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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 155 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 155: El Despertar Nocturno y el Límite del Dolor Punto de vista: Carlos, Eime, Daniel (Dios de la Guerra) y Milin Todo lo que estaba sucediendo frente a mis ojos resultaba simple y sencillamente imposible de procesar. ¿Cómo es que jamás en mi vida me di cuenta de lo que realmente ocurría en las sombras? ¿Cómo fui tan ciego como para no notar que el alma de mi hermano había sido devorada? Solo podía fijar la mirada en el contenedor de Dani. Esto ya había ido demasiado lejos. Aquellos seres habían cruzado una línea sagrada que jamás debieron atreverse a tocar. Y al verlo en pie, profanando la memoria de mi sangre, juré en lo más profundo de mi ser que se iban a arrepentir hasta el último de sus días. Desaparecí de golpe en un estallido de velocidad intentando tomarlo por sorpresa y hacerlo caer al suelo, pero cada vez que ejecutaba una finta, solo lograba cederle la ventaja táctica a su percepción divina. Mi respiración era errática, pesada e irregular. Estaba completamente desesperado. Quería saber la dolorosa verdad a como diera lugar. ¿Por qué le hicieron esto a Dani? ¿Por qué precisamente a él? ¿Por qué demonios tenía que ser él la víctima de este ritual de vasija? No dije una sola palabra más. Me quedé en un silencio sepulcral mientras la frustración me consumía. Mi corazón dolía de una forma agónica, como si estuviera siendo aplastado lentamente por una prensa de hierro. Ante semejante tortura mental, solo tuve una drástica opción para continuar luchando sin titubear: arrancármelo simbólicamente, bloqueando toda emoción. Cuando ejecuté la purga emocional, Milin presenció la escena completamente horrorizada. Sus ojos se abrieron de par en par, mientras su cuerpo temblaba sin control al ver la frialdad inhumana que acababa de apoderarse de mí. —Carlos... —susurró ella con la voz rota y temblorosa. Ni siquiera la escuché. Desaparecí del plano visual convertida mi presencia en un destello carmesí, asestando una ráfaga incesante de ataques mortales con mi guadaña sangrienta. El Dios de la Guerra no se quedó atrás: comenzó a atacar y bloquear cada uno de mis impactos con una precisión aterradora. El ensordecedor choque de nuestras armas retumbaba por toda la academia como una tormenta incesante de truenos. Yo apenas lograba esquivar sus contraataques por cuestión de milímetros, moviéndome al límite absoluto de mis capacidades físicas, forzando las fibras de mi cuerpo mucho más allá de lo humanamente posible. De pronto, todo dentro de mi mente se volvió profundamente oscuro. El mundo perdió cada matiz de color, reduciéndose a blanco y negro. Sin dudarlo, levanté la mano izquierda hacia el firmamento. —Llamas del infierno... Una presión abrumadora y aplastante cayó de golpe sobre las instalaciones. El cielo sobre la academia se iluminó de un tono rojo sangre. Una enorme y colosal esfera ardiente se condensó a baja altura sobre nosotros, como si el mismísimo sol hubiera descendido a la tierra para incinerar la superficie. El calor emitido era sencillamente insoportable. El aire a nuestro alrededor parecía quemarse y la piel ardía al borde de las quemaduras por el simple hecho de estar cerca del radio de acción. Milin gritó de pavor, cubriéndose el rostro con ambos brazos para protegerse de la radiación mágica. —¡Detente... por favor, Carlos! No podía detenerme. Ya no había vuelta atrás. La gigantesca esfera de fuego infernal descendió lentamente, iluminando el cuadrante entero con un resplandor sangriento e impiadoso. —Esto es por todo lo que le hiciste a Dani... —murmuré con la voz quebrada por el dolor. Lanzai el ataque devastador directamente contra su posición. El impacto inicial sacudió los cimientos enteros de la academia como un terremoto masivo. El suelo se resquebrajó en grietas profundas y las paredes adyacentes comenzaron a colapsar en escombros mientras el fuego devoraba absolutamente todo a su paso. Sin embargo... incluso en medio de aquel infierno purificador... Una risa comenzó a resonar. Una risa baja, cruel, profundamente despectiva e inhumana. —¿Eso es absolutamente todo lo que tienes... Carlos? —resonó su voz imperturbable desde el centro de la pira de llamas—. ¿Eso es lo mejor que puedes hacer para vengar a tu hermano? Mi sangre se heló al instante. Entre el fuego rugiente, la silueta de la vasija de Dani se mantenía erguida y completamente intacta. —¿A esta porquería es a lo que tú llamas fuego verdadero? —dijo con absoluto desprecio—. Permíteme enseñarte cómo se manifiesta una llama autentica... una cargada con un dolor infinitamente superior. El Dios de la Guerra repitió exactamente la misma secuencia de condensación que yo había ejecutado un momento antes, pero su manifestación mágica era de una naturaleza abismalmente distinta. Su fuego era inconmensurable. Tan vasto y desbordante que cubrió la totalidad del espacio aéreo de la academia. Las llamas doradas y corruptas se elevaron hacia el cielo, devorando las nubes a su paso. La vasija de Dani flotó lentamente hacia el aire, dominando el elemento solar como si fuera una extensión natural de su propio cuerpo divino. Por segunda vez en el día, todas las personas que se encontraban dentro de los límites de la academia presenciaron el verdadero terror en estado puro. Fue en ese preciso microsegundo cuando lo comprendí. Había cometido un error táctico de gravedad absoluta. Había gente inocente mirando el enfrentamiento desde las estructuras colindantes. No quedaba casi nadie dentro de la escuela excepto Lucía, Mío, Shiro, mi hermana... pero sobre todo... esas dos chicas indefensas que acababan de sufrir a manos de este monstruo. —Bueno —anunció el Dios de la Guerra con una calma enfermiza y aterradora—, ya es hora de que presencies lo que realmente significa destruir un mundo entero. Levantó ambas manos hacia el firmamento, condensando una masa de maná estelar. —Energía solar... poder del dios del sol glaciado divino. El ataque fue lanzado hacia abajo. La velocidad del proyectil mágico era absurda: una marea de destrucción que descendía en picado directamente hacia donde se encontraban las chicas y la infraestructura. No me quedaban opciones. Tuve que tomar una decisión desesperada. —Dios del rayo... Liberé la totalidad de mi reserva de poder para sobrecargar mi sistema. —Barrera de rango nueve. Una colosal muralla eléctrica e impenetrable se desplegó en un milisegundo, cubriendo por completo las instalaciones de la escuela. Protegí la totalidad de la estructura. Protegí a Milin y a Merlin de una muerte segura. Pero debido a la prisa... yo quedé del lado exterior de la barrera. Completamente desprotegido. Exactamente igual que aquella trágica vez en la que luché contra Ling. El ataque mágico solar de la vasija de Dani me impactó de lleno. No intenté defenderme ni desviar la energía. Dejé que la marea de fuego me quemara la carne. Las llamas devoraron mi cuerpo, mi piel se carbonizaba al instante y el dolor resultaba agónico e indescriptible. Grité con todas las fuerzas de mis entrañas por dentro, pero no detuve mi avance. Apreté con nudillos blancos la empuñadura de la guadaña. El arma reaccionó a mi voluntad y alteró su estructura molecular. Cambió de forma instantáneamente, convirtiéndose en una reluciente y pesada lanza de combate. La hice girar con toda la fuerza física que me quedaba en el cuerpo incinerado. —Dragón Celeste de los Mil Dioses... Lanzai la técnica definitiva directamente contra el centro de su esfera solar. El choque elemental fue colosal y devastador. Una onda expansiva de magnitud destructiva estalló en el aire, arrasando con todo a varios kilómetros a la redonda. La explosión sacudió la estructura de la academia como un cataclismo. A lo lejos, el profesor William y el resto de los estudiantes que evacuaban escucharon el estruendo de una explosión de categoría imposible. Cuando alzaron la mirada hacia el cielo nocturno, observaron a dos figuras envueltas en auras celestiales flotando en el aire, enfrascadas en una lucha a muerte sin contenerse el más mínimo margen de poder. Carlos había logrado detener el ataque que habría erradicado la escuela. Pero el precio que pagó por ello fue brutal. La detonación lo envolvió por completo. Cuando el denso humo abrasador comenzó a disiparse, su cuerpo se encontraba en un estado deplorable y destrozado. Sangraba sin parar por múltiples heridas profundas. Había perdido la visión de un ojo por la quemadura y su brazo izquierdo había sido cercenado por el impacto directo. Apenas lograba mantenerse consciente en el aire por pura fuerza de voluntad. Fue en ese instante desgarrador cuando Carlos lo comprendió con total lucidez: estaba luchando contra una entidad contra la cual no tenía la más mínima posibilidad de ganar en una contienda directa. Un verdadero Dios de la Guerra. Una sonrisa retorcida y llena de amargura se dibujó en la vasija de Dani al verlo en ese estado mutilado. —¿Lo ves? Te lo advertí desde el primer segundo —escupió con desprecio—. ¿De verdad llegaste a creer que alguien tan insignificante como tú podría hacerle frente a una divinidad? Te estoy hablando de un Dios de la Guerra ancestral. En serio... ¿acaso estás bien de la cabeza para cometer semejante estupidez? Tenía toda la razón del mundo. No había lógica en mi resistencia. Sin embargo... como siempre me he dicho a mí mismo y como jamás me cansaré de repetir... no iba a ceder. No bajé la mirada ni un solo milímetro. Mis ojos se mostraron vacíos, desprovistos de cualquier emoción humana. Apreté la lanza con la única mano que me quedaba utilizable. Había perdido un brazo completo. Había perdido la vista de un ojo. Pero nada de eso importaba en lo más mínimo. Lo único que podía hacer en este preciso instante era ganar todo el tiempo posible. Me moví. Desaparecí en un destello de luz eléctrica. Aparecí exactamente frente a su rostro y arremetí con la lanza, descargando todo el remanente de energía que me quedaba en el alma. Pero la entidad ni siquiera se molestó en parpadear. Con la yema de un solo dedo, el Dios de la Guerra detuvo todos y cada uno de mis ataques de lanza con una facilidad humillante. El impacto de su defensa me repelió con violencia. Retrocedí de inmediato para recomponer la postura. Mi mente trabajaba a una velocidad desesperada. Segundos... solo necesito resistir unos pocos segundos más. No podía permitir por nada del mundo que este monstruo escapara de este perímetro. Si no lo eliminaba o retenía aquí, las fuerzas enemigas tendrían una ventaja táctica absoluta. Tenía que aguantar el castigo. Tenía que resistir hasta que Shiro hiciera su aparición. —¿En qué demonios estás pensando tan concentrado? —resonó su voz helada directamente sobre mi cabeza. Ya se encontraba posicionado arriba de mí. Ni siquiera mi percepción espacial pudo verlo moverse. Una sonrisa siniestra se dibujó en los labios de la vasija. —Será muchísimo mejor que te mueras de una vez por todas. Su espada divina se movió en una serie de cortes rápidos. Demasiado rápidos para el ojo humano. Cada impacto rasgaba mi carne y destrozaba la estructura de mi cuerpo mutilado. Sentí cómo mi figura salía disparada contra el suelo a una velocidad vertiginosa. El impacto contra la tierra fue brutal. Un temblor masivo sacudió todo a nuestro alrededor y el suelo se resquebrajó profundamente bajo mi espalda. Antes de que pudiera formular el menor intento de movimiento defensivo, él ya se encontraba posicionado encima de mí. Descendió de golpe y plantó su bota con brutalidad directamente sobre mi estómago. El dolor provocado fue sencillamente indescriptible. Sentí cómo varios órganos y huesos se rompían en mil pedazos dentro de mi torso. —¡Aaaaaah...! Grité con todas las fuerzas de mis pulmones. No pude contener la agonía. El aire escapó de golpe de mi pecho, mi visión restante se nubló por completo y un torrente de sangre brotó de mi boca. El peso divino de un Dios de la Guerra me estaba aplastando contra la tierra. En ese trágico instante lo supe con total certeza: si nadie llegaba en los próximos segundos... este sería mi final definitivo. Estaba perdiendo el conocimiento a pasos agigantados. Las voces del entorno se volvían lejanas, distorsionadas e incomprensibles. Ya ni siquiera podía procesar las burlas que la vasija pronunciaba sobre mí. ¿De verdad... voy a morir de esta forma tan miserable? ¿Morir brutalmente a manos de un Dios de la Guerra en el patio de la escuela? Mi cuerpo físico simplemente ya no respondía a los estímulos nerviosos. Fue entonces cuando una voz grave y resonante retumbó en lo más profundo de mi mente consciente: Si continúas aferrándote a esa tonta limitación... lo vas a perder absolutamente todo. Mi corazón maltrecho se estremeció dentro del pecho. ¿De qué sirve que te esfuerces tanto y te dejes mutilar... si te niegas rotundamente a utilizar tu verdadero poder? Ya no tienes ninguna otra opción sobre la mesa. Utiliza de una buena vez tu poder nocturno. Esa voz... la reconocía a la perfección. Kai... Él ya me lo había advertido con total claridad en el pasado: si no regresaba a aceptar lo que realmente era... seguiría siendo demasiado débil para proteger a quienes amo. Llegó un punto de saturación en el que mi mente simplemente no pudo resistir más la presión del límite. —Eime... —susurré su nombre con el último aliento de mis fuerzas. Y justo cuando el Dios de la Guerra levantó su espada sagrada para asestar el golpe de gracia decapitador... Una silueta femenina apareció mágicamente frente a él a una velocidad cegadora. Un impacto físico descomunal obligó a la entidad a retroceder varios metros hacia atrás para mantener el equilibrio. Por un breve segundo de alivio pensamos que se trataba de Shiro. Pero no. La persona que se encontraba erguida frente al monstruo... era Eime. —Vaya, vaya... si no me hubiera dado cuenta a tiempo de la magnitud de esta energía, usted ya estaría oficialmente muerto, ¿verdad, mi querido jefecito? —dijo ella con una sonrisa peligrosa y llena de adrenalina—. Oiga, no se me vaya a dormir todavía; recuerde que aún tiene el firme compromiso de casarse conmigo. Sin previo aviso, Eime me propinó un golpe certero y directo en pleno estómago. —¡Agh...! —el dolor de mis lesiones se multiplicó exponencialmente. —¡Oye, maldita loca! ¿Por qué demonios hiciste eso? ¡¿Acaso tu intención es terminar de matarme de un colapso?! —Ay, no se me enoje tanto —respondió ella con absoluta desenvoltura—. Además, ya es hora de que se deje de tonterías y utilice su regeneración avanzada. Lleva muchísimo tiempo sin usarla, ¿no cree? Ya no tiene ningún sentido que siga ocultando su verdadera naturaleza ante estos sujetos, Carlos. Eime tenía toda la razón del mundo. La fachada había terminado. —...Solo por esta vez. Activé formalmente mi capacidad de regeneración nocturna. En menos de un solo segundo cronometrado, mi cuerpo destrozado se reconstruyó por completo ante los ojos atónitos del enemigo. La carne carbonizada sanó, los huesos pulverizados volvieron a su sitio exacto, el ojo y el brazo perdido se reestructuraron y la sangre cesó de brotar. La vasija de Dani me miró con una mezcla de asco y genuino estupor divino. —¿Qué demonios...? Se ha regenerado por completo en cuestión de un segundo... eso es algo absolutamente imposible para un mero mortal. —Para nada es algo imposible, Daniel. Mi voz cambió drásticamente. Perdió cualquier matiz de calidez humana, volviéndose distante, helada y profundamente autoritaria. En ese mismo instante, mis ojos mutaron de color, reflejando el tono de la noche eterna. Me levanté de golpe del suelo, completamente restaurado. Extendí la mano y llamé a mi arma. La espada sangrienta respondió al instante, volando a mi palma y recuperando su forma original y pura. —Eime... —dije sin desviar la mirada de la vasija divina—. ¿Estás completamente lista para luchar codo a codo a mi lado? —Obvio que sí, mi amado y adorado Carlos. —¡Oye! ¡Deja de decir semejantes tonterías en un momento como este, loca! ¿Acaso quieres que Natsuki se entere y me termine matando ella misma? Ella soltó una risa divertida y descarada. —Vamos, no seas tan miedoso con tu prometida —dijo Eime con una sonrisa burlona—. Además, si ella llega a enterarse de esto... yo misma podría contarle lo de— —Me estás agotando la paciencia a niveles extremos, Eime. En verdad eres una mujer ridículamente entrometida —gruñí con Fastidio—. Le voy a contar todo esto directamente a Emilia para que te ponga en tu lugar. —¡Eh! ¡Eso no es para nada justo! A Emilia no la metas en nuestros asuntos —su expresión confiada cambió de inmediato a una de leve pavor—. Sabes perfectamente que esa mujer es capaz de hacerme temblar de verdadero miedo. Suspiré con profundo fastidio, ajustando el agarre de la espada sangrienta. —Como sea... primero tenemos que concentrarnos en hacer que este sujeto se aleje lo más posible de las instalaciones de la academia. Ya te lo había advertido antes: no podemos revelar nuestra verdadera identidad ante el resto de los alumnos. Pero si la vida de todos corre un peligro inminente... no nos queda más remedio que intervenir con todo lo que tenemos. Eime asintió con la cabeza, adoptando por fin una postura marcial y seria. —Bien, entonces a mi señal ejecutamos la maniobra de pinza. Nuestras miradas se cruzaron por un instante, sincronizando nuestra intención de combate. Luego, la atención de todos los presentes se concentró de lleno en la vasija del Dios de la Guerra. Era una atmósfera sofocante, como si dos presas observaran fijamente a su amenaza... aunque en esta ocasión, la línea entre el cazador y la presa no estaba para nada clara. Por dentro, sabía que me estaba haciendo el dramático con la situación... aunque, siendo completamente honestos conmigo mismo, sí: estuve a milímetros de morir de manera definitiva. Sin más dilación, activé la totalidad de mi Poder Nocturno. El aire de la academia cambió de forma drástica e instantánea. Una presión oscura, densa y abrumadora se expandió por todo el cuadrante; una atmósfera pesada y sofocante, como si la noche misma hubiera descendido físicamente para aplastar el lugar. Solo tenía un objetivo fijado en mente: acabar con él de una vez por todas. Si un dios caído había logrado manifestarse en este plano, no quería ni imaginar qué otra clase de amenaza abismal podría aparecer después si no cortábamos esto de raíz. En ese momento, contra todo pronóstico, Milin dio un paso firme hacia al frente. La expresión de su rostro ya no reflejaba el miedo o la indefensión de antes; en su mirada brillaba una determinación implacable y pura. Se preparó en postura de combate para apoyarnos en la ofensiva. —¿Qué... qué demonios está haciendo ella? —murmuré sorprendido. Eime y yo la miramos fijamente al mismo tiempo. —Oye... —dijo Eime en voz baja, visiblemente descolocada—. ¿Desde cuándo esa chiquilla posee semejante mirada de depredadora? La energía mágica alrededor del cuerpo de Milin comenzó a agitarse con una violencia inusitada. Las corrientes de viento del entorno respondieron de inmediato a su llamado, girando a su alrededor en un vórtice perfecto. Eime y yo nos quedamos en absoluto silencio, compartiendo una misma duda punzante en nuestras mentes: ¿Qué demonios... es lo que está a punto de hacer ella...?
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 155

Estás leyendo el capítulo 155 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 26 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.