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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 189 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 189: El Peso de los Diez, la Sentencia sobre el Imperio y la Sombra del Trono Punto de vista: Sara, Miranda Riley, El Caballero Oscuro (Emanuel), El Rey del Imperio y Perspectiva General Escena 1: Las Nubes Inertes y la Pregunta de Miranda —Si tan solo yo… —susurró Sara, alzando la mirada hacia el firmamento. Las nubes se desplazaban con lentitud, completamente ajenas a la tensión que desgarraba el plano terrenal. Por momentos le parecía que eran lo único que permanecía inalterable en medio del caos. No se trataba únicamente de Hina ni de la amargura de haberse apartado de su lado para protegerla; era la aplastante carga de los Diez Legendarios Héroes. Habían caído uno a uno en combate. En la actualidad solo quedaban cuatro… o cinco, si se contabilizaba a sí misma. Sin embargo, ella no abrigaba la pretensión de reemplazar al Primer Héroe. Jamás podría hacerlo. —Ni siquiera logro aproximarme a su nivel… —murmuró, apretando los puños con frustración—. Ni una sola pizca de su verdadero alcance. Las advertencias de su otra versión resonaban con claridad en su memoria: si no lograba un dominio absoluto sobre su poder, perecerían en el intento. Y eso era algo que no se podía permitir. No en este momento, cuando la presencia del Dios Nocturno volvía a proyectarse, el rey conquistador de mundos permanecía al acecho y la resurrección de Astaroth era inminente. —El regreso de Astaroth será una realidad… —afirmó con la mirada endurecida—. Debo impedir la resurrección de esa escoria a toda costa. —¿Estarías dispuesta a matar a todos tú sola, Sara? —interrumpió una voz femenina a su espalda. Sara giró lentamente. La persona que avanzaba lo hacía con pasos firmes, postura dominante y una mirada que examinaba cada leve alteración en el entorno: Miranda Riley. El viento agitaba su cabello plateado mientras se detenía a escasos metros. —No te percibo tan animada… ni tan peligrosa como solías ser —comentó Miranda con frialdad—. Dime, ¿ocurre algo que no esté considerando? El silencio entre ambas se volvió denso. Sara desvió la vista por un instante. —Han cambiado demasiadas cosas. —Eso no responde a mi pregunta —repuso Miranda, ladeando ligeramente la cabeza. Sara exhaló un suspiro profundo. —No quiero matar a todos —confesó sin rodeos—. Deseo detener esto antes de que alcance ese punto de no retorno. —Esa no era tu postura en el pasado —señaló Miranda, arqueando una ceja. —Lo sé —reconoció Sara—. Antes asumía que la eliminación del enemigo era la única vía lógica. Pero presencié las consecuencias de ese pensamiento en mi otra versión y en el Primer Héroe. —¿Y cuál es tu postura ahora? —cuestionó Miranda, cruzándose de brazos. —Ahora estoy dispuesta a ejecutar a quien sea necesario… únicamente si no resta otra alternativa —respondió Sara con una resolución absoluta, haciendo que su aura se volviera más densa y estable—. Pero no lo haré motivada por el odio. Miranda apreció la diferencia en su actitud. Ya no se encontraba frente a una combatiente impulsiva, sino ante alguien contenido y, por ende, mucho más peligroso. —El Dios Nocturno ha regresado —sentenció Miranda—. Y Astaroth no es un adversario al que se pueda contener mediante negociaciones. —Lo sé perfectamente. —Entonces responde con claridad —exigió Miranda, dando un paso al frente—. Si llega el momento decisivo… ¿estarías dispuesta a cargar con toda esa sangre tú sola? —Sí —respondió Sara sin dudar ni apartar la mirada—. Si con ello evito que alguien más deba hacerlo. Miranda la examinó durante un momento prolongado antes de que una ligera sonrisa se dibujara en su rostro. —Bien. Entonces deja de contemplar el cielo esperando una salvación milagrosa. Entrena, domina tu poder y supera a tu otra versión. Porque cuando Astaroth despierte… no habrá segundas oportunidades. Miranda comenzó a dar media vuelta, pero las palabras de Sara la detuvieron. —Yo… tengo miedo, Miranda —dijo Sara con la voz quebrada por la vulnerabilidad—. Mucho miedo. Más del que puedes imaginar. No quiero que mi mejor amiga se involucre en esta guerra, y mucho menos su familia. Presencié cómo sufrió por mi supuesta muerte… la vi destruirse. No quiero verla llorar otra vez por mi causa. —Sara… aunque intentaras alterar los acontecimientos, no podrás evitar el desenlace —intervino Miranda con una firmeza exenta de crueldad—. No hay manera. Y eso aplica también para Queen. —¿Por qué…? —preguntó Sara con el aire atascado en la garganta. —¿Para qué mentirte? —suspiró Miranda—. Esa chica morirá. Jamás podrías salvarla. ¿Recuerdas lo que le ocurrió al Primer Héroe? Intentó proteger a todos y terminó perdiéndose a sí mismo. Ya ocurrió con Carlos. Y si ella mantiene su postura actual, llegará el momento en que deberá enfrentar la realidad: tendrá que matar a la única persona que no desea lastimar. El impacto de las palabras dejó a Sara en absoluto silencio mientras a lo lejos resonaban los ecos de la confrontación entre Carlos y Shiro. —Si no cambias tu historia… la historia te arrastrará —concluyó Miranda. —No cambiaré mi historia —respondió Sara, limpiándose las lágrimas de los ojos—. Pero tampoco permitiré que termine del mismo modo. Escena 2: La Sombra de la Corona del Caos y la Partida de Miranda Miranda sostuvo la mirada de Sara unos segundos más antes de bajar ligeramente la intensidad de su tono. —Me alegra que permanezcas con nosotros, Sara —expresó—. Si no te hubiéramos rescatado a ti y al resto del enfrentamiento contra el conquistador de mundos, no estaríamos manteniendo esta conversación. Fuimos afortunados al huir. Ninguno de nosotros posee la capacidad para derrotar a semejante entidad. Sara no objetó la afirmación, pues conocía de primera mano la magnitud de esa amenaza. —Recuerda nuestro principio —continuó Miranda—: no luchamos para perecer como débiles, sino para preservar a los demás. La vida de una persona es más prioritaria que cualquier pretensión de gloria. Si me toca caer, quiero que asumas el liderazgo de los supervivientes que logramos rescatar. Sus mundos fueron borrados de la existencia. El ambiente se volvió aún más riguroso. Solo restaban dos opciones estratégicas: evitar la incursión del conquistador o intervenir directamente sobre Carlos para sumarlo a sus filas. —Dime algo, Sara… ¿qué es lo que percibes realmente con respecto a Carlos? —preguntó Miranda. —No tengo certeza absoluta —admitió Sara—. Pero ese chico me genera una profunda desconfianza. Percibo que oculta algo que el resto ignora. Lo he mantenido bajo vigilancia. —Tiene aliados con un poder desmedido —señaló Miranda. —Cada uno de sus acompañantes se sitúa por encima de una entidad divina —coincidió Sara—. Recuerdo a la joven de cabello rubio y mirada distante… y a la criatura que la escoltaba. Emperor. Ella pertenece a La Corona del Caos, uno de los quince grandes reinos. La vi sostener el combate contra el Dios Nocturno sin ceder terreno. Sara apretó los puños al rememorar la escena. —Carlos no es un individuo ordinario. Es capaz de adaptarse y superarse incluso cuando sus fuerzas parecen agotadas. Su aura se rompe y vuelve a reconstituirse continuamente. Esas llamas le permiten erigirse de nuevo. Y eso es lo que más me inquieta. Si el Dios Nocturno intentó manipularlo y su poder sigue incrementándose… no sabemos si estamos presenciando el desarrollo de un aliado crucial o el surgimiento de algo que superará al propio conquistador. Miranda la observó en silencio y luego asintió levemente. —Parece que hemos encontrado un escenario complejo, Sara. Sin embargo, debo retirarme a resolver asuntos pendientes. Tómate un tiempo para evaluar la situación. Si deseas ver a tu amiga, hazlo; solo mantén la distancia y evita revelar tu presencia. —Regresaré hacia el Caballero Oscuro —concluyó Miranda antes de disolverse entre las sombras. Escena 3: La Infiltración del Caballero Oscuro y los Recuerdos Borrados Mientras tanto, en las inmediaciones del Reino del Imperio, la figura del Caballero Oscuro —Emanuel— avanzaba entre los techos, oculto por capas de sombra. La capital imperial proyectaba un aspecto de absoluta normalidad: comerciantes en las calles, patrullas de la guardia y tráfico habitual. No obstante, Emanuel percibía una anomalía latente en la vibración del mana. Al posicionarse sobre la aguja de una torre con vista al palacio central, captó una pulsación de energía oscura que se originaba desde las capas profundas del recinto. —Esto no es un movimiento político… es un ritual —murmuró Emanuel al notar que una bandera imperial ondeaba sin la presencia de viento. Descendió hacia los niveles inferiores sin emitir sonido y se adentró en los distritos residenciales de su pasado. Las calles se le figuraban más estrechas y frías. Se detuvo frente a una vivienda abandonada de madera deteriorada y ventanas rotas. —Todo lo que conservaba aquí representaba mi único medio para no olvidar quién era —expresó en voz baja. Empujó la puerta envejecida y caminó hacia la habitación posterior. Se arrodilló sobre las tablas del suelo y retiró un panel suelto, extrayendo una caja de metal negro sellada con un grabado rúnico que respondió de inmediato a su toque de mana. Al abrir la estructura, halló un medallón fracturado, un fragmento de cristal oscuro y un cuaderno de anotaciones. Al hojear el manuscrito, reconoció su caligrafía, aunque no recordaba la redacción de múltiples pasajes. Las páginas finales mostraban manchas oscuras y una inscripción destacada: "Si estás leyendo esto, significa que ya olvidaste. Y si olvidaste… fue por tu propia decisión. Yo lo acepté. Yo lo invoqué. Y yo pagué el precio." El cristal oscuro comenzó a emitir una vibración constante mientras el ambiente en la habitación descendía de temperatura. Emanuel cerró el cuaderno al tiempo que los fragmentos de su memoria se reordenaban con violencia: el recuerdo de su juventud como plebeyo, el desprecio sistemático ejercido por el hijo de la nobleza en la plaza pública y la amenaza proferida en aquel entonces. Comprendió que el incendio en que perecieron sus padres, la emboscada a sus aliados, la ejecución de su esposa y la desaparición de su hija no obedecieron a la casualidad, sino a una orden directa ejecutada por el antiguo noble que hoy ocupaba el trono imperial. Una lágrima cayó sobre la madera reseca mientras el odio retornaba a su ser de manera fría y calculada. —Mandaste a ejecutar todo lo que constituía mi vida… y ahora te ostentas como rey —articuló Emanuel, poniéndose de pie y apretando el medallón roto—. Que se desintegre este reino. Escena 4: La Caída de los Caballeros e Irrupción en el Palacio Emanuel abandonó la vivienda y se dirigió hacia los perímetros defensivos del imperio. Una neblina densa e inusualmente pesada comenzó a cubrir el perímetro urbano, dificultando la visibilidad de las patrullas. —¿Qué es esa bruma? —cuestionó uno de los caballeros imperiales al divisar una figura emergiendo de la oscuridad. Antes de que pudiera maniobrar, un destello de energía negra atravesó la armadura de su compañero, provocando la desintegración inmediata del cuerpo en una onda de choque contenida. El caballero restante desenfundó su espada con manos temblorosas y arremetió con un corte vertical directo al cuello de Emanuel. —¡Muere! —gritó el guardia. Emanuel no realizó ningún movimiento evasivo. Un trazado de energía azabache cruzó el aire de forma imperceptible. El caballero sintió un vacío inmediato antes de que su decapitación se ejecutara con absoluta precisión. Su cabeza rodó sobre el pavimento mientras la figura de Emanuel continuaba su marcha sin reducir el paso. Las campanas de alarma del imperio comenzaron a repicar desde las torres principales. Arqueros alineados sobre las murallas lanzaron una lluvia de proyectiles hacia la plaza central. La neblina se replegó alrededor de Emanuel, deteniendo las flechas a escasos centímetros de su cuerpo antes de devolverlas con mayor propulsión hacia las almenas, neutralizando a las unidades defensivas en cuestión de segundos. Desde el balcón superior del palacio, el Rey del Imperio observaba el avance. A su lado, el Comandante Imperial mantenía la mano sobre la empuñadura de su arma. —Así que lograste sobrevivir… —murmuró el monarca con expresión fría. —Majestad, permítame descender para interceptarlo —solicitó el comandante. —No —ordenó el rey con una leve sonrisa—. Deseo presenciar su aproximación. Emanuel se detuvo frente a los portones principales del palacio. Las estructuras de acero selladas con runas ancestrales comenzaron a brillar en tonalidades carmesí. Emanuel colocó la palma de su mano sobre la superficie metálica, activando la marca rúnica de su pecho. La neblina giró en un vórtice violento. Fracturas profundas se extendieron por el metal y la mampostería hasta que las puertas principales saltaron en mil pedazos hacia el interior del salón central. Emanuel dio un paso al frente sobre los escombros, con la mirada fija en las escaleras que conducían al trono imperial. La confrontación directa contra el dominio del rey había comenzado.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 189

Estás leyendo el capítulo 189 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.