí con suavidad, dejando escapar un suspiro de alivio. —Pero antes de que nos adentremos de nuevo al interior... ¿por qué no salimos un momento hacia afuera? Así podremos hablar con total calma y sin interrupciones —propuso con voz serena. —Me parece una excelente idea —le respondí sonriendo también de lado. Ambos caminamos juntos hacia la barandilla de mármol de la terraza, contemplando la inmensidad del reino bajo la luz estelar. —Y bien… ¿de qué cosas hablaron exactamente tú y Carlos durante todo este tiempo? —preguntó Josué, sin apartar la mirada reflexiva del horizonte estrellado. —Ah… —suspiré pesadamente, cruzando los brazos—. Le conté una historia detallada sobre mi vida personal en la juventud y los logros que fui cumpliendo paso a paso a lo largo de los años. —¿OHH? ¿En serio? ¿Y le contaste absolutamente todo lo que ocurrió hace más de veinte años en aquel periodo? —indagó Josué girando levemente el rostro hacia mí. —No aún… —mi voz bajó dramáticamente un tono, volviéndose sombría—. No he tenido el valor suficiente para contarle lo que ocurrió durante la gran guerra. Hace años… tantas personas inocentes murieron de las formas más crueles imaginables. Quedamos tan solo unos pocos sobrevivientes, pero la abrumadora mayoría de ellos fueron sometidos a torturas inhumanas. Aún recuerdo sus cuerpos profundamente marcados por el sufrimiento… sus rostros desfigurados por el dolor… muchos de ellos sin ojos, sin manos. Era exactamente como si los demonios les hubieran arrancado pedazos enteros del alma antes de dejarlos ir. Josué me miró con una infinita tristeza reflejada en sus ojos. —¿Acaso sigues sintiéndote culpable por no haber tenido la fuerza para salvarlos a todos, Hina? —Me siento culpable de la totalidad de las tragedias que ocurrieron en esa época —dije bajando la mirada hacia las baldosas de la terraza—. Era lo único que desesperadamente no pude evitar que sucediera… incluso cuando estuve a un solo segundo de ser cobardemente asesinada por uno de los demonios supremos del abismo. Josué frunció el ceño con ligera duda al escuchar mis palabras. —Hablando de eso… ¿fue precisamente en ese momento cuando ocurrió lo de Sara…? —No… —lo interrumpí tajantemente con una frialdad repentina que heló el ambiente—. No le dije absolutamente nada sobre Sara. Guardé un silencio absoluto durante varios segundos, sintiendo cómo el nudo en mi garganta se volvía más pesado. Luego, levanté la mirada perdiéndome en el vacío del cielo nocturno. —Lo recuerdo con una claridad aterradora, como si hubiera ocurrido apenas el día de ayer… FLASHBACK: EL REINO DEL SOL El aire de aquel aciago día olía intensamente a azufre, sangre fresca y fuego abrasador. El majestuoso Reino del Sol se encontraba ardiendo por completo en medio de un infierno de llamas incandescente. Las llamaradas devoraban los imponentes muros de piedra, los desgarradores gritos de agonía de la población llenaban el cielo de humo negro, y miles de ciudadanos corrían desesperados por las calles empedradas clamando por ayuda. —¡Todos los que aún puedan empuñar un arma o usar magia, ayuden a evacuar a los civiles! —grité a pleno pulmón mientras corría por el distrito comercial envuelto en llamas. De pronto, rompiendo entre la densidad del humo y la ceniza cainite, emergió una figura verdaderamente imponente: un demonio aterradoramente alto, de ojos oscuros que brillaban con un resplandor siniestro, con un cuerpo retorcido cubierto de marcas rúnicas y una sonrisa… una sonrisa cargada de pura malicia y sadismo. La presión espiritual que emanaba a su paso era sencillamente sofocante para cualquier mortal. —¡Mierda! —grité al sentir el aplastante maná enemigo—. ¡Todos los ciudadanos salgan de esta zona ahora mismo! El terror absoluto se apoderaba de cada persona a mi alrededor, pero yo no podía permitir que se cobrara una sola vida más en mi presencia. —¡Háganse a un lado! —ordené con voz dominante, levantando ambas espadas de madera reforzada y magia. Canalicé de inmediato mi Magia de Viento: Remolino de Destrucción. Una vorágine de corrientes de aire letales giró violentamente en espiral a gran velocidad, saliendo disparada hasta perforar el brazo izquierdo del demonio. La criatura dejó escapar un rugido de dolor y rabia al ver su extremidad destrozada. Aproveché el preciso instante de su descuido. Me moví a toda velocidad utilizando la ligereza de mis espadas de oscuridad. El demonio, reaccionando instintivamente, conjuró un hechizo prohibido de sombras, atrapándome en un parpadeo dentro de una prisión de muros oscuros y densos. Sonrió con suficiencia, creyendo que me había neutralizado por completo... Sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos, canalicé mi aura espiritual y rompí el sello en mil pedazos de luz negra. Salí disparada desde las profundidades de las sombras, lanzándome en picado directamente sobre su cuello. Una de mis espadas se hundió con brutalidad en su pecho; el demonio cayó pesado al suelo rugiendo con furia, pero aun en su agonía intentó dar un zarpazo para aplastarme. Esquivé su ataque en el aire con un giro acrobático. Una abrumadora corriente de energía oscura envolvió por completo la hoja de mi arma principal y, liberando un grito de combate final, le decapité la cabeza de un solo corte limpio. —¡¡¡KUUUUGH!!! El colosal cuerpo del demonio se desmoronó sobre el suelo sin vida alguna, disolviéndose en ceniza negra. Respirando de forma extremadamente agitada por el despliegue místico, miré hacia la estructura principal del gran castillo real. Algo muy profundo dentro de mi ser me dio una alarma de peligro inminente. Sin pensarlo dos veces, crucé corriendo el puente levadizo e irrumpí en el interior... INTERIOR DEL CASTILLO El hedor a sangre metálica dentro de la fortaleza era prácticamente insoportable. El suelo de mármol, los tapices de la nobleza y las paredes de piedra... todo estaba absolutamente cubierto de charcos de sangre fresca y cuerpos apilados. Los valientes caballeros de la guardia real habían sido sistemáticamente masacrados sin el menor rastro de piedad. —Llegué demasiado tarde… —susurró mi voz quebrada por el horror—. Si tan solo hubiera llegado unos minutos antes, esto no estaría pasando. De pronto, un grito agónico rompió el sepulcral silencio del pasillo superior. —¡AUXILIO! Corrí a la máxima velocidad que mis piernas exhaustas podían entregar, dirigiéndome hacia el fondo del pasillo principal hasta llegar frente a una gran puerta de roble reforzado. La abrí de una sola patada con fuerza descomunal. Allí dentro, en medio de la opulencia de la sala del trono, se encontraba el Rey del Sol, siendo brutalmente sostenido del cuello por una criatura verdaderamente espeluznante. Se trataba de un demonio con una apariencia inquietantemente humana. Sus ojos, de un deslumbrante color morado oscuro, brillaban con una profunda perversión sadista; su cabello negro le caía de forma elegante sobre los hombros, y la sonrisa dibujada en su rostro... era tan profundamente retorcida como extrañamente encantadora. —Vaya, vaya… no tenía la menor idea de que aún quedaban sobrevivientes con vida en este aburrido castillo —declaró el demonio con una voz suave, pausada y escalofriante. Su tono de voz, tan carente de empatía, me heló la sangre por completo. —¿Quién demonios te crees que eres? ¡Responde a mi pregunta ahora mismo! —exclamé empuñando mis armas. —Vamos, vamos, no te alteres tanto, jovencita… —dijo dejando escapar una risita burlona—. No estoy haciendo absolutamente nada malo. Solo me encuentro haciendo un poco de justicia poética. —¿¡Justicia!? —exclamé con rabia contenida—. ¿¡Acaso te estás burlando de mí en mi cara!? —Y si te dijera que no es una burla… —sus ojos morados se entrecerraron con malicia—. Hay demasiadas cosas de este mundo que tú ignoras por completo. Pero mira, te daré una única y generosa oportunidad: date la vuelta y lárgate. La verdad es que no tengo el menor interés en perder mi valioso tiempo con niñas malcriadas y sin educación. —¿¡Qué dijiste!? ¡Cómo diablos te atreves a hablarme de esa forma tan condescendiente! El demonio soltó una carcajada abierta y sonoramente teatral que resonó por toda la bóveda del castillo. —¡Es que eres sencillamente tan divertida que debería darte un premio Óscar por tu maravillosa actuación dramática! —¡Basta de charlatanería! ¡Suelta al rey ahora mismo o te cortaré en pedazos! —Ah… qué chica tan increíblemente aburrida resultaste ser. Yo esforzándome al máximo por hacerte sonreír, y tú únicamente dedicada a gritar como histérica. En mis tiempos de gloria, las mujeres sabían perfectamente cuándo debían guardar silencio. Las de la época actual son tan terriblemente tediosas que me dan ganas de ponerme a dormir aquí mismo. Ya no había espacio alguno para más palabras ni diplomacia. Solo existía una rabia ardiente fluyendo por mis venas. Corrí velozmente hacia él con mi espada de oscuridad en alto, invocando al mismo tiempo mi Magia de Tierra. Un imponente gólem de piedra sólida surgió bruscamente desde el suelo de la estancia, me elevó en el aire con su palma y me lanzó con una aceleración tremenda hacia el objetivo. Con un corte cruzado de extrema precisión, le amputé el brazo entero al demonio, logrando rescatar al rey en la caída. —¿Se encuentra bien, Su Majestad? —pregunté colocándome frente al monarca. —Sí… muchísimas gracias, jovencita. Pero por favor sal de aquí de inmediato, pronto deberían llegar los refuerzos de la capital —suplicó el rey con la voz temblorosa. —Entendido. Sin embargo, apenas el monarca logró alejarse unos metros hacia la salida... el demonio arremetió contra mí a una velocidad sónica desmedida, embistiéndome brutalmente y lanzándome contra el muro de piedra de la sala con una fuerza colosal. —¡Diablos…! —tosí una gran cantidad de sangre al sentir mis costillas crujir—. ¡Ni siquiera pude ver su movimiento! —¿Cómo te atreves... simple basura humana? —rugió el demonio con una voz demoníaca y distorsionada mientras la extremidad amputada comenzaba a regenerarse con vapores oscuros—. ¿Cortarme a mí? ¿¡A mí!? ¿Acaso tienes la menor idea de cuál es tu miserable lugar en este mundo? Le dediqué una sonrisa cargada de pura ironía en medio del dolor. —Vaya... no tenía la menor idea de que los demonios superiores del abismo tuvieran sentimientos tan frágiles... ups, se me escapó decirlo en voz alta. La ira del demonio estalló por completo. Atacó con una secuencia feroz de cortes demoníacos espectrales que apenas logré esquivar por pura intuición. No obstante, en un descuido de mi guardia, logró sujetarme con violencia de la muñeca izquierda y me lanzó con fuerza devastadora contra el techo. Giré hábilmente en el aire para amortiguar la caída, utilicé mi técnica de teletransportación de corto alcance, y reaparecí instintivamente justo detrás de él. La hoja afilada de mi espada de oscuridad rozó amenazantemente su garganta. —Eres una rata extremadamente persistente —gruñó él sin moverse un milímetro. —Podría decir exactamente lo mismo de ti. Pero antes de continuar con esta masacre... dime cuál es tu verdadero nombre, demonio. —¿Para qué querrías saberlo? —Por simple curiosidad antes de enviarte de regreso al infierno. Él esbozó una sonrisa macabra y profunda. —Mi nombre es Astaroth, uno de los generales más poderosos que habitan las profundidades del Abismo. Mi corazón se detuvo por completo durante un segundo de puro terror. —No... no puede ser cierto... —No hay ninguna necesidad de mostrarte tan sorprendida, Hina Sánchez —dijo Astaroth con una voz helada y penetrante. —¿Cómo diablos es que sabes mi nombre completo? —No necesito explicártelo. Yo... simplemente lo veo y lo sé todo sobre este mundo. —¿Cuál es tu verdadero objetivo? ¿Qué es lo que verdaderamente buscas en este plano? —He venido a tomar por la fuerza lo que legítimamente me corresponde —respondió con una sonrisa maquiavélica—. Conquistar este castillo y erradicar su linaje. Bueno... al menos eso era parte de mis planes iniciales, hasta que tú decidiste aparecer de la nada. No tengo la menor idea de quién eres realmente, pero no permitiré bajo ninguna circunstancia que arruines mis propósitos. Incluso si intentas detenerme con todas tus fuerzas, no tienes absolutamente ninguna posibilidad de ganar un combate contra mí. De pronto, una descomunal ráfaga de viento huracanado sacudió la totalidad de la sala del trono. Una presión de maná oscuro y aplastante llenó cada rincón del aire. Un rayo de energía púrpura atravesó el ambiente a la velocidad de la luz; apenas logré esquivar el impacto directo por milímetros. Cuando logré girar la mirada, Astaroth ya se encontraba posicionado justo a mis espaldas. Su golpe de puño cerrado me azotó brutalmente contra el suelo. El dolor agudo atravesó cada nervio de mi cuerpo. —¡Ugh... mierda...! —tosí sangre copiosamente, sin poder recuperar el aliento—. No... no puedo mover mis brazos... Astaroth levantó despacio su mano derecha abierta hacia mi cuerpo caído. —Magia de Gravedad: Dominio Absoluto. En ese instante, el peso entero del firmamento pareció caer aplastante sobre mi espalda. No podía exhalar ni un solo aliento de aire. El suelo de mármol se resquebrajaba y se hundía violentamente bajo la colosal presión mística. —¿Qué te sucede? ¿Es que acaso ahora solo puedes quedarte ahí tirada gritando de agonía? —se burló Astaroth mirándome desde arriba—. Aumentaré tan solo un poco más la densidad de la gravedad... El aire desapareció por completo de mis pulmones. Mi cuerpo temblaba descontroladamente ante la inminente ruptura de mis huesos. Simplemente no podía soportar más este suplicio. Y entonces... en el momento más oscuro, una figura envuelta en un deslumbrante resplandor místico apareció de la nada, asestándole un golpe físico de una fuerza verdaderamente brutal a Astaroth directamente en el rostro, mandándolo a volar decenas de metros a través de los muros del castillo. El peso aplastante de la gravedad desapareció de golpe. Intenté desesperadamente respirar, levantando con enorme dificultad la mirada llena de lágrimas. Frente a mí se erguía una joven hermosa, de largo y sedoso cabello morado, ojos brillantes como joyas y una sonrisa radiante e inquebrantable dibujada en su rostro. —Lamento muchísimo la demora, niña bonita —dijo suavemente con una voz cálida mientras sostenía firmemente sus dos dagas de combate—. ¿Te encuentras bien? Una lágrima solitaria rodó por mi mejilla al reconocerla instantáneamente. —Ha pasado tanto tiempo... Sara. Sara se erguía majestuosa en medio de la destrucción del castillo, empuñando sus dos dagas mortales. Su mirada desafiante y sin el menor rastro de miedo se clavó con fiereza en la posición del maltrecho Astaroth. —A partir de este momento... yo seré tu oponente. Continuará…
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 19

Estás leyendo el capítulo 19 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.