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Leer The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 104 online gratis en español

🏴 Grupo: Español✍️ Traducción: Español
Capítulo 104: Espejos del Tiempo y Choque de espadas Punto de vista de Melissa Smith Algo empezó a sentirse sumamente extraño e inquietante justo después de que estrellé con violencia a esos dos contra el suelo resquebrajado. Una presencia helada, pesada y profundamente desagradable recorrió cada milímetro de mi espalda; al girar sobre mis talones, mis ojos se encontraron directamente con la mirada de aquel chico de cabello negro. Me estaba observando fijamente… Una expresión aterradora, casi inhumana, deformaba sus facciones; una sed de sangre pura y desbocada recorría cada fibra de su cuerpo. Apenas tuve un microsegundo para procesar la magnitud de su aura antes de que se desvaneciera en el aire y reapareciera de la nada justo frente a mí, alzando su espada en el aire para asestar un tajo mortal. —Rápido… —murmuré para mí misma mientras bloqueaba el impacto directo de su hoja por puro instinto refinado—. Posees una velocidad envidiable… y una experiencia en combate absurdamente desmedida para alguien de tu corta edad. Sin embargo, no esperaba que te abalanzaras directamente hacia mí sin dudarlo. ¿O me equivoco? Entonces sentí cómo la colosal masa de sombra a su espalda, el dragón, comenzaba a canalizar su poder. Se preparaba para lanzarme una ráfaga brutal y concentrada de viento oscuro, diseñada para desestabilizar mi posición y obligarme a retroceder a la fuerza. Antes de que pudiera si quiera expulsar el aliento de sus fauces, simplemente me disipé de su campo de visión, apareciendo instantáneamente por encima de la criatura y propinándole un impacto tan devastador que lo obligó a estrellarse ruidosamente contra la tierra. —Será mejor que te duermas un buen rato, Dragón Oscuro —susurré con frialdad mientras mis ojos regresaban al muchacho y a los demás combatientes—. Parece ser que he terminado cayendo en un problema infinitamente más complejo de lo que llegué a imaginar en un principio. La mismísima energía que rodeaba el ambiente comenzó a vibrar intensamente al colisionar con su presencia. Ese chico… estaba manipulando de forma activa y consciente el legendario poder nocturno. Una energía milenaria que, según los registros de mi era, debería haber desaparecido por completo de la existencia terrenal. Un poder prohibitivo que jamás debió haber vuelto a despertar en este mundo. Lo sabía con absoluta certeza porque mi propia aprendiz también portaba el poder nocturno en sus entrañas, y en comparación con la pureza y maestría que ella poseía… —No le llegas ni a los talones a mi aprendiz —murmuré fríamente, evaluando cada aspecto de su postura y canalización de maná—. Pero debo admitirlo abiertamente: eres absurdamente fuerte. Posees una técnica pulida… experiencia en masacres reales… aunque todavía te falta un tramo gigantesco para dominar por completo semejante naturaleza destructiva. Sin embargo, justo en ese instante, un matiz sumamente atípico en su flujo mágico llamó poderosamente mi atención, obligándome a entrecerrar los ojos con ligera incredulidad. —Espera un momento… Este muchacho… ya fue capaz de crear su propio núcleo mágico… Abrí los ojos con genuino asombro. Aquello era técnicamente una imposibilidad teórica. Nadie a una edad tan temprana poseía la compresión o la densidad espiritual para forjar semejante estructura interna. Y sin embargo, allí estaba, latiendo con una fuerza firme y constante en lo más profundo de su ser. Una sonrisa lenta, calculadora y progresiva se dibujó en mis labios. —Solo existe una única manera de averiguar el verdadero límite de tu existencia —susurré, adaptando mi postura para someterlo a una presión extrema. Carlos sabía perfectamente bien lo que estaba a punto de suceder. Pude leer con total claridad la resignación y la firmeza en su mirada cuando tensó los músculos de sus brazos y alzó nuevamente la Espada Nocturna. —Así que ya están enterados sobre la naturaleza de mi poder —sentenció él, apretando la empuñadura con fuerza. Y en ese milisegundo se desató el infierno. Ambos nos abalanzamos el uno contra el otro, colisionando en un intercambio de estocadas y cortes tan violento que la tierra temblaba rítmicamente bajo nuestras pisadas. El aire mismo parecía resquebrajarse ante la fricción de nuestras auras. La escena evocaba la imagen de dos monstruos colosales enfrentándose a muerte, entidades conceptuales capaces de reducir un mundo entero a cenizas sin desplegar el menor esfuerzo. El entorno completo se transformó en un caótico mar de escombros, ondas de choque y estallidos mágicos. Sin embargo, mientras procesaba analíticamente cada movimiento de la contienda, comprendí con claridad que este territorio completo terminaría erradicado si continuábamos elevando la magnitud del choque. Ambos esquivábamos y parábamos las estocadas del contrario a velocidades hiperversátiles, desplazándonos tan rápido por el espacio que ninguno de los dos podía predecir con certeza hacia quién iría dirigido el siguiente impacto destructivo. De pronto, desde la bóveda celeste, docenas de estalagmitas y espadas de hielo puro cayeron en picado directo hacia la posición de Melissa. Ella apenas se molestó en alzar levemente la vista y, con un único y fluido barrido circular de su guadaña, hizo trizas la totalidad de las hojas heladas, reduciéndolas a un inofensivo polvo brillante. —¿Aún te quedan trucos guardados para intentar atacarme? —manifestó Melissa, contemplando la enorme arma que empuñaba en sus manos—. Es monumental, de un tono rojizo oscuro… pero aun así posee un brillo hermoso. En fin, ha llegado el momento de ponerle fin a este juego. No me agrada en absoluto prolongar innecesariamente las batallas. Saleh, aprovechando la apertura, proyectó su lanza con toda la potencia de sus reservas celestiales, arrojándola en una trayectoria letal; pero fue absolutamente incapaz de percibir lo que aconteció a continuación: el tiempo mismo detuvo su curso. Para la percepción de Melissa, simplemente no ocurrió nada fuera de lo común… Ya se encontraba posicionada a las espaldas del rey elfo cuando el flujo del mundo recuperó su velocidad habitual. Su sonrisa, torcida, siniestra y profundamente burlona, congeló la sangre de todos los presentes en el campo de batalla. —Un movimiento aceptable, elfo. Posees muchísima más destreza que la inmensa mayoría de los guerreros de este plano —expresó ella—. Pero aún existen conceptos fundamentales que debes aprender… como la manera correcta de blandir una lanza. Saleh dejó escapar un gruñido visceral, apretando los dientes con rabia e impotencia. —Dime una cosa, niña… ¿qué podrías saber tú sobre la naturaleza de mi poder o sobre mi maestría con la lanza? ¿De verdad pretendes que le preste atención a las palabras de alguien que jamás ha empuñado un arma de esta categoría? Melissa dejó escapar una suave risilla, disfrutando genuinamente del orgullo desafiante de su oponente. —Tienes toda la razón… qué tonta he sido —se burló con elegancia—. Pero solo por cortesía, te ofreceré un pequeño consejo práctico. De un segundo a otro, la calidez caprichosa de su rostro se evaporó por completo. Su tono de voz se tornó desprovisto de emoción, frío, denso y absolutamente vacío. En la cima del cielo, encima de sus cabezas, una descomunal esfera de energía roja comenzó a condensarse, acumulando una masa de maná tan aberrante que el tejido atmosférico comenzó a temblar convulsivamente. —Ahora intenta bloquear esto si realmente te crees capaz, elfo. Saleh apenas dispuso del tiempo necesario para parpadear. La masa de energía roja descendió hacia él con la velocidad y la violencia de un meteorito devastador. La aceleración era tan ridículamente alta que al elfo le resultó matemáticamente imposible interponer una barrera a tiempo. Una ráfaga de viento colosal estalló en un radio de cientos de metros, sucedida por una onda destructiva de naturaleza siniestra que envolvió por completo a Saleh, haciendo que el suelo bajo sus pies colapsara y estallara en miles de fragmentos. Angélica y los demás observaron la monumental detonación con absoluta consternación. Alefa gritó desesperadamente el nombre de su padre al ver cómo la luz roja devoraba la zona. Resultaba imposible vislumbrar absolutamente nada a través de la densa polvareda de la destrucción, hasta que, paulatinamente, una silueta volvió a erguirse entre los escombros: era Saleh, quien había forjado apresuradamente una defensa concentrada con su lanza, logrando amortiguar el impacto directo a costa de que su vestimenta quedara prácticamente reducida a jirones. Semejante ataque poseía una escala de peligro abismalmente superior a cualquier hechizo que hubieran presenciado en el plano terrenal; si aquella esfera de energía hubiese impactado de lleno sin filtro alguno, la geografía entera del lugar habría sido erradicada hasta los cimientos. Melissa clavó sus ojos rojos en la maltrecha figura del elfo. —Vaya, de modo que fuiste capaz de sobrevivir a eso —comentó con un matiz burlesco y entretenido—. Pero ahora es tu turno, mujer del hielo. Lo que ejecutaste hace unos instantes fue ciertamente fascinante, y debo admitir que posees una cualidad única que ni siquiera otros usuarios de tu mismo elemento podrían aspirar a igualar. Sin embargo, hoy voy a enseñarte algo infinitamente más interesante. Melissa la contempló con una mirada impregnada de un profundo desprecio, una actitud que dejaba en claro su absoluta negativa a reconocer el valor de alguien a quien ni siquiera conocía. Semejante provocación fue la gota que derramó el vaso, impulsando a Angélica a liberar la totalidad de su reserva mágica en un último e imponente ataque. A las espaldas de la maga, una entidad colosal emergió desde las profundidades de su alma: un majestuoso dragón de hielo ancestral. No obstante, su estructura no guardaba similitud alguna con la invocación de Carlos ni con el dragón de Hina. La manifestación de Angélica albergaba una esencia verdaderamente única. Su cabello mutó de inmediato a un tono gris plateado absoluto, perdiendo cualquier vestigio de pigmentación oscura, mientras que sus ojos adquirieron un brillo tan penetrante y helado que era capaz de infundir un pánico primario en el guerrero más curtido. —Vaya… conque ese es el verdadero alcance de tu poder. Debo reconocer que esta vez sí has logrado impresionarme —dijo Melissa, mostrando una mirada genuinamente divertida—. Veamos qué tanto eres capaz de soportar ante semejante nivel de presión. Ambas contendientes liberaron simultáneamente una presión Mágica abrumadora que congeló el aire a su alrededor. Entre la mirada más fría y distante de Angélica y la sonrisa más despectiva y confiada de Melissa se formó un contraste abismal: la encarnación de una vida que nació en la calidez contra una existencia azotada por la tragedia y jamás bendecida con la felicidad anhelada; una existencia profundamente manchada por la sangre y la matanza. Ambas se lanzaron al choque en un mismo instante. Sus espadas colisionaron con un estruendo ensordecedor. Cada destello mágico, cada golpe imbuido en destino y furia ciega, cada herida abierta… generaban un silencio sepulcral para los espectadores que contemplaban la contienda incapaces de procesar la velocidad de los acontecimientos. Era una batalla verdaderamente desgarradora. Cada impacto reverberaba en la tierra, mientras profundos cortes marcaban la piel de ambas contendientes mientras el ecosistema a su alrededor colapsaba progresivamente. Melissa canalizó llamas de pura maldad e intensidad; una densa llamarada de fuego oscuro envolvió por completo la hoja de su guadaña. Pero Angélica no se quedó atrás en lo absoluto. La hoja de su espada comenzó a emitir una refulgencia blanco-azulada cegadora: Luz de Hielo – Glasear Estelar. La colisión entre ambas técnicas de nivel calamidad provocó una detonación catastrófica que barrió con todo lo existente en varios cientos de metros a la redonda. A partir de ese instante, la velocidad de los ataques se multiplicó exponencialmente. Angélica observaba detenidamente el rostro de Melissa mientras paraba los tajos, procesándola como si estuviera enfrentando a una veterana de mil guerras. ¿Cómo es posible que esta niña posea una fuerza tan monstruosa y desproporcionada…? Es exactamente como si acumulara décadas de experiencia en batallas a muerte reales —pensó Angélica con los dientes apretados—. Bloquea con una elegancia absoluta cada estocada que le lanzó… se encuentra indiscutiblemente en otra dimensión. Para la maga de hielo, era la primera vez en su existencia que se topaba con un muro de semejante magnitud. Sin embargo, no tenía la menor intención de ceder terreno. Y fue justo en ese momento crítico cuando… Una sombra se materializó de forma instantánea a espaldas de Melissa. La chica no fue capaz de detectar su aproximación ni por un segundo. La expresión de su rostro cambió drásticamente al escuchar una voz resonar a centímetros de su oído: —Oye, no te olvides de que yo también estoy en este combate. Carlos le propinó una patada Imbuida en una cantidad descomunal de fuerza física y maná, tan salvaje y letal que la envió volando a través del terreno, estrellándose contra múltiples árboles centenarios y devastando todo a su paso en una línea recta de destrucción. Angélica se giró lentamente hacia Carlos, contemplando la devastación del paisaje con una mezcla de conmoción e incredulidad. —Carlos… definitivamente te pasaste de la raya con semejante patada —expresó Angélica señalando el desastre. —¿Eh? ¿A qué te refieres exactamente? —respondió el chico, visiblemente confundido y desajustándose la ropa. —¡Observa el Bosque de los Espíritus, pedazo de idiota! ¡Acabas de erradicar una sección entera del lugar con pura fuerza bruta! —Vamos, Angélica, no estamos en un momento adecuado para ponernos a recriminar destrozos. Además, conseguí paralizarla temporalmente con el impacto. —¿Oh? ¿De verdad estás completamente seguro de haberlo logrado? Tanto Carlos como Angélica, por primera vez desde que inició la contienda, centraron su atención en el lugar del impacto y contemplaron la verdadera e ilimitada magnitud del poder de Melissa. Un escalofrío helado recorrió la espina dorsal de ambos, haciéndolos temblar levemente en su sitio. En ese preciso instante comprendieron la amarga realidad: todo el despliegue anterior apenas había representado el preludio de un desafío de muerte eterna. —Debo admitir que esto promete volverse sumamente emocionante —expresó Melissa emergiendo del polvo con un tono de voz dulzón y tierno, mientras la sonrisa regresaba a su rostro. En un parpadeo, liberó la totalidad de su presión Mágica de golpe, abalanzándose directamente contra Carlos con el filo de su guadaña por delante. Angélica reaccionó velozmente e interpuso su hoja glaciar para proteger al muchacho justo a tiempo. —Eres un auténtico monstruo insensible —escupió Angélica con tono de disgusto mientras sostenía el choque de armas. —¿En verdad piensas esa clase de cosas sobre mí? Vaya, eso sí que me ha dolido… lo que acabas de decir fue sumamente cruel e hiriente —respondió Melissa adoptando el tono fingido de una niña caprichosa, haciendo un puchero e inflando exageradamente las mejillas—. Pero en fin… qué más da. De todos modos, ustedes dos juntos no representan el menor rival para mi nivel actual. … Un breve silencio se apoderó del espacio mientras los combatientes tomaban un ligero segundo aire, manteniendo la guardia en alto. —Oye, Carlos… juro que cuando toda esta locura termine le voy a dar una paliza inolvidable a esta creída de mierda —murmuró Angélica, haciendo un berrinche y comportándose por un segundo como una niña pequeña e irritada. —A mí ni me mires para eso. Haz exactamente lo que se te dé la gana con ella. Es más, si quieres te la entrego gustosamente como ofrenda de entrenamiento todos los días para que te des el gusto —respondió Carlos girando la cabeza hacia Angélica con absoluta frialdad y desinterés. —Un solo día no va a ser suficiente para saldar la cuenta —proclamó la maga de hielo cruzándose de brazos. —Está bien, te concedo cinco meses enteros de sesiones de entrenamiento intensivo con ella, ¿te parece un trato justo? —Ves, así sí da gusto negociar. Da gusto hacer negocios contigo, estúpido —expresó Angélica dibujando una sonrisa malévola y calculadora en sus labios. —Jo, jo, jo… espero sinceramente que lo disfrutes al máximo —respondió Carlos mientras una leve sonrisa burlesca se le escapaba involuntariamente. —Bien, ya basta de cháchara absurda —interrumpió Melissa ajustando el agarre de su guadaña, mientras una marea de energía escarlata y negra volvía a emerger de su cuerpo—. Es momento de ver si sus cuerpos son capaces de resistir el verdadero peso de la historia. El aire volvió a congelarse y la tierra crujió bajo la aplastante densidad de su aura. Tanto Carlos como Angélica reajustaron sus posturas de combate, canalizando hasta la última gota de maná disponible en sus núcleos. La verdadera prueba de supervivencia apenas estaba comenzando. Continuará.
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The strongest warrior of humanity (Novela) Capítulo 104

Estás leyendo el capítulo 104 de The strongest warrior of humanity (Novela), un novela. La historia sigue a un niño que aspira a ser un guerrero destacado en su academia. A lo largo de su camino, enfrenta diversas situaciones desafiantes, pero finalmente es traicionado por su hermano y amigos. Tras su… Este capítulo tiene publicado el 25 de abril de 2026, Traducido por el grupo Español. The strongest warrior of humanity (Novela) tiene 351 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.