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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 141 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 141: La Danza de las Hojas Carmesí, la Sombra de la Armadura y el Juramento del Rey de la Guerra Punto de vista: Carlos, Saleh e Hina Hacía una infinidad de tiempo que Saleh se abstenía de formularme una exigencia de semejantes proporciones en toda mi existencia. ¿A qué razón respondía que fuera su persona? ¿Por qué motivo articularía una petición de esa naturaleza, instándome a canalizar la potestad de mi linaje nocturno conociendo con absoluta certeza las secuelas irreparables que se derivarían de este enfrentamiento? La escena entera se hallaba impregnada de una gravedad sofocante. La masa del aire se percibía densa, saturada de una tensión latente, emulando la premisa de que el universo entero contuviera la respiración ante lo inminente. Me limitaba a contemplar la dinámica con la que hacía girar la estructura de su lanza, imprimiéndole una fuerza y un ritmo vertiginoso en cada revolución. Giraba y giraba sin pausa, hendiendo la atmósfera, trazando estelas imperceptibles que emitían un zumbido a modo de advertencia mortífera. Cada giro se ejecutaba con un grado de violencia superior al precedente. Ante la inminencia de la acometida, evoqué la presencia de mi espada sangrienta y de la espada nocturna. Ambas hojas respondieron a mi llamado en la fracción de un parpadeo. La familiaridad de su masa reposando en mis manos me proveyó de un matiz de tranquilidad ilusoria. Las sostuve aplicando una sujeción inquebrantable, registrando las vibraciones energéticas que recorrían sus filos. Nuestros iris se encontraron en el centro del escenario. Prescindimos de toda articulación de palabras. Solo pervivía la intencionalidad del combate. Cada embestida desplegada por su figura proyectaba una escala verdaderamente monstruosa, incluso previo a que el impacto iniciara su trayectoria. Ajusté la presión de mi entrecejo. Esta secuencia carece de un término aparente. Me corresponde articular una maniobra de mayor envergadura. Procedí al despliegue de las llamas nocturnas. El manto de la oscuridad comenzó a arder en una conflagración sorda. Una onda expansiva de poder destructivo se propagó desde el núcleo de mi cuerpo, devorando la vacuidad del espacio, pulverizando la cimentación del terreno y desplazando la totalidad de la materia a su paso como una marejada implacable. No obstante, la agudeza táctica de Saleh superó mi expectativa. Se abstuvo de ceder terreno. Se preparó para la colisión. Afianzó la sujeción sobre su arma empleando una precisión categórica. La postura de su cuerpo experimentó una transmutación. Se hallaba en perfecta disposición para asestar el contragolpe. —Primera técnica de la lanza del anochecer: Golpe de luz elférico. ¿Qué clase de aberración representa… esa técnica de combate? Carecí del tiempo mínimo para estructurar una evasión. El destello fúlgido hizo explosión directamente frente a mis ojos. La acometida alcanzó una magnitud devastadora. Me reduje a interponer la hoja de mi espada a modo de barrera. El impacto penetró la estructura de mis brazos. La detonación resultante quebró el aire con una intensidad ensordecedora. La inercia del golpe lanzó mi cuerpo despedido por los aires hasta estrellarme violentamente contra las losas del piso. La cimentación entera del coliseo convulsionó. Aquel despliegue ofensivo albergaba una peligrosidad extrema. En el supuesto de haber omitido el bloqueo con mi acero, la extinción de mi vida se habría consumado en ese milisegundo. No existía margen para la duda. Semejante técnica encarnaba su recurso de mayor certeza. Una ráfaga ininterrumpida de proyectiles emergió del extremo de su lanza. Una descarga tras otra. Sin conceder un segundo de tregua. Prescindiendo de toda misericordia. Mantenía un repliegue apresurado, esquivando las trayectorias en la medida de mis facultades. Las plantas de mis pies apenas rozaban la superficie. El instinto biológico antecedía al procesamiento reflexivo. Sin embargo, cada roce me infligía incisiones sangrientas. El torrente vital brotaba de las heridas. La intensidad del dolor se acumulaba en mi sistema. Y, no obstante, en medio de aquel escenario caótico, una fibra en mi interior dibujaba una sonrisa soterrada. Únicamente al contemplar su retorno a la plenitud, la sangre comenzó a circular con una violencia inusitada a través de mis arterias. Las pulsaciones de mi corazón resonaban con una fuerza arrolladora. Me hallaba dominado por la tensión, asombrado ante la magnitud de los hechos… no obstante, con la certeza de que esta confrontación pertenecía a la realidad, solo pervivía un anhelo en mi conciencia. Abstenerme de ceder. Desplegaría la totalidad de mis recursos, prescindiendo del impacto de las consecuencias. Mi propia voluntad determinaría la trayectoria a seguir. Pese a ello, reconocía el riesgo latente. Permitir que una entidad de sus atributos, o de forma más precisa, conceder que las acometidas de su lanza dictaran la dinámica del enfrentamiento, concluiría en un desenlace fatal para mi persona. Conservaba la opción de canalizar mi propia lanza en conjunción con la espada sangrienta, pero un atisbo de vacilación retenía mi iniciativa. En ese instante preciso, la firmeza de su voz irrumpió en el flujo de mi mente: —Abstente de dudar. En el supuesto de que verdaderamente vayas a desplegar su poder, ejecútalo en este instante. ¿A qué entidad o consecuencia le profesas temor? Consúmalo de inmediato. Abandona esa conducta dubitativa. Promulgas tu deseo de perfeccionamiento, pero te abstienes de ejecutar el esfuerzo real. Simplemente te hallas sumergido en la desconfianza hacia tus propias capacidades. Sus aseveraciones se proyectaron con una severidad inclemente. Con una crueldad indiscutible. No obstante, reflejaban la realidad desnuda. Asistía a la razón. Me hallaba sumido en la vacilación sobre mis facultades. Y, pese a todo, mi voluntad se rehusaba a infligirle una herida de gravedad. Sin embargo, el punto de no retorno se había sobrepasado. Ocluí los ojos. Liberé el flujo de mi maná. Percibí la marea de energía recorriendo la totalidad de mis vías espirituales y físicas. Articulé su denominación mediante un murmullo imperceptible: —Acude a mi llamado, lanza sangrienta de sangre carmesí. Mi espada reaccionó al instante. Mutó su fisionomía entre mis manos, amoldándose a la proyección de mi voluntad. Desde la distancia de las graderías, capté la fijación absoluta con la que la mirada de mi progenitora se posaba sobre la transformación del armamento. Esa hoja… resultaría una eventualidad imposible… De constituirse como la pieza original, las ramificaciones de este escenario se tornarán infinitamente más complejas. Descendiente mío, ¿en qué coordenadas te apoderaste de una herramienta de semejante trascendencia? Su naturaleza no se limita a una simple alteración estructural… se transfigura en consonancia con los dictámenes de su portador. Consecuentemente, ¿pretendes aseverar que si su mente concibe la existencia de un millar de espadas, ese artefacto conserva la facultad de reproducir la totalidad de ellas? Carecía de una interpretación precisa sobre los acontecimientos. Sin embargo, una certeza se erigía inquebrantable. Este encuentro no hallaría un desenlace auspicioso. Las lanzas colisionaron en el centro de la arena. El impacto metálico sacudió la arquitectura del recinto. Cada intercambio me forzaba a ceder porciones de terreno. Sostuve la posición. Mantuve la respiración en suspenso. Aguardé la llegada del milisegundo idóneo. Desencadené la ofensiva. Mi lanza se desplazó imprimiéndole una aceleración y una potencia superiores. Él interceptaba cada acometida desplegando una precisión milimétrica. Imprimí un giro táctico al arma y, mediante una maniobra limpia y certera, logré desarmarlo, haciendo salir proyectada su lanza de sus extremidades. En esa fracción de segundo, cuando me disponía a asestar el impacto definitivo, la masa del aire pareció fracturarse. Una multitud de lanzas se materializó en mi perímetro inmediato. Una. Diez. Un centenar. Cientos de filos rodeándome por completo. Un cerco absoluto sofocaba mi movilidad. —Maldita sea tu agudeza, Saleh. ¿Mediante qué mecanismo conseguiste estructurar semejante emboscada? Una gesticulación de satisfacción se dibujó en sus labios. —Ah, ese despliegue. En rigor de la verdad, constituía una maniobra orquestada desde hace un tiempo considerable. No obstante, descuida tu aprensión. Esta fase apenas representa el preludio. El matiz de su sonrisa mutó hacia una variante dominante. Saturada de peligro. —Conservo un anhelo de años por someter a verificación este recurso. La cimentación del piso comenzó a experimentar una convulsión continua. Un flujo energético desprovisto de precedentes comenzó a emanar desde la profundidad de su ser. Me hallaba incapaz de catalogar la naturaleza de esa fuerza… pero la percibía en cada fibra. Una luminosidad de proporciones colosales anegó la extensión del coliseo, anulando mi capacidad visual de forma absoluta. Fue en ese milisegundo cuando la comprensión se abrió paso en mi mente. ¿Qué clase de manifestación representa esa monstruosidad? Saleh había consolidado una hazaña que jamás cruce por mi pensamiento. La estructura de la armadura no encarnaba la amenaza principal. El peligro real se erigía a sus espaldas. Una entidad abismal. Extremidades dotadas de garras afiladas. Iris de pigmentación anaranjada resplandeciendo en la penumbra. Una cabellera de matices azulinos y verdosos ondeando a la manera de llamas vivientes. Conservaba una silueta de rasgos antropomórficos, no obstante, la emanación energética que proyectaba resultaba lisa y llanamente terrorífica. Semejante presencia encarnaba una existencia imposible de asimilar. Una trayectoria predestinada que jamás se expondría a la luz. Un sendero sumergido en la condenación. —De modo que a esta labor has dedicado la totalidad de estos años… Saleh, ¿posees la consciencia real de las implicaciones que conlleva ejecutar semejante transfiguración? Tu vida podría extinguirse en el proceso. ¿A qué razón responde la toma de una determinación tan demente? Exígeme las razones. —Asistes a la verdad —su firma vocal se proyectó con una firmeza inquebrantable—. Este desarrollo se hallaba planificado desde un periodo remoto. Mi propia conciencia albergaba interrogantes. Por esa razón precisa anhelaba que únicamente tu persona y tu progenitora se erigieran en testigos de este fenómeno. Por un fundamento cardinal ostento la investidura del Rey de la Guerra. Hizo una breve pausa, dejando que la presión de su aura envolviera el ambiente. —Un combatiente cuya existencia se consagra a la salvaguarda de sus semejantes. Un individuo dispuesto a entregar la totalidad de su ser con el propósito de que otras existencias logren transitar la vida que anhelan. Mi persona encarna a aquel que persevera en el plano terrenal. Y a quien le corresponde transportar la suma del sufrimiento. Las marcas indelebles del destino arden en la superficie de mi carne. La jornada en que se consuma mi deceso… no se traducirá en un sacrificio estéril. Continuará.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 141

Estás leyendo el capítulo 141 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.