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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 114 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 114: Votos de Venganza, Guadañas de Sombra y Celos Silenciosos Punto de vista: Emanuel (El Caballero Oscuro) Salí de la habitación de Carlos y comencé a bajar a paso lento por las escaleras de madera rumbo al comedor del piso inferior. Mientras descendía cada escalón, una duda amarga me rondaba la cabeza. No tenía idea de en qué demonios estaba pensando al contarle todo aquello a ese muchacho. Tal vez la necesidad de hablar surgió en el mismísimo instante en que él sintió la marea de mi energía... esa oscuridad pura e insondable mezclada con un matiz púrpura, una marca divina imposible de ocultar por completo ante los ojos de un observador atento. Tarde o temprano se enterará de quién soy realmente en esta era. Eso es un hecho del todo inevitable. Por ahora, en los mitos y rumores de la humanidad, solo conoce mi seudónimo... el Caballero Oscuro. Por fortuna, en este continente nunca han visto mi verdadero rostro descubierto. Mientras esa situación se mantenga de esa manera, estoy a salvo de un conflicto prematuro. Mi papel por el momento debe limitarse estrictamente a observar al chico. Hay algo en él... una cualidad intangible, algo peligrosamente familiar que me desconcierta. Su presencia, su forma fría y calculadora de analizar el entorno, incluso la manera casi trágica en la que carga con el enorme peso de su mundo interior. ¿Acaso será un reflejo de lo que yo fui? ¿O tal vez... el ideal de guerrero que siempre quise ver? No lo sé con certeza. Lo único que de verdad espero es que mi verdadera identidad no sea revelada todavía ante el resto de sus compañeros. No ahora, cuando las piezas apenas comienzan a posicionarse sobre el tablero. En medio del silencio, mi mente volvió involuntariamente a aquel fatídico recuerdo del pasado. A aquel maldito... Nuestra batalla en aquella época fue sumamente interesante, demasiado intensa para el estándar de este mundo. No fue una tarea difícil vencerlo en combate directo... lo verdaderamente complicado y agónico fue llegar a matarlo de forma definitiva. Jamás creí que en este universo pudieran existir seres de una naturaleza tan abominable. Los Siete Asmales de la Calamidad. Y entre ellos, Kris... Ese sujeto es francamente aterrador. No tanto como yo, desde luego, pero hay algo profundamente siniestro, podrido y visceral alojado en su interior. Algo que incluso alguien como yo, acostumbrado a las tinieblas del abismo, reconoce como una amenaza sumamente peligrosa. Ese es otro gran problema sobre mis hombros. Debería marcharme de esta ciudad lo antes posible. Encontrar cuanto antes una forma de lidiar con todo este caos que se avecina... y, sobre todas las cosas, hallar al verdadero culpable de mi desgracia. Al causante de las cenizas de mi pasado. Pero antes de que pudiera seguir profundizando en mis reflexiones, al terminar de bajar la escalera y llegar a la planta baja, me encontré de frente con la joven Melissa. Me detuve en seco. Había algo en la textura de su aura que llamó poderosamente mi atención desde el primer segundo. Su presencia... la vibración de su maná... era exactamente como mirar un reflejo distorsionado y suave de la esencia de Henry. ¿Acaso será su hija...? Esa simple y perturbadora duda fue más que suficiente para despertar toda mi curiosidad. Bien dice el viejo refrán que la curiosidad mató al gato... y aun así fui completamente incapaz de ignorarla. Si ella es realmente la sangre de Henry, entonces tarde o temprano terminará por saber la trágica verdad. Sabrá quién fue exactamente la persona que le arrebató violentamente la vida a su padre. La observé con una seriedad imperturbable. En ese momento, Melissa levantó la mirada y nuestros ojos se encontraron en el pasillo. Por un breve e intenso instante, el tiempo pareció detenerse por completo a nuestro alrededor. —Oh, hola. Buenos días —dijo ella rompiendo la tensión con una sonrisa sumamente amable y educada—. ¿El señor pudo dormir bien anoche? Asentí levemente con la cabeza, manteniendo la compostura. —Así es, niña. Dormí bastante bien —respondí con tono sereno—. Agradezco tu hospitalidad por permitirme quedarme a descansar en su casa. Melissa sonrió con un toque de mayor calidez. —Me alegra mucho escucharlo, señor Emanuel. Por cierto... ya que está aquí abajo, ¿qué hay para desayunar? —Ah... —miré hacia la mesa del comedor—. Un poco de café recién pasado y algunos bocadillos ligeros. —Oh, ya veo —dijo visiblemente animada—. Bueno, si hay bocadillos disponibles, la verdad no suena nada mal para empezar la mañana. —Entonces vamos —respondí invitándola con un gesto—. Esperemos a que bajen los demás. Caminamos juntos en dirección a la cocina. Mientras avanzaba a su lado, una sola y pesada idea cruzó por mi mente: Este lugar está repleto de secretos oscuros... y algunos de ellos pronto dejarán de estar dormidos. (Unos minutos más tarde) —Y dígame, señorita Melissa —dije rompiendo el silencio mientras tomaba un sorbo de café caliente de mi taza—, ¿cómo le está yendo en su vida personal? ¿Todo marcha bien... ya consiguió algún novio por aquí? Melissa se giró de golpe hacia mí, arrojando una mirada de pánico y visiblemente alterada. Por poco y termina escupiendo el sorbo de café que acababa de beber. —E-eh... n-no, para nada —respondió de forma atropellada y torpe—. ¿P-por qué me pregunta algo así de la nada, señor Emanuel? La observé con absoluta calma, disfrutando levemente de su reacción. —Por nada en particular —respondí con un tono despreocupado y casual—. Solo me dio un poco de curiosidad. Alguien tan joven y hermosa como usted ya debería, como mínimo, tener algún novio... o incluso estar comprometida con algún joven noble. Ella negó rápidamente con la cabeza, mientras un rubor ardiente se extendía violentamente por sus mejillas. —¡Ah! Sobre eso... ¡ni loca! —dijo agitada—. Preferiría mil veces que alguien se me declarara de forma sincera... o tal vez ser yo quien lo haga algún día. Pero mis sentimientos en este momento ni siquiera están bien desarrollados. A veces no sé con claridad si lo que siento por cierta persona es solo una profunda admiración... o verdaderamente amor del bueno. Interesante... La miré con muchísima más atención. Cada palabra que salía de sus labios la ponía exponencialmente más nerviosa; sus mejillas ardeaban como brasas y hacía todo lo posible por evitar mirarme directamente a los ojos. Entonces, una leve y sutil sonrisa se dibujó en las comisuras de mis labios. —Vaya... qué respuesta tan sumamente interesante —comenté—. Entonces, esa persona por la que siente tanta admiración y confusión... Hice una breve y calculadora pausa dramática. —¿No será por casualidad el joven Carlos? Fue exactamente como si la hubiera golpeado con una fuerza física devastadora mediante esas palabras. Melissa se quedó completamente inmóvil, congelada en su sitio. Bajó la mirada de inmediato hacia el mantel, apretando ambas manos con fuerza alrededor de su taza de café, mientras la totalidad de su rostro se teñía de un rojo carmesí absoluto. No respondió una sola palabra. Tampoco lo negó. Le había dado justo en el centro del blanco. No necesitaba en absoluto que lo admitiera con palabras. El pesado silencio que llenó la estancia lo dijo absolutamente todo. —N-no diga esa clase de cosas tan a la ligera, señor... —respondió finalmente Melissa con la voz temblorosa y el aliento entrecortado—. La verdad es que no quiero perdonarlo. Él sabe perfectamente lo que hizo... y yo también me siento terriblemente culpable por cómo terminaron las cosas. Apretó la taza de loza entre sus dedos hasta que sus nudillos se pusieron blancos. —Por esa misma razón quiero mantenerme un poco alejada de su lado... aunque él ni siquiera lo note. Cada vez que lo miro a los ojos... cada vez que estoy cerca de él, me pongo demasiado nerviosa e insegura. La observé en absoluto silencio durante unos largos segundos antes de volver a tomar la palabra. —Ya veo... —dije con voz serena y baja—. Entonces, él cometió algo que sientes que no puedes perdonarle fácilmente. ¿No es así? Levanté ligeramente la mirada hacia ella. —Dime una cosa... ¿qué fue exactamente lo que ocurrió entre ustedes? Melissa dudó por un momento. La luz de su rostro se apaga drásticamente, adoptando una expresión cansada, triste y desgastada. —La verdad es que no sé si deba o pueda confiar en alguien que acabo de conocer... —murmuró con amargura. —Si se trata de algo verdaderamente grave, te aseguro que puedo guardar el secreto hasta la tumba —respondí sin alterar lo más mínimo mi tono de voz. Ella negó suavemente con la cabeza, dejando escapar un suspiro abatido. —No... no tiene por qué molestarse en guardar nada. Además, era algo que tarde o temprano iba a tener que decir en voz alta. Respiró profundamente, tratando de armarse de valor. —La verdadera razón de todo esto es que... él jamás logró decirme la cara verdad sobre la muerte de mi padre. Nunca quiso revelarme quién fue realmente su asesino. Un silencio sepulcral cayo de golpe sobre la cocina. Bajé la mirada hacia la mesa, y en ese instante, las sombras de la habitación parecieron envolverme por completo en un abrazo helado. Lo sabía... De verdad eres la hija de Henry. El caballero más fuerte que existió en esta era. Un hombre que lo tuvo absolutamente todo... todo lo que a mí siempre me faltó en mi trágica existencia: una hija amorosa, una esposa devota, el respeto de su pueblo. Y yo... Yo fui incapaz de proteger a nadie de mi propia sangre. Un estúpido que confió ciegamente en las palabras de su reino. Un miserable por creer en promesas vacías que solo trajeron ruina. Levanté la mirada con extremo cuidado, manteniendo mi máscara de neutralidad. —Y dime... —pregunté disimulando cualquier emoción—, ¿sabes acaso quién fue la persona que le quitó la vida? La expresión de Melissa cambió de forma aterradora en un milisegundo. La calidez y la luz que alguna vez habitaron en sus ojos se apagaron por completo, siendo sustituidas por un brillo frío, profundo... e infinitamente oscuro. Odio puro. Sed de venganza. —La persona que acabó de forma despiadada con la vida de mi padre... —dijo con una voz escalofriantemente firme— fue el Caballero Oscuro. Sentí un leve e imperceptible estremecimiento recorrer mis fibras internas. —Y si por cosas del destino llegaras a encontrarte cara a cara con él en persona... —continué indagando— ¿qué es exactamente lo que harías? Necesitaba escuchar su respuesta de su propia boca. Una sonrisa francamente tranquila, pero profundamente aterradora, se dibujó en los labios de la muchacha. —Cuando lo tenga enfrente... lo mataré con mis propias manos —respondió sin la más mínima duda o vacilación—. Haré que sufra de la manera más cruel por todo el daño que causó. Apretó los dientes con rabia contenida. —No pienso perdonarle la vida bajo ninguna circunstancia. Haré que se hunda para siempre en las llamas del infierno, no importa lo que intente hacerme o el poder que posea. Prefiero mil veces morir en el intento... antes que permitirle seguir respirando en este mundo. Levantó la mirada, clavándola en la nada con una resolución inquebrantable. —Y no voy a dejar que absolutamente nadie se entrometa en mi camino hacia él. Vaya... Así que la niña ya sabe perfectamente que fui yo quien manchó sus manos con la sangre de su padre. Era algo totalmente lógico. Inevitable. Y aun así... qué fascinante resulta el destino. Aceptaré de buen grado esa promesa de venganza cuando llegue el momento. Después de todo, yo también perdí lo más valioso que tenía en esta vida. Tú perdiste a la persona que juraste proteger... y yo perdí exactamente lo mismo. Melissa guardó silencio durante unos segundos, respirando con dificultad mientras la intensidad de su aura se disipaba. Luego, me miró avergonzada. —L-lo siento mucho... —dijo en un hilo de voz—. No debí haberle mostrado ese lado tan horrible y oscuro de mi persona... Negué con la cabeza suavemente. —No te preocupes en lo absoluto. Es perfectamente normal sentir un rencor tan profundo hacia la persona que te arruinó la vida —respondí con absoluta calma—. Sin embargo, debes comprender algo con total frialdad... en este momento todavía no eres lo suficientemente fuerte para lograrlo. Los ojos de Melissa se abrieron ligeramente ante mi declaración. —Y dime —continué hablando—, ¿ya has pensado seriamente qué es lo que harás después? Ya has dado el primer paso al reconocer tu odio... ahora debes seguir caminando con firmeza hasta alcanzar tu verdadero objetivo. —Es la verdad... —asintió bajando la cabeza—. Pero todavía hay muchísimas cosas sobre el combate que no logro comprender. Además... necesito desesperadamente un arma adecuada para mí. Dejó caer los hombros, abatida. —La espada familiar de mi padre no funciona en lo absoluto conmigo. No poseo el más mínimo talento para la esgrima tradicional. Intenté entrenar con todo tipo de armas convencionales... pero ninguna respondía a mi maná ni a mi estilo. Respiró hondo, recordando. —Hasta que un día, por pura casualidad, encontré una guadaña. La observé con profunda atención mientras ella continuaba su relato. —Empecé a practicar a escondidas con ella, pero en este reino no existen usuarios de guadaña que puedan enseñarme sus técnicas. Mi madre sabía de mi afición... pero a mi padre jamás me atreví a contárselo. Una sonrisa triste y amarga apareció en sus labios. —Quería aprender a dominarla por completo, mejorar mi nivel... y algún día sorprenderlo para entrenar juntos codo a codo. La voz se le quebró sutilmente. —Pero la vida no fue para nada justa conmigo. Justo cuando estaba más emocionada por mostrarle mis avances... mi madre entró a mi habitación llorando y me dio la peor noticia de toda mi existencia. Apretó los labios tratando de no soltar una lágrima. —Él había muerto trágicamente en el campo de batalla... La leve sonrisa terminó por desaparecer de su rostro, dejando caer su mirada al borde de una absoluta tiniebla. —Desde ese fatídico día... siempre he vivido profundamente deprimida. ¿Acaso usted sabe lo que se siente perder lo más hermoso y valioso que tenías en la vida de un momento a otro? Cerró los ojos con fuerza. —Todavía conservo hermosos recuerdos... momentos felices donde todos estábamos juntos como una familia. Pero tristemente me di cuenta de que no todos los caminos en este mundo tienen un final feliz. Me quedé completamente en silencio ante sus palabras. Esta niña... verdaderamente está sufriendo un infierno interno. Su relato me recordó inevitablemente a mi amada hija, Alicia. Siempre tan positiva. Nunca albergo un pensamiento negativo. Hermosa... poseedora de un talento único en el mundo. No quise seguir profundizando en esos recuerdos pasados. Un temor frío comenzaba a envolverme por dentro al recordar lo que le ocurrió a mi pequeña. —Nadie en este mundo debería verse obligado a pasar por exactamente el mismo dolor desgarrador dos veces —dije finalmente con tono solemne—. Y por esa misma razón... aceptaré gustoso tu dolor y tu odio. La miré fijamente a los ojos, con una intensidad que hizo que la habitación entera se estremeciera. —Cuando llegue el inevitable día en que tú y yo tengamos que saldar todas nuestras cuentas pendientes. En ese preciso e incómodo momento, Rai —el chico al que había visto llegar la tarde anterior— entró alegremente a la cocina y se sentó de un brinco en la mesa junto a nosotros. —¡Buenos días a todos, amigos! ¿Pudieron dormir bien anoche? Yo la verdad no pude pegar un solo ojo en toda la madrugada... estaba demasiado inquieto por el viaje. Además, Alefa es ridículamente molesta cuando intenta dormir. De la nada, antes de que pudiera terminar de hablar, Rai recibió un sonoro y seco golpe directo en la nuca. —¡Ten un poco más de respeto cuando hables de mí, Rai! —dijo Alefa apareciendo detrás de él con el puño aún levantado—. Y no es para nada mi culpa que no tengas tu almohada personal a la mano. Melissa y yo nos quedamos mirando en absoluto silencio ante la escena. En ese instante, ambas recordamos exactamente la misma imagen de la noche anterior. Ella había sido la persona que descubrió a Alefa plácidamente dormida mientras abrazaba fuertemente a Carlos, utilizándolo desvergonzadamente como si fuera su almohada personal. Un intenso rubor cubrió de golpe el rostro de Melissa y el mío al rememorar la escena. Sentí un agudo y punzante pinchazo de molestia justo en el centro del pecho. Celos. Esa chiquilla había estado disfrutando de la calidez de Carlos durante toda la noche mientras yo intentaba descansar. No era para nada justo. Debí haber sido yo la primera en estar a su lado. Apreté los labios con frustración. No importaba cuánto intentara disimularlo... Aquello se acababa de convertir, sin lugar a dudas, en una de las escenas de celos más grandes que había experimentado en toda mi vida. Continuará.
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Estás leyendo el capítulo 114 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.