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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 120 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 120: Cicatrices del Alma, la Sombría Verdad y el Despertar de la Voluntad Punto de vista: Miguel Ya había pasado exactamente una semana entera desde el momento en que Gojo me declaró oficialmente la guerra de bromas, y para ser completamente honesto… esta situación se estaba saliendo por completo de control. Llevaba horas desvelado, días enteros sin bajar la guardia ni un solo segundo. Dormía pésimo, comía de prisa y con paranoia, y aun así ese desgraciado infeliz siempre encontraba la forma de hallar un punto ciego para hacerme caer en sus trampas. Siempre. Ambos habíamos terminado hechos un verdadero desastre físico y mental. Y de hecho, estuvo a punto de matarme, literalmente hablando. La última “broma” que me gastó fue definitivamente la gota que derramó el vaso: ¡el muy demente llegó al extremo de echarme veneno para ratas en la comida! —¿¡Pero qué carajos se cree ese idiota!? —gruñí apretando los dientes con tanta rabia que sentí crujir mi mandíbula—. Se la pasa de presumido y arrogante, creyéndose el indiscutible top global en el arte de las bromas… A mí absolutamente nadie me gana. O me daba su mejor broma de una vez por todas… o yo mismo me encargaría de darle el merecido que se tenía bien ganado. Sin embargo, hasta yo era lo suficientemente consciente como para entender que esto ya no era algo normal. Tenía que maquinar un plan rápidamente antes de que toda esta locura escalara a un punto sin retorno. Días atrás… —¿En serio a tu retorcida mente se le ocurre declararme la guerra de forma tan abierta? —le pregunté aquella tarde, mirándolo con absoluta incredulidad. —¿Acaso es tan obvio o necesitas que te lo dibuje con manzanas para que lo entiendas, baboso? —respondió Gojo regalándome una sonrisa completamente descarada y provocadora—. Además, ¿qué más podría llegar a pasar entre nosotros? No creo que terminemos matándonos el uno al otro… ¿O es que acaso prefieres que ese sea el objetivo principal del juego? Tragué saliva con evidente dificultad ante el matiz frío de sus palabras. Miré disimuladamente a nuestro alrededor. Las chicas nos observaban a la distancia con miradas nerviosas y preocupadas. —Gojo… no es necesario que vayas tan absurdamente rápido con todo esto. Después te vas a arrepentir amargamente. —¿Acaso bromeas? —bufó soltando una risa seca—. Yo nunca en la vida me arrepiento cuando se trata de ejecutar una buena broma. Hizo una breve pausa. De la nada, la chispa de burla en su expresión desapareció por completo, siendo reemplazada por un semblante sombrío. —Pero no se te vaya a olvidar algo crucial —añadió bajando el tono de su voz—. Hay ciertas cosas muy graves que aún no se han resuelto por aquí. Fruncí el ceño de inmediato, confundido por el cambio de tema. —¿A qué demonios te refieres con eso? —Me acabo de dar cuenta de que Melissa no ha asistido a clases en todo este tiempo —dijo en un murmullo helado—. Y solo he podido llegar a una única conclusión lógica: ella se encuentra con él en este preciso momento. —Ajá… ¿y se puede saber qué tiene que ver todo eso con nuestra apuesta? —No se trata solo de eso, Miguel —respondió adoptando un tono de voz profundamente extraño y distante—. Solo… ponte a pensar un segundo. Las cosas no están yendo nada bien en esta academia. Lo observé con detenida atención, escudriñando su rostro cansado. —Gojo… ¿de verdad te encuentras bien? Desde hace rato te vengo notando bastante raro y distraído. —Estoy perfectamente bien —respondió a la velocidad de la luz, evadiendo mi mirada—. No tienes absolutamente nada de qué preocuparte por mí. —No intentes mentirme a la cara —le dije encarándolo con firmeza—. Sé perfectamente que estás sufriendo por dentro. ¿Por qué te obstinas en ocultar tu dolor? ¿Por qué te tragas todo ese sufrimiento tú solo? De pronto, rompiendo la tensión del lugar, Gojo estalló en un grito desgarrador: —¡¡Es algo que tú jamás podrías entender!! El silencio pesado cayó sobre el lugar como si fuera una enorme losa de mármol. En ese momento, Arlette se acercó despacio a él y, con una ternura infinita, tomó su mano temblorosa entre las suyas. —Tranquilo… por favor no te me alteres así —susurró ella mirándolo con ojos llenos de compasión—. Pensé que era algo que ya habías logrado superar con el tiempo. No debes permitir jamás que lo que ocurrió aquel día termine por destruirte la vida. Hay que seguir adelante a como dé lugar… debemos aprender a coexistir con el dolor. Acto seguido, lo envolvió en un abrazo cálido y protector. Y fue justamente en ese preciso instante cuando lo presencié. Gojo, el tipo invencible y despreocupado, estaba temblando de forma incontrolable entre sus brazos. —Yo también me encuentro profundamente rota por dentro —continuó Arlette con la voz amortiguada en su hombro—. Pero… la verdad es que tus abrazos me transmiten una paz enorme. Desde aquel fatídico día… desde el instante en que nuestros ojos vieron esa atrocidad… no he sido capaz de olvidarlo ni un solo segundo. Cada una de sus palabras provocó que mi pecho se oprimiera violentamente con un nudo de angustia. Gojo bajó por completo la cabeza, escondiendo el rostro. —Yo los vi morir a todos… —murmuró con la voz completamente quebrada y ahogada por la impotencia—. Fui testigo de cómo caían uno por uno… Su entonación se fracturó aún más. —Vi con mis propios ojos a Lucas… —continuó diciendo mientras el dolor se palpaba en el aire—. Él solo me miraba… me observaba fijamente con una sonrisa macabra y retorcida dibujada en el rostro. Gojo levantó despacio su mano derecha hacia el vacío en su recuerdo, estirando los dedos como si desesperadamente intentara alcanzar un fantasma del pasado. —Hice todo lo posible e intenté salvarlo… —susurró desolado—. Pero lo único que mis ojos pudieron atestiguar… fue la manera en que lo masacraban sin piedad justo frente a mí. El silencio volvió a adueñarse por completo del entorno. Ya no quedaba espacio para las bromas. Ya no existía lugar para las risas o la ligereza. Solo quedaba al descubierto algo infinitamente más peligroso y destructivo que una simple guerra de bromas: un trauma horrendo y un dolor aplastante que Gojo había estado ocultando y arrastrando en la soledad durante demasiado tiempo. Los observé detenidamente a ambos. Se conocían a un nivel emocional sumamente profundo, eso resultaba ser más que evidente. No fui capaz de articular ninguna palabra. Guardé un respetuoso silencio y opté por dejar que los acontecimientos fluyeran por sí mismos, aunque muy dentro de mi alma no terminaba de comprender la magnitud real de lo que estaba presenciando. De regreso al tiempo presente… Caminaba a paso lento por el concurrido pasillo principal de la academia, observando el ir y venir de los demás estudiantes. Reían alegremente, conversaban de trivialidades como siempre… e inevitablemente, algunos murmuraban e inventaban chismes desagradables a mis espaldas. A estas alturas ya no le encontraba el sentido a amargarme por eso. Desde el mismísimo instante en que esa panda de idiotas decidió que yo era el blanco perfecto para sus burlas, las cosas no habían hecho más que empeorar día tras día. —Oh, pero miren a quién tenemos aquí… si no es nada más y nada menos que el mismísimo Miguel. Maldición… ¿Ahora qué demonios quieren estos imbéciles? —¿Qué es lo que quieren de mí? —pregunté mirándolo con una frialdad absoluta—. Hablen de una vez, ¿qué es lo que están buscando? —Oh, vamos, no te nos pongas tan alterado ni agresivo —respondió el sujeto mostrando una sonrisa burlesca y molesta—. Solo tenía la intención de saludarte educadamente. ¿Acaso ya ni siquiera se me permite hacer eso? Se trataba de Alan, un estudiante de tercer año ampliamente conocido por su arrogancia. No tenía la menor idea de qué era lo que tramaba esta vez, pero la forma en que me miraba me causaba un profundo rechazo. A nuestro alrededor había demasiados alumnos observando el espectáculo como buitres. Decidí dar un paso al frente para pasarle por al lado e ignorarlo por completo… y fue en ese exacto instante cuando sentí un empujón seco y violento directamente en el pecho. Perdí el equilibrio y caí de golpe contra el duro suelo del pasillo. Las risas estruendosas y burlonas de la multitud no tardaron en resonar por todo el lugar. Todos los presentes se mofaban de mi caída. Apreté los puños con rabia contenida hasta que los nudillos se me pusieron blancos. Deseaba con toda mi alma ponerme de pie y reventarle la cara a puñetazos. Quería poner a ese infeliz en su puto lugar de una vez por todas. Pero antes de que pudiera tan siquiera incorporarme, una figura se interpuso bruscamente entre nosotros. Un chico de llamativo cabello rojo se plantó con firmeza frente a Alan. Y no venía solo. Shirou caminaba a su lado con rostro serio. —Oye tú, pedazo de idiota —dijo el pelirrojo con una voz potente, firme y dominante—, ¿con qué carajos de derecho te sientes para andar molestando y empujando a este chico? —¿Y tú quién carajos te crees que eres para venir a interrogarme a mí? —respondió Alan soltando una risa socarrona—. ¿Es que acaso no tienes la menor idea de quién es mi padre en esta sociedad? —¿Otra vez vas a salir con el mismo cuento patético de tu papi? —intervino Shirou mostrando un evidente fastidio en la cara. Ignoré la presencia de Alan por un segundo y me arrastré hacia el otro chico de cabello verde que venía con ellos. Le extendí la mano de forma amistosa para ayudarlo a ponerse de pie. —¿Te encuentras bien? —pregunté. Él asintió con la cabeza, manteniendo una mirada sumamente tranquila y serena. —Solo limítate a ignorar a ese payaso sin cerebro —dijo con calma—. Lo único que está intentando hacer es utilizar las influencias de su estirpe para hacerte dudar y hacerte sentir débil. ¿O acaso no es exactamente así, Shirou? Shirou dio un paso al frente, imponiendo su presencia. —Deberías empezar a aprender algo muy importante —dijo dirigiendo una voz helada, penetrante y profundamente desagradable hacia el agresor—. En este mundo existen personas que son infinitamente peores de lo que aparentan en la superficie. Clavó su mirada de halcón directamente en los ojos de Alan. —Y a mí en lo personal no me gusta en lo absoluto… cuando un cobarde intenta aprovecharse de los más débiles. El ambiente del pasillo se volvió densamente tenso en un abrir y cerrar de ojos. Las risas socarronas se apagaron al instante. Los murmullos de la multitud cesaron por completo. Por primera vez en todo este tiempo, la sonrisa arrogante de Alan desapareció de su rostro. Y fue en ese preciso instante cuando yo comprendí algo fundamental dentro de mi corazón: No estaba solo en esto. Miré fijamente a los dos chicos que me habían defendido, pero de pronto algo en la escena me congeló la sangre… la expresión desencajada de Alan. —Esto no se va a quedar así para nada, se los juro… —escupió Alan, absolutamente furioso y con la voz temblándole por la rabia contenida. Bajé la mirada hacia el suelo, sintiendo cómo una sombra de amargura me envolvía. ¿Débil… yo? La maldita pregunta comenzó a resonar con fuerza dentro de los confines de mi mente. ¿Qué demonios tiene de malo ser alguien débil en este mundo? Después de todo, mi propio padre siempre tuvo la razón absoluta sobre mí. Soy simplemente un inútil que siempre termina llorando por todo. Para sus ojos yo fui desde el primer día una decepción total y absoluta, sencillamente porque jamás fui capaz de heredar sus talentos, sino que heredé la naturaleza blanda de mi madre. El único ser humano que me enseñó a sobrevivir y a vivir con esa carga fue mi abuelo. Él siempre me infundía ánimos, me repetía constantemente que jamás debía sentirme menospreciado ni permitir que la depresión me ganara. Mi madre también me brindaba un amor incondicional… aunque cuando se tocaba el tema de mi nulo talento para la esgrima ancestral, yo sabía perfectamente que ella sufría en silencio por mi culpa, avergonzada de que no hubiera heredado la maestría de la prestigiosa familia Sasai. Sin embargo, ella jamás en la vida llegó a odiarme. Me amaba profundamente tal y como era, y ver mi esfuerzo la hacía sentirse verdaderamente orgullosa. En cambio, mi padre… él no siempre fue ese monstruo violento y agresivo que es hoy en día. Absolutamente todo cambió el funesto día en que descubrió que yo no poseía absolutamente nada que fuera de valor o utilidad para sus ambiciones. Fue a partir de ese momento cuando comenzó el infierno del maltrato sistemático contra mi madre. Ella le suplicaba entre lágrimas de dolor que se detuviera, que por favor no la volviera a golpear. Fue precisamente en uno de esos horribles episodios cuando me armé de un valor sobrehumano y me puse de pie. No me iba a quedar de brazos cruzados permitiendo que ese sujeto le siguiera haciendo daño al ser que más amaba. Tomé con fuerza una espada de madera de entrenamiento y corrí desesperadamente sin medir las consecuencias, asestándole un golpe con todas las fuerzas de mi pequeño cuerpo. Algo completamente extraño y desconocido despertó de golpe en mi interior… una naturaleza agresiva y oscura. —¡¡DEJA A MI MADRE EN PAZ DE UNA VEZ!! —grité desgañitándome la garganta—. ¡¡ELLA NO TIENE LA CULPA DE ABSOLUTAMENTE NADA!! —¿¡Quién demonios te crees que eres para atreverte a agredirla!? ¡Solo los verdaderos cobardes y miserables recurren a esta clase de actos deplorables! —¡Tú antes no eras este monstruo! ¿¡Por qué demonios cambiaste tanto!? ¡Dímelo de una vez, padre! El dolor insufrible de presenciar cómo mi madre era maltratada destruyó mi mente por completo. Solté la espada de madera, la cual cayó al suelo, y corrí a envolver a mi madre en un abrazo protector. Ella no tenía por qué pagar las consecuencias de mi falta de talento. —¿Ves perfectamente lo que provocas con tus estupideces, mujer? —escupió él con un desprecio nauseabundo—. Tu engendro fue capaz de levantarle la mano y golpear a su propio padre… e incluso tuvo el descaro de insultarme. Sentí una masa de energía destructiva y densa emanar directamente de su cuerpo. No quería bajo ningún concepto voltear a mirarlo… pero cuando finalmente lo hice, tragué saliva aterrorizado. En un parpadeo sobrehumano se desplazó y me pateó. Una patada brutal propinada directamente a mi estómago me dejó instantáneamente sin una sola gota de aire en los pulmones. Caí pesadamente contra el suelo, convulsionando por el impacto. Le supliqué entre ahogos que se detuviera, pero mis gritos cayeron en oídos sordos. Mi madre observaba la escena completamente horrorizada, presenciando cómo aquel hombre intentaba literalmente matar a golpes a su propio hijo. —Ahora respóndeme, maldito mocoso de porquería —dijo sujetándome con violencia—. Jamás en tu miserable vida le vuelvas a faltar el respeto a los que son verdaderamente fuertes. —No tienes el menor valor en este mundo, no posees nada. Me das un asco profundo. —Me da una vergüenza insoportable el simple hecho de saber que tengo un hijo tan rematadamente inútil como tú. Y fue entonces cuando pronunció las palabras exactas que terminaron por despedazar mi alma para siempre: —Ojalá nunca hubieras nacido. Lloraba en absoluto silencio mientras él continuaba golpeándome y lastimándome. Mi madre, en un acto de puro amor maternal, se interpuso físicamente sobre mi cuerpo golpeado para evitar que me siguiera haciendo daño. Yo no quería por nada del mundo que ella se involucrara en mi castigo. Tenía un pavor cerval a que ese desgraciado la lastimara de gravedad. No quería bajo ninguna circunstancia que la hermosa sonrisa de mi madre se apagara para siempre. Eso era literalmente lo único que me importaba en esta vida. No quería verla llorar nunca más. No quería verla caer destruida. No quería que ni una sola de sus valiosas lágrimas pagara por una culpa que jamás le había pertenecido. —Mamá… por favor… no tienes por qué hacer esto por mí… —dije con la voz completamente quebrada y ahogada en sangre. Me costaba horrores poder respirar, pero reuniendo hasta el último aliento de mi ser, me puse de pie una vez más enfrente de ella. No podía permitir bajo ningún concepto que ella cargara con todo el peso de mi miseria. —¡No pienso tolerar que mi hijo sufra este infierno únicamente por no haber heredado las técnicas de esgrima de su padre! —dijo ella manteniéndose firme a pesar del terror—. ¿Acaso te has vuelto completamente loco? ¿Cómo demonios se te ocurre la atrocidad de golpear así a tu propio hijo? —¿Hijo? —se burló él lanzando una carcajada seca y desprovista de toda humanidad—. ¿Esa porquería inútil que tienes ahí de verdad es mi hijo? —No me hagas reír, mujer estúpida. Estoy más que seguro de que me engañaste vilmente con cualquier otro miserable… porque ese mocoso no se parece en lo absoluto a mí. Mi madre apretó los dientes con una rabia y un dolor incalculables. —¿¡Cómo te atreves a acusarme de una bajeza que jamás en la vida cometí!? —¡Es nuestro hijo legítimo, te guste o no! Él no tiene absolutamente nada de culpa en este asunto. —Tú solo eres un enfermo obsesionado con la idea de tener un heredero perfecto. Él respondió a sus reclamos con una voz helada y completamente vacía, demostrando que ya nada en este mundo le importaba. Sus ojos… la frialdad inhumana en su mirada fue lo que verdaderamente me aterrorizó hasta la médula. Mi madre temblaba a mi lado, profundamente traumatizada y horrorizada. Lo miré con un desprecio y un odio puro. En ese entonces yo era solo un niño indefenso… pero en ese instante ya nada me importaba. —¿Sabes una cosa, Miguel? —dijo mirándome desde las alturas—. Hay algo de lo que me olvidé de mencionarte. —No eres más que un rotundo fracaso. Un ser miserable y débil. —Algún día vas a terminar muriendo completamente solo en la mugre, y absolutamente nadie se acordará de que exististe. —Jamás vas a encontrar la paz, ni sabrás lo que es el amor, ni conseguirás nada en esta vida. —Me voy a encargar personalmente de hacer de tu existencia un infierno tan miserable que no te quedará de otra más que aprender a ser exactamente como yo. —Eres patético. Una auténtica vergüenza para el apellido de esta familia. Una basura que no posee el menor valor. Se reía desenfrenadamente como un auténtico lunático desquiciado. Cada una de sus despiadadas palabras se clavaba como una daga incandescente en mi pecho, pero tenía el deber de soportarlo todo. Lo hacía única y exclusivamente por el bienestar de mi madre. No quería que ella tuviera que volver a preocuparse o a sufrir por mi causa. Cuando finalmente el monstruo se retiró del lugar, mi cuerpo no resistió más y colapsó. Perdí el conocimiento por completo. En ese instante creí genuinamente que me iba a morir. Mi madre corrió desesperadamente hacia mi cuerpo caído y me envolvió en un abrazo suave y lleno de calidez. Lo único que pudo salir de sus labios fue un desgarrador: —Perdóname… Sus lágrimas ardientes caían una a una sobre mi rostro ensangrentado. Apreté los dientes con una furia y una frustración que amenazaban con quemarme por dentro. Había perdido la noción del tiempo y de mis propios pensamientos hasta que una voz firme y amigable me trajo de vuelta a la realidad. Era Kratos, el chico de cabello verde que me había defendido junto a Shirou. —Tú no eres para nada alguien débil —dijo asintiendo levemente con la cabeza—. Eres una persona verdaderamente fuerte. No le prestes la menor atención a las estupideces que digan los demás… mantente siempre fiel a ti mismo y sigue siendo quien eres. Me observó regalándome una sonrisa sumamente tranquila, casi con un toque de simpatía y diversión. Una sonrisa sincera se dibujó en mis labios al escuchar sus palabras. —Muchísimas gracias… de verdad, mil gracias a ustedes dos por intervenir. Sujeté la mano que Kratos me extendía y me impulsé para ponerme completamente de pie. —Cielos… vaya que hay una cantidad absurda de problemas rondando por esta academia —comenté intentando aligerar el ambiente—. Deberíamos empezar a poner un poco de orden por aquí, ¿no lo crees así, Shirou? —Opino exactamente lo mismo —respondió Shirou manteniéndose muy serio—. Toda esta situación se está saliendo por completo de control. ¿Qué les parece si vamos a hablar directamente con los miembros del consejo estudiantil? ¿Creen que sirva de algo acudir a ellos? —Yo diría que sí —respondí tras reflexionar la propuesta un par de segundos—. Hay que confiar… tengamos un poco de fe en que ellos tomarán cartas en el asunto y harán algo al respecto, al menos por el momento. De pronto me detuve en seco, recordando algo pendiente. —Un segundo… Kratos… Él se giró a verme con curiosidad. —Antes de que nos vayamos de aquí… tengo la firme intención de poner en su puto lugar a esa basura de Alan. ¿Hacia dónde debería dirigir la mirada? Miguel me devolvió la mirada con determinación. Yo únicamente le sonreí con absoluta calma; una sonrisa serena, helada, pero completamente firme. —No te preocupes por ese sujeto —le dije—. Yo mismo me encargaré personalmente de ajustar cuentas con él. —Ustedes dos adelantense y váyanse a reunir con mi hermana. Yo los alcanzo en un momento. Continuará.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 120

Estás leyendo el capítulo 120 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.