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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 163 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 163: La Chispa de la Esperanza y el Choque del Juicio Punto de vista: Shiro Shimizu, Miguel, Lucía, Merlín, Milin y Perspectiva General «Este mocoso se está resistiendo con una tenacidad insoportable... No se deja dominar por ninguna entidad de este plano. Vaya que estás repleto de sorpresas para no ser más que un simple mortal. Tendré que adormecer tu conciencia por un buen rato.» La entidad emitió un gruñido gutural mientras ejercía una presión aplastante sobre la chispa de conciencia que aún pugnaba en el interior de Carlos. El Dios Nocturno logró finalmente doblegar la voluntad propia del joven, retomando el control absoluto de la corteza física. Sin embargo, Shiro no desperdició aquella fracción de segundo de distracción. —¡Ahora! —exclamó con un grito desgarrador mientras invocaba su magia más mortífera. Múltiples espadas espirituales brotaron con una violencia descomunal desde el suelo, colisionando de lleno contra el aura oscura y forzando al Dios Nocturno a replegarse varios metros. El terreno crujió amargamente bajo el choque de fuerzas, pero el desastre ya era irreversible. La academia yacía reducida a ruinas en el horizonte; la inmensa mayoría de las personas no habían conseguido escapar con vida del ataque inicial. En medio de aquel silencio sepulcral, percibí una voz profundamente familiar resonando a través de mi plano mental: «Shiro... ¿me escuchas? La academia ha quedado convertida en un auténtico desastre...» Reconocí la frecuencia al instante: era Hiko. «No tienes por qué atormentarte por todos nosotros; los sobrevivientes estamos bien. Es cierto que algunas personas no lograron salir con vida, pero no te distraigas por lo que esté aconteciendo en este perímetro. Tienes que concentrarte en erradicar a esa amenaza de una vez por todas.» Un peso abrumador se evaporó de mi pecho al escuchar sus palabras. «Lo sé, Hiko... pero esta situación es de una magnitud dantesca. Veré qué puedo ejecutar en este preciso instante. Pero dime, ¿se encuentran a salvo Yue y Natsu?» Su réplica retornó cargada de una serenidad que me inyectó un renovado aliento: «No te preocupes por ellas. Están completamente sanas y a salvo por el momento. Enfócate exclusivamente en tu batalla. Con esto concluyo mi informe.» Corté la transmisión mental y me erguí con una firmeza que tomó por sorpresa a la entidad apostada frente a mí. Saber que mis valiosos amigos continuaban con vida encendió una antorcha de esperanza que el Dios Nocturno jamás podría sofocar con sus discursos de odio. Me limpié la sangre que corría por mi rostro y elevé mi espada, apuntando directamente al corazón de aquel que usurpaba el cuerpo de mi compañero. —Ya lo escuchaste, maldito engendro —sentencié con una voz que retumbó en la totalidad del campo de batalla—. La academia no ha sucumbido por completo. Y mientras un solo de nosotros permanezca en pie, tu pretendida victoria no será más que una simple ilusión. Carlos me está exigiendo desde su interior que te arranque de su cuerpo... ¡y no pienso desobedecer su última voluntad! El aire alrededor de Shiro comenzó a vibrar con una frecuencia divina, disponiéndose para un despliegue que definiría el rumbo de la era. No me importa cuántas veces intentes destruirme. Shiro se impulsó al frente transfigurada en un destello de luz blanca incandescente. Sus espadas espirituales no solo trazaban cortes sobre la atmósfera, sino que proyectaban una estela de energía purificadora a su paso. El Dios Nocturno soltó un bufido de desdén y comenzó a desviar las estocadas con ademanes perezosos de las manos. Cada colisión generaba una llovizna de chispas plateadas y brumas oscuras que se evaporaban al menor contacto con la luminosidad. —¡Eres tan persistente como una maldita plaga! La entidad lanzó un zarpazo cargado de penumbra que Shiro esquivó por un margen milimétrico, ejecutando una pirueta magistral en el aire. Ella no perseguía lacerar el cuerpo de Carlos, sino configurar una resonancia mágica que conectara con el alma prisionera de su amigo. Sus espadas comenzaron a orbitar frenéticamente alrededor de ambos, erigiendo un torbellino de acero y convicción que forzó al Dios Nocturno a posicionarse a la defensiva por primera vez en la contienda. —¿De verdad asumes que un par de baratijas de luz conseguirán salvar a este mundo? —el Dios Nocturno afianzó los talones en la tierra y desencadenó una onda expansiva de sombras que congeló las espadas de Shiro en seco—. Si tus miserables amigos sobrevivieron a mi primer despliegue, solo significa que tendré el deleite de masacrarlos por segunda vez. La entidad extendió su manto de sombras a lo largo del cráter. Desde las profundidades de la negrura comenzaron a emerger garras espectrales que buscaban aprisionar los tobillos de la guerrera. Shiro sintió la frialdad del abismo escalar por sus extremidades; empleó su maná para detonar una explosión bajo sus pies y elevarse nuevamente hacia el cielo. —¡No voy a permitir que los toques! ¡No dejaré que este cuerpo cometa un solo pecado más! Sus ojos fulguraron con una determinación sagrada mientras canalizaba su técnica más peligrosa. El firmamento azul oscuro pareció fracturarse para proyectar un pilar de luz descendente directamente sobre ella, elevando su potencial de forma exponencial. El Dios Nocturno se cubrió la vista con fastidio ante semejante resplandor: —Esa luz de pacotilla me irrita los sentidos... Es hora de clausurar esta farsa. La entidad comenzó a liberar la escala real del Dios Nocturno, distorsionando la trama del espacio circundante. El cuerpo de Carlos comenzó a levitar mientras rayos de energía azabache salían disparados en todas direcciones, pulverizando los restos moribundos del paisaje. Shiro se mantuvo inamovible a pesar de las ráfagas que amenazaban con arrancarla del suelo. Sabía con certeza que esta era su única oportunidad. El reporte de Hiko le había devuelto la templanza necesaria para arriesgarlo absolutamente todo. If logro impactar el núcleo de su energía en el instante exacto en que Carlos ejerza resistencia desde el interior... podré expulsarlo para siempre. Con un grito de guerra que sacudió las cimientos de la tierra, Shiro se arrojó al epicentro de la tempestad de sombras para desencadenar el choque definitivo. Pero algo salió terriblemente mal. El Dios Nocturno me paralizó por completo en el aire, tomando la ventaja con una risotada burlesca. —Qué criatura tan aburrida resultas ser, Shiro... ¿Esto es todo lo que tienes para ofrecer? Qué débil y patética eres en verdad. Pronunció cada sílaba con una lentitud sádica, permitiendo que el dolor se filtrara hasta las profundidades de mi alma. Al invocar nuevamente la memoria de Queen, las imágenes del pasado retornaron con un impacto devastador. «¡Quiero que seas feliz!» —aquella había sido su promesa final. Me mordí el labio inferior con una frustración amarga mientras las lágrimas me nublaban la visión. La entidad lanzó un ataque de fuerza destructiva que me proyectó a una distancia descomunal del terreno de combate. El impacto fue brutal; la sangre brotó de mi boca al colisionar violentamente contra las rocas. Estaba perdiendo el conocimiento por la severidad del golpe, pero el monstruo no detuvo su avance: apareció frente a mí en un parpadeo absoluto. —No te atrevas a dormirte aún, que no he terminado contigo. Me encargaré de hacer de tu existencia un tormento miserable... Espero que esta sea una muerte digna de tu insignificancia. ¿Qué expresión crees que ponga Carlos cuando contemple tu cadáver colgado en una cruz de espinas del árbol de la muerte? Shiro se horrorizó al escuchar semejante perversidad: —¡No! ¡Nooooo! El Dios Nocturno la aferró del cuello con una presión inhumana, comenzando a estrangularla. El oxígeno comenzó a faltarle y la visión del mundo se tornaba borrosa. Sin embargo, justo cuando la oscuridad parecía engullirlo todo, una presencia irrumpió desde los escombros. No era otra que Eime, quien desgarro su garganta con todas las fuerzas que le quedaban: —¡Mátalo, Emperor! Emperor emergió a las espaldas de la entidad cual sombra letal. Con un trazo preciso, fiero y definitivo, cercenó el cuerpo de Carlos a la mitad. No obstante, la victoria duró un efímero suspiro. La capacidad regenerativa del Dios Nocturno actuó en un intervalo de cero segundos, uniendo la carne, los circuitos y los huesos como si jamás hubieran sufrido daño alguno. El cuerpo de Carlos volvía a estar intacto y dispuesto para la masacre. —Esto tiene que ser una puta broma... —musitó Emperor, retrocediendo con la espada en guardia mientras el sudor frío le recorría la frente. El Dios Nocturno soltó a Shiro, dejándola desplomarse contra el suelo como una muñeca desarticulada, y giró el cuello con un crujido siniestro: —Vaya... Hasta que al fin se apersona alguien de una escala decente. Tal como aquel dragón de la felicidad. La entidad contempló a sus nuevos adversarios con una chispa de auténtico morbo en sus pupilas oscuras. La presencia de Emperor y Eime se erigía como el único obstáculo real en su marcha destructiva. Shiro luchaba por recuperar el aliento en el suelo mientras presenciaba cómo el destino de todos volvía a quedar suspendido de un hilo. El aire retumbaba ante la llegada de estos combatientes, pero el Dios Nocturno solo parecía más hambriento por el enfrentamiento que estaba a punto de desencadenarse. Milin y su hermana Merlín se reencuentran finalmente en medio de la devastación. —Hermana... me alegro inmensamente de que te encuentres a salvo —expresó Merlín con una sutil sonrisa, aunque sus ojos traicionaban su angustia al atestiguar cómo la situación se salía por completo de control. Lucía y Miguel irrumpieron en el punto crítico, arremetiendo contra el Dios Nocturno con todo el arsenal que poseían, pero la entidad esquivó cada ofensiva con un estilo sofisticado y una agilidad sobrehumana. Miguel intentó ejecutar la técnica de los Pétalos de Luz del Alma, pero fue interceptado en seco por el ser que había retornado con el único fin de erradicar toda forma de vida. El Dios Nocturno le asestó un impacto tan severo en el abdomen que le vació los pulmones al instante. Miguel salió despedido violentamente hacia la cordillera; cada choque contra la roca pulverizaba sus huesos como si estuvieran hechos de cristal. La brutalidad del golpe dejó en claro la ausencia absoluta de piedad en la entidad que habitaba el recipiente de Carlos. Lucía contempló la monstruosidad de aquel ser con verdadero pánico: —Es un monstruo... —susurró mientras daba pasos hacia atrás. —¿Qué sucede, muchacha? ¿Acaso sientes que te has topado cara a cara con la mismísima muerte? —se mofó el Dios Nocturno—. No tienes por qué aterrorizarte tanto, ya que tú serás la siguiente en perecer. Sin embargo, algo mutó drásticamente en la mirada de Lucía. —No voy a permitir que una escoria como tú me venga a intimidar. La atmósfera del lugar comenzó a oscurecerse drásticamente mientras destellos de tono azul y rojo brotaban de su fisonomía. Una marea energética de proporciones masivas liberó la Armadura de Zeus, el Dios de los Mil Rayos. Era la escala del ser más temido de todos los tiempos, una carga que ningún mortal ordinario podría tolerar sin ser consumido. —¡Gracias a las jornadas de entrenamiento con Hina Sánchez he alcanzado un nuevo estadio de poder! —rugió Lucía mientras el trueno resonaba en el torrente de sus venas. Shiro observó el resplandor y descifró el mensaje al instante: Carlos es nuestra prioridad absoluta. Eime y Emperor se plantaron ante el Dios Nocturno, y los tres se esfumaron simultáneamente en una detonación de velocidad pura. Cada colisión de fuerzas generaba ondas expansivas destructivas que pulverizaban la vegetación restante y hacían que las grietas del suelo se abrieran como fauces hambrientas. No eran simples impactos: eran colisiones de conceptos elementales que deformaban la realidad misma. Mientras Lucía se disponía a descargar la furia de Zeus sobre el plano de combate, Emperor y Eime mantenían a raya a la entidad en una contienda de sombras y acero. El Dios Nocturno reía desquiciadamente mientras bloqueaba arremetidas que habrían aniquilado ejércitos enteros, deleitándose con el primer reto genuino que hallaba en un milenio. El destino de Carlos dependía en este momento de si este grupo de guerreros lograba coordinar sus esfuerzos antes de que la armadura de Zeus consumiera la vitalidad de Lucía. El cuerpo de Miguel yacía entre los escombros de una montaña fracturada, pero su convicción se negaba a extinguirse. A pesar de los huesos rotos y la visión borrosa, un fuego interno comenzó a cauterizar sus heridas. Se negaba a contemplar la muerte de sus compañeros mientras permanecía derrotado en el suelo. Un estruendo de rocas anunció su retorno. Miguel emergió de la polvareda con la fisonomía envuelta en un fulgor carmesí. Cada paso que daba hacía retumbar la tierra bajo sus plantas. No se trataba de mera fuerza física: era el poder de su propia esencia vital incinerándose para concederle un último hálito de potestad. Sus ojos, instantes atrás saturados de agonía, brillaban ahora con una determinación digna de las leyendas antiguas. —¡Aún no he terminado contigo! —el rugido de Miguel resonó por todo el valle, distrayendo por un instante al Dios Nocturno. Eime y Emperor aprovecharon esa fracción de segundo para flanquear a la entidad, mientras Lucía concentraba la electricidad estática de Zeus en sus puños. Miguel no corrió: se desplazó en una ráfaga instantánea, proyectando una estela de pétalos ensangrentados en el aire. Miguel se posicionó justo por encima de la cabeza del Dios Nocturno: —¡Arte Prohibido: El Florecer del Juicio Final! Miles de pétalos de energía sólida rodearon al enemigo, erigiendo una prisión de cortes invisibles que comenzaron a desmenuzar el aura de penumbra de la entidad. El Dios Nocturno intentó desplazarse, pero advirtió que Miguel estaba utilizando su propia sangre como catalizador para sellar su movilidad. —Eres un insecto profundamente molesto... —gruñó la deidad, intentando alzar la extremidad para desintegrar a Miguel. Pero la presión de los pétalos era tan despiadada que incluso su regeneración divina comenzó a ralentizarse. Miguel escupió sangre sobre el hombro de la entidad y esbozó una sonrisa de puro desafío: —Si voy a perecer este día, me aseguraré de que experimentes en carne propia el dolor de un ser humano, maldito. El esfuerzo agónico de Miguel estaba abriendo una grieta crítica. El escudo de oscuridad absoluta que resguardaba el pecho de Carlos comenzó a resquebrajarse. Shiro y Lucía comprendieron que este era el instante que habían estado aguardando. La parálisis de la entidad no se prolongaría más que un par de segundos antes de que el Dios Nocturno detonara una explosión para liberarse. —¡Ahora! —gritó Miguel con las últimas reservas de aire en sus pulmones—. ¡Ataquen con todo lo que tengan antes de que sea demasiado tarde! Las chispas azules de Lucía y la luz purificadora de Shiro se fusionaron en un único vector de ataque, apuntando directamente a la brecha que Miguel había logrado abrir con su propio sacrificio. El destino de Carlos y del mundo entero estaba a punto de resolverse en un solo impacto. Sin embargo, el Dios Nocturno descifró la maniobra de inmediato. Antes de que el ataque combinado de Lucía y Miguel pudiera impactar en su núcleo, la entidad liberó una carcajada seca y aprovechó la inercia para abalanzarse hacia Shiro. En un desplazamiento tan veloz que se sintió como una teletransportación, la sujetó por la cintura y salió impulsado hacia el horizonte, arrastrándola muy lejos de las ruinas de la academia. El rastro de penumbra que dejaron a su paso se disipó en segundos, sumiendo el campo de batalla en un silencio sepulcral. Lucía y Miguel quedaron petrificados en el aire al presenciar cómo sus objetivos se esfumaban. —Mierda... fallamos —alcanzó a pronunciar Miguel antes de que las fuerzas lo abandonaran por completo. Milin reaccionó al instante y voló para sostener a Miguel desde las alturas antes de que colisionara contra el suelo, empleando su magia de restauración para clausurar sus lesiones más severas. Por su parte, Lucía permanecía inmóvil, preguntándose hacia qué rincón se la habría llevado mientras apretaba sus puños impregnados en electricidad. Merlín interrumpió las cavilaciones de Lucía con una voz imbuida de autoridad: —Debemos estructurar un plan inmediato. No podemos permitirnos acciones impulsivas contra esa entidad en el estado en que nos encontramos. Además, la chica de cabello rubio ya no se halla en este perímetro, lo que significa que el plano de combate ha mutado por completo. Milin, quien observaba desde la mampostería de una torre derruida, intervino con una mirada penetrante: —No es por ser entrometida, pero esa muchacha y Carlos poseen un vínculo extremadamente profundo. A donde sea que ella vaya, él siempre la terminará siguiendo de una forma u otra. La conexión que comparten es infinitamente más sólida que cualquier posesión divina. Por ahora, debemos depositar nuestra confianza en ella —prosiguió Milin, contemplando la dirección en que se habían esfumado—. Solo confíen. Sé con certeza que ella y su criatura prevalecerán en esta contienda. Shiro no es simplemente una guerrera: es la única persona que posee la llave para acceder a la mente de Carlos y expulsar a ese intruso milenario. El grupo permaneció contemplando el firmeza teñido de un rojo sangriento, conscientes de que, a kilómetros de distancia, se estaba librando el duelo definitivo por la salvación del alma de su compañero.
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Estás leyendo el capítulo 163 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.