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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 136 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 136: El Destello Matadioses, la Sombría Verdad y el Agotamiento de la Victoria Punto de vista: Mío —Esto carece de cualquier sentido lógico —expresó Mío. Ambos cruzaron sus miradas en el centro de la escena. Las emanaciones de sus auras resultaban de una densidad tan incisiva y siniestra que ninguna de las dos figuras parecía presentar el menor vestigio de vulnerabilidad. La atmósfera circundante se tornó pesada, asfixiante, casi insoportable. Mío había logrado registrar la anomalía más alarmante que se desplegaba en el perímetro; sus instintos más primarios le advertían sobre un peligro inminente. Se hallaba concentrando su percepción, conteniendo la respiración de forma consciente, hasta que una detonación de proporciones masivas sacudió el aire desde el exterior del reino… y la dirección de dicho impacto coincidía con el perímetro donde él y aquella abominación se batían en duelo. No… Imploro que no hayas sucumbido en ese enfrentamiento, puesto que, si llego a enterarme de semejante desenlace, me invadirá una ira indescriptible contra ti. No en este instante. No bajo estas condiciones. Resulta imperativo que me apresure. Debo consumar su erradicación de inmediato. Me arrojé en una embestida directa hacia su posición y el enemigo respondió sosteniendo mi aceleración de forma impecable. El suelo temblaba violentamente bajo el impacto de nuestras pisadas. Las descargas de nuestras ofensivas adquirían un carácter devastador; las colisiones entre ambas fuerzas hacían eclosionar la estructura misma del entorno. La capacidad para inhalar oxígeno se me complicaba de forma progresiva, una sensación abrasadora me devoraba la zona torácica, pero poseía la certeza de que este fenómeno escapaba a la normalidad. Habitaba un rasgo atípico en aquel individuo… un pormenor que infundía un pavor desmedido en mi interior, algo que no alcanzaba a procesar con claridad. —¡En ese caso cesa la ofensiva y articula palabras! ¿Cuál es tu verdadera identidad? —exigí raising el tono vocal—. ¡Manifiesta cuál es el nombre que respondes! —Esa constituye una interrogante verdaderamente excepcional —replicó proyectando una serenidad inquebrantable—. Mi denominación es Kyami, reconocido como uno de los caballeros de mayor envergadura pertenecientes al imperio. Su registro vocal fluía con una seguridad pasmosa, firme, rozando una perfección helada. Una entonación tan pura que provocaba estremecimientos, emulando la auténtica naturaleza del guerrero invencible. Sin embargo, yo poseía la certeza interna… lo experimentaba a través de los poros de la piel. Resguardaba algo más en su interior. —Comprendo la situación… —repusé sin ceder un milímetro en la postura defensiva—. Carezco de más argumentos que exponer, Kyami. ¿A qué responde que una figura de tu calibre albergue la intención de reducir a ruinas la totalidad de las cosas? ¿A qué se debe que la población permanezca imposibilitada de experimentar una existencia en paz? Mi tono de voz acusó un leve temblor, no como secuela del temor, sino impulsado por una rabia contenida. —¿Acaso incurrimos en alguna afrenta para que personas como ustedes hayan decidido darnos la espalda de esta manera? Albergábamos la convicción de que figurábamos como aliados estratégicos de la facción imperial… …sin embargo, mi percepción se hallaba en un error absoluto. Avancé una zancada firme hacia el frente, provocando que mi aura reaccionara al unísono. —Únicamente consigo experimentar una aversión mayor hacia ustedes como seres conscientes. Su interés por este reino responde a la certeza de que, de no proclamarse victoriosos en esta contienda bélica, se verán imposibilitados para consolidar sus aspiraciones reales… ¿no es esa la verdad? El intervalo de silencio que sucedió a mis palabras resultó drásticamente más sofocante que cualquier maniobra ofensiva. —¡Aguarda un instante! En este sector se despliega una anomalía. Alcanzaba a discernir la fluctuación de una presencia adicional en las inmediaciones, no obstante, el margen de tiempo había madurado de forma irreversible. —Demonios… ¿a qué responde esta nueva perturbación? ¿Por qué la estructura misma del terreno ha comenzado a temblar? —¡Tal parece que el proceso ha iniciado su curso! —articuló el enemigo proyectando un semblante gélido—. O más bien, ha llegado el momento de que proceda a retirarme de la escena. Deploro que nuestro cruce bélico concluya en este punto, pero en el instante en que el día fijado se manifieste, no dudaré un solo segundo en arrebatarte la existencia. —¡Antes de que ejecutes tu retirada exijo conocer tu denominación! ¿De qué manera te llamas, muchacha de la estirpe caída? Genuinamente permanecí en silencio, limitándome a fijar la mirada sobre su figura mientras iniciaba su repliegue, pero una sonrisa terminó por dibujarse en mis labios. "Ahora, Yui, desencadena el ataque." La aliada se dispuso a ejecutar el impacto y el caballero advirtió la maniobra al instante. Yui había proyectado la ráfaga de sus escamas de matices azulados imbuidas en un aura dorada. Aquel sujeto consiguió esquivar la trayectoria de los proyectiles, pero permaneció en el desconocimiento absoluto respecto al hecho de que mi presencia ya no se ubicaba en la posición inicial. Emerpí directamente a sus espaldas, clavando la estructura de mi espada en el interior de su extremidad superior izquierda; acto seguido, le asesté una patada cargada de potencia impulsada por un giro corporal, para posteriormente replegarme con presteza hacia un perímetro fuera de peligro. Él reajustó su posición y yo repliqué el movimiento en paralelo. La escala de nuestros intercambios alcanzaba proporciones destructivas, amenazando con hacer colapsar la totalidad de la estructura. —¡Maldita mocosa! Te manifesté con claridad que te concedería la oportunidad de conservar la vida, ¡pero constato que insistes en forzarme a erradicarte! Niña arrogante, da la impresión de que la conservación de tu propia existencia te resulta indiferente. El flujo del aire vibraba intensamente en el espacio que nos separaba. Cada paso ejecutado, cada choque de acero producido, hacía retumbar la piedra bajo la planta de mis pies. ¡Dediqué la totalidad de mi atención a escudriñar cada uno de nuestros desplazamientos! El ritmo de la contienda escalaba hacia umbrales excesivamente violentos; me hallaba al límite de perder la capacidad de sostener la velocidad de sus embestidas. Mi patrón respiratorio acusaba una irregularidad severa, el sudor descendía por mi frente, pero en lo más profundo de mi cavidad torácica cobraba vida una combustión interna. Asumo que ha madurado el instante de implementar este recurso. Comencé a interceptar la totalidad de sus estocadas mientras la expresión de mis ojos mutaba hacia una frialdad penetrante, como si la existencia del entorno se hubiese extinguido, reduciendo la realidad a su presencia y la mía. —¡Será mejor que cierres la boca de una buena vez! —reclamé imbuyendo mi voz de una autoridad aplastante—. Espada mata dioses, ejecuto mi mandato sobre ti… El instante se fracturó drásticamente. Previo a que lograra dar conclusión a la fórmula verbal, él atenazó mi muñeca con violencia y me proyectó brutalmente contra la dureza del suelo. El impacto vació la totalidad del oxígeno alojado en mis pulmones. El filo de su espada descendió a una velocidad vertiginosa, deteniéndose a milímetros de mi rostro, a punto de perforar la cavidad de mi ojo derecho. Alcanzaba a percibir mi reflejo proyectado sobre el metal, una mezcla de angustia entrelazada con una rabia desmedida. Me negaba rotundamente a perder fragmento alguno de mi ser; me hallaba actuando bajo un impulso egoísta… sin embargo, fue en ese preciso segundo cuando cayó en mi celada. El proceso de invocación se consumó con un éxito absoluto. La superficie del terreno quedó cubierta por un despliegue de simbología arcana, la atmósfera se saturó de murmullos pertenecientes a eras remotas y una secuencia de encantamientos emergió alrededor del perímetro, orientando sus estructuras hacia nuestra posición emulando hileras de colmillos invisibles. ¡No! ¡Me rehusó categóricamente a permitir que una entidad de tu calaña me arrebate la existencia en este lugar, y carezco de la menor intención de pasarlo por alto! Me erguí del suelo liberando un clamor ahogado. Las maniobras de mi contraofensiva se canalizaron hacia su anatomía con un incremento drástico de potencia, saturadas de desesperación y furia encendida. Él procuraba evadir las trayectorias, retrocediendo entre un despliegue de chispas y detonaciones consecutivas, pero la maniobra resultaba infructuosa; ante mi presencia, ningún adversario consigue eludir la totalidad de mis ataques. —¡Técnica de la espada mata dioses: hoja afilada, carbonizado! La vibración emanada por el metal de mi espada resonó en la totalidad del área, emitiendo un sonido grave y profundo, emulando la acústica de un rugido ancestral. Desplegó un resplandor de matices dorados e intensos, iluminando la polvareda suspendida y las hendiduras del terreno de combate. La descarga alcanzó de lleno su posición, infligiéndole una serie de incisiones profundas distribuidas en diversos puntos de su anatomía. Por un efímero segundo albergué la convicción de haber dado fin a la contienda… sin embargo, se produjo una alteración drástica. Una penumbra se proyectó sobre el suelo mientras una luz cegadora eclosionaba en medio de la humareda. Las pupilas del caballero sufrieron una metamorfosis radical y su contextura física experimentó una expansión colosal. La energía de su aura detonó hacia el exterior, ejerciendo una presión brutal que amenazaba con aplastar mi cavidad torácica. Un estremecimiento de pavor helado se desató por mi espina dorsal y, por primera ocasión en el enfrentamiento, experimenté la noción nítida del temor genuino. ¡Mi anatomía tembló convulsamente al colisionar con la manifestación real del pánico ante la presencia de aquel sujeto! Se desplazó en el espacio… fui incapaz de procesar la trayectoria de su movimiento. ¿Hacia qué cuadrante del área se había trasladado? De forma súbita registré su masa corporal posicionándose sobre mi vertical; reaccioné impulsada puramente por el instinto de supervivencia, logrando esquivar el impacto instantes antes de que colisionara contra la piedra del suelo. Me replegué a la mayor velocidad ejecutable mientras la serie de nuestros choques mutaba hacia una dinámica salvaje y encarnizada. Cada intersección de los filos metálicos adquiría una violencia superior, tornándose técnicamente imposible de interceptar. ¡Brinqué ejecutando una rotación en el aire, asestándole un impacto seco con el filo de mi espada! Colapsé contra la superficie, retrocedí posiciones, pero él mantenía una persecución sistemática hacia la zona donde procuraba replegarme, estrechando el margen de distancia y forzándome a ceder terreno de forma ininterrumpida. Cada onda expansiva de corte destructivo hacía estallar la infraestructura a nuestro paso. La densidad del aire colapsaba y el suelo se fracturaba en grietas profundas. Fui alcanzada por la fuerza de un impacto y proyectada a una distancia considerable. Conseguí preservar el equilibrio a duras penas, apoyando una de las palmas contra la piedra para estabilizar la postura. Esta abominación escalaba su nivel de peligrosidad a cada segundo que transcurría. ¿De qué manera resultaba concebible que un organismo de naturaleza humana contuviera semejante despliegue de fuerza física? Me sumergí en la inmensidad de mis pensamientos, escudriñando de forma desesperada el desarrollo de mi siguiente movimiento estratégico. Cada alternativa sometida a evaluación se tornaba drásticamente más arriesgada que la anterior. Carecía por completo de margen de error. Bajo dicho escenario… Prescindí de la empuñadura de mi espada, dejándola caer contra el suelo, y procedí a canalizar el caudal de mi energía mágica. Él se ubicaba justamente frente a mi posición, desencadenando una estocada directa orientada hacia mi región frontal. En ese preciso milisegundo liberé la totalidad de mi magia de atributo luminoso. —Destellos de la destrucción. Quemadura solar. Un resplandor cegador y colosal eclosionó directamente desde la palma de mi mano, perforando cada estrato de su estructura corporal. La luminosidad absoluta engulló la totalidad de la escena mientras el fluido hemático brotaba en cantidades masivas, adoptando un tono tan intensamente rojizo que terminó por cubrir la totalidad de su anatomía hasta provocar su desaparición en medio del fulgor. —¿De… de qué manera resulta concebible que este desenlace…? —articuló en un murmullo agónico. —Te lo manifesté con absoluta claridad, Kyami… me rehusaba a concederte la oportunidad de arrebatarme la vida. Antes de dar por concluido el asunto me veo en la necesidad de exponerte una consideración: te constituyes como una entidad sumamente peligrosa. —Representa la ocasión inicial en que me veo forzada a sostener un combate contra individuos de tu calibre en el transcurso de mi existencia, y genuinamente expreso mi gratitud por haberme provisto de semejante experiencia. Aun cuando me situé en el umbral mismo de la muerte… la trascendencia de este acontecimiento me ha permitido asimilar una realidad concreta: ninguno de ustedes posee el menor valor como individuos. Antes de que contara con el espacio para prolongar mi discurso, la silueta de una sonrisa se dibujó en sus labios. —Constato que has desplegado una labor sobresaliente para consumar mi erradicación, muchacha. Verdadera y genuinamente posees la determinación y la fortaleza requeridas para sostenerte por tus propios medios; me corresponde extenderte una felicitación por ello. Sin embargo, la totalidad de los esfuerzos que has ejecutado no resultarán suficientes. Él ha conseguido consolidar el objetivo que perseguía. Mi figura únicamente representaba a un peón en la totalidad de su tablero de juego. Ha constituido un genuino deleite haberme enfrentado a una contendiente de tu categoría, joven desprovista de experiencia… asumo que este evento constituye mi desenlace definitivo… Su cuerpo colapsó inerte contra la dureza del suelo. Yo experimenté una reacción idéntica, cayendo de rodillas sobre la piedra, sobresaltada por el desgaste, y liberé una exhalación prolongada. —Ahhhh… —expresé reduciendo el volumen de la voz a un murmullo pálido—. Conservaba la convicción genuina de que mi existencia se extinguiría en este lugar, en verdad lo asumí así. Mi anatomía se hallaba incapaz de responder a los estímulos nerviosos, la fatiga acumulada me aplastaba la conciencia por completo. Corresponde que me conceda un margen de reposo… me encuentro en un estado de agotamiento absoluto. Continuará.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 136

Estás leyendo el capítulo 136 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.