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Capítulo 113: Revelaciones de Sangre, el Sello de la Miseria y el Retorno de las Sombras
Punto de vista: Carlos Tanaka
—Como sea, Emanuel… dime algo con total sinceridad —dije finalmente, manteniendo la espalda firme contra la pared de la habitación y mirándolo a los ojos—. ¿Qué fue exactamente esa energía oscura que acabo de sentir emanar de ti?
Emanuel no respondió de inmediato. Su silencio se volvió tan pesado y serio como la mirada que me sostenía; una expresión estoica y profunda, inquietantemente parecida a la mía. Caminó a paso lento hacia mi cama y se dejó caer pesadamente sobre ella, recostándose y clavando la vista en las vigas del techo.
—Hay ciertas cosas en este mundo que simplemente no debo ni puedo responderte por tu propio bien —dijo al fin, con la voz apagada pero resonante—. Pero existe algo fundamental que necesitas saber sobre la verdadera naturaleza de mi poder.
Giró ligeramente el rostro hacia donde yo estaba parado, observándome con sus ojos morados.
—Mi poder nació del odio. De un odio tan infinitamente profundo y arraigado que jamás logré perdonarme a mí mismo por lo ocurrido en el pasado. Esa oscuridad… fue literalmente lo único que me acogió y me abrazó cuando ya no quedaba absolutamente nada a mi alrededor.
Apretó la mandíbula y continuó:
—Es una fuerza que vive y se alimenta de la venganza eterna.
Cerró los ojos por un instante, guardando un breve pausa reflexiva antes de volver a hablar.
—¿Acaso crees saber realmente por qué razón todo el mundo en este plano le teme tanto a la oscuridad?
—No… la verdad es que no lo sé con certeza —respondí con absoluta sinceridad, cruzándome de brazos.
Emanuel soltó una risa baja, seca y amarga que retumbó en las cuatro paredes de la habitación.
—Entonces escucha con mucha atención, muchacho. Existe un lugar legendario llamado la Vida Eterna. Pero no te equivoques, no se trata de ningún paraíso idílico ni de un reino celestial. Es un abismo abrumador donde habitan seres que perdieron toda esperanza de redención, e incluso las más mínimas ganas de seguir viviendo. Seres que se enfrentaron cara a cara contra la mismísima muerte… y ni siquiera ella los quiso recibir en su seno.
Su tono de voz se volvió notablemente más pesado, cargado de un aura ancestral.
—Yo nací exactamente allí. En un lugar de tinieblas que jamás debió despertar dentro de mí. Un sitio donde los deseos más puros dejan de ser sueños para convertirse en terribles maldiciones.
Se incorporó un poco sobre la cama, apoyando los codos en las rodillas.
—Pero ese no tiene por qué ser el final definitivo de la historia —continuó—. Esa misma oscuridad devoradora también puede llegar a transformarse en pura voluntad. En la decisión irrevocable de no terminar consumido de esa manera. En la fuerza para levantarte una y otra vez del suelo, sin importar cuántas miles de veces caigas derrotado.
Me miró fijamente a los ojos, con una intensidad que parecía escudriñar mi alma.
—La verdadera fuerza no aparece por arte de magia ni te la regala nadie, Carlos. Se construye a base de golpes dentro de ti. Cada herida abierta, cada pérdida dolorosa, cada error fatal que cometes… se termina volviendo una parte inseparable de quien eres hoy en día.
Hizo una breve pausa, estudiando mis facciones.
—Tú ya posees esa esencia dentro de ti, Carlos. Por algo eres tan serio y reservado. Por algo tu mirada pesa exactamente igual que la mía.
Sus palabras me atravesaron el pecho como un filo helado, resonando con una verdad incómoda.
—El destino es desgarradoramente cruel —dijo Emanuel—. Los más serios, los que piensan demasiado las cosas antes de actuar, siempre terminan quedándose completamente solos contra el resto del mundo. Pero si absolutamente todos los demás caen derrotados… tú eres el único que debe levantarse.
Su voz dio un giro drástico, volviéndose extremadamente firme, cargada de una autoridad casi amenazante:
—Camina por ese camino de espinas, aunque tengas que ir en contra de todos. Enfrenta a tus enemigos sin titubear y demuéstrales de una vez por todas que nunca debieron cometer el error de despertar ni liberar al verdadero monstruo que llevaban dentro.
El silencio volvió a llenar cada rincón de la habitación.
Y por primera vez desde que lo había conocido en aquel puesto del mercado… entendí con absoluta claridad que Emanuel no era solo un hombre peligrosamente poderoso.
Era alguien que ya había cruzado de ida y vuelta el mismísimo infierno… y que, a pesar de todo el dolor, había decidido seguir caminando con la cabeza en alto.
—Ahora entiendes con perfecta claridad por qué razón nadie en este mundo ha sido capaz de vencerle jamás —declaró Emanuel, esbozando una sonrisa torcida y llena de experiencia—. Porque yo soy la muerte eterna… y esa es una verdad que absolutamente nadie puede negar.
Su voz no sonaba engreída ni dominante; era simplemente la afirmación de un hecho innegable que él ya había aceptado hace eones.
—Cada ser en esta vida toma su propio camino —continuó diciendo con tono filosófico—. Yo tomé el mío, tú decidiste tomar el tuyo. El gran problema radica en que, a veces, los jóvenes como tú tienden a confiar demasiado en los demás. Creemos ingenuamente que son verdaderos aliados, cuando en realidad solo están esperando el momento oportuno para usarnos como meros peones en su tablero.
Se incorporó un poco más sobre el colchón y clavó su vista en mí.
—Existe un antiguo dicho que nunca falla, Carlos: si las personas te dieron la espalda en tu peor momento, es porque en realidad nunca fueron tus amigos… sino tus enemigos disfrazados.
Guardé un silencio sepulcral, procesando cada una de sus palabras.
—Por esa misma razón debes ser extremadamente consciente de tu entorno —añadió—. Como ese elfo que te acompaña… Saleh, ¿verdad? Noté algo bastante extraño e inusual en su presencia cuando nos saludamos al llegar. Él y yo sentimos la misma vibración energética en el ambiente. Su fuerza es, en esencia, casi lo opuesto a la mía. Es alguien sumamente poderoso, no cabe duda… pero hay algo muy profundo dentro de él que está roto. A veces cae en la desesperación… y no siempre logra levantarse por sí mismo.
Repentinamente, la expresión de su rostro cambió, adoptando una matiz de gravedad insondable.
—Y en cuanto a tu comandante… Angélica.
Sentí un escalofrío helado recorriéndome la nuca al escuchar su nombre.
—Esa mujer pertenece a una historia totalmente distinta —dijo Emanuel con una seriedad aplastante—. Nadie en su sano juicio debió enseñarle jamás lo que sabe. Ella se encuentra ubicada exactamente en el punto crítico donde la luz más pura y la oscuridad más densa se cruzan. Angélica es literalmente el puente entre ambos mundos.
—No puedo revelarte absolutamente todo sobre ella en este instante, Carlos —añadió—. Para comprender semejante enigma se requiere mucho tiempo. Pero no te preocupes… durante estos meses aquí tendrás todo el tiempo del mundo para comprobarlo. Al final, cada quien termina cumpliendo su destino trazado.
Respiró hondo, dejando salir un largo rastro de aire.
—Angélica… la legendaria Princesa de Hielo. También conocida en los tomos olvidados como la Asesina de Dioses Caídos. Ese es su verdadero y temible título. Nadie se atreve a hablar de ello en la actualidad, pero yo me tomé la molestia de investigar su pasado a fondo.
Mi corazón dio un salto violento dentro de mi pecho al oír semejante revelación.
—Y déjame decirte algo crucial sobre ella —continuó Emanuel—. Esa mujer no tiene absolutamente nada por dentro. Está completamente rota. Vacía. No es más que un cascarón destruido por el sufrimiento. Para que una persona así vuelva a tener un alma real y voluntad de vivir… alguien completamente nuevo tendría que nacer desde el interior de ese cuerpo.
Mis ojos se abrieron de golpe, helados por el impacto de sus palabras. Sentí un nudo opresivo formándose en mi garganta.
—¿De dónde demonios sacaste toda esta información tan precisa y peligrosa…? —pregunté, mirándolo con una tensión evidente en el rostro.
Emanuel sonrió con total serenidad, sin inmutarse por mi reacción.
—No te pongas tan a la defensiva, muchacho. Solo lo aprendí a través de mi propia experiencia de vida. Digamos simplemente que sé observar los detalles que otros pasan por alto. Después de todo… yo tengo la capacidad de ver lo que el resto de los mortales no puede. Soy un genio, Carlos.
Su tono cambió nuevamente, volviéndose mucho más accesible e introspectivo.
—¿Y qué te parece todo lo que te he expuesto hasta ahora? Porque, para serte franco, tú tampoco te quedas atrás en lo absoluto.
Levantó la mano y me señaló directamente con el índice.
—Posees un poder gigantesco. Una mentalidad aterradoramente madura para tu edad. Una experiencia de combate impresionante. Y un maná que emana como una masa monstruosa. Estás evolucionando y creciendo, poco a poco… y eso de por sí ya es un logro monumental. Llegarás muchísimo más lejos de lo que cualquiera pueda imaginar.
Sus palabras pesaban con un rigor aplastante.
—Recuerda muy bien lo que te voy a decir, niño —sentenció con firmeza—: llegará un día en que todo el peso del mundo dependerá exclusivamente de ti, aunque los demás ahora mismo no lo sepan. Y cuando finalmente se den cuenta del trágico error que cometieron al subestimarte… entenderán por las malas quién tuvo siempre la razón.
Hizo una breve pausa, entrecerrando los ojos mientras me examinaba.
—Sin embargo… percibo que hay algo oscuro en tu interior que te atormenta constantemente. Algo que no te permite ser completamente libre ni desplegar todo tu potencial. Es exactamente como si estuvieras atado por cadenas invisibles en medio de un limbo.
Sentí cómo el aire de la habitación se volvía denso y sofocante de un segundo a otro.
—¿O será acaso que tu verdadero poder sigue dormido en las profundidades…? —continuó contemplándome—. Podría tratarse de eso. O tal vez… podría ser algo infinitamente peor.
Su mirada se afiló como una navaja.
—Cabe la posibilidad real de que alguien te haya impuesto un sello prohibido.
Mi mente explotó en mil pedazos al escuchar esa palabra.
No fue simplemente lo que Emanuel dijo… fue la aterradora comprensión que se desencadenó instantáneamente en mi cerebro.
Mi verdadero poder jamás había alcanzado su estado natural no por falta de entrenamiento… sino porque había sido deliberadamente sellado.
Y solo existía una persona en todo este universo con el conocimiento, la malicia y la capacidad técnica para hacerme semejante atrocidad.
Un nombre maldito emergió desde las profundidades de mis recuerdos como una plaga.
Gabriel.
Una sonrisa perversa, fría y cargada de una ira incontenible comenzó a dibujarse lentamente en mi rostro al encajar la verdad de golpe.
Hasta este preciso punto… absolutamente todo comenzaba a tener un sentido macabro.
Todo tiene un perfecto sentido ahora… murduré para mis adentros, apretando los puños con tanta fuerza que mis nudillos crujieron ruidosamente.
Maldito hijo de perra… Así que lo tenías absolutamente todo planeado desde el mismísimo principio. Cada maldito detalle encaja. Por esa razón sellaste el poder de Shiro… porque sabías perfectamente que jamás podrías vencerla a ella en un combate justo. Ni a ella… ni a mí. Ese fatídico día lo entendiste a la perfección. Ese día sentiste en carne propia el verdadero terror. Mi terror.
—Entonces solo existe una forma real de averiguarlo con certeza… —susurré en un hilo de voz—. Y si lo que dice Emanuel es completamente cierto… entonces él…
La sonrisa perversa de mi rostro se desvaneció por completo. Una mirada helada, distante y despiadada tomó su lugar mientras un recuerdo doloroso me atravesaba el pecho como la Hoja de un cuchillo.
“Yo siempre me las arreglo para encontrar la manera de regresar.”
—Maldición… —gruñí entre dientes, apretando la mandíbula—. Esto es malo. Sumamente malo.
—¿Ocurre algo grave, Carlos? —preguntó Emanuel desde la cama, observando detenidamente mi cambio de actitud.
Sacudí la cabeza rápidamente, intentando recuperar el control de mis emociones.
—No es nada de qué preocuparse… solo me vino a la mente un pésimo recuerdo del pasado.
Emanuel dejó escapar un suspiro largo y pesado.
—Como te estaba diciendo… si mi teoría sobre el sello prohibido resulta ser cierta, déjame decirte que solo existe un método conocido para romperlo y liberarte de esas cadenas.
Levanté la mirada de golpe, fijándola en él.
—Tendrás que someterte a situaciones absolutamente desgarradoras. Experimentar una desesperación pura y sin límites. Atravesar una muerte real… una experiencia donde tu cuerpo y tu alma rocen verdaderamente el fin.
Mi cuerpo entero se tensó instintivamente.
—Pero tú conoces perfectamente las terribles consecuencias de un acto semejante —añadió Emanuel con una seriedad absoluta—. Y por esa misma razón, no puedo permitir bajo ninguna circunstancia que intentes algo tan drástico en este momento. No ahora.
Se cruzó de brazos sobre el pecho y me sostuvo la mirada.
—Deberás tomar esa desgarradora decisión únicamente cuando el verdadero caos y la destrucción masiva llamen a la puerta. Para cuando ese momento llegue… tendrás que estar completamente preparado para dar ese aterrador paso, niño.
El silencio volvió a caer tajante entre ambos.
—En fin, eso es todo lo que tenía que decirte por hoy —dijo Emanuel finalmente, poniéndose de pie de un salto con agilidad—. Voy a bajar a la cocina a buscar algo de desayunar. ¿Vienes conmigo?
—No, gracias —respondí secamente—. Prefiero quedarme unos minutos más a solas aquí arriba.
—Como tú quieras. Nos vemos abajo con los demás.
Emanuel caminó hacia la salida y cruzó el umbral. La puerta de madera se cerró tras de él con un chasquido sordo.
En el preciso instante en que me quedé solo, la compostura de mi rostro se desmoronó. Bajé la mirada al suelo, apretando los dientes con una furia y una frustración que me quemaban las entrañas.
Una hipótesis aterradora, algo que jamás se me hubiera pasado por la cabeza en circunstancias normales, comenzó a tomar una forma escalofriante en mi mente.
Entonces… lo más probable es que ese infeliz de Gabriel, al que conocí y enfrenté en mi vida anterior, ya se haya dado cuenta perfectamente de que yo…
Tragué saliva con mucha dificultad, sintiendo la garganta seca.
Jamás imaginé que las palabras de un desconocido como Emanuel terminarían por aclararme de forma tan drástica el panorama completo. Dejé escapar un largo suspiro, sintiendo cómo una extraña calma fría reemplazaba a la agitación. Gracias a sus revelaciones, ahora por fin tenía una idea clara de lo que realmente estaba ocurriendo en la sombra.
—Bien… —murmuré para mí mismo, acomodándome la ropa—. Eso será un problema del que me ocuparé más adelante.
Me erguí cuan largo era y estiré los brazos.
—Por ahora ya me siento bastante mejor y con la mente despejada.
—Bajaré a desayunar algo con el grupo… y luego me tomaré el tiempo de analizar con absoluta calma por dónde debo empezar a mover mis fichas.
Porque si el mismísimo infierno está en camino hacia nosotros… esta vez no pienso cometer el error de esperarlo sin estar completamente listo para la batalla.
Continuará.

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Estás leyendo el capítulo 113 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.