Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 122 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 122: La Sombra de los Fuertes, la Muerte de las Sombras y un Presagio de Guerra
Punto de vista: Shirou, Freya y Miguel
Punto de vista: Freya
Todos comenzamos a caminar en silencio, siguiendo de cerca los pasos de Kratos y Shirou a través de los pasillos de la academia. A nuestro paso, los demás estudiantes detenían sus conversaciones para observarnos fixamente. Sus miradas se clavaban en nuestro grupo con una mezcla de intensa curiosidad, desconfianza y un respeto temeroso… pero a mí absolutamente nada de eso me importaba en lo más mínimo.
Yo solo era capaz de mantener mis ojos fijos en él. En Shirou.
—Bien… —dije finalmente para romper el hielo, acelerando el paso para ponerme a su lado—. Dijiste que iríamos a reunirnos con ellos, pero respóndeme a algo, Shirou… ¿qué planes tienes en mente para todo esto?
Era verdad, hasta ese momento no se había tomado el tiempo de explicármelo con total claridad.
—Cierto… —respondió él, rascándose la nuca con gesto desentendido—. Perdóname, se me pasó por completo explicártelo.
Cada maldita vez que él me dirigía la palabra directamente, sentía cómo mis mejillas se encendían al instante con un calor abrasador. Me sonrojaba por completo con el simple hecho de escuchar el timbre de su voz.
Siempre era exactamente lo mismo con él… Tan absurdamente confiado de sí mismo, tan conquistador por naturaleza, tan mujeriego sin siquiera intentarlo…
Pero no te me adelantes tan rápido, mi querido velocista. Ten por seguro que tarde o temprano terminarás cayendo rendido a mis pies.
Dejé escapar un profundo suspiro, intentando por todos los medios mantener la compostura y la serenidad en el rostro. Había sido testigo de demasiadas chicas persiguiéndolo por los pasillos, rodeándolo en los descansos y mirándolo con un deseo más que evidente.
No voy a permitir bajo ninguna circunstancia que ninguna de ellas me lo quite. No voy a tolerar que otra mujer me robe al hombre que verdaderamente deseo.
Mientras me ahogaba en esa espiral de pensamientos posesivos, él continuó hablando con total normalidad.
—Como te venía diciendo, Freya… el plan principal consiste en ir en busca de la sagrada reliquia de Dios. Y no nos limitaremos a eso; también tenemos la obligación imperativa de encontrar otros objetos de poder cruciales.
La expresión relajada de su rostro cambió drásticamente, volviéndose sumamente seria y analítica.
—Tenemos que movernos a la máxima velocidad posible. Esos bastardos ya deben de estar ejecutando sus primeros movimientos en las sombras.
—Y algo muy dentro de mí me dice que el hilo conductor de toda esta conspiración apunta directamente hacia Carlos…
Me quedé completamente helada y en silencio al escuchar ese nombre. La sorpresa me dominó.
Mis mejillas ardían con una intensidad aún mayor mientras procesaba sus palabras. Cada una de las frases que salían de su boca me impactaba con el peso de una revelación.
Entonces, finalmente lo comprendí todo.
—Ahora entiendes a la perfección la verdadera razón por la que él no se encuentra presente entre nosotros, ¿verdad? —comentó Shirou.
Asentí lentamente con la cabeza, asimilando la verdad.
Antes de partir y desaparecer sin dejar rastro, Carlos le había dejado un mensaje de texto sumamente específico. Un mensaje que Shirou recordaba con una claridad casi fotográfica:
“Shirou… las cosas se están saliendo de control a una velocidad aterradora. Cuida extraordinariamente bien de los demás mientras yo no esté presente, ¿te ha quedado completamente claro?
Y hazme el favor de decirle a Shiro que no le quite el ojo de encima a Yue… Me preocupa en la alma la idea de que mi pequeña hija pueda sentirse triste o deprimida por mi ausencia.
Quiero que tanto tú como ella se dediquen a pasar tiempo de calidad a su lado.
Asegúrale firmemente que su padre regresará a su lado únicamente cuando sea el momento adecuado.”
Cuando Carlos pronunció aquellas últimas palabras antes de marcharse… la luz de su mirada cambió por completo.
Ya no se trataba del Carlos relajado, despreocupado e invencible de siempre.
Había una chispa de miedo genuino habitando en el fondo de sus ojos. Un pánico real y helado.
Por primera vez en toda mi vida… fui capaz de percibir una sensación de terror emanando directamente de su presencia.
“No me mires con esa cara de asombro, Shirou —le había dicho Carlos en aquel entonces—. Sé perfectamente que es la primera vez en la vida que me ves actuar de esta manera.”
Respiró hondo antes de darle la espalda.
“Simplemente limítate a cumplir a la perfección con el papel que te corresponde. Yo tengo un asunto drásticamente más oscuro que atender por mi cuenta.
Más adelante nos volveremos a cruzar en el camino. Y cuando ese día llegue, te pondré al tanto de todos mis avances.”
Y en un abrir y cerrar de ojos…
Desapareció de la vista.
Tan rápido como un relámpago cruzando el cielo nocturno. Como si la mismísima electricidad fuera una extensión indivisible de su propio ser.
Y en ese preciso instante, Shirou comprendió una cosa irrefutable:
Absolutamente nada en esta academia volvería a ser igual jamás.
Vaya… ese maldito sujeto resulta ser infinitamente más aterrador e inestable que su propia hermana Shiro. Esos dos son definitivamente tal para cual.
Pero ahora me tocaba a mí asumir la responsabilidad de cumplir con mi deber. Convertirme prácticamente en la niñera temporal de la pequeña Yue.
Dejé escapar un suspiro de resignación con el simple hecho de recordar la tarea.
Giré levemente el rostro para observar a Freya. Hacía tan solo un momento se la notaba abiertamente enfurecida y fastidiada con la situación… pero en este instante la luz de su mirada había mutado drásticamente.
Sus ojos… Esos ojos reflejaban algo profundamente distinto.
Algo sumamente inquietante y peligroso.
Un escalofrío helado recorrió mi columna vertebral de arriba abajo.
¿Qué demonios estará maquinando esta chica en su cabeza…? Espero por su propio bien que no se termine convirtiendo en un obstáculo o un problema para mí…
Porque si las cosas se complican, voy a terminar exactamente igual que Carlos: trágicamente atado a una mujer desquiciada, celosa hasta la médula, que no duda en golpear y entrar en ataques de pánico desenfrenado con la sola idea de imaginar a su hombre conversando con alguien más.
Un leve temblor recorrió mi cuerpo al traer a la mente la imagen de Natsuki.
Esa mujer maltrata físicamente a mi muchacho a la menor provocación… pero resulta innegable que lo ama con una intensidad abrumadora.
Eso… eso es sin duda alguna la marca de un verdadero hombre.
Una sonrisa de satisfacción se dibujó en mi rostro.
—Bien… finalmente hemos llegado a nuestro destino.
El aula magna se encontraba completamente abarrotada.
María, Charlotte y el resto del grupo de élite ya se encontraban allí reunidos, esperándonos. Las miradas de todos los presentes en el recinto irradiaban una densidad mágica abrumadora, pesada… al borde de la tensión.
—Así que ustedes son finalmente los famosos reclutas de los que tanto nos estuvo hablando María —declaró un estudiante desconocido, dando un paso al frente con actitud desafiante.
En respuesta a la provocación, Kratos y yo liberamos simultáneamente una fracción calculada de nuestra energía mágica, dejando perfectamente en claro la clase de monstruos que éramos. Los veteranos del aula no se quedaron atrás e hicieron exactamente lo mismo, desplegando su aura.
El ambiente del aula quedó sumido en un silencio sepulcral y opresivo.
Hasta que Freya, fiel a su costumbre de no medir el peligro, rompió la tensión con una de sus típicas imprudencias.
—¡Pero vamos! Ya dejen de clavarse miradas de odio como si estuvieran a punto de batirse en un duelo a muerte… —exclamó con tono burlesco—. ¡Ni que esto fuera una competencia de quién traga más en un puesto de comida callejera!
Su voz resonó con un eco descarado por toda la estancia.
Al escucharla, María no pudo contener una suave y elegante risita. Charlotte, por su parte, se quedó momentáneamente paralizada por el asombro… pero segundos después, una tímida y hermosa sonrisa se le escapó del rostro.
Vaya… qué chica tan sumamente interesante resulta ser Charlotte.
Por los informes y rumores que circulaban en los pasillos, sabía de sobra que poseía un poder descomunal. Era ridículamente fuerte.
Existían registros oficiales de que era capaz de invocar entidades y seres de un rango temible.
Traje a mi memoria aquel evento en particular: el majestuoso caballero de armadura dorada y cabello rubio que invocó en combate… y de forma aún más relevante… la presencia de Félix.
Una sonrisa torcida y llena de intriga se dibujó en el rostro del chico desconocido mientras escudriñaba a nuestro grupo. Los demás estudiantes a su alrededor comenzaron a murmurar entre ellos, generando un pequeño alboroto en el recinto.
—¿Ahhh? ¿Acaso dijiste alguna estupidez? —preguntó Freya encarando al grupo.
—Vamos, no te me pongas tan amargada ni seas una aguafiestas —intervino Alan utilizando su característico tono de voz chillón—. Solo me dedico a lanzar comentarios graciosos porque me divierte la reacción de la gente.
Acto seguido, desvió la mirada directamente hacia donde se encontraba Miguel.
—Y en cuanto a ti, Miguel… —dijo señalándolo—. Sigues siendo exactamente el mismo torpe de siempre, un tonto idiota que se la pasa dudando de sus propias capacidades a cada segundo.
El aula entera volvió a quedar sumida en un silencio absoluto.
—Pero ¿sabes qué es lo único que verdaderamente te sobra en este momento? —añadió Alan, cambiando drásticamente el tono—. Un valor y una determinación envidiables.
La mirada de Miguel se clavó en él con una firmeza de acero.
En su rostro era evidente una mezcla de profunda molestia, una decisión inquebrantable y una amargura amontonada tras años de sufrimiento.
—¿Acaso dijiste algo… pedazo de niña enana? —gruñó Miguel entre dientes.
Fruncí el ceño con irritación ante el comentario.
Tenía unas ganas infinitas de cruzar la habitación y reventarle la cara a golpes ahí mismo.
Pero haciendo un esfuerzo sobrehumano, me contuve.
No podía bajo ninguna circunstancia permitir que Shirou me viera comportándome como una salvaje e inestable. No quería por nada del mundo que se llevara una pésima impresión de mi persona.
Respiré hondo, llenando mis pulmones de aire para serenarme.
Mantén la calma, Freya… Esto apenas está comenzando.
Pero justo en ese instante, algo inesperado captó mi atención.
Giré la mirada hacia un estudiante que permanecía apartado en una esquina del aula. No tenía la menor idea de quién se trataba… pero podía percibirlo con total claridad a través de mi sensibilidad mágica.
Era una presencia ridículamente poderosa. Pesada. Sofocante. Opresiva.
—¿Se puede saber quién demonios eres tú…? —pregunté finalmente, rompiendo el estancamiento del ambiente.
El sujeto se limitó a sonreír con elegancia.
Caminó a paso lento y pausado directamente hacia donde yo me encontraba, sin el menor atisbo de prisa, como si el resto de los presentes no fueran más que simples fantasmas. Se detuvo a una distancia peligrosamente cercana a mí.
Demasiado cerca para mi gusto.
Levantó su mano derecha y, sin pedir el menor consentimiento, colocó la punta de sus dedos con suavidad justo debajo de mi barbilla, alzándome el rostro.
—Qué ojos tan increíblemente hermosos tienes.
El aire de la habitación se tensó en un segundo como una cuerda a punto de romperse.
Antes de que pudiera reaccionar o apartarlo de un golpe, Shirou giró violentamente la cabeza al presenciar la escena. Sus ojos se clavaron en el invasor con una furia helada.
Dio un paso al frente de inmediato, interponiendo su presencia.
—¿Existe algún maldito problema por aquí?
El chico soltó una risa sumamente tranquila y provocadora, sin inmutarse por la amenaza.
—Oh, no es absolutamente nada —dijo retirando la mano con lentitud—. Únicamente me acerqué a admirar a esta señorita. Pero no tienes por qué ponerte celoso tan rápido.
Se dio la vuelta con absoluta compostura, dándonos la espalda.
—Mi nombre es Mael. Es un auténtico placer conocerlos a todos ustedes… por el momento.
Retrocedió un par de pasos, poniendo distancia entre nosotros.
Yo únicamente me dediqué a clavarle una mirada cargada de repulsión.
Asco y odio puro.
—Detesto con toda mi alma que los desconocidos me hagan esa clase de confianzas —dije con una frialdad tajante.
—Solo existe una persona en este mundo que tiene el derecho de tocarte de esa manera —pensó Shirou para sus adentros, sin percatarse de que había pronunciado aquellas palabras completamente en voz alta—. Sí… en eso estoy totalmente de acuerdo contigo.
De pronto, un silencio sepulcral y helado se desplomó sobre ambos.
Un segundo después—
—¿…Qué demonios dijiste?
—¿…Qué demonios dijiste?
Ambos lo exclamamos exactamente al mismo tiempo, cruzando miradas desorbitadas.
—¡N-no es como si yo estuviera deseando que tú fueras esa persona…!
—¡L-lo mismo digo yo, no te hagas ideas raras!
Los dos nos quedamos completamente inmóviles en el sitio.
Nuestros rostros se encendieron en un rojo fuego instantáneo.
Desviamos las miradas hacia lados opuestos de la habitación. Nuestros corazones latiendo desbocados nos estaban traicionando por completo.
Éramos incapaces de volver a mirarnos a los ojos.
La vergüenza que sentimos en ese momento era sencillamente insoportable.
Tras dejar pasar varios minutos y haber hecho el ridículo más espantoso de mi vida justo enfrente de Shirou, no nos quedó más remedio que tragar entero y prestar atención a la propuesta de Mael.
La atmósfera del recinto se encontraba cargada de una expectación casi mística.
—Bien —comenzó a decir Mael finalmente, tomando la palabra—. Las razones de esta convocatoria son sumamente simples.
Dio un paso firme hacia el centro del aula.
—Nosotros somos los miembros fundadores de Death of Shadows.
El solo nombre retumbó en las paredes como el impacto de una lápida de mármol.
—Es una denominación extraña y sombría, lo tengo bastante claro —continuó argumentando—, pero conforme avance el tiempo ya nos encargaremos de diseñar un nombre más adecuado para este escuadrón.
Mostró una leve y enigmática sonrisa.
—¿Y se preguntarán de dónde proviene semejante título?
El silencio de la sala se volvió drásticamente denso.
—Somos, literalmente, la Muerte de las Sombras. Nuestra generación de estudiantes fue la más temida y respetada a lo largo de los años. Incluso las razas superiores y las grandes naciones del continente saben perfectamente quiénes somos.
Su voz no tembló ni por una fracción de segundo al pronunciar esas palabras.
—Y la realidad es que nos tienen un pavor absoluto.
Tragué saliva con dificultad al escuchar la seguridad con la que lo afirmaba.
—Nuestros métodos despiadados… las atrocidades que cometimos en el campo de batalla… quedaron grabados a fuego en las páginas del destino y de la historia. Por esa precisa razón, si ustedes toman la decisión de unirse a nuestras filas, se convertirían en una fuerza de apoyo incalculable.
Sus ojos recorrieron minuciosamente a cada uno de los integrantes de nuestro grupo.
—Con el talento bruto y el potencial monstruoso que poseen… seríamos capaces de lograr cualquier objetivo que nos propongamos.
Shirou lo observaba fijamente desde su lugar, con los brazos cruzados y sin articular una sola palabra.
Por mi parte, desvié la mirada hacia Kratos. Luego hacia María.
Ambos me devolvieron la mirada con gestos visibles de incomodidad y desconfianza.
Sin embargo, Mael…
Había algo profundamente perturbador en la naturaleza de ese sujeto.
Algo que no dejaba de dar vueltas en mi cabeza.
Sus palabras calculadas. El peso del nombre del escuadrón. La espeluznante tranquilidad con la que hacía alusión al pánico que infundían en los demás.
Y entonces lo comprendí con total claridad.
Esta gente se encuentra varios escalones por encima de la categoría de un simple estudiante.
Es por esa razón que la academia entera les teme.
Una punzada de inquietud me atravesó el pecho.
Si me quedo dudando por más tiempo… será demasiado tarde para reaccionar.
Así que, sin pensarlo dos veces, caminé a paso firme directamente hacia donde Mael se encontraba.
—Tengo una duda muy específica que me gustaría que me aclararas.
Mael alzó una ceja, sumamente intrigado por mi audacia.
—Oh, pero miren nada más —sonrió con suficiencia—. Adelante, Shirou. ¿Qué es exactamente lo que te genera tanta duda de mi discurso?
Lo miré fijamente a los ojos, sin parpadear.
—Por mera casualidad… ¿sabes algo sobre nuestra verdadera identidad y trasfondo?
El aire del aula se congeló instantáneamente.
—No te lo pregunto por paranoia —continué diciendo—, sino porque te notas absurdamente tranquilo.
—Demasiado atento y analítico.
—Estudiaste a cada uno de mis amigos con una precisión clínica.
El silencio que siguió a mis palabras fue de una naturaleza completamente distinta.
Mucho más oscuro. Más amenazante.
Una sonrisa marcadamente retorcida se dibujó en el rostro de Mael. Era una expresión molesta… profundamente incómoda de presenciar. Sus ojos parecían atravesar mi alma con una profundidad inquietante.
—Así es —admitió Mael finalmente—. Todos ustedes captaron poderosamente mi atención. Y tengo perfectamente claro que el líder indiscutible de su grupo es alguien ridículamente fuerte, ¿no es así?
La intensidad de su mirada se volvió drásticamente más peligrosa.
—Vaya, vaya… conque estás al tanto de quién es él en realidad —respondí devolviéndole una sonrisa serena y confiada—. Respóndeme a algo, Mael… ¿tienes tantas ganas acumuladas de comprobar con tus propios ojos qué tan absurdamente poderoso es Tanaka Sánchez, verdad?
Mael chasqueó los dedos en el aire con irritación.
—¿A qué viene semejante impertinencia?
—Vamos —dije dando un paso más hacia él—, no te intentes hacer el tonto conmigo. Sabes perfectamente a lo que me estoy refiriendo.
Giré levemente hacia mis compañeros. Todos mantenían sus ojos fijos en mí.
—Te lo voy a decir directo al grano —continué enfático—. Tú no le llegas ni a los talones a él. Y aunque él no se encuentre físicamente presente en este recinto… yo sigo estando al mando de este grupo.
Mi mirada se volvió fría y amarga.
No tenía la menor intención de sonar prepotente o arrogante. Pero bajo ninguna circunstancia me iba a amedrentar ni a dar un solo paso atrás.
El ambiente del aula se volvió denso.
Una corriente pesada de mana comenzó a filtrarse desde el suelo. La expresión de Mael cambió radicalmente.
Se encontraba genuinamente enfurecido.
Bingo.
Ahora sí podré presenciar con mis propios ojos de lo que es capaz este tipo.
Pero justo en ese instante de máxima tensión…
—Oigan —dijo Mael con una voz desgarradora y helada—, ¿quién demonios les dio permiso a ustedes para moverse de sus sitios?
Una explosión brutal de energía destructiva se liberó de su cuerpo.
El aula entera tembló hasta sus cimientos.
Uno a uno, casi la totalidad de los presentes colapsaron de rodillas contra el piso, aplastados por la monstruosa gravedad de su presión mágica.
—Vaya decepción… —comentó Mael observándolos con absoluto desdén—. Tienen una resistencia ridículamente miserable para ser considerados los alumnos más fuertes de esta academia.
Escanéo el lugar con la mirada.
—Qué absoluta pérdida de tiempo.
Finalmente, clavó sus ojos en mí.
—Pero tú… tú definitivamente nunca decepcionas, ¿verdad, Shirou?
Apreté los dientes, manteniendo mi postura erguida a pesar de la aplastante densidad del aire.
—Así es —respondí con firmeza—. Soy el único aquí capaz de soportar cualquier nivel de presión que intentes imponerme.
Di un paso al frente, desafiando directamente su campo de fuerza.
—¿Dices que no somos lo suficientemente fuertes? ¿Que resultamos ser una simple decepción para ti?
Esbocé una sonrisa confiada.
—Excelente. Si tantas ganas tienes de jugar a ser el tipo libre e invencible… te voy a demostrar aquí y ahora de lo que verdaderamente soy capaz.
Nuestras miradas chocaron en el aire con la violencia de dos espadas de acero.
Nuestras auras colisionaron de forma invisible, sin necesidad de articular una sola palabra.
El silencio en el aula era absoluto y asfixiante.
Podía sentir la magnitud monstruosa de su fuerza… pero también la fría capacidad de cálculo que poseía.
Es endiabladamente astuto.
Su estrategia era transparente: utilizar la presión para medir el techo exacto de mi poder.
Pero él no era el único que sabía jugar a eso.
A lo largo de mi vida he presenciado atrocidades y monstruos infinitamente peores que él.
Y aun con toda la demostración de poder que estaba haciendo, solo existe una persona en este mundo que continúa llamando poderosamente mi atención.
Y Mael no le llega ni a la planta de los pies a ese sujeto.
—Ejem… —intervino una nueva voz desde el fondo, rompiendo el duelo de auras—. Me parece que ya ha sido más que suficiente espectáculo por el día de hoy.
Un estudiante de llamativo cabello naranja y ojos oscuros pero brillantes caminó tranquilamente hacia nosotros.
—Déjalo ya de una vez, Mael —dijo poniéndole una mano en el hombro—. Existe una brecha demasiado grande entre ustedes.
El recién llegado me miró de reojo antes de añadir:
—Ese chico transmite muchísimo más miedo del que aparenta habitualmente.
Mael sonrió, esta vez recuperando la calma y disipando la presión de golpe.
—No tengo la menor idea de a dónde pretendes llegar con eso… pero está bien. Lo dejaré en paz únicamente por el día de hoy.
Sus ojos volvieron a posarse sobre mí con intensidad.
—Pero tienes toda la razón. Este chico no es para nada un estudiante ordinario.
Dejó escapar un profundo suspiro de frustración.
—Voy a tener que andar con extremo cuidado si mi objetivo es llegar a conocerlo en profundidad… y lograr que se una formalmente a mi causa.
La expresión de su rostro se volvió sumamente seria y sombría.
—Las cosas no están saliendo para nada como las teníamos planificadas en el mapa. Estamos al borde de una guerra total.
Miró a todos los presentes en el aula.
—Y no es de mi agrado infundir pánico en los demás… pero nos hemos visto en la necesidad de ocultar cosas terribles por el bien de la academia.
—Por la supervivencia de todos nosotros.
Transcurrieron varias semanas consecutivas tras aquella intensa reunión y la propuesta del escuadrón.
Mael nos había comunicado su intención firme de venir en persona a negociar los términos finales.
La noticia nos dejó a todos completamente desconcertados. Nadie se atrevía a expresar sus temores en voz alta, pero la atmósfera general de la academia se había vuelto insoportablemente pesada.
Yo… por más que intentara disimularlo tras mi fachada, tenía miedo. Un pavor helado que me corroía por dentro.
Incluso intenté buscar a mi hermana para contárselo y desahogarme. Pero últimamente resultaba imposible encontrarla; nunca estaba presente cuando la necesitaba.
Su constante ausencia se hacía sentir de una forma mucho más dolorosa de lo que jamás imaginé.
Por los rumores que llegaron a mis oídos, me enteré de que se encontraba realizando misiones especiales junto a los legendarios Caballeros de Platino del Amanecer. Antes de marcharse, únicamente me dejó un nota escrita de forma casual:
“Iré a verlos un momento… después de terminar volveré contigo.”
Eso fue absolutamente todo lo que dejó.
Al parecer, había logrado entablar una profunda amistad con ellos.
Pero aun así… había algo en el aire que no me permitía estar tranquilo ni un solo segundo.
El tiempo continuaba su curso implacable, las piezas del tablero se movían en el más absoluto de los silencios, y yo no podía sacarme de la cabeza la terrible corazonada de que, mientras nosotros aguardábamos pacientemente, una catástrofe de proporciones bíblicas ya había comenzado a tomar forma en las sombras.
Continuará.

Continúa leyendo
The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 123
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 122
Estás leyendo el capítulo 122 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.