Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 150 online gratis en español
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Capítulo 150: Geometrías Prohibidas, la Invitación Real y la Ira de Yuki
Punto de vista: Carlos, Lucía y Yuki
Todos los estudiantes presentes en el patio se encontraban inmersos en la manipulación y exploración de sus propios núcleos celestiales. Caminé lentamente entre las filas que se habían formado en el césped, observando con extrema atención a cada uno de ellos para asegurarme de que todo se mantuviera bajo un control absoluto. Sabía perfectamente que el riesgo de este procedimiento no era una simple exageración: si alguno cometía un error de cálculo en la presión interna, no solo sufriría un desmayo por agotamiento mágico... podría morir en el acto por una ruptura interna de maná.
El ambiente se volvió denso y pesado a una velocidad inquietante. El aire circundante parecía tornarse más denso, casi sofocante, como si una fuerza invisible estuviera presionándonos desde todas las direcciones. Cada núcleo reaccionaba de forma completamente distinta según la psique de su portador: algunos temblaban inestables, otros brillaban con una violencia cegadora, y unos pocos emanaban una frecuencia distorsionada y sumamente peligrosa.
Resultaba difícil de concebir a simple vista. Cada estudiante poseía defectos secundarios en su estructura mágica, grietas invisibles en sus circuitos que amenazaban con romperse en cualquier instante bajo semejante estrés.
Entonces lo sentí.
Catorce energías de una magnitud anormal comenzaron a elevarse al mismo tiempo entre la multitud.
Mi expresión relajada cambió de golpe. Esas presencias no eran para nada ordinarias. Sus núcleos estaban expandiéndose y evolucionando a una velocidad vertiginosa, exactamente como si fueran bestias ancestrales despertando de un largo y profundo letargo. Un solo fallo de contención más... y todo el campus podría colapsar.
Esto... pensé sintiendo un nudo amargo en la garganta. Sin duda alguna, esto será lo más trascendental y peligroso que presenciaré en todo este año.
Lucía se me acercó a paso rápido, frunciendo el ceño con una mezcla visible de asombro y preocupación. Aunque intentaba mantener su porte regio, había un claro matiz de nerviosismo en su voz.
—Me alegro verdaderamente de que todos estén intentando dar este paso... —comenzó a decir observando el patio—. Gracias a las pautas que diste, yo misma pude manifestar algo completamente distinto en mi interior, pero dime, Carlos...
Dudó un segundo antes de continuar, buscando las palabras adecuadas.
—¿Cómo es que funciona esto exactamente? El mío... ha cambiado de forma por completo.
Levantó la mano derecha con delicadeza. Sobre su palma abierta, la luz plateada de su maná no adoptó la típica esfera fluida; en su lugar, la energía se condensó en una impecable estrella geométrica de bordes afilados.
Sentí un frío escalofrío recorriendo mi espina dorsal. La miré con muchísima más atención, analizando la densidad y la presión de su nueva firma mágica.
—Eso depende enteramente de cómo canalizas tu magia y de la presión que ejerces sobre tu propio poder —expliqué con tono grave—. El mío también posee una forma extraña y aberrante, al igual que el tuyo.
Cerré los ojos por un instante, recordando cada tratado antiguo que había estudiado en la biblioteca y todo lo que creía saber hasta el día de hoy sobre la teoría del maná.
—Según los libros clásicos y las enseñanzas de la academia, los núcleos son estrictamente circulares e inmutables —murmuré—. Eso era lo que yo también pensaba con certeza...
Abrí los ojos lentamente, contemplando el espectáculo frente a nosotros.
—...hasta que vi esto con mis propios ojos.
Volví a observar detenidamente a los estudiantes. Algunos estaban empapados en sudor frío, otros respiraban con suma dificultad para mantener la postura. Shiro mantenía un control pulcro y firme, pero su aura de oscuridad se retorcía a su alrededor como si tuviera vida propia. Miguel, por su parte, ostentaba un núcleo pesado, denso y masivo, semejante a una montaña gigantesca a punto de agrietarse bajo su propio peso.
Y Lucía... ostentaba esa estrella plateada e hipnótica.
—Tal vez los núcleos jamás fueron iguales para todos —reflexioné en voz alta—. Tal vez la forma del núcleo refleja sin filtros lo que realmente somos en lo más profundo de nuestra alma.
Un latido de inquietud me recorrió el pecho. No sentía temor por mi propia seguridad... sino por la de todos ellos. Algo no encajaba en esta ecuación. Estas evoluciones eran demasiado drásticas, demasiado aceleradas, demasiado perfectas. Era como si una entidad o una fuerza invisible estuviera empujando sus límites desde el otro lado del velo.
Tragué saliva en silencio.
Algo es algo... pensé intentando serenarme, pero en el fondo lo comprendía con total claridad. Desde ese preciso instante, dejé de contemplar el mundo y la magia como lo hacía antes. Entendí que lo que acabábamos de despertar en este patio... ya no podría detenerse por nada ni por nadie.
El aire se volvió aún más pesado, casi asfixiante. Sentía como si los ojos del mismo destino estuvieran fijos sobre nosotros, conteniendo la respiración. Fue entonces cuando la voz de Lucía rompió ese inquietante trance.
—Si de verdad nadie puede detener lo que se avecina...
Levanté la mirada hacia ella lentamente.
—Entonces dime algo, Carlos —dijo fijando sus ojos en los míos—. ¿Qué fue lo que te ocurrió exactamente durante todos estos meses de ausencia?
Su tono no era de reclamo acusatorio, pero tampoco denotaba tranquilidad. Había miedo, incertidumbre... y un sentimiento mucho más profundo reflejado en sus pupilas.
—Tú no eras así antes... —añadió en un murmullo.
Sus palabras resonaron con fuerza dentro de mi cabeza.
—Además... —continuó dando un paso más hacia mí, acortando la distancia—. A pesar de todo este cambio, aún sigues siendo mi caballero leal.
Sentí un nudo en el pecho al escucharla. Lucía vaciló un instante antes de volver a hablar, apretando ligeramente las manos como si temiera la respuesta que pudiera darle.
—Quería preguntarte algo muy importante...
Asentí en silencio, dándole pie a que continuara.
—¿Estás libre este fin de semana? —soltó de repente.
No respondí de inmediato, tomado por sorpresa.
—Quería saber si podrías acompañarme a mi reino —explicó, bajando levemente el volumen de su voz y desviando la mirada con un disimulado rubor—. Mis padres... quieren conocerte en persona.
Eso me tomó completamente desprevenido.
—Les he hablado mucho de ti... —dijo juntando el valor para mirarme de nuevo—. Quieren conocer de primera mano al hombre que yo elegí.
Mis pensamientos se agitaron en un caos absoluto.
—Eres alguien profundamente apreciado por mí, Carlos. Eres una persona amable, honesta y sincera —continuó con los ojos brillando intensamente—. A veces me resulta imposible entender tu forma de pensar o tus decisiones... pero sé perfectamente que tus intenciones siempre son buenas.
El silencio volvió a instalarse entre los dos.
—Con todo lo terrible que está pasando afuera... —agregó con una sonrisa tibia—. Me alegro infinitamente de haberte conocido. Fuiste y sigues siendo alguien maravilloso para mí.
Sentí cómo el rostro me ardía por completo ante semejante declaración.
—Ya, ya... lo sé, no tienes por qué decir todo eso de golpe —respondí con cierta torpeza, rascándome la nuca para disimular mi desconcierto.
Sin embargo, mi mente ya se había desviado hacia implicaciones mucho más oscuras. ¿Por qué razón los reyes, los padres de Lucía, querrían conocerte en un momento tan crítico? Durante los dos meses de entrenamiento que pasé fuera, descubrí verdades sobre mi origen y mi línea de sangre que prefería no haber sabido jamás. Cosas del pasado que ahora parecían un destino inevitable.
La reunión formal entre todas las facciones se acercaba a pasos agigantados. Pensé seriamente en faltar. Pensé en escapar de esa responsabilidad y evitar el conflicto. Pero sabía que no podía darme ese lujo. Había eventos que debía enfrentar cara a cara; piezas que ya se habían puesto en marcha. Y aunque no lo expresara en voz alta a nadie, tenía algo absolutamente claro: después de ese fin de semana y de la reunión... nada volvería a ser igual.
De pronto, una chica se me acercó a paso vacilante. Lucía visiblemente nerviosa y tímida, jugando torpemente con sus propios dedos.
—Oye... tú eres Carlos, ¿verdad? —preguntó en un hilo de voz.
La miré con curiosidad, saliendo de mis pensamientos.
—Ehh... sí, ese soy yo. ¿A qué se debe la pregunta? ¿Ocurrió algo malo, señorita?
Ella dudó unos segundos antes de responder, manteniendo la vista baja.
—Ah... pues yo estaba pensando... —dijo entrecortadamente—. Si tal vez podrías enseñarme a utilizar mi núcleo...
Levantó la mirada cargada de inseguridad.
—Tengo muchísimos problemas para lograr despertarlo... No sé si realmente tenga el talento necesario para esto —su voz tembló ligeramente—. Se me hace sumamente difícil y... quisiera saber si tú podrías...
Antes de que terminara de formular su petición con tanto temor, le dediqué una sonrisa amable y asentí.
—Oh, por supuesto que sí. Déjame hablar un segundo más con—
No alcancé a terminar la frase cuando sentí que alguien tomaba firme pero delicadamente mi mano, dándole un tirón decidido hacia atrás.
Era Lucía. Tenía dibujada en el rostro una sonrisa entre traviesa y peligrosamente autoritaria.
—Ve a ayudar a tu nueva alumna —me dijo en tono juguetón—. Yo continuaré perfeccionando mi propia estrella.
Se inclinó un poco hacia mí para susurrarme al oído:
—Iré a buscar a Shiro ahora mismo para discutir un tema sumamente importante entre nosotras.
Dejé escapar un leve suspiro de resignación.
—Está bien, Lucía. Nos vemos sin falta en la siguiente clase.
Ella soltó una pequeña risita victoriosa.
—Jejeje... Por supuesto que sí, mi distinguido maestro de campos de barreras ocultas.
Se despidió con un gesto elegante y una sonrisa confiada antes de alejarse a paso firme hacia donde estaba Shiro.
Me giré entonces hacia la chica, quien se me había quedado viendo fijamente con los ojos muy abiertos, como si todavía no pudiera dar crédito a la escena que acababa de presenciar.
—¿Ocurre algo malo? —le pregunté sacándola del trance.
Parpadeó varias veces, desorientada.
—Es verdad... no me he presentado —dijo con evidente timidez, poniéndose rígida al instante—. A-Ahh... y-yo m-me llamo S-Salma...
Su voz era apenas un murmullo audible.
—Es un verdadero gusto conocerte, Salma —respondí con serenidad—. Me alegro de que me hayas dicho tu nombre.
La observé con atención analítica. Tenía el cabello de un hermoso tono morado claro que caía en suaves ondas sobre sus hombros, y sus ojos eran de un negro claro, profundos y llamativos. Poseía una sonrisa reservada pero bastante agradable y, viéndola bien de cerca, era notablemente alta para la media de las chicas del salón.
Sin embargo, lo más importante no era su apariencia: algo en la frecuencia de su aura me decía con certeza que su núcleo no estaba dormido en absoluto. Solo estaba esperando la estimulación correcta para detonar.
—Muy bien, Salma... simplemente respira hondo y exhala despacio —le instruí con voz firme y tranquilizadora—. Yo te guiaré para despertar ese poder.
Ella asintió en silencio y se sentó de inmediato en el césped. Cerró los ojos con fuerza, apretando los puños como si se preparara para enfrentar algo aterrador que no comprendía del todo.
Me posicioné justamente detrás de ella. Coloque mis manos a un par de centímetros de sus hombros sin tocarla directamente, dejando fluir mi maná de forma pausada y constante hacia su espalda. Comencé a escanear cada reacción celular y cada pulso mágico, empujando mi percepción sensorial más allá de los límites comunes.
Y fue entonces cuando lo vi a través de mi visión interna.
Un núcleo de una naturaleza violenta, llamativa y completamente aberrante; diferente a todo lo que había presenciado hasta ese día. No era una esfera, ni tampoco una estrella como la de Lucía. Era un triángulo perfecto de un color rojo oscuro y sombrío que giraba con extrema lentitud, como si estuviera observando a través de la realidad.
Un escalofrío me recorrió el cuerpo entero. Ese núcleo poseía una naturaleza aterradoramente similar al mío. Y peor aún... al enfocar la percepción en su centro, sentí una presencia oculta velando desde el fondo.
—Oye, Salma... —dije manteniendo la compostura—. Dime exactamente qué estás sintiendo en este preciso instante.
Su respiración se volvió errática e irregular.
—B-Bueno... —respondió con clara dificultad—. Puedo sentirlo perfectamente...
Sus manos temblaban sin control sobre sus rodillas.
—Es un sentimiento horriblemente agresivo... —continuó ahogando un gemido de dolor—. Siento que esa forma me está lacerando por dentro...
Fruncí el ceño y aumenté la densidad de mi propia barrera defensiva alrededor de ambos.
—Ya veo... —murmuré para mí mismo—. Entonces tu núcleo es infinitamente más peligroso de lo que aparenta.
Tragué saliva.
—Es un núcleo destructivo... exactamente igual al mío.
Ella abrió los ojos de golpe, girando levemente la cabeza con espanto.
—¡E-Ehhh...! ¡¿En verdad lo dices totalmente en serio?!
La miré con absoluta firmeza.
—Claro que sí. ¿Por qué razón mentiría sobre algo tan delicado?
Me incliné un poco más hacia su espalda para estabilizar el flujo.
—Tienes un potencial sencillamente monstruoso, Salma —dije con total honestidad—. Sé que siempre te has esforzado en silencio desde el fondo de la clase. Puedo ver claramente todo lo que has intentado lograr hasta hoy.
Pasaron varios minutos en los que el proceso se volvió extremadamente delicado.
De pronto, el aire a nuestro alrededor comenzó a sentirse denso y sofocante. Una ola masiva de energía oscura y carmesí brotó repentinamente del cuerpo de Salma como una marejada salvaje fuera de control. El impacto de la detonación fue tan brutal que me golpeó de lleno en el pecho; mis pies se deslizaron hacia atrás sobre la hierba y por un segundo estuve a punto de perder el equilibrio y caer.
Sin embargo, no retrocedí.
Apreté los dientes con fuerza y contuve la embestida utilizando mi propio maná.
—¡Tranquila, Salma! —le ordené forzando la voz por encima del estruendo mágico—. ¡Mantén la calma y no pierdas el control bajo ninguna circunstancia!
La energía no dejaba de emanar de su cuerpo a borbotones. Su núcleo se estaba desbordando por completo y su poder amenazaba con devorarla. Lo comprendí en ese preciso segundo: esto no iba a ser para nada un entrenamiento sencillo. Y si yo cometía el más mínimo error en la contención... Salma lo perdería absolutamente todo, incluida su vida.
La situación se estaba volviendo excesivamente complicada. Jamás imaginé que esta chica reservada albergara semejante calamidad dentro de sí. Comparando la densidad de su maná con el mío... podía afirmarlo sin la menor duda: Salma tenía el potencial técnico para llegar a ser una guerrera exactamente de mi mismo calibre.
Si la hubiera conocido y evaluado antes de todo esto... tal vez habría sido la rival y aliada perfecta, pensé mientras contenía las ráfagas de su energía redomada. No solo por la escala de su fuerza, sino por la presión abrumadora que emana su núcleo. Es una magia peligrosa, hermosa y ridículamente útil para los combates que se avecinan.
Una sonrisa confiada se dibujó en mi rostro sin que pudiera evitarlo.
Tal vez... incluso podría quitarle su puesto en la vanguardia a Yuki. Entregarle esa posición estratégica a Salma no sería para nada una mala idea. Ni modo, Yuki... tendrás que ceder tu lugar.
En ese preciso e inoportuno instante, el mundo pareció detenerse por completo.
El aire se volvió helado, denso y horriblemente pesado.
Dejé escapar una breve risa de satisfacción por mi pensamiento... hasta que una sensación espeluznante me atravesó la nuca.
Sentí que algo andaba terriblemente mal. Una presión sofocante y asesina me recorrió la columna vertebral, exactamente como si una mano invisible estuviera estrangulándome el alma con fuerza implacable.
Giré la cabeza con extrema lentitud hacia mi derecha.
Ahí estaba ella.
Yuki.
Había aparecido prácticamente de la nada, parada a escasos centímetros de mí. Su mirada no expresaba ninguna emoción humana: era seria, helada, cortante y letalmente peligrosa.
Tragué saliva con mucha dificultad.
Mierda... creo que la cagué monumentalmente esta vez.
Una sonrisa sumamente tranquila —demasiado tranquila y falsa para ser real— se dibujó lentamente en los labios de Yuki.
—Veo que te estás divirtiendo muchísimo el día de hoy... ¿verdad, mi estimado jefe? —dijo con un tono de voz suave que me erizó hasta el último pelo del cuerpo.
Se acercó un paso más a mí sin ninguna prisa. Extendió su mano derecha, la colocó suavemente sobre mi hombro... y apretó con todas sus fuerzas.
El dolor que sentí fue instantáneo y devastador. No era simplemente un daño físico en la carne y el hueso; era una presión destructiva que atravesaba mi anatomía y golpeaba directamente mi propio núcleo celestial. Mis piernas temblaron involuntariamente bajo el peso de su agarre.
Sentí miedo. Un miedo real y primario.
Vaya... sí que me las arreglé para hacer enojar a Yuki a un nivel catastrófico, pensé sudando frío.
—¡Vamos, Yuki! —exclamé intentando zafarme disimuladamente—. ¡No quiero problemas contigo! ¡Sabes perfectamente que lo que estaba pensando lo decía solo de broma!
Me hice el tonto. Intenté forzar mi mejor sonrisa descarada y parecer relajado ante la situación. Pero ella no redujo ni un milímetro la presión demoledora sobre mi hombro.
—¿Te haces el tonto de verdad para intentar salirte libremente de este problema? —preguntó con una voz calmada... terroríficamente calmada.
Dejó escapar un largo suspiro que heló el césped a nuestros pies. Su mirada se volvió todavía más severa.
—Qué idea tan ridículamente estúpida de tu parte.
El aire a nuestro alrededor vibró con una tensión destructiva. En ese preciso instante, me quedó algo dolorosamente claro: Salma poseía un poder oculto aterrador y prometedor... Pero Yuki... Yuki era el verdadero y auténtico peligro de esta academia.
Continuará.

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The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 151
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 150
Estás leyendo el capítulo 150 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.