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🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 138: La Promesa de la Noche, el Eco de los Caídos y el Despertar del Rey de la Lanza
Punto de vista: Saleh
En la terraza, la noche avanzaba de forma inexorable. Josué había consumado su retiro, dejándome en una soledad compartida con ella. Caminé una serie de zancadas cortas y dejé caer mi peso sobre la piedra, recostándome a su costado mientras fijaba la mirada en la inmensidad del firmamento. La temperatura gélida de la noche se percibía con un matiz diferente, drásticamente más pesado, denso, cargado de memorias no resueltas.
—Careces de razones para sumergirte en semejante pesar —expresó Hina imbuyendo su voz de una suavidad reconfortante—. Representa un trance que mi propia persona debió atravesar en el pasado. Existen acontecimientos que escapan a nuestras capacidades de contención. El simple hecho de que en esta coyuntura experimentes una sensación de fragilidad no implica en absoluto que te reduzcas a esa condición. Saleh, te constituyes como un ser dotado de una fortaleza genuina… simplemente permaneces en la incapacidad de ejecutar ese movimiento definitivo que te atormenta de forma ininterrumpida.
Hizo un breve paréntesis en su discurso, permitiendo que el viento helado envolviera sus palabras.
—Esa agonía pervivirá a tu lado acompañando cada uno de tus días hasta el instante de tu deceso, a menos que asumas la resolución de encararla cara a cara.
La tonalidad de sus aseveraciones prescindió de toda dureza; se desplegó impregnada de una realidad desnuda. Y la veracidad implícita incrementaba la severidad del impacto.
—Saleh —prosiguió la emperatriz—, persigo formularte una interrogante y requiero que me proveas de una respuesta despojada de artificios. ¿Verdadera y genuinamente te hallas bien en tu fuero interno?
Inclinó la mirada durante un instante efímero.
—Poseo conocimiento sobre los acontecimientos que se desplegaron entre tu persona y Angélica en el curso de aquella confrontación bélica… y verdaderamente experimento un pesar profundo por ello. Por el colapso de la situación… presento mis disculpas de corazón.
—¡Eh! ¡Bajo ninguna circunstancia, no, no, Hina! —repliqué de forma inmediata, alterado por la reverencia de sus palabras—. ¿De qué manera resulta concebible que una figura de su investidura extienda semejante disculpa hacia mi persona? Correspondería que fuera yo quien se posicionara en la obligación de…
—No, Saleh —me interrumpió de forma categórica—. Formulo mis palabras desde la más absoluta sinceridad. Concédeme el perdón por las consecuencias de lo sucedido.
Inhaló un caudal profundo de aire antes de continuar.
—Comprendo que te desempeñas en el rol de instructor de mi hijo, pero en el momento en que atestigüé su enfrentamiento contra aquel abismal… su figura evocó de forma inevitable el recuerdo de ella.
La densidad del aire se tornó sofocante en un instante.
Hina reveló de forma implícita que su presencia había estado allí desde el principio, ejerciendo de observadora en medio de la penumbra. Por primera ocasión presenció a su descendiente doblegar y erradicar a una abominación abismal… una proeza que mi persona jamás consiguió consolidar en sus años de esplendor. Y al ser testigo de semejante hito, la estampa de su hijo se entrelazó con la memoria de aquella entidad. La única existencia que logró consumar semejante hazaña en la antigüedad.
Se abstuvo de articular su nombre de forma explícita. La figura de su hijo ya la había superado… no obstante, el hilo de su voz accusaba una fractura evidente.
—Fui incapaz de aportar solución alguna… lamento profundamente mi incompetencia —articulé manifestando una torpeza absoluta—. Señorita emperatriz, ¿se encuentra bien en su interior?
—No… muy por el contrario —respondió—. Me hallo bien, simplemente ocurre que…
Guardó un mutismo prolongado y, acto seguido, esbozó una gesticulación cargada de melancolía.
—¿A qué persona pretendo engañar con esta fachada? Me percibo francamente patética.
La expresión de sus ojos acusaba un desánimo profundo. Aquella silueta de sonrisa representaba el único bastión que resguardaba los sentimientos reales que la devoraban.
La contemplé durante un segundo entero. ¿De qué manera resulta concebible que una entidad de su naturaleza conserve una entereza tan inquebrantable? Desde mi juventud escuché relatos difusos en torno a la figura de Hina, mitos ancestrales, especulaciones que cruzaban las fronteras… Experimentaba una curiosidad voraz por desentrañar la totalidad de sus secretos, y en este instante, teniéndola posicionada a escasa distancia de mi cuerpo, la escena se asemejaba a la materialización de un ensueño.
Dejé escapar una risa amortiguada, un impulso casi involuntario. Ella replicó el gesto emitiendo un sonido leve de igual naturaleza. En el transcurso de una fracción de minutos, la realidad se redujo a la preservación de ese instante compartido, sereno, envuelto en un silencio sagrado.
—Guardas noción, Saleh —expresó finalmente—, de que existen cargas que a cada individuo le corresponde transportar sobre sus hombros.
Fijó en mi rostro una mirada cargada de una severidad absoluta.
—Bajo dicha premisa, respóndeme… ¿albergarías la disposición de conceder un margen mayor de tu tiempo para permanecer al lado de mi hijo? Deseo profundamente contemplar su desarrollo y maduración en compañía de los individuos que le están proveyendo de respaldo. Semejante concesión… se erige como la metodología mediante la cual pretendo extenderte mi gratitud por velar por su integridad.
El tono de su voz mutó hacia un matiz de calidez envolvente.
—Hallo un estado de paz y satisfacción al atestiguar su convivencia con ustedes. Dicha dinámica… constituye una vivencia sumamente valiosa. Permaneces en el desconocimiento absoluto sobre los extremos que él estaría dispuesto a alcanzar…
Desde esa coyuntura concreta, la analogía entre Carlos y Hina los proyectaba emulando la figura de dos gemelos. Como si la emperatriz albergara el dominio de una verdad que había escapado a la percepción de la totalidad de las personas. De forma imprevista, el llanto comenzó a brotar de los ojos de Hina. No se tradujo en una manifestación estruendosa; emergió bajo la forma de un sollozo silencioso, fracturado, como si la carga de angustia que custodiaba en su interior perteneciera a una era remota.
La naturaleza de la agonía que la devoraba… resultaba exactamente idéntica al tormento que Carlos experimentaba de forma simultánea.
—Este representa el peso insoportable que él transporta sobre la estructura de sus hombros… —susurró la emperatriz entre quebrantos—. ¿A qué responde semejante destino, hijo mío? ¿Por qué una entidad de tu naturaleza se halla sometida a un sufrimiento tan atroz? Cada ocasión en que mi percepción registra su firma energética, cada instante en que logro fijar la vista en sus pupilas… me da la impresión de que habitara en un plano saturado de laceraciones y compromisos solemnes que ha sido incapaz de consumar. ¿A qué responde que te impongas semejante castigo a ti mismo?
Me vi privado de argumentos que articular. Hina vertía sus lágrimas en el más riguroso silencio y mi persona únicamente alcanzaba a contemplar su figura, mostrándome absolutamente incapaz de proveerle de un consuelo tangible.
Sin embargo, algo cobró vida en lo más profundo de mi ser.
En ese milisegundo preciso lo asimilé con una nitidez incontestable: la salvaguarda de la vida de Carlos se había transformado en la prioridad suprema de mi existencia.
Simplemente me limité a reflexionar… y fijé la mirada directamente sobre sus ojos.
Aquella gesticulación en sus labios evocó de forma instantánea la estampa de mi propia hija. La examiné durante un breve intervalo y, sin que mi voluntad lo planificara, una sonrisa genuina comenzó a trazarse en mi rostro. En esa fracción de segundo comprendí que me hallaba en la disposición absoluta de dar ese paso definitivo hacia el frente. Desconozco la naturaleza de las capacidades que ella despliega, pero en el instante en que posa la vista sobre un individuo, el gesto se percibe emulando una clave… como si imprimiera una razón adicional para perseverar en la marcha.
Fue entonces cuando articulé mi declaración. La tensión del ambiente se disipó, dando paso a una atmósfera apacible, rozando un matiz solemne. Ella me devolvió la mirada y sostuve la firmeza de su contacto visual sin ceder un milímetro.
—Tu descendiente no habrá de perecer en esta contienda.
Mis palabras brotaron impregnadas de una firmeza inquebrantable.
—Me encuentro dispuesto a ratificar su propuesta, emperatriz de las sombras. Su vida no se extinguirá en tanto mi cuerpo conserve el aliento vital. Desplegaré la totalidad de mis recursos en favor de su causa. Me resultará absolutamente indiferente si los individuos en quienes deposité mi confianza deciden posicionarse en mi contra. Hacia la cuadrante que él determine dirigir sus pasos, yo me encargaré de secundar su avance.
La contemplé imbuyendo mi mirada de una determinación absoluta.
—Él se ha encargado de ratificar que se erige como una entidad digna de mi devoción… y esa convicción representa el tributo de respeto que le debo a tu hijo.
Un elemento se fracturó en el fondo de mi espíritu, no obstante, no se tradujo en sufrimiento: se manifestó bajo la forma de una emancipación absoluta.
Gratitud eterna… me has provisto del aliento requerido. Te encargaste de hacerme comprender la razón por la cual me veía imposibilitado para asimilar esta realidad.
De forma súbita, sus siluetas se materializaron en la escena… mis antiguos camaradas de armas, manifestándose por una ocasión final. Carecían de expresiones vinculadas a la decepción o al resentimiento. Prescindí de experimentar sentimiento alguno de culpa.
Ellos únicamente albergaban el anhelo de que mi persona desarrollara la fortaleza suficiente para superar las sombras del pasado.
Una sonrisa definitiva terminó por asentarse en mis labios mientras el torrente de las lágrimas descendía en silencio por la superficie de mis mejillas.
—Gracias… genuina y verdaderamente, muchachos. Jamás se han apartado de mi costado.
Las voces de los caídos resonaron en la quietud de la noche, pulcras, cargadas de una serenidad absoluta.
—¿Acaso pretendes formular una broma, Saleh? Vamos, no te permitas sumergirte en la abatimiento por el simple hecho de que nuestra existencia llegara a su fin. Desplázate hacia el frente y experimenta el valor de esta nueva oportunidad. Nuestra muerte se consumó en tributo al honor de nuestro reino. Jamás albergamos la intención de que cargaras con el peso de esta culpa ni con semejante responsabilidad sobre tus hombros.
—Por nuestra parte… nos hallamos en un estado de paz absoluta. Prosigue tu trayectoria sin vacilar.
Experimenté la inminencia de su presencia envolviendo mi figura en un abrazo incorpóreo.
—Aquel muchacho a quien cobijas en la condición de discípulo… somételo a un adiestramiento riguroso. Moldea su naturaleza hasta transformarlo en un ser formidable, tan poderoso como tu propia figura.
Asintieron en sincronía exhibiendo sonrisas a modo de despedida. Sus estructuras corporales comenzaron a disgregarse en una ráfaga de partículas de luz brillante. Previo a consumar su disolución definitiva, uno de los combatientes avanzó una zancada hacia el frente.
—Asume con entereza este nuevo sendero, Rey de la Lanza, Saleh. Encárgate de exhibir ante la totalidad del mundo la verdadera naturaleza de tu ser. Avanza y extingue la existencia de la totalidad de tus adversarios. Provee de instrucción a ese muchacho, él custodia una necesidad crítica de tu guía. Deposita tu fe en nuestras palabras… te consagrarás como el instructor más sobresaliente. En tu interior habita un atributo singular, una esencia de brillo excepcional. Semejante cualidad requiere ser forjada por la mano de los reyes. Y tú… te eriges indiscutiblemente como uno de ellos.
Permanecí absolutamente impactado por la trascendencia del acontecimiento.
Por mediación de su manifestación logré asimilar un principio fundamental: jamás me encontré en soledad. En ninguna instancia de la trayectoria me hallé desprotegido. Simplemente incurrí en el error de atribuirme la responsabilidad por considerar que mis capacidades resultaban insuficientes… sin embargo, al contemplar sus presencias por última ocasión, la verdad se reveló ante mi conciencia.
—Gratitud… —susurré en un murmullo profundo—. Expreso mi reconocimiento hacia tu persona, Hina. Te encargaste de hacerme comprender la magnitud del extravío en que me hallaba sumergido… y de la auténtica naturaleza de lo que soy.
En ese milisegundo preciso se desencadenó el fenómeno.
Una fuerza aletargada despertó en la profundidad de mi ser. Un fulgor de proporciones colosales, resplandeciendo en matices de plata y un púrpura oscuro de alta intensidad, eclosionó directamente desde mi núcleo energético. La masa de mi aura detonó por iniciativa propia, cobijando la totalidad de la terraza y haciendo convulsionar el perímetro con una violencia impresionante.
Aquel despliegue energético únicamente presagiaba una realidad concreta: la manifestación de mi auténtica esencia. La restitución de mi magia primordial.
Hina contempló el acontecimiento proyectando una sonrisa saturada de satisfacción. Había conseguido reintegrarme el atributo que en una era remota me perteneció. El arte mágico de desplazamiento espacio-temporal, aquel don que se asumía extinto en mi interior, reanudó su flujo de forma absoluta.
La totalidad del proceso respondiendo a un propósito cardinal: proveer de asistencia a ese muchacho… para impulsarlo a erigirse en una entidad más poderosa de lo que cualquier existencia haya atestiguado en la historia.
Continuará.

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Estás leyendo el capítulo 138 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.