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Leer The Shadowed Chronicles The Ascension Of Creus (Novela) Capítulo 10 online gratis en español

El espacio dentro de la grieta no estaba diseñado para que un ser humano lo cruzara con dignidad. Era una hendidura ciega, una hendidura horizontal donde el aire apenas circulaba, estancado en una exhalación de moho salitroso y calcita. —\*Ugh... ¡Agh!\* —gimió Creus, hincando las uñas en la tierra suelta. Un guijarro especialmente afilado acababa de atravesar la lona de su camisa, hundiéndose directamente en la piel blanda de su abdomen. \*¿Por qué tiene que ser tan estrecho? Maldita sea... Siento que las rocas me van a triturar las costillas en cualquier momento.\* Avanzaba de bruces, arrastrando el pecho desnutrido sobre el lecho de piedra. Su fisonomía escuálida, marcada por los años de raciones de avena rancia en los sótanos del castillo, era lo único que le permitía avanzar por allí. Pero la falta de carne significaba que no había amortiguación. \*¡Clac!\* Su cadera chocó de nuevo contra un saliente. —\*¡Mierda!\* —masculló entre dientes, sintiendo la línea caliente de la piel desollándose sobre la pelvis—. \*Muévete... muévete, maldito infeliz...\* —¡Sigue, Creus! ¡No te detengas por nada! —el jadeo de Elara llegó desde el frente, apenas a un palmo de su cabeza. Su voz, siempre tan firme en las caballerizas, temblaba como una hoja.— ¡Están justo detrás! —¡Eso intento! —respondió él, con la garganta seca—. \*¡Ugh!\* ¡Pero no quepo, Elara! ¡Esta maldita casaca de esclavo se está atorando con las raíces! \*Si me quedo atrapado aquí... Dioses, si me quedo aquí me van a romper las piernas a golpes.\* Detrás de ellos, el pasillo exterior se convirtió en un matadero. Un grito espantoso, agudo, estalló en la penumbra y se cortó de golpe con un gorgoteo espeso. —¡Ahg... mi vientre! ¡Madre mía, mi vientre! —bramó uno de los rebeldes de la retaguardia. El acero de una alabarda enemiga le había entrado por el flanco, rebanando el bazo antes de astillar la columna vertebral. Creus no podía verlo, pero escuchó perfectamente el \*clac-clac\* denso de los fluidos corporales derramándose a presión sobre las piedras. El olor rancio de las tripas abiertas se coló por la grieta, espeso y caliente. \*Ese fue Jarek. Hace cinco minutos estaba vivo... Hace cinco minutos me sonreía. Ahora está destripado como un cerdo. Voy a ser el siguiente. Sé que voy a ser el siguiente.\* —¡No mires atrás, Creus! —le gritó Elara, adivinando su parálisis—. ¡Sigue empujando con las piernas! —¡No puedo! —chilló el muchacho, con los ojos inyectados en sangre—. \*¡Aghhh!\* ¡El músculo... maldición, el músculo! Un calambre fulminante le atenazó el cuádriceps derecho. El músculo se endureció hasta parecer una barra de hierro sepultada bajo su piel oscura. El dolor fue tan agudo que la vista se le tiñó de blanco. Abrió la boca para pegar un alarido, pero el miedo a delatar su posición exacta lo obligó a hundir los dientes en su propio labio inferior. El canino perforó la carne; el sabor metálico, tibio y salado de su propia sangre le llenó la boca. \*No te corras ahora, maldito cuerpo inútil. ¡Reacciona! ¡Muévete!\* Obligó a su pierna izquierda a buscar apoyo en una ranura. Empujó. Los dedos de sus pies crujieron dentro de las botas viejas. Mientras avanzaba centímetro a centímetro, la sangre seca en sus manos comenzó a agrietarse. Era la sangre de Sir Gareth. Al limpiarse el sudor de la cara, el olor ferroso del noble muerto le invadió las fosas nasales. \*Todavía lo huelo. Está muerto... yo lo maté. Le clavé el hierro en el cuello.\* —\*¿Por qué no siento alivio?\* —se preguntó en un susurro miedoso, con las lágrimas mezclándose con el polvo calcáreo de su rostro—. \*Debería estar feliz... soy libre. Entonces, ¿por qué siento que el fantasma de ese bastardo me está persiguiendo por este túnel?\* —¡Cuidado abajo! ¡Va a caer! —bramó la voz del líder rebelde desde el fondo del pasillo exterior. Un segundo después, el suelo vibró. Un crujido ensordecedor de astillas de madera precedió al colapso de toneladas de pizarra y arenisca. Habían derribado los puntales para sellar el túnel. La onda de choque empujó una ráfaga de aire ardiente y tierra fina a través de la grieta. —\*¡Cof, cof!\* ¡Maldita sea! —Creus cerró los ojos con fuerza, escupiendo el polvo que le cubría la lengua—. ¡Elara! ¡No veo nada! ¿¡Elara!? —¡Estoy aquí! ¡Ya casi salgo! —respondió la chica, su voz sonaba más baja, como si hubiera caído en un pozo—. ¡Déjate caer, el túnel termina aquí! Creus dio un último impulso desesperado. La presión en sus hombros cedió de golpe. No había más roca arriba. La negrura se abrió. \*¡Pum!\* El impacto fue seco. Cayó apenas dos metros, pero su cuerpo malnutrido recibió el golpe de costado. La costilla flotante izquierda chocó directamente contra una piedra angular. Un \*crack\* interno resonó en el centro de su cráneo. —\*¡¡Aghhhhhh!!\* —el grito se le escapó del pecho, rompiéndose en un gemido ahogado. El aire se le vació por completo de los pulmones. Quedó tendido de lado en el suelo helado, agitando los brazos de forma espasmódica, intentando forzar a sus bronquios a expandirse. Cada vez que intentaba inspirar, un estilete al rojo vivo se le clavaba en el costado, impidiéndole meter una sola gota de oxígeno. \*Respirar... por favor, solo un poco de aire... ugh... me asfixio... me voy a morir aquí abajo...\* —¡Creus! ¡Cállate, por el amor de los dioses, cállate! —la mano de Elara, fría y temblorosa, le tapó la boca en la oscuridad absoluta—. Los soldados están arriba... si escuchan tus quejidos, buscarán otra entrada. Respira despacio. Vamos, mírame... bueno, no puedes verme, pero escúchame. Hazlo por mí. —\*Ugh...\* —Creus apartó la mano de la chica con torpeza, logrando tragar una bocanada de aire que le supo a ceniza y sangre—. Me... me rompí algo, Elara. Siento que me estoy quemando por dentro... \*Agh...\* En la negrura total de la cámara, otras respiraciones agónicas confirmaron que no estaban solos. El líder rebelde y dos hombres más habían sobrevivido. Pero nadie encendía una antorcha. El silencio era tan espeso que se podía escuchar el goteo del agua filtrada en alguna parte profunda de la caverna. \*¿Dónde estamos? Esto no huele a túnel... huele a viejo. Huele a encierro de siglos.\* De repente, un sonido diferente rompió la quietud de la cripta. No venía de la grieta por la que habían bajado. Venía del frente, de la oscuridad inexplorada. Un siseo suave, prolongado, como el de algo arrastrándose sobre un lecho de hojas secas... o de huesos. —¿Escucharon eso? —susurró uno de los rebeldes, el miedo haciendo que sus dientes castañearan audiblemente—. Líder... encienda la luz. Prefiero que los soldados me vean a no saber qué demonios hay aquí metido con nosotros. —Cállate —siseó el líder—. Si enciendo la antorcha, seremos un blanco fácil. \*No... no, otra vez no...\* —el pánico de Creus escaló, ignorando el dolor de su costilla—. \*Salimos de las celdas para morir en un agujero. ¿Este era el plan? ¿Para esto maté a Gareth? ¿Para que algo nos coma en la oscuridad?\* El siseo continuó, un rozar constante que parecía reptar por las esquinas de la fosa húmeda. Creus, inmóvil, alzó una mano temblorosa hacia su cabeza. Sus dedos, cubiertos de fango y de la costra agrietada de la sangre de Sir Gareth, acariciaron el vello áspero y cortísimo de su pelo, rapado casi al ras del cuero cabelludo por los capataces del castillo para evitar los piojos de las celdas. El polvo blanco de la caliza caída del techo se había asentado sobre su cabeza, dándole un aspecto fantasmal en la oscuridad que no podía ver. Se pasó la palma por el rostro, intentando limpiarse los ojos, sintiendo cómo sus facciones afiladas y angulosas —los pómulos marcados y la mandíbula hundida por el hambre crónica— se tensaban por el sufrimiento. —\*Ugh... ¡Agh!\* —un nuevo espasmo en el costado izquierdo le arrancó un quejido sordo. Se presionó las costillas con el antebrazo—. \*Me quema... me quema por dentro. Siento como si un trozo de hierro me estuviera pinchando el pulmón.\* —Te dije que te calles, muchacho —siseó una voz ronca a pocos metros. Era el líder rebelde. Se escuchó el roce de su pesada capa de cuero contra el suelo—. Si lo que hay allí delante tiene oídos, nos va a encontrar por tus lloros. —¡Déjalo en paz, Jorgan! —intervino Elara en un susurro furioso, aunque manteniendo la voz lo más baja posible—. Acaba de matar a Gareth. Está herido. ¿Es que no tienes sangre en las venas? —Lo que tengo es ganas de salir vivo de este agujero, niñata —replicó Jorgan con frialdad—. Si el chico no puede respirar, que se muerda la lengua. El ruido nos mata a todos. \*Maldito seas, Jorgan...\* —pensó Creus, apretando los dientes con tanta fuerza que le dolió la mandíbula—. \*Ojalá fueras tú el que tuviera el hueso roto. Ojalá sintieras esto.\* El siseo se detuvo de golpe. Un silencio sepulcral, espeso como el lodo, volvió a reinar en la cámara subterránea. Solo se escuchaba el goteo lejano de un agua estancada que olía a azufre y a orina vieja. —No me quedaré aquí para que me degüellen a ciegas —murmuró el otro rebelde superviviente, un hombre de voz temblorosa llamado Kael—. Voy a encender una chispa. Solo una. —¡No lo hagas, idiota! —ordenó Jorgan. Pero fue tarde. El sonido metálico de un eslabón golpeando contra una piedra de pedernal resonó en la cripta. \*¡Clac!\* Una chispa solitaria bailó en el aire durante una fracción de segundo, iluminando las paredes desnudas. \*¡Clac!\* Otra más. Al tercer intento, el trozo de yesca atrapó el fuego y una pequeña llama amarillenta, débil y vacilante, nació entre las manos del rebelde. La luz moribunda rasgó las tinieblas, revelando la pesadilla geométrica en la que se encontraban. No era una cueva natural. Estaban en el fondo de un antiguo pozo de ejecución, una cámara circular cuyas paredes estaban hechas de sillares de piedra negra, desgastados por la humedad del subsuelo. El suelo no era de tierra; estaba cubierto por una alfombra densa y crujiente de escombros, ropas podridas y, sobre todo, fragmentos de esqueletos humanos de ejecuciones que databan de siglos atrás. Pero el siseo no venía de los muertos. Frente a ellos, a escasos cuatro metros, el suelo del pozo se cortaba en una zanja abierta por el agua subterránea. Y saliendo de ella, lo que habían escuchado no era una criatura del infierno, sino algo mucho más mundano y terrible: miles de sanguijuelas negras y ciegas, del tamaño de un dedo humano, que subían en masa desde el agua estancada del fondo, atraídas por el calor de la sangre fresca de los rebeldes heridos. El siseo era el sonido de sus cuerpos húmedos y anillados arrastrándose y aplastándose unos contra otros sobre los huesos secos. —\*¡Oh, dioses...!\* —Kael dio un paso atrás, dejando caer la yesca encendida sobre el suelo. La pequeña llama prendió en un trozo de tela vieja y grasienta, creando una hoguera improvisada que iluminó el lugar con más fuerza, proyectando sombras alargadas y monstruosas en las paredes negras. Creus miró hacia abajo y el estómago se le encogió de puro horror. Una de las sanguijuelas, gorda y brillante por la mucosidad, ya había trepado por su bota vieja de cuero roto y se deslizaba por su tobillo desprotegido. Sintió el contacto frío, una ventosa húmeda que se pegaba a su piel negra. Un segundo después, un dolor punzante, como el de una docena de agujas calientes, le atravesó el tobillo cuando los dientes microscópicos de la criatura rasgaron la carne para empezar a succionar. ——\*¡¡Agh!! ¡Quítenmela! ¡Quítenmela!\* —gritó Creus, perdiendo por completo el control. Olvidando el dolor de su costilla, se agitó en el suelo, golpeando su pierna contra las rocas. El esfuerzo le provocó un latigazo tan brutal en el costado izquierdo que se le cortó la respiración de golpe. Su rostro de facciones afiladas se contorsionó en una mueca de agonía pura, las lágrimas desbordaron sus ojos y el polvo blanco de su cara se convirtió en un fango gris por el llanto. —¡No te muevas, Creus! —Elara se lanzó hacia él. Con las manos desnudas, agarró el cuerpo baboso de la sanguijuela y tiró con fuerza. El desgarro fue limpio pero doloroso. La criatura se resistió, arrancando un pedazo microscópico de piel del tobillo de Creus antes de soltarse, dejando una herida circular que comenzó a sangrar profusamente a chorros finos, ya que la saliva del bicho impedía que la sangre se coagulara. El fluido oscuro manchó rápidamente el suelo de piedra. —Hay miles... —dijo Kael, con la voz rota, mirando la zanja—. Jorgan, no podemos cruzar por ahí. Si caemos al agua, nos vaciarán las venas en minutos. Jorgan miró la hoguera improvisada, que empezaba a apagarse, y luego hacia el techo, donde los gritos de los soldados del castillo volvían a escucharse. Habían encontrado la grieta por la que ellos habían bajado. Una cuerda cayó desde el agujero superior, golpeando las rocas con un eco metálico. —Los soldados están bajando —dijo Jorgan, desenvainando su espada corta con una calma desquiciante—. Y no tenemos otra salida. O cruzamos esa zanja llena de bichos, o nos convertimos en carne de horca aquí mismo. \*No... tiene que haber otra forma...\* —la mente de Creus trabajaba a mil por hora, nublada por el dolor de la costilla y el miedo a ser devorado vivo—. \*Gareth tenía un mapa en su mesa... Recuerdo haber visto unos planos cuando limpiaba su biblioteca... El pozo de ejecución tiene un desagüe de tormentas... Tiene que estar detrás de los sillares sueltos...\* ——¡Jorgan! —exclamó Creus entre jadeos, escupiendo saliva pastosa—. ¡La pared de la derecha! ¡Busca... \*ugh\*... busca un sillar con la marca de un tridente! ¡Gareth tenía planos... el desagüe está ahí! Jorgan lo miró con escepticismo, pero al ver que la primera antorcha de los soldados asomaba por el agujero del techo, no tuvo opción. —¡Kael, Elara, busquen esa maldita marca antes de que nos cosan a flechas! —rugió el líder, colocándose debajo de la cuerda que caía, esperando al primer enemigo con el arma en alto.
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The Shadowed Chronicles The Ascension Of Creus (Novela) Capítulo 10

Estás leyendo el capítulo 10 de The Shadowed Chronicles The Ascension Of Creus (Novela), un novela. Un joven Creus de 16 años , que es esclavo en el castillo de un noble llamado Sir Gerath , Creus con su ferviente deseo de libertad empieza con su plan Este capítulo tiene publicado el 12 de julio de 2026. The Shadowed Chronicles The Ascension Of Creus (Novela) tiene 12 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.