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Capítulo 143: El Retumbar del Coliseo, Revelaciones y la Sombra del Dios Nocturno
Punto de vista: Carlos, Mío y Hina
Carlos y Saleh estaban en un enfrentamiento devastador y extremadamente agotador. Los impactos de energía hacían retumbar las paredes de piedra del coliseo con cada colisión. Retrocedí solo unos segundos para ganar espacio y averiguar de una vez por todas cómo demonios vencer a esa entidad.
Supongo que debo recurrir a esto, pensé apretando los dientes mientras calculaba la distancia.
Activé la magia de invocación de alto nivel, convocando al dragón oscuro. El aire se rasgó al instante y un círculo mágico colosal emergió del suelo desprendiendo chispas de energía negra. La imponente criatura emergió con un rugido ensordecedor que hizo vibrar el coliseo entero. Él y yo nos miramos fijamente, midiendo la situación.
—Veo que te hice esperar demasiado, ¿no? —murmuré observando su enorme figura.
Tenía que hacer algo definitivo, ya que Saleh resultaba ser mucho más problemático de lo que imaginé en un principio. Ahora que lo analizo desde esta perspectiva, esa criatura humanoide que invocó no será capaz de derrotar a mi dragón oscuro. Espero que este combate termine pronto; no quiero que esto se alargue más de lo necesario.
El dragón no emitió palabra alguna. Simplemente desapareció de mi vista a una velocidad sobrehumana, lanzándose al choque contra su objetivo.
Cerré los ojos por una milésima de segundo e hice exactamente lo mismo, desvaneciéndome en el aire.
Nuestros ataques directos y el choque de nuestras lanzas se golpearon entre sí con una ferocidad ciega, desencadenando una lluvia incesante de impactos y chispas sobre ambos. Retrocedí varios metros manteniendo mi equilibrio sobre el suelo agrietado, esquivando cada estocada y cada golpe mortal con cortes precisos. Giré sobre mi propio eje y volteé una vez más hacia Saleh, dejando caer mi lanza directo al suelo como una maniobra de distracción. Desaparecí por completo frente a sus ojos y reaparecí a un milímetro de él, asestándole un golpe brutal con el puño imbuido en energía directamente en el estómago.
El impacto fue tan devastador que lo mandó a volar violentamente por los suelos, destrozando las rocas a su paso.
Sin embargo, una risa burlona, grave y profundamente oscura se dibujó en el rostro de Saleh mientras se desplazaba. El contraataque no tardó en llegar. Mi cuerpo salió despedido por una onda de choque imprevista, pero no miré hacia atrás ni un solo instante. Apreté los dientes con rabia y forcé el control total de mi centro de gravedad, alejándome por el aire mientras lanzaba varios ráfagas de ataque a distancia para ganar el espacio necesario. Extendí mi mano derecha hacia el aire y llamé a mi lanza. El arma respondió al instante a mi llamado, atravesando el aire con un silbido agudo hasta caer perfectamente en mis manos. La sujeté con extrema firmeza, adoptando una postura de combate refinada que, en el fondo, no me pertenecía a mí.
Perdóname Kenzo por lo que voy a hacer a continuación... Solo usaré tu técnica en esta ocasión, pensé disculpándome en silencio con mi maestro.
Saleh emergió de entre los escombros de piedra cubierto de polvo, con los ojos inyectados en sangre y una furia desmedida. Se lanzó directo hacia mí como una bestia desatada. Retrocedí lo más rápido que pude sobre la arena, pero él no dejaba de atacar un solo segundo. Cada estocada de su lanza rozaba la muerte misma. Esperé pacientemente el momento exacto para el contraataque. Respiré hondo, llenando mis pulmones de aire y enfocando toda mi energía.
Entonces, avancé de golpe.
—¡Primera técnica! ¡Segunda técnica! ¡Tercera técnica! ¡Cuarta técnica! ¡Quinta técnica! ¡Sexta técnica! ¡Séptima técnica! —recité en voz alta, encadenando los movimientos con una precisión quirúrgica—. ¡Golpe del dragón de mil puños carmesí!
El aire alrededor explotó en una ráfaga de fuego y fuerza bruta. El impacto sacudió los cimientos de todo el coliseo. Saleh quedó completamente inmóvil por un instante en medio del aire, con los ojos desorbitados por el impacto directo. Esa técnica... definitivamente no era mía. Era la técnica insignia de Kenzo. El hecho de que pudiera ejecutarla de esa manera, sin dudar un solo milisegundo, resultaba atemorizante. El ataque fue brutal, destructivo y devastador. Sabía que no podía prolongar más este intercambio de energía.
Ahora o nunca, me dije.
—¡Bestia de la vida, árbol del mundo! —exclamé liberando el hechizo.
La imponente criatura surgió del suelo con una fuerza aplastante y detuvo el ataque de Saleh de seco. La presión asfixiante que dominaba el lugar desapareció de golpe. Una sonrisa amarga y exhausta se dibujó en mi rostro al ver la escena. Lo tenía acorralado.
—Te atrapé —murmuré con la respiración agitada.
—¡Magia devorador de sombras! —grité activando la técnica prohibida.
Las sombras se alzaron violentamente desde las profundidades del suelo y envolvieron el cuerpo de Saleh por completo, inmovilizándolo sin dejarle margen de movimiento. Di un paso firme al frente, apuntando la punta de mi lanza directo a su cuello.
Pero en ese instante lo vi... ¡Él estaba sonriendo! No era una sonrisa común de derrota. Esa mirada macabra me atravesó la piel de lado a lado y me heló la sangre en las venas.
—Has logrado inmovilizarme a mí, muchacho... —susurró Saleh con una voz cavernosa—, ¡pero sabes perfectamente a quién no has logrado detener!
—¡Maldiciónnnnnnnnnn! —maldije entre dientes, mordiéndome el labio inferior con extrema rabia al darme cuenta de la trampa.
Su lanza real estaba oculta justo detrás de mí. Todo ocurrió en una fracción de segundo. Una explosión colosal nos envolvió a ambos y el estruendo sofocante me reventó prácticamente los oídos. La lanza de Saleh apareció de la nada buscando atravesarme. Logré bloquearla con la mía a duras penas, pero el choque tremendo de ambas armas provocó un destello cegador que me dejó temblando de pies a cabeza.
¡Salí disparado por la fuerza del impacto! Mi cuerpo rodó bruscamente por el suelo de la arena varios metros. Saleh no perdió ni un solo segundo; recuperó su lanza original y vino de nuevo a por mí con intenciones asesinas. Sus ataques ahora eran radicalmente distintos: eran desmedidamente más rápidos, brutales y pesados. Esto ya no era un combate normal. Cada golpe que impactaba contra mi defensa parecía querer romperme los huesos de los brazos. Apenas podía mantener el paso y retroceder sin ser descuartizado.
Me levanté como pude de los escombros y corrí directamente hacia él con toda mi intensidad restante. Esa presión titánica me aplastaba el pecho de manera insoportable. Nunca en mi vida había sentido un aura de semejante magnitud. Grité con todas mis fuerzas pidiendo control mental y liberé toda mi aura nocturna sin contener nada. El coliseo entero tembló hasta sus cimientos. El suelo se quebró en miles de pedazos. Todo el lugar quedó cubierto por una estela de destrucción total.
Desde las gradas más lejanas, la presencia de mi madre percibió la alteración y sintió algo sumamente extraño en la naturaleza de mi poder.
—Ya veo... —suspiró Hina en voz baja mientras apartaba la mirada de la arena destruida.
Antes de que pudiera agregar alguna otra palabra sobre el estado de su hijo, una presencia se materializó a sus espaldas en un parpadeo. Estaba demasiado cerca.
—Ohhh, holaaa, ángel caída del cielo —dijo la voz recién llegada con un tono de sorpresa—. ¿Cómo estás? Tú eres Mío, ¿verdad?
Me giré de golpe hacia ella, sintiendo que el corazón casi se me salía del pecho por el susto.
—¡Ehhhh! ¿T-tú cómo diablos sabes quién soy yo? —exclamé dando un pequeño salto hacia atrás—. ¡Además das muchísimo miedo apareciendo así de la nada! Esa sonrisa tan hermosa y tranquila que tienes da más miedo que la propia Natsuki cuando se enoja. Pero como sea... un gusto, suegra. ¡Ejem! Digo... Hina. Soy la amiga de su hijo. Quería saber de una vez si fue usted quien me secuestró y me trajo a este coliseo. Sabe perfectamente que la puedo denunciar por esto, ¿verdad?
Una sonrisa traviesa y juguetona se dibujó en el rostro de Hina. Se acercó aún más a mí, acortando la distancia. Su actitud dulce era profundamente inquietante, casi aterradora dada la destrucción que nos rodeaba.
—¡Vamos, Mío, no seas tan aguafiestas! —dijo Hina haciendo un pequeño ademán con la mano—. Solo acomódate, mira y disfruta del enfrentamiento. En este momento estoy observando detenidamente a mi hijo y me doy cuenta de lo increíblemente fuerte que se ha vuelto. De verdad me siento tan orgullosa de él... Incluso me dan ganas de saltar a la arena y tener una pelea con él para probar sus límites.
Esta mujer está completamente mal de la cabeza, pensé observándola detenidamente. Está demasiado roja de la emoción y demasiado tranquila para todo lo que está pasando a metros de nosotras. Pero claro, yo tampoco soy mejor que ella... Yo también estoy completamente sonrojada.
Miré hacia la arena donde Carlos seguía combatiendo. Lo veo después de tanto tiempo y sí, no puedo negarlo, ha cambiado muchísimo. Su cuerpo se ve más fuerte, más esculpido. Su presencia mágica pesa infinitamente más. Cada vez que lo miro bien, me doy cuenta de que está más guapo. ¡Maldita sea, Natsuki! Qué bien te lo tienes montado desayunándote semejante lavadero entero todos los días. Sacudí la cabeza enérgicamente para espantar los pensamientos. ¡Basta, Mío! Debo dejar inmediatamente estos pensamientos cochinos. Soy una dama refinada. Tengo que controlarme. Aunque la verdad es que cada vez que lo veo me pongo más nerviosa y el corazón simplemente no me obedece.
Una suave risa escapó de los labios de Hina al notar mi estado, pero no era una risa del todo tranquila. Tenía algo extraño en su timbre, algo helado que me erizó la piel por completo.
—Vamos, Mío, no te pongas tan nerviosa solo por ver a mi hijo —comentó Hina fijando la vista en la arena—. Solo hay que sentarse a ver cómo termina todo esto. Pero sabes... en el fondo estoy demasiado preocupada por él. Tengo un miedo horrible en el pecho y simplemente no puedo ocultarlo más.
Sus palabras resonaron con una pesadez que superaba con creces el ruido sordo de las explosiones del coliseo.
—Yo también tengo ese mismo miedo, Hina —dije al fin, mirando al suelo antes de volver a alzar la vista hacia Carlos—. Pero sabes algo... no creo que él vaya a perder el control de su mente esta vez. Solo hay que confiar plenamente en que ellos dos no vayan a superar ese límite peligroso. Aun así... ¿por qué terminé yo en este lugar tan remoto y por qué exactamente están ellos dos luchando a muerte?
Hina sonrió de forma burlona y nerviosa al mismo tiempo, como si estuviera conteniendo a la fuerza una información delicada que no debía revelar tan abiertamente.
—Bueno, eso es algo bastante lógico de comprender si analizas el panorama —explicó Hina—. Ese es justamente el detalle. Estos dos están escalando el nivel de su poder a un ritmo demasiado peligroso. No sé qué demonios tiene en la cabeza Saleh para provocar esto, pero en parte puedo entender sus motivos. Tampoco dejo de pensar ni un segundo en Shiro y en mi hijo... Ambos pertenecemos al mismo clan original, a fin de cuentas. ¿Qué se le va a hacer? Estamos siendo cazados sin piedad por los abismales en este preciso momento. Y aun así, el siguiente objetivo de esos monstruos es Shirou, de eso estoy absolutamente segura. Puede sonar raro, e incluso tonto de mi parte, pero en verdad ese muchacho es mucho más peligroso que todos nosotros juntos si decide actuar.
Hina hizo una breve pausa. La calidez de su mirada desapareció por completo y sus ojos se oscurecieron.
—Aparte de todo eso, está su hermana —continuó Hina con tono de fastidio—. Es demasiado... ¿cómo decirlo?, insoportable, molesta y castrosa. Y para colmo de males, se la pasa buscando a mi hijo a mis espaldas. ¿Acaso cree que no me doy cuenta de sus intenciones?
Un escalofrío helado me recorrió la columna vertebral. Todo lo que salía de su boca sonaba infinitamente peor y más complejo de lo que había imaginado jamás.
—Yo lo sé absolutamente todo —añadió Hina cruzándose de brazos—. Incluso sé a qué lugares exactos huye mi hijo para esconderse de Natsuki, esa maltratadora de hombres. Aunque bueno, esa actitud violenta la aprendió directamente de su madre. Yo no tengo nada en contra de Natsuki en lo personal, pero su mamá sí que guarda sus reservas. Si esa chica no cambia su forma de ser con mi hijo, qué se le va a hacer...
A pesar de la gravedad de la situación, no pude evitar soltar una risa nerviosa ante su comentario sobre la relación de Carlos y Natsuki. Me alegra mucho que la madre de Natsuki y Hina sean muy buenas amigas, y más aún cuando se juntan y están un poco pasadas de copas, pensé mientras el estruendo salvaje del combate seguía rugiendo a lo lejos en la arena.
El suelo del coliseo volvió a temblar con violencia. El aire se volvió densamente pesado. Entre el miedo constante a la muerte, el humor incómodo de la conversación y ese sentimiento amargo que me apretaba el pecho, entendí algo con absoluta claridad: esto no era simplemente una pelea por orgullo entre dos guerreros. Era el inicio de algo infinitamente peor que estaba por sobrevenir sobre todos nosotros.
Hina me invitó amablemente a tomar asiento a su lado en los escalones de piedra y acepté su oferta de inmediato para descansar las piernas. Apenas nos acomodamos, comenzó a explicarme con tono pedagógico cómo funciona realmente el poder nocturno. Su voz era calmada, pero había una pesadez ancestral en cada una de sus palabras.
—Mío, hay algo crucial que tienes que comprender desde hoy —comenzó Hina mirando al vacío—. El poder nocturno no es algo fácil de dominar o asimilar. Es una energía que se encuentra totalmente fuera de la comprensión humana habitual. A lo largo de la historia, solo muy pocos individuos han logrado usarlo sin consumirse. Pero como ya te dije antes, y te lo vuelvo a repetir, es algo infinitamente más peligroso de lo que alcanzas a imaginar. Ni siquiera un dios del panteón superior o un demonio abismal de rango alto podrían manejar semejante carga sin destruirse. Solo nosotros, los de la sangre, podemos soportarlo. Existen misterios profundos y razones de origen que ni nosotros mismos llegamos a entender del todo. El poder bruto y la magia en este estado son esencialmente lo mismo: están conectados intrínsecamente, solo que mezclados. La fuente de poder y la magia se unen como un solo poder mágico unificado.
Escuché cada una de sus palabras con absoluta atención y respeto, sin atreverme a interrumpir su explicación.
—Shiro, Shirou y yo somos los únicos usuarios puros —prosiguió Hina haciendo un conteo mental—. Además de mi hijo Carlos, también está Karen. Pero en el caso de Karen, la situación no es para nada sencilla. Ella utiliza paralelamente poder divino, y esa energía no es compatible bajo ningún concepto con el poder nocturno. Ante ella se presentan únicamente dos opciones definitivas: abandonar por completo el poder divino o abandonar el poder nocturno para siempre. Ese es el precio que exige la naturaleza de nuestro poder. Nada en esta vida es fácil, Mío. Por eso mi hija es tan ridículamente fuerte; tiene un talento innato, una fuerza colosal y un potencial ilimitado.
Asentí despacio, procesando toda la información sobre la familia de Carlos.
—Entiendo perfectamente tu punto, Hina —respondí mirándola fijamente—. Muchísimas gracias por confiar en mí, por contarme todo esto y por explicarme abiertamente la naturaleza de tu poder y el de tu hijo. Ese es el enorme precio y la carga que él tiene que llevar sobre sus hombros todos los días. Ya él...
—No sigas, por favor... —me interrumpió Hina cortando mis palabras de golpe.
Su voz cambió drásticamente.
—Sé perfectamente cómo se siente mi hijo en su interior —expresó Hina mientras sus ojos se llenaban de lágrimas—. Por eso mismo no quiero que siga cargando con toda esa culpa que no le corresponde. No sé exactamente qué es lo que le ocurre por la mente a cada segundo, pero cada vez que me pongo a pensar en su sufrimiento, simplemente me rompo a llorar. No puedo evitarlo. Es como si existiera un vínculo invisible y algo dentro de su alma desgarrada me afectara directamente a mí como su madre.
Su voz comenzó a temblar visiblemente por la emoción contenida.
—Este dolor es increíblemente profundo, Mío... Tal vez tú, al ser externa, no logres entenderlo en toda su magnitud. Mi hijo sabe perfectamente lo que está haciendo al pelear ahí abajo. Él siempre busca la forma de hacer que las consecuencias no les afecten a los demás, porque siempre se pone como escudo al frente. Siente que si no estuviera presente para recibir los golpes, los demás no seríais nada ante las amenazas. Al contrario, en su mente retorcida por el trauma, a veces piensa que solo es una molestia o que estorba. Solo los individuos más fuertes y nobles son capaces de cargar sobre sus espaldas con el peso y el dolor de todo ser humano. Él no busca convertirse en un héroe reconocido por la historia. Él busca justicia real. Busca salvación. Quiere ser algo mucho más grande que un simple héroe.
Cada una de sus palabras me apretó el pecho con una fuerza sobrecogedora, haciéndome comprender aún más la soledad de Carlos. Hina me miró de pronto con una expresión infinitamente cálida y reconfortante. Pareció relajarse un poco al soltar esa carga y decidió hablarme más íntimamente sobre el resto de su familia.
—No es que Carlos sea abiertamente mi hijo favorito —comentó con una pequeña sonrisa nostálgica—. Es solo que hay algo muy especial que él y yo compartimos, un lazo único de madre e hijo. Aunque, si te soy sincera, quienes se llevan el primer lugar en mi corazón en cuanto a mimos son Karen y Abrán. Ellos dos son mi absoluta adoración; los quiero con toda mi alma. En cuanto a Kronos y Dani... la verdad es que no sé prácticamente nada de ellos desde hace tiempo. Solo supe por terceros que mi hijo mayor nos visitó brevemente hace dos meses. A veces, al verlo tan distante y frío, siento que ya no es aquel hijo que crié...
Hina bajó la mirada hacia sus manos entrelazadas, mostrando una vulnerabilidad desgarradora.
—No quiero levantar sospechas infundadas dentro de la familia... Solo le pido al cielo no tener razón y que lo que pienso en mis noches de desvelo no sea real. Los rumores sombríos que circulan sobre sus acciones me inquietan demasiado. Pero en fin... antes de seguir abrumándote con mis problemas familiares, Mío, me gustaría mucho saber un poco más sobre ti y tu historia.
Tragué saliva con dificultad y decidí responderle con la mayor sinceridad de mi corazón.
—Es curioso... Escuchar a alguien tan poderosa como tú hablar con tanto amor y vulnerabilidad de sus hijos es algo verdaderamente hermoso. Demuestra que, aunque ellos cometan errores o se desvíen, siempre serán tu adoración. Se nota que siempre estás dispuesta a apoyarlos sin importar el peligro o las terribles consecuencias que implique. Tú siempre estás ahí para ellos de una u otra forma. Pero yo... yo no tuve esa suerte. Mis padres murieron cuando era pequeña y...
—Lo siento muchísimo por lo de tus padres, Mío —interrumpió Hina con una suavidad extrema en la voz—. De verdad debería ocuparme mucho más de ti de ahora en adelante.
Sin previo aviso, Hina se acercó a mí y me envolvió en un abrazo infinitamente cálido y materno. No pude evitar tensarme por completo al principio ante la falta de costumbre, pero a los pocos segundos me dejé llevar por la sensación de protección que emanaba de ella.
—No siempre puedo ser de ayuda para todos —susurró Hina sobre mi hombro—, pero espero de todo corazón que esto te sirva como un pequeño consuelo. Te aseguro que tus padres habrían deseado con el alma estar a tu lado y verte crecer en la hermosa mujer que eres hoy. Para mí... para mí sería un absoluto honor ser como una madre más para ti de ahora en adelante.
Su abrazo era firme, real, lleno de una sincera ternura. Por primera vez en muchísimo tiempo, me di cuenta de que no me sentía sola en el mundo, y ese pensamiento me hizo inmensamente feliz.
—Gracias... Gracias en verdad por darme este apoyo tan grande —logré articular mientras las lágrimas comenzaban a brotar sin control de mis ojos.
Hina tampoco pudo contenerse más y varias lágrimas cayeron libremente por su rostro. No lo dudé un segundo más: la abracé con todo mi amor y con todas mis fuerzas, apretándola contra mí para que ella tampoco se sintiera sola ni triste en medio de tanta responsabilidad. Su cuerpo temblaba levemente entre mis brazos mientras desahogaba su dolor.
—Puedes llorar todo lo que quieras, Hina —le dije en voz baja mientras la sostenía—. Siempre estaré aquí para ti. Y aunque no esté físicamente presente en algún momento, siempre enviaré mi clon de sombra para protegerte y hacerte compañía. Mío, está bien llorar de vez en cuando; está bien sacar toda esa frustración, todo ese dolor y ese sufrimiento que guardas dentro.
Hina lloró en silencio por un largo rato sobre mi hombro. Yo no la solté ni por un solo segundo, brindándole todo el calor que podía ofrecerle.
Al cabo de un tiempo, levanté lentamente la mirada hacia el centro del coliseo. A lo lejos, entre la nube de polvo y ruinas, logré divisar a Carlos y a Saleh. Por un breve instante, los ojos brillantes de mi amado se cruzaron directamente con los míos a la distancia, como si aquello que él estaba presenciando en la batalla y lo que yo estaba sintiendo en las gradas fueran exactamente la misma cosa: una esperanza inquebrantable que nunca se rinde, incluso cuando todo el mundo parece estar perdido a nuestro alrededor. Una sonrisa pequeña, sincera y temblorosa se dibujó en mi rostro al sostenerle la mirada.
Tú puedes ser exactamente lo que tú quieras ser en esta vida, Carlos, pensé con el corazón lleno de afecto mientras lo observaba pelear. Sé perfectamente que no te interesan en lo absoluto los títulos ostentosos ni los lujos vacíos de una familia rica. Siempre te ves genuinamente feliz con lo poco o mucho que tienes a tu alcance, y eso es algo sencillamente increíble de ti. Eres profundamente amable, atento con todos, y siempre encuentras la forma de resolver los problemas más imposibles, incluso cuando el mundo entero se viene abajo.
Hina, a mi lado, pareció entrar de lleno en sus propios pensamientos mientras contemplaba a su hijo desde la distancia.
Aunque, en el fondo, heredaste toda esa amabilidad directamente de mí... junto con la mirada ridículamente seria de tu padre, reflexionó Hina en su mente con nostalgia. Tu padre y yo encontramos la verdadera paz y la felicidad absoluta el día en que naciste. No desearía por nada de este mundo que mueras en estas guerras absurdas. Quiero desesperadamente que vivas, que crezcas, que te cases con la mujer que realmente amas y que tengas una vida plena y feliz junto a Yue. Mi nieta es una niña absolutamente adorable... Supongo que sacó esa dulzura de ti cuando apenas eras un bebé en mis brazos.
Pero justo en ese instante de calidez, un recuerdo amargo y aterrador volvió a la mente de Hina como un golpe directo en el pecho, borrándole la sonrisa del rostro.
Hablando de la pequeña Yue... hace poco investigué algo sumamente perturbador, recordó Hina sintiendo un nudo helado en el estómago. Algo horrible y oscuro. Su madre biológica no murió por una enfermedad ni por un accidente fortuito como todos creían. Fue el mismísimo Dios Nocturno quien acabó con su vida sin la más mínima piedad. Me tomó meses enteros, casi un año de seguir pistas peligrosas en las sombras, descubrir la terrible verdad detrás de su asesinato. Cada nueva pista me hundía más y más en el terror absoluto.
Hina apretó los puños con rabia e impotencia mientras miraba fijamente la arena.
Ahora lo sé con absoluta certeza... Él no está muerto. Él está aquí. Ha regresado.

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