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Capítulo 158: El Despertar del Demonio Nocturno
Punto de vista: Carlos, Milin, Eime, Daniel (Dios de la Guerra), Sayu y Perspectiva Global
Aparentemente Eime estaba destrozando al enemigo de forma impecable... pero algo no encajaba en la ecuación.
Existía una presión invisible en la atmósfera, una incomodidad sofocante que no provenía del intercambio físico del combate, sino de algo infinitamente más profundo. Algo estaba terriblemente mal.
Entré de lleno en mis pensamientos mientras Milin me observaba en silencio. Ella lucía completamente confundida al verme tan sereno después de haberle dejado la totalidad de la pelea a Eime. Pero aquella calma no era un reflejo de confianza... era cálculo táctico puro.
Ya era el momento de moverme.
Dejé caer una pequeña fracción de mi reserva de maná. Apenas un fragmento imperceptible, lo suficiente para no llamar la atención directa de ese monstruo divino. Mi mente trabajaba a una velocidad abrumadora.
¿Qué hechizo debía ejecutar? Necesitaba algo absurdamente efectivo. Algo de naturaleza destructiva pura. Algo capaz de afectar y carcomer a una divinidad.
Fue entonces cuando la fórmula se aclaró en mi mente.
Devorador de Sombras... Imbuido con púas negras.
Milin continuaba observándome en silencio mientras me concentraba al máximo. El aire a nuestro alrededor comenzó a volverse denso y pesado, como si las sombras mismas de la zona estuvieran reaccionando a mi intención asesina. No estaba simplemente puliendo mis habilidades; estaba forzando mis límites biológicos y mágicos.
No pensaba únicamente en destruir. Necesitaba una magia que corrompiera su propia esencia divina desde la raíz, algo que rompiera y sobrepasara cualquier norma o regla humana.
Después de todo... yo no era un héroe. Solo era el último sobreviviente de un clan extinto.
Inhalé profundo y hablé sin desviar la mirada ni un solo milímetro del centro de la batalla.
—Milin... hay algo sumamente importante que debes saber.
Ella alzó la cabeza de inmediato, atenta a mis palabras.
—Cuando toda esta masacre termine, tú y tu hermana Merlin se irán bajo el cuidado de cierta persona. Más adelante te revelaré todos los detalles de ese arreglo.
Se produjo un breve y tenso silencio entre los dos.
—Por ahora, dime algo —continué con tono clínico—: ¿cuál es tu especialidad mágica?
Milin vaciló durante una fracción de segundo antes de responder.
—Puedo dominar la magia de sanación... y también la magia de destrucción de alto nivel —dijo en voz baja—. Pero como acabas de ver con tus propios ojos, soy sumamente torpe con esa espada gigante que me entregó tu compañera Eime...
Apretó los dedos con claro nerviosismo contra el mango del arma.
—Pero... pero podría mejorar. Si tú me lo pides. Y si logro adaptarme a ella... ¿tú me ayudarías a dominar esta espada?
Su voz tembló perceptiblemente al admitir su fragilidad.
—Me está devorando el maná a una velocidad pavorosa. Intento curarme a mí misma utilizando mi magia de sanación, pero me resulta imposible, Carlos... —levantó la mirada hacia mí, con los ojos empañados por el pánico—. Esta cosa me está absorbiendo todo el maná interno.
Las sombras a mi alrededor parecieron reaccionar a la angustia de sus palabras, agitándose como serpentinas oscuras.
La miré con absoluta seriedad, pero sin un ápice de dureza.
—Escúchame muy bien, Milin —dije con voz firme y dominante—. Esa espada no te está rechazando en absoluto... únicamente te está poniendo a prueba.
Dí un paso firme en su dirección.
—La magia de sanación y la magia de destrucción no son polos opuestos. Son exactamente la misma decisión, pero vista desde dos perspectivas diferentes. Tú no estás fallando en el manejo de la espada porque seas débil o incompetente... estás fallando porque en lo más profundo de tu ser aún dudas de ti misma.
El maná de naturaleza oscura comenzó a condensarse masivamente bajo mis botas.
—Así que escúchame bien —continué—: si logras sobrevivir a esta catástrofe, te enseñaré personalmente a dominarla. Pero primero debes resistir esta prueba de fuego. No la enfrentes desde el miedo. Aférrate a una sola convicción absoluta... la necesidad de proteger.
Le di la espalda y fijé la mirada hacia la cortina de fuego en el frente.
—Ahora concéntrate al máximo. Yo me encargaré de abrir el camino.
Las sombras del entorno se elevaron con lentitud, erigiéndose como púas negras que pulsaban con un ritmo biológico propio.
—Prepárate, Milin... Porque esto apenas está comenzando. Y eso... es algo que te voy a enseñar por las buenas —sentencié con voz helada—. Cierra los ojos. Solo concéntrate en tu respiración. Yo me iré adelantando.
Milin vaciló apenas un milisegundo, pero decidió obedecer ciega. Cerró los ojos y exhaló profundo, aferrándose desesperadamente a mis palabras como a su único salvavidas.
Activé la técnica Voltstrike.
Tenía la secuencia entera estructurada. Todo fríamente calculado.
Desaparecí del plano físico.
Mi cuerpo se teletransportó a una velocidad sobrehumana, atravesando las ruinas del campo de batalla en una milésima de segundo. El entorno se transformó en un destello azul violáceo hasta que reaparecí directamente frente a la posición de la divinidad.
El cuerpo de Daniel continuaba marcado por heridas mortales de la explosión previa. Un humo denso y abrasador lo envolvía por completo, como si el aire intentara ocultar su presencia. Entonces... lo vi fijamente.
Una silueta maltrecha.
—Así que sigues respirando... —murmuré con frialdad.
La silueta se movió ligeramente. Su anatomía divina se estaba regenerando: carne, hueso y energía sagrada reconstruyéndose a una velocidad sobrehumana.
No le concedí la menor ventana de tiempo.
Alcé la mano y mi sombra corporal se deformó masivamente.
—Púas de Sombras... de la Oscuridad Astral.
Las sombras emergieron violentamente desde el fondo de mi propia proyección, retorciéndose como bestias famélicas. Decenas de púas de un negro absoluto brotaron del suelo resquebrajado, desgarrando la estructura del espacio mismo para detonar de golpe contra su anatomía.
La onda expansiva resultante fue devastadora.
El impacto desestabilizó por completo el flujo de maná ambiental, desatando una explosión colosal que comenzó a expandirse sin ningún tipo de control. El suelo se abrió en abismos, el aire vibró al borde de la ruptura y la detonación continuó devorando todo a su paso.
Por un segundo eterno, la escena se redujo a luz, oscuridad y caos absoluto.
Y mientras contemplaba cómo el incendio de sombras engullía el terreno, una sola certeza cruzó por mi mente:
Esto no es solo para frenar tus movimientos... Esto es para que comprendas de una vez por todas que ya no posees el control de esta batalla.
Las púas continuaban expandiéndose sin freno, reclamando su presa divine.
Pero entonces ocurrió algo anómalo.
Pese a que mis estocadas de sombra no se detenían y la oscuridad avanzaba implacable... algo andaba profundamente mal.
Desde el núcleo del humo abrasador, un par de ojos de un brillo penetrante se abrieron paso. No eran ojos humanos. Tampoco pertenecían a un dios convencional. Eran la manifestación de algo infinitamente peor.
Una carcajada resonó entre las ruinas. Un sonido cargado de desprecio y arrogancia absoluta.
Daniel desapareció del espectro visual.
Y en el microsegundo siguiente... reapareció posicionado exactamente a mis espaldas.
Con un único movimiento de su hoja, una presión aplastante comprimió la atmósfera.
—¡Carlos! —gritó Eime a la distancia con desesperación.
Pero yo ya no podía escucharla.
La espada divina me atravesó limpiamente la parte superior del pecho.
Un chorro de sangre brotó violentamente de mi boca mientras mi torso se arqueaba por el impacto masivo. Una fulgurante luz dorada estalló desde el filo de la espada de Daniel, detonando una explosión tan catastrófica que el caos resultante borró la estructura circundante.
El suelo fue atomizado. El espacio se fracturó. La destrucción consumió la zona cero.
Salí disparado como un proyectil, atravesando los restos humeantes del terreno. Sin embargo, aun con mi cuerpo destrozado, las púas de sombras jamás interrumpieron su ataque: continuaron persiguiendo encarnizadamente a Daniel, aunque este lograba bloquearlas una tras otra con una agilidad diabólica.
Este maldito mocoso... es infinitamente peligroso, pensó Daniel apretando los dientes con frustración mientras desviaba las púas. ¿Cómo carajos es capaz de manifestar una técnica de esta naturaleza? Si lo asesino definitivamente, estos ataques jamás se van a detener. Maldición... qué mocoso tan astuto.
A lo lejos, Eime presenció el instante preciso en que mi cuerpo fue atravesado. Su rostro se desencajó en un horror absoluto.
Una furia colosal y sin precedentes despertó en lo más profundo de su ser.
Emperor Armor percibió la alteración de inmediato. Sin requerir orden alguna de su invocadora, el coloso de tres metros actuó por voluntad propia. Aferró a Daniel bruscamente de la cabeza y lo estampó contra el suelo una y otra vez con una fuerza bruta desmedida. Los impactos masivos pulverizaron la tierra y le cercenaron extremidades al Dios de la Guerra... pero Daniel continuaba regenerándose. Cada vez a mayor velocidad.
—¡Es suficiente! —rugió Eime fuera de sí.
Alzó su espada hacia el cielo. Decenas de constructos mágicos destructivos se manifestaron en el aire, cayendo en picado sobre Daniel como una tormenta letal. Su mirada lucía fría, siniestra y completamente obstinada en borrarlo de la faz de la existencia.
Una onda expansiva de magnitud bíblica estalló, envolviendo a Daniel por completo en un infierno de fuego.
Durante un instante... se hizo el silencio absoluto.
Y entonces...
Desde las profundidades de la humareda, una sonrisa retorcida y burlona volvió a manifestarse.
—Esto... esto no puede ser posible... —susurró Eime dando un paso atrás—. ¿Cómo demonios es capaz de salir absolutamente ileso de semejante ataque...?
Daniel emergió con parsimonia de entre los escombros.
—¿Acaso no te ha quedado claro todavía? —se mofó con prepotencia—. Te lo repetiré las veces que sea necesario para que entiendas—
No pudo concluir la oración.
Desde lo más profundo de las ruinas pulverizadas, una presencia titánica comenzó a erigirse.
La atmósfera del lugar se volvió invivible. El mundo físico tembló sobre sus cimientos. Una luz de oscuridad pura brotó desde los escombros, como si un ser concebido para aniquilar cualquier lógica de la creación estuviera despertando de su letargo.
—¿¡Cómo demonios sigues con vida, Carlos!? —gritó Daniel con la voz desfigurada por el odio y la frustración—. ¡Un ataque directo como ese tenía la capacidad de erradicar un universo entero! ¡Y aun así...!
Una silueta envuelta en sombras se puso de pie entre los restos. Un aura de violencia primigenia sacudió el plano entero.
Cuando emergi de entre los escombros, mis ojos ya no pertenecían al espectro mortal.
Daniel reconoció la naturaleza de esa mirada al instante. El terror absoluto se apoderó de cada fibra de su ser divino.
—No... —susurró retrocediendo instintivamente—. Esa presencia...
Un Nocturno completamente enfurecido se erigía frente a sus ojos.
Y en ese preciso instante, Daniel comprendió la aterradora realidad: la contienda ya no estaba igualada en lo absoluto. Se había transformado en una calamidad insuperable. En una sentencia de muerte.
La furia que emanaba de mí ya no poseía el menor rastro de humanidad.
Por primera vez en mi existencia, estaba proyectando un odio imponente y absoluto, reflejado en mis ojos como el de una entidad con la capacidad de arrasar un mundo entero sin pestañear. No se trataba de rabia convencional. Era un decreto de aniquilación.
Mi respiración sonaba pesada, profunda y cargada con una ira reprimida durante eones. Ya no era el mismo individuo de hace unos minutos.
Aquel poder desbordado no era producto de mi voluntad ni de una decisión consciente; era una fuerza titánica que había sido despertada por un error fatal del enemigo... algo que jamás debió haber sido perturbado.
Esto no tenía punto de comparación con ninguna de mis batallas previas.
Una expresión espeluznante cruzó mi rostro.
Me elevé lentamente sobre el suelo... y desaparecí del espacio.
Nadie fue capaz de registrar mi desplazamiento.
En el microsegundo siguiente, Daniel recibió un impacto directo en pleno abdomen. No se trató de un golpe físico estándar. La fuerza descargada rompió las leyes de la física, deformó la estructura del espacio y aplastó la realidad misma alrededor de su cuerpo. El impacto lo catapultó como si la creación entera hubiera decidido expulsarlo de su plano.
El sonido resultante fue seco, brutal y categórico.
A miles de kilómetros de distancia...
Kai se detuvo en seco en mitad de su marcha.
Absolutamente todas las formas de vida —sin distinción de raza o naturaleza— percibieron aquella presencia sofocante. Gigantes. Seres abismales. Humanos. Dioses ancestrales. Entidades que jamás en su historia habían conocido el miedo... todos y cada uno de ellos experimentaron un pavor visceral.
El Demonio Nocturno había regresado al mundo.
—E-Esto es... simplemente imposible... —murmuró Sayu con la faz pálida y el cuerpo petrificado por el terror desde el reino abismal—. ¿Acaso... el Dios Nocturno ha despertado de nuevo?
En otra región lejana, Hina sintió cómo la sangre se le helaba instantáneamente en las venas. Josué apretó los puños con rabia impotente.
No hacía falta ponerlo en palabras. Esa presión crushing... ese aura de estar siendo contemplado por una deidad que jamás debió despertar...
Si aquella entidad era realmente el Dios Nocturno... el equilibrio del mundo acababa de cruzar un punto de no retorno.
Hina dio un paso impulsivo hacia adelante, pero una voz firme la detuvo antes de que cometiera un error.
—Será mejor que no intervengas, Hina —advirtió la voz con gravedad—. Si es verdad que ese ser ha despertado... ninguno de nosotros posee el nivel para hacerle frente.
Hina apretó los dientes con frustración.
—¿Entonces qué se supone que hagamos...?
—Solo existe una persona en este mundo capaz de lidiar con algo así —respondió la voz con severidad—: Shirou.
Un silencio espeso cayó sobre ellos.
—Por el momento, debemos continuar con nuestro trayecto —reanudó la instrucción—. Recuerda que Melissa, Saleh, Rai, Alefa y Angélica están bajo nuestra responsabilidad. Debemos confiar en que ellos harán todo lo que esté a su alcance. No te atormentes —añadió en un tono más empático—; Carlos estará bien.
Hina no respondió de inmediato. Su pecho se mantenía oprimido por una angustia que se negaba a aceptar. Sin embargo, terminó asentiendo lentamente.
—Confío en él... —murmuró en un suspiro—. Siempre lo hago.
Mientras tanto, en lo más profundo del reino abismal, Sayu permanecía completamente inmóvil. Esa firma energética... no existía la menor duda de que un monstruo primigenio había vuelto a la vida.
—No puede ser... —susurró para sí misma—. Pero si realmente se trata de él...
El nombre no necesitaba ser mencionado en voz alta: el Dios Nocturno.
Sayu cerró los ojos por un instante. Experimentaba un pánico que no sentía desde hacía siglos, pero al mismo tiempo una necesidad imperiosa e ineludible.
—Tengo que presenciarlo con mis propios ojos.
Sin dar aviso a nadie, dio un paso al frente y desplegó un portal de sombras densas. La oscuridad respondió de inmediato, envolviéndola como un manto viviente.
Si de verdad has regresado... pensó mientras cruzaba el umbral, entonces el equilibrio de todos los reinos ha colapsado para siempre.
Y desapareció sin dejar rastro.
De vuelta en el epicentro del campo de batalla, la atmósfera se había vuelto completamente irrespirable.
Daniel retrocedía a tropiezos, no por una estrategia de combate, sino impulsado por el puro instinto de supervivencia. Cada fibra de su ser divino le gritaba que se encontraba ante un peligro letal.
Frente a él, yo no pronunciaba una sola palabra. No existía la menor necesidad de hacerlo.
Mi aura oscura se expandía como una noche eterna y definitiva, aplastando todo lo que tocaba. El terreno se resquebrajaba bajo mis pasos y el aire vibraba con una presión imposible de contener.
A la distancia, Eime contemplaba la escena con el corazón latiéndole a mil por hora.
—Ese ya no es solo Carlos... —susurró con la voz temblorosa—. Pero tampoco es un desconocido.
El Demonio Nocturno había despertado por completo. Y esta vez... no tenía la menor intención de mostrar piedad.

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Estás leyendo el capítulo 158 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.