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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 20 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
—¡Vaya que ha pasado un enorme tramo de tiempo desde la última vez que nos vimos las caras en persona, Hina! Sara había hecho una entrada triunfal en el derruido campo de batalla, sosteniendo sus dos dagas de combate con perfecta maestría en las manos y dedicándome una radiante sonrisa en medio del caos de las llamas. —¡Lamento enormemente la demora en llegar, niña bonita! Pero dime... uy, uy, uy… ¿qué demonios te terminó pasando a ti, Hina? ¿Por qué motivo te encuentras en ese estado tan desastroso y lastimado? Intenté ponerme de pie con dificultad y le respondí entre jadeos que no me pasaba absolutamente nada grave. —Por favor, no te me hagas la ciega ante la evidencia… tan solo acéptalo de una buena vez: te dieron una paliza verdaderamente monumental —se burló Sara. —¡Te dije claramente que te callaras! —haciendo un esfuerzo extra, le propiné un rápido y sonoro golpe con el nudillo en la nuca. —¡Oye! ¿Se puede saber por qué rayos hiciste eso? —reclamó sobándose la cabeza. —¡Porque te estabas burlando abiertamente de mi miseria en medio de un combate, maldita idiota! —Ah… ¿es que acaso estás buscando de casualidad iniciar una pelea conmigo ahora mismo, niña bonita? —¡Te he dicho mil veces que no me llames de esa manera tan vergonzosa! —le respondí con el rostro completamente encendido por la vergüenza—. Pero… lo más importante de todo es que estés viva, sana y a salvo. Ahora no tenemos el menor tiempo para quedarnos charlando como bobas, tengo un asunto extremadamente urgente que atender… con ese miserable demonio. —¿Dijiste hace un momento que su nombre era Astaroth, verdad? —preguntó Sara afinando la mirada hacia las ruinas. —Sí. ¿Acaso lo conoces de alguna parte? —No demasiado a decir verdad… únicamente escuché rumores lejanos de que él fue el principal causante de la terrible desgracia y caída del Reino del Sol, y que además robó las reliquias sagradas directamente de la cámara de uno de los dioses milenarios. Solamente sé eso sobre su historia. Pero Hina… será infinitamente mejor que te alejes de este lugar lo más rápido que te permitan tus piernas. Sara me miró con una seriedad absoluta y sombría. En ese preciso instante, el suelo bajo nosotras tembló violentamente durante un segundo. De entre la montaña de escombros de mármol y piedra emergió la figura de Astaroth, rugiendo con una furia desquiciada: —¿¡Qué carajos acaba de pasar aquí!? ¿¡Quién fue la sabandija que se atrevió a atacarme!? Pero justo en el preciso momento en que me disponía a moverme para embestir de nuevo, la voz firme de Sara resonó por todo el lugar: —¡Esa humana que tienes justo enfrente fue la que te propinó semejante golpe en la cara! —Veo que sigues extrañamente ileso después de haber recibido la magnitud de mi ataque anterior, ¿verdad, demonio? —respondí con una frialdad absoluta en la voz. —Maldita humana arrogante… —gruñó Astaroth, regenerando el rictus de su rostro. Me puse en guardia de inmediato, canalizando mi maná y moviéndome a una velocidad alucinante. Nuestras miradas se cruzaron una vez más en medio del aire enrarecido. Luchamos sin descanso alguno, intercambiando estocadas y cortes a una distancia impresionante, hasta que la silueta de Astaroth desapareció en una ráfaga oscura y reapareció traicioneramente detrás de mí, intentando partirme por la espalda. Logré percatarme del peligro a milisegundos del impacto, agachándome bruscamente y esquivando su garra mortal. Una descomunal onda de choque oscura atravesó de lado a lado las rocas gigantescas del entorno, reduciéndolas a polvo. Bloqueé su siguiente embestida cruzando mis armas, pero algo andaba terriblemente mal: cada vez que lograba infligirle una herida profunda, el cuerpo del demonio se regeneraba a una velocidad sencillamente absurda. —Parece ser que esto se complicará mucho más de lo previsto… Hina observó desde su posición a Sara, quien comenzaba a tener serios problemas para esquivar la secuencia de ataques destructivos de la criatura, y tomó la determinación absoluta de unirse codo a codo a la batalla. —Vaya, vaya… dos contra uno, ¿eh? —se echó a reír Astaroth con un tono burlón y arrogante—. Pero qué cosa tan tierna… las pequeñas amigas se unen utilizando el mágico poder de la amistad. —¡Prepárate con todo para la batalla combinada, Hina! —gritó Sara empuñando sus dagas. —¡Entendido! Nos movimos a una velocidad sobrehumana, desapareciendo del campo visual del enemigo y repareciendo simultáneamente justo a sus espaldas. No obstante, en el milisegundo en que nuestras hojas descendieron para decapitaturlo, un denso muro de llamas moradas de origen demoníaco cubrió por completo el espacio entre nosotras, obligándonos a dar un salto acrobático hacia atrás para no ser consumidas. Sin detener el ritmo, seguimos desplazándonos en círculos, buscando desesperadamente una grieta en su defensa absoluta. Sara desenvainó un arco táctico y comenzó a disparar una lluvia incesante de flechas de acero reforzado, mientras yo invocaba desde lo profundo de mi alma mi Magia de Viento Oscuro. Ambos ataques mágicos masivos impactaron de lleno y de forma simultánea sobre el torso de Astaroth, provocando una explosión tan desmedida que terminó por derrumbar de golpe toda la estructura de la pared oeste del castillo real. Canalicé hasta el último remanente de mi maná espiritual, sintonizándolo con la ventisca helada que rodeaba violentamente mis brazos, y conjuré el poder oculto de la Espada de Oscuridad: —¡Golpe Glaciar: Llamas de la Oscuridad! Las abrumadoras llamas negras y congelantes alcanzaron de lleno el cuerpo de Astaroth, congelando sus piernas en bloques de hielo impenetrable mientras la superficie de su piel ardía sin piedad en un fuego espiritual que consumía su energía. —Jamás me imaginé que dos simples humanas me llevarían tan lejos en un combate… —gruñó Astaroth con los dientes apretados—. Lo han hecho increíblemente bien, de verdad las felicito… pero lamento decirles que esto no es ni de cerca suficiente para derribarme. El demonio nos contempló con una profunda mirada de decepción, como si la totalidad de nuestros ataques definitivos no fueran más que simples picaduras de insecto indignas de su verdadera atención. De pronto, el techo del castillo comenzó a venirse abajo en un colapso inminente. —¡Sara, tenemos que salir inmediatamente de esta fortaleza, el castillo entero no va a resistir el impacto! —grité esquivando un bloque de piedra. —¿¡Entonces qué diablos sugieres que hagamos!? —preguntó Sara bloqueando una chispa de fuego. —A tan solo unos kilómetros de aquí se extiende un denso bosque. Si no salimos corriendo ahora mismo hacia allá, quedaremos completamente sepultadas bajo las ruinas. —¡Bien, hay que huir a máxima velocidad! Sara y yo rompimos la formación y salimos disparadas hacia el exterior a una velocidad vertiginosa, pero la presencia sofocante de Astaroth nos perseguía desde las alturas como una sombra voraz. —¿A dónde diablos se piensan que van ustedes dos? —resonó la voz retorcida del demonio a nuestras espaldas. —Hina, ¿cuánto falta exactamente para que alcancemos la entrada del bosque? —preguntó Sara manteniendo el paso. —¡A este ritmo, unos cinco minutos de carrera! —Perfecto. Una vez que pisemos la espesura de los árboles, te encargarás de entretenerlo de frente un instante mientras yo me desplazo por las sombras y preparo la emboscada definitiva. —¡Entendido! Sara se alejó hacia la izquierda perdiéndose entre la vegetación. De pronto, una hoja afilada de energía demoníaca atravesó violentamente la copa de los árboles, impactándome de lleno en el costado. Soportando el dolor punzante, contraataqué de inmediato conjurando mi Magia de Fuego Nivel 7: Fuego Ardiente. Una voraz onda abrasadora cubrió por completo la totalidad del terreno forestal; las llamas azuladas que emergieron parecían calcadas del mismísimo infierno. Astaroth dejó escapar un alarido desgarrador de dolor; por primera vez en todo el combate, la naturaleza de la magia no le permitía sanar sus heridas al instante. —¿Se puede saber… qué clase de magia maldita es esta…? —rugió fuera de sí. Sus ojos morados se clavaron fijamente sobre mí con una expresión verdaderamente retorcida, y en ese milisegundo sentí el abrazo helado de la mismísima muerte posándose sobre mi cuello. Mi cuerpo entero quedó paralizado por el terror. Sin embargo, recordé mi promesa y mi misión, quebré el sello del miedo y salí corriendo desesperadamente hacia el centro del bosque. Llegué justo al punto de encuentro acordado. Blandí con todas mis fuerzas mi Espada Estocada de Luz Oscura, lanzando una cuchilla de energía que Astaroth bloqueó con el brazo al instante. Continué atacando sin dar marcha atrás, pero la distancia entre nosotros se acortaba a cada segundo. El demonio estaba a un solo milímetro de incrustar sus garras directo en mis ojos cuando, bruscamente, un campo mágico de oscuridad absoluta se desplegó desde el suelo y lo atrapó por completo. —¡El plan de emboscada de Sara funcionó a la perfección! —¿Qué…? ¿Pero qué demonios es esto? —Astaroth intentó desesperadamente mover un músculo—. ¡No… no puedo sentir absolutamente nada de mi cuerpo! Sara había logrado sellar con éxito rotundo su hechizo de restricción de sombras. —¡Es ahora o no será nunca! —exclamó Sara, moviéndose a una velocidad verdaderamente sobrehumana. Atacó con sus dos dagas una y otra y otra vez, convirtiéndose en una silueta completamente invisible ante los ojos atónitos del demonio atrapado. Sin embargo, Astaroth cerró los ojos por un leve segundo, concentrando la totalidad de su inmenso maná abisal. Cuando intenté asestar la estocada final para atravesarle el corazón, detuvo la hoja afilada de mi espada sujetándola directamente con la palma de la mano desnuda, luciendo una sonrisa escalofriante. —Debo reconocerlo con honestidad… eres una guerrera sumamente fuerte. En una milésima de segundo, una ráfaga colosal de viento demoníaco destruyó desde adentro el campo de oscuridad de Sara. El impacto de la onda expansiva me mandó a volar decenas de metros por el aire, cayendo violentamente sobre la tierra mientras una serie de espinas demoníacas de energía atravesaban cruelmente mi cuerpo de lado a lado. Me quedé completamente inmóvil, incapaz de articular un solo movimiento. Hina contempló con absoluto horror la escena: su querida amiga se encontraba gravemente herida, paralizada en el suelo con la sangre brotando copiosamente de sus múltiples heridas. Astaroth comenzó a avanzar con lentitud hacia la posición de Sara, sonriendo con una crueldad infinita. Extendió su garra y le agarró bruscamente la cabeza, levantándola del suelo con la clara e inmediata intención de aplastarle el cráneo. —¡No! ¡Detente de una vez! —grité con todas las fuerzas que me quedaban en los pulmones, sintiendo cómo el desespero me desgarraba la garganta—. ¡No lo hagas, por favor! En ese preciso instante de desesperación absoluta, un místico rayo de luz nocturna atravesó el firmamento e iluminó de lleno la penumbra del bosque. Tanto Astaroth como Sara giraron con enorme dificultad la mirada hacia mi dirección. —¿Hina…? —susurró Sara con la vista nublada. Caminé lentamente hacia ellos. Mi cabello cambió bruscamente de color, tornándose de un tono azul oscuro profundo y místico, mientras mis ojos resplandecían con la intensidad estelar del mismísimo cielo nocturno. Mis rasgos físicos… eran exactamente iguales a los de Shiro durante su transformación. —Hace dos años, Hina… —recordé claramente la voz de Shiro resonando en mi mente—. Nuestro verdadero poder no pertenece a este mundo ni es algo sobrenatural, sino que es un don ancestral otorgado directamente por un dios antiguo. El Poder Nocturno… —¿Acaso has oído hablar alguna vez sobre las leyendas del Dios Nocturno que derrotó a un ejército entero él solo? —me había preguntado Shiro en aquel entrenamiento. —¿Te refieres a ese ser legendario? —respondí en aquel entonces. —Exactamente. Si por alguna razón llegas a encontrarte de frente con la manifestación de ese poder… aléjate lo más rápido que puedas. Esa energía… es capaz de consumirte el alma por completo. —No fui capaz de entender el verdadero peligro de sus palabras en aquel momento —pensé para mis adentros mientras la energía oscura me quemaba por dentro—, pero le prometí a Shiro con la vida que jamás permitiría que ese poder tomara el control de mi ser. Sin embargo… viendo a mi amiga a punto de morir, simplemente no pude cumplir mi promesa. Reaparecí instintivamente a la velocidad de la luz justo detrás de Astaroth, asestándole un golpe físico de una potencia tan colosal que lo mandó a estrellarse contra los árboles. Sara observó la escena con los ojos abiertos de par en par, completamente incrédula. —Hina… ¿de verdad sigues siendo tú la que está ahí? No respondí una sola palabra. Mi mente estaba nublada por un instinto salvaje. Solo ataqué. Nuestras espadas se cruzaron una y otra vez en un torbellino deslumbrante de luz estelar y oscuridad abisal que destruía todo a su paso. —¿¡Es que acaso estoy perdiendo un combate… contra una simple sabandija humana!? ¡Eso es algo absolutamente imposible! —rugió Astaroth fuera de sí al ver que sus heridas no sanaban. Sara, al no ser capaz de ver con claridad la batalla debido a la distorsión del maná, utilizó la última reserva de su energía para comunicarse mediante telepatía: —Josué… ven lo más rápido que puedas al bosque del norte. Hina está… Hina ha perdido el control de su poder… A kilómetros de distancia, Josué comprendió de inmediato la extrema gravedad de la situación y salió disparado a máxima velocidad hacia nuestra posición. Mientras tanto, Astaroth temblaba de puro terror. La totalidad de sus ataques mágicos resultaban ser completamente inútiles: la manifestación del Poder Nocturno hacía que Hina se regenerara de cualquier daño de manera instantánea. —Ya veo cómo están las cosas… —gruñó Astaroth con una sonrisa desquiciada al percatarse de mi estado—. Así que la energía de tu propio cuerpo se está agotando a pasos agigantados. ¡Tu tiempo en este mundo se acaba! El cuerpo del demonio sufrió una mutación aterradora. Dos inmensas alas de plumas negras brotaron bruscamente de su espalda, revelando la forma verdadera de un arcángel caído del abismo. —¡No permitiré bajo ninguna circunstancia que salgas con vida de este lugar! —declaró elevándose por los aires. En ese milisegundo, la sobrecarga del Poder Nocturno alcanzó su límite crítico dentro de mis venas. —¡Mierda…! —murmuré sintiendo cómo la fuerza se me escapaba de golpe del cuerpo. Astaroth se movía ahora a una velocidad prácticamente imposible de rastrear, golpeándome una y otra vez sin que pudiera meter las manos. Intenté invocar desesperadamente mi Campo de Hielo, pero el demonio simplemente se echó a reír en mi cara. —¿De verdad crees que esa magia miserable va a funcionar dos veces contra mí? De pronto, un rugido colosal resonó entre las nubes. —¿Pero qué…? ¿Un… dragón de hielo? —exclamó Astaroth sorprendido. —¡Aliento del Dragón Glaciar! —bramé usando el último aliento de mi invocación. La explosión gélida resultante fue sencillamente brutal, pero la velocidad de Astaroth le permitió esquivar el núcleo del impacto y salir prácticamente ileso. Apareció a mis espaldas y me asestó un golpe demoledor que me estrelló contra el suelo. Escupí una gran cantidad de sangre, quedando completamente paralizada en la tierra. Estaba totalmente inmóvil, a la merced de la muerte. Sin embargo, justo cuando Astaroth caminaba a paso lento para rematarme, la figura herida de Sara reapareció en un último chispazo de velocidad, embistiendo al demonio y empujándolo lejos de mi posición. —¡Jamás… jamás permitiré que mueras en este lugar tan horrible, Hina! —exclamó Sara poniéndose como escudo. —¿Por qué… por qué demonios estás haciendo esto, Sara…? ¿Por qué te empeñas en salvarme la vida a costa de la tuya? —pregunté con las lágrimas brotando de mis ojos. —¿Acaso no es algo más que evidente, boba? —dijo dedicándome una cálida y hermosa sonrisa en medio de su dolor—. Porque somos las mejores amigas del mundo. La inmensa calidez de sus palabras y su mirada hizo que todos nuestros recuerdos juntos regresaran de golpe a mi mente: las duras tardes de entrenamiento en la academia, las risas compartidas bajo el sol y aquel histórico día en el puente donde ambas juramos luchar por alcanzar nuestros sueños más profundos. —Dime una cosa, Hina… ¿qué es lo que planeas hacer exactamente en el futuro de tu vida? —me había preguntado Sara tiempo atrás mientras mirábamos el río. —Mi gran meta es llegar a convertirme en una de los 10 legendarios héroes que protegerán a la humanidad —le respondí con ilusión. —Vaya… es un sueño increíblemente difícil de lograr… pero ten por seguro que cuentas con todo mi apoyo incondicional para conseguirlo. Recordar todo aquello en ese momento agónico me dolió hasta lo más profundo del alma. —Hina… creo de todo corazón que ha llegado el momento de despedirnos por ahora —dijo Sara con una seriedad que me heló el pecho. En ese preciso y angustioso instante, Josué irrumpíó violentamente en el claro del bosque, tomándome rápidamente entre sus brazos para levantarme del suelo. —¡No! ¡Sara, por favor no! ¡No me hagas esto, te lo suplico! —grité tratando de soltarme del agarre de Josué. —¡Llévatela de aquí de inmediato, Josué! Yo me encargaré personalmente de entretener a esta criatura —ordenó Sara sin mirar atrás. —¿¡Y qué va a pasar contigo, Sara!? —preguntó Josué con la voz quebrada. —No se preocupen por mí. Solamente… si logro sobrevivir a esto… prometan que me comprarán un enorme pastel de chocolate —dijo con una última risita. —Te lo prometo por mi vida —respondió Josué apretando los dientes. Sara sonrió con dulzura y caminó a paso firme hacia el frente, completamente decidida. Su mirada ya no mostraba la más mínima pizca de miedo o duda. Astaroth la observó desde la distancia, profundamente impresionado por su temple. —Esa humana inferior… de verdad resulta ser alguien digna de admirar. —¿En qué demonios estás pensando tan concentrado, monstruo? —preguntó Sara con una voz helada. —En nada que le sea de la menor importancia a una sabandija como tú —respondió Astaroth desenvainando su aura. Ambos se lanzaron al ataque al mismo tiempo. Sin embargo, a mitad del encarnizado combate, mientras cruzaba sus dagas contra las garras de la criatura, el cuerpo de Sara comenzó a colapsar por el agotamiento extremo. Sus fuerzas se desvanecieron por completo. Las armas cayeron de sus manos y ella se desplomó pesadamente contra el suelo forestal. —¿Pero qué es lo que pasa ahora? ¿Es que acaso ya ni siquiera eres capaz de ponerte de pie? —se burló Astaroth caminando hacia ella—. Qué criatura tan patética resultaste ser al final… Hina fue verdaderamente capaz de herirme de gravedad, pero tú… tú no eres más que simple basura inservible. Astaroth tenía toda la razón del mundo. En el fondo, sentía que no era lo suficientemente fuerte para este mundo. Mis pensamientos comenzaron a nublarse progresivamente. Mi conciencia se hundió en las profundidades de un vasto y helado lago oscuro. Allí, en medio de la nada absoluta, me encontré de frente con una mujer exactamente idéntica a mí: alta, de hermoso cabello morado y una mirada profundamente madura y serena. —¿Quién… quién demonios eres tú? —pregunté confundida. —Yo soy tú… soy tu yo del futuro. Aquella versión de ti que terminó por perderlo absolutamente todo en este camino —respondió la mujer con la voz pausada. —¿Y qué es lo que quieres de mí en este momento? —He venido a advertirte con la verdad. Vas a morir aquí y ahora en este bosque. Una pequeña sonrisa desafiante se dibujó en mis labios atormentados. —Entonces… si ese es mi destino, moriré intentándolo hasta el último aliento. Mi yo del futuro me contempló con una inmensa ternura reflejada en su rostro. —Eres infinitamente fuerte, Sara. Por favor jamás escuches ni creas en las cosas horribles que digan de ti. Tú continuaste luchando día a día únicamente porque así lo quisiste desde el fondo de tu corazón. —¿Pero qué es lo que se supone que deba hacer ahora…? Ya no me queda ni una sola pizca de fuerza en el cuerpo… —Lo sé perfectamente… —dijo la mujer acercándose a mí—. Pero aun así… ¿no quisieras intentarlo una última vez con todo lo que te queda? Apreté los puños con fiereza en medio de la oscuridad. —Sí… si de verdad quiero llegar a convertirme en una de los 10 Legendarios Héroes del mundo… ¡no me rendiré jamás! Continuará…
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Estás leyendo el capítulo 20 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.