Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 154 online gratis en español
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Capítulo 154 El Traidor Caído
Punto de vista: Carlos, Daniel (Dios de la Guerra) y Milin
—Tú qué vas a saber de mí, maldito arrogante —escupió Dani con la boca manchada de sangre y los ojos desorbitados—. Te crees que lo sabes absolutamente todo, pero en realidad solo eres alguien patético y presumido. Pero qué más da... no puedes ponerme una sola mano encima para dañarme de verdad, ¿o acaso quieres que te expulsan del instituto por ser la aberración que eres?
Solté una risa corta y seca, desprovista de cualquier atisbo de humor.
—Ay, Dani... en verdad solo me das una profunda lástima. ¿De verdad crees que la dirección de este lugar se va a atrever a expulsarme? —di un paso firme al frente, sintiendo crujir la tierra bajo mis botas—. Lo único que voy a hacer aquí y ahora es enseñarte cómo se educa a un verdadero miserable. Tú eres el único que no entiende absolutamente nada de lo que ocurre. ¿Quién carajos te crees que eres para ponerle una mano encima a Milin?
Dani soltó una carcajada estridente, repleta de desprecio y superioridad.
—Oh, no me hagas reír con tus discursos de héroe. ¿A mí qué mierda me importa esa debilucha? Es débil porque ella misma quiere serlo. Siempre viviendo a la sombra y dependiendo de los demás para sobrevivir. A veces los humanos son una raza tan patética, tan estúpida y arrogante... se creen paladines de la justicia cuando en realidad no representan nada. ¿Justicia? ¡¿Quién demonios está buscando justicia en este mundo podrido?! Todos ustedes, seres insignificantes, no valen un solo centavo. Igual que tú, Carlos.
Sentí cómo algo sagrado e irreparable terminó por romperse en mil pedazos dentro de mí.
—Ahora ya sabes perfectamente por qué Kronos y yo somos tan—
No le permití terminar la frase.
Mi puño imbuido en maná impactó directamente contra su rostro con una fuerza destructiva y colosal. El sonido del choque fue seco, brutal, resonando en todo el callejón. Volví a golpearlo sin piedad. Una vez más. Y otra. Y otra más.
Cada impacto llevaba consigo toda mi rabia reprimida, todo mi odio acumulado por las injusticias.
Y él... él simplemente se reía.
Se reía maniáticamente mientras su cuerpo asimilaba los violentos impactos, mientras la sangre brotaba a borbotones de su rostro y se burlaba de mí sin importar la gravedad del castigo.
Detrás de nosotros, Milin presenciaba la escena completamente horrorizada. Su cuerpo estaba paralizado por el terror al verme actuar con semejante nivel de ferocidad. Sus ojos temblaban descontrolados. Jamás deseé que ellas dos me vieran transformado en este monstruo. No así.
Pero estaba profundamente cansado. Cansado de ver cómo los fuertes aplastan y se aprovechan de los débiles. Cansado de tener que mirar hacia otro lado para mantener las apariencias. Milin jamás debió haber sufrido ese tipo de acoso sistemático, esa violencia injustificada. ¿Quién demonios se creía él para hacerle algo así?
Mi respiración era errática y pesada. Mis manos temblaban descontroladamente por la adrenalina.
En verdad... en lo más profundo de mi alma, solo sentía unas ganas desbordantes de matarlo. Ya no podía contener por más tiempo la rabia ni el odio que me consumían. Ellos dos... ya habían cruzado una línea roja de la cual no existía retorno posible.
Pero cuando estuve a punto de descargar un último golpe devastador contra su rostro, él detuvo el impacto en el aire.
Su mano sujetó mi puño con una fuerza física simplemente absurda e inhumana. En el instante siguiente, sentí cómo mi cuerpo era levantado y lanzado violentamente hacia atrás por los aires. El mundo entero giró a mi alrededor. Forcé a mi cuerpo a reaccionar por puro instinto combativo, giré en el aire para amortiguar la caída y, por pura suerte táctica, logré recuperar el equilibrio al tocar tierra, retrocediendo varios metros hasta quedar erguido.
Levanté la mirada con pesadez.
Sus ojos... ya no poseían el mismo brillo humano que había visto apenas unos minutos atrás.
—Creo que será muchísimo mejor que ustedes dos se salgan de aquí ahora mismo —dijo con una voz helada, grave y completamente ajena a la de mi hermano.
No me dio tiempo ni de formular una respuesta.
El ataque me alcanzó de lleno en el torso. Mi cuerpo salió volando sin control, atravesando de pared a pared la estructura del almacén hasta estrellarme bruscamente contra el suelo exterior. El impacto fue tan violento que me dejó por completo sin aire en los pulmones.
—¡Carlos! —gritaron Milin y Merlin al unísono, aterradas.
Parpadeé intentando aclarar mi visión... y él ya no estaba frente a mí.
Apareció mágicamente a mi espalda sin producir el más mínimo ruido al pisar.
—Sabes, Carlos... —susurró con absoluto desprecio cerca de mi oído—, a veces realmente no logro comprender cómo alguien con tu nivel de poder decide juntarse con basura tan ridículamente débil. Deberías estar formando alianzas con los más fuertes de este mundo. ¿Para qué perder el tiempo con estorbos?
Giré con extrema dificultad, sintiendo un dolor punzante recorrer cada fibra de mi cuerpo.
—Esas dos niñas no valen absolutamente nada —continuó diciendo mientras caminaba con parsimonia—. Son simple basura. Y la basura inútil debe ser eliminada de raíz.
Extendió su mano derecha hacia donde se encontraban las chicas. Un destello de energía mágica altísima y altamente destructiva comenzó a condensarse en su palma, apuntando directamente contra Milin y Merlin.
Me mordí el labio inferior con tanta fuerza que la sangre comenzó a correr por mi barbilla. No había tiempo para pensar. No existían más opciones tácticas.
—¡No...!
Activé la magia de teletransportación de emergencia en el último microsegundo disponible.
El rayo de energía pura atravesó el aire con un rugido ensordecedor, incinerando el espacio exacto donde las chicas habían estado paradas tan solo un instante antes. Mi corazón latía desbocado dentro de mi pecho. Había logrado salvarlas por un pelo... pero dentro de mí comprendí una verdad irrefutable: esto ya no era un combate de entrenamiento ni una simple disputa familiar. Y él... ya no estaba jugando en lo absoluto.
Ese demente planea ejecutarlas sin piedad. Maldición... ¿cómo es posible que mi propio hermano se haya convertido en esta aberración? Él jamás fue así. Esa mirada glacial... esa sonrisa tan retorcida y maquiavélica... me recuerda demasiado a Kronos.
Un nudo opresivo se cerró violentamente en mi garganta. Ya no me quedaba otra alternativa. Si la situación continuaba escalando de esta forma... tendría que matarlo con mis propias manos. No por rencor ni por odio, sino porque la entidad que me estaba hablando a través de su boca... ya no era él.
De pronto, una voz agónica y distante resonó directamente en las profundidades de mi mente:
Saca a las chicas inmediatamente de este lugar... no vas a poder detener a este sujeto... Mi cuerpo físico está...
—¿Qué mierda...? —susurré en shock.
Esa voz... era la auténtica voz de mi hermano.
—No... No puede ser posible —mi rostro se desencajó por completo en una mueca de puro horror.
Un frío helado y absoluto me recorrió la espina dorsal. La idea que acababa de cruzar por mi mente era demasiado descabellada... demasiado macabra para ser real. Pero las piezas encajaban con aterradora precisión.
Dani está muerto.
—¡Maldita sea! —gruñí con una furia desbordante—. ¡Dime de una vez quién demonios eres! ¡Maldito bastardo que estás profanando el cuerpo de mi hermano! ¡Dírmelo ahora mismo o te juro por mi vida que...!
—¿Qué era lo que estabas diciendo? —interrumpió una voz helada a milímetros de mi cara.
Ya estaba parado justo frente a mí. Ni siquiera mi percepción mejorada pudo verlo venir.
Su mano izquierda, imbuida en un maná numinoso y corrupto, atravesó mi pecho sin la menor piedad, buscando aplastar directamente mi corazón.
—¡Gh...!
Escupí una gran cantidad de sangre al instante. Mis piernas perdieron toda fuerza y caí de rodillas sobre la tierra, mientras una marea de dolor insoportable explotaba por todo mi sistema nervioso.
—Q-qué diablos... está pasando aquí... —jadeé, luchando por inhalar una brizna de aire.
—¡Carlos! —gritó Milin corriendo desesperadamente hacia mí, seguida de cerca por Merlin.
—Ustedes dos... —dije con extrema dificultad, sosteniendo la herida de mi pecho—, váyanse de aquí inmediatamente y busquen a Shiro... ahora mismo.
—¡Pero Carlos! ¡Estás sangrando gravemente!
—¡¿Es que acaso no lo entienden?! —grité con pura desesperación en la voz, sin despegar mis ojos de la entidad que ocupaba el cuerpo de Dani—. ¡Váyanse de aquí ahora mismo! ¡No tenemos tiempo que perder!
No quería quedarme a solas en este estado. No quería tener que luchar a muerte contra el cadáver de mi propio hermano. Pero si no me quedaba a contenerlo... esa cosa las cazará y las matará sin dudarlo un segundo.
Merlin apretó los dientes con rabia e impotencia.
—Está bien —cedió ella tomando a su hermana del brazo—. Iremos de inmediato a buscar a esa tal Shiro. No tengo la menor idea de qué clase de monstruo sea esa cosa... pero la encontraré y volveremos por ti.
—¡Milin, tú quédate apoyando a Carlos!
—¡No! —protestó Milin con el rostro cubierto de lágrimas—. ¡No podemos dejarlo solo contra ese monstruo!
—Oye, mantén la calma —dijo Merlin mirando a Carlos con firmeza—. Iré a la máxima velocidad posible. No voy a permitir que te mueras aquí, estúpido.
Milin negaba con la cabeza una y otra vez, sumida en un mar de llanto.
—M-mi hermana tiene razón, Carlos... no podemos dejarte tirado aquí a tu suerte...
Apreté los puños con fuerza, temblando sobre la hierba. Porque muy dentro de mi ser lo sabía perfectamente: si ellas daban un solo paso en falso en este terreno, este lugar se convertiría en su tumba definitiva.
Haciendo un esfuerzo sobrehumano, me puse de pie. Cada bocanada de aire se sentía como si me quemara los pulmones por dentro, pero ya no me quedaba margen para dudar. Cambié de postura estratégica.
No sé qué clase de ritual oscuro le hicieron a mi hermano... pero finalmente he comprendido quién eres realmente.
—Dime algo... —murmuré con la voz rasgada por la rabia—. ¿Por casualidad no eres tú aquel famoso Traidor?
Levanté la mirada para encararlo. Sus ojos poseían una frialdad inmóvil, sin parpadear.
—Aquel que cayó estrepitosamente del reino celestial cuando absolutamente todos le dieron la espalda —continué diciendo mientras canalizaba mi propia fuerza vital—. Cuando no tenías nada y vagabas como una sombra... él te acogió en sus filas, ¿verdad?
Mi corazón latía con una furia descontrolada.
—Dios de la Guerra... Daniel.
El aire a nuestro alrededor se volvió abrumadoramente pesado, saturado de una presión divina y corrupta.
—Eres aquel nefasto Traidor que el mismísimo Lucifer envió a nuestro mundo —dije apretando los dientes con fuerza hasta hacerlos sangrar—. Con razón Lucifer estaba tan ridículamente atento a cada uno de nuestros movimientos. Qué ingenuo y ciego fui por no haberme dado cuenta de esto mucho antes.
Extendí mi mano derecha hacia el cielo y mi espada sangrienta respondió al llamado. Surgió de la nada misma, vibrando y latiendo violentamente como si fuera un órgano vivo. La sostuve con firmeza y su forma física comenzó a mutar: el filo de la hoja se alargó de manera grotesca y se curvó hacia el frente hasta transformarse en una imponente guadaña de la muerte.
Ya no existían alternativas ni negociaciones posibles.
—Tendré que eliminarte de este mundo de una vez por todas.
Un aura de poder abrumador comenzó a desbordarse de mi cuerpo, agrietando el suelo bajo mis pies.
—Dios de la Guerra... —continué dictando su verdadera naturaleza—. El primer dios que tuvo la osadía de desafiar a la totalidad de la humanidad.
Di un paso al frente, haciendo resonar la guadaña.
—Cuando los demás dioses te dieron la espalda y te desterraron, no fue por odio... fue porque sabían perfectamente que te estabas volviendo infinitamente poderoso y peligroso —mi voz temblaba en una mezcla de rabia y revelación—. Te expulsaron sin piedad del reino divino y te convertiste en un vil caído.
Apreté con nudillos blancos el mango de la guadaña.
—El Dios de la Guerra de la Muerte.
El silencio que siguió a mis palabras fue absoluto. Incluso el viento y la naturaleza parecían contener la respiración ante la presencia de dos entes de semejante escala.
—Un ser abyecto que debió haber sido purificado y eliminado desde hace eras... —susurré entre dientes—. Pero jamás lo hicieron.
Sentí cómo la rabia ascendía por mi garganta como un fuego incontrolable.
—¡¿Por qué demonios no te mataron en ese entonces?! —grité con todas las fuerzas de mi alma—. ¡¿Por qué dejaron que un monstruo como tú siguiera con vida?!
Mi sombra se alargó de forma anómala bajo mis pies, cubriendo el terreno. Porque ahora lo entendía todo con cristalina claridad: aquel trágico error del pasado divino... estaba a punto de cobrar su precio más alto en el presente.
La entidad que ocupaba el cuerpo de Dani sonrió ampliamente, mostrando una expresión oscura, perversa y profundamente antinatural, como si estuviera disfrutando cada milisegundo de mi tormento.
—Oh... así que finalmente lograste descifrar mi verdadera identidad —dijo con un tono de burla punzante—. Maldito insecto humano. De verdad jamás llegué a pensar que alguien de tu escala fuera capaz de deducirlo tan rápido.
Su voz distorsionada parecía atravesarme la mente.
—Pero todo lo que acabas de decir es absolutamente cierto —continuó jactándose—. Yo debí haber muerto executed hace muchos siglos.
Dio un paso lento al frente, acortando la distancia.
—Y lo más irónico y extraño de todo esto es que me dejaron con vida —rió en un tono bajo y espeluznante—. Gracias a esa estupidez ancestral, ahora sabes perfectamente que no tienes la más mínima posibilidad de ganarme en combate, insignificante bastardo.
Un escalofrío mortal me recorrió la espalda al sentir el peso de su maná.
—Pero para bien o para mal, los contenedores no son eternos —añadió ladino—. Digamos que tuve la necesidad de utilizar el cuerpo de tu querido y amado hermano como mi vasija temporal.
Mi respiración se detuvo por completo.
—Por cierto... el alma de tu hermano ya está oficialmente muerta —soltó con una crueldad infinita—. Es una verdadera lástima, ¿no lo crees?
Cada una de sus palabras caía como un mazo directamente sobre mi pecho.
—Aún puedo escucharlo perfectamente en el fondo de mi conciencia —continuó inclinándose levemente hacia mí—. Cómo chillaba y suplicaba desesperadamente por su miserable vida. Solo deseaba volver a ver a su familia... y a su apreciado hermanito Carlos.
Algo dentro del núcleo de mi ser se quebró definitivamente.
Las palabras del Dios de la Guerra me destrozaban por dentro, reduciendo a cenizas mi templanza. Sentí un vacío insoportable y una presión aplastante en el pecho que me asfixiaba. Quise gritar con todas mis fuerzas, quise romper en llanto por la pérdida, pero no salió absolutamente ningún sonido de mi garganta.
—Perdóname... Dani —susurré con la voz rota y ahogada.
Me moví a una velocidad cegadora y desesperada, impulsado únicamente por el dolor agonizante y la rabia pura. Ataqué violentamente con la guadaña sangrienta, descargando todo el poder destructivo que me quedaba en un solo corte definitivo... pero él bloqueó el impacto sin el menor esfuerzo.
Lo detuvo utilizando su mítica Espada de Guerra.
Mis ojos se abrieron de par en par, sumidos en el más absoluto horror.
—Eso... eso es imposible... —murmuré temblando—. ¿Cómo demonios es posible que aún seas capaz de portar esa espada sagrada?
Retrocedí a la máxima velocidad que mis piernas me permitieron. Mi mente era un auténtico caos descontrolado. Nada de lo que estaba presenciando tenía el menor sentido.
¿Por qué...? ¿Por qué tiene que estar pasando todo esto? ¿Por qué mi hermano tuvo que pagar un precio tan cruel e injusto?
Un recuerdo olvidado de mi vida pasada atravesó mi mente como un relámpago: en mi existencia anterior, Dani siempre había sido un hermano ejemplar, protector y sumamente bueno conmigo. Siempre estuvo allí para apoyarme en los momentos más oscuros. Sin embargo, cuando cumplí los veinte años de edad... él falleció trágicamente. Fue asesinado por un monstruo desconocido cuya identidad jamás se reveló.
Y ahora... su cuerpo estaba siendo profanado y manipulado por una entidad infinitamente peor.
— FIN DE LA TEMPORADA 2 —

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Capítulo 155
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 154
Estás leyendo el capítulo 154 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.