Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 127 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 127: Infiltración Imperial, la Mirada del Dragón y el Choque Implacable
Punto de vista: Angélica / Saleh
Habíamos estado conversando con Mío hace apenas unos instantes. Había algo en su presencia… una inquietud sutil que no terminaba de convencerme. Sabía perfectamente que ella era la mejor amiga de él, la persona más cercana a su corazón. Y precisamente por esa razón, la situación se volvía infinitamente más compleja.
Sin embargo, no había el menor margen para las dudas o la vacilación.
Saleh y yo teníamos perfectamente claro cuál era nuestro siguiente destino.
El imponente salón del trono nos recibió con un silencio solemne y abrumador. Las vastas columnas de piedra proyectaban sombras alargadas sobre el mármol pulido. El rey Haruto Yoshida se levantó de su asiento en cuanto nos vio cruzar el umbral, ofreciéndonos una bienvenida digna de su alta investidura.
—Sean bienvenidos —expresó el monarca con voz serena—. Es un alivio volver a verlos.
Pero fue entonces cuando la vi a él.
Josué Tanaka.
No me esperaba en absoluto encontrarlo en este lugar.
Su sola presencia alteraba la presión del recinto. Tenía una expresión indescifrable… algo en las facciones de su rostro me provocó un profundo malestar.
—Ha transcurrido bastante tiempo, Angélica —habló Josué, rompiendo el aire tenso—. Dime… ¿cómo se ha portado mi hijo bajo tu tutela y cuidado?
Sentí el peso aplastante de su interrogante sobre mis hombros.
—¿Acaso todo ha marchado bien? —continuó él, manteniendo la vista fija en mí—. ¿Lo has sometido a un entrenamiento lo suficientemente riguroso?
Antes de que pudiera articular alguna respuesta, Saleh dio un paso al frente, interponiéndose con absoluta elegancia.
—Usted debe ser el afamado Josué Tanaka —dijo con un tono de voz profundamente respetuoso—. Es un auténtico honor tener la oportunidad de conocerlo. Ante todo, el respeto que merece su estatus.
Acto seguido, Saleh giró ligeramente el cuerpo hacia el trono real.
—Y usted debe ser el máximo representante de esta nación, su majestad.
El rey Haruto inclinó la cabeza con parsimonia.
—En efecto, así es.
Sin dudarlo, Saleh hincó una rodilla en el suelo en señal de reverencia.
—Oh, por favor —intervino Haruto dejando escapar una leve risotada—. No tienes ninguna necesidad de protocolizar de esa manera. Resulta totalmente innecesario… y bastante vergonzoso para mí.
Saleh se puso de pie con parsimonia, recuperando su erguida postura.
—Dime entonces —prosiguió el rey, volviendo a la seriedad—, ¿qué asunto de gravedad te trae por aquí?
—He venido con el propósito de entregarle informes detallados sobre la situación actual de los reinos vecinos —respondió Saleh sin vacilar—. Y también… con la firme intención de hablar sobre Carlos.
La atmósfera del salón sufrió una transformación radical en cuestión de un segundo.
Josué giró el cuerpo lentamente en dirección a Saleh.
—Antes de que continúes con tu discurso —intervino el Santo de la Espada, avanzando un paso firme que hizo eco en el mármol—. ¿Qué clase de relación tiene mi hijo con todo este asunto?
Su mirada, dura como el acero, se clava directamente en Saleh.
Un aura colosal y destructiva comenzó a emanar de su figura.
Sin embargo, Saleh no retrocedió ni un solo milímetro.
Liberó su propia presión mágica, provocando que el aire a su alrededor comenzara a distorsionarse violentamente.
Ambos se sostuvieron la mirada fijamente, frente a frente, ojos contra ojos. Dos presencias de un poder tan desmedido que podían reducir a cenizas el castillo entero si así lo desearan.
—Nada en particular que deba alarmarlo, Santo de la Espada —declaró Saleh con una frialdad glacial—. Simplemente deseaba que su hijo pasara a formar parte activa de nosotros.
—¿Parte de ustedes…? —cuestionó Josué, entornando los ojos—. ¿A qué te refieres con esas palabras?
—Existe una razón fundamental —explicó Saleh sin pestañear—. Carlos ha despertado plenamente mi interés. Mi deseo es que se convierta en el protector definitivo de mi ciudad.
El silencio cayó sobre el salón del trono con el peso implacable de una sentencia.
—Por si llegase el día en que yo deba caer… —añadió Saleh con voz grave— a manos de mi enemigo mortal.
Tanto el rey Haruto como yo nos quedamos completamente helados, sin emitir la menor palabra.
Sentí un nudo apretado formándose en la garganta.
—Angélica… —articuló el rey, girando el rostro hacia mí—. ¿Tú estabas al tanto de esta locura?
Dejé escapar un pesado suspiro de frustración.
—Sí —admití con profunda preocupación—. Ya tenía conocimiento de lo que este hombre planeaba llevar a cabo.
Apreté los dientes con rabia contenida.
—Pero jamás me imaginé que tendría la osadía de plantearlo en este preciso momento.
Me giré abruptamente hacia Saleh, dedicándole una mirada cortante y helada.
—Más tarde tú y yo vamos a sostener una conversación muy seria —dije entornando los ojos—. Y créeme… no va a ser para nada de tu agrado.
Aquel imbécil acababa de mover una pieza crucial en el tablero que no debía haber tocado jamás.
Y la partida… ya no tenía marcha atrás.
—Sea como sea que hayan ocurrido las cosas, su majestad —reanudó Saleh, ignorando mi advertencia—, es mi deber dar continuidad al plan trazado. Tras realizar una rigurosa evaluación de los diversos reinos, hemos concluido que Carlos debe ser la persona que se alce como el nuevo salvador.
El silencio que siguió a sus palabras se volvió sumamente denso.
—Reconozco que esto resulta repentino —añadió Saleh—, pero me veía en la obligación ineludible de manifestarlo. Y además—
La frase quedó truncada a la mitad.
Una presencia extraña y sobrecogedora cruzó de pronto los límites del salón del trono.
Ni Angélica ni yo fuimos capaces de percibir su aproximación hasta que estuvo dentro del recinto.
—Ha transcurrido bastante tiempo desde la última vez que cruzamos miradas, ¿no es así, suegro? —resonó una voz sumamente familiar.
Sintió que mi corazón se detuvo por un instante.
Carlos avanzaba a paso firme por la alfombra del salón con una compostura y serenidad absolutas, caminando como si la estructura entera le perteneciera por derecho.
—Oh… resulta que estabas aquí, padre —añadió al percatarse de la presencia de Josué—. No esperaba la verdad encontrarte reunido en este lugar.
Una sonrisa tranquila y confiada se dibujó en sus labios.
El aire del salón cambió de forma drástica.
—Me alegra enormemente ver que estás aquí —respondió Josué, escudriñándolo de arriba abajo con profunda atención—. Has crecido de forma notable… incluso me resulta imposible no notar la inmensa transformación en tu ser. ¿A qué clase de entrenamiento te has sometido?
—Simplemente me he dedicado a entrenar sin descanso —contestó Carlos con naturalidad—. Y además… no he venido solo hasta aquí, padre. Traigo conmigo a unos cuantos invitados.
Giro levemente el rostro hacia la entrada del salón.
—Adelante, chicos —dijo alzando la voz—. No se queden atrás haciéndome esperar. Tengan un poco de consideración conmigo, ¿quieren?
—Sabes perfectamente que eres un exagerado —respondió Melissa con un tono burlón mientras cruzaba la puerta—. Además, debes recordar que esta es la primera vez que pongo un pie en este reino.
—Caramba… —murmuró Rai con los ojos abiertos de par en par—. Todo en este sitio es ridículamente enorme.
Sus ojos relucían con pura fascinación infantil.
Por último, Alefa atravesó el umbral.
No pronunció una sola palabra. Se limitó a observar detenidamente el entorno.
Sus ojos se posaron primero en Saleh… y posteriormente se fijaron en la figura de Josué.
El mismísimo Santo de la Espada.
Padre e hija se cruzaron las miradas en un silencio cargado de electricidad.
El pasado, el presente… y una amenaza infinitamente más peligrosa se entrelazaron en ese efímero segundo.
Apreté los puños con fuerza a los costados.
Carlos había hecho su entrada triunfal.
El silencio absoluto se adueñó del salón tras nuestra llegada.
Nadie se atrevía a formular una palabra. Nadie respiraba con normalidad.
Casi parecía como si mi sola presencia hubiera paralizado el flujo del tiempo.
Sin embargo, antes de abordar cualquier otro asunto… me tomó por sorpresa encontrar a mi padre reunido en este lugar al lado de Haruto. En mi mente asumía que estaría acompañando a mi madre, considerando que mañana se llevará a cabo la reunión de representantes en las instalaciones de la academia, donde presuntamente anunciarán los detalles referentes a los exámenes finales.
Además… dentro de escasos dos días me reencontraré cara a cara con Mael.
Una leve sonrisa se dibujó en mi pensamiento. Albergaba la esperanza de que nuestra reunión fuera… bastante interesante.
—Ejem.
La voz de Saleh rompió el sofocante estancamiento del ambiente.
—Como venía exponiendo —prosiguió—, he logrado recopilar información crucial referente al reino imperial. Y los datos que estoy a punto de revelarles… no van a ser del agrado de ninguno de los presentes.
Angélica y él intercambiaron una mirada rápida repleta de complicidad.
—Logramos infiltrarnos con éxito en el corazón de su territorio —continuó Saleh con tono sombrío—. Y lo que presenciamos en sus instalaciones fue profundamente inquietante. Están orquestando un despliegue de proporciones masivas. Algo capaz de aniquilar la totalidad de las naciones independientes.
Por un efímero momento llegué a contemplar que la amenaza haría referencia a mi persona o a la figura de Angélica.
Pero la realidad era otra.
—La situación es considerablemente peor.
El aire dentro de la sala se volvió aún más pesado y sofocante.
—Se encuentran realizando experimentos inhumanos con sujetos vivos —declaró—. Emplean una sustancia desconocida cuya composición jamás habíamos registrado.
Tanto Haruto como Josué guardaron un riguroso silencio, sumiéndose en cavilaciones profundas, como si las piezas dispersas de un gran rompecabezas comenzaran a encajar de golpe.
—Pero los hallazgos no se limitan a eso —añadió Saleh, endureciendo la voz—. Parro de sus esfuerzos están enfocados en conseguir la resurrección de una entidad… de un ser no-muerto.
Un estremecimiento helado recorrió la espina dorsal de los presentes.
—El objetivo primario de sus fuerzas está perfectamente trazado —concluyó Saleh—. Su blanco directo es el Reino Platinos del Amanecer.
Algo en el fondo de mi ser reaccionó ante la revelación.
Me llevé la mano a la barbilla, esbozando una sonrisa sumamente calmada.
—Vaya… qué interesante.
Cerré los párpados durante un instante.
Visión del Dragón.
El plano terrenal se distorsionó por completo ante mi percepción. Flujos de energía, acumulaciones de mana y delgados hilos invisibles se revelaron ante mí, recorriendo la estructura del castillo.
Y fue entonces cuando la detecté.
…¿Pero qué demonios…?
Esa firma mágica… Esa espada.
La Espada Mata-Dioses.
¿Cómo es posible que Mío tenga semejante reliquia en su poder…?
Pero eso no era lo más alarmante.
Percibí algo más. Algo aberrante.
Una presencia.
Oscura. Asquerosa y retorcida. Acechándonos desde las sombras de la fortaleza.
Abrí los ojos de golpe, retornando al plano real.
—Angélica, Saleh —dije con voz serena pero tajante—. Voy a salir un momento al exterior.
Ambos giraron el rostro para mirarme con atención.
—Tengo la certeza de que hay un infiltrado oculto dentro del castillo.
La tensión en el salón aumentó exponencialmente.
—Confío en ustedes dos —añadí con determinación—. Hagan el favor de disimular la situación.
Giré sobre mis talones hacia mis acompañantes.
—Melissa vendrá conmigo. Cuiden bien de Alefa y de Rai durante nuestra ausencia.
—De acuerdo —respondió Angélica manteniendo la serenidad—. Dejo la resolución del asunto en tus manos entonces.
Posteriormente dirigió la vista hacia Saleh.
—¿Y tú qué harás?
—Mantén la calma —aseguró él—. Yo me encargaré de la seguridad de este sector.
—Perfecto —concluyó Angélica—. Nosotros continuaremos la conversación con el rey.
Di media vuelta y emprendí la marcha.
El castillo guardaba un silencio sepulcral… pero ahora la verdad había sido descubierta.
El enemigo ya caminaba entre nosotros.
Y esta vez… no tenía la menor intención de seguir ocultándose.
—Melissa, acompáñame afuera un segundo —le hablé en voz baja pero con tono categórico—. Hay un asunto urgente que debemos resolver… y es de máxima prioridad.
—¿De qué se trata exactamente, Carlos? —preguntó ella, clavando sus ojos en los míos.
—Hay un infiltrado dentro de las instalaciones de este castillo —revelé—. Y según la intensidad de la presencia que percibí… es alguien drásticamente fuerte.
Melissa frunció el ceño con ligera duda.
—Eh… ¿no se supone que podrías encargarte tú solo de ese problema?
—No se trata de eso —respondí con evidente disgusto en el rostro—. Simplemente prefiero no comprobar si la sospecha que tengo en mente es acertada.
Ella asintió sin dudarlo más.
—Entendido. Vamos entonces.
No había tiempo que perder en caminatas.
Echamos a correr a gran velocidad por los intrincados pasillos de piedra. Volví a desplegar la Visión del Dragón y el plano físico se volvió translúcido: líneas de poder, huellas de energía latente y rastros invisibles de mana se dibujaron en mi campo de visión.
Lo encontré.
—Se desplaza directamente hacia la posición donde están Mío y las demás… —murmuré apretando los dientes—. Tenemos que darnos prisa.
Por otro lado…
Mío y sus compañeras continuaban aguardando la llegada de David en el aposento.
La atmósfera del lugar comenzó a enrarecerse de forma gradual.
Masha se detuvo en seco, interrumpiendo lo que estaba haciendo.
—…Siento algo —manifestó con las cejas pobladas de tensión—. Una presencia sumamente desagradable.
—Me parece que ya no es momento de seguir esperando a David —agregó Mío con la voz alterada—. Alguien se está aproximando a este lugar.
¡BOOM!
La puerta de entrada saltó hecha pedazos en una explosión violenta.
Maderos y astillas salieron disparados por todas direcciones.
Masha y Mío reaccionaron instintivamente, dando un salto hacia atrás para ganar distancia.
—¿Pero qué clase de monstruo es ese…? —alcanzó a susurrar una de ellas con el aliento cortado.
Entre la densa cortina de humo y polvo emergieron las facciones de una figura.
Alto. De aspecto sombrío. Envuelto en un aura retorcida y viscosa.
—Vaya, no estaba enterado de que hubiera gente ocupando esta estancia —habló el sujeto luciendo una sonrisa sumamente peligrosa—. No hay necesidad de que muestren semejante cara de sorpresa.
Dio un paso al frente, haciendo crujir los escombros bajo sus botas.
—Permítanme presentarme adecuadamente. Mi nombre es… Ling. Y he venido con la misión explícita de ejecutarlas a todas.
—¿Ejecutarnos? —se mofó Masha con arrogancia, desenfundando su espada—. No me hagas reír, infeliz. Alguien de tu calaña jamás podría—
—¡Masha, sal de ahí inmediatamente! —gritó Mío desesperada—. ¡Ese sujeto no es un guerrero común!
Masha no atendió a la advertencia.
Ling se desplazó y apareció justo frente a ella en un pestañeo impredecible.
¡CLANG!
El impacto del ataque fue brutal.
Por puro instinto de supervivencia, Masha logró interponer la hoja de su espada para frenar la embestida.
Cada choque secundario entre ambas fuerzas resonó dentro de la estancia como la detonación de un trueno.
—Tch… —sonrió Ling con diversión—. Vaya, resulta interesante.
Sentí la colisión de esas energías incluso a una distancia considerable.
—Ahí estás… —murmuré apretando el paso.
Arribé al lugar en un parpadeo, desintegrando la distancia.
Giré el torso en el aire y descargué un golpe directo con la totalidad de mi fuerza física.
¡BOOM!
Ling salió despedido violentamente hacia atrás, destrozando múltiples muros a su paso hasta ser catapultado a cientos de metros fuera de la estructura del castillo.
El tremendo impacto provocó un temblor que sacudió los cimientos del suelo.
Me posicioné de inmediato frente al grupo, protegiéndolas con mi cuerpo.
—¿Se encuentran todas bien?
Mío me contempló con los ojos abiertos de par en par, temblando visiblemente por la adrenalina.
—Carlos…
Dirigí la vista hacia la enorme brecha en la pared que daba al exterior.
El denso polvo del derrumbe aún no terminaba de asentarse.
Y desde la lejanía… una risa siniestra y distorsionada comenzó a resonar.
—Jajaja… —se escuchó la voz de Ling a lo lejos—. Conque tú eres el famoso Carlos…
Apreté los puños, sintiendo cómo el flujo de mi poder se encendía.
—Apártate de ellas —ordené con una frialdad absoluta—. Porque a partir de este instante… te estás enfrentando conmigo.
El aire a nuestro alrededor se volvió infinitamente pesado.
La verdadera batalla acababa de dar inicio.
Continuará.

Continúa leyendo
The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 128
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 127
Estás leyendo el capítulo 127 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.