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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 159 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 159: Las Cadenas del Abismo y la Mirada del Destino Punto de vista: Sayu Death y Gojo Emergí del portal con el corazón latiéndome a una velocidad acelerada. No existía el menor margen de duda: lo que había percibido a la distancia era dolorosamente real. Esa presión aplastante... un aura tan pesada que hacía estremecer hasta las fibras más profundas de mi alma abismal. Se trataba de la manifestación genuina del Dios Nocturno. Ninguna otra alternativa resultaba lógicamente viable. Aun así, la sombra de la incertidumbre se mantenía clavada en mi mente. ¿Y si no se trata de él? ¿Y si todo esto no es más que un trágico error de percepción? No existe en la creación otra entidad capaz de proyectar una energía tan milimétricamente idéntica. Nadie. Entonces... ¿cómo demonios podía existir alguien en este plano terrenal con semejante presencia? Solo había una forma de comprobar la verdad: avanzar directamente hacia el origen de la anomalía. Dí un paso al frente, pero una presencia distinta me obligó a frenar en seco. Una firma energética que pertenecía al pasado remoto. Una presencia sumamente peligrosa. Mi respiración se volvió irregular de inmediato. —Espera un momento... —susurré con los ojos abiertos de par en par. Si ese maldito sujeto continuaba respirando... entonces la antigua leyenda era una realidad irrefutable. Un escalofrío helado recorrió la totalidad de mi cuerpo. —El Dios de la Guerra... está vivo. Negué con la cabeza, negándome a asimilar la situación. —No... eso es simplemente imposible... Y entonces, las piezas del rompecabezas encajaron con espantosa claridad en mi mente. —Ah... espera un segundo. Una risa nerviosa y amarga brotó involuntariamente de mis labios. —Tienes que estar bromeando... Apreté los puños con una rabia desmedida. —Lucifer... ¿cómo te atreviste a entregarle precisamente ese cuerpo a él? La conspiración era evidente. Y si mis deducciones eran acertadas... esta guerra ya no se limitaba a un conflicto bélico entre mundos. Era el umbral para el retorno de las peores pesadillas que han existido jamás. Y esa mera existencia era apenas la superficie del verdadero desastre. Porque la tragedia de fondo es que ellos dos están condenados por el destino a colisionar eternamente. No es una situación abstracta para mí; yo ya viví este infierno en el pasado. Fue precisamente cuando conocí a Amadeus. Sentí un nudo opresivo en el pecho al evocar su memoria. Me encariñé demasiado contigo, Amadeus. Jamás debiste haber terminado convertida en lo que eres hoy en día: un ser abismal. Solías ser una chica infinitamente alegre, genuinamente amable, poseedora de un amor puro hacia tu familia y tus seres queridos. Y el hombre al que entregaste tu corazón y amaste con el alma... está muerto. Toda esa masacre... la ejecución de cada persona que valorabas... tuviste que presenciarla con tus propios ojos sin poder hacer nada. Te vi derramar lágrimas de desesperación. Te vi romperte por dentro hasta quedar vacía. Te vi torturarte mentalmente día y noche al ser incapaz de encontrar un solo segundo de paz. Y el orquestador absoluto de toda esa miseria no fue otro que Lucifer. Fui yo quien te tendió la mano para iniciar aquella rebelión armada en su contra. Y fracasamos rotundamente. Por mi culpa. Por un fallo táctico mío tuviste que padecer tormentos y torturas sin descanso. Jamás podría permitir que continuaran utilizándote como un mero juguete desechable, ni que terminaran de pulverizar lo escaso que aún conservas de tu ser. Por esa precisa razón ahora te encuentras bajo mi mando directo. Mientras permanezcas a mi lado, nadie en este mundo volverá a ponerte una mano encima. Nadie volverá a lastimarte. Intenté arrancarte de ese infierno. Busqué desesperadamente otorgarte una segunda oportunidad en la existencia. Deseo con todas las fuerzas de mi alma que tengas una vida hermosa. De verdad lo anhelo. Sin embargo, este mundo es despiadado. Con tu fisonomía actual, la gente solo te contemplará con horror. Jamás verán a la chica humana y noble que fuiste en el pasado; no verán tu sufrimiento interno. Simplemente verán al monstruo que ellos mismos crearon con sus crueldades. Y eso... eso es lo que más me atormenta el corazón. Avanzaba sumida en mis pensamientos. La atmósfera que envolvía este cuadrante resultaba antinatural, como si la energía del entorno se hubiera escindido de la estructura misma del universo, con el potencial destructivo de aniquilar este plano entero con una sola descarga. Pese al peligro, debía continuar hasta localizarlo. No podía permitirme vacilar. A lo lejos vislumbré a un grupo de personas en la superficie. Aunque la distancia me impedía analizarlos a detalle, reconocí una figura de inmediato: Shiro. Se desplazaba en dirección al epicentro de la contienda. Parece ser que ya notaste la resonancia del Dios de la Guerra y del Dios Nocturno. Ignoro cómo concluirá este evento cataclísmico. Solo espero que el desenlace no sea fatal. De cualquier forma, no pienso intervenir; me limitaré a observar desde las sombras. Conozco a Shiro desde hace más de quinientos años. Y debo admitir con franqueza que representa mi mayor rival histórica. Es la persona que me ha infligido las derrotas y experiencias más amargas a lo largo de los siglos. Si ella jamás aceptaba la derrota, yo mucho menos. Y ese es el problema de fondo: no haber sido capaz de doblegarla jamás. Ella también pertenece a la estirpe Nocturna, aunque su escala dista mucho de la de cierta persona. Pero... ¿qué ocurriría si ellos dos llegaran a colisionar directamente? Esa sí sería una interrogante fascinante. Sacudí la cabeza para disipar la distracción. No tenía tiempo que perder en reflexiones banales; por el momento me limitaría a rastrear sus pasos. Lo anómalo era la ausencia de su hermano y del resto de su séquito habitual. Mi atención fue captada repentinamente por una chica de cabello castaño rosado. Resultaba una presencia completamente inédita para mí. No obstante, al escudriñar su flujo de maná percibí una advertencia silenciosa, una oscilación tan sutil que pasaría inadvertida para casi cualquier observador. Parece que este plano alberga individuos con capacidades excepcionales. Y si ella posee ese nivel, es seguro que existe una hermana de similar potencial. Y luego estaban ellos dos. El chico no despertaba el menor interés en mí; solo ella. Ella y mi patética rival. Pero entonces, la perspectiva cambió drásticamente. Esa chica de cabellera plateada... la recordaba perfectamente. No era nativa de Frostglen. Sus progenitores enfrentaban severos conflictos legales con el Imperio. Nada fuera de lo común en la nobleza humana; siempre obsesionados con el poder y el dominio absoluto. Aún conservo el recuerdo de mi última incursión en el territorio imperial. Los humanos... son la especie más despreciable que existe. Perpetran experimentos aberrantes con sus propios congéneres. Fue el escenario más abyecto que presencié jamás. Los alaridos de agonía. Las sesiones de tortura. La progresiva pérdida de la cordura y la humanidad. Las decapitaciones metódicas. Los despojos mutilados. La sangre proyectándose con cada prueba fallida. Un dolor visceral impregnando cada rincón de aquellas instalaciones. Aún conservo la memoria de ese horror. Sigue representando el evento más traumático que se pueda presenciar. Existe una brecha insalvable entre ellos y nosotros. Lucifer ha ejecutado atrocidades peores, es verdad; pero la naturaleza humana es intrínsecamente perversa. Seres deleznables, repulsivos. No poseen el menor valor. Todos y cada uno merecen la aniquilación. Ya no tengo claridad sobre mis propios anhelos. Lo único que realmente persigo... es que Amadeus tenga la oportunidad de comenzar una nueva vida en este mundo. Solo si ella así lo desea. Solo si logra dar con la persona indicada; alguien capaz de rescatarla definitivamente de este infierno. Al analizar la energía con mayor detenimiento, percibí una discontinuidad. Ese sujeto... no es el Dios Nocturno. Entonces, ¿de quién se trata? Permanecí inmóvil durante varios minutos, con la mirada endurecida. Ese muchacho... ¿de qué forma es capaz de sostener un enfrentamiento directo contra una entidad divina? Y en ese preciso instante, el entorno sufrió una alteración absoluta. El flujo del tiempo se congeló por completo. El viento se detuvo y una risa perturbadora resonó en el aire estático. —Qué peculiar... encontrar a otro ser abismal en este lugar. Mi cuerpo se tensó instantáneamente, adoptando una postura defensiva. —¿Quién eres? —cuestioné con frialdad glacial—. ¿Y cuál es el propósito de haber detenido el tiempo? Una figura descendió con lentitud desde las alturas. Se trataba de un joven de cabello blanco y ojos de un azul penetrante que me fijaba la mirada. No eran ojos ordinarios... bastaba una sola fluctuación en su intención para comprender que mi vida pendía de un hilo. —Por favor, no adoptes esa actitud —expresó con una sonrisa amarga—. Desde que ustedes desataron el ataque en la mazmorra no han dejado de pronunciar estupidez tras estupidez. Un escalofrío me recorrió la espina dorsal. —Ustedes masacraron a esa gente. Yo estuve presente. Presencié cómo tus aliados masacraban a los míos. Su voz temblaba levemente, saturada de una ira contenida a punto de estallar. —¿De verdad asumiste que te dejaría cruzar sin más? Ustedes representan la porquería más despreciable que existe en este mundo. Ya obtuvieron lo que buscaban... la reliquia. ¿A qué regresan ahora? ¿A erradicar al resto? Negué con la cabeza con lentitud. —Estupideces. No permitiré que nadie más vuelva a caer. Sus ojos se oscurecieron por completo. Gojo se encontraba devastado. De un escuadrón de veinte compañeros... únicamente doce conservaban la vida. No se trataba de meras cifras; eran vidas, vínculos, juramentos. Pero por sobre todo, era la destrucción de la esperanza. La ilusión de retornar con vida a sus hogares. Y ahora, todo eso había sido pulverizado. ¿De qué demonios está hablando este mocoso...? pensé en absoluto estado de shock. ¿Una reliquia? ¿Masacres? Fue entonces cuando la verdad me golpeó. —¿Qué fue lo que hiciste, Lucifer...? —murmuré con una rabia hirviente—. Aseguraste que no realizaríamos ningún movimiento. Dijiste que mantendríamos la neutralidad. Apreté los puños hasta cortarme la piel. —Y esto... esto fue lo que decidiste ejecutar por tu cuenta. Mi aura abismal fluctuó violentamente a mi alrededor. —Maldito seas... eres una basura infame. La peor escoria que he tenido el disgusto de conocer. —Pero dime algo... dímelo directamente de tu propia boca —exigió Gojo con la voz temblando por una determinación absoluta—. ¿Qué es lo que persiguen ustedes realmente? ¿Acaso es por mi amigo? ¿Por mi único y verdadero amigo? Él depositó su confianza en mí desde el primer momento... ¿es a él a quien están cazando? Sabes algo... ya no puedo continuar tolerando esto. Y si la situación lo exige, estoy dispuesto a entregar mi propia vida por protegerlo. El silencio que siguió fue denso y sofocante. —¿Por qué expresas semejantes palabras? —respondí con absoluta frialdad—. ¿Acaso ese chico representa algo de tal magnitud para ti? ¿Algo inaccesible para los demás? Muy pocos comprenden el peso real de transitar ese camino. Di un paso al frente, encarando su presencia. —Tú lo sabías perfectamente desde el principio, ¿no es así? Siempre lo supiste. Desde el instante en que él puso un pie en esta academia, eras consciente de que cada catástrofe posterior sería una consecuencia directa de su presencia. Si buscas un responsable al cual culpar, señalarlo a él. No me culpes a mí ni a nadie insignificante. La presión en el aire se elevó de golpe a niveles críticos. —Oye... —dijo Gojo con una voz sumamente baja y peligrosa— ¿quién te otorgó el derecho de hablar de él de esa manera? Una mirada cargada de una amenaza letal se dibujó en su rostro. No era simple indignación; era una determinación irrevocable, la postura de alguien decidido a cruzar cualquier límite. —No tengo intenciones de combatir contigo, niño. Necesito verificar los acontecimientos del frente. Apártate. Gojo no cedió un solo milímetro. —¿Dejarte marchar? Ni en sueños. Antes de eso, respóndeme a algo con la verdad: ¿estás de acuerdo con los planes que Lucifer está ejecutando? No intentes evadir la pregunta. Un solo paso en falso... y te aniquilo aquí mismo. La paciencia comenzó a agotarse. —Por favor, niño... no dispongo de tiempo para tus dilemas. Mi paciencia se ha agotado. No puedo revelarte absolutamente nada. Además, soy un ser abismal —dije con una sonrisa torcida—. Aunque en ocasiones es posible compartir cierta información. No por confianza ni nada semejante, sino porque de ello depende nuestra propia supervivencia. A veces es algo extraordinario... pero nadie comprende la realidad en la que existimos. Intenté esquivar su posición avanzando hacia un costado, pero su presencia continuaba bloqueando mi trayectoria. —Niño, si de verdad deseas que las cosas no se compliquen aún más, deberías armarte de valor para lo que se avecina a continuación. Antes de que pudiera añadir otra palabra, un pensamiento cruzado me paralizó la mente. Sus ojos... Esos ojos. Eran idénticos. No en la tonalidad ni en la forma, sino en la profundidad de su mirar. La misma mirada de aquel joven sin igual... la mirada de Lucas. Resultaba incomprensible. La misma edad, el mismo período temporal. Pero él no nació siendo un monstruo de poder; fue moldeado por las circunstancias brutales de su vida. Qué patética me resulta esta situación... Me sentía exhausta. Harta de este ciclo interminable. En primera instancia, mi único objetivo prioritario es Amadeus. Nada más importa. Y para cumplirlo, necesito verificar una última teoría. Si esa persona resulta ser la entidad a la que Lucifer y Gabriel temieron en el pasado... no será por su nivel de poder o su fuerza bruta. Será por esa mirada. La mirada de alguien dispuesto a pulverizar la creación entera. No impulsado por un sentido de justicia ni por deber, sino por pura venganza. Por un odio de tal magnitud que ni el fuego de todos los dioses podría extinguir. Las llamas del infierno que Lucifer presenció no lo estaban consumiendo a él en un principio. Sin embargo, en el instante en que intentó aproximarse... el fuego lo devoró por completo. Eso fue lo perturbador. Lo verdaderamente inquietante. Si ese muchacho es la persona de la que Gabriel advirtió hace treinta y dos años, entonces no ha regresado para salvar absolutamente nada. Está aquí para cobrar venganza de cada individuo que le dio la espalda. Lo recuerdo perfectamente. Recuerdo a ese chico. Cuando enfoqué mi percepción con mayor rigor hacia la izquierda, lo comprendí todo. Los ojos de ese muchacho... eran los ojos de Carlos Sánchez. Es viable que alguien de su naturaleza despierte la misma sensación que aquel hombre que ascendió a la divinidad por pura voluntad propia, impulsado por la búsqueda de poder. Tuve la oportunidad de coexistir con él en el pasado. Antes... él no era esa clase de monstruo. Ignoro qué clase de evento lo quebró. Sus palabras, la serenidad de sus ojos, esa sonrisa cálida impregnada de respeto. Yo lo respeté profundamente en la época en que él y su clan no representaban una amenaza para nosotros. Pero la guerra lo cambió todo. Y él dejó de ser la misma persona. Fuiste y serás siempre mi gran hermano. Sin embargo, hoy ya no queda nada de aquel individuo. Ahora solo existes para masacrar. Para aniquilar a cualquiera que se interponga en tu camino, porque tu ego se expandió más allá de lo que cualquier entidad pudo contener. Y ahora, al observar a este joven, el paralelismo contigo es innegable. Pero él es diferente. No posee lo que tú tenías. No experimento miedo al contemplarlo. Aun así... su fisonomía difiere de la tuya y de la de Shiro. Conozco a la perfección la verdadera forma de Shiro. Y es una visión aterradora. Es algo horrendo, sumamente peligroso. Una amenaza que debió ser erradicada en aquella era distante. Tal como ocurrió con Mikoto. Ella fue una rival excepcional; como Diosa de la Guerra, nadie logró estar a su altura. Este dios que combate en la superficie no le llega ni a los talones a su legado. En aquella era, Mikoto ostentaba la supremacía absoluta. Era la fuerza más amenazante: una encarnación de la guerra capaz de masacrar divinidades, entidades con regeneración absoluta o inmortalidad, e incluso seres provenientes de otros multiversos. Suena descabellado, pero sé que es una realidad histórica. Y ahora... este muchacho. Este joven posee el dominio sobre la estructura del espacio y del tiempo. Lo percibo con absoluta claridad en la densidad de su aura. Es una energía inestable y sumamente violenta. Infinity. Ese poder es sencillamente pavoroso. Hace eones despertó en el primero de los suyos. Transcurrieron eras enteras... y todos y cada uno de los usuarios perecieron de las formas más crueles imaginables. Un destino del cual nadie logró escapar. No importaba el color de cabello ni el matiz de los ojos; cualquiera con la aptitud podía manifestarlo. Lo verdaderamente imponente... es que jamás existió un ser capaz de resistir su carga final. La mirada de Sayu ya no reflejaba una simple preocupación táctica; era la certeza de una calamidad inevitable. Era imposible zafarse de su dominio. Su espacio condicionado... su mera presencia... resultaban excesivamente peligrosos. Un individuo con semejantes facultades no debería existir en este plano. Y aun así... ese chico podía representar la pieza estratégica perfecta para Lucifer. O para Gabriel. O incluso para Laxuz. Los tres ostentan un poder superior al mío. Infinitamente superior. A menudo me cuestiono cómo sería experimentar una existencia ordinaria. Ser una humana común y corriente. Si no fuera por la presencia de estas alas, por estos cuernos y por estos ojos que delatan mi naturaleza abismal... podría pasar inadvertida. Podría aspirar a una vida pacífica. Aparté la mirada de Gojo. No podía permitirme continuar alimentando pensamientos tan patéticos. No se trataba de usurpar el poder de Carlos. Jamás fue ese el propósito. Bastaría con obtener una muestra biológica: un rastro de sangre, su ADN. Un experimento. Y si los resultados coinciden con mis proyecciones... si mis cálculos no erran... él podría representar la cura definitiva para Amadeus. La única existente. No para convertirla en una herramienta de guerra ni para encadenarla a un nuevo sufrimiento, sino para otorgarle la libertad absoluta. Pero esa idea bordeaba un terreno peligroso. Porque en el instante en que cruzara esa línea, me transformaría en la misma clase de escoria que ellos. Lucifer instrumentalizaría ese poder, Gabriel lo moldearía a su antojo y Laxuz lo fragmentaría hasta extirpar cualquier vestigio de humanidad. Y yo... me niego rotundamente a convertirme en eso. Amadeus ya ha padecido suficiente infierno. No permitiré que vuelva a ser reducida a un sujeto de pruebas, ni a un sacrificio, ni a un instrumento de combate. Si existe una cura real... debe ser una elección consciente, no un despojo robado. Inhalé profundo para recobrar la compostura. Ese chico —Carlos— no es un dios. Tampoco es un monstruo. Al menos no todavía. Pero si alguien lo orilla al extremo... si es víctima de una traición... si le arrebatan lo escaso que aún lucha por conservar... entonces sí. El mundo será testigo de algo infinitamente peor que un Dios Nocturno. Y esta vez... nadie en la creación tendrá la capacidad de detenerlo. Porque él es Carlos Sánchez. Un Sánchez que jamás caerá doblegado, y para el cual se requeriría de un ejército entero solo para intentar frenar su avance.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 159

Estás leyendo el capítulo 159 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.