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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 156 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 156: La Espada de la oscuridad y el Despertar Divino Punto de vista: Carlos, Eime, Daniel (Dios de la Guerra), Milin y Merlin —No puedo dejar que ustedes dos peleen completamente solos contra él... —susurró Milin, apretando los puños con la fuerza de quien se niega a volver a ser una víctima—. Yo también los ayudaré. Lanzai un largo y pesado suspiro al aire, sintiendo el agotamiento acumulado. —Oye, Carlos —dijo Eime inclinando ligeramente la cabeza, mirándola con curiosidad—, dime algo... ¿de dónde carajos sacaste a esta niña? —Es una historia bastante larga y molesta —respondi sin desviar un solo segundo la mirada del enemigo que teníamos en frente—. Pero como sea... si ella de verdad insiste en ayudar, sería mejor traer a Miguel. De seguro ese sujeto ha estado esforzándose mucho para— Me detuve en seco. Una duda táctica cruzó por mi mente. —¿Sabes qué? No. Olvídalo. Mejor no llamo a absolutamente nadie. Eime me miró de reojo, alzando una ceja. —¿Eh? ¿Y eso por qué? —Nosotros dos solos podemos perfectamente con esto —continué con firmeza—. Y tú... niña —fijé mis ojos en Milin con absoluta gravedad—, no hagas absolutamente nada imprudente. Quédate ahí observando en silencio y aprende cómo se sobrevive a una situación de vida o muerte como esta, si es que de verdad no quieres que ese dios de ahí te descuartice. Milin apretó los dientes, visiblemente molesta por la frialdad de mis palabras, pero no protestó. —Tch... qué drástico y cruel eres a veces, jefecito —murmuró Eime negando con la cabeza—. Luego no te andes quejando si esta chica termina odiándote a muerte. —Prefiero mil veces que me odie a tener que verla morir aquí. El ambiente a nuestro alrededor volvió a tensarse drásticamente. Fue entonces cuando Eime volvió a hablar, utilizando un tono completamente distinto, denso y infinitamente más serio de lo habitual. —Hay algo de suma importancia que quiero discutir contigo... y es precisamente sobre ese tal Daniel. Mis ojos se afilaron al instante. —Por los informes que tenemos —continuó ella con cautela—, él cayó directamente del reino celestial. Un dios desterrado y expulsado por los suyos. Pero entonces... ¿cómo demonios fue que llegó a conocer y aliarse con Lucifer? —Eso... —respondí en voz muy baja, procesando el misterio— es algo que nosotros tampoco logramos descifrar aún. Eime cruzó los brazos sobre su pecho, observando fijamente el aura del enemigo. —Pero lo que sí tenemos absurdamente claro es esto —sentenció—: si dejamos con vida a ese sujeto el día de hoy... las cosas a nivel mundial se van a poner feas. Extremadamente feas. El Dios de la Guerra nos observaba fijamente desde la distancia, envuelto en un silencio macabro. Mantenía una sonrisa dibujada en el rostro, disfrutando cada segundo de la desesperación que pretendía sembrar. —¿Acaso ya terminaron su pequeña charla táctica? —dijo con una voz burlona que resonó en el ambiente—. Porque mientras ustedes pierden el tiempo hablando... yo solo estoy calculando cuántos gritos de agonía voy a escuchar hoy. Inyecté aún más poder nocturno a mi circulación de maná. La sombra bajo mis pies comenzó a retorcerse de forma anómala. —Eime —dijo sin voltear a mirarla—, olvídate de tus bromas por un momento. —Oh, ¿tan serio nos pusimos? —respondió ella desenvainando su arma con soltura—. Está bien... modo matar-dioses oficialmente activado. Milin dio un paso involuntario hacia atrás, tragando saliva con dificultad. El viento rugió violentamente a nuestro alrededor mientras el suelo temblaba sin cesar. En ese instante supe una verdad irrefutable: —Si Daniel sigue con vida después de esto... la guerra no va a terminar aquí. Y esta vez... no pienso perder. Aunque si pierdo, bueno, no pasa nada... ni modo que fuera Gojo. Ese ni duró un solo golpe contra Lucifer y eso que estaba usando mi cuerpo... pero ni idea. Lanzai un pesado suspiro de pura exasperación. —Y sigo pensando por qué carajos siempre me ocurren todas las desgracias a mí. Hace apenas un día tuve que detener a Ling y al otro bastardo, y ahora me sale esto. ¿Qué sigue después? ¿Que lleguen todos los dioses enemigos a la vez? —Vamos, vamos —dijo Eime tratando de aligerar la presión—. No seas tan dramático ni tan tonto, además— De pronto se detuvo en seco y frunció el ceño con fastidio. —Oye, ¿por qué me estás quedando viendo tan feo, niña rosadita? —añadió encarando a Milin—. ¿Acaso quieres pelear aquí mismo conmigo antes de ir por él? Milin infló las mejillas de inmediato, haciendo un puchero de pura frustración. —¡No es justo que ustedes dos simplemente no me den la oportunidad de hacer algo! —protestó—. Yo solo quiero ayudar. Bajó la mirada al suelo, apretando los puños con fuerza. —Y no lo hago por mi padre... sino porque ya no quiero volver a vivir el infierno de acoso que tuve que pasar ayer. El ambiente que nos rodeaba cambió por completo, perdiendo su agresividad por un segundo. Eime la observó en total silencio durante varios segundos. Luego dejó escapar un largo suspiro. —Oh... la verdad es que lo siento —dijo con una expresión mucho más suave y comprensiva—. No tenía la menor idea de que estuvieras pasando por algo de esa gravedad. Milin levantó la mirada, sorprendida por el cambio de actitud de Eime. —Pero si estás tan jodidamente segura de sernos útil en este campo de batalla —dije interviniendo finalmente—, entonces te entrego esto. Extendí el brazo y le entregué la estructura sellada de mi arma secundaria. Milin abrió los ojos de par en par, impactada al sostener semejante reliquia. —¿Qué... qué tipo de espada es esta? —preguntó admirando el filo—. Es exageradamente larga, está absurdamente afilada... pero posee grabados muy distintos a todo lo que he visto. Oye, tengo una duda... ¿qué son exactamente estos círculos mágicos incrustados? Suspiré con pesadez antes de explicarle la naturaleza del objeto. —Son múltiples habilidades de alto nivel selladas dentro de la hoja. Cada vez que la empuñes en combate, buscará volverse parte de tu propia alma. Guardé un segundo de silencio reflexivo antes de lanzar la advertencia mortal. —Pero existe una consecuencia brutal. Si dejas que la espada detecte el menor punto débil dentro de ti —ya sea dolor, culpa o dudas—, es capaz de devorarte por completo desde adentro. Y no solo eso... también puede fragmentar de forma irreversible tus recuerdos. Precisamente por esa razón la mantengo estrictamente sellada. Una vez que la portes sin las restricciones... no tengo la menor idea de cómo vaya a reaccionar ante tu maná. Quedé en blanco por un milisegundo contemplando el intercambio. No era solo un problema de compatibilidad; era una prueba de fuego. Una prueba no solo para la propia Milin, sino también para evaluar el criterio de la espada. Todo dependería exclusivamente de si ambos lograban sintonizarse en perfecta armonía. Iba a decir algo más para instruirla, pero fuimos interrumpidos de forma drástica. La vasija de Daniel apareció de golpe frente a nosotros. Logré reaccionar a tiempo por puro instinto combativo, esquivando su estocada inicial por milímetros. Él me fijó con unos ojos completamente inyectados en odio y fastidio. —¡No me gusta en absoluto que me ignoren mientras hablo! —gritó con furia—. ¡¿Acaso no se han dado cuenta de que van a morir el día de hoy?! Por eso están tan juntitos haciendo planes ridículos. ¿En verdad crees que— No pudo terminar la oración. Eime ya no se encontraba a mi lado. Una sonrisa siniestra y calculadora se cruzó de inmediato por mi rostro. Ella reapareció mágicamente a las espaldas de Daniel, incrustando el filo de su espada directamente en el costado de su cuello. —Será muchísimo mejor que cierres tu maldita y sucia boca, supuesto Dios de la Guerra —susurró Eime con una frialdad glacial pegada a su oído. Se inclinó levemente hacia su rostro, provocándolo. —Ahora que lo pienso con calma... existen más entidades como tú rondando por ahí. Pero ¿sabes algo gracioso? Ni siquiera le llegas a los talones a Mikoto. —¿Cómo es que tú sabes sobre ella? —dije con frialdad interviniendo—. ¿Acaso la conoces? No es por presumir, pero yo la conozco mejor que nadie y alguien como tú cree que puede decir algo así. Daniel soltó una carcajada seca, cargada de puro desprecio y rabia contenida. —Por favor, mantén algo de dignidad —respondió Eime con voz firme, ignorando el peligro—. Solo das lástima. Dices con tanta arrogancia que nos vas a matar a todos, pero si en verdad poseyeras ese poder... ¿por qué demonios no lo haces de una sola vez? Para serte francamente sincera, eres alguien absurdamente peligroso, y ahora comprendo a la perfección por qué te patearon fuera del reino divino. Ese lugar jamás fue digno de ti, pedazo de bastardo. Aprovechando la distracción táctica, Eime ejecutó un corte ascendente. Sin embargo, Daniel desapareció por arte de magia en una milésima de segundo. Noté la distorsión de maná de inmediato, pero fue demasiado tarde para reaccionar con total limpieza. Di un salto acrobático hacia atrás justo cuando él reapareció lanzando un estallido cortante, volviendo a esfumarse en el aire al instante siguiente. Era rápido. Absurdamente rápido. Una ráfaga expansiva resonó por todo el terreno. La espada de Eime había desplegado una barrera física y mágica de densidad sólida, capaz de contener prácticamente cualquier impacto. La presión ejercida en el ambiente era brutal: dos seres con una capacidad destructiva colosal chocando sin la menor contención. Un Dios de la Guerra contra la legendaria Guardiana de la Longitud. El aire a nuestro alrededor temblaba violentamente. —Esto simplemente no tiene fin... —murmuré apretando los dientes. Milin aprovechó el caos de la contienda para actuar. Desenvainó la espada sellada. Tras el choque de armas principal, una ráfaga de viento violento explotó alrededor del impacto, envolviendo a ambos combatientes en una nebulosa de escombros. La presión física liberada fue demasiado abrumadora para su cuerpo. Milin salió despedida por los aires al recibir una onda expansiva directa. Perdió el equilibrio en pleno vuelo, pero en el último segundo crítico logró clavar la espada con firmeza contra el suelo para evitar estrellarse violentamente contra la barrera que yo había erigido. La tierra se abrió en grietas bajo sus pies mientras su cuerpo temblaba por la magnitud del impacto. Levantó la mirada con extrema dificultad, respirando agitadamente, pero manteniendo un agarre de hierro sobre el arma. Seguía en pie. Mientras tanto, en el otro extremo de la academia, Lucía, Miguel y Shiro sintieron repentinamente cómo una presión horriblemente densa caía sobre sus pechos. El aire se volvió sumamente pesado y difícil de inhalar. —¿Qué mierda... otra vez? —dijo Miguel apretando los puños—. La academia está nuevamente bajo un peligro abismal. Su tono revelaba un pavor genuino, aunque se esforzaba al máximo por mantenerse en calma ante sus compañeros. Lucía frunció el ceño con gravedad y alzó ligeramente la ceja, analizando el flujo de maná. —Es verdad... pero esta presencia no pertenece a alguien común —dijo con absoluta seriedad—. Esto es poder divino puro. Y no solo eso... es un aura monstruosa, retorcida y profundamente siniestra. Shiro no pronunció una sola palabra. Se mantuvo inmóvil, con la mirada fija en el suelo, mientras sus manos temblaban de forma perceptible. Esa presión de maná... la reconocía a la perfección. Era dolorosamente familiar para su memoria. Antes de que cualquiera pudiera formular un plan, una voz alterada los interrumpió a sus espaldas: —¡Llegué a tiempo...! Merlin emergió de entre los pasillos, respirando con extrema dificultad y visiblemente alterada por la desesperación. —Oigan —dijo sin perder un solo segundo en formalidades—, ¿saben exactamente dónde se encuentra Shiro? Lucía la miró de inmediato y señaló hacia el frente. —Ahí mismo está Shiro —respondió—. Pero dime de una vez... ¿para qué la necesitas con tanta urgencia? Merlin apretó los dientes, sintiendo las lágrimas agolparse en sus ojos. —Se trata de Carlos... —dijo con la voz completamente quebrada—. Él... ¡él está en un peligro mortal! El mundo alrededor de Shiro pareció detenerse por completo. Aquellas palabras cayeron como un impacto directo contra su pecho. Levantó la mirada de golpe, con las pupilas dilatadas por el shock. —¿Qué...? —susurró apenas. Sin decir absolutamente nada más, Shiro se impulsó hacia adelante, saliendo disparada a una velocidad sobrehumana en dirección al origen de la batalla. —¡Espera, Shiro! —gritó Miguel. Tanto Miguel como Lucía salieron tras sus pasos sin dudarlo un solo segundo. Merlin intentó seguirles el ritmo corriendo a toda marcha, pero a mitad del trayecto se detuvo en seco, comprendiendo la realidad. —No... no voy a llegar a tiempo si sigo corriendo así —murmuró angustiada. Fue entonces cuando recordó el artefacto de emergencia que yo le había confiado previamente: un dispositivo de transporte espacial. Lo activó sin pensarlo dos veces. El espacio frente a sus ojos se distorsionó en un vórtice reluciente y, sin perder un microsegundo, se arrojó al interior del portal. Tenía que llegar como fuera. Carlos no podía morir. En el centro del campo de batalla, Eime y Milin cruzaron miradas durante una fracción de segundo. No hicieron falta las palabras para entenderse. Ambas desaparecieron del plano visual al mismo tiempo. Una ejecutó un flanqueo agresivo por la derecha; la otra arremetió de forma sincronizada por la izquierda. El centro del enemigo quedó completamente expuesto. —¡Ahora! —exclamé. Aproveché la apertura táctica e invoqué la técnica del Dios del Rayo. Mi espada sangrienta reaccionó instantáneamente al comando: su tono carmesí mutó a un brillante verde esmeralda rodeado de partículas azuladas altamente inestables, vibrando con la fuerza de un dragón que despierta de un letargo milenario. El poder primordial respondió a mi llamado absoluto. Arremetí con toda la fuerza vital que me quedaba, proyectando una estocada destinada a atravesar su corazón. Sin embargo... El Dios de la Guerra no dio ni un solo paso hacia atrás. Con un movimiento fluido e imperturbable de su espada divina, bloqueó la totalidad de nuestros tres ataques simultáneos al mismo tiempo. —Vaya, vaya... —dijo con una sonrisa cargada de un desprecio infinito—. Debo admitir que no esperava que estuvieran coordinando una estratagema de este nivel. Su mirada recorrió fríamente la postura de Eime, pasó por la de Milin... y finalmente se clavó en la mía. —Tengo que admitir que son razonablemente listos —continuó jactándose—. Pero aun con todo sus trucos... ninguno de ustedes está ni remotamente a mi altura. Eime apretó los dientes hasta hacerlos crujir. Su aura cambió de forma drástica e instantánea. —¡Cierra tu maldita boca...! Una fuerza brutal e incontrolable estalló desde el interior de su cuerpo. No se trataba de magia estándar; era energía de destrucción pura e inestable. La masa de maná nos envolvió a todos en cuestión de microsegundos y, acto seguido... ¡BOOM! Una explosión masiva, de magnitud similar a la de un impacto nuclear, sacudió la totalidad de la academia. El suelo se resquebrajó masivamente, el aire se distorsionó por la onda de calor y una fuerza expansiva arrasó con cualquier estructura colindante. —¡Mierda...! —alcancé a maldecir mientras salía despedido. Tanto Milin como yo salimos disparados por los aires debido a la brutalidad del impacto. Mi cuerpo rodó violentamente contra la tierra destrozada hasta que logré clavar la espada para frenar la inercia. Sentí el sabor metálico y cálido de la sangre brotando en mi boca. —¿Estás... estás bien...? —gritó Milin desde la distancia, haciendo un esfuerzo sobrehumano por ponerse de pie entre los escombros. —Sigo vivo... por ahora —respondí con la voz rasgada. El denso polvo abrasador comenzó a disiparse muy lentamente. En el centro de la zona cero, la silueta de la vasija de Daniel se mantenía erguida. Completamente intacta. Su risa resonó entre las ruinas con un eco macabro. —Esto finalmente empieza a ponerse interesante —declaró el Dios de la Guerra—. Pero la realidad es que aún no han visto absolutamente nada de mi verdadero poder. Me incorporé con pesadez, sintiendo el cuerpo destrozado pero manteniendo la determinación intacta. —Entonces... —murmuré mientras aseguraba el agarre de mi espada— tendremos que obligarte a mostrarlo aquí y ahora. Mis ojos brillaron intensamente con un tono azul oscuro y profundo, listos para la siguiente fase.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 156

Estás leyendo el capítulo 156 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.