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Capítulo 142: Sombras en el Reino, la Confesión de Mío y el Ojo del Coliseo
Punto de vista: David, Mío y Haruto
Al parecer todo iba bien… hasta que ocurrió una desgracia. Carlos había desaparecido. El ambiente cambió en un instante, como si el mundo entero se hubiera detenido de golpe. No sabíamos con certeza quién pudo haber perpetrado semejante acto, pero había algo indiscutible en la atmósfera: se trataba de magia de teletransportación pura.
La energía residual que quedó flotando en el aire no mentía a nadie. Ese rastro característico me llevó a una sola conclusión lógica… Saleh se lo llevó. ¿Pero con qué motivo o intención habría ejecutado semejante maniobra? Resultaba difícil de creer. Levanté la mirada lentamente, observando a las chicas, a Haruto y a Rai. Sus rostros reflejaban una tensión evidente, confundidos, cargados de preguntas para las que no teníamos respuesta alguna. Después de este incidente, Carlos ya nos había revelado la verdad sobre su origen, lo que realmente estaba pasando a nuestras espaldas, y esa realidad era mucho más peligrosa de lo que cualquiera de nosotros había imaginado en un principio. Creí que solo nos enfrentábamos a un pequeño problema de facciones… pero veo que me equivoqué categóricamente. Estamos jodidos.
Entonces algo no encajó en el ambiente. Sentí una presión siniestra e imperceptible justo detrás de nosotros, como si una presencia invisible se hubiera acercado en absoluto silencio, sin hacer el más mínimo ruido. El aire se volvió espeso y pesado de respirar. Volteé de inmediato preparado para lo peor… no había nadie. Solo silencio. Regresé la mirada al frente… y la vi. Una chica de cabello azul y ojos azules de una tonalidad cristalina estaba parada justo frente a mí, demasiado cerca.
Su sonrisa era linda, tranquila… inquietantemente tranquila.
—¡Hola! ¡Hola!
Eso fue más que suficiente para que una descarga de miedo me recorriera la espalda de arriba a abajo. Grité sin pensarlo dos veces y me alejé dando un salto lo más rápido posible, con el corazón golpeándome con fuerza dentro del pecho.
—¿Q-quién eres y por qué estás aquí adentro? —logré articular, recuperando el aliento mientras adoptaba una postura defensiva.
—Ehh… ahh… es verdad, no me he presentado —respondió acomodándose el cabello—. Perdona, estaba muy emocionada por verlos. Mucho gusto, mi nombre es…
Antes de que terminara la frase, una sonrisa silenciosa y enigmática se dibujó en su rostro, una sonrisa que parecía saber infinitamente más de lo que sus palabras decían.
—Me llamo Hina Sánchez. Soy la madre de Carlos Sánchez.
Sentí que el suelo se hundía bajo mis pies. El peso de sus palabras retumbó en la estancia.
—Tú debes ser David, ¿no? —continuó ella con naturalidad—. Mi hijo siempre me contaba de ustedes cuando tenía oportunidad.
El impacto fue inmediato y absoluto. Haruto y los demás quedaron completamente en shock, tratando de asimilar la presencia de la mujer que acababa de aparecer frente a ellos como si nada.
—Hina… qué alegría verte aquí —intervino Haruto, rompiendo el estupor general—. No creí que vendrías en un momento como este. Dime, ¿cómo te va? ¿Todo está bien por allá?
Una leve risa escapó de los labios de Hina, una risa suave, casi reconfortante, pero que cargaba un aura que no podía ignorarse.
—No es nada especial —respondió ella—. Solo vine a verlos a todos. Pero veo que aquí hay alguien que no quiere verme… ¿o me equivoco, Angélica?
Angélica avanzó hacia ella con pasos firmes y resonantes, sosteniendo esa mirada implacable que nunca cambiaba en su rostro, fría, calculadora y directa.
—¿Qué hace usted aquí? —inquirió Angélica sin rodeos, manteniendo la distancia.
—No es nada grave. Solo vine a ver qué estaba pasando por estos rumbos —contestó Hina manteniendo la compostura—. Además, la persona que se llevó a Carlos fue Saleh, por si no lo sabías. Yo solo soy un clon de la original, ella está con ellos en este preciso momento. Por si no lo sabías. Solo vine a ver eso, nada más. ¿Algún otro problema, Angélica?
Una sombra oscura y perversa cruzó el rostro de Angélica por un brevísimo instante antes de recuperar la frialdad habitual.
—No… no es nada —murmuró Angélica desviando ligeramente la vista—. Como sea, me alegro de que estés aquí. Debería ser yo misma quien te explique todo, cada detalle de lo que pasa en este reino.
—No es necesario —interrumpió Hina con amabilidad, pero con absoluta firmeza—. Además, quiero que ustedes me acompañen al desierto. Hay algo que debo contarles acerca de lo que vi durante estos momentos… y es de suma importancia.
En ese momento, Melissa entró en la conversación. En su rostro se mezclaban visiblemente los nervios contenidos con una calma forzada, tratando de dar una buena impresión.
—Hola, mucho gusto, señora —dijo Melissa dando un paso al frente—. Me llamo Melissa. Soy la amiga más cercana de su hijo. Me alegro mucho de que esté aquí con nosotros. He oído muchas historias sobre usted… esto es algo realmente emocionante, ¿verdad?
Una mirada tímida y llena de respeto se dibujó en la joven. Hina no dudó un segundo en responderle con calidez.
—Encantada de conocerte, Melissa —expresó Hina observándola de arriba a abajo—. Me alegro mucho de que seas amiga de mi hijo. Dime algo… ¿no te ha faltado al respeto o no te ha hecho daño? No dudes en decirlo si es así. Cualquier persona que sea amiga de mi hijo, yo también seré su amiga.
Al ver la interacción, sentí que debía intervenir, contarles algo importante y confesar lo que había visto últimamente para determinar si todo esto tenía que ver directamente conmigo. La mirada de Haruto cambió de inmediato al notarlo. David dio un paso al frente para asumir la palabra.
—Díganos qué ocurre, señorita —dije mirando a Hina—. ¿En qué podemos ayudarla en esta situación?
—No tienes que ser tan formal, David —sonrió ella con ligereza—. Puedes hablarme normal, estamos en confianza aquí.
—Bien… iré directo al grano —continuó Hina dirigiendo su atención hacia el líder—. Recibí una solicitud de ayuda urgente en el reino de Zephyra. No sé los detalles exactos, pero al parecer ocurrió una emergencia grave y nos necesitan allí. Haruto, ¿crees que puedas prestarme a David, a Melissa y a Angélica? Es muy importante, y usted lo sabe mejor que nadie.
Haruto quedó pensativo, cruzando los brazos sobre el pecho. El silencio pesó durante unos segundos en la habitación. Finalmente, suspiró en voz alta, dejando ver el cansancio en sus ojos.
—Está bien —asintió Haruto, aunque con un evidente matiz de desconfianza en la voz—. No conozco muy bien ese reino de Zephyra, pero tengan mucho cuidado. Ese lugar es bastante peligroso según los informes. He escuchado rumores preocupantes de mis hombres… hablan de desapariciones inexplicables de personas. Quiero que investiguen a fondo lo que ocurre ahí.
David y Angélica se quedaron en silencio ante la orden. El lugar permanecía tan quieto que resultaba francamente incómodo para todos los presentes. Incluso Hina terminó por interrumpir la rigidez del momento fijándose en los dos acompañantes que no habían hablado.
—Bien, ustedes dos de ahí… son amigos de mi hijo —dijo Hina mirándolos con curiosidad—. Un gusto.
—No, en verdad es un honor absoluto conocerla —respondió la elfa dando un paso al frente con elegancia—. Hina, me llamo Alefa. Soy hija del rey de la guerra, Saleh, y este tonto insignificante de aquí es Rai.
—Hola, es un honor conocerla, señora —intervino Rai de inmediato.
El joven avanzó con compostura, tomó la mano del clon de Hina y besó su muñeca con suma elegancia y caballerosidad. Tragué saliva ante semejante gesto en un momento tan tenso.
—Vaya… qué educado eres —expresó Hina, visiblemente sorprendida—. De seguro vienes de una familia muy famosa, me imagino.
Hina quedó completamente nerviosa ante la acción, aunque también notoriamente incómoda por la excesiva galantería. Este niño es demasiado elegante y caballeroso, pensé observando la escena. De verdad me dio curiosidad saber de qué familia provenía realmente, pero a simple vista no parecía una mala persona. Podía sentir su energía, su presión espiritual… era mucho más agresiva de lo normal, pero se mantenía increíblemente estable. Bajé la mirada y suspiré, observando a la elfa y luego a Hina mientras se acomodaba la ropa.
—Bien, gracias por sus presentaciones a todos —dijo Hina recuperando el aire de seriedad—. Antes de que me vaya, quiero avisarles algo de extrema importancia. Tengan mucho cuidado con quienes conviven de ahora en adelante… puede que haya un traidor entre ustedes, o alguien desconocido moviéndose en las sombras. Bueno, debo irme. Los veré más tarde. Angélica, David… lo demás es menos importante. Tú, Melissa, prepárate.
Hina miró al grupo una última vez.
—Me gusta hablar un poco con ustedes. Nos vemos, su alteza.
Se dio la vuelta y comenzó a caminar despacio hacia el exterior, desvaneciéndose en el aire paulatinamente hasta desaparecer del lugar por completo.
—Esta mujer no es alguien ordinario, ¿no lo crees, Haruto? —comenté acercándome al rey.
—Ahhh… ni que lo digas —respondió Haruto negando con la cabeza—. Esa mujer es alguien increíblemente fuerte, debo admitirlo. Es amable, sí… pero detrás de ese lado amable también es muy chismosa e impredecible. La otra vez casi mi esposa me da un susto de muerte por su culpa.
—¿En serio? —inquirí con una ceja levantada—. Creí que tu mujer era la tranquilidad en persona.
—Créame que lo es, David. Pero si se trata de Hina… es como una bomba de tiempo con patas. Puede decir cosas de más en cualquier momento y arruinarte la existencia.
El aire se volvió pesado de repente. Todo quedó en calma alrededor, una calma falsa e incómoda que anunciaba que algo no andaba bien. David dio un paso atrás tomando la iniciativa.
—Hay algo que tenemos que hacer —dijo Haruto interrumpiendo las distracciones—. Puedes retirarte, David. Yo me quedaré con estos dos chicos por el momento.
David inclinó la cabeza respetuosamente.
—Está bien, Su Majestad, lo que usted diga. Ya escucharon, hay que irnos —dijo dirigiéndose a los demás. Miró a la chica que estaba cerca—. Vendrás con nosotros, hija del gran capitán. Tenemos algo que enseñarte sobre este lugar.
Un escalofrío repentino me recorrió el cuerpo entero al recordar un detalle crucial que habíamos pasado por alto durante todo el alboroto.
—Esperen… —grité girando de golpe hacia los presentes—. Me olvidé por completo de Mío. Hay que ir por ella de inmediato. Hace un momento la dejé luchando sola contra un tipo bastante fuerte del reino del Imperio.
El silencio en el recinto fue inmediato y aplastante.
—¿Qué dijiste? —la voz de uno de los oficiales se alzó de inmediato, llena de rabia contenida—. ¿La dejaste sola contra un soldado del Imperio? ¿Por qué no me lo habías dicho antes, imbécil? Ella… ella no puede pelear en esas condiciones aún.
No hubo espacio para más palabras ni explicaciones. David y yo salimos corriendo a toda velocidad hacia la parte exterior del reino, sintiendo la urgencia en cada paso. Angélica nos siguió de cerca por cualquier eventualidad que pudiera presentarse en el trayecto. El viento golpeaba con fuerza nuestros rostros mientras avanzábamos entre las estructuras destruidas.
Entonces lo vi.
Las grietas cubrían el suelo de forma aterradora, como si el lugar hubiera sido aplastado por una fuerza colosal descendida desde el cielo. Muros de piedra completamente destruidos, rocas gigantescas partidas a la mitad y marcas profundas de impacto esparcidas por todos lados.
Y ahí estaba Mío. Tirada en el suelo, respirando agitadamente. A solo unos pasos de ella, yació el hombre del Imperio, completamente inmóvil, con el cuerpo y la armadura destrozados por la batalla. David se quedó rígido en su lugar, observando la escena con los ojos abiertos de par en par.
—¿Esa niña… hizo todo esto ella sola? —murmuró David. Luego sonrió, incrédulo ante la magnitud de la destrucción—. Esto tiene que ser una puta broma… ¿en verdad ella sola lo derrotó?
Dio un paso adelante para acercarse a ella. Y en ese preciso instante, algo en la atmósfera cambió drásticamente. Una presión enorme y sofocante cayó pesadamente sobre todos nosotros. El aire se volvió espeso, denso, volviéndose extremadamente difícil de respirar. Sentí que el pecho me iba a estallar por la carga mágica.
Mío se movió abruptamente. Sus ojos se abrieron de golpe, brillando con una intensidad peligrosa. Se levantó de un salto instintivo y vino directo hacia mí a una velocidad cegadora. No hubo aviso previo, no hubo tiempo de razonar.
¡Choque de espadas!
El sonido sordo del metal contra el metal resonó con violencia en las ruinas. Logré detener su estocada a duras penas, pero la maniobra no fue nada fácil. Su fuerza física era completamente distinta a la habitual; había algo sumamente raro y oscuro en la energía que emanaba de su cuerpo.
Then ella sonrió, relajando ligeramente la presión sobre mi hoja.
—Tardaste demasiado, idiota —dijo Mío.
Su voz sonaba baja, exhausta, cargada de una sombra oscura que aún no se disipaba por completo.
—No sabes lo mucho que tuve que vivir y sufrir para derrotar a ese maldito infeliz —suspiró en voz baja.
El viento violento a nuestro alrededor pareció calmarse un poco, volviendo a la normalidad.
—En fin… me alegro de que hayan venido por mí —continuó Mío guardando la postura—. Después de semejante desastre dudo mucho que me pregunten cómo me fue en el combate.
Nos miró a todos fijamente, recobrando poco a poco la compostura.
—Y bien… ¿qué pasó finalmente con el infiltrado que estaba adentro de la sala del trono?
Tragué saliva antes de responder, sintiendo la mirada inquisidora de la joven sobre mí.
—Pasaron algunas cosas bastante complicadas allá adentro —dije con seriedad—. El resumen es que el tipo logró escapar.
La mirada de Mío se volvió fría como el hielo.
—Pero lograron su objetivo —agregué rápidamente—. No sé exactamente cómo lo hicieron, pero apareció otra persona más sin que nadie se diera cuenta. Se llevaron las reliquias sagradas… y varias de las armas más poderosas del reino.
Mío apretó los dientes con rabia, haciendo crujir sus nudillos.
—Eso es completamente imposible… —masculló. Giró la cabeza hacia David de golpe, cambiando radicalmente el tema—. Dime… ¿qué pasó con Carlos?
El silencio se apoderó de nuevo del grupo.
—¿Está bien? ¿No le pasó nada malo? ¿No se suicidó el baboso ese lanzándose a lo loco? —inquirió Mío con evidente alteración en la voz.
—Vaya —dijo David esbozando una pequeña sonrisa burlona—, se nota a leguas que lo querés mucho, Mío.
Ella dio un paso al frente con una expresión severa, encarando a David sin titubear.
—No estoy para tus juegos estúpidos, David —escupió ella enfurecida—. Él me preocupa más que cualquier otra cosa. Sabes perfectamente lo mal que está mentalmente. Tú mismo lo viste.
David perdió la sonrisa burlona al instante, adoptando un rostro serio y comprensivo.
—Te seré completamente sincero, Mío. Carlos llegó a la sala del trono justo cuando uno de nosotros estaba a punto de ser aniquilado por ese sujeto. Por suerte logramos salir con vida de allí… pero él no se quedó contento con la situación para nada.
El ambiente a nuestro alrededor se volvió notablemente más frío.
—Luego, mientras estábamos en la bodega del castillo… simplemente desapareció en el aire —continuó David—. Alguien se lo llevó usando magia espacial. No supimos nada de su paradero hasta que llegó su madre y nos explicó la verdadera dimensión de la situación en la que estamos metidos hasta el cuello. —hizo una breve pausa antes de concluir—: Ahora tenemos una misión concreta.
Me acerqué a Mío a pasos lentos y bajé la voz para que solo ella me escuchara con claridad.
—Tienes dos meses para estar cerca de él —le dije mirándola a los ojos—. Aprovecha esta oportunidad al máximo, Mío.
Sonreí apenas para darle ánimos. Ella bajó la mirada de inmediato, apretando la empuñadura de su espada.
—David… no tienes por qué decirme eso —murmuró ella con un tono melancólico—. Además, no tengo ninguna oportunidad real con él. Tengo un miedo terrible de ser rechazada… y tú lo sabes perfectamente. Sabes cómo soy en estas cosas.
David suspiró profundamente, colocando una mano sobre el hombro de la chica.
—Lo sé, Mío, lo sé muy bien. Carlos es alguien sumamente amable, un caballero en toda regla —la miró fijo a los ojos—. El amor es un sentimiento que una persona simplemente no puede contener dentro de sí para siempre. Sé que estoy forzando las cosas al decirte esto… y en verdad lo siento si te incomoda. Solo quiero ayudarte a dar el paso.
Mío no respondió. Se quedó en silencio, con la mirada clavada en el suelo destruido. El viento volvió a soplar con fuerza entre las ruinas del campo de batalla. Y en el fondo de nuestros corazones, todos sabíamos que lo que venía en el futuro cercano… iba a doler mucho más de lo que podíamos soportar.
Estaba un poquito triste por sus palabras, pero sabía en lo profundo que David tenía toda la razón del mundo. Tengo que hacerlo tarde o temprano, y lo haré cuando tenga el valor suficiente para confesarme de verdad. Dudo mucho que él quiera iniciar una vida amorosa conmigo en medio de este caos, pero no puedo rendirme tan fácilmente, no ahora que me he esforzado tanto día a día para no volver a ser una carga para nadie. Lo conozco mejor que muchos, soy su mejor amiga; no desde la infancia, es verdad, pero aun así siento que podría llegar a ser mucho más que solo eso en su vida. El gran problema es que simplemente no me siento segura de mí misma. Solo quiero lo mejor para él y hago mi mayor intento por aprender cosas nuevas, por mejorar mi combate, por llegar a ser una gran novia o una esposa ejemplar, dependiendo de cómo me vaya cuando decida dar el paso.
A él le debo mi vida entera. Me ha ayudado en los momentos más oscuros, me ha defendido sin importar el peligro, me ha demostrado una confianza inquebrantable. Me dio un lugar en el mundo donde nunca pensé que pertenecería. Me dio la razón para seguir adelante. Me dio un camino propio que recorrer. Lo que estuve investigando por mi cuenta en antiguos textos es que en este mundo un hombre de su estatus puede llegar a tener más de una esposa; en total se permiten hasta catorce. Él ni siquiera lo sabe, pero yo sí conozco bien esa ley. Natsuki me conoce y sabe de mi presencia, pero no tiene ni la más mínima idea de los sentimientos reales que guardo hacia él en mi pecho.
He pasado años viajando a su lado, viviendo experiencias completamente nuevas, enfrentando monstruos y descubriendo lugares. Me siento verdaderamente feliz a su lado, no puedo negarlo, pero al mismo tiempo hay un dolor punzante en mi pecho. Un dolor amargo que proviene del terror absoluto a no ser correspondida y sufrir un rechazo. Sé perfectamente que sería sumamente egoísta de mi parte exigirle o pretender que él me vea de una manera distinta a la que me ve ahora.
Aunque lo adoro, hay cosas de su personalidad que simplemente no me gustan para nada. No me gusta esa absurda manía que tiene de dar siempre su vida por la de todos nosotros sin pensarlo dos veces. Eso es algo que jamás voy a aceptar. Ya lo viví en carne propia una vez en el pasado, cuando ignoró por completo mis súplicas desesperadas para que no se arriesgara. Aquella vez lloré de puro dolor e impotencia porque algo dentro de mi ser no quería, bajo ninguna circunstancia, que él se fuera para siempre de mi vida.
David se quedó mirándome en silencio por unos momentos, respetando mis pensamientos antes de romper la calma.
—Bueno Mío, ya es hora de ir a descansar tras este combate —dijo David rompiendo el trance—. O si gustas puedes ir a ver cómo están las demás chicas. Yo me quedo con Angélica y Melissa por ahora. Llevaremos el cuerpo de este tipo del Imperio para hacerle unos estudios detallados. Queremos saber exactamente qué hay dentro de él, tal vez encontremos pistas cruciales sobre la organización a la que pertenecen.
—Está bien David —asintió Mío intentando esbozar una sonrisa amigable—. Bueno, me iré ya a los aposentos. Tengan una linda noche ustedes dos.
Me despedí de ellos con un gesto de la mano, guardé mi espada en la funda de mi cintura, levanté la mirada hacia el cielo nocturno y me di la vuelta para caminar a paso lento a descansar. Estaba realmente asustada por todo lo que estaba ocurriendo, aunque hiciera mi mejor esfuerzo por no demostrarlo ante los demás. Di unos cuantos pasos más alejándome de las ruinas… y entonces sucedió.
Una sombra densa y helada me atrapó por la espalda de forma instantánea y me teletransportó sin darme tiempo ni de gritar.
Cuando reaccioné y logré abrir los ojos, ya no estaba en las inmediaciones del reino. Quedé completamente confundida, con la mente en blanco, mirando el entorno desconocido que me rodeaba.
—¿¡Qué!? ¿¡A dónde estoy!? ¿¡Qué clase de lugar es este!? —exclamé mirando las enormes paredes de piedra que se alzaban hacia el cielo.
Espera un momento, esto es extremadamente raro, pensé al instante. Noté la presencia de dos auras increíblemente peligrosas chocando a una distancia no muy lejana de donde me encontraba. Me levanté del suelo rápidamente y caminé con cautela para llegar hacia la zona central del coliseo desde la entrada principal. Asomé la cabeza entre las penumbras de las graderías y vi algo que nunca en mi vida imaginé presenciar en ese estado.
Era Carlos.
Y aquel elfo de aspecto imponente que había visto hace apenas un rato con la reina.
Estaban teniendo un encarnizado duelo a muerte en la arena principal.
La pregunta menos importante en ese instante era por qué ellos dos estaban peleando con semejante ferocidad mortífera. Esa duda gigantesca atravesó la marea de mis pensamientos mientras observaba cómo la tierra temblaba bajo sus pies.
Continuará.

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Estás leyendo el capítulo 142 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.