Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 11 online gratis en español
🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
CAPÍTULO 11: Ecos de un milenio y el choque en el pasillo
—Me cuesta muchísimo trabajo creer que esa mujer llamada Hina tenga una fuerza física tan desastrosa y desmedida... —murmuré para mis adentros mientras intentaba ponerme de pie y me sobaba la mejilla completamente hinchada—. Si mi hermana menor se llegara a dar cuenta de semejante monstruosidad, supongo que no se contendría en lo absoluto si llegan a pelear, porque ella... cuando se trata de medir su poder contra alguien fuerte, simplemente pierde la cabeza.
Aún recuperándome del brutal golpe que me mandó a volar por los aires, caminé a paso apresurado por los pasillos de piedra de la academia hasta llegar a mi aula asignada. Al entrar, me dirigí hacia mi pupitre y me percaté de que en el asiento contiguo ya se encontraba sentada una chica de cabello oscuro y lacio. Su mirada no era la de una estudiante promedio; no lucía aburrida ni distante, sino profundamente analítica e inteligente. En el preciso instante en que me acomodé en mi silla, ella se giró lentamente a un lado y me volteó a ver fijamente. Durante unos segundos que parecieron eternos, ambos nos quedamos en absoluto silencio, midiéndonos con la mirada.
—Hola... —dije finalmente rompiendo el hielo con una sonrisa un poco torpe—. Supongo que tú debes ser mi compañera de asiento a partir de hoy.
Cielos... por la forma tan penetrante en que me está examinando, de seguro va a pensar que soy el tipo más raro y problemático de toda la academia, me puse a pensar de inmediato mientras la curiosidad por descubrir cómo era ella en realidad comenzaba a carcomerme la cabeza.
—Hola, es un verdadero placer encantada de conocerte —respondió ella inclinando levemente la cabeza con una compostura impecable—. Así es, tú también debes ser mi compañero de pupitre para este año escolar. Espero de todo corazón que nos llevemos muy bien en el futuro.
—Sí, ¡por supuesto! Lo mismo digo yo, será un gusto compartir clase contigo —le contesté soltando un leve suspiro de alivio.
Qué extraño, pensé divertido. Estaba completamente convencido de que me respondería con alguna frase fría o despectiva, como por ejemplo: «¡Oye, idiota! Aléjate inmediatamente de mí o te daré una paliza que jamás olvidarás en tu vida». Bueno, al menos eso era lo que mi mente pesimista esperaba que sucediera; en realidad, por la educación de sus palabras, me pareció que le había caído bastante bien desde el primer momento.
—Ah, por cierto... ¿cuál es tu nombre? —pregunté dándome una palmada en la frente—. Es verdad, qué distraído soy, ni siquiera te he dicho el mío.
—Mi nombre completo es Mikoto Ishikawa —respondió ella con una voz suave pero firme.
—¡Qué bonito nombre tienes, Mikoto! A decir verdad, me parece un nombre sumamente elegante. Yo me llamo Shirou —me presenté extendiéndole la mano.
—Encantada de conocerte formalmente, Shirou —dijo ella estrechando mi mano con una ligera sonrisa.
Apenas terminamos nuestras correspondientes presentaciones, la puerta frontal del aula se abrió de par en par y el profesor William ingresó al salón con un paso firme que imponía un respeto absoluto. Los rumores que circulaban por los pasillos decían que él había sido el único guerrero mortal que logró sobrevivir a la mítica Guerra del Desgaste, aquel conflicto bélico ancestral donde todas las razas del mundo tuvieron que formar una alianza desesperada para pelear contra una entidad oscura y desconocida. Al principio, la gran mayoría de los alumnos no sabían con certeza de qué se trataba esa leyenda ni la magnitud del desastre, pero la realidad era muy distinta para nosotros... Mi hermana Shiro y yo teníamos un secreto guardado a espaldas del mundo.
—¡Exactamente así fueron las cosas! —interrumpió mi voz interna recordando la verdad de nuestro origen—. Mil años... ¡tenemos más de mil años de existencia! Es decir, mi hermana y yo somos literalmente los únicos supervivientes originales que seguimos caminando con vida desde aquella era dorada. Aquí la gran pregunta que siempre nos hace replantearnos todo es: ¿cómo diablos es que aún seguimos vivos después de diez siglos? ¿Acaso poseemos algún tipo de inmortalidad concedida por los dioses? Eso es algo que hasta el día de hoy desconozco con certeza. Pero precisamente por esa longevidad cargamos con una experiencia de combate gigantesca; mi hermana y yo vivimos en carne propia los horrores de esa época.
Recuerdos amargos comenzaron a inundar mi mente mientras el profesor William preparaba su lección en la pizarra.
—En aquel entonces yo tenía muy buenos amigos y compañeros de armas —recordé con una opresión en el pecho—, pero la gran mayoría de ellos terminaron muriendo trágicamente en el campo de batalla por no poseer el poder suficiente para resistir el embate enemigo. Sin embargo... existió una mujer en particular que era ridículamente fuerte, una guerrera cuya destreza con la espada y la magia superaba cualquier lógica humana; en los libros de historia legendarios era conocida respetuosamente como la Diosa de la Guerra. Desafortunadamente, ella desapareció sin dejar el menor rastro hace exactamente mil años, justo al finalizar la gran conflagración. Mi hermana y yo la hemos buscado incansablemente a lo largo de los siglos; yo tenía cientos de preguntas cruciales que hacerle sobre el destino del mundo, pero jamás logramos encontrar una sola pista clara sobre su paradero real, y al no hallar respuestas, las altas esferas del imperio terminaron dándola por muerta. Lo único innegable hasta el momento es que, hoy en día, absolutamente todos los eruditos del continente siguen hablando con veneración sobre los mitos de esa legendaria mujer.
Estaba tan sumergido en el océano de mis memorias milenarias que no me di cuenta de que el profesor William llevaba ya varios segundos llamándome en voz alta desde el frente del aula. Al notar que no respondía y que estaba completamente ido mirando por la ventana, el anciano maestro caminó a paso rápido hasta mi pupitre, extendió la mano y me sujetó fuertemente de ambas orejas, tirando de ellas hacia arriba.
—¡Es apenas el primerísimo día de clases del semestre y ya te encuentras completamente distraído en mi materia, muchacho! —me regañó el profesor William levantando la voz con un tono severo—. ¿Acaso no te parece lo suficientemente interesante mi clase sobre los fundamentos del maná?
Me quedé completamente paralizado y en silencio, sin ser capaz de articular una sola palabra para defenderme ante la presión de su mirada.
—¡Que sea la absolutalmente última vez que te veo mirando a las musarañas mientras explico! —advirtió el profesor soltando mis orejas—. Porque si te vuelvo a sorprender en ese estado de apatía, no dudaré un solo segundo en expulsarte de mi aula por el resto del día.
En cuanto el maestro regresó a la pizarra, la clase entera estalló en una oleada de risas contenidas y murmullos burlones a costa mía. Al escuchar los cuchicheos de mis compañeros, sentí cómo un ardor sofocante de vergüenza me recorría las mejillas de oreja a oreja. A mi lado, Mikoto Ishikawa me miraba con una amplia sonrisa juguetona, tratando de cubrirse la boca para no soltar una carcajada estruendosa.
—De verdad eres un sujeto sumamente gracioso, Shirou —me dijo Mikoto en un susurro divertido mientras tomaba notas en su cuaderno—. Después de todo, haberme sentado a tu lado valió completamente la pena para ver esa escena.
Una vez finalizada la densa lección sobre el Control Total de la Energía Espiritual, recogí mis pertenencias y salí al amplio pasillo principal para despejar la mente. Caminaba tranquilamente observando los vitrales del edificio cuando, por pura casualidad, divise a lo lejos a Hina Sánchez parada cerca de una de las columnas marmóreas. Sin embargo, la atmósfera a su alrededor no era para nada tranquila: estaba siendo acorralada y acosada abiertamente por un grupo de estudiantes de segundo año liderados por un sujeto de aspecto engreído.
—¡Vamos, nena, no seas tan amargada! Ven a tomar algo con nosotros a los jardines traseros, te prometemos que la vas a pasar de maravilla —decía el líder del grupo con una sonrisa arrogante mientras le cerraba el paso.
—¡Ya les dije clara y tajantemente que no tengo la menor intención de ir a ningún lado con ustedes! —respondió Hina frunciendo el ceño y tratando de dar un paso atrás.
Me quedé observando la situación a unos metros de distancia, dudando por un segundo si debía intervenir en los asuntos de los alumnos superiores. Pero justo en ese instante, el chico de segundo año perdió la paciencia, estiró el brazo con brusquedad y agarró violentamente a Hina de la muñeca.
—¡Oye! ¿¡Pero qué demonios te pasa!? —exclamó Hina intentando soltarse del agarre con molestia—. ¡Me estás lastimando el brazo, suéltame ahora mismo!
—¿Qué pasa de qué? ¡Te dije claramente que vinieras con nosotros, mocosa insolente! —dijo el sujeto apretando su agarre y clavándole una mirada amenazante—. ¿Acaso no tienes la capacidad mental para entender lo que te estoy ordenando?
Estos tipos de grados superiores realmente se creen con el derecho de hacer lo que se les dé la regalada gana con los de primer año, pensé apretando los puños con rabia. Justo en el momento en que estaba analizando la mejor forma de actuar ante el abuso de esos maleantes, noté que otro estudiante caminaba a paso firme por el pasillo justo detrás de mí.
—Oye tú... ¿qué es lo que te quedas viendo tan fijamente por allá? —me preguntó el recién llegado al notar mi postura tensa.
Al verlo, me di cuenta de inmediato de que necesitaba unir fuerzas con alguien más para evitar que la situación se saliera de control.
—Oye, disculpa la molestia... ¿cómo te llamas? —le pregunté mirándolo directamente a los ojos.
—Mi nombre es Josué —respondió él ajustándose las correas de su mochila con un semblante tranquilo pero decidido.
—Mucho gusto, Josué. Mi nombre es Shirou —le dije apresuradamente—. Escucha, necesito pedirte un enorme favor ahora mismo. ¿Crees que me podrías prestar tu ayuda para resolver un problema urgente allá adelante?
En cuestión de segundos, le conté a Josué de manera resumida y precisa el abuso que los estudiantes de segundo año estaban cometiendo contra la chica de cabello azul al fondo del corredor.
—Ya veo cómo están las cosas... así que esos cretinos de segundo año la están acosando en pleno pasillo público —dijo Josué con la mirada oscurecida por la molestia—. Muy bien, Shirou. Si se trata de poner en su lugar a esos abusivos, cuenta con mi ayuda sin dudarlo. ¡Vamos de una vez a encararlos antes de que le hagan algo peor!
Continuará…

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Estás leyendo el capítulo 11 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 344 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.