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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 164 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 164: El Rompimiento del Sello y el Colapso del Infinito Punto de vista: Eime, Carlos, Gojo Akinori, Shiro Shimizu y Perspectiva General El Dios Nocturno se llevó a Shiro convencido de que ella representaba el punto débil de todos los presentes, pero no advirtió que Eime lo perseguía a una velocidad infinitamente superior para cortarle el paso. «Yuki no debe enterarse bajo ninguna circunstancia de este desastre», razonaba Eime mientras cortaba las nubes a una velocidad cegadora. «Si llegara a asimilar que nuestro líder ha sido poseído por la entidad del Dios Nocturno, sería una tragedia de proporciones irreparables. No voy a permitir que vuelva a revivir aquel trauma del pasado. Sin embargo... Shiro no se parece en nada a la guerrera que conocí en la vida anterior de Carlos. ¿Acaso en su juventud era así de débil? No veo por ningún lado a la combatiente más formidable de la historia. Existe algo que le frena el avance. ¿Será porque su verdadero ser permanece bajo un sello y ni siquiera ha tomado conciencia de lo que ocurre? Cielos... si mis deducciones son correctas, estamos en una posición infinitamente más jodida de lo que calculaba.» «¡Eime!» La voz de Carlos resonó abruptamente en el entramado de su mente, arrastrando un esfuerzo sobrehumano para filtrarse. «Tienes que matarme en este mismo instante. Si no lo ejecutas ya... él va a erradicar a todos.» Eime apretó los dientes con severo fastidio: —Ya te lo había dejado claro, idiota: no vas a morir. ¿Por qué mierdas no lo entiendes de una buena vez? —la mirada de Eime reflejó una profunda incomodidad ante las ocurrencias de Carlos—. Lo único crucial en este momento es rescatar a Shiro. ¿Tienes alguna estrategia, Carlos? ¿Existe la posibilidad de que lo enfrentes directamente dentro de tu plano mental? El matiz de Carlos mutó a uno considerablemente más analítico e implacable: «Veamos... Si el Dios Nocturno llega a consolidar el dominio absoluto de mi corteza, desencadenará problemas verdaderamente graves. ¿Pero de verdad asumes que me voy a dejar pisotear por un don nadie, Eime?» Una sonrisa siniestra se dibujó en el rostro del joven, reflejada en las aguas oscuras de su paisaje mental. «Por supuesto que prevalecería si esto se redujera a un combate de pura tenacidad mental. Déjame esta labor a mí. Creo que tengo trazada una idea, Eime. Ha llegado el momento de romper el sello, ¿no es así?» Eime se tensó al descifrar la implicación del enunciado: —Espera un segundo, Carlos... ¿No me digas que pretendes traer a la Shiro original de regreso rompiendo su sello en este preciso instante? «Grábate esto bien, Eime: ella es la única entidad capaz de pulverizar al Dios Nocturno. Conozco de primera mano el alcance de su poder. Si ni siquiera yo fui capaz de vencerla en una sola ocasión, es porque ella se ubica por encima de todos nosotros. Yo ocupo el tercer puesto entre los más fuertes; el segundo le pertenece a su hermano. Pero ella... ella es la cima absoluta. Ese monstruo que habita en mi cuerpo no tiene la menor idea de que acaba de secuestrar a su propia erradicación. Escucha con atención el plan.» Tras varios minutos de intercambio mental, Eime comprendió cada engranaje de la estrategia a la perfección. Emperor recibió la orden directa e inmediata de Eime para arremeter contra el Dios Nocturno sin el menor margen de contención. Una luminiscencia enceguecedora emanó del filo de su hoja mientras canalizaba la técnica más destructiva del mundo. —¡Golpe Cósmico Estelar de la Luz! El poder de su magia y su aura se entrelazaron, modelando una manifestación del cosmos mismo que iluminó la totalidad del firmamento oscuro. A través de aquella fulguración estelar, una lluvia de hechizos masivos brotó del impacto, proyectándose en ráfaga directamente hacia el Dios Nocturno. Los ataques fueron disparados a una velocidad que rebasaba la percepción humana, al tiempo que la trama del tiempo mismo comenzaba a tornarse densa y pesada. Justo en el instante en que el Dios Nocturno intentaba repeled el bombardeo cósmico, una figura irrumpió en el centro del espacio. Era un joven de cabellera tan blanca como la nieve y ojos de un azul celeste que evocaban la profundidad del océano. Su sola presencia hacía que la realidad vibrara con una frecuencia jamás registrada. Sin articular una sola palabra, se arrojó al ataque contra el Dios Nocturno con una ferocidad implacable. Un destello de luz púrpura destructiva brotó de sus manos mientras desplegaba miles de impactos potenciados al tres mil por ciento. La potencia de su magia resultaba tan absurda que el espacio alrededor de la entidad comenzó a colapsar sobre su propio eje. El Dios Nocturno se vio acorralado simultáneamente por la ofensiva estelar de Emperor y la tempestad púrpura del misterioso joven, quedando atrapado en un vórtice de energía pura que desintegraba todo lo que tocaba. —¡Malditos insectos! —rugió la entidad, intentando erigir una barrera de sombras que se resquebrajaba bajo la presión de los ataques coordinados—. ¡Jamás había experimentado una presión tan orquestada desde la guerra de hace un milenio! Shiro observaba desde su posición cómo la estrategia trazada por Carlos y Eime comenzaba a rendir frutos. El cuerpo de Carlos estaba siendo resguardado por la misma luz que lo atacaba, filtrando el impacto para que únicamente la entidad sufriera el daño. Eime contempló al joven de cabello blanco con una mezcla de asombro y recelo. Desconocía su identidad, pero su poder representaba la pieza que faltaba para inclinar la balanza de forma definitiva. Shiro aprovechó aquel instante de vulnerabilidad absoluta del enemigo para canalizar su propio flujo energético, ahora que el sello se había roto por completo. El aire se saturó de un aroma a ozono y magia ancestral mientras los tres guerreros mantenían al Dios Nocturno contra las cuerdas, aguardando el embate final de la Reina. Escena 2: El Abismo de los Reyes Celestiales Aquel individuo que acababa de irrumpir no era otro que Gojo Akinori, el chico al que Shiro siempre acostumbraba molestar. Se había arrojado directamente al epicentro del conflicto para intervenir. Gojo comprendió de inmediato que la figura frente a él ya no era Carlos, sino un impostor que pretendía erradicarlo todo para figurar como un villano carente de convicción. El ataque combinado de Emperor y Gojo detonó de lleno ante la entidad, envolviéndola por completo en una explosión semejante a una bomba atómica siniestra que barrió los cielos. La ráfaga de viento se tornó extremadamente violenta debido al choque de energías masivas. A través de la densa humareda, el Dios Nocturno emergió abalanzándose hacia Gojo con la intención explícita de matarlo. Sin embargo, Gojo, exhibiendo una calma aterradora, detuvo la fluidez del espacio-tiempo, esfumándose de su línea de visión para reaparecer y propinarle una patada de una potencia descomunal. El Dios Nocturno salió proyectado como un misil, impactando con violencia contra un lago cercano, mientras Gojo lograba sostener a Shiro firmemente entre sus brazos para ponerla a salvo. —¿Qué sucede, princesa? ¿Acaso tu príncipe azul terminó bajo el agua? Es una pena lamentable, ¿verdad? —Gojo observó a Shiro con una sonrisa ladeada, rompiendo la tensión con su habitual arrogancia—. Mujer loca, ¿qué demonios te pasa ahora? Te noto demasiado traumada. Por primera vez en los anales de la historia, un simple usuario del infinito le estaba haciendo frente a un monstruo que había erradicado un millón de mundos eternos. Un simple humano estaba humillando al Dios más temido. Desde las profundidades del lago, una columna de agua negra se elevó directamente hacia el firmamento. El Dios Nocturno emergió con la fisonomía desencajada por la rabia. Su capacidad regenerativa lo mantenía operativo, pero su orgullo había sido herido de muerte. Nadie lo había tocado jamás de esa forma, y mucho menos un mortal que manipulaba las leyes del espacio. Shiro, aún contenida en los brazos de Gojo, sintió cómo el flujo del sello roto terminaba de recorrer sus venas, concediéndole la claridad mental para comprender que Gojo no era un estudiante ordinario, sino alguien que custodiaba un secreto tan insondable como el infinito mismo. —Dime, Shiro Shimizu... ¿qué fue exactamente lo que ocurrió aquí? Ya ni siquiera percibo la firma mágica de Carlos —Gojo mantenía la guardia firme mientras la interrogaba, pero el Dios Nocturno no se daba por vencido. Una sonrisa retorcida y perversa emergió desde la superficie del agua, sucedida por una carcajada repleta de desprecio: —¡JAJAJAJAJA! Qué fascinante... un simple mortal me ha mostrado algo verdaderamente interesante. Valdrá totalmente la pena pisotearlos a todos al mismo tiempo. Qué agonía, no presenciaba algo de este calibre desde hace quinientos noventa años. De todos los mundos por los que he transitado, no me había topado con un usuario del infinito. Esto es algo inédito para mí... pero sabes una cosa: no eres el único que puede ejecutar esta clase de trucos. El ambiente se volvió sumamente denso. Una energía oscura e inusual con destellos azules brotó del cuerpo de la entidad, envolviéndola en un aura aterradora. —Esta contienda no se parecerá a las anteriores... esto se ha vuelto personal. El ser más temido de la historia contra el estudiante más fuerte de la era actual. Dos leyendas cruzando miradas con una sed de sangre que hacía temblar la estructura del universo. Shiro estaba aterrorizada. Algo en su fuero interno se negaba rotundamente a ver morir a nadie más. Los traumas de su pasado y la catástrofe presente la estaban destrozando por dentro, nublando su criterio de combatiente. En un arranque de desesperación y dolor, se zafó de los brazos de Gojo para arremeter contra la entidad por su cuenta. Desapareció a una velocidad vertiginosa buscando conectar un impacto definitivo, pero su ofensiva fue neutralizada con una facilidad espantosa. —¡Noooo, Shiro! —el grito de Gojo rasgó el aire, pero ya era demasiado tarde. El Dios Nocturno se desplazó con una precisión quirúrgica y le arrancó ambos brazos de un solo tirón. La sangre caliente salpicó el rostro de la entidad mientras Shiro liberaba un alarido de agonía pura que heló la sangre de los presentes. —¡AHHHHHHHH! El líquido vital brotaba de forma incontrolable mientras ella caía en un estado de shock traumático. Sin el menor atisbo de piedad, el Dios Nocturno giró sobre su eje y le asestó un golpe descendente devastador. El cuerpo mutilado de Shiro salió disparado hacia abajo, impactando con un estruendo brutal contra el Lago de los Reyes de Mares Celestiales. El agua sagrada se tiñó de un rojo denso mientras la figura de la chica se hundía en el abismo. Gojo Akinori permaneció petrificado por una fracción de segundo, observando cómo la profundidad devoraba a Shiro. El Dios Nocturno se lamió la sangre de los dedos con una satisfacción absoluta. —Y bien, usuario del infinito... —cuestionó la entidad con una voz que parecía emerger del mismo infierno—. ¿Todavía asumes que puedes jugar al héroe en mi dominio? La verdadera batalla de desgaste acababa de comenzar, y el precio de entrada había sido la vida de la persona a la que Gojo debía resguardar. —Maldito bastardo... Gojo bajó la mirada mientras el espacio a su alrededor comenzaba a crujir bajo una presión gravitatoria insoportable. Por segunda vez en toda su existencia, sus ojos mutaron de forma, adquiriendo aquel brillo gélido y absoluto que únicamente había desplegado en su enfrentamiento contra Lucifer. Su aura eclosionó con una magnitud tan destructiva que el suelo bajo sus plantas se redujo a polvo instantáneamente. Sin articular una sola palabra más, se esfumó en el espacio. Un estruendo metálico sacudió la atmósfera cuando las hojas de Gojo y el Dios Nocturno colisionaron en el centro del lago. Ambos se desplazaban a velocidades que desafiaban toda lógica, siendo perceptibles únicamente por las ráfagas de luz que proyectaban a su paso. Emperor y Eime no se quedaron atrás e irrumpieron de inmediato para flanquear a la entidad, uniendo sus capacidades en una ofensiva total. Era un combate de tres contra uno. Un duelo que parecía nivelado para el Dios Nocturno, pues encaraba a un ejército de escala divina por sí solo. Sin embargo, por más que ejecutaran, la escala de poder de la entidad continuaba sintiéndose inalcanzable. Tal vez Eime fuera la única capaz de sostener un enfrentamiento de varios días contra él sin ceder, pero el tiempo era un recurso inexistente mientras Shiro se precipitaba al fondo del lago. Los tres ejercían una presión asfixiante sobre el enemigo. Emperor proyectaba estocadas de luz cósmica que desgarraban la trama de la realidad, mientras Eime empleaba su magia ancestral para clausurar toda vía de escape para la entidad. Gojo, impulsado por una furia helada, utilizaba el infinito para percutir desde ángulos imposibles, convirtiendo cada impacto en una sentencia espacial. Las múltiples colisiones de sus armas hacían temblar el mundo con ondas destructivas que evaporaban el agua del Lago de los Reyes al contacto. El Dios Nocturno se defendía sin perder la sonrisa, bloqueando y desviando la danza de acero y magia con una elegancia aterradora. Las ondas de choque resultantes pulverizaban las cordilleras lejanas, transformando el terreno en un cráter absoluto donde solo prevalecía la voluntad de matar. A pesar de la embestida coordinada de los tres guerreros más formidables de la era, la entidad parecía alimentarse del propio conflicto. Cada vez que Emperor o Gojo conseguían rozarle la piel, el aura azul oscura del Dios Nocturno se densificaba, preparando una detonación de energía capaz de borralos a los tres de la existencia en un instante. Gojo Akinori comprendía perfectamente que no podían prolongar ese ritmo por mucho tiempo. El intercambio continuo agotaba el oxígeno y la realidad misma comenzaba a resquebrajarse. Aprovechando que Emperor y Eime mantenían saturados los flancos de la deidad con una lluvia de estocadas y encantamientos, Gojo decidió apostarlo absolutamente todo a un único movimiento. El tiempo pareció congelarse para Gojo. Sus ojos azules, transformados en espejos de un vacío absoluto, analizaron cada átomo del flujo energético del enemigo. Encontró una pequeña fisura: un punto sutil donde la energía de Carlos y la del Dios Nocturno no terminaban de acoplarse con perfección. —¡Fuera de mi camino! Con un impulso de velocidad que distorsionó la geometría del espacio, Gojo atravesó la muralla de sombras. Extendió los dedos índice y medio en un ademán definitivo: —¡Técnica Imaginaria: Destello del Infinito Absoluto! No se trató de una explosión convencional, sino de una esfera de presión infinita que comprimió la totalidad del aire en un punto milimétrico sobre el esternón del Dios Nocturno. La entidad, por primera vez, reflejó una genuina consternación antes de que el espacio colapsara directamente sobre su cuerpo. El impacto fue silencioso en su inicio, seguido por un rugido sónico que barrió la totalidad del lago. El golpe crítico conectó de lleno en el pecho, provocando que la armadura de sombras se hiciese pedazos como cristal golpeado por un mazo de hierro. La magnitud de la fuerza fue tan masiva que el Dios Nocturno escupió un caudal de sangre negra, saliendo proyectado hacia atrás y rompiendo la barrera del sonido en múltiples ocasiones antes de rebotar sobre la superficie acuática. Eime y Emperor no desaprovecharon el margen. Al percibir la armadura destruida, desencadenaron una secuencia de ataques continuos que le impidieron recobrar la estabilidad. Gojo aterrizó sobre el agua jadeando pesadamente, con los ojos sangrando debido al esfuerzo sobrehumano de manipular semejante escala de poder, pero con la satisfacción de haber expuesto el núcleo vulnerable de la deidad. —¡La barrera ha sucumbido! —exclamó Emperor mientras alzaba su espada para asestar el golpe de gracia. Sin la protección de su aura divina, el Dios Nocturno quedaba completamente expuesto. Sin embargo, desde lo más profundo del Lago de los Reyes de Mares Celestiales, una luminiscencia dorada y pura comenzó a emerger en respuesta al derramamiento de sangre de Shiro. El agua comenzó a arremolinarse violentamente, dando forma a un embudo colosal que conectaba el fondo con la superficie, justo en la posición donde el Dios Nocturno pugnaba por recomponerse.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 164

Estás leyendo el capítulo 164 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.