Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 135 online gratis en español
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Capítulo 135: El Juicio del Rayo, Sombras de Gabriel y el Sacrificio en el Cráter
Punto de vista: Carlos, Masha y Sasha
—¡Maldición! —grité encolerizado, invadido por una mezcla de frustración y rabia—. ¡Bajo ninguna circunstancia me puedo permitir ser derrotado en esta instancia… me resulta imposible!
Tenía la certeza absoluta de que, si llegaba a sucumbir en este enfrentamiento, la totalidad del plan estratégicamente concebido se iría directamente al carajo.
—¿Qué te sucede, Ling? —me mofé procurando desestabilizarlo—. ¿Acaso te has topado con la silueta de alguien cuyo recuerdo pretendías erradicar de tu memoria?
Avancé una zancada firme hacia su posición.
—¿O resulta que te genera un tormento insoportable la perspectiva de ser doblegado por la figura de un Significante Nocturno en tu propia presencia?
Pude percibirlo con total nitidez.
El germen del pánico.
Una gesticulación profundamente siniestra fue trazándose en mis labios. Liberé una risa ininterrumpida mientras el abismal comenzaba a replegar sus pasos sobre el suelo destruido.
—Aquel semblante… —susurré en tono bajo—. Constituye exactamente la gesticulación que anhelaba presenciar en tu rostro.
El metal de mi espada sangrienta comenzó a vibrar intensamente en mi empuñadura.
Invoqué la ejecución de Corte Elemental.
La trama misma del aire se rasgó de par en par.
Una secuencia masiva de encantamientos emergió desde múltiples cuadrantes, flotando suspendidos en la atmósfera y orientándose fijamente hacia su figura, emulando la conducta de depredadores aguardando la señal definitiva.
—Ha llegado la hora de que tu existencia toque a su fin.
Sin embargo, en ese preciso segundo…
Ocurrió una alteración drástica.
Una sonrisa incisiva y penetrante cobró vida en la gesticulación del enemigo.
La densidad ambiental se volvió sumamente pesada. El viento circundante comenzó a resonar emulando el eco de un lamento ancestral.
Una onda expansiva de naturaleza destructiva detonó directamente desde la masa corporal de Ling.
Retrocedí por puro instinto defensivo.
El abismal comenzó una metamorfosis física.
Su estructura corporal se expandió hacia las alturas, adoptando una escala drásticamente más colosal y monstruosa. Sus globos oculares despedían un fulgor de matices antinaturales. Las extremidades superiores se prolongaron, afilándose en los extremos hasta culminar en garras de proporciones gigantescas.
Un par de espadas de manufactura sombría se materializaron de golpe en sus manos.
Y a sus espaldas… desplegó un par de alas de un tono negro absoluto, las extremidades aladas características de un guerrero caído.
—De modo que finalmente te has decidido a liberar la verdadera naturaleza de tu forma… —articulé procurando proyectar una serenidad forzada—. ¿Me equivoco en la apreciación, soberano de la contienda?
Dejé escapar una risa sumamente breve.
—Me veo en la obligación de concedértelo: resultas un ser francamente molesto… pequeño insolente —gruñó Ling emitiendo un tono gutural—. Sin embargo, dicho detalle carece de trascendencia a estas alturas.
Su registro vocal evolucionó hacia un matiz grave, despojado de cualquier rasgo humano.
—En este instante únicamente persigo arrancarte la existencia… descuartizar cada fragmento de tu anatomía y ofrecerlo como banquete reparador a mi jauría de sabuesos.
Avanzó una zancada amenazante.
—Garantizaré personalmente que no vuelvas a ponerte de pie jamás—
Me rehusé drásticamente a permitir que concluyera la amenaza.
Me hallaba profundamente fatigado. Exasperado. Asfixiado.
Elevé la empuñadura hacia el cielo.
—Dios del Rayo.
Las descargas eléctricas descendieron masivamente desde la bóveda celeste y emergió al unísono desde la piedra del terreno. Entrelacé los relámpagos con cada una de las embestidas y encantamientos que había estructurado con anterioridad.
La totalidad de los elementos se fusionaron en un solo punto.
El flujo energético comenzó a rotar de forma comprimida y furiosa.
Una esfera colosal se configuró frente a mi torso, engulliendo la luminosidad, el eco del entorno y la densidad del aire.
Sostuve la masa de poder utilizando el centro de mi espada.
El terreno tembló hasta sus cimientos.
—Si este escenario representa la conclusión definitiva… —pronuncié reduciendo el volumen de la voz—, te aseguro que te reducirás a cenizas a mi lado.
La confrontación había dejado de constituir un mero intercambio bélico.
Se había transformado en la ejecución aplazada de una sentencia.
Volví a cerrar las pupilas, sumergiéndome en la inmensidad de mi mente. Estudiaba minuciosamente una metodología para consumar su erradicación.
A juzgar por su fisionomía actual… se erigía como la clase de abominación capaz de infundir traumas severos en cualquier espectador. Pero dicho detalle me traía sin cuidado.
Requería extinguir su vida antes de que ejecutara un solo movimiento adicional.
Adicionalmente… la certeza me embargaba en este punto. Existe una entidad drásticamente más peligrosa operando en las penumbras.
Y la fluctuación energética que logré registrar procedente del núcleo del palacio… me indicaba que debía resolver una tarea imperativa antes de dar fin a esta basura.
De no errar en el diagnóstico, me veré en la necesidad de canalizar mi arte más destructivo. Si consigo eliminarlo mediante esa vía, conservaré la ventana de oportunidad para acudir en auxilio de mis aliados.
Opté por desencadenar la contraofensiva.
Elevé la espada e intercepté el impacto descendente de sus dos hojas metálicas de forma simultánea.
—Tsk…
Este individuo posee un dominio técnico de consideración… Sumamente elevado.
Maniobrar con dos filos en paralelo sin alterar el centro de gravedad… constituye una proeza que escapa a mis capacidades actuales. Me veo en dificultades para sostener un combate decente utilizando un solo filo.
Corresponde que empiece a madurar de una buena vez. No puedo permitirme continuar actuando como un infante impulsivo.
Y dicho rasgo representa con precisión el aspecto que más le exaspera sobre mi persona.
Con todo… me resulta imposible descuidar la guardia en este instante.
Por fortuna, conseguí desarmarlo de uno de los filos mediante un desvío estratégico de mi espada.
Una brecha favorable.
Puse en marcha el desplazamiento espacio-temporal una vez más, desorientando su percepción mientras el metal de mi espada sangrienta sufría una alteración estructural.
…Aquel acontecimiento no resultó de mi agrado.
Inspeccioné las palmas de mis manos con desconcierto.
—¿Dag… dagas sangrientas? ¿Hojas de naturaleza hemática?
Representaba la ocasión inicial en que me veía forzado a maniobrar con un par de armas de semejante formato.
—Emm… ¿se supone que debo improvisar la asimilación técnica de esto en medio de la contienda?
Tragué saliva acusando la severidad del momento.
—Maldita sea… debí haber prestado una atención rigurosa a las sesiones de instrucción de Angélica… —articulé emitiendo un tono de voz dominado por la aprensión—. ¿Qué curso de acción tomaré en el supuesto de que descubra que no asimilé ninguno de sus contenidos?
Dejé escapar un largo suspiro.
Como solía manifestar mi padre, Carlos: "En el momento en que fracases en dominar la naturaleza de un arma… simplemente argumenta que los conceptos se te traspapelaron en la memoria."
No es mi intención pecar de egoísmo, pero… ¿verdaderamente surtirá efecto semejante excusa?
Aquellos recuerdos absurdos sobre la figura de mi padre… al menos me otorgaban un margen de desahogo mental.
Aunque, si aplicó esa misma lógica en sus interacciones con mi madre… prefiero ni elucubrar la clase de castigo que habrá tenido que afrontar.
Entretanto, Ling me contemplaba sumido en la perplejidad.
—¿En qué clase de estupideces se encuentra ensimismado este bastardo…?
Apretó la dentadura manifestando impaciencia.
—Resulta imperativo que capitalice esta brecha para arrancarle la vida.
Se desvaneció del plano visual.
Emergió directamente a mis espaldas.
No obstante, logré reaccionar a tiempo.
Le asesté un golpe seco utilizando la estructura del filo y lo proyecté a una distancia considerable, lanzando una ráfaga de cortes de luz sombría en su persecución.
Uno. Dos. Tres.
Pero se encargó de neutralizarlos.
La totalidad de ellos.
Y peor aún… redirigió la carga de mis propios encantamientos en mi contra.
—Mecanismo de contraataque —pronuncié esbozando una sonrisa helada.
Maldita sea…
La colisión fue de una violencia abrumadora. Incluso el propio Ling experimentó la vibración de los cortes desgarrando su propia estructura corporal.
Concentré la totalidad de mi aura. Un resplandor cobró vida en la superficie de mis dagas, canalizando un flujo energético de alta penetración.
Lo fijé directamente en las pupilas.
Proyecté una de las dagas hacia su posición.
Consiguió repelerla, retrocedió múltiples metros… y desapareció de la vista.
—Qué maniobra tan elemental… —murmuré en un tono bajo—. ¿Acaso ignora la realidad de la situación?
Poseo la capacidad de rastrearlo.
Identifico con precisión milimétrica la trayectoria hacia la que se desplaza.
Se materializó en el espacio para ejecutar una estocada.
Pero la maniobra resultó tardía.
—Dios del Rayo.
Me desvanecí de la escena.
Alcancé un umbral de velocidad desprovisto de precedentes.
Conecté el impacto.
Uno.
Dos.
Un efímero segundo bastó para consumar el acto.
Le cercené la totalidad de ambas extremidades superiores.
Un chorro de fluido hemático salpicó la superficie de mi rostro. Una masa cálida y densa.
Había experimentado un desgaste hemorrágico severo.
Ling se hallaba incapaz de asimilar el acontecimiento.
Un alarido desgarrador rasgó la atmósfera.
Una exclamación dominada por la agonía física, la rabia desbordada y el horror.
Y por primera ocasión… la arrogancia de su semblante se extinguió por completo.
La daga que había proyectado previamente retornó trazando una parábola hasta mi mano. La sostuve en el aire con soltura.
Mi mirada se tornó siniestra, gélida, desprovista de cualquier matiz de emotividad, clavándose fijamente en su figura. Descendí de forma parsimoniosa, observando cómo su cuerpo colapsaba contra el suelo en absoluta impotencia.
Me aproximé a su posición.
Ling yacía petrificado, atenazado por el horror. Como si la angustia y el pavor propios de un simple ser humano lo hubiesen sometido a una humillación total.
Aquella gesticulación en su rostro… resultaba francamente horripilante.
Al posicionarme a escasa distancia de su cuerpo, nuestras miradas se cruzaron nuevamente.
—Bien… —pronuncié imbuyendo mi voz de un tono pausado—. Limítate a responder a una sola interrogante.
—¿Cuál es la estrategia real que Gabriel pretende ejecutar mediante este despliegue? ¿Qué objetivo persigue respecto a mi persona? ¿A qué responde esta obsesión desmedida por interferir en mi camino?
Apreté la empuñadura de la daga con fuerza.
—¿Acaso no le dejé categóricamente claro que, si intentaba entrometerse en mis asuntos una vez más, iría en su búsqueda y le arrebataría la vida prescindiendo del lugar donde se ocultase?
—Ese sujeto es incapaz de abandonar la penumbra de su escondite —prosiguió mi discurso—, puesto que es consciente de que terminaría por perder el aspecto más ridículo de su miserable existencia.
Mi registro vocal descendió a un matiz aún más sombrío.
—Por dicha razón Lucifer asumió la potestad sobre mi contenedor físico… Únicamente debido a la magia de sellado que ese bastardo domina. El mismísimo responsable de haber confinado mi verdadero potencial.
Aprete los dientes con violencia.
—Y ese pormenor… constituye un elemento que me encargaré de destruir personalmente. La maldición que me mantiene encadenado.
Tener plena conciencia de los sacrificios requeridos… convierte a esta situación en el escenario más peligroso que me ha tocado afrontar.
En ese instante, una carcajada rasgó el ambiente.
Ling… se encontraba riéndose.
—Vaya, vaya, Carlos… —articuló intercalando carcajadas agónicas—. Has conseguido arrebatarme una sonrisa.
—Por más que despliegues tu mayor esfuerzo, te resulta imposible modificar la realidad por tu propia cuenta contra nuestro frente.
La mueca en su rostro adoptó un perfil sumamente retorcido.
—En breve los restantes iniciarán su despertar. Y al consumarse dicho evento, tu ridículo reino… así como el dominio de las razas restantes…
—Perecerán bajo la metodología más despiadada y horripilante que pueda concebirse.
Me observó manifestando un desprecio absoluto.
—¿Qué clase de entidad pretendes erigirte? No representas más que a un simple infante que permanece en la ignorancia sobre la escala real del dilema en el que se hallan atrapados.
—¿A qué te estás refiriendo…? —exigí, orientando la punta de la daga directamente a milímetros de su apéndice nasal—. Detállalo ahora mismo. ¿Qué maniobra se encuentran gestando en las sombras?
Ling liberó una risa sofocada.
—Vamos, no te dejes llevar por la alteración… —mencionó proyectando una calma enferma—. Simplemente nos limitaremos a brindarte una sugerencia.
Su gesticulación se tornó drásticamente más severa.
—De modo que presta un nivel de atención superlativo, puesto que en este preciso instante… él se halla presente en este territorio.
—¿Qué pretendes insinuar con esas palabras? —inquirí frunciendo el ceño.
—Constato que continúas sumido en la estupidez, pedazo de imbécil —prosiguió—. Tus aliados van a perder la vida en este mismísimo instante.
Un vacío gélido recorrió la totalidad de mi torso.
—Antes de que emitas una sola palabra adicional —agregó el abismal—, corresponde que adquieras noción sobre nuestras estructuras… respecto a la metodología con la que abordamos la jerarquía entre inferiores y superiores.
Su tono vocal adquirió una gravedad insondable.
—Cada integrante de nuestras filas responde a una condición particular. En lo que a mi persona respecta… procedo de un clan caído, desterrado de la historia.
Apretó la dentadura con furia.
—Éramos considerados basura por el resto del mundo. No obstante… en ese punto emergió una figura.
—Nos proveyó de respaldo. Sustento. Un sentido de existencia.
—En aquel periodo permanecíamos en el desconocimiento absoluto sobre los acontecimientos reales que se desplegaban.
Su semblante se endureció al límite.
—Hasta el momento en que me crucé con Gabriel… y con los quince integrantes restantes.
La presión del aire se volvió sofocante.
—Constituyen entidades temidas por la totalidad de las generaciones. Cada fragmento de la cronología… cada vestigio de sangre derramada…
—Lleva grabados sus nombres.
Tragué saliva acusando el peso de la revelación.
—Mi facción… se vio privada de alternativas.
—La servidumbre no respondió a un deseo voluntario —continuó imbuyendo sus palabras de un odio puro—. Se debió a la perversidad implícita. A la ambición desmedida.
—Al anhelo de subordinar la totalidad de las cosas bajo la palma de la mano.
Sus ojos desprendieron un destello de naturaleza siniestra.
—Y en este instante… la maquinaria ha comenzado su desplazamiento inevitable.
Poseía la certeza de que el asunto no concluía en ese punto. Lo sabía perfectamente.
Si procedo a revelar la totalidad de las informaciones… mi existencia se extinguirá de igual modo. Mi condena se hallaba decretada de antemano. Al menos… logré resultar de utilidad en esta encarnación.
Por mediación de sus acciones, las metas de mi señor se transformarán en una realidad tangible.
—Te resulta imposible alterar el curso de los hechos —perseveró Ling—. Serás incapaz de salvaguardar a individuo alguno si insistes en aferrarte a los mismos principios.
Su registro vocal fluía con una parsimonia cruel.
—¿Qué postura adoptarás cuando la totalidad de las cosas en este mundo haya sido reducida a la nada?
—Permanecerás en absoluta soledad. Relegado al olvido por el resto.
—Sin importar la cantidad de intentos que despliegues… jamás retornarán a tu lado.
—La totalidad de nosotros atravesamos por semejante proceso, muchacho.
Guardé un silencio absoluto. Percibí cómo la negrura comenzaba a envolver las facciones de mi rostro.
Sin embargo, la certeza permanecía intacta… de no intervenir, la muerte de todos se consumaría de igual forma.
Ling continuó la verbalización de su discurso.
—Un milenio atrás se registró un escenario idéntico. Emergió una figura con rasgos extraordinariamente afines a los tuyos.
—También experimentó la pérdida absoluta de sus vínculos.
—Aquel individuo se consagró como el sujeto que se atrevió a desafiarme… y quien terminó por infligirme una humillación severa.
Sus pupilas se clavaron con fijación en las mías.
—Tú y él representan la misma esencia.
Posteriormente esbozó una sonrisa saturada de arrogancia.
—Prescindiendo del desarrollo histórico… si me corresponde caer en esta contienda, la totalidad de los nuestros se arrastrará conmigo.
No concedí espacio a la duda.
Orienté la hoja de la daga directamente hacia su torso. La hundí con violencia.
Sin embargo…
—¿Qué…? —gruñí manifestando un desconcierto absoluto—. ¡¿Qué clase de anomalía es esta?!
Me vi imposibilitado de perforar la zona cardíaca. Una fuerza opuesta emanaba desde el interior de su cuerpo, repeliendo el filo.
En ese instante lo comprendí todo.
La sustancia farmacéutica vinculada al demonio del caos… Había comenzado su proceso de activación en el organismo de Ling.
El abismal comenzó a emitir carcajadas impregnadas de desprecio.
Una luminosidad intensa emergió desde su anatomía. Su firma de mana mutó a un estado de inestabilidad crítica.
—¡Maldición…! —grité en un tono de absoluta desesperación—. ¡Esta eventualidad no puede estar desarrollándose!
Si la fuerza de esa detonación alcanzaba a liberarse… el impacto no se limitaría a la infraestructura del reino.
La totalidad del continente resultaría erradicada.
Me restaban únicamente dos alternativas. Y poseía la certeza de que ninguna resultaría del agrado de persona alguna.
—Representa un pesar deplorable… ¿no es así? —expresé articulando una sonrisa apagada.
Ling continuaba emitiendo carcajadas descontroladas.
El entorno entero se hallaba al borde de la perdición.
No obstante, me negaba rotundamente a tolerarlo.
Mediante un único movimiento certero… le cercené la cabeza.
En absoluto silencio.
Su anatomía permaneció sobre la piedra, en un punto crítico previo a la explosión.
A la distancia, los habitantes del pueblo atestiguaban la escena. Sasha y Masha descendieron a gran velocidad desde las alturas, exclamando mi nombre con angustia.
Me resultaba imposible permitir que semejante onda expansiva devorara las instalaciones del reino.
Albergaba una responsabilidad ineludible.
Resguardar la vida de la población.
Canalicé la totalidad de mis reservas de mana.
—Campo sangriento… Rango superior. Nivel 8.
Una estructura de barrera de proporciones colosales se desplegó en el perímetro, aislando y protegiendo a la totalidad de las presencias situadas en el exterior.
Yo permanecí en el interior del recinto sellado.
Atrapado.
La onda de choque destructiva detonó directamente frente a mi posición.
Invoqué mi disciplina de magia nocturna.
—Devorador de sombras.
La masa explosiva fue reabsorbida por la técnica… pero el desgaste físico resultante alcanzó escalas insoportables.
Me mordí la zona labial con violencia. Dejé escapar un alarido de dolor.
El fluido hemático comenzó a brotar desde múltiples heridas a lo largo de mi cuerpo.
Sin embargo, sostuve la postura.
Debía garantizar el resultado a cualquier precio.
La luminosidad se extinguió de forma definitiva.
La totalidad del perímetro quedó reducida a ruinas.
Un cráter de dimensiones colosales se extendía bajo mis plantas.
Mis prendas se hallaban completamente desgarradas. El detalle me resultaba indiferente.
Colapsé contra la piedra del suelo, sumido en un agotamiento extremo.
Al menos… había conseguido exterminar a una entidad abismal.
No obstante, un dilema mayor presionaba mi mente.
Requería retornar de inmediato a la posición de Angélica… a la ubicación de los demás.
—¡Carlos! ¿Conservas el conocimiento? —gritó Masha descendiendo desde la vertical.
Ambas se posaron a mi costado.
Reflejaban expresiones de pánico. Un nivel de preocupación severo.
Asumo que fui el responsable de colocarlas en semejante encrucijada.
—Me encuentro bien —articulé esbozando una sonrisa fatigada—. Presento mis disculpas… no podía permitir que…
—¡Abstente de replicar una maniobra semejante por el resto de tu vida! —interrumpió Masha alzando la voz—. ¡Careces de la menor noción sobre el nivel de angustia que experimentamos!
—Llegué a asumir que tú… que tú…
—Cesa la conversación —intervino Sasha, fijando en mi figura una mirada de absoluta seriedad—. Ejecutaste un trabajo impecable.
—Nos proveíste de protección… al igual que a la población del reino.
—Verdadera y genuinamente te eriges como un individuo que escapa a toda lógica convencional.
Dejó escapar un suspiro de resignación.
—No obstante, me mantengo en sintonía con la posición de Masha. Bajo ninguna circunstancia vuelvas a incurrir en un acto de esta naturaleza.
—¿Posees la menor noción sobre la clase de explicaciones que tendríamos que rendir a Mío… en el supuesto de que se enterase de que estuviste a punto de…?
—Lo domino a la perfección —repuse—. Ella jamás se permitiría concederme el perdón.
—Carecía de alternativas viables.
—En el supuesto de asumir el sacrificio… o de recurrir a la teletransportación, la tasa de riesgo se mantenía idéntica.
—Aquel fenómeno albergaba el potencial de desintegrar la totalidad de las cosas.
—A esa razón respondió mi determinación.
Incliné la mirada hacia la piedra.
—Lamento lo sucedido… pero el margen de tiempo se ha agotado.
—Desplácense a custodiar a los habitantes. Por mi parte, me reorientaré en línea recta hacia la sala del trono.
—De acuerdo… lo que determine tu criterio, muchacho suicida —murmuró Masha en un tono bajo.
—¿Ah? ¿A estas alturas te permites asignarme apelativos, señora pirata?
Masha contrajo las facciones manifestando indignación.
—¡Exijo un margen mayor de respeto! ¿Acaso no constatas que me constituyo como una distinguida dama?
Sasha estalló en una carcajada incontrolable.
—¿Disculpa? ¿Una dama enuncias? ¿En qué cuadrante exactamente? Puesto que mi percepción no consigue ubicarla.
—¡Maldita zorra! —gruñó Masha encolerizada—. ¡Te encargarás de saldar esta afrenta!
—¿Ah, sí? —replicó Sasha—. Procura no presentarte posteriormente a suplicarme de rodillas.
—¿Qué aseveración acabas de emitir? —expresó Masha articulando una sonrisa peligrosa—. Has adquirido tu billete definitivo.
Antes de que procedieran a enzarzarse en una disputa física sujetándose del cabello, les asesté un golpe seco a ambas en la región occipital.
—Ustedes dos… guarden silencio de una buena vez.
—¡Pero Carlos, esto carece de justicia! —protestó Masha—. ¡Ella fue quien inició la provocación!
—¿Mi persona? —respondió Sasha—. Cesa los lamentos.
—Cielos… te conduces exactamente como una criatura lactante.
Dejé escapar un suspiro acumulado.
Aún prevalece un destello de esperanza… no obstante, el margen de tiempo se extingue de forma acelerada.
Continuará.

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The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 136
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 135
Estás leyendo el capítulo 135 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.