arrow_back

Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 157 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 157: El mundo del Pasado y el Canto de la Guerra Punto de vista: Eime, Carlos y Daniel (Dios de la Guerra) Había pensado infinitas veces en un momento como este... pero jamás imaginé que se materializaría de una forma tan brutal. ¿De verdad ese ridículo dios desterrado se atrevió a vociferar que ninguno de nosotros estaba a su altura? Cuando liberé esa explosión catastrófica, cuando dejé que la totalidad de mi poder se desbordara sin el menor freno de seguridad, llegué a creer —aunque fuera por una breve fracción de segundo— que al menos había logrado causarle un daño significativo. Que la magnitud de mi ataque le había dejado marcado el cuerpo para siempre. Pero no fue así. No le causé absolutamente nada. Lo comprendí en el doloroso instante en que el polvo del impacto comenzó a disiparse y su silueta continuaba erguida en el centro de las ruinas. Protección divina... pensé para mis adentros con amargura. Derivada de las mil sombras de la luz. Un poder sagrado y de origen ancestral que mi memoria conocía demasiado bien. En teoría, enfrentarme a aberraciones de esta escala era algo normal para alguien con mi recorrido... o al menos eso era lo que me gustaba repetir mentalmente. Mikoto me lo había advertido claramente hace mucho tiempo. Mikoto... Ella siempre fue distinta. Una chica genuinamente buena; un verdadero ejemplo de nobleza, incluso entre la podredumbre del panteón divino. Hace exactamente treinta y dos años tuve la oportunidad trascendental de conocerla en persona. Aún puedo escuchar su voz en mi mente: tranquila, serena, sumamente firme, como si ninguna catástrofe del universo pudiera llegar a quebrarla. Ese fatídico día... fui yo quien perdió por completo el control emocional. Le hablé desesperadamente sobre la trágica muerte de mi señor. Sobre la partida de Carlos. Recuerdo perfectamente que mis manos no dejaban de temblar. Mi voz se quebraba en cada sílaba. Y ella simplemente se limitó a observarme... en total silencio, sin juzgar mi debilidad. —No te sientas mal ni te descompongas de esa manera —me dijo con una calidez inolvidable—. Ese chico aún sigue con vida en alguna parte. Aquel enunciado se quedó grabado a fuego en las profundidades de mi alma. —Tal vez su cuerpo físico haya muerto en este plano —continuó explicando ella—, pero les otorgaré un método sagrado para que ustedes puedan mantener una conexión espiritual ininterrumpida con él. Yo deseaba con todas las fuerzas de mi ser creerle cada palabra. Sin embargo, antes de despedirse, añadió una frase que me heló la sangre por completo: —No existe ninguna garantía de que, cuando regrese, él los recuerde a ustedes. Apreté los puños con rabia aquella tarde. Porque sabía perfectamente lo que eso significaba. Carlos era nuestro pilar absoluto. Nuestra única y verdadera razón de existir en este mundo. Sin su presencia guiándonos... nada volvió a ser igual jamás. Y Yuki... Ella fue la persona que más cambió tras su partida. Es algo que debo tener presente en todo momento. Siempre. Desde el día en que ella erradicó a todos sus enemigos sin importar las consecuencias geopolíticas ni las vidas inocentes, el mundo entero comenzó a referirse a ella con un título que sembraba el terror: el Ángel Guardián Infernal. Los dioses... Los seres abismales... Todos la buscan sin descanso. Todos le temen a niveles enfermizos. Y no es para menos. Yuki ha masacrado sin piedad a más de un millón de dioses y entidades abismales a lo largo de los años. No lo hizo por placer combativo. Jamás fue una sádica. Lo hizo porque aquellos seres le arrebataron lo más preciado que poseía en su existencia: su líder, su razón de ser, su única luz. Carlos Sánchez. Él solo buscaba hacer lo correcto. Siempre. Pero cuando las autoridades divinas lo ejecutaron injustamente... Cuando intentaron borrar su legado de los libros de historia... Nada volvió a ser igual. Ni para nosotros, ni para Yuki, ni para la estructura misma de este mundo podrido. Y ahora... verlo nuevamente frente a mí, peleando contra un Dios de la Guerra con el cuerpo destrozado, desangrándose y negándose rotundamente a caer... Sentí un fuego abrasador e incontrolable arder en lo más profundo de mis entrañas. No voy a permitir jamás que esa historia de tragedia vuelva a repetirse, juré en mi mente. Aunque tenga que plantar cara e invadir el infierno entero. Aunque tenga que romper cada una de las reglas impuestas. Aunque tenga que entregar mi propia vida en el proceso. Si este dios ignorante cree que puede repetir la ejecución del pasado... está terriblemente equivocado. No voy a permitir que haga lo que le plazca en mi presencia. Aparecí mágicamente justo frente a su rostro, cara a cara. Él me sostuvo la mirada con una expresión amarga y profundamente irritada. Yo le devolví el gesto con un desprecio absoluto y helado. Durante un segundo eterno, ninguno de los dos se atrevió a parpadear. Me preparé para la ofensiva. Acomodé mi postura de combate con la espada, afirmando mis pies con fuerza contra el suelo resquebrajado. Inhalé profundo, permitiendo que mi aura se desbordara sin el menor tipo de restricción, envolviendo el terreno circundante con una presión atmosférica sofocante. Arremetí hacia él a una velocidad jamás presenciada en este plano. El entorno a nuestro alrededor se distorsionó por la fricción. Él reaccionó al instante, igualando mi desplazamiento. Nuestras espadas chocaron con un estruendo brutal que resonó como si el mismísimo firmamento se hubiera partido en dos. En el microsegundo del choque, el Dios de la Guerra incrementó su cadencia, intentando forzar un choque de fuerza bruta para probar mi resistencia. Di un paso técnico hacia atrás, giré mi eje corporal y, ejecutando la técnica del Golpe Valiente con el filo plano de mi hoja, descargué toda la energía kinetic acumulada. El impacto lo arrojó violentamente hacia atrás. Sin embargo, utilizando su manipulación de maná, levantó las masa de rocas del terreno, haciendo que se erigieran a su alrededor como una muralla defensiva improvisada. No me detuve. Avancé a la máxima velocidad posible. La disparidad de naturaleza entre un dios y yo era evidente... pero eso no representaba el menor problema para mi combate. Porque la realidad es que yo aún no había liberado ni una sola fracción de mi verdadera fuerza. Y él... estaba a punto de descubrirlo de la forma más dolorosa. Vaya... no tenía idea de que ese chico contara con aliados de semejante calibre, pensó la vasija de Daniel mientras recomponía el vuelo. Pero eso ya no tiene la menor importancia. Lo más seguro es que esta mujer esté ocultando la totalidad de su reserva mágica. Aún así, es algo sorprendente... que alguien como ella sea capaz de rivalizar directamente contra una divinidad de la guerra. ¿Acaso ella también es una diosa oculta? La fluidez con la que se desplaza... cada estocada que descarga contra mi guardia... no se compara con nada que haya presenciado antes. Nadie en este mundo. Está claro que simplemente está jugando conmigo. Una sonrisa peligrosa y calculadora se dibujó en mi rostro. Giré en el aire esquivando su contraataque con una elegancia humillante. Él me sostuvo la mirada con frialdad, pero incluso en esa brecha comprendió la situación al instante. Su velocidad... era el fenómeno más sobrehumano que había presenciado jamás. Antes de que pudiera reaccionar a la finta, me asestó una patada Imbuida en energía solar en pleno torso. Salí disparada con una fuerza colosal, atravesando el aire a toda velocidad hasta impactar contra la tierra a más de sesenta metros de distancia, apartándome aún más de los límites de la escuela. Me incorporé con absoluta parsimonia, sin un solo rasguño de gravedad. —Yo, Eime... —murmuré con una voz grave que hizo vibrar el aire— responde a mi llamado primordial. Alcé mi espada hacia el cielo nocturno. —Responde ante mi presencia absoluta. Jamás te reveles ni te sometas ante mí... ni ante absolutamente nadie en la existencia. El suelo bajo mis pies comenzó a temblar con violencia. —Yo invoco a mi fiel servidor más poderoso... de entre todos los reinos de las llamas... emergido del mismísimo camino del infierno. Un complejo círculo de invocación se desplegó a mis espaldas, ardiendo en llamas carmesíes y grabado con runas antiguas. La ceremonia de manifestación se completó con un éxito rotundo. Había traído a este plano una entidad de identidad misteriosa y aterradora. Una presencia tan pesada que hizo que el aire se volviera casi imposible de respirar. De aquel portal emergió la criatura combativa más peligrosa de todos los tiempos. Superaba holgadamente los tres metros de altura; su fisiología era una perfecta combinación de masa muscular hipertrofiada y armadura mística. Portaba tres espadas distintas en su chasis, cada una emanando un tipo de aura elemental profundamente destructiva. Era un espectáculo aterrador. Pero para mi criterio... era sencillamente hermoso. Sus ojos fulguraron con un brillo de determinación absoluta, como si hubiera renacido victorioso de las cenizas del inframundo. —Tu nombre de guerra es... —dicté con firmeza— Emperor Armor. Su armadura imponente lo hacía lucir invencible. Blandió sus dos hojas principales y, sin necesidad de comandos verbales, comprendió mi intención táctica al instante. Él y yo nos pusimos en marcha simultáneamente. Nuestra velocidad de desplazamiento superó cualquier límite establecido para la física mortal. Desaparecimos del plano visual... y reaparecimos instantáneamente frente al Dios de la Guerra. Lancé una ráfaga incesante de estocadas con mi espada, cada corte cargado con una cantidad abrumadora de poder. Al mismo tiempo, Emperor Armor ejecutó una ofensiva combinada, cruzando sus dos espadas pesadas y dejando múltiples cortes profundos en la guardia del enemigo. La velocidad de ambos era simplemente imposible de procesar. Incluso para la percepción de un dios. Era un hecho innegable: él estaba teniendo serias dificultades para contener nuestro avance coordinado. Él arremetió contra mi cuello. Por pura intuición combativa me agaché, esquivando el tajo por un margen milimétrico. En ese mismo microsegundo, como un destello de luz, desaparecí. Cuando reaparecí, estaba posicionada justo encima de su cabeza. Aproveché el instante exacto en que Emperor Armor descargó una combinación pesada. Con cada impacto que mi criatura asestaba, el Dios de la Guerra intentaba adaptarse a la pauta de ataque. Pero eso no era algo normal. Cuando lo había enfrentado previamente, jamás demostraba esa capacidad de lectura. Pero ahora... teniéndolo acorralado, comprendí la diferencia abismal. Él ya no estaba luchando contra un invocador común; ahora era víctima de mi colección de armas de destrucción masiva. Había esperado este momento durante demasiado tiempo. Deseaba estrenar a Emperor Armor en una batalla real. Quería demostrarle a mi líder que yo me tomo las cosas con absoluta seriedad cuando la situación lo requiere. Aun así... me producía una leve sorpresa ver cómo un verdadero Dios de la Guerra experimentaba problemas reales para frenar a la bestia. Aquello hizo que una sonrisa peligrosa se dibujara en mi rostro. Fue entonces cuando la vi: la brecha defensiva. Un error milimétrico en su postura... pero más que suficiente. Emperor Armor lo había forzado a una posición desajustada. Su guardia estaba completamente rota y su equilibrio comprometido. Dejé de calcular. Dejé de atacar físicamente. Alcé la mano izquierda y comencé a conjurar. Decenas de hechizos de alta escala se formaron instantáneamente a mi alrededor, desplegando capas sobre capas de símbolos místicos que ardían en el aire. No valía la pena perder el tiempo nombrando cada encantamiento por separado. Eran demasiados. Era un poder demasiado abrumador. Así que decidí canalizarlos y resumirlos en un solo decreto de destrucción pura: —Erupción volcánica: golpe doméstico. El suelo rugió con furia. La tierra se fracturó masivamente bajo los pies del Dios de la Guerra, eufórica en un torrente de magma y presión geomántica que detonó hacia el cielo como si el infierno mismo hubiera decidido emerger en la academia. El aire se volvió irrespirable y el calor generado era tan extremo que carbonizaba la materia con la sola cercanía. No era un simple ataque mágico. Era una sentencia de muerte. Y esta vez... ni siquiera una divinidad podía estar segura de sobrevivir a semejante impacto. A la distancia, Carlos y Milin contemplaban el despliegue en absoluto silencio. Sus rostros reflejaban un asombro genuino. Aquella mujer... estaba luchando con una severidad aterradora. —Vaya... —murmuró Carlos evaluando el maná—. No creí que ella fuera a llegar al extremo de invocar a una criatura de semejante escala. Esa entidad... es infinitamente más amenazante de lo que llegué a calcular. Por primera vez en la contienda, la expresión de Carlos denotó un profundo respeto combatiente. —Eime... has demostrado un dominio increíble. Has progresado de manera monstruosa con el pasar del tiempo. Milin apretó los puños con fuerza, sintiendo la presión a la distancia. —O-Oye, Carlos... —su voz tembló por la conmoción—. ¿Quién es exactamente esa mujer? Por favor... exijo que me lo digas. Carlos guardó silencio durante unos segundos, manteniendo los ojos fijos en la pira de magma. —Más tarde te lo contaré todo con detalle —respondió finalmente—. Al menos a ti y a mi hermana. Ambas se merecen una explicación clara de todo esto. De todos modos... tu padre tendrá que enterarse eventualmente de la verdad sobre lo que les ocurrió a ustedes. Es un deber que debo cumplir sin falta. Carlos bajó la mirada por un instante. —Milin... es por mi culpa que ustedes dos tuvieron que pasar por semejante experiencia traumática. Ella negó con la cabeza de inmediato, con una firmeza absoluta. —No —dijo mirándolo fijamente—. Nada de esto es tu culpa, Carlos. Tú solo hiciste lo que tenías que hacer. Estabas ocupado enfrentando amenazas mayores... y yo simplemente tenía mucho miedo. Su voz se quebró ligeramente al recordar el incidente. —Jamás imaginé que mi primer día de clases fuera a ser algo tan horrible... y lo siento mucho. Carlos la miró con absoluta seriedad. —No tienes por qué disculparte —respondió suavemente—. No quiero verte desanimada. Haré todo lo que esté a mi alcance para asegurarme de que nadie vuelva a molestarte jamás. Mantendré mi palabra hasta el final. Extendió la mano y la tomó con delicadeza. —Vamos... no seas tan desconfiada con el mundo. Te lo dije antes, ¿recuerdas? Confía en mí. Muy pronto encontrarás amigos verdaderos que te apoyen en todo. Y yo estaré ahí para ayudarte... porque somos amigos. Aunque nos hayamos conocido hace apenas unas horas. Milin permaneció en total silencio, sin despegar la mirada de él. Su cuerpo temblaba levemente. En su memoria, la imagen de Carlos arrancándose metafóricamente el corazón para continuar luchando había quedado grabada como una herida abierta. No era solo temor por el enemigo; era un trauma incipiente. No estaba llorando, pero su mirada transmitía algo mucho más profundo: un miedo abrumador a presenciar la muerte de alguien frente a sus ojos. No lograba comprender cómo alguien en su posición podía ser tan genuinamente amable con una desconocida. En su mente resonaron las palabras que su padre le había dicho en el pasado: Él es amable con todo el mundo. Y esa es precisamente su mayor debilidad. Ser traicionado. Ser olvidado. Pudrirse por dentro. Una persona que camina por la vida con infinidad de espadas clavadas en la espalda, arrastrando cadenas de juicio, como si su mera existencia fuera una condena eterna. Y aun así... él continuaba extendiéndole la mano a los demás. —Hay algo crucial que debes comprender, Milin —dijo Carlos en voz baja—. Tu padre fue poseído por la influencia de un dios antiguo. Él no tenía la menor idea de lo que le estaban haciendo a su mente ni a su cuerpo. Por lo que he podido investigar, la orden de sacerdotes está profundamente involucrada en todo este entramado. Tal vez... le hicieron exactamente lo mismo que le hicieron a mi hermano. Carlos apretó los dientes con rabia contenida. —No puedo quitarme de la cabeza la imagen de lo que mi hermano tuvo que sufrir... cómo fue torturado en las sombras. Es algo que ni yo mismo quiero imaginar. La miró fijamente. Milin le devolvió la mirada con unos ojos determinados, demasiado maduros para alguien de su edad. Por un instante, pareció como si otra presencia la observara a través de ella. Era una chica tímida y nerviosa, pero para ser su primer día de clases, comprendía la realidad del mundo con aterradora claridad. Así que esto era exactamente lo que buscabas, Kenzo... pensó Carlos para sus adentros. Querías que yo me convirtiera en el protector y amigo de tus hijas. Para reparar un trágico error del pasado... uno que ocurrió hace años y que aún no ha sido cerrado. Tus hijas estarán a salvo bajo mi cuidado, continuó reflexionando en silencio, como si Kenzo pudiera escucharlo. Sé perfectamente que has estado investigando por tu cuenta sobre Lucifer y el resto de las deidades... me puedo imaginar el infierno por el que has pasado. Tu reputación está manchada, lo sé. Pero yo me encargaré de limpiarla. Te lo prometo. Mi prioridad absoluta será la seguridad de tus hijas. Gracias... por haberlas enviado hacia mí. Te prometo que les enseñaré a defenderse y luchar. Especialmente a tu hija menor. He notado que tiene serias deficiencias en el manejo técnico de la espada; un entrenamiento riguroso no le vendrá nada mal. Solo a ella. Merlin no lo necesita. Lo comprobé hace un momento: es increíblemente fuerte. Se nota a leguas que la has entrenado con el único propósito de proteger a su hermana. Y eso... eso es la actitud de una verdadera hermana mayor. Me recuerda demasiado a mí mismo. Seguramente el peso de esa responsabilidad ya aplasta sus hombros... y es algo que entiendo a la perfección. En el centro del cráter, Eime continuaba desatando una ofensiva implacable. La destrucción circundante amenazaba con hacer colapsar el cuadrante entero de la academia. Cada detonación de maná retumbaba de forma sorda, sacudiendo el espacio entre ella, el Dios de la Guerra y Emperor Armor. Eime dio un paso atrás. Emperor Armor comenzó a experimentar un crecimiento antinatural. Con cada golpe y cada corte que la espada del Dios de la Guerra infligía sobre la criatura, esta simplemente absorbía el impacto y se volvía más fuerte. —Se está adaptando a su estilo de combate a una velocidad monstruosa... —murmuré observando el proceso. Por fortuna, la criatura estaba bajo mi control absoluto. De lo contrario, representaría una amenaza incontrolable para el entorno. —Dime una cosa, Daniel —interpeló Eime con una voz cargada de un desprecio absoluto—. ¿Qué es exactamente lo que pretenden lograr todos ustedes? El viento rugió a su alrededor. —Tenía entendido que los altos dioses les habían advertido explícitamente que jamás se metieran en nuestros asuntos. Pero parece ser que hicieron oídos sordos a esa advertencia. Una sonrisa peligrosa y desafiante se dibujó en los labios de Eime. —Qué rotundo fracaso... los dioses actuales son tan patéticos que me dan ganas de masacrarlos a todos con mis propias manos. Pero quién sabe cómo terminarán realmente las cosas al final. Ten algo muy claro en tu cabeza: espero que no se te ocurra intentar huir de aquí. Porque si lo haces, te juro que te arrancaré esos ojos llenos de arrogancia. Una carcajada desagradable y distorsionada brotó de la garganta de la vasija de Daniel. Una risa lenta, cargada de una superioridad enfermiza. —Los dioses como nosotros pertenecemos a una escala completamente distinta —sentenció—. No nos comparamos con los débiles humanos ni con las criaturas de otros reinos. Cada individuo es único. Yo era infinitamente poderoso. Adorado y respetado en el reino celestial. Su voz se volvió aún más oscura y tenebrosa. —Hasta que las altas esferas me propinaron un cobarde golpe de estado. Quisieron deshacerse de mi presencia porque sabían con absoluta certeza que me estaba volviendo más fuerte que cualquier otro ser en la existencia. Por esa razón fui desterrado a este plano inferior. Para hacer exactamente lo que me plazca con sus vidas. ¿Acaso has oído hablar alguna vez del legendario Rey de los Héroes? Eime chasqueó la lengua con profundo Fastidio. —No. Y la verdad me importa bastante poco lo que tengas que decir sobre los diez héroes legendarios. Le apuntó directamente al rostro con la punta de su espada. —Ni se te ocurra volver a amenazarme, supuesto dios cado —dijo Eime con una voz cargada de un desprecio absoluto—. No logro comprender cómo un ser de tu clase se atreve a hablar con semejante altanería frente a mi líder. Eres patético. Un inútil bueno para nada. Al final de todo, sigues siendo una criatura débil. Una carcajada retorcida volvió a brotar del Dios de la Guerra, resonando con un eco enfermo entre los escombros de la academia. Y eso... Eso fue algo que Eime no pudo tolerar en lo absoluto. No estuvo dispuesta a permitir que esa aberración hablara de esa forma sobre Carlos. Algo dentro de su ser se quebró y comenzó a arder con una furia descontrolada. La ira ascendió desde sus entrañas directamente hasta su garganta. —No vuelvas a atreverte a pronunciar su nombre con esa boca podrida... —murmuró Eime con una voz helada que ya no contenía la menor emoción humana. Emperor Armor captó la orden implícita al instante. Sin necesidad de mandatos verbales, la criatura se abalanzó hacia adelante. Sus tres espadas brillaron simultáneamente, trazando un arco de corte imposible en el aire. La atmósfera misma pareció rasgarse ante la fuerza del impacto. Un ataque de magnitud destructiva fue lanzado sin la menor piedad. Daniel apenas tuvo margen para reaccionar. El golpe lo alcanzó de lleno en el costado. Su brazo izquierdo fue cercenado limpiamente, saliendo volando por los aires. La sangre divina brotó a borbotones, espesa y oscura, impactando contra el suelo en pesadas gotas. Por un segundo completo... se produjo un silencio absoluto. Acto seguido, un grito desgarrador resonó en todo el perímetro. Un alarido de agonía pura, tan brutal que helaba la sangre de cualquiera que lo escuchase. El ataque había sido tan cegadoramente rápido que ni siquiera su percepción divina pudo anticiparlo. Su cuerpo se estremecía violentamente mientras retrocedía con la respiración rota. Por primera vez en la contienda... el Dios de la Guerra estaba herido de gravedad. En ese instante, Eime comprendió una verdad absoluta. Esto había dejado de ser un simple enfrentamiento defensivo. Se había transformado oficialmente en una ejecución en proceso. Estaba profundamente cansada. Cansada de escuchar cómo un ser tan insignificante se atrevía a manchar el nombre de su líder. Ni siquiera lo pensó. Parpadeé. El plano espacial se fracturó en un milisegundo y Eime reapareció exactamente frente al rostro de Daniel. Su espada descendió sin la menor misericordia, amputándole el brazo derecho antes de que la entidad pudiera formular una barrera. La sangre brotó disparada por el aire. —¡Aaaaaaaah...! No le concedió el menor margen para caer al suelo. Eime lo conectó con una patada de potencia colosal, enviándolo disparado a una velocidad cegadora. El cuerpo de Daniel salió proyectado como un misil, destrozando las estructuras a su paso y dejando un rastro de ruinas y grietas profundas en el terreno. Eime alzó su espada hacia el firmamento. Emperor Armor respondió de inmediato al llamado, posicionándose a su lado. Las llamas doradas de la criatura rugieron como un sol condenado a la extinción. Coordinando sus movimientos en perfecta sincronía, ambos lanzaron la ofensiva final simultáneamente. El corte de Eime y el ataque concentrado de Emperor Armor se fusionaron en un solo torrente de energía destructiva. Una sola voluntad. Una sola sentencia de muerte. Las llamas doradas y la energía cortar cubrieron la totalidad del cielo nocturno y descendieron de golpe sobre la posición del Dios de la Guerra. La explosión resultante fue catastrófica. El impacto recorrió la totalidad de la superficie, la onda expansiva destruyó los muros remanentes de la academia, levantó toneladas de escombros y deformó la geografía del lugar. El aire vibraba con un nivel de destrucción absoluta. Todo temblaba. Todo ardía en llamas impías. Ya no existía la menor duda ni vacilación en el rostro de Eime. —Si después de esto sigues respirando... —sentenció Eime con una frialdad implacable mientras el fuego iluminaba su rostro— será únicamente porque aún no he decidido darte el golpe de gracia. Su aura se expandió sin contención alguna: pesada, opresiva y dominante, dejando una premisa clara para cualquiera en el campo de batalla: si ese dios lograba ponerse de pie tras semejante castigo... la batalla terminaría definitivamente y daría comienzo a una cacería sin piedad.
The strongest warrior of humanity (Novela)

Continúa leyendo

The strongest warrior of humanity (Novela)

Capítulo 158

Siguiente Capítulo ›

The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 157

Estás leyendo el capítulo 157 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.