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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 166 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 166: El Dominio del Insomnio y la Sombra del Demonio Nocturno Punto de vista: Shiro Shimizu, Carlos Tanaka Sánchez y Perspectiva General Considero que ha llegado el momento de retornar a la superficie. Conservo un asunto de resolución prioritaria. Comprobemos la escala de potestad que he alcanzado. Emergí cual proyectil desde lo más profundo del lecho acuático, provocando que el agua se elevara en una columna colosal de vapor y energía pura. El Dios Nocturno, Gojo y los demás combatientes quedaron petrificados al percibir una presencia sumamente aterradora que distorsionaba la trama misma del aire. Sin que nadie consiguiera rastrear mi desplazamiento, me posicioné a las espaldas de la entidad en una fracción de segundo. Invoqué la Lluvia de Rayos de Oscuridad, pero en esta ocasión la energía adoptó una fisonomía física y descomunal: un dragón titánico de escamas marrones y ojos afilados que fulguraban con una sed de ira insaciable brotó de las penumbras. Sus garras colosales se expandieron hacia el Dios Nocturno, aprisionándolo con un vigor que hizo crujir su aura divina. La bestia lo estampó contra la superficie del mar con una violencia que sacudió los cimientos de la tierra. —Es hora de que atestigües mi verdadero dominio. Entre la vida y la penumbra se configura la existencia eterna de sangre... ¡Mi mundo, despliega lo que somos capaces de ejecutar! ¡Campo Insomnio Neutral! El cambio resultó radical y absoluto. El entorno que conocíamos se disipó en un parpadeo: el lago, las montañas y el firmamento fueron reemplazados por un vacío infinito, un agujero negro salpicado de estrellas que orbitaban a una velocidad vertiginosa. En esta dimensión, yo representaba la ley y la ejecución. Gojo me contempló con un semblante inédito en él: puro y genuino asombro. —Parece que te noto sumamente sorprendido, Gojo. Por ahora, déjame esta labor a mí. No deseo que tú ni esa muchacha se interpongan. Esto es un asunto de carácter personal que debo liquidar. Representa mi deber mantener bajo control a Carlos y, para consolidarlo, lo voy a liberar de las garras del Dios Nocturno ahora mismo. El Dios Nocturno pretendió erguirse dentro de mi estructura, pero descubrió que en el Campo Insomnio Neutral sus facultades se filtraban directamente hacia el vacío. Yo me desplazaba sobre la nada, aproximándome a él con la elegancia de un depredador ápice. Mis nuevos brazos relucían con una luminosidad rosada y azul, dispuestos para desgarrar el vínculo entre la entidad y la corteza de mi compañero. —Dejaste de ser el cazador —sentencié con una voz que retumbó en cada rincón del agujero negro—. No eres más que un parásito que ha olvidado su jerarquía. El Dios Nocturno rugió de rabia, procurando convocar su propia negrura, pero únicamente consiguió expeler más sangre oscura. La mirada de Carlos, prisionera tras el velo de la posesión, se fijó en mí. Por primera vez en la contienda, el terror mutó de bando. Cerré los ojos por un instante, ignorando la presión del vacío, y pronuncié con un tono que cortó la atmósfera: —Descielos de la Muerte Escarlata. La hoja de mi espada respondió al llamado, vibrando con una intensidad reminiscente a una Excalibur, pero imbuida de una esencia infinitamente más oscura y ancestral. El Dios Nocturno me observó con una sonrisa cargada de perversidad: —Vaya, vaya... Te has vuelto verdaderamente fuerte. Pero dime algo: ¿qué fue exactamente lo que ejecutaste allá abajo? —¿De verdad asumes que te lo voy a revelar, pedazo de chatarra? —repliqué con desprecio—. Tengas la naturaleza que creas ostentar, no serás capaz de prevalecer en el cuerpo de Carlos. Porque él está combatiendo desde el interior. Parece que tu estrategia resultó tal como la calculaste, Tanaka Sánchez. El rostro de la entidad se contrajo al escuchar ese nombre, asimilando que sus secretos habían dejado de estar a salvo. Escena 2: El Reino Temporal de la Sangre y el Juicio En un milisegundo de sincronización perfecta, Carlos y yo activamos el Reino Temporal. Fuera de nuestro perímetro, la fluidez del tiempo se detuvo por completo. Gojo, Eime y Emperor permanecieron inmóviles, contemplando nuestras figuras suspendidas en medio del plano de combate. Pero dentro del Reino, la realidad era una pesadilla sangrienta. Carlos se hallaba sentado en un trono de piedra negra, observando al Dios Nocturno con una frialdad y una decepción que helaban la sangre. Ceñía una corona de espinas azabache sobre sus sienes. Mientras permanecía sometido, Carlos había conseguido manifestar un Reino Temporal único, nutrido por su técnica de Espada de Sangre y Luna de Sangre. El espacio se distorsionaba mientras hilos de sangre corrían bajo su trono, configurando un océano escarlata. La luna se iluminó con un resplandor carmesí y los ojos de Carlos mutaron a un rojo profundo, fusionando el poder nocturno con la esencia sangrienta de su linaje. —Creo que ha llegado la hora de que haga su aparición la Red Blood Association —decretó Carlos con una voz desprovista de matiz humano—. Su Líder Supremo los está convocando. De las sombras del Reino Temporal comenzaron a emerger figuras encapuchadas: una legión de guerreros que habían jurado lealtad a la sangre mucho antes de que esta era tuviera origen. La mirada de Carlos reflejaba un vacío absoluto, la mirada de quien ha aceptado su destino como el soberano de la destrucción. Una sonrisa de orgullo se dibujó en mi rostro a pesar de la gravedad del escenario: —Ha transcurrido bastante tiempo desde la última vez que te contemplé en este estado, mi querido alumno —susurré. El Dios Nocturno se descubrió acorralado entre dos fuerzas descomunales: mi espada escarlata y el trono sangriento de Carlos. La cacería había concluido; ahora iniciaba la fase de ejecución. Múltiples sombras irrumpieron de golpe en medio del caos. Yuki, Kai, Fer, Eime y Eric se manifestaron con auras penetrantes y siniestras que emanaban de sus fisonomías como un fuego oscuro que consumía la realidad. Los sesenta y ocho guardianes de Carlos rodearon el área, erigiendo un cerco de protección absoluta ante el reencuentro entre el Dios Nocturno y Yuki. La presión atmosférica resultaba insoportable y el suelo temblaba bajo el peso de tantas voluntades colosales reunidas en un solo punto. El Dios Nocturno rompió el silencio con un tono impregnado de ironía cruel: —Oh, ya comprendo... Resulta sumamente interesante y todo cobra sentido en este momento —expresó mientras examinaba a los recién llegados—. Déjame interrogarte algo: por mera casualidad, ¿eres tú el Demonio Nocturno? Al escuchar semejante enunciado, los ojos de Carlos se endurecieron con una expresión de absoluto rigor. —Ya veo... De modo que conoces mi verdadera identidad —respondió Carlos mientras una sombra de amargura velaba sus facciones. —¡Por supuesto! —prosiguió el Dios Nocturno con una mueca de pura maldad—. Fuiste tú quien extinguió la vida de todos en tu existencia anterior. Carlos Tanaka Sánchez, conocido como el Demonio Nocturno. Un chiquillo que vino al mundo con una maldición que jamás podría ser sanada entre la vida y la muerte. Solo existen las llamas del infierno que un mortal no debería poseer al nacer. Durante eras, todos te percibieron como un arma destructiva, un instrumento que todos anhelaban manipular para satisfacer los caprichos de la nobleza y la realeza. La entidad transitó libremente a través de las memorias de Carlos mientras los guardianes conservaban un silencio sepulcral, vigilando cada uno de sus movimientos. —En aquellos años fuiste tú quien terminó completamente solo. Presenciaste la caída de cada aliado y amigo que consolidaste en vida. Fueron ejecutados por los altos mandos y los abismales, pero la historia no concluyó ahí. En tu arrebato, desafiaste a los clanes más dominantes de mi era en el transcurso de tan solo cinco años. La diferencia sustancial es que los masacraste a todos impulsado por el odio y la venganza por los cados que permanecieron a tu lado —sentenció el Dios Nocturno, procurando desestabilizar el juicio mental de Carlos—. Es una cualidad admirable en ti ser capaz de todo, pero habiendo sido incapaz de mantenerlos a salvo. Aquellas palabras retumbaron como un trueno en la mente de Carlos, evocándole el peso de cada existencia que no logró salvaguardar y la estela de sangre que trazó su paso por el mundo antiguo. Shiro apretó las empuñaduras con violencia al percatarse de cómo el enemigo utilizaba el pasado de Carlos para hundirlo en la desesperanza. Los guardianes registraron la oscilación en la firma energética de su líder, pero no dieron un solo paso atrás. Yuki sostuvo la mirada fija en la entidad, consciente de que la verdad resultaba dolorosa, pero indispensable para que Carlos asumiera su auténtica naturaleza. El Dios Nocturno se deleitaba con el tormento que generaba, asumiendo que al rememorar su fracaso como el Demonio Nocturno, Carlos finalmente cedería ante la penumbra definitiva. Escena 3: El Honor del Caballero y la Sincronización —Noto que te encuentras profundamente documentado sobre todo —manifestó Carlos con una voz que vibraba con rabia contenida—. ¿Acaso fue mi hermano quien te lo reveló? Tendría bastante sentido. Desde que fui ejecutado por las personas en quienes más deposité mi confianza y me dieron la espalda, jamás imaginé los verdaderos planes de mi hermano mayor. Y ahora que te encuentras de retorno... ¿únicamente viniste para asesinar a Shiro o me equivoco? La mención de su hermano mayor atrajo un frío gélido al plano de combate, al descubierto una red de conspiraciones extendida por siglos. El Dios Nocturno soltó una carcajada que resonó como láminas de metal colisionando entre sí: —¿Por qué pretendes juzgar lo que ejecutaste hace un milenio? Mataste... Si vamos a abordar las matanzas, tú tampoco te salvas, chiquillo estúpido. Observa lo que tú mismo provocaste. Asesinaste únicamente porque asumías que si ejecutabas todo a la perfección obtendrías el respeto y el valor necesarios para auxiliar a tu hermano. Pero representó una equivocación rotunda de tu parte. ¿Conoces acaso las verdaderas causas de la muerte de tus amigos y de tus progenitores? El Dios Nocturno esbozó una sonrisa peligrosa mientras proseguía con su tormento psicológico: —¡JAJAJAJAJAJA! Qué escena tan patética. Para ostentar un rol tan trascendental, no representas nada. Desconoces el deleite que me produjo saber que existía alguien tan formidable y similar a mi ser, pero resultaste ser un inútil. ¿Con qué propósito alguien de tu estirpe nacería con esas llamas del infierno? Un fuego que nos afectaría a todos, excepto a mí. Porque tiempo atrás existió un héroe capaz de presentar algo de batalla. Fue el primer héroe de hace mil años, y tú conoces perfectamente su identidad: Shiro Shimizu. Al invocar el nombre de la Shiro original, la atmósfera del recinto se volvió irrespirable. —Es una lástima que haya perecido de una forma tan aplastante —prosiguió la entidad con una risa de incredulidad que hacía estremecer el espacio—. Incluso los abismales experimentaron el verdadero terror de un Nocturno en aquel entonces. La revelación de que la Shiro del pasado fue erradicada de forma tan brutal sumió a la Shiro presente en un estado de shock absoluto, mientras Carlos sentía cómo sus propias llamas del infierno comenzaban a desbordarse ante la agonía del recuerdo. El Dios Nocturno se regocijaba en el caos emocional que había sembrado. Los guardianes se hallaban a punto de lanzarse al ataque, pero la presión de la entidad era tan vasta que parecía encadenarlos al suelo. Carlos apretó la empuñadura de su espada con tal intensidad que sus nudillos perdieron todo color. El pasado no era únicamente una carga: era una trampa concebida por su propio hermano y ejecutada por el monstruo que usurpaba su cuerpo. —Ah, por cierto... ¿Qué fue de tu honorable caballero Henry? ¿Acaso fue él quien te rescató para recordar quién eras? —el Dios Nocturno escupió las palabras como veneno puro—. Qué sujeto tan estúpido. ¿Para qué hacer recordar a alguien si al final lo abandonaste a su suerte para morir? Aunque sea un desenlace trágico, no me causa el menor interés: para mí pereció por ser el más débil. ¿Qué sucede ahora, Carlos? ¿Acaso estás aterrorizado? ¿Tienes miedo de quebrarte por intentar alterar el destino de los Reinos? Nadie comprende lo que implica vivir una existencia colmada de convicción y destrucción. Todos ustedes serán devorados por un Dios. Carlos bajó la mirada por un segundo mientras el silencio pesaba abrumadoramente sobre el terreno. Sin embargo, de pronto, un par de palmaditas resonaron sobre sus hombros y una expresión de serena determinación iluminó su rostro. —Tal vez tengas razón —expresó Carlos elevando la vista—. Henry no murió por ser débil. Él entregó su propia vida para concedernos una segunda oportunidad a mí y a sus camaradas. No voy a tolerar que un sujeto como tú utilice su nombre para mancillarlo. Él es el ser humano más humano que he conocido en toda mi existencia. Él representó el ejemplo de lo que yo jamás logré comprender. Te guste o no, él posee muchísimo más valor que tú. Al escuchar esto, el Dios Nocturno frunció el ceño con una furia incalculable: —¡Maldito mocoso insolente! Parece que te estás metiendo con la persona equivocada. Sin articular una sola palabra más, la entidad parpadeó frente a nosotros con una velocidad asesina. Carlos reaccionó al instante, empleando su Espada Sangrienta para bloquear el impacto inicial. Nuestras armas vibraban con una explosión de energía cada vez que colisionaban, y ambos se desplazaban a escalas sobrehumanas distorsionando el espacio. Yo no me quedé atrás e intervine ejecutando mis Cortes de Oscuridad. Carlos y yo nos coordinamos de manera instintiva, utilizando nuestros desplazamientos para confundir los sentidos del Dios Nocturno. Cada vez que él pretendía asestar un golpe a Carlos, mis cuchillas de sombra lo forzaban a replegarse; y cuando buscaba concentrarse en mi posición, la sangre lunar de Carlos amenazaba con atravesar su defensa. La velocidad de los intercambios era tan abrumadora que únicamente quedaban estelas de luz roja y púrpura flotando en el aire. Cada impacto y cada choque de nuestros ataques se tornaban progresivamente más pesados, como si moviéramos cordilleras enteras con las manos. La presión atmosférica colapsó bajo la magnitud de nuestras técnicas coordinadas. El Dios Nocturno rugió de frustración al percatarse de que no podía romper nuestra sincronización. De pronto, una ráfaga de viento devastadora surgida del epicentro del choque nos hizo retroceder a todos violentamente. Nos detuvimos a varios metros de distancia, con las espadas aún vibrando por la fricción. Carlos respiraba con dificultad, pero sus ojos relucían con el fuego de las llamas del infierno, ahora bajo su control absoluto. Shiro se mantuvo firme a su lado, con su aura rosada fluyendo como un torrente de tiempo. El Dios Nocturno nos contemplaba con odio puro, comprendiendo que la voluntad de Henry continuaba viva a través de nosotros y que este simple humano y su maestra estaban a punto de lograr lo imposible.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 166

Estás leyendo el capítulo 166 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.