Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 109 online gratis en español
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Capítulo 109: Secretos Bajo el Mismo Techo y la Evolución del Filo
Punto de vista: Carlos Tanaka
Emanuel y yo caminamos a paso constante por las concurridas calles iluminadas del asentamiento, dirigiéndonos hacia el departamento que habíamos alquilado a poca distancia del mercado. A lo largo del trayecto fuimos conversando sobre infinidad de temas, intercambiando anécdotas con una fluidez tan natural que me resultaba difícil creer que apenas acababa de conocerlo. Sentía como si hubiese forjado una amistad sincera en cuestión de minutos. Sin embargo, en el fondo de mi mente persisitía un extraño matiz de desconcierto; no lograba comprender por qué razón... pero su voz me resultaba inquietantemente familiar.
—Sabes, Carlos, resulta bastante peculiar encontrarse con un muchacho de tu edad caminando tan tarde y con esa templanza —comentó Emanuel mientras sorteaba a un grupo de mercaderes—. Este mundo no suele ser amable con quienes bajan la guardia.
—Supongo que he tenido que aprender a valerme por mí mismo más rápido de lo normal —respondí, esbozando una leve sonrisa mientras ajustaba las bolsas de provisiones en mis brazos—. Además, no estaba paseando sin sentido; tenía una misión clara para la cena.
—Esa determinación es digna de admirar, muchacho —agregó él, soltando una risa pausada y profunda—. Me recuerda a viejos tiempos... a personas que solían tomarse cada pequeña responsabilidad como si fuera un juramento sagrado.
Aquel tono de voz reverberaba en mi memoria de un modo casi doloroso. Me recordaba a alguien... pero no lograba ubicar con claridad a quién.
De pronto, al doblar la esquina y aproximarnos a la fachada del departamento, la puerta principal se abrió de par en par. Melissa salió apresuradamente a la calle y, en cuanto sus ojos se posaron en mi figura regresando intacto, no vaciló ni un solo segundo. Corrió directamente hacia mí con los brazos abiertos y me envolvió en un abrazo desesperado y desmedido, aprisionándome contra su pecho con una fuerza abrumadora.
—¡Lo siento mucho por todo lo que pasó, Carlos! De verdad... lo lamento tanto... yo... yo... —balbuceó con la voz entrecortada por el pánico, temblando visiblemente.
—Vamos, vamos, Melissa, cálmate un poco por favor —dije, dando suaves palmaditas en su espalda mientras intentaba separarla suavemente para mirarla a los ojos—. Dime qué es lo que te sucede realmente. ¿Por qué estás tan alterada y alterando el ambiente?
—Es que... es que yo simplemente no puedo recordar absolutamente nada de lo que ocurrió en las profundidades del bosque —declaró ella, alzando la voz hasta casi gritar en plena noche, al borde de la histeria—. ¡No logro recordar ni un solo segundo del combate! ¡Es exactamente como si alguien hubiese entrado a mi mente y me hubiera robado la memoria por completo!
—Eso resulta sumamente extraño... e inquietante —murmuró Emanuel desde un par de pasos atrás, observando atentamente la escena con el ceño levemente fruncido.
Al escuchar esa tercera voz desconocida, Melissa detuvo bruscamente sus lamentos. Se limpió una lágrima del rostro y cambió de forma drástica su expresión asustada por una mueca mucho más alegre, curiosa y llena de vitalidad.
—Por cierto... ¿y tú quién demonios eres? —preguntó ella sin rodeos, inclinando la cabeza con soltura mientras lo examinaba de arriba a abajo.
—Bueno, Melissa —intervine rápidamente, interponiéndome con una sonrisa pequeña y cargada de una risa nerviosa—, a esta persona me la encontré por pura casualidad mientras recorría los puestos del mercado local. Estaba pasando por un momento complicado y decidí invitarlo a acompañarnos.
Mientras continuábamos hablando en la entrada del departamento, la mirada de Emanuel se congeló por un instante. Un brillo morado mucho más intenso emanó de sus pupilas al enfocar la figura de la muchacha. Notó que algo completamente fuera de lo común estaba sucediendo allí. Una presencia sumamente familiar e imponente parecía fluctuar en el aura de Melissa, un rastro casi imperceptible que a él le evocaba el reencuentro con alguien muy específico de su remoto pasado... con la leyenda de Henry Ogawa, el caballero más leal y respetado de todo el antiguo Reino Platino del Amanecer.
No... no... no puede ser en absoluto posible... pensó Emanuel para sus adentros, tragando saliva ruidosamente y apretando los puños a los costados de su cuerpo. Tal vez solo me estoy ilusionando como un estúpido. Deber ser únicamente una alucinación producto de la debilidad, porque no he probado un solo bocado de comida en días enteros... pero aun así, la naturaleza de su ser se me hace aterradoramente familiar.
—Y bien —interrumpió Melissa, rompiendo la tensión del rubio mientras le dedicaba una amplia sonrisa—, dime de una vez, ¿cómo te llamas, hombre rubio de mirada seria?
—Ah, claro que sí, qué tremenda falta de cortesía de mi parte por no haberme presentado antes —respondió él, recuperando de inmediato su compostura impecable y haciendo una leve reverencia—. Me llamo Emanuel. Y tú debes ser Melissa, si la memoria no me falla por lo que mencionó el muchacho hace un momento, ¿estoy en lo cierto?
Melissa asintió enérgicamente con la cabeza, haciendo que sus mechones de cabello se sacudieran.
—¡Por supuesto que sí! Esa soy yo. Pero no te quedes ahí parado en el umbral, si te quedas ahí afuera te vas a morir de frío con el viento de la noche. Pasa adelante, siéntete completamente como en tu propia casa.
Aceptando la calurosa bienvenida, ambos cruzamos el marco de la puerta e ingresamos al departamento. Dejé las compras sobre la mesa principal y me dispuse a saludar al resto del grupo que se encontraba reunido en la sala de estar, pero en cuestión de segundos la atmósfera del lugar cambió de manera drástica. Una pesadez asfixiante envolvió el aire. Tanto Saleh como Angélica se pusieron rígidos al instante, detectando una presencia abrumadora y horrible que parecía irradiar sutilmente desde la figura de nuestro invitado.
—¿Qué diablos es esta presión sofocante que estamos sintiendo repentinamente? —susurró Saleh al oído de la maga de hielo, colocando discretamente la mano sobre la empuñadura de su arma.
—No tengo la menor idea... —respondió Angélica en un murmullo helado, con la mirada fija en el recién llegado y los ojos ampliamente abiertos—, pero ese tipo definitivamente no es alguien cualquiera. Lo que resulta infinitamente más raro y peligroso es que ni Carlos ni Melissa parecen percatarse de la monstruosidad que estamos sintiendo nosotros.
Ese poder que emanaba a cuentagotas... era lisa y llanamente aterrador.
Todos en la habitación nos quedamos en un silencio sepulcral durante varios segundos, sin apartar la mirada ni un solo milímetro los unos de los otros. Nuestros ojos se reflejaron fijamente en los suyos... y los suyos hicieron lo propio en los nuestros, creando un duelo tácito e invisible.
Era como si Emanuel ya supiera de antemano que no era el único ser ridículamente fuerte presente en aquella estancia. O mejor dicho... como si desde el primer segundo en que puso un pie adentro, supiera exactamente quiénes somos cada uno de nosotros y de lo que somos capaces.
Aprovechando que Melissa entretenía a Emanuel mostrándole dónde acomodarse, me acerqué sutilmente al elfo y a la maga.
—En fin, Saleh, te sugiero que no bajes la guardia por nada del mundo —dije en voz extremadamente baja, disimulando la tensión de mis labios—. Puedo sentir una energía latente mucho más potente que la de cualquiera de nosotros tres. Deberíamos tomarnos el tiempo de investigar a fondo quién es él realmente, ¿no te parece lo más sensato?
—Tal vez tengas toda la razón del mundo —suspiró el elfo mientras observaba detenidamente los movimientos del rubio—. Tendremos un cuidado extremo con este tipo mientras permanezca cerca.
Para romper de una vez por todas la rigidez que amenazaba con arruinar la velada, levanté la voz y me dirigí a Emanuel con amabilidad:
—Emanuel, déjame presentarte formalmente al resto de mis compañeros de viaje. Ella es Alefa, él de allí es Rai, y la dama aquí presente es Angélica. Y finalmente, él es Saleh. Sé perfectamente que resulta muy raro ver a un elfo y a un vampiro conviviendo en el mismo lugar, lo comprendo, pero te aseguro que no son malas personas en absoluto. Muy por el contrario, son un verdadero encanto de compañeros... —hice una breve y calculada pausa, mirando de reojo—... Excepto una en particular...
Esa última mirada, cargada de una mezcla de burla e inseguridad, se clavó directamente en la figura de Angélica.
La maga de hielo entornó los ojos, sonrió de forma desquiciada y apretó sus puños generando un leve crujido de escarcha en el aire.
—Ya quiero que sea mañana por la mañana para darte la golpiza de tu vida y molerte a palos —murmuró ella en voz extremadamente baja, modulando cada palabra con una mezcla de enojo y diversión—. Muajajajaja...
Su risa resonó como el eco más aterrador y siniestro de todo el departamento.
—En fin, continuando —proseguí fingiendo demencia ante la amenaza de la maga—, lo he traído hasta nuestro refugio porque lleva varios días enteros sin probar alimento alguno y le ofrecí que pasara la noche con nosotros. Espero de corazón que sean muy amables con él y lo traten con el respeto que merece, por favor.
Todos los miembros del grupo asintieron en silencio, aunque varios de ellos mantenían miradas inquisitivas y algo extrañas fijadas en el invitado.
—Está bien, no te preocupes por nada, Carlos —dijo finalmente Saleh, forzando una sonrisa serena para suavizar la situación—. Después de todo lo que hemos pasado, espero que seamos capaces de llevarnos bien. Adelante, pasa y descansa.
—Lo mismo digo, es un verdadero honor —respondió Emanuel, esbozando una sonrisa honesta que pareció disipar momentáneamente la densidad del aire.
Ambos hombres dieron un paso al frente y estrecharon sus manos firmemente en un saludo peculiar, midiendo sutilmente la fuerza del otro en el proceso.
La noche ya se había asentado por completo sobre la ciudad y el hambre apremiaba.
—Será mejor que nos pongamos a preparar la comida de una vez, ¿no les parece? —sugirió Alefa rompiendo el hielo—. La verdad es que me muero de hambre tras todo el ajetreo —añadió dedicándome una mirada juguetona.
—Mañana mismo comenzaremos sin falta con la rutina de entrenamiento intenso —intervino Angélica adoptando una postura de instructora implacable—. Pero la prioridad absoluta durante los primeros días será el control estricto del flujo de maná. Y tú, Saleh, dijiste que colaborarías en la instrucción de mi discípulo. Te encargarás personalmente de supervisar y ejecutar el refuerzo de sus canales cada doce horas, ¿qué opinas al respecto? Mañana en la primera hora de la mañana empiezo yo con la sesión inicial, y por la noche continúas tú con la segunda fase.
—Mmm... no me parece una mala idea en absoluto —respondió Saleh tras meditarlo unos instantes—. Pero dime una cosa, Angélica... ¿de verdad estás completamente segura de que en un periodo de solo cinco meses se volverán lo suficientemente fuertes como para sobrevivir a lo que se avecina?
—Así es, no me cabe la menor duda —asintió ella con total convicción—. Sabes perfectamente que las cosas en los frentes de combate no están yendo nada bien en estos momentos. Ya has escuchado los mismos rumores de guerra que yo. Por ahora no tenemos otra alternativa que apresurarnos lo más rápido posible.
Después de que ellos terminaran de discutir los pormenores de la estrategia, nos reunimos todos alrededor de la mesa para cenar abundantemente. Tras compartir la comida y recoger los platos, cada uno se retiró a sus respectivos espacios asignados para dormir y reponer fuerzas tras una jornada agotadora.
Yo me acomodé en mi manta sobre el suelo, boca arriba, quedándome mirando fijamente las vigas del techo en la penumbra de la habitación, con la mente sumergida en un único y constante pensamiento.
Dejé escapar un leve suspiro en silencio, cerré los ojos y comencé a manipular la energía en mi interior, utilizando la estructura de mi núcleo piramidal para empezar a forjar y dar forma a la siguiente fase de mi núcleo de poder. Era consciente de que estaba acelerando los procesos de manera apresurada, pero lo hacía impulsado por un estricto sentido de precaución. En este mundo volátil, uno nunca sabe con certeza qué clase de peligro puede ocurrir al día siguiente.
Tras neutralizar por completo la fluctuación externa de mi maná para no despertar a los demás, una resplandeciente manifestación de luz comenzó a emanar sutilmente desde el centro de mi pecho. Fue en ese preciso instante cuando se produjo la condensación de la siguiente fase de mi núcleo: una energía profundamente siniestra, una esencia única e inigualable que solo existía en lo más recóndito de mi ser.
Mientras esa abrumadora energía fluía de manera fluida a través de cada uno de mis canales mágicos, activé simultáneamente mi Visión de Dragón... y noté la diferencia de inmediato.
El cambio era cualitativo. Ya no me limitaba únicamente a percibir el entorno con una agudeza visual superior: ahora mi percepción me permitía ver con claridad absoluta la firma energética, las corrientes puras y el flujo de maná que cada ser vivo portaba en su interior.
Aquello significaba una sola cosa: mis habilidades métricas y perceptivas habían evolucionado a un nivel infinitamente superior tras la encarnizada lucha contra la entidad en el cuerpo de Melissa.
Una amplia sonrisa de satisfacción se dibujó en mi rostro mientras mantenía los párpados cerrados.
Entonces, moviéndome en completo e absoluto silencio, invoqué la presencia de mi Espada Nocturna, suprimiendo al máximo la firma espiritual para no permitir que absolutamente nadie en el departamento sintiera el despertar de mi poder. Solo necesitaba comprobar una hipótesis crucial.
¿Acaso sería técnicamente posible mezclar esta hoja de sombras con magia elemental pura?
Si lograba perfeccionar y consolidar una creación de semejante magnitud, absolutamente nadie en el campo de batalla tendría la capacidad de deducir cómo lo había hecho. Era un concepto sumamente curioso e intrigante para mí... pero, mucho más allá de la curiosidad, resultaría ser una herramienta extremadamente útil y devastadora en combate real. De esa manera no tendría la necesidad imperiosa de ejecutar magia elemental de forma directa provocando desgastes, sino que podría canalizarla limpiamente a través del filo de mi espada mágica, sin el menor temor al fracaso o a la inestabilidad.
Me concentré intensamente durante largos y minuciosos minutos, entrelazando las vertientes energéticas y colocando cada elemento con una precisión matemática deslumbrante.
De repente, un destello tenue pero hermoso se encendió justo ante mis ojos.
La Espada Nocturna transformó drásticamente la opacidad de su color oscuro original, adoptando en su lugar un brillo blanco purísimo e intenso, aunque todavía conservaba flotando a su alrededor pequeñas y delicadas partículas de pura oscuridad en perfecto equilibrio.
Ese fenómeno solo podía significar una verdad incuestionable: la manera en que trabajas y moldeas tu núcleo de poder tiene la capacidad real de evolucionar a niveles impredecibles.
Interesante... verdaderamente muy interesante.
¿A un fenómeno tan perfecto y armónico se le podría llegar a catalogar como un verdadero milagro?
Ya tenía trazada en mi mente una idea bastante clara de lo que llevaría a cabo si lograba alcanzar la siguiente etapa de desarrollo, pero la verdadera pregunta que me carcomía era otra completamente distinta: ¿cuántas fases o niveles de núcleo existen en total en este universo?
Nadie en mi vida anterior ni en esta me había dicho una sola palabra al respecto. Nadie se había tomado el trabajo de contarme qué ocurre exactamente si un guerrero llega a desarrollar más núcleos en su interior... o qué terrible precio biológico y espiritual se termina pagando por avanzar tan lejos.
Esa gran incógnita quedó suspendida en el aire de mi mente, envuelta en un denso silencio sabático. Lo mejor sería dejar esa cavilación para otro día. Ya sentía un cansancio insoportable pesando sobre mis párpados y, si continuaba agotando mi reserva de maná a estas horas de la madrugada, podría llegar a causar serios problemas al momento de iniciar el entrenamiento al amanecer.
Finalmente, el agotamiento físico acumulado terminó por vencer por completo mi resistencia. Me quedé plácidamente dormido, pero llevando conmigo una profunda y reconfortante sensación de satisfacción personal. Había logrado algo verdaderamente grande en esta noche.
Algo indudablemente brillante.
—¿No lo crees así también, Natsu...? —murmuré en el último aliento de mi conciencia antes de caer sumido en el sueño.
Continuará.

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Estás leyendo el capítulo 109 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.