Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 108 online gratis en español
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Capítulo 108: El Peso del Ayer y una Mano Extendida en la Noche
Punto de vista: Carlos Tanaka
De lo contrario, me sentía horriblemente mal en lo más profundo de mi ser al escucharla decir algo semejante. No supe en un primer instante cómo tomar o procesar esa reacción tan visceral, pero en el fondo era plenamente consciente de que las cosas entre nosotros dos ya no avanzaban en una misma dirección.
No lograba comprender absolutamente nada de lo que ella trataba de expresar al hablar sobre "buscarme". ¿De verdad estás intentando encontrarme a través del abismo del tiempo y los mundos, sin importar en absoluto las catastróficas consecuencias que eso pueda acarrear?
Sentí un dolor agudo y punzante alojarse directamente en el centro de mi pecho, como si un puñal invisible atravesara mi corazón. De inmediato, mi mente comenzó a estallar en una lluvia incontrolable de recuerdos del pasado: aquellos instantes puros y lejanos en los que nos convertimos en amigos por primera vez, cuando apenas éramos unos niños descubriendo la existencia.
Una infancia verdaderamente inolvidable.
Recuerdo con una claridad casi cristalina aquel día en el parque público. Me hallaba sentado solo, mirando fijamente la inmensidad del sol bajo un cielo completamente despejado de nubes. Fue en ese preciso momento cuando te acercaste a mi posición, rompiendo mi aislamiento.
—Hola, me llamo Angélica —dijiste con una voz suave, curiosa y llena de luz infantil—. ¿Y tú? ¿Cómo te llamas, niño que está mirando directamente al sol?
Me quedé sumamente sorprendido y desencajado al ver que una chica de mi edad se tomaba la molestia de acercarse para hablarme de forma tan espontánea. Yo simplemente solía estar allí, inmóvil, observando el astro solar, tan deslumbrante y abrasador que casi provocaba dolor en los ojos al sostenerle la mirada.
Los días presentes ya no guardan la menor semejanza con aquella época. Nada es igual ahora. Yo ya me encuentro técnicamente muerto en ese plano… mientras que ella continúa resistiendo y existiendo en su propio mundo.
No es que me oponga o que no desee que vengas hasta donde me encuentro. No me disgusta en lo más mínimo esa posibilidad; muy por el contrario, te recibiría con los brazos abiertos y sin vacilar un solo segundo. Sin embargo, existe una verdad desgarradora, algo oscuro y roto que no quisiera bajo ninguna circunstancia que llegaras a ver en mí.
Sé perfectamente bien todo lo que ocurrió en aquel entonces.
Y aun así, a pesar de lo extraño que resultaba mi comportamiento, después de ese primer encuentro tú continuaste buscándome y hablándome día tras día.
—No tienes muchos amigos con quienes jugar, ¿verdad? —me preguntaste en una ocasión, ladeando la cabeza con cierta ternura—. Pero no debes tener miedo de nada —añadiste de inmediato, dibujando en tus labios una sonrisa cálida y profundamente sincera—, porque a partir de este preciso día, yo me convertiré en tu primera amiga.
—Así que jamás vuelvas a sentirte solo en la vida —continuaste diciendo con firmeza infantil—, porque sin importar dónde me encuentre yo, siempre te seguiré a donde quiera que vayas.
Los años fueron transcurriendo uno tras otro desde el momento en que la conocí. Crecimos juntos e incluso compartimos el ingreso a la misma escuela secundaria. Sin embargo, fue precisamente en esa etapa académica… donde mi verdadero e insoportable infierno terrenal estaba por dar comienzo.
“Sufría constantemente”. “Se burlaban y me molestaban sin piedad”.
Me sentía horriblemente mal, consumido por una tristeza destructiva al ser sistemáticamente despreciado y humillado por las personas a mi alrededor. ¿Acaso debí haber tomado la drástica decisión de suicidarme en aquel desgarrador momento?
La única razón por la que no lo hice… fue porque no soportaba la simple idea de que ella me viera morir o encontrara mi cuerpo sin vida.
Tenía que obligarme a seguir soportando en silencio todo ese sufrimiento diario. A veces, mis únicos y contados pasatiempos consistían en cantar a solas cuando no había nadie cerca y tocar un poco el piano; era lo único que lograba mantener mi mente en relativa paz, la única vía de escape que me liberaba, aunque fuera por breves instantes, de la aplastante realidad de mis problemas.
Sé perfectamente que esta es una pesadilla miserable que desafortunadamente muchas personas se ven obligadas a experimentar en el mundo.
Nadie movió un solo dedo ni hizo absolutamente nada para brindarme ayuda cuando más desesperadamente la necesitaba. Los demás solo se limitaban a reírse a carcajadas, a burlarse cruelmente de mí por considerarme alguien patético, por catalogarme como un simple e insignificante perdedor.
Procuraba por todos los medios imaginables que ella no se diera cuenta del calvario que yo estaba atravesando a diario. Muchos se preguntarían con lógica: ¿por qué motivo le oculté absolutamente todo lo que me sucedía?
La razón detrás de esa decisión era ridículamente simple… porque yo ya no me sentía capaz de hablar. Siempre terminaba optando por quedarme callado, sumergido en un silencio sofocante, como si el pánico y el terror dominaran por completo mi voluntad. Un miedo paralizante a ser lastimado, a ser golpeado y herido una vez más.
Mi único objetivo era evitar a toda costa que ella sufriera por mi causa.
Ella representaba el ser más valioso e importante para mí en todo el planeta, una amiga leal que jamás me dio la espalda y que siempre permaneció a mi lado en mis peores momentos.
Incluso cuando ella misma cargaba con sus propios dilemas y contratiempos personales, yo siempre buscaba la manera de tenderle una mano y ayudarla sin pedir jamás nada a cambio. Prefería mil veces volcar todos mis esfuerzos en ayudarla a resolver sus pesares antes que atender mis propias heridas. Prefería mil veces que ella tuviera la oportunidad de experimentar una vida plena y feliz, aunque yo tuviera que resignarme a arrastrar una existencia miserable.
Expresé aquellas reflexiones internas mientras dejaba escapar una sonrisa triste y completamente desanimada.
—Lamento profundamente haber sido una decepción para ti… pero tenía que actuar de esa manera para asegurarme de que tú pudieras vivir una vida serena y feliz.
Aún puedo recordar con nitidez las fechas de mi cumpleaños… siempre te tomabas el trabajo de estar allí para mí, celebrando a mi lado, y es algo que te agradeceré eternamente desde el fondo de mi alma. Porque mis propios padres jamás se molestaron en estar presentes en mis cumpleaños.
En ese punto de los recuerdos, mi voz se quebró por completo y un nudo sofocante se apoderó de mi garganta.
Ellos… mis propios progenitores…
Fui incapaz de articular palabra alguna durante varios segundos de denso silencio, hasta que finalmente reuní el valor y lo expresé con una amarga fuerza retenida:
—Nunca les importé en lo más mínimo. Es exactamente como si ellos jamás se hubieran amado de verdad. Supongo que esa es la triste realidad que suele ocurrir en los matrimonios forzados, donde ninguna de las partes está dispuesta a hacerse responsable de sus propios errores.
Recuerdo la fecha exacta grabada a fuego en mi memoria. Sucedió el 16 de junio del año 2070 (16/06/2070).
Ese día en específico estaba cumpliendo catorce años de edad. Me encontraba cursando la secundaria. Al regresar a mi casa… noté que no había absolutamente nadie en el interior. El silencio era absoluto.
Sin embargo, percibí un detalle inusual y extraño en la atmósfera aquel día. Abrí la puerta de la sala impulsado por la pura curiosidad, y fue en ese instante cuando una voz resonó en la penumbra:
—¡Sorpresa!
Una hermosa y resplandeciente sonrisa se dibujó en su rostro al verme llegar. Una sonrisa sencillamente maravillosa.
Apreté los dientes con violencia… no por un sentimiento de enojo o molestia, sino por una abrumadora ola de alivio. Porque, contra todo pronóstico, al menos una persona en este mundo se había acordado del día de mi nacimiento.
Eso… ese simple y noble gesto era lo único que en aquel entonces me hacía sentir verdaderamente vivo.
Dejé escapar un profundo suspiro, tragando saliva con dificultad para contener el llanto, y continué rememorando cada palabra intercambiada, cada punzada de tensión que experimenté en aquella jornada.
Hasta que finalmente llegó el periodo de la preparatoria… y las cosas se desmoronaron a un nivel infinitamente peor.
Todo el entorno comenzó a salirse de control de forma irreversible. Por culpa de mi propia arrogancia, de mi cobardía e ignorancia, permití que los abusos y las situaciones extremas ocurrieran sin oponer resistencia. No tengo el derecho de culpar a nadie más por mi destino; simplemente no fui lo suficientemente fuerte ni valiente como para alzar la voz y poner un alto. El terror psicológico me dominaba por completo.
Llegué al extremo de permitir que tú misma presenciaras mi trágica muerte de primera mano, y me siento profundamente culpable por ello. Me recrimino y me culpo a mí mismo cada día. Si tan solo hubiese tenido el valor de decirles que no… Yo no quería…
Tragué saliva una vez más, intentando frenar la tormenta emocional. En el fondo ya no deseaba seguir escarbando en el pasado, pero una intensa curiosidad invadió de pronto mi mente. Deseaba desesperadamente saber qué era lo que había ocurrido exactamente con el mundo y con ella después de que yo falleciera y abandonara ese plano.
Me limité a contemplar fijamente la silueta espiritual de mi amada y añorada mejor amiga, Angélica Alejo. Supongo que la manifestación de estos recuerdos no era otra cosa que un mensaje directo del destino. Eso significa que tú…
Bajé la mirada en absoluto silencio, haciendo un esfuerzo sobrehumano por controlar la marea de mis emociones y evitar romper a llorar en soledad. Volví a elevar la vista hacia ella y, justo antes de despedirse, me regaló una última sonrisa repleta de calidez, para luego comenzar a desintegrarse gradualmente en miles de diminutas partículas doradas que flotaron hacia la noche hasta desaparecer por completo.
Una luz cálida y pura parecía quemar la totalidad de mi ser desde el interior. Las llamas místicas que emanaban de aquellas puertas de luz iluminaban el sendero que se abría ante mí.
Dejé escapar una leve y sincera sonrisa, saturada de un amor y un cariño incondicionales.
Tus labios son indudablemente lo más hermoso que existe, capaces de provocar delicadas cosquillas en lo más profundo del alma. Tu mirada es la más bella y pura que cualquier ser humano pudiera tener el privilegio de contemplar.
¿Por qué razón alguien tan noble como tú tuviera que pasar por todo esto…?
Estaría dispuesto a entregar mi propia vida por ti una y mil veces, sin importar lo dura que haya sido la historia o lo que haya sucedido en el pasado entre nosotros. Todo por preservar una amistad tan genuina e increíble como la que tuvimos la dicha de compartir. El color brillante de tu cabello se convertirá en el recordatorio constante durante los días en los que me detenga a pensar en ti.
Al articular esos pensamientos en voz baja, comprendí que ella siempre formaría parte fundamental de la trama de mi existencia. Sin embargo, noté que la hora se estaba volviendo excesivamente tardía, por lo que decidí abandonar definitivamente las profundidades del bosque reconstruido y encaminarme a pasos constantes hacia la ciudad… o más bien, hacia aquel asentamiento urbano. Aunque, analizándolo detenidamente, para ser considerado un simple pueblo, el lugar resultaba ser desproporcionadamente grande y concurrido.
Será mejor que me apresure a comprar algo sustancioso para la cena y luego regrese de inmediato con los demás; después de todo, se encuentran pasando la noche albergados allí, reflexione para mis adentros mientras ajustaba mi capa.
Comencé a caminar distraído entre los abarrotados puestos del mercado nocturno cuando, sin darme cuenta por estar sumergido en mis pensamientos, termine chocando de frente contra otro transeúnte. Se trataba de un chico de aspecto particular, luciendo una llamativa cabellera rubia y unos intensos ojos morados que brillaban con un matiz singular; su expresión facial denotaba una marcada frialdad y seriedad.
—Deberías fijarte con mayor atención por dónde caminas, niño —expresó el sujeto, mirándome con evidente severidad y tono distante.
—Lo siento muchísimo… —me disculpé de inmediato, inclinando levemente la cabeza en señal de respeto—. Solamente me dirigía a comprar algo de comida para llevar y no me fije…
—¿Oh, en serio era solo eso? Entonces supongo que debí haber empezado por preguntar antes de juzgar —dijo el muchacho, cambiando de forma drástica su actitud y suavizando el tono de su voz—. El que realmente debe ofrecer una disculpa por reaccionar de forma tan impulsiva soy yo. Lamento profundamente mi comportamiento inadecuado. Me presento formalmente: mi nombre es Emanuel. ¿Y tú, muchacho, cómo te llamas?
—Me llamo Carlos —respondí, esbozando una sonrisa amable—. Es un verdadero gusto conocerte, Emanuel. Por lo que veo, eres alguien completamente nuevo por esta zona, ¿me equivoco?
—Jajaja, así es, diste justo en el blanco. Soy totalmente nuevo en la región y no llevo mucho tiempo recorriendo estas calles —admitió soltando una ligera risa—. A decir verdad, a veces me invade el temor de que todo a mi alrededor pueda salir mal en cualquier momento, pero me alegra enormemente haber tenido la oportunidad de cruzarme contigo, muchacho.
—Ya comprendo la situación. Para serte franco, yo también soy un recién llegado a esta ciudad. Vine con el objetivo de adquirir algunos víveres, pero si no tienes otros planes inmediatos, eres bienvenido de acompañarme a recorrer los puestos. No tengo el menor inconveniente con ello.
—¿De verdad estás completamente seguro de lo que propones? Apenas nos acabamos de conocer hace unos instantes… pero si tanto insistes en ello, me parece bien —asintió Emanuel, adoptando nuevamente una mirada serena pero analítica.
Ambos nos adentramos juntos en el bullicio de los puestos del mercado.
Transcurrieron un par de horas mientras recorríamos las estrechas calles. Yo ya había logrado reunir todo lo necesario para garantizar una cena abundante para el grupo, cuando de repente un sonido estridente y delator resonó proveniente de la cavidad estomacal de Emanuel.
Me detuve en seco y lo miré fijamente a los ojos.
—Oye… hablando con la verdad, ¿en serio me vas a decir que no tienes nada de hambre?
—Bueno… me resulta sumamente vergonzoso verme expuesto en una situación como esta —admitió Emanuel, llevándose una mano a la nuca con claro malestar—, pero te seré completamente honesto: no he probado un solo bocado de Comida en varios días. No he conseguido empleo ni ninguna actividad que me proporcione el dinero suficiente para comprar mi propio alimento.
—¡Pero me lo hubieras dicho desde el primer momento y te habría invitado a comer sin ningún tipo de problema! —exclamé consternado, observándolo con una mezcla de empatía y profunda tristeza.
—No te preocupes por mí, niño, no tienes por qué asumir esa responsabilidad ni gastar tus recursos en un desconocido.
—Vamos, insisto en invitarte —dije con firmeza, mostrándole una sonrisa cálida y sincera—. Después de todo, te aseguro que no te voy a pedir nada a cambio por ello.
—Realmente eres una persona excesivamente amable y de buen corazón, Carlos… pero deberías ser mucho más consciente y precavido con esa actitud —advirtió Emanuel, adoptando un tono de voz sumamente serio—. Allá afuera existen personas desalmadas que no dudarían un segundo en aprovecharse de tu buena fe, y eso no es algo que esté bien.
—Lo sé perfectamente —asentí con la cabeza, echando un vistazo rápido a nuestro alrededor—, pero el simple hecho de presenciar cómo alguien se está muriendo de hambre me produce una inmensa pena y una profunda tristeza en el corazón. Estoy seguro de que has debido atravesar por circunstancias muy difíciles en tu vida. No te preocupes por nada, mi madre siempre me enseñó la lección de que se debe extender la mano y ayudar a los demás sin importar lo que pase.
—Tu madre debe de ser una persona verdaderamente encantadora y virtuosa, ¿no es así? —preguntó Emanuel, mostrándose genuinamente curioso.
—Por supuesto que lo es —respondí con el pecho lleno de orgullo filial.
—Entonces cuida y valora enormemente a tus padres —expresó Emanuel de pronto, con un matiz sombrío descendiendo sobre su rostro—. Uno nunca sabe con certeza en qué preciso instante podrían ser arrebatados de tu vida para siempre. Créeme cuando te digo que perderlos es una experiencia absurdamente cruel, devastadora y dura de superar. Protégelos con tu vida… porque a veces el recuerdo de ellos es absolutamente lo único que nos queda después de haber sido testigos de algo verdaderamente aterrador.
Emanuel bajó lentamente la mirada hacia el suelo, permaneciendo en silencio unos segundos, como si estuviera reviviendo en su mente el peso de un trauma pasado. De repente, reaccionó, me miró fijamente y dio un paso instintivo hacia atrás.
—Lo siento mucho… —me disculpé al notar la tensión en el ambiente—. Dije cosas o hablé de temas que tal vez…
—No te preocupes en absoluto, todo está perfectamente bien —respondió él, recuperando la compostura y esbozando una leve mueca tranquilizadora—. Andando, si te parece bien, puedes guiarme hasta el lugar donde se encuentran albergados tus amigos.
Continuará.

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Capítulo 109
The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 108
Estás leyendo el capítulo 108 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.