Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 139 online gratis en español
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Capítulo 139: La Revelación del Origen, el Vínculo Roto y la Prueba del Rey de la Lanza
Punto de vista: Hina, Carlos, Angélica y Saleh
Hina permaneció contemplando la escena por una serie de instantes prolongados. Por primera ocasión en su vasta trayectoria, sus pupilas atestiguaban una manifestación inédita… una potencia abrumadora e incalculable. Jamás contempló la premisa de que aquel hombre custodiara en su interior una categoría de arte mágico de semejante envergadura. Fue en ese milisegundo cuando la verdad se reveló ante su mente.
Ahora logro descifrar la razón por la cual te veías imposibilitado para canalizarla… No respondía a una insuficiencia de poder energético, respondía al terror. El pavor sistémico a verte incapaz de salvaguardar la existencia de alguien.
Aquel torrente de energía se perfilaba de forma extremadamente peligrosa; una carga tan destructiva que incluso ella se vería forzada a derribarlo de forma drástica e intempestiva si él llegaba a perder el dominio sobre su eje. La problemática había dejado de constituirse como un asunto exclusivo de Saleh. Representaba una carga que su descendiente y él se verían obligados a transportar en absoluta coordinación.
—Escucha, Saleh… persigo extenderte una propuesta concreta —expresó Hina rompiendo finalmente el mutismo.
Articuló sin ambigüedades la meta que pretendía consolidar. Saleh permaneció petrificado, sumido en un estupor absoluto ante la naturaleza de sus palabras.
Se abstuvo de estructurar una respuesta verbal.
Se desvaneció del plano físico.
Un destello fúlgido cruzó la bóveda celeste en una trayectoria directa hacia las coordenadas donde Carlos se encontraba posicionado.
En el interior del recinto, Carlos permanecía en compañía del grupo restante, realizando indagaciones profundas, procurando descifrar la naturaleza real de los objetos que la facción enemiga perseguía en última instancia. Las conjeturas los envolvían emulando una niebla densa y sofocante.
Una percepción interna me señala que sus planes no se limitan de forma exclusiva a consumar su resurrección… existe un trasfondo infinitamente más devastador. La peligrosidad del escenario escalaba a niveles exponenciales.
—Aparece un pormenor que me veo en la necesidad de exponer ante todos —articulé rompiendo el silencio—. Vinculado a la naturaleza de las metas que ellos orquestan.
Angélica contrajo las cejas, proyectando una severidad inmediata en el rostro.
—La premisa que voy a revelarles se percibirá de forma sumamente extravagante —proseguí manteniendo el aplomo—, no obstante, la expondré con absoluta transparencia. Para los intereses de esa facción… mi persona encarna su amenaza de mayor trascendencia. Y conservan un dominio pleno sobre dicha verdad debido a las secuencias que se desencadenaron hace un milenio.
Haruto me examinó imbuyendo su mirada de un rigor gélido.
—Inicia la exposición, Carlos. Expón la realidad de una vez. ¿Qué constituye exactamente aquello que persiguen con tanta vehemencia?
La firmeza de su voz exigía una resolución inmediata. La posibilidad de evasión quedaba erradicada.
Inhalé un caudal de aire profundo… y liberé la verdad.
—Hace un milenio se desplegó una conflagración de proporciones continentales. Un conflicto bélico donde la totalidad de las especies colisionaron de forma encarnizada: la estirpe humana, la facción demoníaca, las entidades divinas… y finalmente, la estirpe de los gigantes. No obstante, el punto cardinal sobre el que gira mi exposición es el siguiente…
Los examiné minuciosamente, fijando el contacto visual con cada uno de los presentes.
—Mi persona… se constituye como un nocturno.
El peso del mutismo se posó sobre la estancia de forma aplastante, emulando una losa de granito.
—En un período anterior descubrí mi pertenencia al clan denominado Mundo de los Cielos de la Oscuridad. Una estirpe fundada por un organismo único… el Dios Nocturno.
La totalidad de los presentes permaneció con la cavidad bucal entreabierta, paralizados por la perplejidad.
—Y el alcance de la realidad no se agota en dicho pormenor —continué imbuyendo mi voz de una firmeza categórica—. De la totalidad de dicho clan, mi progenitora y cuatro individuos adicionales nos constituimos como los únicos supervivientes sobre la faz de la tierra. Me hallaba en la obligación de exponerlo. Si mi persona se abstenía de revelarlo… ellos se encargarían de instrumentarlo en el porvenir.
—Bajo esa premisa… ¿pretendes aseverar que tu persona encarna a…? —murmuró una voz ahogada.
—En efecto. Tal cual lo has asimilado —respondí sin vacilar—. Ninguna entidad posee conocimiento sobre esta condición al margen de los presentes… y un número sumamente reducido de personas adicionales.
Comprimí los puños aplicando una fuerza destructiva.
—¿No obstante, qué escenario se consolidará si esta información se propaga a lo largo de la geografía mundial? La sociedad dejará de percibirnos en la condición de organismos vivientes… para asimilarnos como simples herramientas de guerra. Y esa constituye una eventualidad que me niego categóricamente a consentir.
Elevé la mirada, fijándola en el horizonte.
—Esa representa la razón cardinal por la cual han consumado su retorno. Su meta radica en reducir la totalidad del plano a cenizas… y someter mi existencia bajo su dominio absoluto.
Angélica avanzó una zancada hacia el frente de forma intempestiva.
Apenas logré procesar la trayectoria de su movimiento cuando la superficie afilada de su hoja ya se hallaba presionando la piel de mi cuello.
—Provéeme únicamente de una respuesta —articuló imbuyendo su voz de una rabia soterrada—. ¿Por qué demonios te abstuviste de compartir esta verdad con mi persona? Yo albergaba la convicción de que tú…
—Poseo una claridad absoluta sobre tu sentir, Angélica —interrumpí de forma apacible—, no obstante, no representaba una materia de fácil exposición.
—¿Qué significación encierra la totalidad de este escenario, Carlos…? —inquirió Melissa acusando un temblor evidente en el registro vocal.
Rai, David y Alefa permanecían absolutamente petrificados ante la contundencia de las revelaciones.
David asumió la iniciativa de la palabra en primer término.
—Asimilo la panorámica… de modo que te eriges como un nocturno. He examinado compendios históricos en torno a su estirpe… no obstante, jamás contemplé la hipótesis de que se constituyeran como seres humanos.
Negué con la cabeza de forma pausada.
—Dicha condición responde a que únicamente nosotros nos preservamos bajo esa fisonomía. La totalidad de los clanes restantes distan de esa naturaleza. Al menos no desde la culminación de aquella era.
Los examiné imbuyendo mi expresión de una severidad absoluta.
—Mi progenitora y yo nos constituimos como seres humanos, en idéntica condición que ustedes… simplemente con divergencias de escala abrumadoras.
La densidad del silencio retornó al recinto. Y con su presencia, la certeza ineludible de que la realidad previa quedaba disuelta de forma definitiva.
La pesadez del entorno se tornó sofocante, como si la masa del aire vacilara en sostener el flujo respiratorio.
—Ahora logro descifrar la razón por la cual me vi imposibilitada para…
Melissa elevó la cara con la vista perdida.
—Melissa, te imploro que descartes esa línea de pensamiento. Por supuesto que lograste consolidar proezas, e inclusive te superaste por encima de mis propios límites. Te constituyes como una existencia extraordinaria, jamás permitas que ese hecho se extinga de tu memoria. Te encargaste de ratificarlo en aquella jornada. Aun cuando carezcas del recuerdo de los hechos, yo poseo la certeza absoluta de la magnitud de tus capacidades.
La tensión ambiental escaló de forma drástica.
—David… presento mis disculpas por la aseveración que voy a proyectar sobre tu persona, no obstante, esta joven representa a la descendiente directa de Henry…
El impacto cognitivo se tradujo en una sacudida inmediata.
—¿Qué clase de aberración…? Carlos, exijo que confirmes que no te hallas articulando una falsedad. ¿Genuina y verdaderamente ella constituye la descendiente de…?
—Por descontado. Se erige como su hija biológica. Por consecuencia directa, guardan una identidad morfológica indiscutible. Conserva la misma gesticulación sonriente de siempre. ¿O acaso su estampa no evoca en tu memoria un rasgo de familiaridad?
David tragó saliva con dificultad, examinándola bajo un prisma completamente renovado.
—E-eh… bien… verdaderamente me hallaba sumergido en un estupor absoluto por la revelación previa, no obstante, procesando tus palabras… la aseveración se ajusta a la realidad. Despide la misma firma energética que él proyectaba. Resulta una premisa compleja de asimilar. Si esta jovencita se encargó de propinarte un castigo de semejante magnitud… prefiero no elucubrar el escenario que se desplegará al momento en que resuelva encararnos…
El mutismo retornó a la estancia, adquiriendo una densidad superior.
—No obstante, retornando al eje cardinal… aquello que acabas de exponer se constituye como la carga que has estado transportando en soledad, ¿no es esa la realidad? Puesto que has resuelto revelar la verdad ante nuestro grupo, únicamente nos resta una determinación clara: velar por tu protección.
—Carezco de la necesidad de que desplieguen semejante salvaguarda —articulé con una firmeza inquebrantable—. Asumiré la resolución de este conflicto por mis propios medios.
La resonancia de una serie de pisadas cortó la atmósfera de forma tajante.
—¿Con qué grado de autoridad te atreves a proyectar semejante declaración? —la firma vocal de Angélica convulsionaba dominada por una furia sofocada—. ¿Albergas la convicción de que nosotros nos reducimos a la condición de un obstáculo para tu avance?
Las palabras se incrustaron en el ambiente emulando clavos perforando la carne.
—No constituye la idea que pretendí transmitir… no obstante, evaluando la situación con absoluta transparencia… ninguno de ustedes posee el nivel de poder requerido para doblegar a esa facción.
La contundencia del enunciado asestó un impacto directo.
—Por descontado… dado que tú lograste prevalecer de forma individual únicamente por ostentar la condición de un mediocre nocturno —escupió con desprecio—. Abstente de procesar la totalidad de las variables en la soledad de tu mente. ¿A qué responde que nos excluyas de tu trayectoria? Carecemos del deseo de que tú…
El hilo de su voz se fracturó de forma definitiva. Se vio imposibilitada para dar continuidad al reclamo.
—Angélica… poseo la comprensión sobre la corriente de pensamientos que te domina —expresé reduciendo el tono a un murmullo—, no obstante, en la coyuntura actual carezco del margen temporal. Emergen problemáticas de una gravedad drásticamente superior a las ya existentes. Me rehúso a defraudar las expectativas de cualquier individuo… y en un grado infinitamente superior, las de mi núcleo familiar. Para mi escala de valores, ellos representan el elemento de mayor trascendencia en mi existencia, en idéntica proporción que ustedes. Me rehúso a permitir que se involucren en la trayectoria de mi destino.
El aire circundante vibraba bajo una frecuencia anómala.
—Ejecuto esta determinación en salvaguarda de sus vidas, prescindiendo de mi propio beneficio. Este conflicto trasciende la totalidad de nuestros marcos…
Fue en ese milisegundo preciso cuando el evento se desencadenó.
Una extremidad de fuerza colosal aferró la estructura de mi espalda, arrancándome del plano terrestre sin dar margen de reacción. La arquitectura del espacio se fracturó en la fracción de un parpadeo.
Me desvanecí de la presencia de los presentes.
El grupo entero permaneció sumido en un estado de conmoción absoluta.
El vacío espacio-temporal me proyectó hacia un emplazamiento completamente ajeno.
—¿Acaso este sector… se constituye como una estructura de coliseo?
Mi cuerpo colisionó de forma seca contra la superficie rocosa. El polvo se elevó en densas nubes, ocluyendo mi capacidad visual.
—¿Qué clase de razón justifica mi presencia en este lugar…?
Las sombras proyectadas sobre los muros comenzaron a desplazarse con una dinámica siniestra.
Dos iris de matiz verde fúlgido resplandecieron en medio de la penumbra. Una silueta avanzó a pasos pausados desde el pórtico de acceso, atravesando la oscuridad con una naturalidad absoluta, como si el dominio de las sombras le perteneciera de forma inherente.
—Saleh…
Emanaba un atributo drásticamente divergente en su persona. La densidad de su presencia resultaba aplastante. Su torrente mágico se filtraba al exterior sin contención alguna, prescindiendo de toda intención de ocultamiento.
En ese milisegundo capté el fenómeno.
Una firma energética adicional se manifestaba en el entorno.
Roté la cabeza en dirección a la estructura de las graderías.
Allí se hallaba posicionada la figura de mi madre.
Sitiada en el graderío, escudriñando mis movimientos… proyectando una sonrisa de matices indescifrables.
—Saludos, mi pequeño y preciado descendiente —expresó imbuyendo su voz de una dulzura cargada de peligro—. Ha transcurrido un intervalo considerable desde la última ocasión en que resolviste cumplimentar una visita a tu hermosa y valorada progenitora. ¿A qué responde tu abstención para apersonarte, eh?
La expresión de sus labios destilaba una peligrosidad letal. Un atractivo absoluto. Una amenaza mortal.
—N-no responde a un factor de gravedad, madre… simplemente me hallaba absorbido por múltiples ocupaciones…
¿Acaso mi estructura corporal acusa un temblor…? ¿O constituye la manifestación del pavor?
—Únicamente albergaba el anhelo de contemplar tu figura —prosiguió la emperatriz—. He experimentado tu ausencia con una intensidad profunda. Como requisito mínimo podrías remitirme un escrito de forma periódica, ¿no es esa la conducta adecuada?
Tragué saliva procurando recobrar la compostura.
—Estará concedido… estructuraré el escrito en cuanto el margen temporal lo consienta.
Elevé la vista, fijando la mirada directamente en sus pupilas.
—No obstante, requiero que me proveas de una clarificación… ¿Qué motivo justifica tu presencia en este coliseo? ¿Y qué razón impulsó a Saleh para desplazarme de forma drástica hasta estas coordenadas?
El coliseo se sumergió en un silencio sagrado.
Y un instinto primario me advirtió… que la prueba real apenas iniciaba su despliegue.
—¡Bien, en rigor de la verdad fue mi persona quien le sugirió a Saleh la ejecución de esta maniobra, puesto que albergaba el deseo de evaluar el grado de fortalecimiento que has consolidado! —articuló mi progenitora exhibiendo una serenidad absoluta—. Para exponértelo con honestidad, también albergaba la intención de verificarlo por mis propios medios. No obstante, la vía óptima consiste en presenciar tu desempeño al momento de encarar al Rey de la Lanza.
La atmósfera nocturna nos cobijaba a ambos, silenciosa, densa, pesada. La luminosidad del astro lunar descendía sobre la arena del coliseo emulando un manto plateado. Permanecí con la vista fija sobre Saleh… y en esa fracción de segundo, él desencadenó la ofensiva.
Su arma se desplazó proyectando una violencia devastadora, dirigida en una trayectoria directa hacia mi anatomía. Me desplacé en el acto, interceptando y neutralizando cada una de sus estocadas. Sus acometidas me forzaban a ceder terreno de forma sistemática, exigiendo el cien por ciento de mi concentración. Sin embargo, a medida que el combate intensificaba su ritmo, un pormenor comenzó a manifestarse con absoluta nitidez.
Saleh distaba radicalmente de la figura que exhibía en las jornadas previas.
Emanaba una postura renovada, una determinación inédita en su mirada. La duda y el peso agobiante que encorvaban sus hombros se hallaban extinguidos. Mostraba una resolución total… como si la totalidad de los tormentos que en el pasado lo redujeron a la inacción se hubiesen disipado de forma definitiva.
Y en ese milisegundo asimilé la realidad de forma instantánea.
—Murmuré reduciendo la voz a un aliento casi imperceptible—. De modo que has consolidado tu despertar definitivo, Rey de la Lanza… experimento una satisfacción profunda ante tu retorno tras la culminación de un intervalo tan prolongado.
Una gesticulación siniestra comenzó a dibujarse en la comisura de mis labios.
El desarrollo de este enfrentamiento prometía alcanzar cotas de dinamismo extraordinarias.
Volvimos a colisionar en el centro del escenario. Cada impacto resultante entre nuestras maniobras liberaba ondas expansivas de poder destructivo que hacían convulsionar la cimentación del terreno. La resonancia del metal chocado se proyectaba emulando el rugido de un trueno. Ambos establecimos una distancia táctica por un milisegundo… y acto seguido, él se desvaneció de la vista.
Su velocidad de desplazamiento escaló a niveles exponenciales.
Me resultaba imposible seguir su trayectoria con la mirada ordinaria.
La canalización de su arte de desplazamiento espacio-temporal desafiaba la totalidad de los preceptos de la lógica humana.
Mi progenitora escudriñaba la secuencia desde las graderías, asimilando la totalidad de los pormenores. Cada movimiento, cada interceptación, cada ciclo respiratorio. Fue entonces cuando procesó el alcance de la escena.
Una gesticulación deslumbrante, rozando un matiz de peligro extremo, se trazó en su rostro.
—Esto se perfila sumamente fascinante, descendiente mío —susurró para sí—. Me has exhibido la magnitud de tu progresión prescindiendo del despliegue de tu potestad nocturna. Albergo la certeza de que tu propia conciencia ya ha asimilado la panorámica… al menos en una proporción inicial.
Saleh, sumergido en el flujo de sus propias reflexiones, se desplazaba ejecutando una precisión milimétrica.
Constato que este muchacho ha alcanzado un estrato de poder inédito… por mediación de su presencia… y de la intervención de Hina he recuperado la plenitud de mi naturaleza previa.
Un ser drásticamente más peligroso que cualquier entidad existente sobre el plano.
Evadió la totalidad de mis ráfagas ofensivas. Procedí a bloquear sus embestidas empleando la estructura de mi lanza, haciéndola rotar en todas las direcciones imaginables mientras él proyectaba destellos fúlgidos de energía pura que hendían la atmósfera. Retrocedí un par de pasos, eludiendo la carga destructiva uno a uno, impidiendo que el menor de los impactos lograra hacer contacto con mi anatomía.
Fue en ese milisegundo cuando activó la ejecución de su técnica primordial.
Teletransportación — Clon etéreo.
Múltiples lanzas se materializaron en el perímetro de Carlos de forma instantánea, cercando su posición contra la superficie del terreno. Cada una de las armas se incrustó en el suelo a su alrededor, paralizando su movilidad de forma absoluta. Carecían del propósito de infligir daño físico… su función se limitaba a consolidar una inmovilización perfecta.
—Supongo que la secuencia desarrollada se constituye como suficiente, ¿no es esa la realidad?
El brillo en las pupilas de Saleh mutó de forma radical.
Una presión de atributos intimidantes eclosionó de su figura, una densidad que mi persona se había visto privada de experimentar desde hacía años. El Rey de la Lanza en su plenitud real había consumado su retorno… idéntico a la entidad que mi memoria conservaba de la antigüedad.
Un matiz de inquietud se dibujó en la superficie de mi rostro.
—Has retornado de forma definitiva, Saleh…
Y por primera ocasión en un intervalo sumamente prolongado, experimenté un sentimiento de respeto absoluto y puro ante la majestuosidad de su presencia.
Continuará.

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