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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 162 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 162: El Lamento del Abismo y las Cadenas del Recipiente Punto de vista: Shiro Shimizu, Merlín, Miguel, Lucía y el Dios Nocturno Debo llegar a tiempo. Si no lo hago, ese dios lo va a matar sin piedad. Tengo que darme mucha más prisa. Shiro divisó una explosión colosal que surgió a varios kilómetros fuera del perímetro de la academia. Sin pensarlo dos veces, ejecutó su Magia de Distinción, esfumándose del plano físico en un parpadeo. Miguel y Lucía presenciaron el despliegue en un shock absoluto, pero sabían que no podían perderle el rastro. Ambos continuaron corriendo a la máxima velocidad que les permitían sus piernas para intentar darle alcance en medio del caos. Shiro irrumpió en aquel escenario de pesadilla, pero justo en ese instante otra figura emergió en el espacio. Merlín arribó al mismo tiempo que ella, soltando una maldición entre dientes: «¿Qué demonios...? ¿Cómo es posible que esta mocosa se mueva más rápido que yo? En fin, lo que verdaderamente importa ahora es otra cosa.» Giré la mirada hacia el frente y lo presencié todo. El terreno se hallaba completamente devastado, zurcado por grietas descomunales mientras los árboles ardían en llamas fuera de control. Una luz abrasadora e inusual brillaba metros más adelante. Me aproximé con un temor instintivo en el pecho, pero me negaba rotundamente a aceptar la idea de que el Dios de la Guerra le hubiera arrebatado la vida a Carlos. Sin embargo, algo andaba grotescamente mal. Sentí una presión descomunal recorriendo cada milímetro de la atmósfera. Una ráfaga de viento helado resopló por todos lados y esa firma energética resultaba tan incalculablemente siniestra que mis piernas cedieron, haciéndome caer de rodillas. ¿Qué mierdas está ocurriendo aquí...? ¿De dónde carajos proviene esta energía tan sofocante y penetrante? Intenté incorporarme para correr a gran velocidad, pero antes de dar un solo paso, Merlín me sujetó del hombro con firmeza para detenerme. —Es infinitamente mejor que no avancemos ahora. Tenemos que aguardar a que el resto de los refuerzos se posicione. No puedes lanzarte a la ciega sin medir las consecuencias, porque el peligro que hay allí adelante es monumental. Sé perfectamente que estás desesperada por salvar a tu novio, pero... —¿¡Espera un momento!? ¿¡Dijiste "novio"!? —la interrumpió Shiro, sofocando la voz—. Disculpa, pero Carlos no es mi novio. Solo es alguien profundamente cercano a mí... aunque yo... —Entonces, si no lo son, ¿por qué demonios te pones tan roja de la cara? —Merlín la observó con una sonrisa astuta y burlona, aunque la presión en el aire continuaba escalando de forma aplastante, recordándoles a ambas que una entidad de pesadilla terminaba de despertar metros más adelante. Shiro fue incapaz de articular palabra alguna ante la provocación de Merlín. El aire a su alrededor se tornó tan absurdamente denso que cada inhalación se sentía como fuego seco abrasándole los pulmones. No era el calor abrasador de las llamas caracteristicas de Carlos, sino un frío glacial y desértico que parecía congelarle la circulación de la sangre dentro de las venas. Miguel y Lucía aparecieron tras ellas, jadeando exhaustos, pero se detuvieron en seco al percibir las vibraciones tectónicas que sacudían el suelo. La tez de ambos perdió todo rastro de color al fijar la vista en el epicentro de la devastación. —Esa energía... eso no le pertenece a un ser humano —susurró Miguel, apretando los puños al punto de clavarse las uñas—. Es algo sumamente más antiguo y perverso que cualquier divinidad que hayamos estudiado en los archivos de la academia. Lucía se abrazó los brazos a sí misma, temblando de forma incontrolable: —Siento que... que si doy un solo paso más hacia esa dirección, mi propia alma se va a despedazar en mil pedazos. ¿Qué demonios está pasando allí arriba? Merlín mudó la expresión a una seriedad absoluta y desplegó su báculo, trazando un campo de protección visual en el aire. —Miren con atención, pero no se atrevan a dar un solo paso al frente. Lo que Shiro alcanzó a vislumbrar a través de la densa neblina de escombros la dejó completamente helada. Daniel, el mismísimo Dios de la Guerra, estaba siendo erguido y sostenido del cuello con una sola mano como si fuera una pluma insignificante. Pero el individuo que lo sujetaba, aunque poseía la figura anatómica de Carlos, no ejecutaba sus movimientos como él. Sus ademanes eran parsimoniosos, quirúrgicos y cargados de una autoridad tiránica y primigenia. El cabello de Carlos flotaba en el aire, rodeado por un manto de negrura absoluta que devoraba la luz del sol. Un nudo doloroso se le formó a Shiro en la garganta. —Ese... ese de ahí no es Carlos —gritó con una desesperación desgarradora, intentando zafarse violentamente del agarre de Merlín—. ¡Su energía se ha disipado por completo! ¿¡Qué mierdas le han hecho a su cuerpo!? Ante sus ojos horrorizados, la fisonomía de Daniel comenzó a desintegrarse en un mar de partículas de luz dorada, las cuales eran absorbidas y devoradas directamente por la corteza del cuerpo de Carlos. El Dios Nocturno giró el cuello con una lentitud antinatural, como si hubiera registrado los alaridos de Shiro a kilómetros de distancia. Sus ojos se habían convertido en dos abismos de sombra infinita que parecían juzgar y escudriñar cada pecado y secreto de los presentes. —Vaya, vaya... parece que tenemos espectadores desafortunados —dictaminó la entidad con una voz que resonó directamente en la estructura cerebral de los cuatro jóvenes. Merlín cayó sobre sus rodillas al tiempo que su báculo comenzaba a agrietarse únicamente por el peso de las palabras de la criatura. Shiro permaneció petrificada. La mirada del Dios Nocturno se posó fijamente en ella con un morbo y una curiosidad maligna, reconociendo una firma espiritual que la vinculaba estrechamente con el chico que ahora funcionaba como su recipiente. Daniel, el soberbio Dios de la Guerra, había sido humillado y aplastado por el Dios Nocturno. No le concedió una muerte instantánea, sino que lo redujo a polvo, devorando hasta el último remanente de la esencia divina que le quedaba. Dicho esto, el dios caído aún permanecía con vida, pero reducido a la más absoluta nada. —Al menos ten algo de gratitud. Aún me serás levemente útil —suspiró el Dios Nocturno con un desprecio abismal. Acto seguido, desvió toda su atención hacia la maleza destruida donde Shiro pretendía ocultarse. —Pero miren a esa muchacha de ahí... Oh, vaya. Admito que me costó un momento reconocerte. Shiro Shimizu... han transcurrido mil años enteros desde nuestro último encuentro, ¿verdad? Lo pronunció dibujando una sonrisa siniestra y retorcida, derramando una arrogancia de un nivel que helaba la sangre. Escena 2: El Despertar del Trauma Todos los presentes quedaron sumidos en un shock paralizante. Un silencio sepulcral dominó por completo el territorio arrasado. Shiro se horrorizó; sus ojos reflejaban el pánico más primitivo, oscuro y antiguo que jamás hubiera experimentado. —¿Por qué... por qué estás aquí? —bajé la mirada con una marea de odio y frustración que me abrasaba por dentro—. ¿Cómo es posible que una aberración como tú haya regresado después de haber masacrado a mis padres, a nuestro clan entero y a mi mejor amiga? ¡Eres alguien que jamás debió haber nacido en este mundo, maldito engendro! Mi hermano tenía toda la razón... Carlos y tú estaban vinculados de alguna forma. ¿Cómo mierdas no me di cuenta de esto mucho antes? —¡Oh, vaya, vaya! ¿Acaso estás a punto de soltarte a llorar? —se mofó la entidad—. Vamos, no seas tan remadamente estúpida, Shiro Shimizu. Sabías perfectamente que en aquella guerra cruenta que se desató, si no se hubiera provocado semejante nivel de caos, yo jamás habría logrado despertar. Además, cuando todo el conflicto concluyó, me encargué personalmente de aniquilar a los diez héroes legendarios... Aunque claro, un par de ellos huyeron como las ratas cobardes que son. Pero yo siempre hallo la forma de retornar. Por más que no posea mi cuerpo original, mi esencia habita escondida en los pliegues de esta dimensión. Simplemente me encontraba aburrido de no hallar a nadie verdaderamente fuerte que me hiciera frente. Así que me dediqué a viajar a través de cada mundo y dimensión... Aunque la inmensa mayoría ya están completamente muertos. Una verdadera lástima, ¿no te parece? ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJA! Shiro apretó los dientes con tal salvajismo que sus encías comenzaron a sangrar. Cada una de las carcajadas del Dios Nocturno se sentía como una daga incrustándose en su memoria. Las imágenes de su clan ardiendo en llamas azabache y el rostro sin vida de su mejor amiga desvaneciéndose en el vacío regresaron a su mente con una violencia desoladora. Miguel y Lucía intentaron dar un paso para sostenerla, pero la marea de presión que emanaba del recipiente de Carlos les impedía mover un solo músculo. Eran simples hormigas ante un huracán de pura oscuridad. —¡Tú no eres él! —desgarro Shiro su garganta con una voz quebrada por la rabia y el llanto—. Carlos es un idiota noble que daría su vida sin dudarlo por salvar a los demás... ¡Él posee un corazón puro que un monstruo como tú jamás podría comprender! ¡Sal de su cuerpo ahora mismo! ¡No voy a permitir que ensucies su existencia con tu presencia asquerosa! —¿"Sal de su cuerpo"? —la entidad ladeó la cabeza, comenzando a desplazarse lentamente hacia ellos, flotando a escasos centímetros del suelo mientras cada uno de sus pasos marchitaba la vegetación moribunda—. Qué criatura tan graciosa resultas ser, Shiro. ¿De verdad asumes que me encuentro en este contenedor por mero accidente? Este chico, Carlos, es el recipiente perfecto. Y no es únicamente por su reserva energética o por su linaje. Es por su vacío. Su desesperación enfermiza por salvar a todo el mundo creó una grieta tan abismal en su alma que me permitió ingresar como si este fuera mi propio hogar. Él me invitó a pasar aunque jamás se diera cuenta. Sus dudas, sus culpas y sus remordimientos fueron la llave. En este preciso instante, su alma se halla encadenada en lo más recóndito de su propia mente, gritando en agonía mientras observa en primera fila cómo utilizo sus manos para erradicar todo lo que prometió proteger. El Dios Nocturno se plantó justo frente a Shiro y extendió el brazo de Carlos, acariciándole la mejilla con una frialdad cadavérica y distante. Merlín intentó desesperadamente articular un hechizo de sellado de alto nivel, pero el Dios Nocturno simplemente sopló en su dirección, desintegrando la estructura mágica en polvo de maná. —No te atrevas a interrumpir a los adultos cuando están conversando, niña. Fijó nuevamente su mirada en Shiro, con una chispa de sadismo puro titilando en sus pupilas azabache: —Dime, Shiro... ¿deseas presenciar en vivo cómo reduzco a cenizas esta academia de la misma forma que arrasé con tu clan hace mil años? ¿O prefieres ser tú misma quien le aseste el golpe de gracia a Carlos para intentar frenarme? De cualquier forma, me voy a deleitar inmensamente con este espectáculo. El destino ya está trazado, y esta vez no existen héroes legendarios que vengan a salvarte. El Dios Nocturno retiró la mano de la mejilla de Shiro y alzó ambos brazos hacia la inmensidad del firmamento. Sus ojos azabache fulguraron con un brillo tan desmedido que eclipsó la luz propia de las estrellas. —Si tanto aman este lugar miserable, entonces permitan que se convierta en la tumba de su entierro definitivo. No requiero desplazarme de este punto para borrar sus esperanzas de la faz de la tierra. Un círculo mágico de proporciones kilométricas se dibujó instantáneamente en el cielo, justo sobre la infraestructura de la academia. No se trataba de una estructura de magia elemental ordinaria: era una geometría sagrada de sombras que vibraba con un tono agudo y estridente, un lamento tan macabro que hizo sangrar las oídos de Miguel y Lucía. Desde la distancia, el eco distante de las alarmas de emergencia de la institución comenzó a resonar, pero era un esfuerzo inútil. —¡No lo hagas! —gritó Shiro utilizando la última reserva de sus fuerzas, tratando de proyectar una ráfaga de energía elemental para interrumpir el ritual. Pero el Dios Nocturno únicamente soltó una carcajada que retumbó a lo largo de todo el valle. Del gigantesco círculo mágico comenzaron a precipitarse colosales lanzas de energía negra pura, cada una cargada con la potencia destructiva de un meteorito. Los edificios principales de la academia colapsaron uno tras otro. El gran comedor, la torre central de dormitorios y el jardín emblemático fueron engullidos por detonaciones de negrura absoluta. Los alaridos de los estudiantes que no lograron evacuar el perímetro se entrelazaron con el estruendo de la mampostería desmoronándose. Shiro presenció con horror impotente cómo el lugar que Carlos juró resguardar a costa de su vida se transformaba en un camposanto de cenizas y fuego bajo el mandato de aquella aberración. Miguel y Lucía se desplomaron al suelo, incapaces de asimilar el volumen de la catástrofe. La barrera defensiva de la academia, considerada inexpugnable, se deshizo cual papel mojado ante el poder absoluto del Dios Nocturno. Merlín observaba el horizonte con la mirada perdida; sus décadas de erudición no servían de nada ante una deidad primigenia que jugaba con la aniquilación de la vida como un niño con juguetes quebrados. —Miren con atención este bello paisaje —comentó el Dios Nocturno, sin borrar su mueca triunfal—. Carlos puede visualizar cada segundo de esto desde su prisión mental. Cada alarido, cada vida que se apaga, cada edificio derrumbándose es un clavo adicional en su ataúd de culpa. ¿No les parece hermoso ver cómo su pretendido héroe se transforma en su verdugo definitivo? El manto del cielo sobre ellos comenzó a teñirse de un tono rojo purpúreo y sangriento, anunciando que el verdadero infierno apenas comenzaba. —Hagas lo que hagas, sabes perfectamente que jamás serás capaz de salvarlo —susurró la entidad, inclinándose hacia ella—. ¿O acaso necesitas que te refresque la memoria de cómo fue que tu adorable amiga Queen pereció en mis propias manos, justo frente a ti? Dime... ¿qué se siente presenciar cómo masacran a la persona que te hizo promesas que al final no fuiste capaz de cumplir? Eres el ser más lamentable y horrible que he presenciado en mi existencia. Ni siquiera tuviste la valía de mantener su legado. Das verdadera lástima. Qué patética eres en verdad... pero en fin. Las palabras del Dios Nocturno se clavaron como estacas oxidadas en las fracturas emocionales de Shiro. El mero nombre de Queen resonó en la atmósfera muerta, provocando que el aura blanca de Shiro comenzara a parpadear violentamente hasta extinguirse. Los recuerdos de aquel campo de batalla de hace un milenio retornaron con una lucidez aplastante: el tufo a sangre derramada y los ojos desprovistos de vida de su mejor amiga mientras la existencia se le escapaba entre las manos. Shiro emitió un alarido agonizante, no de rabia, sino de una desolación pura y desgarradora. Sus fuerzas la abandonaron por completo y cayó sobre sus rodillas frente al cuerpo de Carlos, sujetada apenas por la entidad. Las lágrimas brotaron sin freno, impactando contra el suelo calcinado. —Tienes toda la razón... —susurró con la voz destruida—. No fui capaz de salvarla. No pude cumplir absolutamente nada de lo que prometimos. No soy más que una basura inútil que solo sabe sobrevivir mientras los demás mueren por mi culpa... El Dios Nocturno liberó una risotada victoriosa al atestiguar cómo la voluntad de la guerrera más prominente se desmoronaba a sus pies. —Es delicioso presenciar cómo la aplastante verdad te destruye con mayor velocidad que cualquier ataque elemental. Mírate nada más: no eres más que una niña aterrorizada llorando por un pasado que no puedes alterar y por un futuro que me voy a encargar de incinerar ahora mismo. La esfera de energía oscura en la palma libre del Dios Nocturno escaló hasta alcanzar proporciones aterradoras. La masa de presión era tan colosal que Shiro ni siquiera podía erguir el rostro para encarar su inminente ejecución. Sin embargo, en el instante preciso en que la criatura se disponía a descargar el impacto fulminante sobre ella... algo cambió abruptamente en el entramado de la materia. La mano de Carlos que aprisionaba las muñecas de Shiro comenzó a convulsionar y temblar violentamente. Los dedos se cerraron sobre ella con una intención radicalmente distinta: no era una fuerza de erradicación u odio, sino un agarre de protección desesperada. Por un breve e intenso microsegundo, la negrura absoluta en las pupilas de Carlos colisionó contra un destello de luz verde celeste que emergió desde las profundidades de su alma. El Dios Nocturno frunció el ceño con profunda irritación al percibir la insurrección interna del recipiente: —¡Quédate abajo y sométete, maldito mortal! Pero la voluntad de Carlos, reavivada por las lágrimas de Shiro, comenzaba a rasgar las cadenas del abismo.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 162

Estás leyendo el capítulo 162 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.