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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 133 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 133: Sombras en el Trono, el Peso de los Milenios y el Juicio de la Espada Punto de vista: Melissa Ogawa Dejé atrás a Mío depositando toda mi confianza en su capacidad de respuesta. No obstante, una interrogante no cesaba de martillar en lo más profundo de mi mente: ¿albergaba verdaderamente la fuerza suficiente para plantar cara a semejante individuo? Apenas había sido capaz de percibir su presencia… su naturaleza energética resultaba completamente ajena, distinta. Portaba esa mirada intimidante y desalmada. La mismísima mirada sobre la que Angélica me había prevenido tiempo atrás. Hace dos meses… —Melissa —habló Angélica en un tono de voz imbuido de una seriedad absoluta—, existen entidades en este mundo cuyo poder supera con creces la potestad de cualquier reino terrenal. Su mirada adoptó un matiz denso y lejano. —Te lo comparto basándome en mi propia trayectoria. La situación global se encuentra al borde del colapso. Cada nación cuenta entre sus filas o en sus sombras con seres capaces de desafiar los límites mismos de la humanidad. Entidades reconocidas… externas, de matices bíblicos… criaturas que han roto toda barrera biológica. Guardó un breve lapso de silencio para permitir que las palabras calaran. —En cierta medida, guardan similitud contigo. Y también con ese sujeto desastroso de Carlos. Fruncí el ceño ante la mención. —Ustedes dos representan a mis discípulos directos. Al igual que ese irresponsable de Saleh, que insiste en conducirse según sus impulsos. Dejó escapar un largo suspiro. —Sin embargo, tú… posees una capacidad de asimilación asombrosa. Te adaptas a una velocidad que trasciende la norma. Inclinó ligeramente la cabeza, manifestando una sutil incomodidad. —Me embarga cierto pesar al ser incapaz de instruirte en el manejo técnico de tu guadaña. Carezco del dominio sobre esa clase de armamento… pero todo indica que te has consagrado como la primera en erigirse como una maestra en su uso. Alcé el rostro para cruzar miradas con ella. —Y deberías sentir un profundo orgullo —prosiguió—. Eras consciente de no albergar un talento innato para la esgrima tradicional, pero con la guadaña… te has vuelto un ser excepcional. Sus afirmaciones calaron profundamente en el centro de mi pecho. —Preserva tu esencia sin desviarte. Todavía resta un trecho considerable por pulir. Pero deposita tu fe en mis palabras… en el lapso de unos años, o cuando mi presencia haya desaparecido de este plano, la responsabilidad de sostener esto recaerá de lleno sobre tus hombros y los de él. Sus ojos se tornaron afilados como cuchillas. —Bajo ninguna circunstancia se permitan sucumbir, ¿ha quedado claro? Porque si llegan a caer, me encargaré personalmente de dejarles un trauma y un tormento permanente que los perseguirá de por vida. —¡Sí, lo tengo más que claro! —exclamé dejando escapar una sonrisa. Con el transcurrir del tiempo logré comprender que Angélica no constituía una persona despiadada… aun cuando infundía un terror absoluto en las ocasiones en que me utilizaba como saco de boxeo improvisado durante los entrenamientos. Con todo, contar con su tutela representó una bendición. Carlos también desempeñó un rol fundamental en esa etapa. Fue él quien me guio pacientemente en la formación de mi primer núcleo de energía. Fue él quien me desveló la soltura técnica para maniobrar con la guadaña. Ignoro los orígenes de su vasto conocimiento en torno a un arma tan poco convencional. Siempre albergué una inmensa curiosidad al respecto. En ocasiones me asaltaba la intuición de que él también era —o había sido en otra era— un usuario consagrado a la guadaña. Conservaba infinidad de interrogantes… pero opté por dejarlas a un lado. Absorbí cada movimiento, cada rotación del astil, cada ángulo de corte. Y la metodología surtía un efecto devastador. Se desplazaba con una soltura que superaba con creces la mía, un detalle que no dejaba de causarme cierta irritación. Me invadían unos celos inevitables. Aunque… siendo rigurosamente honesta con la verdad, no ejecutaba las demostraciones nada mal para ser un farsante rematado. Eso sí, para articular chistes resultaba Sencillamente nefasto. Debería enviarlo directamente a una guardería para que un grupo de infantes se encargue de humillarlo, cavilé en mi interior. Continué la marcha riéndome en soledad, de forma contenida y velada. Sin embargo, en este preciso instante… Aquel pasado se percibía trágicamente distante. Hacía un tiempo prolongado que no experimentaba esta clase de vivacidad. Lo admitía únicamente porque sentía hallarme cada vez más próxima a consolidar mi objetivo. De pronto, ensimismada en mis pensamientos, colisioné de lleno contra la figura de un transeúnte. Colapsé sobre la superficie de piedra, pero me reincorporé al instante sin vacilar. Se trataba de un individuo cuyo cabello castaño relucía bajo la iluminación del pasillo, dotado de unos ojos de un tono verde penetrante que se fijaron de inmediato en mí. —Oh… te pido una disculpa —manifesté inclinando la mirada, invadida por la vergüenza. —No hay motivo para disculparse —respondió exhibiendo una sonrisa sumamente afable—. ¿Se encuentra todo en orden? Te percibo con un semblante bastante angustiado. El margen de tiempo era inexistente. —Carecemos de tiempo… tú debes ser David, ¿me equivoco? —Efectivamente —murmuró—. ¿A qué responde tu afirmación? —Resulta imperativo que nos traslademos al salón del trono de forma inmediata. Aparentemente hay un intruso de alto riesgo en las instalaciones. Ah, por cierto… Mío me encomendó transmitirte un mensaje en particular, asegurando que comprenderías el significado. Inhalé una bocanada de aire para estabilizar la voz. —Carlos se encuentra en el lugar… y el reino entero corre un peligro inminente. Aquella aseveración actuó como un detonante definitivo. David descifró la gravedad del escenario en un milisegundo, mutando drásticamente la serenidad de su rostro. —En ese caso, no podemos perder un solo segundo. Ponémonos en marcha. —Entendido, aceleremos el paso. Avanzamos a través de los corredores sin concedernos un solo respiro hasta que finalmente alcanzamos nuestro destino. Empujé los portones masivos del salón del trono con una violencia desgarradora. Angélica se hallaba presente en la estancia. Saleh también ocupaba un lugar junto al resto de la comitiva. —¡No nos queda margen de tiempo, Angélica! —grité a pleno pulmón—. Las amenazas ya se han infiltrado… Un silencio sepulcral se desplomó sobre la sala como un peso muerto. Josué clavó en mí una mirada de absoluta frialdad. —¿Qué es lo que estás aseverando, muchacha? ¿A quiénes te refieres exactamente? —Carlos se encuentra trenzado en combate contra una entidad abismal… y Mío —tragué saliva con dificultad—, Mío está haciendo frente a un contingente de caballeros del Imperio. Haruto adoptó una postura de extrema alerta, mientras una gesticulación extraña y sombría comenzaba a dibujarse desde la sombra del recinto. Y en ese preciso instante… aconteció. Una silueta descendió con absoluta parsimonia desde las molduras del techo. Se posó suavemente sobre la piedra, sin que absolutamente nadie hubiera sido capaz de registrar su presencia hasta que la figura estuvo asentada en el suelo. —¿Quién demonios se supone que eres? ¿Y con qué propósito…? Haruto no tuvo margen para concluir la demanda. Se arrojó impetuosamente hacia la posición del soberano. Sin embargo, Josué interceptó su trayectoria interponiendo la hoja de su espada. —Escúchame bien —expresó emitiendo una furia contenida—, atrévete a colocar una sola de tus manos sobre la figura del rey y me encargaré personalmente de reducirte a pedazos. La figura se limitó a liberar una carcajada. Una risa cargada de burla, de un matiz profundamente patético. —Vaya, mis más sinceras disculpas… qué falta de modales de mi parte —articuló con una parsimonia irritante—. Permítanme ponerme a sus órdenes e ilustrarlos con mi identidad. Avanzó una zancada firme hacia el centro de la estancia. —Un absoluto placer. Mi nombre es Robert. Me consagro como uno de los catorce demonios abismales de mayor jerarquía y poderío procedentes de la totalidad de los inframundos. Varios de los presentes retrocedieron de forma instintiva. —Comprendo perfectamente su asombro ante el hecho de que ostente una apariencia de rasgos humanos —prosiguió—, pero no representa otra cosa que un mero disfraz. Una sonrisa siniestra se dibujó en sus labios. —Abordemos el núcleo de este asunto sin rodeos. Lo más sensato para la integridad de todos es que desistan de consolidar esa ridícula alianza. De lo contrario… lamentarán amargamente haber concebido semejante idea. Desplegó los brazos a los costados en un ademán de absoluta tranquilidad. —Mi presencia responde únicamente a un propósito diplomático. He venido a entablar una negociación. Carezco de intenciones bélicas en esta visita. De haber sido ese mi cometido… la totalidad de ustedes yacería sin vida sobre este suelo en este preciso instante. Sus pupilas recorrieron meticulosamente cada rincón del cuadrilátero. —Y todos en este recinto son plenamente conscientes de ello. Ninguno representa un rival a mi altura. Su mirada se detuvo momentáneamente sobre la joven de cabellera rojiza… para posteriormente fijarse en la figura de la elfa. —De modo que tú eres la sobrina de ese inútil que se ostenta como rey de los elfos. Previamente te extendí una advertencia formal… todo parece indicar que mi mensaje resultó un fracaso. La mueca en su rostro adoptó un tinte cruel. —Me veré en la obligación de exterminarte en este mismísimo instante. Posteriormente, frunció el ceño con ligera extrañeza. —Aun cuando… analizando la situación con detenimiento, distingo tres presencias de un relieve ciertamente llamativo. Direccionó su atención mediante la mirada. —Esa mujer. Ese elfo. Y en último término… Josué Tanaka. El progenitor de ese entrometido mocoso. Sus facciones se contrajeron con tensión durante un efímero segundo. Debo proceder con un grado mayor de cautela…, reflexionó para sí mismo. Lucifer me instruyó con severidad para no cometer imprudencias. Un solo paso en falso y la totalidad de nuestros planes se desmoronaría por completo. Fijó la vista en el vacío. Confío en que Kronos no experimente demoras durante la sustracción de las reliquias. En caso de fallar… la ejecución de esta estrategia resultará inviable. Y bajo ese escenario… nada de esto representaría un dilema bajo mi responsabilidad. Volvió a exhibir una gesticulación burlona. —¿A qué responde este silencio sepulcral por parte de todos? —provocó—. ¿Acaso han sufrido la pérdida de la habla… o cuál es el motivo? —En fin… en vista de su negativa a entablar un diálogo —expresó con frialdad—, me veré forzado a implementar métodos drásticos. De golpe, la atmósfera del salón del trono fue devorada por la penumbra. La luz natural se extinguió como si hubiese sido engullida por un ente invisible. En ese mismísimo instante, la totalidad de los presentes colapsamos de rodillas contra el suelo. La fuerza gravitacional que emanaba de la figura de Robert resultaba sencillamente insoportable. Densísima. Aplastante. Me veía imposibilitada de ejecutar el menor desplazamiento. Mi cuerpo rehusaba responder a las órdenes de mi mente. Saleh y Angélica apenas conseguían mantener la verticalidad sobre sus extremidades. Enfrentaban un desgaste severo, pero lograban erguirse. El resto de los presentes… ni siquiera contaba con la capacidad de elevar el rostro. Sin embargo, existió un individuo que logró romper la parálisis. El padre de Carlos. Josué. Desencadenó una ofensiva directa sin atisbo de vacilación. Su espada hendió el espacio con una ferocidad abrumadora, forzando a Robert a replegarse múltiples pasos. El abismal repelió la secuencia de estocadas una tras otra, conservando un semblante inmutable. —¿Acaso esto representa la totalidad de tus recursos? —mencionó Robert impregnado de un profundo desprecio—. Qué desperdicio de energía. Su sonrisa se volvió implacable. —Es el espectáculo más patético que me ha sido dado presenciar. Generas lástima. Y en una sola trayectoria fluida, ejecutó un contraataque. Un único impacto. Nada más. Josué salió disparado violentamente, surcando el aire para estrellarse de lleno contra la mampostería de la pared, generando una red de grietas a lo largo de la piedra. El silencio posterior fue absoluto. —Vamos… no alberguen un resentimiento tan infantil —se mofó Robert—. De continuar con esa actitud terminarán por conmoverme hasta las lágrimas. En ese preciso instante… La firma energética de la estancia sufrió una alteración drástica. Angélica logró quebrantar el dominio de la gravedad. La piedra colapsó bajo sus botas al afianzar la zancada inicial, lanzándose en línea recta hacia la posición del demonio. No obstante, una emanación de energía oscura y repulsiva la impactó de frente, frenando su avance. Saleh capitalizó esa brecha de forma inmediata. Desencadenó su ataque. Pero Robert esquivó la secuencia una y otra vez, exhibiendo una facilidad que resultaba insultante. Y mediante un movimiento seco… Lo arrojó brutalmente contra el suelo. El estruendo del impacto retumbó en cada rincón del palacio. —¡Esto resulta completamente irracional! —exclamó Saleh intentando recuperar el aliento de forma agónica—. ¿De qué manera un individuo puede ostentar semejante magnitud de fuerza? ¡Esta situación escapa a toda lógica! Robert lo contempló desde las alturas con un asco evidente. —¿Sabes una cosa, elfo insustancial? Provocas auténtica lástima —escupió manifestando una mueca cruel—. Observa tu deplorable estado… ¿qué sensación experimentas al ser pisoteado directamente en el rostro por alguien de mi categoría? Dio un paso al frente, incrementando la presión ambiental. —Cada uno de los nuestros ha acumulado una existencia infinitamente más vasta de lo que tu limitada mente alcanza a concebir. Adicionalmente, se los manifesté con total claridad, ¿o me equivoco? —prosiguió—. Las capacidades que ostentan no consiguen provocarme ni la más mínima molestia. El silencio se volvió sumamente pesado. Robert alzó la mirada hacia el techo, como si se sumergiera en la rememoración de una era remota. —Permítanme ilustrarlos con un breve relato concerniente a nuestro origen —expresó imbuyendo su voz de una gravedad abismal—. ¿Albergan la duda sobre la razón por la cual continuamos existiendo en este plano? Sus pupilas se tornaron completamente oscuras. —La realidad es que… hemos permanecido confinados en las profundidades del inframundo abismal durante eras. Vivencias que ustedes jamás tendrán la capacidad de procesar. Jamás alcanzarán a comprender el tormento que experimentamos en aquel abismo. Apretó la dentadura con violencia, mientras su aura fluctuaba de forma inestable. —En un pasado remoto fuimos humanos. Seres exactamente iguales a ustedes. Poseíamos vidas estructuradas, anhelos, metas… aspectos que cualquier entidad terrenal desearía albergar. Su voz tembló levemente, no impulsada por la debilidad, sino por un odio visceral. —¿Y cuál fue la conducta que ustedes adoptaron? —bramó—. Promulgan el principio de no emitir juicios basados en las apariencias, cuando en la praxis son ustedes mismos quienes destruyen sistemáticamente la esencia espiritual de un individuo. Un daño que jamás poseerán la madurez de comprender. El espacio de la sala parecía estrecharse bajo la intensidad de su presencia. —Transcurrieron más de diez mil años de encierro absoluto —continuó—, como si nuestra existencia careciera del menor valor. ¿Y a qué se dedicaban ustedes mientras el tiempo transcurría? Esbozó una sonrisa impregnada de repugnancia. —Se entregaban a la mofa. Se divertían. Gozaban de una existencia plácida bajo la falsa premisa de que el caos no acechaba en los márgenes del mundo. Su mirada se tornó feroz. —Pero ignoran… carecen de la menor noción sobre la magnitud del perjuicio que han infringido a la humanidad entera. Extendió el brazo señalando hacia el frente con una rabia desmedida. —¿Comprenden la razón por la cual el Imperio persigue la hegemonía absoluta sobre el globo? Hizo una pausa calculada. —Porque ustedes son débiles. El desprecio manifiesto en sus palabras era absoluto. —Esa es su verdadera naturaleza. Se permiten ser manipulados por la codicia, el poder, los recursos financieros y la vanidad. ¿Sinceramente consideran que valen la pena el sacrificio? El silencio volvió a desplomarse sobre la estancia. Pesado. Amenazante. Sin embargo, continuó su discurso elevando la potencia de su voz. De forma repentina, la presión sobre mi cuerpo se disipó. Y sin conceder un instante de advertencia, sujetó a Saleh directamente por el cuello. Se encontraba disfrutando del momento. Robert experimentaba un placer sádico al pisotear a las entidades débiles, carentes de un valor real, tratándolas como simples objetos de entretenimiento. —¿Deseas conocer un pormenor aún más irónico, elfo inservible? —expresó articulando una sonrisa demente—. Ni siquiera poseíste la capacidad de… —¡Guarda silencio! —bramó Saleh emitiendo una furia ciega—. ¿Qué conocimiento pretendes ostentar tú, maldito demonio? ¡Careces de toda noción sobre los padecimientos que un ser puede atravesar a lo largo de su existencia! ¡No eres más que una abominación desprovista de corazón! Un silencio absoluto colapsó la escena de golpe. Robert permaneció inmóvil. Fijando la mirada en él. Como si le resultara francamente inverosímil que un "simple elfo" albergara la audacia de dirigirle la palabra en semejantes términos. Posteriormente… Una gesticulación demente y grotesca fue dibujándose de forma pausada sobre su rostro. —Resultas un sujeto ciertamente interesante —articuló imbuyendo sus palabras de una calma sumamente peligrosa—. Si consideras albergar la facultad de infligir daño mediante el uso del lenguaje… permíteme refrescarte la memoria con un sutil recordatorio. Incrementó la fuerza del agarre sobre su garganta. —¿Qué impacto generaría en tu psique el hecho de haber anhelado con todas tus fuerzas proteger a tus seres queridos… para terminar demostrando una incapacidad absoluta al resguardar a tus propios camaradas? Su tono de voz se volvió profundamente venenoso. —¿Qué clase de tormento experimentaste al atestiguar su exterminio… justamente frente a la figura de la ejecutora que se halla posicionada a tu costado? Saleh rotó levemente el rostro. Y fijó la vista en Angélica. Ella permanecía sobre sus rodillas. Completamente paralizada. —Ella es la responsable directa —prosiguió Robert—. Tú mismo fuiste testigo presencial de la muerte de tus compañeros de armas. Sonrió con una crueldad despiadada. —¿Y a qué responde mi conocimiento detallado sobre los hechos? Porque poseo la facultad de contemplarlo absolutamente todo. Se inclinó ligeramente hacia su oído. —Puedo percibir el aroma de tu sufrimiento… el pavor… la sed de venganza… la rabia… la frustración impotente. Una risa siniestra brotó de su garganta. —Qué espectáculo tan deplorablemente patético —escupió—. ¿Elfos y humanos conviviendo en armoniosa concordia? Menuda farsa… ¿no te parece? La fuerza de la gravedad se intensificó. —Resultan vergonzosos. Observen sus propias figuras, autoengañándose con la premisa de que mediante esta paz ficticia alcanzarán la plenitud. Negó con la cabeza manifestando desencanto. —Qué criaturas tan ingenuas… la paz no constituye una realidad existente. Su mirada se tornó fría como el hielo. —Y jamás llegará a consolidarse. —¡Clava el pico de una buena vez, demonio bastardo! —resonó una voz debilitada desde el fondo del recinto. Se trataba de Alefa. Yacía extendida sobre la piedra, imposibilitada de ejecutar movimientos bruscos. La densidad gravitacional la aplastaba contra el suelo, volviendo la respiración un proceso agónico; aun así, logró articular la exigencia. —¡Manda a liberar a mi padre de inmediato! Robert giró la cabeza de manera pausada hacia su posición. —Oh… vaya —expresó imitando un tono burlón—. ¿Acaso la pequeña criatura se encuentra suplicando a un demonio por la integridad de su amado progenitor? Sonrió con abierto desprecio. —No incurras en la estupidez, niña insolente. Únicamente me encuentro exhibiéndoles la naturaleza cruda de la existencia terrenal. Avanzó una zancada en su dirección. —Aspectos que tu entendimiento… jamás logrará procesar. El silencio retornó al ambiente. Drásticamente más denso. Drásticamente más sombrío. Como el preludio inminente de un acontecimiento de proporciones nefastas. Josué se erigió de golpe sobre sus pies. La piedra del suelo crujió ruidosamente bajo la presión de sus botas. Canalizó sus disciplinas de esgrima sin el menor atisbo de duda y, antes de que Robert tuviera margen para anticipar el movimiento, la masa energética de la estocada lo impactó de lleno, forzándolo a replegarse múltiples pasos. Saleh colapsó sobre la piedra, liberado del agarre. —Magnífico… verdaderamente magnífico —expresó Robert aplaudiendo con una gesticulación cargada de sorna—. Santo de la Espada, hay que reconocer la efectividad de la técnica implementada para conseguir hacerme retroceder. Ajustó su postura, sacudiendo las partículas de polvo de sus prendas como si el embate careciera de trascendencia. —Sin embargo, respóndeme a una interrogante —continuó—, ¿no consideras que la edad avanzada empieza a pasar factura a tu soltura de movimientos? Lo examinó con minuciosa atención. Fruncí ligeramente el ceño. —Durante un efímero instante fui incapaz de registrar tu presencia… es como si hubieses logrado suprimir por completo tu firma energética. Sonrió de lado. —En cualquier caso… al final del día, ustedes son incapaces de asimilar la realidad objetiva. El clima de la estancia se tensó al límite. En ese preciso segundo, Angélica se puso de pie. Lo ejecutó con visible dificultad, reteniendo una furia volcánica en su interior, con la respiración entrecortada. Su voz emergió fatigada… pero imbuida de una firmeza inquebrantable. —Tus palabras guardan veracidad —declaró—. Yo fui la ejecutora de los compañeros de Saleh. El silencio en el salón se volvió absoluto. —Y pese a ese peso, continúo avanzando —prosiguió—. Sin importar las consecuencias que recaigan sobre mi persona. En el supuesto de que él decida arrebatarme la vida o consumar su venganza… se halla en su pleno derecho de ejecutarlo. Apretó la empuñadura de su espada con fuerza extrema. —Pero lo que me rehúso categóricamente a permitir… —su mirada se volvió tan afilada como una cuchilla— es que una abominación de tu calaña pretenda presentarse en este sitio a manipular la voluntad de las personas instrumentalizando el odio y el sufrimiento. La presión gravitacional comenzó a oscilar de forma inestable. Angélica elevó su espada hacia la vertical. El aire circundante se congeló instantáneamente. —Técnica de la Espada de Hielo… Un destello de energía de matiz azul deslumbrante recorrió la extensión de la hoja. —Rayo Glasear Estelar. La barrera de gravedad se fragmentó en mil pedazos invisibles. Un destello helado estalló con fuerza en la totalidad del salón del trono, iluminando los rostros tensos de los presentes, el pavor, la rabia desbordada… y la colisión inevitable de voluntades en el campo de batalla. La auténtica contienda acababa de dar inicio. Continuará.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 133

Estás leyendo el capítulo 133 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.