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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 148 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 148: El Nuevo Uniforme, y la Academia Punto de vista: Carlos y Shiro —Muy bien, me tengo que ir ya, hermana —dije soltando suavemente sus manos. Antes de cruzar el umbral de la puerta de mi habitación, me detuve un instante y la miré por encima del hombro con una sonrisa serena. —Al menos ve hoy a la academia, Karen. Yo luego te alcanzo en un momento. —Sí, sí, ya te oí... no me repitas las cosas —respondió ella con un ligero tono de desgano, aunque en el fondo su mirada revelaba que la pesadez de su corazón se había disipado bastante—. Nos vemos allá más tarde. Salí de la habitación dejándola atrás para que terminara de alistarse y bajé tranquilamente por las escaleras principales. Al llegar a la planta baja, Mío ya me estaba esperando pacientemente en el pasillo. Para mi enorme sorpresa, ya traía puesto su nuevo uniforme escolar por completo. Vaya... qué absurdamente rápida es para vestirse, pensé observándola de arriba abajo. ¿De dónde demonios lo consiguió tan rápido? Además, noté un detalle sumamente distinto e inusual: parecía que la dirección de la academia había cambiado radicalmente el emblema oficial y el diseño de la vestimenta. Ese uniforme nuevo se veía bastante raro para mí, acostumbrado al anterior. Tenía que preguntarle de una vez para salir de dudas. —Oye, Mío... ¿de dónde sacaste exactamente ese uniforme? —inquirí acercándome. —Ahh, bueno... —respondió ella con total naturalidad, dando un pequeño giro sobre sus talones—. Este diseño de uniforme es completamente nuevo. Lo mandaron de la academia hoy mismo en la mañana para todos los estudiantes. De hecho, aquí mismo tengo el tuyo; deja te lo traigo de inmediato. Una sonrisa curiosa y picante apareció en su rostro mientras me miraba. —Te apuesto a que te verás bastante bien con él puesto. —¿Ah, sí? ¿Tú crees? —pregunté alzando una ceja. —Claro que sí, no me cabe la menor duda. Bueno, si ella lo decía con tanta seguridad, yo no tenía el menor problema en probármelo. Me quedé parado ahí mismo esperando a que volviera. —Solo no te tardes demasiado, por favor —le pedí en voz alta mientras ella caminaba hacia el perchero. —¡Vamos! ¡¿Por quién me tomas?! —protestó Mío regresando la mirada indignada—. ¡Ni que fuera la vanidosa de Freya para tardarme horas frente al espejo! En eso tenía toda la razón. Freya siempre solía vestirse con ropas sumamente exóticas y reveladoras... aunque, siendo completamente honesto conmigo mismo, debo admitir que todo le queda ridículamente bien. Sin embargo, solo porque sea una mujer hermosa no significa que yo apruebe del todo que use ese tipo de ropa tan llamativa en público. —¿Acaso estás asustada o celosa, Mío? —bromeé con una sonrisa burlona. —¡Ni un poquito, pedazo de idiota! —me lanzó una mirada filosa y asesina que por un segundo me erizó la piel. —Oye, oye, no te pongas tan agresiva de la nada —respondí levantando las manos en señal de paz—. Ya te estás pareciendo a Natsuki mucho más de lo normal. Mientras hablábamos de cosas triviales, me quedé analizando en mi mente la estética del ropaje. Consistía en un conjunto blanco elegante con una chamarra negra de cortes finos y una corbata que combinaba tonos rojos y negros intensos. Ciertamente no me esperaba algo de semejante diseño viniendo de las autoridades de la academia... aunque la elección de las medias en el uniforme femenino se me hacía un poco extraña y llamativa. Como sea, Mío se retiró rápidamente a buscar mi paquete. Yo me quedé esperando en el vestíbulo, pensando detenidamente en la situación de Karen. Consideré que lo mejor sería vigilarla un poco de cerca, no fuera a ser que a última hora decidiera retraerse y no arreglarse para salir. Si no bajaba a tiempo, tendría que subir nuevamente a su cuarto a regañarla como se debe. Poco después, Mío regresó con la vestimenta doblada entre sus manos. Y definitivamente no estaba bromeando sobre el diseño. Subí a mi habitación para cambiarme con calma. Al ponérmelo, noté la comodidad del tejido: los pantalones negros ajustaban perfectamente sin restar movilidad, y la chamarra blanca resaltaba bastante sobre mi figura, dándome un aire imponente. Se notaba a leguas que Mío conocía mis medidas mejor que nadie. Al final, me acomodé el nudo de la corbata roja y negra frente al espejo. Al salir de la habitación, me encontré de frente con Karen en el pasillo. Estaba recargada sobre la pared, esperándome con los brazos cruzados. ¿Y ahora qué se cree esta niña? ¿Que está demostrando su poder o qué con esa postura? pensé divertido. Di un paso firme y me posicioné justo frente a ella. —Pero mira nada más qué galán... —soltó Karen mirándome con picardía—. ¿A dónde tan guapo, hermanito? —Vaya, vaya... no sabía que mi hermosa e implacable hermana menor me hablaba de esa manera tan halagadora —respondí devolviéndole la provocación. Ella frunció el ceño exageradamente, pero no pudo evitar dejar escapar una sonrisa sincera. —Ah, ¿sí? Ya veremos cómo nos va a los dos más tarde en la academia. Así que cuídate mucho, tonto. Apartó la mirada disimulando su timidez y se fue caminando a paso ligero hacia las escaleras. Antes de todo este encuentro, obviamente me había dado un buen baño caliente. No pensaba salir a la calle oliendo a azufre y sudor después de la brutal batalla que sostuve en el coliseo. Aun así, dentro de mí me sentía profundamente feliz. Saber que mi hermana estaba emocionalmente mucho mejor... solo por ver esa chispa de vida en ella, todo el esfuerzo y el dolor valían completamente la pena. Sabía perfectamente que el espíritu del Dios de la Espada, Akira, había estado tratando de consolarla durante mi ausencia. Él tenía toda la razón en lo que pensaba: mi sola presencia y mi pasado son un problema gigante para todos los que me rodean. Pero muy pronto me encargaré personalmente de ver cómo solucionar este desastre. Por ahora, planeaba pedirle un favor muy especial a Saleh: quiero que se convierta en el maestro personal de mi hermana. Siento que yo ya estoy lo suficientemente preparado para lo que se avecina; ahora es el turno de Karen de madurar y enfrentar sus propios miedos cara a cara. Cada uno de nosotros carga con traumas y pesos similares en la espalda, y para sobrevivir a lo que viene, debemos estar absolutamente preparados. Di un paso al frente para no hacer esperar a las chicas en el piso de abajo. Bajé por las escaleras principales y allí estaba Mío, esperándome al pie de la grada. Al verme descender con el nuevo uniforme, se sonrojó levemente mientras esbozaba una sonrisa brillante. —¿Ves? Te lo dije... te queda absurdamente bien. Guardé un segundo de silencio mirándola fijamente sin cambiar mi expresión. —Nah, es broma, me queda increíble —dije rompiendo el hielo con una sonrisa confiada—. Bueno, como sea, es hora de irnos. Hoy debo darles una gran sorpresa a esos idiotas de la academia para que vean de una vez por todas de qué estoy hecho en realidad. Además, estoy seguro de que Gojo estará sumamente feliz de verme de regreso. Antes de emprender el viaje, pasamos todos al comedor a disfrutar de un abundante desayuno preparado en la casa. Tras terminar, nos levantamos de la mesa y salimos al patio principal. Allí nos estaban esperando pacientemente mi madre, Hina, y el elfo Saleh. —¡Awww! ¡Pero qué lindo y apuesto se ve mi hijo! —exclamó Hina juntando las manos con verdadera devoción maternal. —¡Mamá, por favor! ¡Me estás avergonzando terriblemente enfrente de Saleh! —reclamé sintiendo el calor en el rostro. —¡Oh, vamos, no seas tan duro con tu madre! —respondió ella riendo con soltura—. ¡Mira a Karen, tú también te ves sencillamente preciosa, hija! —Muchas gracias, mamá... —asintió Karen con una leve sonrisa de gratitud. —Bueno, es hora de que se pongan en marcha —dijo mi madre recuperando la calma. —¿A qué te refieres? ¿Acaso tú no vendrás con nosotros a la reunión? —pregunté extrañado. —No por ahora —contestó ella serenamente—. Solo Saleh los transportará directamente hasta allá con su magia espacial. Después de dejarlos, él y yo tenemos asuntos sumamente importantes que resolver fuera de la ciudad, así que no se preocupen por nosotros. Me quedé pensativo unos segundos, analizando la mirada seria que compartieron mi madre y el elfo. —Bueno... si tú lo dices, está bien por mí —respondí sin presionar—. ¡Entonces es hora de marchar a la academia! Saleh extendió su báculo y ejecutó un complejo círculo mágico de teletransportación a nuestro alrededor. En un parpadeo envuelto en luz dorada, fuimos trasladados a través del espacio y aparecimos exactamente a tiempo en la entrada principal del campus. Gracias a su impecable control mágico, el viaje fue perfecto y sin contratiempos. Ahora solo quedaba hacer mi entrada triunfal. Miré a Mío y a Karen por un momento. Parecía que la relación entre ambas había mejorado drásticamente y se llevaban bastante bien, así que decidí dejarlas solas un rato para que caminaran juntas. Yo me adelanté a paso firme para ingresar al edificio principal. En cuanto crucé el umbral de las grandes puertas de la entrada, sentí de inmediato cómo absolutamente todas las miradas de los estudiantes presentes en los pasillos se clavaban sobre mi figura. —Oye... ¿quién demonios es ese chico? —comenzaron a murmurar varios estudiantes a mi paso. —¿Acaso es un alumno nuevo de transferencia? —Se ve ridículamente atractivo y elegante... ¿estará soltero? —susurró una chica de año superior ajustándose los lentes. Era obvio que nadie me iba a reconocer a simple vista. Mi aura, mi físico y mi postura habían cambiado de manera drástica tras el entrenamiento y los combates límite. Simplemente les dediqué a todos una leve y educada sonrisa mientras continuaba mi marcha por el pasillo hasta llegar a la puerta de mi salón de clases. Deslicé la puerta hacia un lado para entrar y, repentinamente, un puño cargado de fuerza se detuvo a escasos milímetros de golpear mi rostro. El aire desplazado por el impacto me despeinó el flequillo. Se trataba de Shiro. —Eh... ha pasado un buen tiempo, Shiro —dije sin siquiera pestañear ante la amenaza—. No nos veíamos desde hace mucho, ¿verdad? Ella se quedó completamente paralizada en su postura de ataque, mirándome con los ojos abiertos de par en par. —¿Quién demonios eres tú? —exigió con voz fría—. ¿Y cómo es que sabes mi nombre tan naturalmente? Sonreí con absoluta calma y bajé suavemente su puño con mi mano. —Bueno... eso es simplemente porque soy alguien que te conoce sumamente bien. ¿Acaso no eres capaz de reconocerme? Los ojos de Shiro se dilataron al procesar el tono de mi voz y la energía que emanaba de mí. —¡¿Qué demonios...?! ¡¿Eres tú realmente, Carlos?! ¡¿Pero qué diablos te pasó en todo este tiempo?! —No es nada del otro mundo —respondí restándole importancia—. Solo tuve un entrenamiento algo intenso lejos de aquí. Shiro me observó con una atención minuciosa, escaneando cada rasgo de mi rostro y la escala de mi presencia. Notó de inmediato que algo en mí era radicalmente diferente a la persona que dejó meses atrás. Su expresión severa se suavizó por un segundo, y un sutil sonrojo apareció en sus mejillas. —Has cambiado demasiado... —dijo con una voz inusualmente tímida—. Pero... me alegro sinceramente de que estés aquí de regreso. Han pasado muchísimas cosas graves desde que te fuiste... además, hay un problema gigantesco. Al decir esto último, bajó la mirada y la sombra de la preocupación cubrió su rostro. Mi expresión se endureció al instante, perdiendo toda calidez. —Cuéntame exactamente cuál es el problema —exigí con tono serio. Ella dudó un segundo mirando hacia el pasillo concurrido. —Aquí en el salón no sería el mejor lugar para hablar de esto. Vamos al patio trasero, ¿te parece bien? Asentí sin pensarlo dos veces. —Claro, no tengo ningún problema con eso, Shiro. De todos modos, yo también tengo algo sumamente importante que discutir contigo. Salimos juntos del salón mientras en mi pecho comenzaba a instalarse una sensación pesada e incómoda. Esperaba de todo corazón que no se tratara de nada irreversible. Además, me resultaba muy extraño no haber visto a ninguno de los chicos en el trayecto; era la primera vez que no encontraba a Gojo montando un escándalo en los pasillos. Espero que Gojo y los demás estén bien... pensé con inquietud. Shiro y yo nos sentamos en una de las bancas de piedra del patio escolar, contemplando el paisaje del campus. Las nubes se deslizaban lentamente bajo el cielo brillante de la mañana. El ambiente a nuestro alrededor era tranquilo, demasiado pacífico para la gravedad de lo que ella estaba a punto de revelarme. Shiro apoyó la mano sobre su mejilla, miró al horizonte y suspiró profundamente. —Bien, es hora de ir directo al grano, Carlos —comenzó a decir con un tono helado—. Déjame decirte algo crucial... Lucifer logró encontrar la reliquia sagrada. Me quedé congelado en mi sitio. Mi mirada se clavó en Shiro con una atención absoluta y punzante. Ella continuó hablando sin apartar los ojos del cielo. —Y eso no es absolutamente todo... ¡hay algo mucho peor! —tragó saliva con dificultad antes de proseguir—. Mi hermano Shirou, Gojo y los demás tuvieron un enfrentamiento directo contra las fuerzas enemigas en la entrada de la mazmorra. Hubo varias víctimas fatales... siete de los nuestros murieron en esa batalla. Sentí un golpe seco y demoledor en el centro del pecho, como si me hubieran arrancado el aire de golpe. —¡Ni siquiera yo sé con certeza qué demonios está ocurriendo a gran escala! —continuó Shiro aprietando los dientes—. Gojo y Shirou lucharon desesperadamente contra un ser abismal de alto rango... La batalla fue desgarradora y violenta. Aun así, los enemigos lograron su cometido y, antes de retirarse, les dejaron un mensaje directo para ti. Apreté los puños con tanta fuerza que mis nudillos se pusieron blancos. —¿Qué tipo de advertencia les dieron? —pregunté con la voz grave y baja. Shiro cerró los ojos por un segundo, memorizando el dolor de la escena, y repitió las palabras exactas tal y como se las transmitieron: —"Díganle a su flamante líder, Carlos, que se arrepentirá profundamente por habernos humillado de esta manera tan miserable. Espero que aprenda de una vez por todas de sus errores... insignificantes y estúpidos humanos." Un silencio sepulcro nos envolvió. Aquellas palabras eran una declaración abierta de guerra... pero lo que me daba más rabia era que estaban sumamente furiosos conmigo por los motivos equivocados. Creían erróneamente que era yo quien estaba orquestando y moviendo los hilos de los chicos desde las sombras, cuando en realidad el verdadero responsable de manipular las fichas era Mael. Yo no tenía absolutamente nada que ver con esas decisiones tácticas. Respiré hondo, forzando a mi cuerpo a mantener la calma. —Por casualidad... dime algo, Shiro —dije con una frialdad controlada—. ¿Cuándo ocurrió exactamente este enfrentamiento en la mazmorra? Tenía que cuadrar las fechas de mi ausencia con precisión. —Fue hace un mes exactamente —respondió ella sin la menor duda. Mi rostro se volvió aún más duro y sombrío. —¡Y eso no es todo lo que hay que reportar! —añadió Shiro mirándome de reojo—. Hay una persona en específico que exige verte lo antes posible. Dice que es de suma importancia. La miré fijamente. —Te estás refiriendo a Mael, ¿verdad? Shiro abrió ligeramente los ojos, visiblemente sorprendida por mi deducción. —Exacto... pero, ¿cómo es posible que lo supieras sin que nadie te lo dijera? Dejé escapar una leve y amarga sonrisa, aunque por dentro la rabia ardía como un volcán a punto de hacer erupción. —Bueno, Shiro... la verdad es que soy alguien que ya está profundamente atento a todo lo que ocurre en este tablero —respondí ponerme de pie—. Y esto es infinitamente más preocupante de lo que aparenta a simple vista. Ese maldito traidor de Mael está haciendo su trabajo extremadamente bien. Me levanté lentamente y fijé la mirada en el horizonte, donde las nubes comenzaban a oscurecerse levemente. —Pero no te preocupes en absoluto —añadí con una voz firme y cargada de una determinación letal—. Ya falta muy poco para el gran festejo de la academia. Y cuando llegue ese momento preciso... ambos sabemos perfectamente lo que tenemos que hacer. Shiro me observó en silencio desde la banca, comprendiendo sin necesidad de palabras el peso de nuestro destino. Has cambiado muchísimo, Shiro... Ya no eres la misma chica fría e inalcanzable que conocí al principio, pensé para mis adentros. Aun así, ¿sabes algo? Me siento verdaderamente bien al verte a salvo por ahora. —Dime, Shiro, ¿qué quieres hacer hoy antes de que comiencen los eventos oficiales? —le pregunté cambiando el tono—. Ya que no vi a Gojo ni al resto del grupo en los pasillos, quería preguntarte si tú... Ella me interrumpió de inmediato, cortando mis palabras con cierta torpeza. —¡Nada en particular! —dijo desviando rápidamente la cara para ocultar el rubor—. Solo pensaba si nosotros podríamos... ya sabes... —Ah, ya veo. ¿Te refieres a estar juntos un momento antes de empezar? Suspiré con tranquilidad y le extendí la mano. —¿Quieres distraerte un poco regresando al salón? Será mejor volver antes de que el profesor note nuestra ausencia; las clases están a punto de empezar. Luego veremos con calma lo que habías dicho. Tengo un par de cosas por resolver hoy, ¡así que vamos! Shiro dudó un segundo al mirar mi mano extendida, pero al final la tomó con delicadeza. Sonrió con un toque de nerviosismo puro, sintiendo cómo ese simple contacto físico le aceleraba los latidos del corazón de manera descontrolada. Se ha vuelto aterradoramente fuerte... pensó Shiro en el más absoluto silencio mientras caminaba a mi lado. Desde esta distancia puedo sentir una masa de energía lisa y sencillamente monstruosa latiendo en su interior. Sin embargo, cada vez que lo miro directamente a los ojos, me siento increíblemente más tranquila... no, me siento infinitamente feliz de tenerlo cerca. Me alegra desde el fondo de mi alma que se haya hecho tan fuerte. Eso calma todos mis temores. Vamos, Shiro, mantén la calma. Solo se trata de Carlos... aunque haya cambiado tanto por fuera y por dentro. No te desesperes por nada de este mundo. Entramos nuevamente al edificio de la escuela y regresamos a nuestro salón de clases. El profesor William acababa de llegar al aula justo a tiempo. Al vernos cruzar la puerta juntos, me dedicó una mirada analítica y asintió con una leve sonrisa de respeto. —Buenos días, joven Carlos. Bienvenido. —Buenos días, profesor —le devolví el saludo cordialmente y caminé hacia mi antiguo asiento en el fondo. Shiro caminó a mi lado y tomó asiento justamente en la banca contigua a la mía. De inmediato, sentí cómo decenas de miradas inquisitivas y murmullos estridentes se clavaban sobre nosotros dos desde todos los rincones del salón. Toda la clase estaba completamente impactada por nuestra llegada conjunta. Los susurros no tardaron en expandirse como pólvora. De seguro ya estaban inventando toda clase de rumores absurdos sobre si Shiro y yo teníamos una relación en secreto. La miré de reojo por un instante. Curiosamente, a ella no parecía molestarle en lo más mínimo lo que los demás estuvieran cuchicheando. La chica fría, distante e inalcanzable que conocí en mis primeros días ya no estaba allí. Ahora veía a una joven nerviosa, tímida y con las mejillas ligeramente sonrojadas a mi lado. Definitivamente, antes no era así. Fue entonces cuando una voz profunda dentro de mi conciencia me lo advirtió con absoluta claridad: Las cosas se van a poner verdaderamente feas de ahora en adelante... Y esta vez, no habrá forma humana de evitarlas. Continuará.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 148

Estás leyendo el capítulo 148 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.