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Capítulo 115: El Peso del Pasado, Lágrimas en la Penumbra y la Sombra de Lucifer
Punto de vista: Rai y Carlos Tanaka
Punto de vista: Rai
—Vamos, vamos, no se peleen a primera hora de la mañana —dije intercediendo para intentar calmar el ambiente tenso que amenazaba con arruinar el desayuno—. Además, tenemos cosas sumamente importantes que hacer hoy.
Giré ligeramente la mirada hacia Emanuel, observándolo con cierta curiosidad.
—Ahora que lo mencionas… ¿qué es exactamente lo que tienes planeado hacer hoy, Emanuel?
Emanuel tomó un sorbo pausado de su taza de café negro antes de responder, manteniendo en el rostro esa misma serenidad fría e inquietante que lo caracterizaba.
—Pensaba ir un momento a explorar una mazmorra cercana a la ciudad. Y para eso… quiero llevarme a Carlos a escondidas del resto.
Melissa y yo lo miramos de inmediato, bastante sorprendidos por la repentina propuesta.
—Ellos dos no saben absolutamente nada sobre este plan —continuó Emanuel, refiriéndose a los demás—, así que quiero que le digas que fue a un lugar muy importante de mi parte, Melissa.
Ella se quedó en silencio durante unos segundos, apoyando los puños en sus mejillas en una pose pensativa y meditabunda, evaluando la situación.
Fue en ese preciso instante cuando se escucharon los pasos de Carlos bajando las escaleras de madera. Su sola presencia e impacto en la habitación se sintieron de inmediato.
Alefa giró la cabeza hacia él de golpe y, en cuestión de un segundo, su rostro se puso intensamente rojo, como si las mejillas le ardieran al recordar lo ocurrido la noche anterior. Sinceramente no entendí del todo qué era lo que le pasaba por la cabeza, así que decidí simplemente ignorarlo. Me senté a la mesa junto a Rai y comenzamos a hablar en voz baja sobre algunos asuntos de vital importancia para los planes que llevaríamos a cabo más tarde.
Minutos después, las sombras del pasillo se abrieron y Saleh junto a Angélica bajaron hacia el comedor.
Bastó una sola mirada hacia sus rostros para notarlo de inmediato. No habían dormido bien en absoluto. Sus expresiones corporales estaban profundamente tensas, exhaustas… y había un matiz extraño en su mirada, algo denso que no lograba descifrar del todo.
¿Qué demonios les habrá pasado durante el transcurso de la noche?
Esa inquietante pregunta despertó involuntariamente un recuerdo en mi mente. Instintivamente llevé la mano derecha hacia el collar que llevaba puesto sobre el pecho. Lo apreté con fuerza contra mis dedos, y una leve e imperceptible sonrisa se dibujó en mi rostro al sentir su tacto.
Emanuel lo notó al instante. Sus ojos oscuros se clavaron en mí con una aguzada curiosidad, siguiendo minuciosamente cada uno de mis movimientos. Se levantó lentamente de la silla de la cocina y comenzó a caminar con paso firme hacia la puerta de salida, intentando no llamar la atención del resto.
Pero apenas alcanzó a dar un solo paso hacia el exterior…
—¡Oye tú! —la voz de Angélica cortó el aire de la estancia con la precisión y el filo de una cuchilla.
El ambiente de la cocina se volvió aplastante en un segundo. Emanuel se detuvo en seco en el umbral.
—¿A dónde demonios crees que vas tan de prisa? —preguntó ella esbozando una sonrisa helada, aunque la mirada en sus ojos denotaba un peligro real.
Saleh frunció el ceño a su lado, percibiendo de inmediato la elevación de tensión en el aire.
—Eso no es un asunto que te incumba a ti —respondió Emanuel con frialdad, sin siquiera molestarse en voltear a mirarla.
Ese fue su gran error.
—Aquí en este grupo nada ocurre “a escondidas” —dijo Angélica dando un paso al frente, haciendo crujir el suelo—. Mucho menos cuando tus movimientos involucran directamente a Carlos.
El silencio cayó sobre todos como una sentencia de muerte. Podía sentirse la sofocante presión de maná en la atmósfera... dos voluntades colosales chocando antes de que las palabras terminaran de formularse.
Y así, sin previo aviso... el pleito estalló.
Punto de vista: Carlos Tanaka
—Ya basta, ustedes tres —hablé con voz firme y autoritaria, dando un paso adelante y rompiendo la densa tensión—. Apenas está amaneciendo y ya quieren iniciar un escándalo innecesario. Angélica solo quería salir un momento al aire libre. ¿Acaso ninguno de ustedes sabe respetar la privacidad de los demás?
Angélica me miró con un leve matiz de desdén, cruzándose de brazos sobre el pecho.
—No era para nada mi intención causar un problema —respondió recuperando su frialdad habitual—. Solo le pregunté a dónde se dirigía, eso era todo. Aquí nadie está buscando una pelea.
—¿Ehhhh… de verdad estás diciendo eso? —intervine con evidente sarcasmo—. Eso no era lo que decías cuando me torturabas sin piedad durante los entrenamientos en la academia. Pero en fin… Emanuel, lamento profundamente que tuvieras que presenciar esta escena tan vergonzosa. A veces Angélica se pone así de agresiva y posesiva, y no te dejará salir en paz hasta que le confieses exactamente a dónde vas.
Mis ojos se desviaron sutilmente hacia Saleh.
—Es una mujer bastante molesta… exactamente igual que alguien más por aquí. Y tú dime, Saleh, ¿qué demonios fue lo que pasó anoche entre ustedes? Se nota a leguas que tuvieron un sueño sumamente "plácido".
Saleh chasqueó la lengua con fastidio, notoriamente irritado por la indirecta.
—Verás, Carlos… ejem —dijo señalando dramáticamente a Angélica con el dedo—. Esta mujer es un auténtico peligro público. ¡Esa loca desquiciada casi me mata a sangre fría anoche mientras intentaba dormir!
Por un brevísimo segundo el comedor quedó en absoluto silencio… y de pronto todos en la mesa estallamos en una carcajada colectiva.
—Vaya, no pensé que le tuvieras tanto miedo a las mujeres, Saleh —comentó Melissa con una sonrisa traviesa y juguetona.
—Además, no creo que ella sea capaces de—
Angélica le devolvió la mirada de golpe a Melissa; una sonrisa francamente peligrosa y calculadora apareció en sus labios.
—Oye, Melissa… tú sabes perfectamente qué día es hoy, ¿verdad?
La expresión radiante de Melissa se congeló al instante.
—Oh, sí… hoy la vamos a pasar sencillamente genial —continuó Angélica acercándose un paso—. Tengo muchas ganas de devolverte una a una las palabras que me dijiste ayer por la tarde.
—¿Eh…? —Melissa dio un paso atrás, visiblemente confundida e intranquila—. Oye, no es para nada lo que estás pensando, Angélica. Ni siquiera soy capaz de recordar con claridad lo que ocurrió ayer… ya les expliqué a todos que no sé qué fue exactamente lo que me pasó en la mente. Les juro que—
—Melissa, no tienes por qué presionarte ni dar explicaciones —intervine poniéndome entre ambas—. Todos aquí estamos profundamente preocupados por lo que te sucedió. Si no logras recordar nada, significa que algo extraño le está ocurriendo a tu cuerpo… y aún no logramos entender de qué se trata.
—Pero te prometo que si encontramos la manera de averiguarlo, haremos todo lo posible para ayudarte.
Ella bajó la mirada hacia sus manos, apretándolas contra su regazo.
—Sé muy bien lo que piensas, Carlos… pero verdaderamente no entiendo nada de lo que pasa conmigo.
Saleh se acercó en ese momento a ella y le puso una mano firme sobre el hombro en gesto de apoyo.
—No te preocupes más por eso. Muy pronto vas a recordar absolutamente todo.
—¿De verdad lo crees…? —preguntó ella con una voz tímida y pequeña.
—Claro que sí —asintió Saleh con serenidad—. Solo deja que el tiempo haga su trabajo. Pero hay algo crucial que sí te voy a decir aquí y ahora… eres jodidamente fuerte. No solo eso… fuiste capaz de superarnos a todos nosotros en combate.
De pronto, el ambiente del salón volvió a tornarse denso y grave.
—Incluso… fuiste tú quien le cortó el brazo a Carlos.
El mundo entero de Melissa se detuvo en ese milisegundo.
—¿Q… qué de qué…? —las manos de Melissa volaron a su boca para ahogar un grito, mientras sus ojos temblaban descontroladamente por el pánico—. ¿Yo… en verdad fui capaz de hacerle algo tan horrible?
Emanuel, que observaba todo desde un rincón en absoluto silencio, abrió los ojos de golpe, completamente impactado.
Si ella le cercenó el brazo por completo… ¿cómo demonios es posible que ahora mismo lo tenga intacto sobre su cuerpo?
Esa perturbadora duda se clavó en la mente de Emanuel como una espina venenosa.
Melissa dio un paso tembloroso hacia mí, con el rostro desencajado por la culpa.
—Lo siento muchísimo, Carlos… si te hice ese daño tan terrible… yo de verdad—
—No tienes absolutamente nada por qué disculparte —respondí con una calma total, sosteniéndole la mirada—. Entiendo perfectamente lo que sentiste y lo que pasaste en ese momento.
Ella alzó la mirada, incrédula y sorprendida.
—Y… en verdad, más bien perdóname tú a mí.
—¿Por qué habrías de disculparte por algo que tú no provocaste…? —susurró ella entrecortadamente.
Sonreí de forma suave.
—Porque fue un acontecimiento que nadie esperaba que sucediera. Y gracias a ese enfrentamiento contigo… pude comprender muchas cosas fundamentales sobre mí mismo y mi poder.
Mis ojos se suavizaron al contemplarla.
—Además —añadí—, fue realmente divertido e instructivo entrenar a tu lado.
Los labios de Melissa comenzaron a temblar sin control.
—¿Por qué… por qué eres tan dolorosamente bueno conmigo, Carlos…? —preguntó estallando en lágrimas desgarradoras—. Dímelo de una vez…
Sus mejillas estaban completamente empapadas, y sus ojos rojos buscaban desesperadamente una respuesta en los míos… el motivo real de por qué la cuidaba y protegía con tanto celo.
Me acerqué a ella sin pronunciar una sola palabra y la rodeé entre mis brazos, sujetándola en un abrazo suave, cálido y reconfortante.
—No hay ninguna razón en particular —susurré cerca de su oído—. Lo hago simplemente porque me nace desde lo más profundo del corazón. Ayudar y proteger a los demás es una parte inseparable de quien soy.
Me separé despacio, sujetándole los hombros y mirándola fijamente a los ojos.
—Aunque no logres comprenderlo en este momento… siempre voy a estar ahí para darte una mano en lo que sea necesario. Solo concéntrate en lo que tienes hoy en día… en el presente.
El silencio volvió a envolver por completo la cocina. Pero esta vez no se sentía pesado ni incómodo.
Se sentía profundamente cálido y humano.
—Ahora que todos tocamos el tema, Carlos… ¿cómo diantres es posible que tu brazo esté perfectamente bien? —preguntó Rai rompiendo el trance con una curiosidad desbordante.
Alefa, Saleh y Angélica también fijaron inmediatamente su atención en mí, esperando una explicación lógica.
Dejé escapar un suspiro lento y pesado.
—Eso… es algo que no puedo revelar bajo ninguna circunstancia. No por ahora.
Melissa bajó la mirada al suelo y habló con una voz temblorosa, recordando el horror:
—Yo… yo sí sé lo que le ocurrió en realidad. Fue durante el ataque, cuando Lucifer, aquel ser abismal, lo tomó y lo usó como si fuera una simple marioneta. Tuvimos que luchar contra él… en una batalla a muerte.
El silencio se hizo denso y Sofocante.
Emanuel abrió desmesuradamente los ojos, sobrecogido por el nombre.
—¿Lucifer…? —murmuró para sí mismo—. Dime una cosa, Carlos… ¿qué fue exactamente lo que pasó después de eso?
Di un paso al frente, apretando la mandíbula.
—Yo tuve que intervenir directamente. En realidad… luché encarnizadamente contra él dentro del plano mental. Pero no fui la única persona presente. Hubo alguien más que milagrosamente logró salir con vida de ese infierno.
Mis manos se cerraron en puños con rabia contenida.
—Yo me quedé atrapado allí dentro, a solas con él. Nuestra batalla fue… sencillamente desgarradora.
Emanuel me observó con una mezcla indescifrable de respeto ancestral y asombro genuino.
—Ya veo… de modo que fuiste capaz de derrotarlo en un choque de voluntades puras. Eso no es algo que un humano común y corriente pudiera lograr ni en un millón de años.
Una leve sonrisa de reconocimiento apareció en sus labios.
—Debo admitirlo abiertamente, muchacho… me impresionas bastante más de lo habitual.
—Entonces fue exactamente de esa manera como tú… —murmuró Saleh clavando en mí una mirada sumamente seria.
Negué con la cabeza en gesto tajante.
—No es para tanto, de verdad. Y, siendo completamente sincero con todos, me gustaría que dejáramos este tema cerrado por hoy. No tengo ganas de recordar lo que viví allí.
Bajé el tono de voz, adoptando una expresión sombría.
—Lo más seguro es que ellos, en este mismísimo instante, estén buscando la reliquia sagrada como locos por todo el territorio.
—¿De qué clase de reliquia estás hablando? —preguntó Emanuel, intrigado por el término.
—Nada… no es nada de qué preocuparse —respondí rápidamente para no desviar el foco—. Es lo más lógico que harían en su lugar, ¿no creen?
Desvié la mirada hacia la ventana, pensativo y analítico.
—En este instante no sé exactamente cuál debería ser mi siguiente paso… necesito meditar las cosas más a fondo.
Emanuel dio un paso hacia mí, interrumpiendo mis pensamientos.
—Carlos, me gustaría que me acompañaras hoy a un lugar en particular. Tal vez despejarte un poco te ayude a pensar las cosas con mayor claridad. Te noto bastante alterado por dentro.
Lo medité en silencio durante unos segundos.
—Está bien… ya lo he decidido. Iré contigo. Pero antes necesito terminar de desayunar tranquilamente y cambiarme de ropa por algo más adecuado.
—Perfecto —asintió Emanuel con un gesto con la cabeza—. Nos vemos afuera dentro de una hora.
—De acuerdo.
—Te estaré esperando en el restaurante Shui —añadió antes de darse la media vuelta y salir de la casa.
Emanuel se alejó caminando con absoluta calma por la calle, mientras yo me quedaba allí parado en mitad de la estancia, con la mente repleta de dudas sofocantes… y un oscuro presentimiento en el pecho que era del todo imposible de ignorar.
Continuará.

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The strongest warrior of humanity (Novela)
Capítulo 116
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 115
Estás leyendo el capítulo 115 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.