Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 119 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 118: Risas, Destellos de Elegancia y la Amenaza de un Duelo
Punto de vista: Miguel y Gojo
Punto de vista: Miguel
Todos habíamos ingresado finalmente al interior de la tienda. El establecimiento era innegablemente elegante y ostentoso; a simple vista se notaba a leguas que absolutamente todo lo que exhibían en sus vitrinas era de un costo exorbitante. Varias personas pertenecientes a la alta sociedad caminaban tranquilamente entre los pasillos y estantes, probándose distintos conjuntos de ropa o contemplando finos accesorios… aun así, el ambiente general no resultaba para nada incómodo o abrumador; de hecho, resultaba ser bastante agradable para mi gusto.
Miré de reojo hacia donde se encontraba Mei. Parecía estar absurdamente concentrada analizando las opciones y pensando qué prendas comprar. Gojo, por su parte, se encontraba sentado justo a mi lado sobre un cómodo sillón de espera, observando con absoluta calma cómo las chicas prácticamente planeaban arrasar y llevarse consigo media tienda entera.
Dejé escapar un suspiro involuntario, sintiéndome algo nervioso por la magnitud de sus compras.
—Estas chicas planean vaciar el lugar por completo, ¿no te parece, Gojo?
—Tienes toda la razón —respondió encogiéndose de hombros con desinterés juguetón—. Se están comportando como auténticas locas desquiciadas, pero… ¿qué se le va a hacer? Así son ellas cuando entran a un lugar como este.
Esbozó una sonrisa sincera. Se notaba a leguas que en el fondo estaba genuinamente feliz de verlas divertirse y disfrutar de un momento de paz.
Lo me quedé mirando por un instante más, pero entonces algo a pocos metros llamó poderosamente mi atención.
Natsuki estaba haciendo un gesto sumamente gracioso ante el espejo, así que giré la vista instintivamente hacia ese sector… y fue justamente en ese momento cuando la vi a ella.
Mei había tropezado ligeramente con la cola del largo vestido que se estaba probando en ese instante. Por un segundo me imaginé que se avergonzaría o que se pondría completamente roja por la torpeza, pero en lugar de eso, alzó la mirada directamente hacia mí y me regaló una sonrisa rebosante de una elegancia y una dulzura que no supe cómo explicarme a mí mismo.
No logré entender por qué razón exacta hizo eso… pero la verdad es que se veía sencillamente encantadora. Preciosa.
Gojo, por el contrario, parecía sentirse un poco extraño a mi lado. No sabía con certeza qué le estaba pasando por la mente en ese momento, pero preferí no darle demasiadas vueltas al asunto. Ver a las chicas ayudándose mutuamente entre risas y comentarios alegres me transmitía una paz profunda que hacía muchísimo tiempo no experimentaba en mi vida.
Más tarde, el recorrido nos llevó directamente a la exclusiva sección de accesorios y joyería.
—¡Oye, Miguel! —llamó Mei, sosteniendo con delicadeza un deslumbrante collar de diamantes frente a su cuello—. ¿Qué opinión tienes de este?
El collar brillaba con una delicadeza sublime bajo las luces del local; era una pieza realmente hermosa.
—¿Tú crees que combine bien conmigo?
Me quedé en absoluto silencio durante unos largos e incómodos segundos. No supe cómo reaccionar ni qué palabras utilizar.
Era literalmente la primera vez en toda mi existencia que una chica me preguntaba una opinión de esa naturaleza… y Mei, siendo totalmente honesto, se veía ridículamente preciosa en ese instante.
—La verdad es que no existe nada sobre este planeta más hermoso que tu propia sonrisa —dije finalmente, dejando salir las palabras sin filtrarlas—. Ese collar te queda sencillamente perfecto. Podrías combinarlo sin problemas con un elegante vestido rojo… te verías francamente espectacular. Y te prometo que lo digo totalmente en serio.
Mei se quedó completamente inmóvil en su sitio, congelada.
De pronto, su rostro se encendió por completo en un rubor carmesí tan intenso que parecía arder, e instintivamente se cubrió la cara con ambas manos.
—Miguel… —murmuró con una timidez extrema entre sus dedos—. Solo quería saber tu opinión sincera sobre la joya, no que me hicieras acelerar el corazón de esta manera…
—E-eh… bueno, yo solo… no quería…
—Vaya, vaya —intervino Gojo soltando una sonora carcajada que resonó por el local—. Así que el buen Miguel se nos está luciendo como todo un galán, ¿eh? Debería empezar a llamarte Romeo de ahora en adelante, ¿no lo crees?
Miré de reojo a Gojo, quien simplemente no dejaba de reírse a mis expensas. Sentí una vergüenza tremenda recorrerme el cuerpo; estaba tan sumamente nervioso que opté por bajar la mirada al suelo… pero antes de que pudiera pronunciar una sola palabra para defenderme, Mei se acercó rápidamente a mí y me envolvió en un abrazo cálido y espontáneo, sin habérselo pedido.
—Vamos, Miguel, no te sientas mal por sus burlas —dijo con una sonrisa suave y reconfortante apoyada en mi pecho—. Además, lo que me acabas de decir hizo que me sonrojara aún más… no sé bien cómo explicarlo. Tus palabras siempre me hacen sentir bien con quien soy, y me gusta muchísimo cuando te comportas de forma tan amable y atento conmigo.
Eso… era una verdad absoluta. Y dentro de mí lo sabía perfectamente.
—Aunque de verdad deberías intentar no ser tan exageradamente cursi la próxima vez —añadió, soltando una risita dulce—. Ya sabes perfectamente cómo se pone Gojo con estas cosas…
Giré la mirada molesto hacia Gojo, y de la nada se me vino una idea a la cabeza para devolverle la broma.
—Oye, Gojo —le dije con tono malicioso—, ¿no te gustaría pasar mucho más tiempo a solas con Arlette?
De inmediato, el semblante confiado de Gojo se desmoronó y se puso visiblemente nervioso.
—N-no digas esa clase de tonterías…
—No te me pongas nervioso ahora, Julieta —continué esbozando una sonrisa marcadamente burlona—. No vaya a ser que termine enamorándote con sus encantos irresistibles, ¿no te parece?
Al escuchar eso, apreté los puños con rabia fingida. Ese maldito bastardo de Gojo estaba buscando desesperadamente que le acomodara la cara de una paliza.
Di un paso al frente de forma amenazante, pero Gojo dio un rápido salto hacia atrás para poner distancia.
—Oye, oye, viejo, no quiero buscarme problemas contigo.
—Oh, claro que no —respondió él—. Todo esto es sencillamente una broma amistosa, ¿verdad?
Sin embargo, su sonrisa en ese instante se volvió… extrañamente peligrosa y calculadora. Por un segundo me pasó por la mente la idea de si debía salir corriendo de allí.
Pero en ese preciso segundo, alguien pasó caminando sumamente cerca de nosotros dos.
En ese mismísimo instante sentí una presencia oscura y hostil rondando el lugar que no me gustó en lo más mínimo.
Gojo, por supuesto, también la percibió al mismo tiempo.
—Veo que tú también fuiste capaz de sentirlo —dijo Gojo en un murmullo casi inaudible—. Es más que evidente, Miguel. Por el momento nuestro único deber es cuidar y proteger a las chicas. No creo que esos imbéciles se atrevan a intentar atacarlas a plena luz del día… al menos no todavía.
—Tienes toda la razón. Entonces… ¿nos vemos afuera en un rato para investigar?
—Nah, no te preocupes por eso —respondió Gojo con una tranquilidad pasmosa—. Ya me encargué personalmente de todos ellos hace apenas unos instantes.
Me quedé helado y con la boca abierta de par en par.
—¿Pero qué mierda acabas de decir? ¿Cómo demonios que te encargaste de ellos hace un momento si no te has movido de aquí…?
Y entonces lo recordé de golpe. El maldito infeliz tenía la habilidad de detener el flujo del tiempo cuando se le diera la gana.
—Maldición… —me reí entre dientes, negando con la cabeza—. De verdad no pensé que tuviéramos a un perro guardián tan eficiente pegado a nosotros.
—Si no fuera por mi detector natural de idiotas, créeme que este establecimiento ya habría sido víctima de un asalto violento.
—En eso tienes toda la razón. En fin, vayamos de una vez por las chicas. ¿Regresamos directamente a la academia o prefieres que vayamos a comer algo a algún restaurante?
—Ahora que lo mencionas… una buena y abundante comida no nos vendría nada mal a estas horas.
—Perfecto, entonces apresurémonos a alcanzarlas.
Pasó un buen rato y el cielo sobre la Ciudad Esmeralda comenzaba a teñirse de tonos anaranjados y oscuros por la llegada de la noche. Mei, Arlette y Natsuki salieron por fin de la boutique, luciendo visiblemente felices y satisfechas con sus adquisiciones.
A Gojo y a mí nos tocó la gloriosa tarea de cargar con absolutamente todas las pesadas bolsas de compras, pero a decir verdad no nos quejábamos en lo absoluto… aunque para qué mentir, ya estábamos severamente cansados de los brazos.
No pude contener la risa cuando vi a Gojo tropezar torpemente hacia adelante como un completo idiota debido al volumen de las bolsas. Fue una escena verdaderamente divertida.
Sin embargo, por andar de distraído burlándome de su desgracia, pisé mal un bache del suelo y yo también salí volando, cayendo drásticamente de cara contra el pavimento.
Las chicas simplemente no pudieron contenerse y estallaron en ruidosas carcajadas al vernos a los dos en el suelo. Y por supuesto, ese maldito vengativo de Gojo no dejó pasar la oportunidad dorada.
—Si tú caes de cara, hermano, yo caigo contigo para no dejarte solo en el ridículo —se burló.
Sin ponerme a pensarlo dos veces, canalicé rápidamente mi magia elemental: varias ramas y raíces gruesas brotaron a gran velocidad desde el suelo, bloqueando por completo su sendero.
—¡Oye, tramposo! —exclamó.
Pero por ser el sujeto más estúpido sobre la faz de la tierra… ni siquiera se fijó por dónde caminaba al levantarse.
Ups.
Gojo se tropezó de lleno con mis raíces y cayó estrepitosamente al suelo por segunda vez.
Las chicas lo miraron totalmente sorprendidas por la caída… y yo no pude hacer más que soltar la carcajada de mi vida.
—¡Esa fue mi dulce venganza! —dije señalándolo triunfante—. Después de todo, yo soy el indiscutible maestro de las bromas en este grupo.
—¿Ah, sí con que esas tenemos? —respondió Gojo levantándose lentamente del polvo, sacudiéndose la ropa con una calma aterradora—. En ese caso te reto formalmente a un duelo a muerte de bromas pesadas. ¿Qué te parece la idea?
—E-espera un segundo… no estás hablando en serio, ¿verdad?
—Mucho más que en serio —dijo dedicándome una sonrisa que transmitía una promesa de absoluta y peligrosa destrucción.
Tragué saliva con dificultad, sintiendo un sudor frío recorriéndome la nuca.
Por bendito sea Dios supremo… ¿Ahora qué demonios hago? Creo que ya valió absolutamente todo.
Continuará.

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Estás leyendo el capítulo 119 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.