Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 153 online gratis en español
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Capítulo 153: Infiltración, las Hijas de Kenzo y la Rabia del Líder
Punto de vista: Carlos, Merlin y Dani
—En fin... —dije aclarando la garganta para retomar la compostura y el orden—. Oigan, tengo algo sumamente importante que decirles a todos antes de que se marchen, así que por favor presten atención... Y Eime, ni se te ocurra dar un solo paso más hacia mí. Sabes perfectamente que ya tengo una prometida a la que respeto.
—Ohh, vaya... —respondió Eime llevándose dramáticamente una mano al pecho con falsa resignación—. ¿Y sabes cuál es mi respuesta sincera ante eso, mi querido jefe?
La miré con absoluta desconfianza, conociendo de sobra sus intenciones.
—A mí me vale un verdadero carajo lo que tu prometida piense o deje de pensar —continuó Eime con total descaro y una sonrisa coqueta—. Además, esa chica ni siquiera me conoce en persona. Yo puedo hacer lo que me plazca con usted cuando estemos a solas.
—Esta loca definitivamente no entiende de razones... —murmuré para mis adentros, soltando un largo suspiro de alivio contenido para no perder la paciencia frente a la tropa—. Como sea, escuchen con atención las órdenes directas.
De inmediato, todos los presentes se enderezaron y adoptaron una postura marcial; incluso Fer se mostró sorprendentemente serio por una vez en su vida.
—A partir de este preciso momento, ustedes cuatro se van a infiltrar formalmente en las instalaciones de la academia de magia.
Yuki abrió los ojos de par en par ante la sorpresa de la orden.
—En primer lugar, tú, Yuki —continué mirándola fijamente—, asumirás el rol de la nueva secretaria personal del profesor William. Necesito que controles los archivos de la dirección.
—¿Yo... secretaria? —preguntó ella, visiblemente nerviosa por la responsabilidad—. Haré absolutamente todo lo que esté a mi alcance para no fallarle, líder.
—En segundo lugar —seguí volviéndome hacia la pelirroja—, Eime, tú serás asignada directamente como mi nueva compañera de clase. Mañana mismo te presentas al aula.
—¿Tu compañera de banco? —Eime sonrió de inmediato de oreja a oreja—. Qué maravillosa casualidad de la vida... Siempre quise sentarme justo a tu lado en un salón de clases, jefe.
—No te emociones ni te hagas falsas ilusiones —le advertí con tono cortante.
—En tercer lugar —dije dirigiendo mi atención hacia el espadachín—, Kai, tú tendrás la tarea táctica más compleja: serás el guardaespaldas personal de mi hermana, de Natsuki y de Yue.
Kai tragó saliva con dificultad al escuchar la magnitud del encargo.
—¿Proteger a las tres... al mismo tiempo?
—Exactamente. Sin perder de vista a ninguna.
—...Definitivamente voy a morir de un colapso —murmuró Kai descorazonado.
—Y por último —miré a Fer con severidad—, tú tienes una labor de extrema importancia que cumplir fuera de la academia.
Los ojos de Fer brillaron de emoción al instante.
—Oh, ¿en serio, Carlos? —dijo acercándose emocionado—. Dime, dime rápido, ¿de qué se trata esa misión especial?
Se cruzó de brazos con una sonrisa hinchada de orgullo y confianza.
—Ya sabes... siempre expresaste tus ganas de ser el más mandón y autoritario de este clan.
Fer frunció el ceño de golpe al atar cabos en su mente.
—Espera un momento... No me digas que yo seré el reemplazo temporal de Yuki al mando de la base.
—Es absolutamente correcto —respondí sin vacilar—. Asumirás la comandancia solo por un año. Cada informe, anomalía o dato que los chicos recopilen en la escuela me lo transmitirás a mí de manera inmediata.
Fer se quedó completamente en silencio durante un segundo entero... y luego explotó en un grito de júbilo.
—¡Esto es sencillamente increíble, jefe! —exclamó con los ojos encendidos—. ¡Muchísimas gracias por darme esta oportunidad dorada! Te prometo por mi honor que no te voy a fallar en lo absoluto.
Se acercó a mí y me dio una fuerte palmada de camaradería en el pecho.
—Lo sé perfectamente, Fer —respondí sonriendo levemente—. Sé que cuando te lo propones eres alguien que se toma el trabajo táctico con extrema seriedad.
—Ya sabes cómo soy, Carlos... —sonrió lleno de orgullo—. ¡Modo chamba totalmente activado de ahora en adelante!
Kai lo miró de reojo con un gesto burlón.
—Su entusiasmo no durará ni una sola semana completa.
—¡Cállate la boca, Kai! —le espetó Fer de inmediato—. Soy un auténtico profesional cuando la situación lo requiere.
Yuki soltó una pequeña risa, luciendo muchísimo más tranquila y relajada que antes. Eime los observó a todos en silencio... y esbozó una sonrisa misteriosa.
—Vaya, vaya... —murmuró entre dientes—. Esto se va a poner sumamente divertido a partir de mañana.
Por una razón que no pude descifrar, en ese preciso instante sentí un leve escalofrío: esta misión de infiltración no iba a ser nada normal.
—Bien, dejaremos todos los preparativos para mañana temprano —anuncié con voz firme y de mando—. En este momento tengo que concentrarme en estabilizar el núcleo mágico de Salma, así que no me hagan perder más el tiempo. Retírense ahora mismo.
—Entendido, nos iremos de inmediato —respondió Fer comenzando a caminar hacia el portal secundario.
El resto de los Guardianes hizo exactamente lo mismo. Solo Eime se detuvo un segundo antes de cruzar; me miró fijamente y, desde la distancia, me lanzó un beso volado sumamente exagerado antes de desaparecer.
—...Esta mujer de verdad disfruta ver el mundo arder a su alrededor —murmuré negando con la cabeza.
Sin decir nada más, regresé mi atención por completo al estado de la muchacha. Me arrodillé en el césped frente a Salma, analizando con detalle cada pulso de maná y cada irregularidad en su flujo energético. Su núcleo era sumamente inestable y violento, palpitando como si poseyera una voluntad destructiva propia. No era algo que se pudiera moldear a la fuerza sin sufrir brutales consecuencias.
Concéntrate... me ordené en un susurro interno. Sé extremadamente preciso con el flujo.
Canalicé mi propia energía con un cuidado milimétrico, ajustando las capas protectoras, implementando sellos internos y corrigiendo las rutas mágicas de su cuerpo. Por un segundo de máxima tensión, logré someter la violencia del núcleo.
Salma se estremeció violentamente. El dolor del reajuste la golpeó como una ola masiva. Apretó los dientes con fuerza y su respiración se volvió errática, pero no emitió un solo grito de queja. Aguantó la presión como una verdadera guerrera.
—Solo un poco más... —le dije con voz firme pero reconfortante—. Confía en mí.
Pasaron varios minutos de intensa concentración que parecieron eternos. Finalmente, el núcleo cedió y dejó de resistirse a la purificación. La energía violenta de Salma se estabilizó por completo, fluyendo ahora de una forma infinitamente más limpia, pura y menos agresiva.
Solté el hechizo de canalización y di un paso hacia atrás.
—Listo —declaré exhalando con fuerza—. He terminado la estabilización. Ahora haz una prueba con tu magia.
Salma abrió los ojos lentamente. Había finas gotas de sudor frío en su frente, pero su mirada se mostraba clara y enfocada. Levantó una mano con suma cautela hacia el frente.
—Magia de viento... —murmuró concentrándose—. Muro de vientos.
La energía de su cuerpo respondió al instante de manera dócil. El aire a su alrededor se condensó a gran velocidad y, directamente desde la palma de su mano, se erigió un muro de viento sólido, denso y perfectamente estable, girando con una precisión matemática.
Mis ojos se entrecerraron con asombro contenido.
—Bien... —susurré para mis adentros—. Veamos hasta dónde llega esta resistencia.
Sin previo aviso ni advertencia, levanté la mano y ejecuté un hechizo de fuego de grado superior.
—Llamas infernales.
Un torrente brutal de fuego místico detonó de lleno contra el muro de viento de Salma. Las llamas devoraron el oxígeno a su alrededor, el impacto sacudió el suelo con violencia y una densa nube de humo cubrió la zona por completo. Durante varios segundos no se podía ver absolutamente nada.
Cuando el humo comenzó a disiparse gradualmente, mi corazón dio un salto de genuina sorpresa.
El muro de viento seguía allí. No estaba intacto, pero se mantenía firmemente en pie. La magia defensiva de Salma había logrado resistir un impacto directo de mi ataque.
Me quedé en absoluto silencio, observando la estructura.
...Esto es sencillamente imposible, pensé asombrado. El núcleo, que antes representaba un riesgo mortal de autodestrucción, ahora amplifica su control sin desbordarse. No solo sobrevivió al impacto... se adaptó instantáneamente al elemento opuesto.
Salma me miró a través de los restos de viento, aún sorprendida por su propio poder.
—¿Eso... eso significa que la estabilización funcionó correctamente, Carlos?
Una leve sonrisa de satisfacción se dibujó en mi rostro.
—No —respondí—. Significa que eres muchisimo más peligrosa en combate de lo que originalmente pensaba. Has pasado la prueba con honores, Salma. Lo hiciste extraordinariamente bien —añadí bajando la mano lentamente—. Por casualidad... tu afinidad elemental principal es la magia de viento, ¿verdad?
—E-eh... sí, exactamente —respondió ella poniéndose un poco nerviosa ante mi tono—. ¿A qué se debe la pregunta?
—A nada en particular —respondí recuperando la serenidad—. Solo que eres una chica sumamente inteligente y posees un control excelente de tu propia resistencia. Tienes un potencial colosal. Algún día serás de gran ayuda para todos... si sigues entrenando con esta determinación, créeme que llegarás a ser increíblemente fuerte.
Salma se sonrojó de inmediato ante mis elogios.
—En verdad... muchísimas gracias por todo, Carlos. No es necesario que me digas esas cosas tan amables...
—Vamos, no seas tan tímida —sonreí levemente—. Te lo digo porque de ahora en adelante somos compañeros de armas, no lo olvides jamás. Si en algún momento tienes dudas o algo te preocupa sobre tu maná, simplemente avísame.
Pero en ese preciso segundo... mi expresión se volvió glacial. Un escalofrío helado me recorrió la espina dorsal. Sentí una presencia mágica pesada, penetrante y ridículamente cercana a nosotros.
—Jejeje... tú debes ser Tanaka Sánchez, ¿verdad? —resonó una voz femenina a mis espaldas.
Me giré de inmediato en postura de guardia.
Frente a mí se encontraba una joven de cabello rosado pálido, casi cremoso, con una mirada entre incrédula y profundamente arrogante. Esa expresión particular en sus ojos me recordó demasiado a la de cierta persona que preferiría borrar de mi memoria.
—Perdón por entrometerme de esta forma en tu entrenamiento —continuó la chica—, pero tenía muchísimas ganas de hablar a solas contigo. ¿Crees que puedas concederme tan solo unos minutos de tu tiempo? Te prometo que no te quitaré mucho; solo quiero que conversemos tranquilamente.
La observé con minuciosa atención táctica. No percibí un deseo de hostilidad directa emanando de su ser... pero tampoco parecía ser una estudiante común y corriente.
—Está bien —respondí finalmente aceptando el diálogo.
Me giré hacia Salma.
—Oye, Salma. Por mientras sigue practicando la condensación de tu maná a solas. Regresaré en un par de minutos.
Ella asintió con la cabeza, luciendo algo confundida por la interrupción.
Me alejé caminando junto a la chica de cabello claro. Mientras avanzábamos por los pasillos exteriores, una duda punzante no dejaba de darme vueltas en la cabeza: ¿Cómo demonios sabe mi nombre completo?
Nos apartamos considerablemente de las zonas transitadas de la academia, hasta llegar a una esquina de servicio poco concurrida donde se almacenaban herramientas y artefactos mágicos de mantenimiento. El lugar estaba completamente vacío... inusualmente silencioso.
—Bien —dije cruzándome de brazos—. Ya estamos a solas. ¿De qué era exactamente de lo que querías hablar conmigo?
La chica respiró hondo para tomar aire.
—Te lo diré con total transparencia. Mucho gusto, mi nombre es Milin. Y sí, sé perfectamente que suena un poco raro. Yo estuve presente entre la multitud durante tu ceremonia de evaluación hace unos años... Soy la hija de Kenzo, uno de los legendarios Reyes de la Lanza.
Mis ojos se afilaron como cuchillas al escuchar ese nombre.
—Y no he venido sola hasta aquí —continuó Milin—. Vengo acompañada por mi hermana mayor, Merlin.
En ese momento, una segunda figura dio un paso al frente saliendo directamente de entre las sombras del almacén.
Ella era notablemente distinta: poseía una aura más madura, ojos de un morado profundo y frío, y una larga cabellera castaña con un tono rosado apagado.
—Queríamos conocer tu opinión sincera acerca de nuestro padre —dijo Milin con un hilo de voz mucho más bajo y apagado.
Guardé un silencio sepulcral, escuchando con atención.
—Sabemos perfectamente que todo lo que él hizo en el pasado estuvo terriblemente mal —continuó Milin—, pero... nosotros no teníamos la menor idea de lo que realmente estaba ocurriendo tras bambalinas en ese entonces.
Así que ese idiota de Kenzo sí terminó por contarles la verdad a sus propias hijas... pensé suspirando en voz baja.
—Bien —dije finalmente—. Entonces díganme de una buena vez... ¿qué es lo que están buscando de mí exactamente?
Milin bajó la mirada hacia el suelo y apretó sus manos con fuerza contenida.
—S-solo queríamos saber si... si existía la posibilidad de que quisieras ser nuestro amigo...
Pero antes de que yo pudiera articular una sola respuesta, percibí una anomalía. Un cambio brusco en la densidad del aire. Merlin me estaba clavando una mirada fija y penetrante. Esa mirada...
Mi cuerpo reaccionó por mero instinto de supervivencia.
Di un salto brusco hacia atrás, creando distancia en una fracción de segundo.
—Oh... —expresó Merlin, esbozando una sonrisa de lado—. Veo que te diste cuenta al instante de lo que estaba a punto de hacer.
Una presión mágica invisible y cortante atravesó de lleno el espacio aireado donde mi cuerpo había estado parado un segundo antes.
—Para ser completamente sincera —continuó Merlin—, eres exactamente tal y como nuestro padre te describió: rápido... muchísimo más rápido de lo que me llegué a imaginar.
Sus ojos morados brillaron con un interés peligroso y desafiante.
—Pero jamás pensé que serías capaz de detectar la intención de mi movimiento a semejante velocidad.
Dio un paso firme en mi dirección.
—Qué chico tan listo resultaste ser, Carlos Tanaka Sánchez...
—Vaya... no sabía que tú también eras tan excepcionalmente buena lanzando ataques sorpresa —dije esbozando una leve sonrisa desafiante—. ¿No lo crees así, Merlin Hashima Tower?
Ella alzó una ceja, claramente sorprendida.
—Tenías que incluir también mi apellido completo, ¿eh? —respondió con un tono burlón—. Pero tú hiciste exactamente lo mismo con tu presentación, ¿no es verdad?
—Touché —murmuré reconociendo su punto—. Entonces dime... ahora que ya sabes perfectamente de lo que soy capaz, ¿qué es lo que planeas hacer a continuación?
No me dio tiempo ni de parpadear. En un parpadeo absoluto de velocidad pura, Merlin apareció directamente frente a mí, a una distancia peligrosamente estrecha. Sentí la onda expansiva del aire romperse con violencia a nuestro alrededor.
Qué velocidad tan ridícula... ¿Desde cuándo esta mocosa es capaz de moverse a semejante escala?
—Tú no eres el único chico en este lugar que puede alardear de ser absurdamente veloz —susurró ella con una sonrisa ladeada a milímetros de mi rostro—. ¿O acaso me equivoco en mi apreciación, Dios del Trueno?
—Vaya... ahora resulta que también te dio por ponerme apodos ridículos —bufé recuperando la distancia—. Qué sumamente creativa. Genial... otra chica más exactamente igual a Masha; a todas les encanta ponerme nombres extraños. Como sea —continué retomando la compostura y la seriedad—, solo necesito que me aclaren una cosa fundamental: ¿qué es exactamente lo que están buscando con todo esto?
Merlin dio medio paso hacia atrás, cediéndole el espacio a su hermana. Esta vez fue Milin quien tomó la palabra, visiblemente nerviosa y apenada.
—Bueno... la verdad es que veníamos a pedirte disculpas sinceras por todo el incidente de nuestro padre —explicó—. Y... y también porque mi hermana menor tenía muchísimas ganas de conocerte en persona, ya que desde la primera vez que te vio ella quedo—
—¡H-hermana, no digas eso! —la interrumpió Milin de golpe, poniéndose completamente roja como un tomate—. ¡No le digas absolutamente nada! ¡Me estás haciendo morir de vergüenza, por favor cállate!
Merlin la miró de reojo con una sonrisa llena de crueldad juguetona.
—¿Eh? ¿De verdad no quieres que se lo diga abiertamente? —se llevó un dedo al mentón haciendo pose de duda—. Pero si es algo ridículamente obvio para cualquiera.
Acto seguido, Merlin me miró directamente a los ojos sin la menor piedad.
—Dice mi hermana que le gustas con locura —soltó la bomba sin dudar—. Y que, por favor... aceptes ser su novio.
El silencio que siguió a sus palabras fue monumental.
El tiempo mismo pareció quedarse en pausa dentro del almacén. Milin se quedó con la boca abierta de par en par, mientras el color desaparecía de su rostro como si su propia alma hubiera abandonado su cuerpo en ese preciso instante.
Yo parpadeé una vez sin saber cómo reaccionar. Milin parpadeó dos veces en completo estado de shock.
—Ups... —dijo Merlin fingiendo una falsa sorpresa—. Supongo que me equivoqué de momento para soltar la bomba. Hermana... creo que voy a tener que—
—¡CÁLLATE DE UNA MALDITA VEZ! —gritó Milin fuera de sí, estallando en una mezcla de vergüenza y desesperación.
Tosí levemente para romper la tensión absurda.
—Ejem... perdón por interrumpir este dramático problema entre hermanas —dije levantando una mano—. Pero antes de que esta conversación se vuelva infinitamente más incómoda de lo que ya es... les pido que me digan el verdadero motivo de su visita.
Ambas hermanas me miraron en silencio.
—Puedo aceptar sin ningún problema ser su amigo —continué con total serenidad—, pero necesito que me expliquen con la verdad qué es lo que está pasando en realidad con ustedes en la escuela.
Merlin sonrió, esta vez limpia de cualquier tono de burla.
—Interesante... —murmuró observándome con respeto—. Definitivamente no eres para nada un sujeto aburrido, Carlos Tanaka Sánchez.
—¿A poco de verdad parezco alguien aburrido? No me consideraba así desde la era de los idiotas.
Una carcajada sincera se le escapó a Merlin al escuchar mi respuesta.
—Realmente eres alguien bastante gracioso cuando te lo propones.
Sin embargo, de un momento a otro su expresión cambió drásticamente, volviéndose sombría y extremadamente seria.
—Pero en fin, iré directo al grano del asunto. Nosotras pertenecemos a tu misma clase, solo que nos inscribimos formalmente ayer por la mañana. Verás... nuestro padre cometió muchos errores en el pasado, y por esa razón toda la culpa y el odio de la gente ha recaído sobre nosotras.
—Yo... la verdad no tenía idea de que ustedes dos tuvieran una mala reputación entre los alumnos...
—No es exactamente como te lo estás imaginando, Carlos —intervino Merlin con amargura—. Todo comenzó el día en que nuestro padre te atacó sin motivo alguno frente a todos y terminamos ridículamente humilladas públicamente. Desde ese preciso instante, los demás estudiantes no han dejado de discriminarnos e insultarnos. La estamos pasando verdaderamente mal... mi hermana Milin ha estado teniendo ataques de ansiedad y traumas horribles desde que llegamos ayer.
Milin bajó la mirada hacia el suelo. Sus manos temblaban de manera incontrolable.
—Y sin decir nada más... hay algo terrible que tengo que decirte sobre lo que ocurrió ayer en los pasillos...
—¡Por favor, hermana, no sigas! —suplicó Milin en un susurro desesperado, mientras las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos sin control—. No quiero que lo sepa... no quiero que nadie más lo sepa...
Merlin apretó los puños con rabia e impotencia.
—Lo siento muchísimo, Milin, pero él tiene que enterarse de la clase de basura con la que comparte sangre. No puedo seguir viéndote sufrir en silencio de esta manera.
Al ver su dolor, sentí cómo mi corazón se hundía pesadamente en el pecho.
—¿Enterarme de qué...? —pregunté con voz grave.
Merlin tomó aire antes de soltar la verdad.
—Ayer por la tarde... tu hermano mayor, Dani, la lastimó físicamente.
Sentí un golpe seco y helado directamente en el centro del pecho.
—Cuando llegamos por primera vez a la academia, un grupo de alumnos comenzó a burlarse cruelmente de nosotras por los crímenes de mi padre —explicó Merlin—. Dijeron cosas horribles y repugnantes sobre Milin. Ella me lo contó todo porque la encontré llorando desconsolada en un pasillo apartado. Yo no entendía la gravedad de la situación... hasta que vi directamente la escena.
Milin negaba efusivamente con la cabeza entre sollozos.
—Por favor, hermana... no se lo enseñes...
—¡Muéstrale de una buena vez lo que ese miserable te hizo! —insistió Merlin con voz firme—. No puedes seguir quedándote callada. Tú no hiciste nada malo para merecer semejante trato.
—¡¿Cómo diablos quieres que lo diga abiertamente?! —respondió Milin con la voz completamente rota por el llanto—. ¡Nadie en esta maldita escuela nos cree! ¡Solo somos un circo patético para ellos, la burla de todos los estudiantes!
Me quedé completamente en shock, sintiendo cómo mi sangre comenzaba a hervir a temperaturas extremas dentro de mis venas.
—Milin... por favor, déjame ver lo que te hizo —pedí con la voz tensa.
—N-no... no quiero que lo veas... me da demasiada vergüenza...
Di un paso al frente y acorté la distancia, hablando con la voz más suave y compasiva que pude articular.
—Lo siento enormemente, pero no puedo permitir bajo ninguna circunstancia que ustedes sigan pasando por un infierno así. Nada de lo que su padre hizo es culpa de ustedes dos. Todos cometemos errores en esta vida... y a veces esos errores solo se corrigen cambiando la forma en que el mundo nos mira.
Extendí mi mano hacia ella con total sinceridad.
—Confía en mí. Te juro que yo no soy en absoluto como mi odioso hermano Dani. Mis otros dos hermanos tampoco son así. Confía en mí... por favor.
Milin dudó por un instante. Extendió su mano temblorosa y tomó la mía durante unos segundos. El silencio en el almacén se volvió abrumadoramente pesado y doloroso.
Entonces, soltó mi mano lentamente y comenzó a subirse las mangas del uniforme.
Ahí estaban.
Una serie de moretones oscuros y marcados manchaban horriblemente la piel clara de ambos brazos.
Sentí cómo algo sagrado e irreparable se rompía con violencia en lo más profundo de mi ser. Bajé la mirada hacia sus marcas, apretando los puños con una rabia y una frustración que amenazaban con desbordar mi maná.
—...Soy un absoluto idiota —murmuré con la voz ahogada por la rabia—. ¿Cómo demonios no me di cuenta de esto ayer...?
El silencio que siguió a mi confesión fue infinitamente más cruel y sofocante que cualquier palabra de consuelo.
—¿Por qué no le dijeron nada de esto de inmediato a Natsuki, a Karen o a mi hermano Abram? —pregunté con la voz temblando por la tensión contenida—. Explíquenme por qué demonios no acudieron a ellos.
Milin negó con la cabeza, temblando violentamente por el llanto.
—No los vimos por ningún lado, Carlos... de verdad no los vi. Estaba completamente desesperada, buscando ayuda por todas partes, buscando a alguien que nos tendiera la mano... pero no encontré a nadie conocido.
Las piernas de Milin finalmente cedieron ante el agotamiento emocional y cayó de rodillas al suelo, rompiendo a llorar sin poder contener la angustia.
Merlin se acercó a mi lado, con el rostro completamente endurecido por el rencor.
—Tu hermano mayor Dani debe pagar muy caro las consecuencias de sus actos, Carlos. Ayer tuve un fuerte enfrentamiento verbal con él, pero... —apretó los dientes hasta hacerlos crujir—. No pude hacer absolutamente nada físico en su contra debido a las estrictas normas de combate del instituto. Fui una completa estúpida... lo único que logré fue hacer que la situación empeorara para mi hermana.
La miré fijamente a los ojos.
—Dime una sola cosa, Merlin: ¿ese miserable puso una mano encima de ti también?
—A mí no... pero estuvo a punto de hacerlo antes de que nos separaran.
Respiré hondo, canalizando la furia desbocada en una concentración helada.
—Está bien. Denme tan solo un momento a las dos. Iré a buscar a ese bastardo ahora mismo.
Milin levantó la mirada empañada en lágrimas cuando me vio agacharme a su lado. Con extremo cuidado y ternura, le limpié las lágrimas de las mejillas utilizando la yema de mi pulgar.
—No tienes por qué seguir llorando —le dije regalándole una sonrisa honesta y tranquila—. Sé perfectamente cómo te sientes por dentro... y te prometo que esto es algo que no voy a tolerar ni un segundo más en mi presencia.
Activé Voltstrike en su máxima frecuencia. Destellos de electricidad dorada y azul recorrieron mi cuerpo a gran velocidad mientras expandía mi sentido del maná por cada rincón de la academia, rastreando su firma mágica entre las sombras.
Hasta que finalmente lo ubiqué en el patio trasero.
Aparecí a su lado como un rayo, lo sujeté con violencia del cuello de la vestimenta y, utilizando la pesada empuñadura de mi espada, lo arrastré por el suelo a una velocidad sobrehumana hasta traerlo de vuelta al almacén frente a las chicas.
—¡Oye, pedazo de imbécil de mierda, ¿acaso no sabes con quién te estás metiendo?! ¡¿A quién carajos se le ocurre atra—!
Dani se quedó petrificado en mitad de su rabieta. Su rostro se volvió completamente pálido como el papel al posar sus ojos en mí. El terror más puro se filtró en su expresión al sentir la escala de mi energía.
—Oh... hermano menor... qué... qué sorpresa... ¿cómo estás...?
—Cierra tu estúpida y asquerosa boca —gruñí con un tono que heló la sangre de los presentes—. Pedazo de imbécil. ¿Cómo es posible que alguien de tu estirpe se atreva a ponerle una mano encima a una chica indefensa? ¿Acaso nuestros padres no se tomaron el maldito tiempo de enseñarte a respetar a los demás?
A pesar del miedo visible, una sonrisa retorcida y arrogante se dibujó en los labios de Dani.
—Vaya, vaya... no pensé que mi hermanito inútil resultara ser el gran defensor de estas dos apestosas. Así que vinieron corriendo con el chisme a contarte todo, ¿eh? Lo que les hice ayer fue solo una pequeña advertencia de lo que les espera. Y ahora voy a tener que hacerte sufrir a ti de nuevo, exactamente como antes, ahora que—
No le permití terminar la frase.
Le propiné un golpe brutal directamente en el rostro con toda mi fuerza física.
El impacto fue tan desgarrador que el cuerpo de Dani salió disparado como un proyectil, atravesando el grueso muro de piedra del almacén con un estruendo seco y masivo. Escupió una gran cantidad de sangre al impactar contra los escombros del exterior.
Una risa desagradable, rota y llena de veneno escapó de su boca entre la tos.
—¿Crees que un golpe de mierda es todo lo que tienes, hermanito? —provocó Dani escupiendo sangre—. ¿Tienes la menor idea del enorme problema en el que te estás metiendo al tocarme? Y ustedes dos, mujeres estúpidas, deberían estar fuera de esta academia para siempre, tal como se los advertí ayer. Jamás imaginé que serían tan cobardes como para ir con el chisme a contarle todo a mi inútil hermano.
Al escuchar sus palabras, sentí cómo una entidad oscura y devoradora se levantaba desde el fondo de mi alma.
—¿Quién demonios te dio derecho a volver a hablar en mi presencia?
Mi voz no fue un grito; salió peligrosamente baja, siniestra y distorsionada por la energía oscura. Mi mirada se volvió un abismo aterrador de sed de sangre.
Caminé lentamente hacia los escombros... y en un parpadeo absoluto aparecí directamente detrás de su espalda.
—¿Qué es exactamente lo que ganas haciendo esta porquería, Dani? —susurré directamente a su oído con un tono que le hizo erizar la piel—. ¿Por qué tratas a las personas como si fueran basura descartable? ¿Acaso en tu podrida existencia sabes lo que significa respetar a los demás?
Continuará.

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The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 154
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 153
Estás leyendo el capítulo 153 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.