Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 123 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
tensión dramática del texto original.
Capítulo 123: Cenizas del Pasado, Nuevas Esperanzas y la Sombra de las Leyendas
Punto de vista: Los 10 Legendarios Héroes / Sara / Queen
Parte I: El refugio de los caídos
Habían transcurrido mil años. Un milenio entero desde que las campanas de la guerra marcaron el destino del mundo.
—¿Mil años… de verdad pueden creerlo? —La voz resonó tenue, casi ahogada por el eco entre las ruinas silenciosas del ancestral santuario.
—Tienes toda la razón, Nicolás —respondió una voz grave a su lado, acompañada por el crujido de la madera seca—. Ha pasado demasiado tiempo desde aquel fatídico día.
El ambiente dentro del refugio era denso, sofocante. La ausencia de los caídos pesaba en el aire más que cualquier herida física que arrastraran sus cuerpos.
—Muchos de los nuestros han caído en el camino… —continuó Nicolás, observando sus manos cicatrizadas—. Es una realidad desgarradora.
Hubo una larga y pesada pausa antes de que el silencio volviera a romperse.
—Pero míralo por el lado positivo… al menos nosotros sobrevivimos.
—¿Sobrevivimos? —replicó el otro con amargura contenida—. ¿Y a qué costo, dime?
El joven de cabello castaño y ojos oscuros, llenos de un brillo tan profundo como peligroso, caminó a paso lento hacia Nicolás. Su expresión era dura, tallada por siglos de batallas y pérdidas irreparable.
—El resto cayó en combate —declaró Alex en tono tajante—. Solo quedamos cuatro con vida en este miserable mundo.
Un silencio sepulcral volvió a envolverlos.
—Lo sé… —suspiró Nicolás, bajando la mirada—. Es lo más difícil de asimilar.
—¿Sabes algo de la situación de esos dos? —preguntó Alex, cruzándose de brazos.
—¿Te refieres al Héroe de la Espada Sangrienta? No tengo la menor idea. No he recibido ni una sola noticia suya desde hace meses.
—¿Y el Héroe de la Naturaleza?
—Se encuentra estable. Me dijo que logrará recuperarse con algo de tiempo… Su intención es seguir buscando a más sobrevivientes de las antiguas filas.
Nadie más articuló palabra durante varios minutos.
Yo me limité a fijar la vista en Alex, apretando los puños con frustración.
—Sigo sin poder asimilar lo que presenciamos en aquel plano… —murmuré, con la voz temblando por la impotencia—. ¿Cómo carajos fue posible que alguien con semejante poder nos aplastara de esa manera?
Apreté los dientes con fuerza, recordando la masacre.
—Nos barrió contra el suelo como si no fuéramos más que insectos. Fue una humillación absoluta. Y lo sabes perfectamente, Nicolás… ese tipo tiene que ser eliminado a como dé lugar.
Una sonrisa amarga y carente de humor se dibujó en mis labios.
—¿Eliminarlo? ¿Y se puede saber cómo pretendes lograr eso? —respondió Nicolás, negando lentamente con la cabeza—. Él los mató a todos. Nuestros camaradas, nuestros hermanos de armas, perecieron bajo sus manos. No fuimos capaces de salvar a nadie.
Volví la mirada hacia el suelo pedregoso.
—Y míranos ahora… gravemente heridos, escondiéndonos como ratas.
—Ojalá alguien viniera a salvarnos de esta pesadilla…
—No me hagas reír —lo interrumpió Alex de golpe, con un tono lleno de mordacidad—. ¿De verdad crees que alguien va a venir a rescatarnos? No seas idiota. Nadie vendrá por nosotros. Entiéndelo de una puta vez.
De pronto… algo en la atmósfera cambió drásticamente.
El aire se volvió sumamente pesado. Una presencia aterradora y peligrosa se extendió por el recinto como una sombra líquida. Todos los instintos de los héroes se activaron al mismo tiempo, poniéndolos en guardia de inmediato.
—¿Quién anda ahí…? —demando Nicolás, alcanzando el empuñadura de su arma—. ¿Qué es lo que quieres de nosotros?
La luz dorada de la luna iluminó con lentitud la figura que emergía de la penumbra.
Era una chica. Tenía una melena de color morado intenso y unos ojos del mismo tono que refulgían con un brillo cautivador y misterioso.
—¿Ustedes son… los 10 Legendarios Héroes de los que hablan las escrituras? —preguntó ella.
—E-eh… sí —respondió Alex, parpadeando descolocado ante la visión—. Lo somos. ¿A qué viene esa pregunta, muchacha?
La joven los examinó minuciosamente de arriba abajo. En sus ojos no había hostilidad, sino una profunda admiración. Sus pupilas se dilatan por la emoción.
—¡Increíble! —exclamó con una sonrisa radiante—. Al fin los he encontrado. Llevo años enteros rastreando su paradero por todos los rincones.
Alex y yo nos quedamos completamente en blanco, intercambiando miradas de desconcierto.
—¿Qué demonios le pasa a esta chica…? —dijimos exactamente al mismo tiempo.
Ella mantenía una sonrisa juguetona, similar a la de una niña que acaba de conocer en persona a las mayores leyendas de la historia humana. Y por primera vez en siglos, sentí que algo totalmente impredecible estaba a punto de desencadenarse.
—Bueno… ejem —dijo la chica, aclarándose la garganta para romper la rigidez del momento—. Lamento mi completa falta de cortesía. Me presento… mi nombre es Sara. Y soy una de las nuevas héroes de esta era.
El silencio volvió a caer como un mazazo.
Ambos quedamos paralizados por el shock.
—¿Eh… qué…? —las palabras se atascaban en mi garganta—. ¿A qué te refieres con que eres una de nosotros…?
—Es una historia bastante larga y complicada —respondió ella con admirable serenidad—. Pero antes de eso, les diré el título por el que me conocen. Me llaman la Esperanza de la Humanidad.
Esbozó una sonrisa cargada de cierta timidez.
—Sé perfectamente que suena bastante exagerado… pero verlos a ustedes con vida me llena de una emoción indescriptible. Sobre todo me entusiasma la idea de poder convivir a su lado.
Alex dio un paso al frente, con el rostro serio y la mirada inquisitiva.
—A ver, a ver… aclárame esto —dijo cruzándose de brazos—. ¿Me estás diciendo seriamente que te convertiste en una de los Legendarios? ¿Cómo demonios ocurrió algo semejante?
Sara apartó la mirada hacia las ruinas, y la luz de sus ojos se tornó melancólica.
—Sucedió cuando un abismal hizo su aparición en el mundo exterior… La batalla fue despiadada. Aunque en realidad… aquel ser solo estaba jugando conmigo como si fuera un juguete.
Apretó los puños con fuerza, arrugando la tela de sus guantes.
—Ese maldito… Astaroth.
El nombre resonó en las ruinas como la invocación de una plaga.
—¿Astaroth…? —murmuró Nicolás, apretando los dientes—. Dime una cosa —preguntó con extrema tensión—. ¿Conseguiste derrotarlo?
Sara levantó la cabeza y una pequeña sonrisa traviesa reapareció en su rostro.
—Por supuesto que lo derroté. Aunque fue una experiencia bastante extraña… se notaba profundamente frustrado.
La pesadez del ambiente se intensificó.
—Antes de retirarse, juró que regresaría con el único propósito de matarme a mí… y a todos mis amigos. Por esa razón tomé la decisión de desaparecer y borrar mi rastro.
Su voz tembló por una fracción de segundo.
—Sabía perfectamente el riesgo que implicaba quedarme… Y por mi propia culpa, terminé lastimando a la única persona en este mundo que jamás quise que sufriera.
Un respetuoso silencio envolvió la conversación.
—Ya veo… —dije finalmente, aflojando la postura—. No te haré más preguntas al respecto. Entiendo a la perfección cómo te sientes.
La miré fijamente con absoluta seriedad.
—Pero dime algo… ¿te encuentras acompañada por más gente?
Sara asintió rápidamente.
—Sí. Hay más sobrevivientes ocultos. Sin embargo, tenemos un enorme problema entre manos.
—¿Cuál es ese problema? —pregunté sin rodeos.
Ella bajó la mirada, caminó hacia nosotros y se acomodó junto a la fogata que habíamos encendido. Las llamas danzantes iluminaron los trazos de cansancio grabados en su rostro.
—Las personas a las que logré salvar… no pertenecen a este mundo. Provienen de dimensiones externas.
El fuego crepitó con fuerza.
—Y la amenaza no se limita únicamente al Dios Nocturno —continuó en tono confidencial—. Existe otro ser… una entidad que se hace llamar el Devorador de Mundos.
Nos miró fijamente a cada uno de nosotros.
—¿Han oído hablar alguna vez de él?
Nadie respondió. El desconocimiento era absoluto.
—Y no se trata de un individuo aislado —añadió en voz muy baja—. Hay más criaturas de su misma escala. Estamos huyendo constantemente.
Apretó los dientes con desesperación contenida.
—Y tengo el horrible presentimiento de que, si logran darnos caza… estaremos completamente jodidos. Todos nosotros.
El fuego continuó ardiendo en silencio, pero una corriente de aire helado ya se había instalado entre los presentes.
Parte II: Secretos de sangre y clanes olvidados
No puede ser verdad… Entonces las advertencias de los gigantes eran ciertas. Ellos vendrán por nosotros y nuestros mundos serán reducidos a cenizas. Maldita sea. Me mordí el labio inferior con tanta fuerza que casi me saco sangre mientras las chispas danzaban en la penumbra.
—¿Qué es lo que te preocupa tanto, Nicolás…?
Nicolás apretó los puños hasta que sus nudillos se pusieron blancos, con el rostro bañado por la luz anaranjada del fuego.
—Tenemos que regresar de inmediato. No podemos darnos el lujo de permitir que esa criatura llegue aquí, sabiendo que apenas podemos contener al Dios Nocturno. No existe un solo ser en este mundo capaz de rivalizar con semejante monstruo…
Por unos momentos, la losa del desaliento pesó sobre todos los presentes.
Hasta que una leve carcajada rompió el encanto.
—Jajajaja…
La voz de Sara sonó extrañamente serena, rozando lo burlón.
—No tienen ninguna razón para estar tan aterrorizados. Ya existe alguien en este tiempo capaz de plantarle cara a esa amenaza.
El ambiente se volvió magnético. El viento nocturno aulló con renovada fuerza, haciendo que la fogata creciera en intensidad como si reaccionara a la revelación. Las sombras se alargaron a nuestro alrededor.
Nicolás y yo nos intercambiamos una mirada. Por primera vez en décadas, una chispa de auténtica esperanza volvió a encenderse en nuestro interior.
—Dime de inmediato cómo se llama esa persona —exigí sin vacilar.
Sara alzó la vista hacia nosotros.
—Bueno… en realidad no es una sola persona, sino dos. Mi amiga Noelle… y Carlos.
El nombre cayó como un hachazo.
—Ellos dos representan la nueva esperanza de esta era. Pero no tienen de qué preocuparse, ya que el chico al que me he referido domina el verdadero poder nocturno…
La atmósfera dio un vuelco drástico.
Nicolás y yo bajamos la vista de inmediato. Alex dio un paso al frente, con las venas del cuello marcadas por la ira.
—¿Me estás hablando en serio… un usuario nocturno? Eso es un absoluto disparate. Ese maldito bastardo masacró a la totalidad de su propio clan. Llegó al extremo de asesinar a los padres de dos niños inocentes justo enfrente de sus ojos… Esa persona de la que hablas con tanta ligereza… ¿no serán acaso Shirou y Shiro?
Sara asintió lentamente, asumiendo la gravedad de sus palabras.
—Exacto. Son ellos.
—¿Cómo se encuentran ellos dos? —preguntó Nicolás con la mirada ensombrecida—. Dímelo, Sara, esta información es de vital importancia.
—Ellos están bien físicamente… pero existe un dolor abisal y vacío en el interior de Shiro. Nunca logré reunir el valor suficiente para acercarme del todo a ella. Siempre se la pasaba sumida en la soledad, rechazando cualquier intento de socialización…
El crujido de las brasas acompañó la pausa.
—¿Acaso ustedes dos conocen la razón detrás de su comportamiento…?
Un silencio sumamente incómodo inundó el lugar.
—Bueno, respecto a ese tema… —intervino Sara, mirando a su compañero—. Vamos, Nicolás, díselo de una vez.
Nicolás cerró los ojos, dejando escapar un largo suspiro.
—No hay absolutamente nada que podamos hacer por esa muchacha. Aquella niña a la que alguna vez le juraste que salvarías a su familia ya no existe; la persona que conocimos desapareció hace mucho tiempo.
Las palabras calaron hondo, sangrando una vieja herida.
—Se consume en su propio tormento. La culpa y la pena la hundieron en un pozo sin fondo… y tú lo sabes perfectamente. Esa chica va a morir. No le queda mucho tiempo de vida.
—¡Eso ya lo sé maldita sea! —grité con rabia y frustración, perdiendo el control.
El eco de mi grito se propagó por la vasta noche.
—¡No tienen idea de cuánto me arrepiento cada día de mi vida por no haber sido capaz de cumplir aquella promesa! Y ahora que perdió a su mejor amiga de aquella época, su corazón se ha quedado completamente vacío… No existe nada ni nadie en este plano capaz de traerla de regreso…
Levanté la vista hacia Sara.
—Dime una cosa… ¿esa amiga no es la persona en la que estoy pensando?
Sara tomó una profunda bocanada de aire.
—Así es. El nombre de esa chica pertenecía a la dinastía del clan conocido como el Mundo de los Vivos. Su nombre es Queen…
(Pensamientos internos de Sara)
Lo sabía… se trataba de ella. No tenía sentido que estuviera caminando entre nosotros como si nada. Es simplemente imposible. ¿Por qué demonios Queen nunca se atrevió a revelarme los detalles de su pasado…? ¿Por qué tuviste que ocultármelo? ¿Por qué no fuiste honesta conmigo desde el principio…? Pero qué más da ahora. Finalmente soy capaz de comprender ese dolor lacerante, esa rabia contenida y esa culpa insoportable. Aquella vida de paz que nunca pudiste disfrutar. Y tu clan… eso es lo que sigue pareciéndome un enigma. Así que tanto tú como Shiro pertenecen a la estirpe de los clanes antiguos. Ahora que conozco la verdad… ten por seguro que me vas a tener que dar muchísimas explicaciones.
De regreso a la realidad de la fogata:
Frente a mí se encontraba posicionado uno de los legendarios héroes de la antigüedad.
Un sentimiento de intenso nerviosismo me invadió; temía profundamente que me despreciara o me insultara. Pero al observarlo con detenimiento… un sentimiento de calidez y felicidad inundó mi pecho. Sentí unas ganas inmensas de correr hacia Hina para contarle todo lo que había visto, todo lo que me había tocado presenciar y lo dichosa que me sentía.
Sin embargo, bajé la mirada al instante.
Mi corazón se apretó con una fuerza dolorosa.
Me destrozaba el alma ver a Shiro sufrir por las consecuencias de mis actos… y francamente no tenía la menor idea de cómo reaccionaría cuando me tuviera frente a frente otra vez.
Parte III: Encuentro en las cumbres y la sombra de Luis
El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte mientras el viento soplaba con una fuerza implacable.
Observé a ambos héroes con evidente tristeza.
—Oigan… lamento interrumpir su conversación, pero el tiempo se nos ha agotado y debemos ponernos en marcha. No se preocupen, yo me encargaré de guiarlos a un lugar seguro. Nos mantendremos ocultos mientras trazamos nuestro siguiente movimiento. La información que estoy por compartirles es de un valor inestimable…
El peso del silencio se reinstaló entre los tres.
—¿Cuántos sobrevivientes quedan realmente en sus filas? —preguntó Alex con genuina curiosidad.
Nadie le respondió con palabras. Sus miradas abatidas lo dijeron absolutamente todo.
—La amarga realidad… es que solo logramos sobrevivir cuatro de nosotros —confesó Nicolás finalmente, con la voz quebrada—. El resto…
No pudo reunir la fuerza para concluir la frase.
Al escuchar la confirmación, caí de rodillas sobre la tierra fría. La noticia me golpeó con una violencia devastadora. Tenía tantas ilusiones guardadas de conocer en persona al legendario Héroe del Arco… y al Héroe de las Dagas. Sentía una inmensa fascinación por sus hazañas y deseaba con el alma escuchar sus historias. Y ahora… sencillamente habían dejado de existir en este mundo.
—Lo lamento profundamente, Sara —expresó Nicolás, colocando una mano sobre mi hombro—. Sé de sobra lo mucho que te habría fascinado conocerlos… pero ya no caminan entre los vivos.
Las lágrimas comenzaron a brotar sin control de los ojos de Sara, corriendo por sus mejillas. Había albergado tantas esperanzas de aprender de su sabiduría.
Lentamente, se limpió el rostro con el dorso de la mano y se puso de pie.
La chispa de su mirada se había apagado por completo, sustituida por una frialdad glacial.
—Bien… es momento de partir. Nosotros nos encargaremos de velar por la seguridad de los dos sobrevivientes restantes.
Tras varias horas de marcha ininterrumpida, Sara condujo al grupo hacia las alturas para ponerlos a salvo.
Desde la cresta más elevada del terreno solo podían divisarse cordilleras infinitas cubiertas por un manto de nieve que caía de manera constante. Un refugio inexpugnable.
Al llegar, los héroes veteranos se quedaron impactados, con la boca abierta.
—No… no puede ser posible —murmuraron con incredulidad—. ¿Cómo es que esa chica logró sobrevivir al ataque de semejante sujeto…?
—¿Ustedes son…? —preguntó Queen, emergiendo de entre las rocas y caminando hacia ellos—. Jamás creí que volvería a cruzarme en su camino.
—Puedo decir exactamente lo mismo —respondió Alex, frunciendo el ceño con desconfianza—. Dime una sola cosa… ¿nos podrías explicar cómo carajos lograste salir con vida de ese enfrentamiento?
La pregunta resonó en la cabeza de Queen como un eco distante.
Sabía perfectamente que ya no tenía sentido seguir ocultando la verdad.
Así que, armándose de valor, les relató con detalle cómo había logrado eludir a la muerte… y los métodos que empleó para zafarse temporalmente de las garras de su perseguidor. Su propio clan había sido erradicado de la faz de la tierra. Sin embargo, otras estirpes antiguas aún perduraban en las sombras, aguardando la oportunidad perfecta para emerger y erradicar todo lo existente.
—Pero ahora que comprendo la magnitud de lo que se avecina… debo revelarle toda la verdad a Miranda —declaró Queen con firmeza—. Ella comprende mejor que nadie los límites de mi poder actual.
—Todos hemos comenzado a consumir el poco tiempo que nos queda —continuó diciendo Queen, fijando su mirada en Nicolás y Alex—. Sé de sobra la enorme carga que llevan sobre sus hombros… y soy consciente de que este no es el momento idóneo. Pero mi deber me exige estar aquí.
Hizo una breve pausa para tomar aire.
—Aún así, lamento profundamente lo sucedido con Shiro. Debe profesarme un odio descomunal por no haberle permitido permanecer a mi lado cuando me enfrenté cara a cara con la muerte.
Un silencio sumamente incómodo envolvió la escena.
Muchos se cuestionaban a menudo la razón por la que Queen no mostraba signos de envejecimiento. La respuesta era compleja. Los seres humanos ordinarios, en el mejor de los casos, alcanzaban los ciento cincuenta años de vida. Pero ellos no. Pertenecían a una categoría completamente distinta. Poseían la longevidad necesaria para sobrepasar el milenio de existencia… una condición que estaba muy lejos de ser considerada una bendición. Quizá se debía a la herencia de su linaje ancestral, o tal vez a que nacieron con una maldición que les otorgaba un poder demasiado colosal como para permitirles descansar en paz.
Por esa razón, Queen conservaba su apariencia juvenil. Por esa misma razón, Shiro se mantenía congelada en el tiempo, aparentando escasos dieciocho años a pesar del paso de los siglos, aunque con un desarrollo físico innegable.
Resulta irónico, casi despiadado. Debería marcharme a buscarla en este mismo instante.
—Ni se te ocurra dar un solo paso —intervino Sara, clavando sus ojos púrpuras en ella con una intensidad amenazante—. Lo más sabio es que te mantengas oculta. No olvides que nos están cazando incansablemente. Tanto a ti como a nosotros.
Queen esbozó una sonrisa de lado, llena de desafío.
—Lo sé perfectamente, babosa. Y es precisamente por esa razón que voy a ir a verla.
Sara apretó los puños con fuerza, perdiendo la paciencia.
—¿Oye? ¿Acaso no te quedó claro lo que te acabo de decir? ¿Por qué demonios nunca eres capaz de obedecer, Queen? La última vez desobedeciste una orden directa mía… y detesto de sobremanera tener que repetir las cosas.
—¿Acaso estás intentando amenazarme? —reviró Queen, dando un paso al frente con la barbilla en alto—. Escúchame bien, niña estúpida. Si sigues provocándome, vamos a resolver esto a golpes aquí y ahora.
La presión en la estancia se volvió sofocante; incluso las sombras del recinto parecieron retroceder por el choque de voluntades.
—No me hagas perder la cabeza, Queen —dijo Sara, dibujando en su rostro una sonrisa perturbadora y carente de cualquier rasgo humano—. Créeme que no quieres que esto termine igual que la primera vez que nos conocimos.
Un escalofrío helado recorrió la espina dorsal de los presentes.
—Sabes perfectamente que yo nunca peleo con todas mis fuerzas —continuó Sara en voz baja—. Pero si me obligas a hacerlo en este momento… terminarás muerta a mis pies. De rodillas. Temblando de puro terror.
Se inclinó ligeramente hacia ella, susurrando al oído de Queen:
—No olvides jamás cuál es tu verdadero lugar.
Las luces de las antorchas parpadearon violentamente. Por un instante, pareció escucharse un eco espectral retumbando detrás de los muros de piedra… como si el pasado aguardara con ansias el primer movimiento en falso para desatarse.
Fue en ese preciso instante cuando una figura hizo su aparición.
Nadie fue capaz de escuchar sus pasos. Únicamente percibieron el peso aplastante de su presencia.
Luis emergió de la oscuridad con una severidad aterradora en el rostro. Con solo dar un paso al frente, un aura siniestra y sofocante se desplomó sobre el grupo, volviendo el aire casi irrespirable.
—Oigan… —dijo con un tono de voz helado—. ¿Quién les otorgó el derecho de ponerse a pelear entre ustedes?
Nadie se atrevió a responder.
Luis clavó sus ojos oscuros directamente en Queen.
—Tú, Queen… sabes perfectamente que Sara tiene toda la razón en este asunto. No puedes permitirte ir a ninguna parte.
Hizo una pausa calculada.
—Comprendo perfectamente tu deseo de volver a verla, pero debes meterte algo en la cabeza: mientras ese sujeto continúe en libertad, nuestras manos están completamente atadas.
Queen sintió una opresión ardiente en el pecho.
—Cierra la puta boca, maldito Luis —espetó con la voz temblorosa—. Sabes de sobra el infierno por el que ella está pasando. No puedo simplemente darle la espalda… y mucho menos en este momento. Sigo con vida, ¿entiendes lo que eso significa? No puedo abandonarla.
Al pronunciar las últimas palabras, su voz se quebró por completo, lastimando su orgullo más que cualquier amenaza física.
Luis dejó escapar un suspiro de resignación y cerró los ojos.
En un abrir y cerrar de ojos, sin que nadie pudiera registrar su movimiento, apareció posicionado justo enfrente de Queen.
Demasiado cerca.
Su mirada se tornó infinitamente oscura y amenazante.
—Lo entiendo —dijo en voz baja—. Pero ya conoces a la perfección cómo se rigen nuestras reglas.
Se inclinó levemente hacia ella.
—Si notas que la situación comienza a complicarse lo más mínimo, regresarás de inmediato. ¿Te ha quedado completamente claro?
Un temblor involuntario recorrió la espalda de Queen.
—Pero Luis… —intervino Sara con tono preocupado—. Sabes perfectamente la gravedad de lo que estás autorizando. Si Miranda Riley se llega a enterar de este atrevimiento, ella…
—Lo sé perfectamente —la cortó Luis sin volverse a mirarla—. Pero ella necesita comprobar con sus propios ojos cómo se encuentra Shiro. Y no somos quiénes para negárselo.
Sara apretó los labios con frustración, guardando absoluto silencio.
Luis se giró entonces hacia los combatientes veteranos.
—Y en cuanto a ustedes… los cuatro Legendarios Héroes —comenzó a decir, midiéndolos con la mirada—. Respóndanme a algo. ¿Estarían dispuestos a escoltarla en esta misión? No puedo permitir que cometa un error fatal.
Una leve sonrisa se dibujó en la comisura de sus labios.
—Además… tengo una noticia de extrema importancia que revelarles. Hemos localizado el paradero del Héroe de las Sombras.
—Espera… ¿qué mierda acabas de decir? —interrumpió Alex, frunciendo el ceño con incredulidad—. ¿Ese infeliz sigue con vida?
La expresión de Luis se volvió sobria y apagada.
—Lamento informarles que su vida terrenal llegó a su fin.
El impacto de la noticia se sintió como una puñalada.
—Sin embargo… su alma y su esencia espiritual han reencarnado en un nuevo recipiente —prosiguió—. En este momento se encuentra en las instalaciones de la Ryouou Clannad.
El viento helado se coló entre las grietas de la estructura.
—Él posee conocimientos cruciales —añadió Luis—. Sabe exactamente lo que aconteció durante aquella sangrienta batalla. Y ustedes tienen la obligación de desentrañar esa verdad.
—Les encomendaré una misión formal —declaró Luis—, pero antes deberán equiparse con ropajes adecuados. Nosotros nos ocuparemos de sanar las heridas de sus dos compañeros caídos. A cambio, les exijo que mantengan con vida a ese muchacho y a su grupo. Serán piezas fundamentales en lo que está por venir.
Posteriormente, dirigió una última mirada de advertencia a Queen.
—Queen, no voy a tolerar un solo error de tu parte. Sé plenamente consciente de las consecuencias de tus actos. No tengo el menor deseo de enfrentar la ira de Miranda por haberte concedido este permiso. Ah… y un detalle más antes de que lo olvide. Escuché que hicieron mención de los gigantes, ¿me equivoco?
La tensión en la estancia alcanzó su punto crítico.
—Espera un momento… ¿cómo demonios estás al tanto de eso? —cuestionó Nicolás con asombro.
Luis esbozó una vaga sonrisa.
—Aquí las preguntas las hago únicamente yo, Héroe de la Ciencia Vibrante. Sé de sobra que tu inteligencia supera con creces a la de cualquier individuo presente. Deberías deducir hacia dónde apunta todo esto.
Los ojos de Nicolás se abrieron de par en par al comprender la implicación.
—No me digas que estás planeando que ellos…
—Exactamente —lo interrumpió Luis con voz firme—. Ellos también están involucrados hasta el cuello en este conflicto. Tienen conocimiento directo sobre las entidades que Sara mencionó. Esto ha sobrepasado por completo los límites de la humanidad. Por esa razón necesito que encuentren la forma de regresar sanos y salvos.
Asentí en silencio, aceptando la encomienda.
—Comprendido.
—Excelente —añadió Queen—. Nos retiraremos a descansar primero.
—Por supuesto —concedió Luis—. Tómense el tiempo necesario para recuperar fuerzas. Partirán exactamente al rayar el alba.
Sara bajó la mirada y se dio la vuelta para retirarse junto a Luis. Sin embargo, justo antes de abandonar la estancia, se detuvo en seco.
Giró la cabeza muy lentamente hacia Queen.
La expresión de su rostro transmitía una amenaza pura y sin matices.
—Te lo juro por mi vida, Queen —dijo en un murmullo helado—. Si llegas a fallar en esta misión, yo misma me encargaré de desterrarte a otro dimensión.
Se acercó un par de pasos más, encarándola:
—Y más te vale no hacerle el menor daño al hijo de Hina. Porque si le tocas un solo cabello… te juro que te mato con mis propias manos. Yo siempre cumplo mis promesas.
Aquella mirada era tan perversa, oscura y desquiciada que sentí un escalofrío de puro terror recorriéndome el cuerpo.
Tragué saliva con absoluta dificultad.
Debo actuar con extrema cautela. Mi vida entera depende de este movimiento. Fue un grave error haberla desafiado de esa manera.
—¿Te encuentras bien, Queen? —preguntó Alex con sincera preocupación al notar mi palidez.
—Sí… me encuentro perfectamente —mentí piadosamente—. Agradezco tu preocupación, de verdad.
—Bien —concluyó Alex—. Recuperemos energías. Mañana nos espera una jornada decisiva.
—Tienen razón —asintió Nicolás—. Nos despedimos por ahora. Nos vemos al amanecer.
Dando un paso atrás, ambos héroes se retiraron hacia sus aposentos.
Me quedé completamente sola en la inmensidad del refugio.
Alcé la vista hacia el firmamento estrellado a través de una brecha en el techo.
Las estrellas refulgían con una indiferencia helada, como si el universo entero conspirara en mi contra.
Algún día llegaremos a ser como ellas… Shiro, tú y yo. Volveremos a estar juntas… después de tanto tiempo separadas.
Continuará.

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