Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 137 online gratis en español
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Capítulo 137: Cenizas del Trono, el Saqueo de las Reliquias y la Noche del Rey Caído
Punto de vista: Carlos, Angélica, Alefa y Saleh
De vuelta a las dependencias del trono, Angélica ajustó su postura, preparándose para desplazarse en el momento en que Robert cedió terreno. El aire y la densidad de la atmósfera se tornaban drásticamente más pesados a cada segundo; la única vía para preservar la existencia consistía en hacerle frente directamente. Saleh se había mantenido en un silencio absoluto desde el instante en que fue doblegado por la presión de su poder.
Tragué saliva tras atestiguar la severidad de los acontecimientos. ¿Genuinamente resultaba imperativo evocar los fantasmas del pasado? El pensamiento cruzó mi mente mientras fijaba la mirada directamente sobre los ojos de Robert.
En ese preciso instante alcancé a discernir un matiz particular en su conducta, como si se encontrara extendiendo el tiempo de forma calculada.
—¡Constato que te hallas sumida en un ensimismamiento profundo, mujer humana! —proclamó Robert proyectando arrogancia—. Para ser rigurosamente exactos, no contemplé la posibilidad de que te constituyes como la única capaz de emanciparse de la atracción de mi magia gravitatoria. Y por Josué, permíteme formular una inquietud… ¿de qué manera resulta concebible que una entidad como tú conserve la capacidad de desplazamiento?
—¡¡No representa un pormenor que corresponda a tu incumbencia!! A lo mejor responde al hecho de que continúo conservando una destreza superior a la ordinaria… —suspiré reduciendo el volumen del aliento—. Angélica, prescindiendo del desarrollo de los hechos, garantiza la integridad de Su Majestad.
—¿A qué responde que formules semejante mandato, Josué? Adicionalmente, esta coyuntura no se presta para desviarse en cavilaciones. Deberíamos articular una maniobra concreta para emanciparnos de este sometimiento. Se requiere estructurar un plan riguroso… guardo la esperanza de que Carlos y el contingente restante se hallen a salvo. ¡Eh, tú, David! ¿En qué condición se ubican los muchachos?
—Para ser precisos en el informe, ellos se encuentran fuera de peligro por el momento. Nos corresponde articular un frente común para sostener el combate contra su figura si la necesidad lo demanda. Limítate a recobrar la templanza, Angélica, él se apersonará en este lugar… albergo la certeza absoluta de ello.
—¡Oh! ¿De modo que conservan la ilusión de que acudirá a consumar su rescate? —expresó emitiendo una mofa gélida—. Permítanme extenderles una consideración: tal como manifesté en las instancias iniciales, procedan a anular de forma definitiva este tratado de alianza o aténganse a las consecuencias que se desplegarán en el porvenir. Se hallan ante dos alternativas concretas… ¿cuál de ellas eligen?
—¿Y en el supuesto de que mi elección sea arrebatarte la vida?
Una firma vocal desprovista de precedente resonó en los exteriores de la sala del trono. Una silueta se desplazó a una velocidad vertiginosa; la estructura de la puerta fue pulverizada de forma violenta y un apéndice cefálico rodó sobre las losas del suelo, una cabeza cuya fisionomía resultaba dolorosamente familiar.
Fue en ese instante cuando Robert asimiló la identidad del caído.
¿Qué clase de aberración representa esto…? —articuló en su fuero interno—. Ling ha sido aniquilado… esta eventualidad escapa a toda lógica, no puede estar desarrollándose en la realidad…
Una ola de frustración extrema lo invadió, el germen del pánico lo dominó por un efímero segundo… sin embargo, terminó por esbozar una sonrisa siniestra.
—Muy bien, resulta un acontecimiento sumamente interesante. Has conseguido doblegar y erradicar a una entidad abismal por tus propios medios. Para ser completamente honesto, jamás contemplé que otro organismo humano poseyera la capacidad de liquidarlo de una forma tan elemental.
—En efecto, tus palabras se ajustan a la realidad, no represento más que a un humano ordinario. Sin embargo, respóndeme a una cuestión… ¿qué demonios persiguen ustedes en última instancia? ¿O acaso la meta real radica en la incautación de las reliquias, no es esa la verdad?
La totalidad de los presentes en el recinto permaneció sumida en un absoluto mutismo: un sector paralizado por la perplejidad, otros alterados en su templanza. Con todo, la naturaleza de sus conspiraciones ya resultaba clara para mi percepción. El proceso para la resurrección de Astaroth, la reactivación de las facciones desterradas, el retorno del dios de las sombras y, finalmente, un pormenor no menos estremecedor, la figura del Caballero Oscuro.
La totalidad de los indicios convergía en que ellos y el dominio imperial orquestaban la red de acontecimientos.
Bajo dicho escenario, avance a pasos lentos prescindiendo del desenvainado de mi filo. Me limité a fijar la vista sobre los presentes y en ese segundo, tanto ellos como mi padre, experimentaron la escala de mi indignación.
Una emanación energética de proporciones colosales y destructivas comenzó a liberarse desde el fondo de mi ser.
Robert registró la inminencia de mi presencia… no obstante, el factor que escapó a su comprensión fue que, en su caso, la carga de odio, el sufrimiento y la agonía permanecían soterrados. Careció de la facultad para instrumentalizarlos en su beneficio. Avanzó comprimiendo la masa de su puño; la densidad ambiental colapsó y, en la fracción de un parpadeo, se desvaneció del plano. El impacto lo proyectó a una distancia considerable. Retrocedió múltiples metros sobre el terreno, pero se abstuvo de contener la embestida: perseveró en el avance, evadiendo estocadas y proyectiles mágicos sustentado en un nivel de concentración aterrador.
Establecimos un margen de separación, tomando distancia táctica. Las estructuras corporales de ambos se desplazaban bajo una dinámica casi monstruosa; bloqueos reflexivos, repliegues inmediatos, embestidas frontales. Me arrojé hacia su posición para reanudar el castigo, pero logró interceptarme mediante el despliegue de su arte mágico. La carga energética envolvió su extremidad superior y el impacto resultante adquirió un matiz devastador, vaciando el oxígeno de mis pulmones y forzándome a ceder terreno de forma violenta.
Murmuró en un tono bajo, imbuyendo sus palabras de una serenidad perturbadora:
—Se confirma exactamente la hipótesis planteada… tu nivel de poder iguala la escala de Lucifer. Jamás elucubré que este cruce se dilataría hasta estas instancias.
Apreté la dentadura con ferocidad. Prescindiendo del desgaste, me rehusaba categóricamente a retroceder.
—¿Tan imperiosa resultaba tu necesidad de obtener una resolución? —articulé—. Te la proveeré de forma definitiva: no habremos de disolver el tratado de alianza, prescindiendo de tus preferencias. No constituye un aspecto que corresponda a tu criterio determinar. No representas más que a una entidad dominada por la rabia, incapaz de procesar la magnitud de los acontecimientos reales.
La pesadez del silencio se posó sobre la estancia emulando el plomo.
—Qué despliegue de agonía… —susurró—. Este escenario se torna excesivamente comprometedor. Un individuo de tus características debería discernir la escala de la catástrofe que podría desencadenarse.
—Poseo una claridad absoluta sobre dicho aspecto —respondí—, y responde precisamente a esa razón que seré yo quien se encargue de desafiar a cada uno de ustedes de manera individual. Prescindiendo de los métodos que decidan implementar, consumaré su derrota bajo cualquier circunstancia. Aun si mi contenedor corporal resulta reducido a cenizas… permaneceré en este plano para continuar desafiando su existencia.
Carecía de la certeza sobre si mis palabras emergían impulsadas por una convicción inquebrantable o por el desbordamiento de las emociones. En mi fuero interno cobró vida la semilla de la duda: ¿alcanzaré en alguna instancia la consolidación de mi propio destino? Asumo que no me erijo como la figura idónea… sin embargo, al posar la mirada sobre los demás, la aprensión me atraviesa el pecho.
Las resonancias de sus discursos pervivían en mi memoria: la entidad del dios ancestral, la figura del caballero oscuro, incluso la sombra de Ling. Y, no obstante, se erigían identidades adicionales, premisas alternativas que quizás albergaban la razón sobre mi persona… tal vez mi propia existencia constituya la causa de esta devastación.
A estas alturas, aquel sujeto ya poseía el conocimiento sobre el proceso de mi reencarnación y, aun así, se mostraba dispuesto a asumir la totalidad de la carga. Elevé la mirada: Robert se arrojó en una trayectoria recta hacia mi posición, resuelto a amputar mi vida. Mediante la intervención de mis reflejos logré eludir un impacto de necesidad mortal; apenas conseguí ceder un paso hacia la zaga.
En ese milisegundo, Angélica asumió la iniciativa de la ofensiva, ejecutando el movimiento de forma primaria, prescindiendo de vacilaciones. Aquel pormenor de su conducta siempre me infundió un matiz de aprensión. Una sola descarga bastó para estrellar su cuerpo contra la mampostería del muro; el estruendo de la colisión hizo convulsionar la estructura del recinto.
Sin embargo, la secuencia entera había sido fríamente calculada. Aquella acometida le proveyó con exactitud del margen temporal que requería. Robert esbozó una mueca… y se desvaneció del espacio.
Previo a consumar su retirada, proyectó sus aseveraciones a modo de condena, impregnadas de aversión y burla:
—Dejaré un precepto categóricamente establecido a partir de este instante: la totalidad de ustedes se halla sentenciada. Sus decesos se constituirán como la constatación irrefutable de esta humillación… y del remordimiento que han cosechado.
Se despidió proyectando una gesticulación grotesca. Su risa, de matices sombríos y deformados, permaneció flotando en la atmósfera… emulando un presagio sobre los acontecimientos venideros.
En el transcurso de una hora, Robert había consumado su huida del reino, pero el balance de su incursión arrojaba un éxito rotundo; únicamente debió afrontar contratiempos menores. La meta estratégica de Gabriel radicaba en la incautación de las reliquias sagradas custodiadas exclusivamente por el reino, y logró la extracción sin dejar un rastro inmediato que seguir.
Tras el desenlace, Carlos y el contingente de acompañantes se dirigieron a inspeccionar los depósitos de la Sala de los Tesoros Perdidos. La pesadez del silencio resultaba abrumadora a medida que avanzaban. Y, en efecto, al momento de franquear el acceso al almacén, el espacio lucía despojado: la totalidad de los elementos allí depositados habían sido sustraídos sin que se activara mecanismo de contención alguno.
—¡Maldición! —exclamó el monarca asestando un impacto seco contra la pared de piedra—. ¿De qué manera resultó posible que no advirtiéramos la maniobra con anterioridad?
—Comprendo que este escenario genera una frustración profunda —intervino Melissa, procurando preservar la templanza—, pero nos corresponde determinar la intencionalidad tras la sustracción de la totalidad de las reliquias y armamento divino.
—Existen factores que escapan a nuestras capacidades de indagación en este instante, Melissa, pero resulta imperativo descifrar la naturaleza de sus planes. Y de no responder a ello, entonces… presento mis disculpas, Carlos —expresó la joven—. Fui incapaz de aportar utilidad alguna, me reduje a la condición de un obstáculo. El terror me paralizó por completo, resulté imposibilitada para desplazarme. Genuinamente lo lamento de corazón —articuló Alefa, acusando un temblor en el registro vocal.
—Pero vamos, muchacha, no te constituyes como la única que permaneció inerte. Mi persona, e inclusive aquel joven de allí, nos limitamos a la condición de espectadores —intervino David—. No obstante, la conducta de tu progenitor presenta anomalías; correspondería que le interrogues sobre su estado real. Bajo ninguna coyuntura procedas a descuidarlo.
Angélica se mantuvo en un mutismo riguroso. Las aseveraciones de aquel individuo retornaban a su fuero interno emulando un eco ininterrumpido. Por primera ocasión experimentó una genuina preocupación por la figura de un elfo; es probable que sus palabras contengan una verdad sustancial, pero a estas alturas la posibilidad de retornar sobre mis pasos se halla extinta.
Este constituye mi destino definitivo. Me resulta imposible vacilar o apagar la memoria. Careceré de absolución, pero me niego a permitir que continúes arrastrando este tormento y sufrimiento —meditaba, sumergiéndose en sus cavilaciones—.
Saleh, no recae sobre tus hombros la responsabilidad por la incapacidad de haber garantizado sus vidas. Te eriges como una entidad dotada de fortaleza, no te corresponde colapsar ante esta adversidad. La totalidad de nosotros debemos coexistir con la carga del dolor… pero asumiendo la determinación de proseguir el avance.
La densidad del silencio resultaba aplastante. Saleh permanecía sumido en el inmovilismo, abstraído en la profundidad de sus pensamientos, proyectando la mirada hacia la nada. Sus ojos desprovistos de fulgor reflejaban la recurrencia de un recuerdo que retornaba de forma sistemática; la angustia y el resentimiento lo devoraban en paralelo. El llanto descendía en absoluto silencio, saturado de una culpa aplastante. Se hallaba desvinculado, al margen de la dinámica del reino, como si la existencia misma hubiese decretado su relegación.
Experimentaba el deseo vehemente de atentar contra su propia vida al no considerarse a la altura de las exigencias. Se vio imposibilitado inclusive para sostener un desafío contra aquel sujeto.
—¿Acaso esta impotencia responde a mi debilidad…? —murmuró finalmente.
La aversión hacia su propia persona lo aplastó psicológicamente. Colapsó sobre la superficie de la terraza, tendiéndose cuan largo era, contemplando la luminosidad gélida de la noche y la inmensidad del plano celeste.
El firmamento estrellado despedía un fulgor de matices profundos. La analogía se le presentaba inevitable: era como si Carlos encarnara la estructura misma del cosmos: su envergadura, sus pupilas… exactos a la estampa que contemplaba en las alturas.
Verdadera y genuinamente te constituyes como un ser digno de mi más absoluto respeto, reflexionó en su fuero interno. Permanezco en el desconocimiento de cómo una entidad de tu calibre continúa caminando a mi lado.
Una cavilación adicional lo atravesó, impregnada de una agonía superior. ¿A qué responde que alguien de tu trascendencia, Carlos, te halles presente junto a mi persona? No represento más que a un fracaso en mi condición de soberano de la contienda. Carezco de elementos que instruirte.
Evocó el instante de su toma de contacto inicial. Aquella jornada en que atestiguó un acontecimiento singular. No únicamente por el hecho de hallarse en compañía de su hija, sino porque, por primera ocasión, fue testigo de un organismo humano canalizando arte mágico de desplazamiento espacio-temporal.
En aquel periodo albergó la convicción de que asumiría en soledad la totalidad de la carga… y su diagnóstico resultó erróneo. Finalmente había convergido con la figura idónea, con la entidad indicada.
Lo contempló adiestrarse en el plano de su mente. Cada estocada ejecutada, cada progresión consolidada. Mientras Carlos escalaba su nivel de poder, Saleh únicamente experimentaba una fascinación creciente. Consiguiste exterminar a una abominación abismal… y aun así, mi persona, Angélica y el grupo restante nos redujimos a la inacción. Fracasamos. Permitimos que ese individuo se apoderara de la totalidad de las reliquias.
Su patrón respiratorio se tornó pesado. Estuve a punto de perecer en presencia de mi propia hija. Semejante escenario constituía la eventualidad que jamás deseé exponer a su vista. Me niego a presenciar su tormento.
Apretó la dentadura con violencia. De no haber intervenido su presencia…
—Constato que te hallas en este sector, Saleh. Albergaba la suposición de que te encontrarias acompañando a mi hijo en las instalaciones del almacén.
La firma vocal rasgó la quietud de la noche emulando un filo metálico. Saleh se incorporó de golpe. Dos siluetas se erigían frente a su posición, perfiladas por la luz del astro nocturno. Representaban a los progenitores de Carlos.
—Ehh… te constituyes como el afamado Saleh sobre quien mi hijo me había extendido comentarios —articuló Hina, proyectando una gesticulación tan apacible que contrastaba drásticamente con la penumbra del entorno.
Saleh permaneció paralizado. Posee una presencia sumamente distinguida… Representa la ocasión inicial en que nos encontramos de forma presencial, pero… ¿de qué modo guarda noción sobre mi persona? ¿Acaso Carlos les compartió pormenores…?
Hina lo examinaba con una atención minuciosa, como si albergara la capacidad de escudriñar los secretos que resguardaba. A su costado se posicionaba Josué, adusto, exhibiendo en el rostro las huellas de la aprensión al percibirlo en semejante estado.
—No lo interpretes como un agravio personal —mencionó Josué imbuyendo su voz de una firmeza severa—. Mi persona tampoco logró aportar solución alguna. Ese individuo denominado Robert se ubica en un estrato categóricamente distante. Un umbral que escapa a nuestras posibilidades actuales.
Ejecutó una breve pausa en el discurso.
—Nos corresponde preservar la entereza y la firmeza física. Un conflicto bélico de proporciones masivas se aproxima… y debemos garantizarnos preparados para cualquier escenario que se manifieste.
La corriente del viento sopló con violencia, agitando las vestimentas de los presentes, como si la estructura misma del reino convulsionara ante la contundencia de las aseveraciones.
—En fin, me veo en la necesidad de retirarme —agregó Josué, forzando una expresión apacible—. Hina, ¿conservas la intencionalidad de permanecer un margen adicional dialogando con su persona?
—Emmm… en efecto —respondió ella imbuyendo su voz de una calidez suave—. Permaneceré un momento. Desecha toda preocupación, querido. Únicamente persigo compartir un espacio a su lado… y evaluar la metodología mediante la cual pueda proveerle de asistencia. Sabes… este escenario me…
Josué inclinó la mirada durante un breve instante. Su tono de voz mutó hacia un matiz de severidad, bordeando la súplica:
—Te imploro, Hina… no permitas que esos recuerdos retornen a tu mente. Formula este pedido velando por tu propia integridad.
La negrura de la noche volvió a cernirse sobre sus siluetas. La quietud retornó al perímetro, pero en esta ocasión se hallaba impregnada de una tensión latente, de arcanos no revelados y de un sufrimiento implícito que anunciaba que el capítulo más oscuro… aún no había iniciado su despliegue.
Continuará.

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