Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 128 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 128: El Despertar de la Noche y la Sombra del Abismo
Punto de vista: Carlos Tanaka Sánchez
—Qué absoluta agonía… —murmuró Ling mientras comenzaba a incorporarse lentamente entre la densa polvareda—. Jamás crucé por mi mente que un simple sujeto como tú fuera capaz de asestarme un impacto de semejante calibre.
Alzó la mirada de forma pausada, exhibiendo una sonrisa cargada de desprecio puro.
—Pero respóndeme con total sinceridad, Carlos… ¿de verdad albergas la ridícula ilusión de que puedes hacerme algún tipo de daño real?
Ling se mostraba plenamente confiado. Aquel golpe monumental no le había provocado ni el más mínimo rasguño sobre la piel. Su aura continuaba intacta: oscura, densa y aterradoramente aplastante.
Sin embargo, lo que su arrogancia no le permitió advertir…
…fue la sombra implacable que se proyectaba velozmente tras su espalda.
—Ahora —susurró Melissa con voz helada.
La colosal guadaña descendió rasgando el aire a una velocidad vertiginosa.
¡CRAAASH!
El choque de la hoja fue lisa y llanamente brutal. Ling salió despedido como una exhalación, reventando la superficie del terreno y desencadenando una detonación gigantesca que hizo convulsionar los cimientos del castillo y sus alrededores. Columnas de fuego y densas nubes de tierra se elevaron hacia el firmamento como si de una tormenta cataclísmica se tratara.
Melissa mantenía una respiración agitada, sujetando la empuñadura de su arma con puño de hierro.
—…No —musitó apretando los dientes—. Ese impacto no ha sido suficiente para erradicarlo.
La atmósfera circundante sufrió una extraña distorsión.
Un pestañeo imperceptible.
—Respuesta correcta —articuló una voz.
Ling emergió de la nada justo a espaldas de la muchacha.
—Tu ofensiva ha resultado sencillamente magnífica —expresó manifestando una mueca burlona y siniestra—. Sin embargo, se queda demasiado corta.
Melissa apenas dispuesto del tiempo mínimo para reaccionar ante la amenaza.
¡CLANG!
Interpuso el astil de su guadaña para frenar la embestida, pero la magnitud del golpe resultó francamente aterradora. La onda expansiva resultante la arrastró violentamente varios metros hacia atrás, haciendo trizas el firme de piedra bajo sus plantas.
—¡Gh…!
Cada embestida ejecutada por Ling poseía la contundencia de un mazo divino. Carecía por completo de elegancia o refinamiento técnico; era únicamente fuerza bruta desmedida y maldad concentrada en su estado más puro.
Permanecí observando la escena.
Analizando meticulosamente.
Mi mente trabajaba a marchas forzadas mientras atestiguaba cómo Melissa plantaba cara a una entidad que desafiaba toda lógica de este mundo.
—Conque eso es lo que eres en realidad… —susurré para mis adentros.
Un estremecimiento glaciar me recorrió la espina dorsal.
—Un abismal.
No me cupo la menor duda. Si mis cálculos teóricos no erraban el tiro… esas abominaciones habían permanecido ocultas en las sombras de la historia durante milenios.
—Así que has tomado la decisión de manifestarte justamente ante mí… —una sonrisa genuinamente perversa se dibujó en la comisura de tus labios—. Qué inmenso alivio.
Mis pupilas destellaron impregnadas de una furia iracunda.
—Porque ahora sí me es permitido matarte.
Ling arremetía sin otorgar un solo segundo de tregua.
Melissa ejecutaba saltos gimnásticos, esquivaba los embates y giraba en el aire con fluidez. Sus desplazamientos resultaban deslumbrantes, sumamente rápidos, elegantes… y desesperados.
Ráfagas de energía destructiva se sucedían una tras otra.
A pesar de ello, Ling retenía con firmeza la iniciativa del combate.
—¡Vamos! —exclamó con sorna—. ¡Exhíbeme un poco más de tu potencial!
Cada colisión entre sus fuerzas hacía temblar la estructura misma del entorno. El agudo chocar del metal, el emanar de la energía oscura y el sonido del aire siendo rebanado creaban una sinfonía caótica.
Melissa comenzaba a acusar el desgaste y cometer ligeros fallos.
Maldita sea…, pensó mientras apenas conseguía desviar otro violento directo.
Apreté los puños con rabia.
—Esto ha sido más que suficiente.
El cuadrilátero improvisado se impregnó de una tensión aplastante. El silencio subsiguiente duró apenas un efímero segundo.
Y ese preciso segundo… no fue sino el preludio de un acontecimiento drásticamente peor.
—A partir de este instante… —declaré avanzando con paso firme— es mi turno.
Echando mano de la magia de teletransportación, me aparesco instantáneamente tras su espalda.
Era consciente de que una maniobra de esa índole no bastaría para neutralizarlo.
Ling reaccionó al milisegundo, girando el torso sin la menor vacilación. Su mirada se cruzó de lleno contra la mía.
En ese efímero instante… la sed de sangre que yacía aletargada en mi interior estuvo a un milímetro de desbordarse por completo.
No emití una sola palabra.
—Corte dimensional.
La estructura del espacio mismo se rasgó con un chasquido seco.
¡SHHHRAAAM!
Ling salió lanzado violentamente hacia el horizonte, proyectado a varios kilómetros de distancia como si la realidad misma lo expulsara con asco. No le concedí el menor margen de maniobra.
Masha descifró mis intenciones y adoptó mi ritmo de inmediato.
Ambos desaparecimos de la vista.
Reaparecimos en el aire.
Volvimos a desvanecernos en un parpadeo.
Nuestras hojas ejecutaban una danza letal; los ataques coordinados se entrelazaban con precisión quirúrgica: cortes aéreos, ráfagas ígneas y trazos de energía rasgaban la bóveda celeste.
Sabía perfectamente que esta contienda representaba una prueba crucial.
Sin dudarlo, Masha tomó la vanguardia colocándose un paso por delante de mí.
Ling desencadenó una precipitación de ataques continuos. Ella los esquivaba con agilidad, retrocedía lo justo y bloqueaba el resto con maestría.
Cada maniobra exigía un tributo inmenso de su reserva mágica.
Cada impacto resonaba haciendo temblar la masa de aire.
Fue entonces cuando, en pleno fragor de la batalla, Masha giró levemente el rostro y me dedicó una sonrisa.
—¿Sabes una cosa, Carlos? —mencionó sin retirar la vista de la amenaza—. Todo esto me trae una cantidad enorme de recuerdos.
Paró un zarpazo con el canto de su espada antes de proseguir:
—¿Conservas en la memoria nuestro estilo combinado de combate? ¿Qué opinión te merece si lo traemos de vuelta a la vida?
Guardé silencio absoluto durante un momento.
La contemplé con atención.
Efectivamente, había cambiado.
Ya no se trataba de la misma joven de antaño.
Desde el primer instante lo percibí… se había vuelto enormemente fuerte.
Desplegué mi visión interna y fui capaz de apreciar el titánico esfuerzo que estaba realizando: la tensión extrema en su flujo de aura, el desgaste físico acumulado. Sin embargo, también vislumbré algo infinitamente más poderoso.
Una determinación inquebrantable.
—Me parece bien… —respondí finalmente—. Si ese es tu deseo, así lo haremos.
Masha asintió con la cabeza.
Me brindó la señal pactada.
Ambos liberamos la totalidad de nuestros caudales espirituales.
Nos lanzamos a la carga.
La velocidad del desplazamiento distorsionó por completo la percepción de nuestro alrededor.
Invocando hasta el último gramo de su ser, Masha dio forma a una técnica inédita.
—Veloz de fuego ardiente.
Erupciones de llamas brotaron de los poros de su cuerpo; partículas ígneas de gran intensidad comenzaron a orbitar sobre su figura cual tormenta viviente. La temperatura ambiental escaló a niveles sofocantes.
Por mi parte, activé mi propia manifestación.
—Dios del rayo.
Descargas eléctricas de alto voltaje recorrieron cada centímetro de mi piel, el terreno se resquebrajó bajo el impacto de mis pasos y la presión del aire vibró con violencia.
Estábamos listos para el impacto.
Ling nos observó aproximarnos.
La expresión de su rostro sufrió un giro drástico.
Por primera ocasión desde el inicio del choque… su semblante carecía de burla.
Denotaba una absoluta incredulidad.
Y tras de ella, algo drásticamente más oscuro.
—…De modo que este resulta ser su auténtico poderío —susurró esbozando una sonrisa amarga.
El silencio perduró el lapso de un latido cardíaco.
Posteriormente—
—¡Ahora!
Masha y yo nos abalanzamos de lleno contra su posición.
Cada estocada, cada choque de fuerzas, cada gota de sudor derramada… daba la impresión de que el mundo entero estaba siendo testigo de un evento vetado para los mortales.
La ferocidad de nuestros ataques combinados lo forzaba a replegarse de forma constante. Ling se desplazaba intentando mantener una mueca retorcida para aparentar confianza, pero la seguridad de la que gozaba al principio se había evaporado.
—¿Acaso esto representa todo lo que tienen para ofrecer? —provocó con burla—. Tenía la expectativa de que resultarían sujetos más entretenidos.
Sin vacilar un segundo, arremetió con ferocidad.
Y tal como lo había previsto… poseía la capacidad suficiente para seguir la velocidad de nuestros movimientos.
Aquel factor lo convertía en una amenaza drásticamente más peligrosa.
En ese instante preciso—
El ambiente experimentó una alteración drástica.
Percibí la aproximación de dos firmas mágicas sumamente conocidas.
Mío irrumpió en la escena situándose al costado de Melissa, desatando ambas la totalidad de sus energías. Una llamarada colosal combinada con un torrente de luz sagrada se canalizaron en un ataque conjunto directo hacia nuestra posición.
No dejé que el pánico tomara el control de mis acciones.
Al contrario.
Esbocé una leve sonrisa.
Dirigí la mirada hacia Masha.
Ella captó la estrategia implícita sin necesidad de articular una sola palabra.
Ambos arremetimos contra Ling con renovada violencia, empujándolo y obligándolo a retroceder exactamente hacia la trayectoria trazada por la masa mágica entrante.
Sin embargo, en el último suspiro—
Ling estiró la extremidad y me sujetó firmemente por el cuello.
Aún desconozco la técnica exacta que empleó para conseguirlo.
Pese a ello, no opuse resistencia.
Porque incluso esa contingencia… formaba parte del plan trazado.
—Vaya, vaya… —articuló con un hilo de voz baja y rasposa—. Debo concederte el mérito, eres un sujeto sumamente astuto.
Clavó su mirada directamente en el fondo de mis ojos.
—Carlos Sánchez… eres exactamente de la misma calaña que mencionó Gabriel…
La sonrisa se desvaneció de mi rostro al instante.
Mi expresión se tornó rígida, glacial. Absolutamente perturbada.
Aquel nombre…
Ese maldito y aborrecible nombre.
Mi estructura corporal comenzó a convulsionar levemente.
No por miedo.
Sino por un odio visceral e incalculable.
—No te atrevas… a pronunciarlo de nuevo —musité en un tono de voz que helaba la sangre.
En ese preciso milisegundo, la colosal masa de fuego y luz convergieron de pleno contra nosotros.
Alcé la empuñadura de mi arma.
—Magia de arma: Cadenas del Juicio.
Eslabones de metal místico brotaron del filo de la hoja, aprisionándonos a ambos en un abrazo letal.
La energía lumínica y las llamas colisionaron de lleno.
¡¡BOOOOM!!
Una onda expansiva de proporciones masivas se desencadenó en el lugar, devorándolo todo a su paso. Una densa humareda nos envolvió por completo.
—¡CARLOS! —¡CARLOS!
A la distancia logré percibir los gritos desgarradores de Mío, Sasha y Melissa.
Sin embargo, mi mente solo registraba una única certeza:
El movimiento había sido un éxito.
Cuando la cortina de humo comenzó a dispersarse paulatinamente, fui capaz de apreciar el rastro de sangre.
Ling se encontraba severamente dañado. Presentaba laceraciones profundas, quemaduras de consideración y grietas visibles a lo largo de su anatomía.
Sin embargo…
Yo tampoco había salido indemne del choque.
Un hilo de sangre corría a lo largo de mi brazo y una sensación ardiente me devoraba el costado. Inhalé aire profundamente.
Nada de eso tenía la menor importancia.
Había logrado resistir el embate.
Aunque pudiera sonar como una mentalidad enferma… el dolor físico había dejado de tener significado para mí.
Mi rostro era el vivo reflejo del odio en su estado más puro.
Los recuerdos acudieron a mi mente.
La atrocidad que aquel sujeto había perpetrado.
Por su entera responsabilidad, un reino entero fue reducido a ruinas.
Todo se consumó en el lapso trágico de un solo minuto.
Una calamidad absurda. Un fallo de magnitudes imperdonables.
Pero en esta oportunidad yo me encontraba presente.
Alterando el curso de los acontecimientos.
No va a resultar tal como tú, Gabriel… ni como Lucifer tienen presupuestado, pensé con rabia contenida.
Mi meta continuaba siendo una sola.
Amadeus.
Ella representaba la única aliada que me quedaba en aquel territorio hostil.
Y aunque me viera obligado a marchar a través del mismísimo infierno…
Encontraría la vía para rescatarla de ese maldito confinamiento.
Lamentablemente, por haberme sumergido en mis pensamientos… por haber bajado la guardia un solo segundo…
Él supo sacar provecho de la brecha.
Experimenté el impacto antes de poder procesarlo intelectualmente.
Una fuerza colosal, drásticamente superior a todo lo mostrado con anterioridad, me estampó violentamente contra el suelo.
La totalidad del oxígeno fue expulsada de mis pulmones como si me los hubieran arrancado de cuajo. El sonido del impacto retumbó con fuerza en toda la estancia.
Ling comenzó a carcajearse.
No se trataba de una risa humana.
Era una carcajada rota, demente, idéntica a la de un ser sadisico que disfruta desarticulando algo lentamente.
Su mirada… esa proyección de mediocridad y perversión…
Me producía unas náuseas insoportables. Un deseo imperioso de arrancarme los globos oculares con tal de no volver a presenciarla.
—Te revelaré un detalle… —mencionó aproximándose hacia mi posición con parsimonia—. ¿Posees el conocimiento de cuál fue el motivo real por el que me infiltré en esta fortaleza?
Escupí un coágulo de sangre, pero opté por guardar silencio.
—¿O es que acaso lo ignoras por completo? —prosiguió—. ¿O simplemente estás jugando el papel del estúpido?
Se inclinó ligeramente, reduciendo la distancia entre su rostro y el mío.
—Mi incursión responde a un único propósito fundamental: destruir de raíz esa maldita alianza.
Su tono de voz se tornó infinitamente más grave.
—No lograba comprender la raíz del problema… hasta que cierta entidad me reveló que fuiste tú la persona que orquestó semejante aberración.
Soltó una risotada estrepitosa.
—Resulta sencillamente ridículo. Una estupidez. Que un simple mortal tenga la osadía de unificar a las razas sin contar con la autorización previa de mi—
—¿De tu señor? —lo interrumpí de golpe.
Una sonrisa sumamente calmada nació en mis labios.
En ella no había rastro de burla ni de alteración nerviosa.
Únicamente un desprecio absoluto.
—No me hagas reír —articulé con altanería—. ¿Acaso te cruza por la mente que voy a someterte a la voluntad de alguien que ni siquiera posee el valor de dar la cara ante mí?
Alcé la cabeza pausadamente.
—Únicamente porque se encuentra paralizado por el miedo… aterrado de abandonar su escondite.
Mis pupilas se clavaron con violencia en las suyas.
—Qué ingenuo eres en verdad, Ling.
El silencio volvió a desplomarse con una pesadez asfixiante.
—Y te voy a revelar algo más —añadí—. A estas alturas, absolutamente todo me importa un demonio.
Mi voz se volvió desprovista de emoción, glacial y vacía.
—Lo que sea que pretendan ejecutar… sus planes de conquista… sus deidades… sus soberanos…
No poseen el menor valor para mí.
Una emanación de presión oscura comenzó a envolver la totalidad del recinto.
—Porque me voy a encargar de matarlos —susurré—. A cada uno de ustedes.
Sin importar la atrocidad que me vea obligado a cometer.
La expresión de mis ojos se tornó siniestra, profundamente retorcida.
Tan carente de luz que el propio Ling dio un paso hacia atrás de forma involuntaria.
Por primera ocasión desde que dio inicio la batalla…
Experimentó el auténtico terror.
Y aquel cambio se debía a que yo había dejado de ser un simple humano.
Algo en la estructura de mi alma terminó por romperse.
O tal vez terminó por despertar.
El poder nocturno se desató por tercera vez en mi existencia.
Un pilar de luz oscura se proyectó hacia el firmamento, desgarrando las nubes cual herida abierta en el cielo. El aire emitió un rugido ensordecedor. La tierra tembló sobre sus cimientos.
La noche misma parecía retorcerse en agonía.
Mi aura adoptó una fisonomía monstruosa, antinatural e impía.
Una presencia de proporciones tan aplastantes que ningún caballero de esta era… ninguna criatura mágica… ninguna raza conocida…
Sería capaz de sobrevivir a semejante atrocidad.
Y en ese preciso instante, Ling lo comprendió con absoluta claridad.
No se encontraba frente a un simple guerrero humano.
Se hallaba ante una entidad a la que la mismísima noche había reclamado como propia.
Continuará.

Continúa leyendo
The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 129
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 128
Estás leyendo el capítulo 128 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.